Abriendo puertas

Quiero disculparme contigo

La oración aun pendía en el aire con el eco de la tensión en las cuerdas bocales del griego que miraba a la mujer con ojos contrariados y contritos.

Shaina enarcó una ceja y cruzándose de brazos accedió a escuchar al heleno.

—Shaina, yo…—el hombre miraba a todas partes tratando de encontrar las palabras correctas —Ah… ¿A quién engaño?... la verdad no tengo cara ni palabras para estar aquí. Sé que fui un idiota anoche y créeme que me siento como un imbécil porque ni siquiera puedo recordar nada de lo que hice. Shaina, yo… Lo único que sé es que estaba pasándola como nunca con una chica divertida, inteligente y agradable y que lo arruiné. El discurso de Milo comenzaba a ablandar a la italiana cuando este empezó a divagar—Esta mañana me enteré que había echado un polvazo y tampoco puedo recordarlo.

—Milo…

—Sí, ya sé, ya sé, pero… Lo que trato de decir es… que en verdad… en verdad lo lamento. Entiendo que tu primera "buena impresión" de mí se fue al garete, pero lo que de verdad me importa es… ¿Podrás perdonarme?

De repente, de la espalda del heleno salió un sencillo ramo de girasoles unido con un lazo amarillo con puntos blancos.

—No sé si te gustan los girasoles, pero son las únicas flores que expresan mejor lo que trato de decir.

Shaina pestañeó un par de veces sin saber qué decir. No se esperaba aquello, al menos no así. Milo se veía apenado de verdad y sostenía el ramo de forma tan torpe (con el brazo estirado delante de su cara) que ella no supo hacer más que negar divertida.

—Ay Milo… Milo…

— ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Ahora que dije? —pestañeaba confundido.

— ¿De verdad crees que me molesté por lo que hiciste en la fiesta anoche?

—Ah… ¿S…sí? Y también por lo de la chica, ¿no? —si antes estaba confundido, la risotada de la chica no le ayudó más.

—Milo, no estoy enojada por eso.

— ¿¡No!?

—No, tonto. Por mi puedes acostarte con la mitad de Europa si quieres, eso no me importa. —Repuso Shaina con la soltura de quien responde una pregunta obvia.

—Ya no entiendo… Entonces, ¿no estas enojada conmigo?

—No, Milo, no estoy enojada.

—Ay… qué alivio…—soltó el griego relajando los hombros.

—Estoy furiosa contigo. —replicó duramente volviendo a tomar la manija de la puerta con toda la intención de entrar y darle un portazo en la cara al peliazul.

— ¡Oye, oye, oye! Pero ¿¡Por qué!?

— ¿Por qué? ¿¡Es en serio!?

— ¡Te digo que no me acuerdo de nada! —alegó el muchacho tomándola por la muñeca para que no se metiera a la casa, pero ella se soltó indignada.

—Te pedí una sola cosa anoche mientras aun estabas lucido. Una cosa. —reafirmó molesta alzando su índice entre las cejas del de ojos azules antes de volver a cruzarse de brazos—Te pedí que no me dejaras sola con ese sujeto y ¿Qué hiciste? Te embriagaste y me dejaste ahí. De no haber sido por Aioria y Marin no sé cómo habría llegado a casa.

La decepción era claramente legible en el lenguaje corporal de la chica que seguía protegiéndose con sus brazos y mirando al suelo con una mezcla de enojo y aflicción anclada en los ojos.

Milo, por su parte, se jalaba los cabellos hacia atrás en busca de recuerdos con más asombro que vergüenza. ¿De qué sujeto estaba hablando?

—Eso no lo sabía…—dijo más para sí que para ella—Shaina, por favor. Dime que pasó ayer, esto me está rompiendo la cabeza más de lo que ya ha hecho la resaca.

La mujer dejo1 salir un cansado suspiro y abrió completamente la puerta.

—Anda, entra. Te contaré…

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Justo después del baile y antes de que Shaina dijera nada, Aioria y Marin abordaron a la pareja súbitamente como si acabaran de ver un show de talentos.

¡Eso fue increíble! —decía la elegante pelirroja sin dejar de aplaudir. Shaina vio la pequeña grabadora de voz que la mujer llevaba en su muñeca—Soy Marin, la culpable de que este par este aquí.

La chica extendió su mano y el pequeño artilugio se sacudió cuando la italiana le tomo la mano.

