Another-love

Grecia-Atenas

— "Dios… ¡pero qué rápido va…!" —dijo Shaina para su coleto mientras seguía la trayectoria del auto que más que carrocería parecía un bólido rojo volando por la pista— ¿A cuánto va? — preguntó la italiana volteándose hacía la chica pelirroja que estaba de pie junto a ella haciendo sombra a sus ojos con una mano.

—Creo que a unos 325, sino es que más.

— ¡¿Se puede ir a más?!

— A 340 o 360km/h. Depende de que tan loco o temerario seas. — Terció Aioria apareciendo de tras de las chicas en las bancas de los espectadores con su casco amarillo de franjas verdes bajo el brazo. —En el caso de Milo…—el chico se mostró pensativo por unos segundos—Si, yo diría que él es ambos, pero no te preocupes, es el mejor loco temerario en cuatro ruedas.

—Para ti es fácil bromear— se quejó Marin mientras se dejaba abrazar por su desaliñado novio; y es que la máscara le había alborotado los cabellos al momento de quitársela dejándole la melena como la de un auténtico león, sin mencionar el mar de sudor que había en su rostro, producto del calor que hacía esa tarde, pero aun con todo y eso a la japonesa parecía no importarle, ella se dejó hacer apaciblemente como quien se deja envolver por el soplido de una fresca corriente en pleno verano. —No sabes lo aliviada que me siento cuando sales de ese auto…

—Es sólo una práctica, no tienes porqué sentir miedo—dijo sonriente el griego tratando de contentarla y contagiarla de su humor tan campechano. —Vinimos a probar los autos ¿recuerdas? Nada tiene porqué salir mal.

—No importa si es una prueba, siempre que te subes a esa cosa siento escalofríos. —Confesó ella descansando su cabeza en el acolchado pecho de su novio—Además, todavía no olvido el incidente del año pasado.

Esto último despertó la curiosidad en la pintora. — ¿Qué pasó el año pasado? — preguntó interesada.

Aioria se tomó unos segundos para acariciar el cabello de Marin antes de contestar, no quería ser muy explícito.

—Un piloto murió durante una clasificación—respondió él con la reverencia propia del luto recordando a su viejo amigo, un experimentado conductor chino llamado Dohko —Hubo un fallo en el coche y terminó por estrellarse contra su compañero en una curva, luego otro piloto lo impactó y bueno… la carrera se acabó.

Shaina vio aparecer en el rostro de Marin una mueca de malestar, esta apretó los labios y bajó los parpados con fuerza como si lo acabara de ver y es que el recuerdo seguía fresco en su mente… Desde el sonido de los neumáticos patinando, la imagen del auto contrayéndose cual acordeón, los gritos de la gente, el cuerpo exánime y el silencio ensalzado en rojo.

No cabía duda… ser la pareja de alguien que vive su vida literalmente al límite y que constantemente se pone a si mismo entre la vida y la muerte no era algo sencillo.

— "Es una mujer muy valiente…" pensaba la artista mientras veía a su nueva amiga esforzándose por sonreírle al heleno con el zumbido del auto en pista todavía de fondo. El castaño le besó la coronilla de la cabeza y dejó que su barbilla descansara entre esos rojos cabellos. Shaina se veía conmovida. Eso le recordó un poco a cuando Milo la abrazó en aquella colina unos días atrás; entonces… la curva que apenas comenzaba a dibujarse en sus labios desapareció cuando se dio cuenta de una verdad que hasta el momento no se había detenido a asimilar… lo que significaba para Milo el ser conductor de carreras… Él, al igual que Aioria y tantos otros se jugaba la vida cada vez que se ponía detrás de uno de esos extraños volantes desmontables guarnecidos con pequeños botones de colores y lucecillas extrañas.

Él… el chico amable y espontaneo de las sonrisas socarronas y las carcajadas estridentes que se reía de sus propios chistes, el mismo de las bromas tontas y los ojos inocentes que miraba las esculturas de su casa con desconfianza, como si se fueran a mover y que desde que se conocieron la había procurado con el cuidado que ella pensaba que debía tenérsele a cualquier ser humano y que por si fuera poco le hablaba a su perro como este le pudiera contestar. Si, tenía una calidad humana excepcional y pensar que alguien así pudiera desaparecer en cualquier desafortunado momento le provocó un amargo sentimiento que le presionó el estómago al punto de hacerle un nudo y que le azotó el pecho por igual. ¿Sería eso el miedo al que Marin se refería? No estaba segura, pero sí que sintió algo similar al momento de escuchar a sus espaldas el repentino chillido de las llantas fuera de control, un sonido tan fuerte que la hizo virarse tan rápido como si hubiera tenido un efecto de látigo sobre ella…

— ¡Ay! —Exclamó Marin saltando en su lugar.

