¡Perdón por la demora!
SOMBRAS Y LUCES
¡FLASH! * (sonido de cámara)
El disparo repentino de la cámara encegueció a Camus y a Hilda por escasos segundos, ambos personajes recién habían regresado a las inmediaciones del hotel luego de haber dado una muy breve visita a la zona comercial más discreta de Roma a la que Camus había planeado ir para armarse un guardarropa provisional sin tener que preocuparse por llamar la atención de la gente, sobre todo por el hecho de ir en compañía de una belleza tan refinada como Hilda, y es que la chica, con sus tacones blancos de pulsera, su larga falda color vino y sus mangas abombadas, era difícil de ignorar.
El plan había salido bastante bien, hasta el momento en el que ese paparazzi los asaltó con su lente de 18-55mm en la entrada de la alameda adyacente al hotel.
—No puedo creerlo. ¡Los tengo! ¡De verdad los tengo! —decía el hombre eufórico todavía metido entre los coloridos cubos de basura que flanqueaban el lado derecho de la entrada a la alameda— ¡No creí poder tomar la foto perfecta, pero lo hice! ¡De verdad lo hice! —seguía repitiendo mientras manipulaba los comandos de la cámara sin mostrar la menor preocupación por la pareja de jóvenes que seguían encandilados por la luz.
Camus parpadeó un par de veces antes de recuperar la visión, detestaba los flashes, lo hacían sentir atontado, en seguida volteó a ver a Hilda quien a pesar de que se había virado instintivamente también había recibido la luz directamente en los ojos.
—Hilda, ¿estas bien? —preguntó Camus preocupado al ver a su amiga cubrirse los ojos con las manos, él sabía que los ojos de Hilda eran especialmente sensibles a los incandescentes disparos con luz blanca y para su mala fortuna les habían puesto la cámara casi directamente en la cara.
—Sí, si… Agh… estoy bien, no pasa nada.
—Déjame ver.
—No, no. En serio…
—Hilda, déjame ver.
— ¡Es que me arde!
Y en lo que Camus trataba de descubrir los ojos de Hilda, el fotógrafo aprovechó para arrojar una nueva ráfaga de fotos sobre ellos de manera ininterrumpida. — ¡Oh, si! Esto es perfecto, me van a pagar mucho por ellas. —Se decía el hombre mientras buscaba capturar los ángulos más sugerentes posibles, algo que hizo que los humos subieran a la cabeza del galo.
— ¿¡Quieres parar de una vez!?— El cantautor recibió un par de flashazos más mientras se acercaba al sujeto que parecía no haber escuchado sus demandas y que aparentemente tampoco había prestado atención a las quejas de la muchacha.
—Vamos, Cam. ¡Sólo una más! ¡sólo una más!
Teniendo en cuenta la poca tolerancia del francés hacía a los acosadores no es difícil imaginarse que el sujeto, dentro de su descarada imprudencia, estaba por sacar de sus casillas al artista, el cual estaba considerando la posibilidad de refundir al hombre en uno de los cuatro cubos de basura.
— ¿Sabes qué? —soltó Camus arremetiendo contra el hombre de la cámara, tomándolo furtivamente por la sudadera gris y azotando su espalda contra la pared—Ya me cansaste.
—Oye, oye…uh… tranquilo, amigo, sólo son fotos, no tienes que ponerte así…
—Dame la cámara.
— ¿Qué?
—Que me des la cámara. — Repitió gesticulando serio y amenazante sobre las narices del intimidado hombre, este sentía el cumulo de saliva que intentaba pasar atorársele en el gaznate a medida que el francés juntaba las cejas que ya de por sí, sin moverse le daban un aire osco.
—Vale, vale… te… te doy la cámara.
Ya habiéndole entregado el objeto, el chico quiso salir corriendo, pero antes de que pudiera dar un paso Camus lo sujetó por la capucha—¿A dónde crees que vas? — y de un tirón lo sentó en el suelo.
—Po…Por favor, no borres todo, acabo de tomar unas fotos en Grecia y de verdad, de verdad las necesito.
