¡Vaya suerte!

Un nuevo día había llegado a Grecia, pero no había llegado solo…

Aquella mañana, el viento había decidido acompañar los primeros rayos del sol con su gélido respirar; las calles húmedas se hallaban adornadas con las hojas muertas que se adherían al frio asfalto y los charcos reflejaban las fachadas de las casas cual si fueran espejos… si, era un día frio, pero era hermoso… Shaina podía oler la tierra mojada aun a través de la manta que le cubría la punta de la nariz.

When you get older, plainer, saner
When you remember all the danger we came from

Hacía rato que se había despertado, pero por alguna razón había decidido no levantarse.

Se había quedado ahí, echa un ovillo en su cama (quizás a causa del frio) con la mirada clavada en el cielo despejado, abrazada a su almohada como si se tratara de una persona y no de una cosa.

Burning like embers, falling, tender
Long before the days of no surrender
Years ago and well you know

Como si se tratara de ÉL…y es que muy en el fondo, deseaba que fuera ÉL.

"A esta hora ya debes estar gruñéndole a las partituras…"

Resultaba curiosa la manera en la que aquel comentario le había sacado una media sonrisa, casi como si fuera un chiste secreto, pero al mismo tiempo le cristalizaba los ojos como si fuera lo más triste del mundo.

Smoke 'em if you got 'em
'Cause it's going down
All I ever wanted was you
I'll never get to heaven
'Cause I don't know how

No hacía falta bajar los parpados para visualizarlo… ahí, caminando en círculos frente al piano, mordisqueando las patillas de los lentes con la expresión de un maestro enfadado que ve una tarea mal realizada.

Let's raise a glass or two

Esa era una de las pocas cosas que no habían cambiado, y también una de las muchas que extrañaba.

To all the things I've lost on you
Oh oh
Tell me are they lost on you?
Oh oh

—Ya basta…— se dijo a si misma mientras enterraba la cara en la almohada y la estrechaba con fuerza. — Maldita sea… ¡sal de mi cabeza!…

Aquella frustración había atormentado a Shaina desde hacía tiempo, sabía que había algo que quería hacer y que se estaba reprimiendo.

Just that you could cut me loose
Oh oh
After everything I've lost on you
Is that lost on you?

Repentinamente, la peliverde apartó la frazada de una patada y se sentó en la cama como si fuera un resorte antes de levantarse y dirigirse a su estudio.

Ahí… en medio del reducido espacio, se hallaba un gran lienzo cuya superficie virgen era bañada por la luz que se colaba por las figuras de cristal morado que fungían como pequeñas ventanas adheridas a la pared.

Oh oh
Is that lost on you?
Oh oh
Baby, is that lost on you?
Is that lost on you?

La chica, todavía con el cabello enmarañado, los pies descalzos y las piernas desnudas se plantó frente al cuadro, alargó el brazo para encender la vieja radio de su padre y sin importarle el que su camiseta se pudiera manchar, tomó sus herramientas y se puso a pintar.

Wishing I could see the machinations
Understand the toil of expectations in your mind

La luz del día fue aumentando gradualmente, haciendo que las formas que su padre había creado hacia años en esa vieja pared cobraran vida nuevamente.

Hold me like you never lost your patience
Tell me that you love me more than hate me all the time
And you're still mine

Estando ahí, se sentía segura, se sentía como la niña que antes no se preocupaba por nada que no fuera crear. Su madre siempre le dijo que el arte era vida, que todo lo que creara al momento de terminar ya existía, ya fuera en este plano o en otro. Ese pensamiento estaba siempre en su mente y era por ese mismo pensamiento que había luchado tanto por no pintar lo que ahora trazaba en el lienzo.

So smoke 'em if you've got 'em
'Cause it's going down
All I ever wanted was you
Let's take a drink of heaven
This can turn around

A medida que la pintura se corría, su muñeca adoptaba poco a poco el ritmo de aquella vieja balada, Shaina no era una gran cantante, pero no pudo evitar el dejarse mientras pintaba.

Let's raise a glass or two
To all the things I've lost on you
Oh oh
Tell me are they lost on you?
Oh oh
Just that you could cut me loose
Oh oh
After everything I've lost on you
Is that lost on you?
Oh oh
Is that lost on you?
Oh oh, oh oh
Bab, is that lost on you?
Is that lost on you?

