Color blue
El apartamento 200 de la calle Celeas era el más ruidoso y el más floripondio en toda la cuadra, según los vecinos. Por fuera costaba trabajo ignorar las feas cortinas anaranjadas con motivos y parches descoloridos, el marco de la ventana principal estaba pintado de rosa y si algún ladrón se asomase por la ventana seguramente se largaría de inmediato nada más ver la extravagante decoración hecha por la misma inquilina.
Toda la estancia tenía la estampa de una caja fuerte… sin combinación… la mezcla setentera con arte renacentista y pinturas de todos los estilos daban el mensaje de que ahí vivía una tía, una abuela o peor… una tía abuela. No es que June tuviera malos gustos, en lo absoluto. Pero la chica guardaba en su hogar todo lo que podía salvar de las olvidadas bodegas en los museos y bares de parís antes de que fuesen desechados, aunado a esto estaban los regalos que recibía de parte de los niños de la escuela de manualidades en donde trabajaba ocasionalmente desde que su mejor amiga se había marchado.
June no acostumbraba prestar mucha atención al calendario, así como tampoco era consciente del correr de las horas como el resto de la gente estresada (autodenominada: altamente responsable), sin embargo, la ausencia de Shaina la había vuelto experta en la duración de los meses, sin mencionar que el trabajo de restauración ya no era lo mismo; se sorprendió mucho al recibir la notificación de una video llamada por parte de su querida amiga.
— ¡Vaya! Miren quien decidió dar señales de vida…—arremetió la rubia al momento de ver a la italiana del otro lado de la pantalla— ¿Se puede saber a qué cueva te has huido que no me contactaste en meses?
—June, sé que estas molesta, pero…
— ¿Molesta? —le atajó la chica enrabietada— ¡Por supuesto que estoy molesta!
—June…
— ¡No he salido de compras con nadie en semanas!
—June…
— ¡Hasta el conserje del edificio te extraña!
—June…—Shaina trataba de hablar, pero el frenesí de su amiga no le dejaba tomar la palabra.
—No he ido a charlar con mi mejor amiga a ese bonito restaurante español porque no tengo a mi mejor amiga aquí. ¡¿Sabes lo frustrante que es eso?!
—Jun…—gruñó la peliverde tratando de no perder la paciencia mientras se repasaba las manos por su humedecida y perfumada melena.
— ¡Mi cabello es un desastre! Y… y… ¡Los cólicos me están matando!
La rubia siguió parloteando y parloteando como un juguete de cuerda sin botón de apagado, hasta que Shaina finalmente explotó…
— ¡JUNE!
—Sin mencionar que el estúpido de Camus casi me vuelve loca…
—Espera. ¡¿Qué?!
En ese momento a June se le trabó la lengua, mientras que a Shaina casi se le salieron los ojos al comprobar en la cara pixelada de su amiga que había escuchado bien.
—Uh… ¿de… qué… querías hablar? —soltó June con nerviosismo, incapaz de ignorar al elefante que acababa de entrar en la habitación.
—June… ¿Qué pasa con Camus? —inquirió Shaina con seriedad, olvidándose por completo del motivo de su llamada.
Siempre procurando la virtud de la honestidad, June sabía que no debía mentirle a su hermana de otra madre y aun si lo hiciera, difícilmente se creería una mentira, pero también sabía que si le decía que Camus había llamado constantemente a su puerta con la insistencia de un predicador para tratar de convencerla de que le ayudara a encontrarla, entonces la italiana no dudaría en buscarlo también y a los ojos de June… Camus no se merecía ni su saludo; todo el aprecio que le tuvo alguna vez se había ido esa noche de lluvia por las alcantarillas de Paris. Así que ¿Qué debía decir?
"Una verdad a medias no le hará daño" pensó "Al contrario… tal vez sea lo que necesita"
—Ah… nada grave, descuida. Él… sigue con su vida, compone mucho, suena tanto en la radio que casi lo alucino. Je, je. La última vez que lo vi estaba en el teatro con esa chica... ¿Cómo se llama?... —June se frotó la barbilla distraídamente, de verdad que no lo recordaba— ¡Hilda! —exclamó chasqueando los dedos—Si, así se llama, pasan mucho tiempo juntos, hasta salieron en la revista de chismes este mes. ¡Qué cosas! ¿No?