— ¿Para qué? ¿Para vender mentiras a la gente? —Camus ni siquiera se tomaba la molestia de mirar al individuo mientras le recriminaba, estaba demasiado ocupado pasando fotos y borrándolas una tras otra—Veo que te gusta la pintura, espero que no hayas usado ese molesto flash dentro de ese museo o galería, no estoy seguro de lo que sea.
—Es la galería Tis psychís, son fotos de la reapertura, no las borres ¡por favor! ¡son mi salario de este mes!
Ignorando por completo la chillona voz del hombre, el muchacho siguió pasando y eliminando imágenes, especialmente aquellas en las que se enfocaban los atributos de alguna dama, pensaba que eso era desagradable y dudaba mucho que ese tipo de capturas fueran a parar a un ordenador que no fuera el de la habitación de aquel individuo.
Así siguió saltando de foto en foto hasta que de repente… una lo obligó a detenerse…
Al principio arrugó los ojos, no estaba seguro de si la imagen estaba desenfocada o era su visión jugándole una mala pasada. Usó la pantalla táctil para ampliar más la imagen y entonces la vio.
Detrás de una masa borrosa de gente situada en primer plano y aparentemente siendo alzaba en los brazos de un hombre al que no se le veía el rostro, justo ahí estaba ella, combinando su alegre sonrisa con ese coqueto vestido azul…
—Shaina…
De pronto, el semblante de Camus perdió todo rastro de rigidez, sus labios, que antes habían permanecido tan tiestos como un alambre ahora se hallaban desprovistos de tensión y sus ojos, de expresión glaciar…se habían tornado en contrariedad y angustia. No muy lejos de él estaba Hilda, quien había permanecido atrás todo este tiempo, la actriz no dijo una sola palabra, estaba tratando de descifrar las emociones de Camus.
— ¿Cuándo tomaste esta foto? —preguntó el galo poniéndose a la altura del fotógrafo con cámara en mano.
—A… Antier, en… en la noche.
— ¿Dónde?
—En… En Grecia.
—Pero ¿en qué parte de Grecia? — exigió saber usando su voz gruesa, tal como lo haría un oficial de policía en un interrogatorio.
— ¡En Atenas! ¿vale? ¡Fue en Atenas! ¡Ni siquiera sé quien organizó todo eso, yo sólo me colé porque quería fotos de gente famosa! —alegaba el hombre mientras buscaba replegarse más contra la pared— ¡Ya déjame en paz!
— ¿Ya ves que no es divertido que se metan con tu espacio personal? —una vez dichas estas palabras, Camus extrajo la tarjeta de memoria de la cámara y depositó de mala gana el artefacto en las manos de su dueño—…Lárgate.
UNA HORA DESPUES…
Las dos bolsas de papel rayado a blanco y negro con las que Camus había vuelto a su habitación se encontraban dispuestas en el suelo alfombrado del cuarto oscuro, justo a un lado de la silla en la que el joven se hallaba sentado cerca de la ventana, este tenía las piernas cruzadas sobre el vano de la lumbrera, misma que permanecía abierta de par en par con sus largas cortinas blancas (casi translucidas) siendo mecidas por el viento hacia dentro.
Entre los dedos de su mano derecha, la tarjeta SDR se desplazaba de arriba abajo a la altura de su afilado mentón. Parecía un acto consiente y cuidadoso, pero sólo se trataba de su memoria muscular sustituyendo a su mente, la cual estaba dando tumbos entre el recuerdo de esa fotografía y las preguntas que más le rayaban la cabeza: ¿Quién era ese hombre? ¿Qué hacia Shaina con él? ¿Estaría saliendo con él? Aunque sabía por experiencia propia lo fácil que era sacar una imagen de contexto, la idea lo hacía hervir en celos y lo peor era que no podía culparla, no después de que le había hecho creer que él ya no la amaba, eso lo condujo a la siguiente interrogante ¿Lo habría olvidado ya? … Oh… si… La voz desalentadora de la culpa estaba hablando y casi era como oírse a sí mismo imitando a Saga, con su voz gruesa y sus inagotables incitaciones inmorales.