EN ALGUN LUGAR DE GRECIA-ALFA FLASH

—Bien, creo que ya está…—decía Milo mientras hacia el último ajuste debajo del auto de Aioria— ¡Enciéndelo!

Enseguida se escuchó el rugido del motor que días atrás daba la impresión de ser pieza para el deshuesadero. Milo no tardó en salir de debajo del auto; el bien conservado Alfa Romeo de color negro encendió como si estuviera recién salido de la agencia y es que ¿Qué más se podría esperar si estaba en manos del mejor mecánico de Grecia?

Como cada fin de semana, el overol de Milo había terminado manchado de aceite y sus manos estaban cubiertas de aceite y grasa, nadie se imaginaria que el corredor estrella de la Gold Star fuera tan apasionado de la mecánica. Aunque cuando se trataba de echarle una mano al auto de un colega había otras cosas que disfrutaba hacer.

Sin tardar, el piloto y jefe de mecánicos de la AF se acercó con actitud predadora hasta su amigo que estaba ocupado checando el tablero.

—¡Creo que perdiste la apuesta, Aioria! —canturreó el heleno mientras meneaba los dedos ennegrecidos en el aire.

Al verlo venir, Aioria, quien se mantenía limpio desde sus converse hasta su sudadera gris, no perdió el tiempo para huir.

—¡Aleja tus sucias garras de mí! —advirtió el chico antes de salir ágilmente por la ventana del deportivo.

—¡No huyas cobarde! — soltó Milo al momento de salir corriendo tras el alarmado castaño—¡Dentro y fuera de la pista soy más rápido que tú!

—¡En tus sueños!

Y así, ambos amigos montaron la del policía y el ladrón, saltando neumáticos, golpeando cajas de herramienta y tirando cuanto había a su paso.

Luego de corretear por todo el taller como dos niños pequeños, los dos hombres llegaron hasta el hangar principal, lugar donde Milo resguardaba su más valiosa posesión… su auto de carreras.

—¡Ponme una mano encima y hare un lindo dibujo en tu auto con mis llaves!

El pecho de Aioria subía y bajaba de tal forma que era evidente que le faltaba el aliento, aunque eso no lo detendría de cumplir su amenaza.

En respuesta, Milo sólo se dejó caer sobre el suelo frio seguido por el otro chico, quien no desaprovechó la oportunidad para mofarse de él.

—Eres…eres …una maldita tortuga…

—Cállate…—suspiró el de melena azul antes de dejar caer su mano mugrienta en la cabeza del castaño y revolverle el cabello—Idiota…

—Por estas cosas no maduro…—repuso Aioria resignado.

Milo levantó una ceja y luego de un breve silencio ambos amigos se echaron a reír.

—Si Marin te viera, sin duda se replantearía toda su relación.

—Ja…ja… que gracioso…

—¿Qué? No soy yo el que tiene una novia aburrida—de repente, un paño sucio se estampó en su cara con total ausencia de delicadeza—¡Oye!

—Dos correcciones…—señaló Aioria con los dedos en el aire—Numero uno: Marin no es aburrida y numero dos: Tú, YA no tienes novia.

La mueca burlona de Milo se desvaneció en un santiamén.

Aunque Aioria no lo había dicho con mala intención, el rostro ensombrecido de su amigo le dejó claro que aquello había sido un golpe bajo.

—Oye…lo…

—Está bien, viejo…es cosa de ayer… Por algo dicen que hay muchos peces en el mar, ¿no?

Conociéndolo tan bien como lo hacía, para Aioria no era difícil ver que Milo mentía. Tal vez era cierto que ya no sentía nada por ella, pero de todas las mujeres con las que su amigo había salido, Tetis había sido la primera y tal vez la única a la que el apasionado piloto le había dado algo más que el calor de sus noches, se había mostrado dispuesto a entregarle su mejor esfuerzo, desde su pésima caligrafía hasta su paciencia, su corazón, sus pensamientos y su tiempo sin dudarlo, eso no podía ser cosa de ayer, algo casi incomprensible, tomando en cuenta lo mal que siempre estuvieron las cosas. Aioria nunca entendió qué hacía que ella fuera diferente. Tetis era la única que jamás entró en la lista de "encuentros de una noche", y hasta la fecha si Milo hablaba de ella seguía llamándola por su nombre, sin duda alguna, el griego le había dado todas sus ganas de hacer las cosas bien y había sido una lástima.