¿Alguna vez has experimentado ese sentimiento que te cubre como una ola al escuchar una noticia que no te esperas y que es difícil de describir?
Porque justo eso le pasó a Shaina…
¿Qué si sabía de Hilda? Por supuesto que sabía. Camus no se guardaba nada, le encantaba contarle a Shaina cada parte de su vida e Hilda era parte de su vida, incluso entendía que la consideraba bonita, aunque eso nunca le había preocupado, Shaina no era celosa, sin embargo, al ver la fotografía en la revista que June había levantado delante de la cámara y luego de la narración anterior, Shaina sintió como algo se hundía en su estómago, se retorcía y llevaba la presión hasta su pecho, casi como si sus entrañas se dieran vuelta por si solas, y es que ahí, justo en la primera plana, figuraba la fotografía tomada por un paparazzi que mostraba al cantautor francés aparentemente abrazando a la actriz en plena calle con las figuras difusas de dos adolescentes corriendo tomados de la mano delante de ellos con la leyenda: "L'amour Rue Royale?" coronando la imagen.
—Uh… ¿Shaina?...
La aludida se estremeció al escuchar su nombre e hizo lo posible por ocultar lo que fuera que estuviera sintiendo, aunque fingir que no tenía idea o que no había nada sacudiéndose como un remolino en su interior no era cosa fácil.
—Shaina… ¿me estas oyendo?
—Ah… si. Perdón, es que la señal no es muy buena y te congelaste un par de segundos—mintió.
—Oh… debe ser mi internet, en fin. ¿De que querías hablar?
ROMA—ITALIA
"No puedo hacer nada más por ti más que desearte buena suerte…"
Hilda leyó la nota se Shaka por vigésima vez antes de guardarla en el bolsillo de su abrigo. La había leído al menos unas diez veces antes de salir de Paris y por lo menos otras nueve al momento de abordar el tren.
Nunca se imaginó que Shaka accedería a ayudarla en su empresa de encontrarse con Camus en Roma. En su pensar…al menos hasta ese momento, había estado sola en ello.
F/B
—Camus salió esta mañana rumbo a Italia…—comentó el rubio con la mirada fija en la barita de incienso que estaba por consumirse entre sus dedos—Recuerdo que me llamó para decirme que perdió su vuelo y se fue con la banda de Saga, a esta hora ya deben haber llegado.
Las finas hebras de humo blanco que se desprendían de la resina parecían querer seducir los ojos de Shaka con su armonioso baile de esencias aromáticas.
Mientras tanto, Hilda lo veía y lo escuchaba con la cabeza gacha, como una niña a la que le han negado la entrada al tiovivo. Al ver la dulce cara de la chica, ensombrecida por la decepción y la tristeza, el hindú se mordió una mejilla por dentro.
No necesitaba repasarla de extremo a extremo con los ojos bien abiertos para notar lo hermosa que era, ni escucharla hablar una hora para dar fe de su inteligencia, como mujer, Hilda era una joya muy cara y él lo sabía, y tan bien lo sabía que no entendía por qué una chica tan dulce y buena como ella insistía en perseguir a un hombre que no la notaba siquiera.
—…Al menos…—musitó ella aplacando su sentir— ¿Puedes decirme en qué ciudad está?
En ese instante, la vara de incienso se consumió y las puntas de los dedos de Shaka se mancharon de gris.
— ¿En serio planeas seguirlo? —inquirió con serenidad mientras frotaba lo poco que quedaba de ceniza entre sus dedos—No creo que sea sensato, Hilda.
—Yo tampoco—dijo tajante con la falta estrujada entre sus delgados puños—…Yo tampoco creo que lo que él hace sea sensato, pero…—hizo una pausa— ¡Si él pude ir tras ella, ¿Por qué no puedo yo ir tras él?!
Aunque el desplante de la muchacha no había impresionado a Shaka, si consiguió hacerle llegar a una conclusión.
"Están cortados por la misma tijera…" dijo para sus adentros con una sonrisa cómplice dibujada en el rostro.