—Oh… Mierda… —soltó el castaño preocupado para después saltar hacía la pista sin advertir la cara pasmada de Shaina.

—Dios santo…

La italiana se incorporó lentamente con la respiración detenida y los ojos abiertos de forma desmesurada; luego de que Aioria saltara la valla de seguridad, la chica se sorprendió a si misma bajando a tientas con ayuda de la baranda que dividía las escaleras, no podía dejar de mirar el choque y era esa misma falta de atención en el camino lo que la hacía trastabillar cada tanto mientras descendía a las apuradas buscando llegar hasta donde estaban los restos del auto de Milo.

El incidente había sido tan abrupto que sólo las cámaras lo habían captado con claridad. Uno de los neumáticos había salido disparado en el momento que el heleno salía de una curva y aceleraba para remontar en la recta, en consecuencia, el monoplaza no sólo había girado fuera de control llegando a chocar contra el muro un par de veces además de sacudir a su conductor cual, si fuera un muñeco de trapo, sino que en el proceso se había cargado todos sus alerones y casi había destrozado por completo sus laterales quedando reducido a lo que cualquiera llamaría "un bote pateado".

El equipo encargado de monitorear la prueba entró en acción cuando el monoplaza se detuvo al en terreno empedrado, claro que ahora parecía más una lata de sardinas aplastada que un auto deportivo.

¿Chico, estas bien? —dijo una voz áspera por la radio que no era en nada parecida a la del joven director, Julián Solo.

Milo tardó en reaccionar, sentía como todo le daba vueltas y hasta tenía la visión borrosa.

— … ¿Papá? — soltó el chico aturdido tratando de no sonar agitado.

Creí que venía a verte probar el auto, no a ver cómo lo hacías pedazos—se burló el viejo Kardia al otro lado de la línea. —Anda, sal de ahí antes de que esa cosa empiece a echar humo.

Milo rio quedamente luego de recobrar estabilidad visual y motriz; no esperaba que su padre estuviese monitoreándole, aunque por alguna razón tampoco le sorprendía, después de todo era una leyenda del motor y podía entrar y salir de las instalaciones de su vieja casa competidora cuantas veces quisiera.

Fue así que, después de ver que no le faltaba nada y sintiendo que todo permanecía intacto y en su lugar (anatómicamente hablando) el corredor se apresuró a desabrochar su cinturón para así poder salir de un salto del auto y cuando vio como había quedado bufo molesto.

—Joder…Va a ser un milagro si podemos repararlo a tiempo…

Para cuando el equipo de seguridad arribó al lugar con su pequeña ambulancia y su grúa el muchacho ya se hallaba caminando a una distancia prudente; si, tenía curiosidad por saber qué había salido mal, pero conocía las normas de seguridad y no planeaba quedarse a ver si la chatarra se encendía, mejor se centró en removerse el casco y sacarse la máscara junto con la protección del cuello, misma que reposaba en sus hombros y terminaba en su nuca, ya revisaría el coche después junto con el equipo de mecánicos, ahora el que necesitaba un chequeo era él.

—Milo, ¿Qué paso? ¿estas bien? — inquirió Aioria con el pecho apaciguado al ver a su compañero andando como si nada, pero agarrándose un brazo como si le doliese.

—Sí, sí… —dijo moviendo la mano restándole importancia— Creo que las malditas barras zafaron el neumático. ¿En donde está Ju…?

— ¡A un lado, por favor! — De repente, el timbre de una preocupada mujer llamó la atención de ambos griegos, estos levantaron la mirada para encontrarse con la imagen de una pálida Shaina, quien aunque entumida por la impresión y el esfuerzo no paró de correr hasta no hallarse cara a cara con el heleno de ojos azules, mismo que, para su sorpresa no tenía ni un rasguño—Dios…—exhaló escudriñando la cara expectante del corredor mientras este pestañaba confundido ¿Qué estaba haciendo ella en medio de semejante tiradero de partes? —Estas en una sola pieza…—dijo en voz alta para terminar de convencerse a sí misma de que su amigo estaba bien y así poder respirar con alivio.