Buscando disipar el silencio incomodo que comenzaba a tomar plaza, Aioria cambió de tema.

—A propósito de Marin...quería pedirte un favor.

—No creo ser el indicado para darte consejos románticos.

—No, no es eso —se apresuró a corregir el de ojos verdes— Mañana habrá una exposición de arte, algo sobre la reapertura de una vieja galería y Marin quiere que la acompañe a cubrir el evento.

—Trabajo de reportera… ya veo y ¿Qué?, ¿Quieres mi auto?

—¡No, idiota! Quiero que me acompañes.

La expresión de Milo pasó de la confusión a la sorpresa y de la sorpresa al asco, si había algo que detestaba era el arte.

—Olvídalo, yo paso.

—Pero…

—Invítame a un bautismo o a un velorio si quieres, son menos aburridos. No le veo lo interesante a estar media hora parado viendo un montón de manchas sin sentido en una tela.

—No todo en la vida es arte abstracto, ¿sabes? —defendió Aioria tratando de persuadirlo, pero no funcionó.

—No, gracias. —Sentenció cruzándose de brazos y apartando la mirada.

—Viejo, por favor… ¡Voy a morir de aburrimiento si voy solo!

—Dije que no…

Al ver que Milo no iba a romper su postura, ni a dejar de hacer oídos sordos, Aioria se vio obligado a recurrir a su última carta, una carta tan antigua que la última vez que la usó fue para conseguir una mordida de la barra de chocolate de su hermano mayor cuando estaba en secundaria.

—¿Milo? ...—Estando totalmente desprevenido, el aludido se viró hacia su interlocutor y sin saber cómo, se vio emboscado por un gran y brillante par de ojos verdes que le miraban con suplica—¿Por favor?

—Pero qué bajo has caído…—reprochó el heleno con los ojos entrecerrados.

"Me voy a arrepentir de esto…"

—Ahg… ¿Dónde?, ¿cuándo y a qué hora?

En breve, la infantil mirada de Aioria se cambió por una sonrisa gatuna.

—Mañana a las 8:30 pm en "Tis psychís". Te prometo que no te vas a arrepentir.

—Más te vale o de lo contrario te arrollare con tu propio auto. Ahora vámonos, necesito una ducha.

PARIS—FRANCIA

El ventilador que giraba sobre la cabeza de Saga terminó por despertarlo cuando la cadena se desprendió y salió volando hasta caer en el vaso de wiski a medio beber que había dejado junto a la botella (ahora vacía) la noche anterior.

Se acomodó sobre su espalda con pereza hasta quedar de cara al techo, estaba tan desorientado que ver las aspas blancas girar en el techo del mismo color lo mareaban.

De pronto, su celular empezó a sonar y Saga sintió como si le estuvieran taladrando las sienes.

—Joder… ¿Quién llama tan temprano? —gruñó el hombre mientras se cubría la cara con una mano y tanteaba la cómoda negra a lado suyo con la otra; sus manos grandes y adormecidas terminaron por tirar la botella y el vaso de la cajonera antes de localizar el celular que estaba bajo su cenicero.

—Quien quiera que seas, no son horas de llamar.

¡¿Ya viste la hora, idiota?!—bramó su hermano al otro lado de la línea—Son las 12:00 ¿En dónde estás?

—Agh… Baja la voz Kanon, vas a reventarme la cabeza—contestó Saga alejando el teléfono de su oído y confirmando la hora en la pantalla—Mierda…

—Tienes media hora para llegar, date prisa.

—Si, está bien.

—Y recuerda… Se discreto.

¿Cómo te saco de mi cabeza?
¿Cómo vuelvo a meterte en mi cama?
Oh no, oh no.

En menos de un minuto, las sabanas resbalaron por sus piernas y un despreocupado Saga salió de la cama completamente desnudo, no le importaba que las cortinas estuvieran corridas y que su ventana diera vista a la calle, después de todo, su propiedad se situaba de forma estratégica en un barrio privado en el que (por si fuera poco) vivían más mujeres solteras que hombres ¿Qué más daba si lo veían? A lo mucho admirarían su espalda y su trasero (partes de las que estaba muy orgulloso, por cierto).

Dime que estás loca, dime que tienes miedo,
dime que todavía amas lo que tenías.
Oh no, oh no.