—Shaina, y no sé ellos, pero yo estoy encantada de estar aquí.

— ¡Vaya! ¿Te gusta el arte?

—Me encanta.

—Maravilloso. A mí también—sonrió la japonesa con entusiasmo.

—Creo que acabo de perder mi puesto de acompañante—dijo Aioria divertido.

—Yo también me temo lo mismo, viejo.

Las chicas intercambiaron risas, todo apuntaba a que la noche seguiría un curso tranquilo, hasta que alguien se les unió.

—Buenas noches.

Los cuatro volcaron su atención sobre la voz extraña y los ojos de Marin se abrieron con sorpresa al encontrarse con…

— ¡Écarlate Onisse!

—Lamento la intromisión, no pude evitar acercarme, tenía que elogiar a la bella dama y a su acompañante—expresó elegantemente destapando su fina licorera de bolsillo—Por favor, permítanme compartir un brindis con ustedes.

Viendo al pelirrojo llamar a un camarero para que le trajera copas vacías, el primer pensamiento de Aioria fue declinar, sin embargo, el apretón que sintió en su antebrazo propiciado por Marin le hizo abstenerse.

—Vale, pues gracias— soltó Milo con frescura al tomar su copa—disculpa mi ignorancia, pero ¿Quién eres exactamente?

La cara de Marin se tiñó de un rojo intenso y deseó desesperadamente que Milo cerrara la boca.

—Ja, ja, ja, ja, ja. Pero qué cosas dices, Milo. —atajó ella con nerviosismo—Él es…

—Un afamado coleccionista y experto en Arte—dijo Shaina luego de recibir su bebida de manos del ya no tan misterioso personaje—Estuvo a cargo del museo Ligardth en escocia y supervisó la restauración de múltiples frescos en Paris. Y por la respuesta rápida del camarero, intuyo que también es el anfitrión.

—Me alegra que todavía me recuerde, señorita.

Ambos se miraron mutuamente, justo de la misma manera en la que se habían estado viendo desde el primer instante, con curiosidad y recelo.

—Entonces… ¿se conocen? —preguntó Marin mirándoles intercaladamente.

—Por supuesto que la conozco, tuve el honor de apreciar su trabajo en el teatro De Nogaret hace dos años.

Los pilotos y la periodista abrieron ligeramente la boca.

—Vaya… no sabía que fueras tan famosa—dijo Milo y Écarlate rio disimuladamente con su comentario.

—Es como entrar a curiosear a una joyería cargando un diamante en bruto en el bolsillo sin saberlo, ¿no es así?

Todos hallaron la gracia en aquello último, todos salvo Shaina quien sujetaba el cuello de la copa con toda la mano para que nadie notara sus nervios. No era que Écarlate la intimidara, pero sabía de sobra que era un tipo de cuidado y le crispaba los nervios tenerlo tan cerca.

—En fin…Espero que estén disfrutando de la fiesta—concluyó el hombre levantando su copa—A su salud y gracias por venir. Espero tener el placer de bailar una pieza con usted más tarde, señorita.

Y dando un pequeño sorbo, el hombre de los ojos de trébol se despidió y se retiró para perderse entre la gente. Tanto Marin como Aioria contrajeron sus expresiones al sentir el fuerte sabor del licor en sus bocas, a Milo no le gustó más, pero tenía el orgullo demasiado pesado como para admitir que no podía beberlo.

—Oye, amigo…No deberías tomar eso—sugirió el castaño con expresión amarga.

Lejos de escucharle y mirándole de soslayo con un brillo retador en las pupilas, Milo echó la cabeza hacia atrás y se pasó el líquido de un solo trago.

—Diablos… puedo ver el desastre desde aquí…

Shaina, quien ni siquiera había rosado el cristal con los labios, dejó su copa de lado en el primer espació que encontró y aprovechó para inspeccionar el lugar con la mirada. Un escalofrío escaló por su columna vertebral cuando vio al hombre levantar su copa hacia ella a la distancia. Su sonrisa era astuta, amigable y diabólica a la vez.

La italiana nunca se había sentido tan incómoda antes y eso la molestaba porque no se consideraba una cobarde.

"Ese tipo no va a quedarse ahí, lo sé" se dijo a sí misma.

Resuelta a no darle el juego que sabía que él quería, la chica regresó donde los otros y acercándose a un Milo un poco mareado le dijo:

—Oye, esto va a sonar raro, pero… necesito un favor.