No quería pensar en nada, la sola idea de que ella pudiera estar en esos momentos en brazos de otro, retorciéndose bajo un aliento que no era el suyo… amando a alguien más… mientras él estaba ahí, tratando de seguir pistas a ciegas, pagando favores y dejándose llevar por sentimientos arrebatadores…sólo hacía que la rapsodia de pensamientos fuera en crescendo y la presión en su pecho fuera en aumento.
Menos mal que el griego no estaba ahí o todo sería peor.
— ¡Oye, Napoleón!
Se oyó la voz del gemelo mayor al otro lado de la puerta y Camus maldijo en sus adentros el haberle invocado con el pensamiento, obviamente no le contestó, no tenía humor para nadie, ni siquiera para sí mismo, aunque se había olvidado de un pequeño detalle…
—Recuerda que las puertas no sirven… genio. —Obvió Saga mientras ingresaba a la habitación con su laptop bajo el brazo.
— ¿Qué clase de hotel mediocre con 5 estrellas no puede mantener aseguradas sus puertas?
—Oye, tranquilo. Sólo vine a mostrarte un sencillo que llevo preparando hace tiempo, estuve en el comedor hasta tarde pensando en la letra, pero no se me ocurre nada. Así que se me ocurrió acudir a ti.
—Creí que pensabas que lo mío era "basura corta venas"—contestó Camus en tono escueto todavía dándole la espalda, lo que le sacó a Saga una risita culposa.
—Ah… Así que la niña te dijo. Bueno, no voy a negar lo que dije, sin embargo, sigo pensando que eres un genio. Sabes que admiro tu trabajo, pero detesto cuando me transmites tu miseria.
Saga llegó con su aire relajado hasta donde estaba Camus, pero al encontrarlo sentado de esa manera, con la camisa azul desfajada, el pecho al aire y absorto en la nada, se percató de que algo no andaba bien y de inmediato adoptó una actitud seria y extrañada. —Oye, ¿Qué tienes ahí?
El francés no expresó palabra alguna, simplemente levantó la mano y le mostró la tarjeta a su camarada que sin preguntar ni decir nada la introdujo en la entrada de su portátil para enseguida abrir los ojos estupefacto y soltar un silbido agudo y largo.
—Te creía obsesionado con encontrarla, pero esto es…
—Una casualidad—le atajó el otro—Aun no sé decir si es karma o suerte, pero prueba que tenía razón el algo.
Saga siguió observando la foto en silencio, aumentó el tamaño de la imagen para asegurarse de que en verdad se tratara de la misma chica peliverde y no porque su físico no le convenciera, sino por el ancho de su sonrisa, Shaina nunca sonreía tan desmesuradamente a no ser que estuviera con Camus o haciendo algo que le gustara. Todo el mundo sabía que la italiana odiaba las fiestas y verla así de sonriente bailando con otro… bueno, para Saga las cosas estaban muy claras.
—Deberías aceptarlo de una vez. —dijo ya sin juegos mientras cerraba la laptop y la dejaba en la cómoda mas cercana.
—¿El qué? —dijo cortante.
—Tú mismo lo has visto, esta con alguien más.
—Es una foto sacada de contexto.
—Oh, ¿En serio?... Entonces ¿Por qué estás tan turbado?
—Tal vez sólo no me gustan los paparazis.
— ¿Y estas seguro de que no te duele nada?
—Cierra la boca. —volvió a decir, esta vez mientras cerraba los ojos en busca de paciencia.
—Lo haría si realmente estuvieras aquí. Mírate, en este momento te desconozco.
—Saga, será mejor que te vayas, no tengo tiempo para esto.
— ¿Ah no? —replicó el otro con ironía— ¿Qué vas a hacer? ¿Quedarte aquí a debatir entre si torturarte mentalmente con algo que sabias que tarde o temprano iba a pasar, o si deberías estar haciendo tus maletas?