Para cuando salió del baño, el vocalista estaba mejor caracterizado que un agente encubierto.

—No por nada soy el rey del disfraz—se dijo a si mismo mientras se colocaba los lentes oscuros sobre la nariz falsa con toque aguileño y se acariciaba la barba sintética.

—Todo sea por un vuelo tranquilo.

Cuando ya no quedan pecados de los que preocuparse,
y la lluvia torrencial vierte momentos oscuros.
Cuando todo se ha dicho y hecho,
nadie me puede salvar.

Ya en el aeropuerto, el hombre de chamarra desgastada y pantalones holgados recorrió la terminal con aire triunfador, pensar que lograba pasar desapercibido entre tanta gente y que incluso podía pararse frente a quienes portaban una camiseta con el nombre de su banda sin que sospecharan lo hacía sentir tan astuto que se le subía el ego.

Oh, no me des tu testimonio,
óyeme ahora.
Oh, no me des tu testimonio,
dime ¿cómo tantos momentos felices
pueden entristecerme tanto?
Porque no importa
cuántas vueltas dé.
Oh, no me des tu testimonio.

Gozaba de la monotonía del momento, gente leyendo, niños haciendo berrinches que las madres tenían que controlar con circunspección. Chicos buscando donde enchufar el cargador para sus gadgets y chicas sentadas con la mirada en cualquier parte que no fuera él; todo era perfecto… hasta que…

Nadie puede salvarme, amarme u odiarme.
Seguiré esperando, no hay nada que no haré.
Te tomo, mi amor, como una droga callejera.
Nunca sé de lo que estás hecha en realidad.
Oh no, oh no.

—Oh… por…Dios…

—No jodas…

—¿Será?

—Ostia…

—Fuck…

—Hermano, ¿ese es?...

—¡ES CAMUS!

Cuando ya no quedan pecados de los que preocuparse,
y la lluvia torrencial vierte momentos oscuros.
Cuando todo se ha dicho y hecho,
nadie me puede salvar.

De repente, la terminal pasó a convertirse a un set de filmación de The Walking dead en donde toda la multitud era como una masa de zombis y el pobre chico al que se le habían caído las gafas era la carne fresca.

No estando tan lejos como hubiera deseado, Saga fue capaz de descifrar la grosería que Camus formó con los labios antes de salir corriendo como si lo persiguiera el ejercito de los caminantes blancos de Juego de tronos.

Oh, no me des tu testimonio,
óyeme ahora.
Oh, no me des tu testimonio,
dime ¿cómo tantos momentos felices
pueden entristecerme tanto?
Porque no importa
cuántas vueltas dé.
Oh, no me des tu testimonio.

—Ah… sigue siendo un novato…

Por su parte, el galo corría despavorido con las piernas por delante.

—Al menos probé mi punto—dijo mientras corría entre las sillas de la sala de espera—¡Una gorra y unos lentes oscuros no engañan al público para siempre! —vociferaba mientras pasaba a los saltos y las maniobras evasivas.

Nadie puede salvarme, amarme u odiarme.
Nadie puede salvarme, amarme u odiarme.
Nadie puede salvarme, amarme u odiarme.
Nadie puede salvarme, amarme u odiarme.

Esa no era la primera vez que Camus era perseguido fuera del escenario y seguramente no sería la última; a estas alturas daba gracias a los paparazis y a la prensa, no sólo por las largas carreras que le habían obligado a pegar todos esos años, sino por la habilidad que había desarrollado para perderlos.

Cuando ya no quedan pecados de los que preocuparse,
y la lluvia torrencial vierte momentos oscuros.
Cuando todo se ha dicho y hecho,
nadie me puede salvar.
Oh, no me des tu testimonio.
Óyeme ahora.
Oh, no me des tu testimonio.

Ya se sentía a salvo cuando una mano lo sujetó por el cuello de la chaqueta y lo haló hacia atrás, para cuando Camus se dio cuenta, estaba metido en un cubículo de intendencia.

—Creía que los famosos no salían sin guardaespaldas—dijo el hombre barbado que estaba con él en el pequeño espacio.

—Bueno, yo… aun no me convierto en una diva—bromeo apenado y en seguida se quitó el sudor de la frente con la mano.

—Toma—dijo el extraño ofreciéndole un poco de papel.