—Está bien… — dijo de repente y en seguida se irguió delante de su silla—Te ayudare a llegar a Italia, después de todo… el tonto de Camus se fue sin un centavo, aun debo investigar quién le compró la moto y tomando en cuenta el hecho de que necesita más su billetera que yo…—señaló ya con el cuero en la mano—tal vez sería buena idea que alguien de su entera confianza se la entregue personalmente.
Hilda se quedó en blanco…Ver a Shaka tenderle la cartera con un gesto comprensivo, casi condescendiente, la llenó de esperanza y le colmó de dicha, una dicha que no pudo contener y que la impulsó a darle un fuerte abrazo al rubio.
—¡Muchas gracias, Shaka!
Aquello fue tan inesperado que al cantante se le colorearon las mejillas. No le cabía duda, Hilda era extremadamente dulce, desde la forma en la que se expresaba (sin importar si lo hacía con exasperación o gozo), hasta la calidez que despedía al abrazar.
¡¿Cómo podía Camus ser tan ciego?!
Haciendo a un lado sus pensamientos, Shaka rodeó con sus brazos a Hilda y deseó que la sonrisa de la chica no desapareciera nunca.
F/B
Los pensamientos de Hilda continuaban revoloteando en la arboleda de los recuerdos cuando el operador anuncio la llegada a la estación, entonces recordó las últimas instrucciones de su amigo.
"Arreglaré que alguien te recoja en la estación, no te vayas."
El tren se detuvo en la plataforma en punto de las siete, hora en la que el sol ya debía haberse ocultado, no obstante, lejos de dar paso a la noche, la bóveda permanecía sumergida en el crepúsculo. La mayoría de las personas (en especial las que viajaban a las tierras de Cupido) concebían la puesta del sol como algo único de ver, pero para Saga, (quien permanecía apostado detrás de una columna de la estación, muy lejos del gentío) la puesta de sol era tan común y corriente como la que podía ver en su natal Grecia.
Aterido, con la espalda bien pegada a la pared y los brazos firmemente cruzados sobre el pecho, el hombre de sudadera y capucha oscuras dio la calada final a su cigarrillo antes de apagarlo con la suela de su zapato al mismo tiempo que escupía una maldición en griego.
Así es. La persona a la que Shaka había confiado la seguridad y el éxito de Hilda no era otro que Saga, el mismo que había invitado a Camus a ir con él y su banda hasta Grecia.
¿Qué si Saga había estado de acuerdo?
Pero claro…que no.
A estas alturas del partido, y luego de haberse tragado toda la historia por parte de Shaka sin mucho detalle, el griego se preguntaba ¿Cómo había terminado enredado en ese culebrón? Por supuesto que enseguida recordó el gran favor que le debía al rubio.
"Ayudar a una dama es menos costoso que pagar los derechos de un álbum"
decía una de las líneas del mensaje que había recibido en su celular.
Una vez que la afluencia de gente hubo disminuido, el vocalista abandonó su escondite y pasó a sentarse en las escalinatas de la estación.
Se suponía que debía saber a quién buscar, después de todo, Shaka había tomado las precauciones necesarias y esto porque sabía de ante mano que su amigo no había pisado un teatro para ver una sola obra en su vida.
Todavía resentido por la falta de confianza de su amigo (una bien fundamentada) Saga desbloqueó la pantalla de su celular para ver la foto de la chica y juntó las cejas apenas la vio.
—Shaka debe estar tomándome el pelo—soltó con incredulidad—Es una niña…—usó un poco de su aliento para entibiar sus dedos y así hacer un ligero acercamiento al rostro de la muchacha. En efecto, tenía facciones ovaladas, una nariz pequeña y unos ojos enormes con pestañas largas que en conjunto con su piel pálida y apariencia menuda la hacían ver como una adolecente.
—No está mal…—decía mientras hacía zoom en los atributos de la chica—es una lástima que sea tan joven.
Ya estaba comenzando a fantasear cuando el sonido de los rieles llamó su atención, el tren ya se había ido, lo cual significaba que ya no había nadie más, nadie… a excepción de una elegante señorita en un exquisito abrigo rojo y bufanda color crema que sostenía un bolso pequeño entre sus manos enguantadas.
—Debe ser ella…—se dijo y pronto se aproximó hasta la fémina que miraba a todas partes completamente confundida. — ¿Hilda?...