— ¿Quieres que te acompañe al baño? —bromeó el heleno sosteniéndose el puente de la nariz—Dios… esa cosa sí que esta fuerte.

—Milo, hablo en serio. —Insistió ella poniendo sus delgadas manos en las solapas del muchacho.

—Vale, vale… tranquila, ¿Qué pasa? — inquirió al tiempo que tomaba un trago del vodka que había conseguido para quitarse el horrible sabor del trago anterior sin saber que su sobriedad y su estado de conciencia se irían al fondo de ese vaso.

—Por favor, Milo… no me vayas a dejar sola con Écarlate.

— ¿Qué pasa? ¿No te agrada?

Otro trago.

—No es eso. Es sólo que no me siento cómoda con él…— confesó avergonzada frotándose uno de los brazos.

Milo, quien había dejado el cristal libre de humedad, pestañeó un par de veces antes de reparar en la chica de cabellos verdes que todavía no se daba cuenta de su malestar.

—Entiendo. En ese caso…—comenzó mirándola detenidamente—¿Por qué no bailamos solamente tú y yo por lo que resta de la noche?

La forma tan delicada con la que el griego acarició el rostro de la italiana hizo que la chica frunciera el ceño y lo mirase contrariada.

—Oye… ¿Estas bien?

—Sólo es el alcohol, pero descuida, princesa. Estoy de maravilla.

Convencido de que contaba con una repisa en la pared, el joven alargó el brazo y depositó la copa en la nada absoluta, lógicamente el cristal reventó al caer irremediablemente al piso, sólo entonces Shaina supo que su amigo estaba borracho.

—¡Milo, espera!

De nada valió el alegato de Shaina, pues Milo la arrastró de vuelta a la pista de todos modos y si antes había fingido estar demente a la hora de bailar, esta vez se movía con la gracia de un auténtico borracho, pero no uno de esos que se mueven como si estuvieran medio muertos, no. Milo se desplazaba por toda la pista como si acabara de amanecer, ya no llamaban la atención por una coreografía perfecta sino por ser un perfecto desastre, mientras tanto, Marin se ocultaba de la vista de Cardinale (el hombre al que había ido a entrevistar) detrás de la figura abochornada de Aioria.

—¡Milo para! —insistía Shaina.

—¡No hasta que la música lo haga primero!

Luego de haber dicho estas palabras con la lengua un poco dormida… algo inesperado pasó…

—¿Milo? —Al no reconocer la voz, el joven se giró y casi al instante una bofetada recibió.

La mujer no dijo nada, escupió un par de insultos y se marchó.

—¿Kara?—profirió descolocado.

—Ay, no es cierto…—dijo Aioria al ver a su amigo haciendo viscos con una mano marcada en el lado izquierdo de la cara. —Espera aquí, Marin. Tengo que ir por Milo.

Aioria estaba en la labor de pasar entre la gente cuando una segunda mujer se acercó a su impactado amigo y le acomodó un segundo manotazo en el lado derecho de la cara.

Shaina cerraba los ojos con cada bofetón que escuchaba e hizo cara de dolor al ver las marcas en la cara de su amigo y el rasguño en su labio superior.

—Algo me dice que la popularidad te perjudica…

—Pero por amor a tu madre, Milo…—negaba Aioria decepcionado—¿Hay algún evento en el que las mujeres no te golpeen?

—A…Aioria… ¿trajiste a tu hermano contigo?

El aludido se palmeó la frente y tomó por los brazos a su amigo y en cuanto lo hizo…

— ¡Con un demonio, Milo! ¿Eso que huelo es Vodka?

—Sí, y se la ha tragado como si fuera agua—señaló Shaina cruzándose de brazos—Será mejor que busque algo de hielo y agua fría. Ya regreso.

Entre tanto, Écarlate sonreía complacido al ver que su plan iba viento en popa. El tónico que Cardinale le había puesto a la copa destinada al acompañante de Shaina había dado los mejores resultados en tiempo record.

—Hora de ir por el cervatillo…

Shaina tardó un poco en conseguir hielo limpio y agua pura, pero al cabo de unos minutos vio su tarea realizada; la chica se apresuró a subir hasta el piso del cual había salido, ya estaba por entrar al pasillo cuando un brazo se interpuso en su camino.

— ¿Problemas, señorita?

—Écarlate…

Aun bajo las luces de neón era fácil para el joven distinguir las líneas de expresión que caracterizan a una persona alterada.