—Muchas gra…—justo cuando estaba por tomar el papel, Camus se detuvo a observar más inquisitivamente al sujeto de barba azul y nariz de gancho—No…

—Oh, si…

—¿Saga?

—¡Sh! ¡Te van a oír! —siseó el peliazul— ¿Cómo se te ocurre entrar así a un aeropuerto? ¿No te he enseñado nada?

—No tenía otra cosa. —Se defendió el otro.

—¿Y tu equipaje? —inquirió el mayor cruzándose de brazos.

—Todo lo que ves es lo que hay.

—¿Qué?, ¿decidiste volar de repente o qué?

La forma en la que Camus desvió la mirada le hizo abandonar todo sarcasmo de golpe.

—No me digas que…

—Es una corazonada, ¿de acuerdo? Ya no digas nada. —soltó el galo con tono escueto—He estado aquí desde la madrugada esperando el primer vuelo a Grecia.

Eran tan pocas las cosas que podían impresionar al griego que le bastaba con usar los dedos de una mano para enumerarlas y una de ellas era la impredecible forma en la que actuaba el francés cuando se trataba de la italiana.

Antes había considerado a Camus un tipo demasiado frio como para enamorarse, y, aun así, había pasado; lo había considerado demasiado listo como para dejarse llevar por los impulsos y después se enteró que ese mismo muchacho había corrido aproximadamente diez kilómetros buscando a una mujer que se había marchado por su propio pie, cuando fácilmente pudo haberse conseguido otra. Así mismo, le había juzgado demasiado orgulloso como perseguir a la misma chica más de una vez, sin embargo, ahí estaba, enfrascado en una cabina de intendencia entre trapeadores, escobas y un oloroso coctel de productos de limpieza, sin más ropa que la que traía puesta y dispuesto a dejarlo todo por un mero presentimiento.

— ¿Tan importante es para ti? —le preguntó con seriedad.

—Ni te lo imaginas … aparentemente ella tampoco y eso me está matando.

Saga negó con la cabeza cruzándose de brazos nuevamente. Él se lo había dicho y quería recordárselo "El amor es una pérdida de tiempo" pero de nada serviría, dejaría que el chico lo descubriera por su cuenta.

— ¿A qué hora sale tu vuelo? —preguntó Saga e irónicamente la respuesta llegó con el sonido de las turbinas de un avión en pleno vuelo.

—Estoy casi seguro de que es ese—dijo cabizbajo con el índice apuntando al techo.

Torciendo la boca, Saga se planteó una idea más digna de la mente altruista de Kanon que de la suya, de tratarse de otro sujeto ni siquiera se hubiera molestado en meditarlo, pero tratándose de Camus… la cosa era diferente.

—En cinco minutos la banda va a volar a Italia para un concierto. De ahí nos iremos en un crucero hasta Grecia…—continuó ya con una mano en la nuca— ya sabes… uh… para el festival y …ah… puedes venir con nosotros si quieres.

El francés levantó el rostro y se sorprendió al encontrarse con el rostro autentico de su amigo, mismo que se negaba a verle a los ojos para no parecer tan blando.

—Saga…

— ¿Qué?

—Gracias…

—Sí, si, como sea… ahora vámonos antes de que me beses.

—Ni, aunque fueras mujer—replicó el galo con tono jactancioso.

—Di lo que quieras; ahora prepárate porque vamos a correr—añadió el griego acomodándose la gorra.

—Dijiste que teníamos cinco minutos.

—No lo digo por el tiempo—contestó Saga preparándose para girar el pomo de la puerta—Sino por lo que hay fuera.

La voz cavernosa de Saga hacia parecer que había un monstruo al otro lado de la puerta y ver como giraba lentamente la manija hacia que Camus se desesperara.

—Saga…

— ¿Qué?

—Ves demasiada televisión.

Y sin previo aviso, el francés apartó la mano del heleno para hacerse con la manija cuando esta se abrió repentinamente.

— ¿Y ustedes que hacen aquí? —inquirió extrañado el viejo conserje.

GRECIA

A través de los estrechos pasillos de un pequeño establecimiento comercial, una joven pintora, usando un par de zapatillas, pantalones acampanados y una blusa blanca,

rodaba las pequeñas y chirriantes llantitas de su carrito de supermercado en busca de la sección de arte

Al mismo tiempo, a tan sólo dos bloques de distancia, otro joven, con un estilo más subversivo y de rebelde melena ultramar, se debatía entre si comprar una marca de aceite para motor u otra. Ya había leído al derecho y al revés ambas presentaciones y hasta las letras pequeñas de ambos botes, pero seguía sosteniendo los recipientes frente a su cara incapaz de decidirse por uno.