— ¿Eh? —la aludida se viró en el acto y un escalofrío le recorrió la columna al encontrarse con un hombre recio de ojos verdes cuya capucha desvelaba un solitario mechón azul. El sujeto era tan alto que Hilda tuvo que estirar el cuello para mirarlo a la cara, aunque con las sombras en su faz impertérrita era difícil no intimidarse y casi imposible no tragar saliva.
— ¿Eres… el amigo de Shaka?
Saga junto todavía mas sus cejas ante la pregunta, ¿de verdad no lo había reconocido? ¡Inaudito! La falta de luz no podía ser la razón, ya que las mamparas recientemente habían sido encendidas e iluminaban cada rincón de la plataforma; el gesto que hacia Hilda estaba dotado de suspicacia y eso la hacía ver aún más infantil, fue ahí que una idea maliciosa se asomó por las esmeraldas de Saga. Así que se inclinó hasta quedar lo suficientemente cerca como para casi tocar la frente de la fémina con la suya y esbozando una satírica sonrisa que mostraba todos sus dientes blancos, le dijo:
¿De verdad no tienes idea de quién soy?
Por supuesto que Hilda se incomodó, por supuesto que se ruborizó y definitivamente se le puso la piel de gallina y eso le causó mucha gracia a Saga.
—Algo me dice que este teatrito va a ser divertido—afirmó el griego y acto seguido tomó a la chica de la muñeca y se la llevó—Toma—le indicó casi arrojándole un par de auriculares conectados a un reproductor mp3—Puedes escuchar el álbum "Demencia" en el camino.
— ¿Demencia? Eso suena a música pesada y… ah… me gusta más el…
—Sé perfectamente qué clase de música te gusta—le atajó Saga, quien casi levantaba a Hilda del suelo debido al ritmo apresurado de sus pisadas—Nosotros no tocamos música clásica y yo no canto el tipo de basura corta venas que canta tu "no novio". Así que te recomiendo que te pongas los audífonos, guardes silencio y disfrutes de la buena música.
"Uy… pero qué mal genio…"
Con pocas ganas de discutir, Hilda se encogió de hombros y se acomodó los audífonos con la mano que le quedaba libre.
El resto del camino lo recorrieron en completo silencio, Saga iba al volante de un auto rentado con Hilda en la parte trasera, ella, por su parte, había aprovechado para investigar más sobre la banda "Black Winter", leyó y leyó hasta que se le agotaron los datos, después siguió escuchando música. Saga dio un vistazo al retrovisor y sonrió al ver que al parecer a la muchacha le estaban gustando las canciones o al menos ese era el mensaje que sus tenues tarareos le transmitían.
—Ya llegamos, niña. — Dijo Saga y de nuevo una mueca retorcida apareció en su engañoso rostro al ver como la boca de la chica se abría a causa de la desagradable sorpresa.
— ¡¿Un motel?!—exclamó escandalizada.
—Un lugar discreto—corrigió él sin dejar de mirar la cara de horror de la actriz—Tranquilízate niña, todos están aquí. Estaban demasiado cansados como para buscar un lugar "decente", maña iremos a un hotel y podrás tener tu propio cuarto.
La mano de Hilda se paralizó de camino a la manija.
—Espera, espera… ¿Qué quieres decir con "tendrás"?
—Básicamente que hay mucha gente follando y ya no hay cuartos disponibles.
La soltura con la que ese hombre se expresaba, tan carente de modales y con tan poco refinamiento hacían que además de casi ser víctima de un tic nervioso, Hilda se preguntara si de verdad Shaka quería ayudarla.
Saga salió del auto y se dirigió a las escaleras de metal como quien acaba de llegar sin compañía, al darse cuenta de que la chiquilla no lo seguía, el hombre encapuchado le hizo un par de señas con la mano.
— ¿Planeas dormir en el auto? ¡Baja de ahí!
—Pero qué grosero es…—masculló la chica y enseguida descargó su molestia con la puerta al abrirla bruscamente y también al momento de cerrarla de un golpe.