—Creo que tu amigo es un poco sensible las bebidas artesanales, me sorprende que tú estés lucida.

—Yo no tomo cualquier cosa, ya lo sabes. —respondió secamente.

—¡Oh! Es cierto… casi lo olvido, eres más de los buenos vinos franceses, ¿Cómo pude olvidarlo?

El hombre avanzó lentamente hacia ella y en unos cuantos pasos ya la tenía contra la pared.

—Tú tan sarcástico como siempre, ¿Por qué no desapareces sarcásticamente de mi vista?

—¡Vaya! Pero miren quien nada mas—sonrió el pelirrojo felinamente como si se tratara de un juego—Roma arde en tus ojos… eso me gusta…

—Écarlate…muévete. —sentenció con fastidio.

Los ojos venenosos del hombre de traje negro la recorrieron sin pudor; Shaina ya estaba lista para arrojarle el agua en la cara cuando de un momento a otro…

—¿Shaina?—la voz de Aioria apareció convenientemente cerca.

Écarlate se separó de la chica y esta aprovechó para marcharse, mas antes de que esta saliera completamente de su alcance, la sujetó por la muñeca y le dijo un par de palabras al oído que le encendieron las mejillas al mismo tiempo que le congelaban la piel…

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—Aioria me fue a buscar porque Marin estaba preocupada por mi demora, ella se quedó contigo…—Shaina guardó silencio un momento, de todo lo que había recordado había omitido lo último, no era algo que le incumbiera a Milo, aunque no podía dejar de recordarlo—Para cuando llegamos ya no estabas…Marin dijo que te perdió de vista un instante solamente y que al segundo siguiente te habías perdido entre la gente con una "rubia de piernas largas"… En fin, ellos me trajeron.

Milo cerró los ojos al dejar de oír la voz seria de Shaina. De haber sabido todo a detalle con anticipación habría preparado unas disculpas menos mediocres que un insignificante ramo de flores y un discurso dado a tropezones.

—…No sabes cuánto deseo que la tierra me trague en este momento…—afirmó con sinceridad sin atreverse a abrir los ojos. Saber que la había defraudado y ridiculizado en la misma noche le hacía sentir que la cara se le caía de vergüenza, no sabía por dónde empezar, no sabía si verla —Dios… soy un idiota.

—Ya déjalo… Estoy acostumbrada a que se olviden de mí.

—No, Shaina, no.—Le cortó impaciente—Te juro que yo no soy así. Admito que siento debilidad por las mujeres, de hecho, la prensa me lo recuerda todo el maldito tiempo, pero jamás dejaría a una chica por irme con otra y mucho menos a una como tú. Lo del alcohol si fue mi culpa, pero tampoco soy de los que se emborrachan fácilmente.

Shaina puso los ojos en blanco, eso sonaba como una de tantas cantaletas típicas de los mujeriegos y ella las tenía todas muy bien registradas.

—Bueno, pues si te embriagaste Milo y si me dejaste. —Las últimas dos palabras salieron con crudeza de la boca de la muchacha, casi como si hablara con otra persona.

El griego enarcó una ceja y entrecerró los ojos al notar el cambio. Ella no parecía estar hablando con él.

— Dilo…

—¿Decir qué?

—Su nombre.

—¿Qué?... ¿Estas ebrio otra ves?

—Tal vez si te molestaste conmigo, pero no estas discutiendo conmigo.

—Sólo lárgate ¿quieres? —dijo Shaina dándose media vuelta y encaminándose hacia la entrada que se hallaba debajo de la escalera con el eco de los pasos de Milo que caminaba tras ella aun con las flores en la mano.

—Shaina…

—¡Camus, ya basta! —exclamó girándose exasperada y congelándose en el acto ante la cara pasmada del griego.

¡Ahí estaba!

Ese tono ambiguo, ese brillo opaco, esa energía apagada de golpe… ahora todo tenía nombre.

Continuara…

N/A: ¿Qué dijeron? Esta ya se está tardando … ¡Pues no! Que comience lo bueno :p Ya saben, ocurrencias, conspiraciones jajaja, flores, tomates, todo se vale. Ustedes saben que los amo y que les agradezco su tiempo y su apoyo.

En el que sigue habrá mucho de nuestro mago del agua y el hielo. Así que no se pierdan nuestra transmisión de… ok, ok, me pasé. En fin, cuídense mucho, les mando un abrazo y un beso :3