—Saga, hablo en serio. Cállate…
— ¿Por qué? —sentenció el griego cruzándose de brazos y recargándose en la pared, justo en el límite entre la luz y las sombras— ¿Qué pasa Cam? ¿Te da miedo sacarlo? O… ¿Es que no quieres que te diga lo que ya sabes? —Un rápido vistazo de soslayo al entrecejo del galo le hizo saber a Saga que estaba por cortar el ultimo hilo de paciencia del francés y no le importaba hacerlo—Ella ya está cogiendo con otro, sino es que con ma…
Y antes de que Saga pudiera reaccionar… el puño de un enfurecido Camus se estampó contra su cara…
El griego sintió el ardor en su labio partido y saboreó la sangre dentro de su boca; luego de limpiarse con los dedos y escupir en la alfombra, el heleno rivalizó el jade de sus ojos con los témpanos azules de su amigo, el cual se había levantado con tal violencia que había mandado la silla hasta la esquina más próxima. Saga nunca lo había visto así de iracundo y contenido, era como estar frente a un lobo herido que te asecha como si la flecha en su costado no estuviera ahí.
—Entonces si te duele…— dijo divertido mientras se sobaba la mandíbula— ¿Eso es todo lo que tienes?
—No soy tan visceral…
—Tampoco estas siendo sensato en este momento —le acusó Saga—Vamos, Cam, no puedes ser tan ingenuo. ¿Crees que si ella te amara de verdad se habría ido sin siquiera cruzar palabra contigo? Ella no va a perdonarte, todos conocen su carácter y aun si lo hiciera, ¿Qué te hace pensar que va a volver contigo? —el chico miraba con los dientes apretados sin poder decir nada, sabía lo que seguía—Camus, estudiaste filosofía, tú mejor que nadie sabe de lo que estoy hablando… El amor vulgar dicta que no tienes oportunidad.
Y entonces… el silencio…
— ¿Cómo puedes ser consciente de eso y de todas formas vivir como vives?
Saga bajó la mirada como si estuviera reflexionando cuando en realidad lo que quería era ocultar la decepción que sentía por si mismo. Pasados un par de segundos, el heleno ladeó su sonrisa y contestó:
—Porque me rendí… Sé que no debería aconsejarte esto, pero… ¿Qué más queda? —continuó encogiéndose de hombros como si nada antes de encaminarse hacia la puerta—Consigue una mujer, vacía el cuerpo. Sé que es vano, pero a la larga te acostumbras a no pensar, sin mencionar que es placentero—Saga tomó el pomo de la puerta y antes de salir volvió a pedirle a Camus que le ayudara con la canción—Escribe lo que quieras, sólo procura que no me haga vomitar agua dulce… y si quieres puedes irte… ya no me debes nada.
Finalmente, la puerta se cerró y el músico se quedó solo, presa de una nueva reflexión y a merced de las voces que ejemplificaban todo lo que Saga había dicho.
Si bien, el conocimiento vulgar era todo lo errado que la sociedad tomaba como cierto y correcto simplemente porque así lo habían aprendido y transmitido de generación en generación, el amor vulgar era un lastre todavía mas grande…
Tantas canciones que decían que amar era sufrir y querer gozar, tantos libros en donde las relaciones turbulentas son idealizadas y tantas películas… ah… Camus conocía su posición, era el malo en el guion y si de casualidad ese chico era lo bastante listo como para saber lo que tenía por delante… bueno, tenía todas las de perder.
Discreta y sosegadamente, el joven músico se asomó por la ventana y mirando a la luna en busca de consuelo expresó su mayor temor.
"¿De verdad me olvidaste, amor?"
Continuara…
N/A: Antes que cualquier cosa, quiero dar la bienvenida y mi sincero agradecimiento a los nuevos lectores :3 de verdad que son muy lindos, me estaba dando mis vacaciones, pero sus reviews me movieron hasta la mesa de mi comedor n.n son todos un sol.
Para quienes les dije que ya se venía el reencuentro más esperado por toda Latinoamérica unida… :v yo también lo quería ver, pero la musa dijo "hasta ahí"
Pero díganme :3 ¿Qué creen que pase? ¿Creen que Camus se rinda?
¡Síganos sintonizando! Esto no acaba hasta que se acaba :v ay pero qué profunda…
¡UN BESO A TODOS!
PD: ¿a que pareja les gustaría ver en la siguiente portada?