El motel era un edificio pequeño de tres pisos con muros descarapelados y barandales oxidados, las puertas de madera que daban acceso a los reducidos espacios tampoco le hacían justicia al luctuoso lugar. Tenía más pinta de guarida para adictos que de un motel, a Saga tampoco le gustaba, pero estaba en un lugar poco concurrido y eso garantizaba algo de anonimato, aunque no se podría decir lo mismo del silencio, no con tantos gatos merodeando por ahí, esperando a que todo el mundo cayera dormido para empezar a maullar.
Saga condujo a Hilda hasta la puerta del extremo izquierdo en el último piso, Hilda veía como Saga revolvía el interior de sus bolsillos, estando en ese punto, la chica se decidió a preguntar la única cosa que le había estado dando vueltas en la cabeza desde que salió del vehículo.
—Em… ¿Saga?... —el aludido detuvo su búsqueda para mirarla de reojo—¿Me voy a quedar contigo? —preguntó con timidez haciendo nudos con sus dedos.
—Podrías…—le dijo antes de extraer un alambre de su bolsillo trasero y encajarlo en la cerradura—Si no te importa compartir la cama con un sujeto que duerme desnudo, claro—sentenció y de un ligero empujón la puerta se abrió. —Lo mejor es que te quedes aquí, en el cuarto de Camus.
Los ojos de Hilda se ensancharon de tal manera que el miedo y el recato eran legibles en ellos, aunque no llegaban a ocultar el brillo enamorado que había nacido en sus pupilas y se había extendido hasta sus mejillas sonrosadas. Una imagen muy dulce sin duda, tanto que Saga no resistió la tentación de utilizarla para divertirse.
—Sólo hay una cama…aprovéchala, niña…
En un abrir y cerrar de ojos, el tierno rosado en la faz de Hilda se volvió en un rojo fuego que le cubrió hasta la frente del disgusto.
—Gracias por el consejo, pero yo no soy ese tipo de persona—siseo la joven con los puños apretados. —Y no me digas niña. Tengo veinte.
—Pues te ves de quince— refutó engreído—Créeme, conozco a Camus más de lo que crees y si hay un tipo de chica del que pasa completamente es de las que parecen colegialas.
Y con estas palabras, el vocalista se fue hasta su pieza, la cual estaba al otro extremo del pasillo, ignorante de los estragos que sus palabras podían causar en la pobre muchacha.
GRECIA—ATENAS
—A ver, a ver, a ver… déjame ver si entendí. Conociste a un chico que… no sólo es piloto de carreras, sino que… según los resultados de mi buscador, es uno de los hombres más guapos de Grecia y te invitó a la reapertura de un evento casi soñado para ti y… y… ¡¿y no quieres ir?!—Aunque la imagen de June estuviera pixelada a mas no poder, su exasperación llegaba con toda claridad. — ¡¿Qué diablos te pasa?!
—No dije que no quería ir, sólo dije que tal vez hice mal en aceptar. No tengo qué ponerme y…
—Excuuuuussaaaaaasssss.
— ¡No son excusas! —se defendió Shaina—Mira…—continuó enfocando la montaña de ropa sobre su cama—No hay nada elegante ahí.
—Y ¿Qué hay del vestido que usaste en tu cumpleaños?
Shaina volvió a ponerse frente a la cámara de su celular—Lo pensé, pero hace demasiado frio y no tengo un abrigo con que usarlo.
—Deja que Milo te de su abrigo—contestó la rubia con simpleza mientras se limaba las uñas—Si es tan amable como dices seguramente te lo ofrecerá sin preguntar.
—Te estoy diciendo que hace frio, no voy a hacer que él se resfríe sólo porque yo no llevé mi propio suéter—alegó la peliverde con los brazos cruzados—en todo caso prefiero llevarme una blusa de manga larga y cuello de tortuga.
— ¡Perfecto! —Aplaudió June—Ve como tú quieras, ¡pero ve!
Shaina estaba a punto de rodar los ojos cuando alguien llamó a su puerta.
—Dios… ¡no me digas que es él! —Chilló June apretándose las mejillas.
Al mirar el reloj, Shaina se quedó helada. Eran las 8:00 pm ¿Cómo se había pasado el tiempo tan rápido?
¡June, te llamo luego!
Sin dar oportunidad a la rubia de desearle suerte o de despedirse siquiera, la italiana bloqueó el teléfono y corrió a asomarse por la ventana.