—De no necesitar no compraría ninguna …—masculló Milo fastidiado, entonces escuchó que alguien más se quejaba en el pasillo vecino.

— ¿Es que aquí no hay nada de calidad?

Aquel timbre que había tomado por sorpresa sus oídos le había parecido extrañamente familiar.

"Esa voz… ¿en donde la he oído?"

Mas movido por la sospecha que por la intriga, el muchacho asomó la cabeza por un costado del pasillo y fue ahí donde sus ojos pestañearon con asombro al encontrarse con lo que él llamaría más tarde: "una agradable coincidencia".

Sin duda estaba sorprendido, para Milo, Grecia era una ciudad muy grande y el hecho de ver a la misma chica extraña en el mismo lugar no podía ser otra cosa que una rara casualidad.

Al darse cuenta de que la muchacha estaba distraída, el joven corredor pensó que sería una buena idea sorprenderla, de modo que se desplazó con sigilo hasta estar detrás de ella.

Por su parte, Shaina seguía empujando su carrito vacío por todo el lugar sin tener idea de nada, estaba tan concentrada en encontrar el color ideal para terminar su lienzo que no se imaginaba siquiera que había alguien pisándole los talones.

—Nova…Nova…Nova… ¿Dónde estás? –repetía la italiana mientras repasaba simultáneamente los nombres de las marcas en el aparador— No es posible que no tengan esa marca aquí.

Habiendo escuchando lo que buscaba la chica, el muchacho le dio un rápido vistazo a la parte más alta del escaparate de tres plazas y se sonrió al dar con el nombre que ella buscaba.

—Oye ¿Qué no son esas de arriba? —comentó Milo como si nada, señalando hacia la última repisa en espera de que la chica lo reconociera, pero pareció no hacerlo.

— ¡Vaya! ¿Cómo no las vi? Muchas gracias—respondió Shaina sin siquiera mirarlo, lo cual dejó a Milo con la cara hecha un poema ¿de verdad era tan… olvidable?

En seguida vio que Shaina batallaba para alcanzar un pequeño frasco de color azul oscuro que estaba casi fuera de su lugar, le pareció graciosos que aun cuando el intento de redoma casi se caía, ella tenía que pararse de puntillas para poder tocarlo, de modo que decidió (literalmente) echarle una mano, así, pues, con la facilidad que su altura le propiciaba, levantó el brazo sin necesidad de estirarlo y extrajo el botecito de su lugar.

—Muchas gracias—repitió Shaina buscando esta vez a su interlocutor y grande fue su sorpresa al encontrarse a…

—¡Milo!

—Aquí tiene, señorita—repuso el griego con un guiño—A sus servicios.

Shaina esbozó una media sonrisa y recibió el recipiente con la palma abierta.

—Pero que oportuno, Sir Lancelot al rescate—dijo con elegancia—¿Habéis venido a cazar las ofertas?

—En realidad no, princesa… mi corcel está sediento y vine a buscarle algo de beber—replicó el chico sacando el bote de aceite y agitándolo como a una sonaja. —¡Contemplad! Mi…decepcionante adquisición.

—No pareces satisfecho.

—Este lugar rara vez tiene lo que quiero, aunque no esperaba verte aquí, ¿para qué es la pintura? ¿Eres maestra de preescolar o algo así?

— ¿De verdad crees que una marca como esta es para niños? —inquirió Shaina con falsa indignación—Es oleo.

— ¿Entonces eres una pintora profesional? —espetó incrédulo con el afán de molestarla.

—Pues… no me gusta presumir, pero sé utilizarlas.

En ese momento…el vago recuerdo de su trato con Aioria ato hilos en su conversación y una idea se bordó en su cabeza.

— ¿Qué tanto sabes de arte? —inquirió entrecerrando los ojos.

—Tanto como tú sabes de motores. —replicó ella imitándole.

Milo sonrió. No tanto por el gesto, sino por lo que le había provocado, verla copiarle era divertido. Era como si esa chica pudiera amenizar cualquier ambiente. Seguramente sería una gran compañía en aquel aburrido lugar.