— ¡¿Hola?! —llamó desde arriba y aunque podía ver el auto de Milo delante de su casa, no había señal del chico por ningún lado— ¡¿Milo?!
— ¡Por aquí! —se oyó una voz que provenía de debajo del portal, Shaina asomó medió cuerpo hasta que finalmente vio a Milo salir de dicho lugar. –¡Me gusta la bata! ¡¿Es la nueva moda?! ¡Porque me sentiré como un tonto siendo el único de traje!
— ¡Es que no tengo qué ponerme! —exclamó Shaina divertida por la elocuencia del muchacho, pero apenada por su pobre contestación.
— ¡Está bien, esperaré aquí abajo! —contestó Milo sin cambiar su buena cara— ¡Ponte lo que quieras, a las chicas todo les sienta bien!
Ella volvió a reírse y enseguida negó con la cabeza, ¡ese chico era todo un caso!
— ¡Está bien! —anunció y al segundo siguiente una pringa de lluvia cayó sobre su nariz—Parece que va a llover otra vez… ¡¿Por qué no entras mientras me arreglo?!
— ¡¿Estás segura?!
— ¡La puerta está abierta!
Ya habían pasado casi quince minutos desde que el piloto había entrado y aun no se había movido del tapete la entrada, se había quedado inerte como una estatua o mejor dicho como el maniquí de un aparador de ropa cara. Con su traje azul marino y su camisa de vestir blanca parecía más un actor de cine que un corredor; se balanceó un par de veces en su lugar, sus lustrosos zapatos negros se mantenían al ras de la alfombra de estilo rustico que se extendía a lo largo del corredor y terminaba al pie de la escalera de caracol.
Había tantos cuadros con rostros de miradas cavernosas esparcidos por la pared que el joven se sentía acechado.
—Es una casa interesante…—dijo Milo para despejar la insonoridad cuando de repente un fuerte taconeo proveniente del piso superior le hizo respingar—Vamos Milo… sólo es una casa vieja llena de…ojos en las paredes… —completó con desagrado, allí había otra buena razón para odiar el arte.
Ansioso por dejar el pasillo, el heleno se adentró más en la morada, cada paso que daba sonaba más fuerte que el anterior, ¿la razón? Una notoria falta de muebles. No había sofá, no había sillones, ni mecedoras, ni siquiera un perchero inútil, sólo una solitaria mesa de madera carcomida que apenas con un agrietado jarrón chino llamaba la atención.
Fue entonces que la curiosidad afloró y Milo se aventuró a explorar más allá de la estancia. Y fue justo detrás de la escalera que lo vio, un arco, sin cortina o puerta que se interpusiera, iluminado por una luz tan blanca que invitaba a penetrar a quien se asomara.
Un largo silbido salió de los labios de Milo al encontrarse con un salón lleno de esculturas blancas, brillantes y duras; no se atrevió a tocar ninguna, parecía que nadie lo hubiera hecho jamás. Leones, mujeres de cuerpo completo, bustos de reyes y hasta réplicas de los antiguos dioses de su cultura se hallaban ahí.
Mas al fondo, específicamente detrás de una réplica de Psique y Eros a escala media, había una figura plana con forma de rectángulo cubierta por una manta, estaba posicionada de tal forma que parecía que la intención había sido la de aislarla.
"¿Será una de sus pinturas?"
La tentación de desvelarla era extrañamente fuerte, tal vez porque a Milo le encantaban los misterios, no obstante, el taconeo que se precipitaba por las escaleras lo instó a abandonar el salón rápidamente.
Milo apretó el paso para salir y trotó hasta posicionarse al final de la escalera, se alisó el saco y corrigió su postura hasta quedar con la espalda recta.
—Lamentó mucho la espera…—escuchó decir a Shaina. Levantó el rostro por inercia al ser guiado por la voz de la chica y de repente… ese azul tan celeste que rebosaba en sus ojos casi desapareció bajo en negro de sus ensanchadas pupilas tan sólo de verla.
Y acaeció que aquella casa vieja, lúgubre y fincada por el eco se redujo a una escalinata en espiral sin muros descoloridos ni miradas vacías, sólo una bella dama descendiendo sobriamente en un sencillo, pero precioso vestido azul digno de una cena a la luz de la luna.