—Me imagino que te la pasas en museos y centros de arte, ¿no?

—Bueno…la verdad es que desde que llegué no he tenido la oportunidad de visitar nada, todo ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí; con trabajo ubico el supermercado.

La sonrisa astuta en el rostro de Milo se amplió con disimulo, todo era perfecto. Ahora solo tenía que invitarla.

—Dime ¿has oído de la galería "Tis psychís"?

—Por supuesto. Es una de las más antiguas de Grecia. Mi papá siempre se lamentaba de que estuviera abandonada.

— ¿Y si te digo que ya no está abandonada?

—Imposible…

—Ven conmigo mañana—dijo de repente con plena soltura, como quien habla con un amigo de años.

Al principio desconfió, pese a que ya no era un extraño del todo y aparentaba ser un chico jocoso, no era exactamente su amigo, aunque cierto era que ya había subido a su auto anteriormente.

De todos modos, lo cuestionó.

—No pareces muy fan del arte.

—Cierto, no lo soy, pero sí que estoy obligado a presentarme mañana y creo que eres la única persona que puede salvarme de una patética muerte por aburrimiento.

— ¿Tan terrible es para ti?

—Shaina, en mi visión del infierno hay cuadros colgados en la pared.

Lo dijo con tanta seriedad que resultaba hilarante. Shaina sabía que había gente que no apreciaba el arte y por supuesto aun dentro del gremio había quien no comprendía las obras, pero que hubiera alguien que lo detestaba ¿era posible?

—¿Y si hago que eso cambie?

—Seguramente terminaré pintando contigo—dijo con sarcasmo—Entonces ¿vamos?

La chica se lo pensó por un momento. No tenía casi nada de conocerlo e irónicamente era su único conocido hasta ese momento, sin duda quería ir a esa galería y aunque no era su plan salir a solas con alguien del sexo opuesto sabía que pasar tanto tiempo sola tampoco era bueno. ¿Qué tendría de malo aceptar?

—¿A qué hora? —dijo por fin.

—Paso por ti a las 8:00 pm.

—Pero…no sabes donde vivo.

—Eso tiene arreglo—replicó Milo metiendo su bote de aceite en la canasta de Shaina.

—Oye, yo no voy a pagar eso. —protestó la peliverde, a lo que el griego respondió jovial:

—Estoy tratando de decir que nos vayamos juntos — para así proseguir con un tono burlón — Además, es absurdo pasear un frasco del tamaño de tu mano en una canasta de supermercado.

Shaina se mordió el labio al quedarse sin argumentos. No había excusa para eso, sencillamente era su costumbre entrar y tomar un carrito, así comprara una cosa o dos, no lo podía evitar.

—Vale, tú ganas.

—Genial, yo lo llevo—anunció Milo, pero antes de que pudiera tocar el manubrio, el delgado dedo índice de Shaina apareció en señal de negación justo en medio de su cara.

—Ha, ha, ha… Alto ahí "Meteoro". Aquí conduzco yo.

Y sin conceder replicas, Shaina asió el manubrio y se dirigió fanfarrona hacia el final del pasillo.

—Vale. Os seguiré doquiera que vayáis.

Y con estas palabras, Milo, alias "Meteoro" ahora, Sir Lancelot, caminó a la par de la doncella…

Continuara…

N/A: Chicos y chicas, lo siento mucho, sé que prometí actualizar temprano, pero la última semana de escuela estuvo fatal y si a eso le sumamos que mi equipo me dejó tirada y tuve que trabajar sola, solin, solita, pues peor.

Dije que iba a actualizar otro fic, pero como que mi cabeza esta muyyyyyy metida en este . fic.

La canción de la escena de Shaina es Los on you de LP

La canción para la escena de Saga es No witness de LP

Muchas gracias a Carla, , Guest, Kenshi94,Ely,Virgin of Aquarius, Lau y Beauty amazon por su apoyo y ¡claro! A los lectores silenciosos por su tiempo.

SON UN SOL, TODOS.

Datos curiosos para el fic: Saga si ve mucha TV. Concretamente HBO.

Camus vendió su moto para comprar el pase de avión porque no traía mucho en la cartera.

Si, el señor de intendencia si pensó que Saga y Camus estaban haciendo cosas indebidas en su santuario de la limpieza.

Lo que Shaina está pintando es…