— ¿Qué tal? —preguntó ella un tanto nerviosa por su aspecto.
—Maravillosa—dijo él—Me gusta esto—adujó señalando la blusa negra con manga a tres cuartos que la chica había acoplado debajo del vestido—Hace buen contraste.
— ¿No se ve raro?
—Para nada—respondió gentilmente con el codo doblado a la altura debida— ¿Nos vamos?
Shaina le dedicó una mirada cómplice y enseguida enganchó su brazo al de Milo.
Mientras tanto, en la soledad del salón de las estatuas, una delgada cubierta de tela se resbalaba lentamente dejando al descubierto un lienzo secreto.
GALERIA—TIS PSYCHÍS—8:30PM
Los neumáticos de cara blanca derraparon en una calle aledaña a la galería, los estacionamientos privados estaban a tope y Milo no contaba con la paciencia que se necesita para formarse en una larga línea vehicular únicamente para aparcar el auto habiendo tantas calles libres de líneas rojas.
Shaina, por su parte, no se terminaba de habituar a la forma de conducir de Milo, el griego torcía tanto el volante a la hora de dar vuelta que hacía que a la chica se le revolviera el estómago.
—Gracias al cielo… —soltó junto a una larga exhalación cuando el motor se apagó.
— ¡Cof, cof! ...Weak stomach… ¡Cof, cof! —tosió por lo bajo con tono de burla. Shaina no hablaba inglés, pero sí que había captado la mueca con la que Milo reprimía su risa.
—No tengo idea de qué dijiste, pero… tú primero…
Ahí estaba otra vez, esa indignación fingida, esa mirada peligrosa que atraía mucho más de lo que amedrentaba y también ese dedo amenazante con barniz morado en la uña.
Milo subió su índice con el amago de picar el vientre de su acompañante.
—Estomago débil…—dijo y acto seguido liberó el cinturón de la chica.
Si hubiera que describir todo el trabajo que los restauradores hicieron en el exterior de la galería en una sola palabra, no habría una mejor que "resurrección" porque esa edificación de estilo victoriano parecía haber vuelto de entre los muertos. Sus muros seguían siendo altos y conservaban el diseño original, además, el color hueso que los revestía se había vuelto blancuzco, pero si había algo más impresionante que el frontón de la galería, eso era su interior.
Tan pronto como atravesaron el portal una inmensa cúpula adornada con querubines reclamó su atención. El fresco era tan grande e impresionante que hizo que la boca de Shaina se abriera ligeramente de la impresión.
Milo sintió como se aflojaba el agarre de la joven en su brazo y buscó la expresión de su rostro con reserva. Se veía cautivada, fascinada, casi hechizada por todo cuanto había, lienzos inmensos que llegaban al techo con figuras abstractas y coloridas, cuadros de tamaño promedio con escenarios de tiempos remotos, retratos de famosos fabricados con distintas técnicas, incluso había algunas cuantas fotografías de la segunda guerra mundial. ¡Había tanto para ver, tanto que aprender, tanto de lo que contar! Tanta belleza… y sin embargo Milo seguía mirándola a ella.
Y la habría mirado un poco más si ella no le hubiera devuelto la mirada.
— ¿Estás listo? —dijo ella.
— ¿Para qué? —preguntó él.
—Para enamor-arte.
Continuara…
N/A: Lamento la tardanza, las fiestas de diciembre y la llegada del 2019 me amarraron de los pies, pero pude escribir mucho :3 este capítulo no tiene canciones porque el que sigue tiene como tres y no les quiero agobiar Una vez más les agradezco no sólo la paciencia, sino el tiempo y el amor que le han dado a esta historia. Gracias a Lady Seijuro, Knights-of-Ni, Beauty-amazon (love you girl), Virgin of Aquarius, Carla, Sr. Miseria, Guest y a todos los lectores silenciosos :3
Gracias por sus reviews… en serio, son una gran motivación 3
Si alguien quiere ver la pintura antes del siguiente capítulo pueden pasearse por Ary_andart en Instagram…créanme… lo van a identificar de volada…
Sin más que añadir, ¡les deseo un feliz 2019!