Cualquiera diría que la reacción de Shaina era de lo más normal, incluso Aioria llegó a comparar el accionar de la chica con el de Marin la primera vez que presenció un accidente en pista, con la diferencia de que a esta ultima los oficiales le negaron el acceso, no obstante y dejando ese hecho de lado, Aioria no era capaz de recordar una sola vez de en la que Milo hubiera recibido una muestra de preocupación semejante por parte de una mujer, recordemos que Tetis nunca quiso ir a verlo correr.

—No puedo creer que estés caminando.

—Hey…—comenzó Milo con voz apagada luego de quitarse un guante con la intención de apartar los mechones verdes que caían sobre las temblorosas esmeraldas de la pálida chica—Tranquila… he salido de peores—le aseguró ocultando la inquietud que le provocaba el frio de su piel—Ya…respira… estoy aquí… Si te hace sentir mejor, no es algo que me pase seguido—dijo intentando distraerla con una sonrisa enternecida que para nada era fingida pues ella de verdad estaba preocupada por él y aunque eso le conmovía y le hacía sentir extrañamente bien, al mismo tiempo lo hacía sentir culpable por ello.

—Creo que es mejor que busque a un paramédico. Algo me dice que puede entrar en shock.

—Sí, está bien. Gracias, Aioria.

El muchacho estaba pensando en mil cosas para decir, pero antes de que pudiera agregar algo más, la joven italiana, víctima de sus anteriores pensamientos y presa de la necesidad de sentir su cuerpo cálido y escuchar los latidos que días atrás la habían mecido, no pudo contenerse y lo sorprendió dándole un repentino abrazo.

—O…Oye…— fue lo más que Milo atinó a decir dentro de su asombro, como si fuera la primera vez que una mujer lo abrazaba. Como si fuera la primera vez que una calidez lo envolvía de esa manera tan anhelosa y tan poco familiar… como si no reprimiera ningún sentimiento…o… ¿sería que así era?

—No debería de abrazarte—soltó ella con falso enojo—Casi me da un infarto. ¡No debería de abrazarte, tonto!

Milo esbozó una débil sonrisa cargada de afecto y remordimiento. Había traído a Shaina a su practica con el propósito de distraerla, de llenarla de emociones nuevas y excitantes que la hicieran dejar de pensar en olvidar su tristeza un rato; quería divertirla, demostrarle que su mundo era tan fascinante como el de ella. En ningún momento se le cruzó por la cabeza que podría llegar a asustarla.

— ¿Sabes…? —dijo por fin al momento de abrazarla sutilmente—Si le buscamos el lado amable… al menos me abrazas.

—No es momento para bromas Milo.

—No. En serio… Es la primera vez que me abrazan así. Hasta estoy considerando chocar contra el hidrante que esta frente a tu casa.

— ¡Milo!

Esa pequeña broma le valió un pequeño golpe en el brazo de parte de la italiana, aunque eso no evitó que el joven igual se riera y le contagiara una centésima de su buen humor.

Una hora después… dentro de las lujosas oficinas de la Gold Star un preocupado griego de melenas azuladas caminaba de espaldas frente a una tranquila y fresca mujer de cabellos verdes — ¿Estas segura de que no quieres nada? No sé, una botella de agua, jugo, un suero, ¿nada? —volvía a preguntar con insistencia el muchacho a lo que ella negaba pacientemente viéndolo batallar para sostener tantas botellas de sabores diferentes de los líquidos anteriormente mencionados.

— Me siento perfectamente, Milo, de verdad, no hace falta que hagas eso, ya se me pasó el susto. ¿Por qué no me dijiste antes que esa clase de accidentes eran de los más leves?

—Bueno, no es como que tuviera planeado hacer pedazos el auto el día de hoy. Casi no me preocupo por esas cosas. Como ya te dije, eso no me pasa tan seguido.

—No, pero aun así pasan—refutó ella concienzudamente.

—Supongo que ya no querrás venir de nuevo… ¿cierto? —dijo un poco triste mirando hacía el suelo, entonces vio que las bailarinas de Shaina dejaban de caminar.

— ¿Y perderme el resto de la acción? —soltó ella haciendo que Milo levantara la mirada para verla—Ni siquiera te he visto competir en serio. Tal vez me diste un susto de muerte hoy, pero si Marin puede soportarlo, entonces yo también puedo.

—Jmmm…—Milo la miró desconfiado— ¿Estas segura de ello?

—Créeme, la próxima vez que choques ni me voy a inmutar.

— ¿Eso quiere decir que ya no habrá más abrazos?

—Tal vez… si ganas te felicitaré con uno. ¿Qué te parece?

Todo iba de lo más ameno cuando de repente una tercera voz se asomó al final del pasillo.

— ¡Milo! —llamó Kardia a su hijo sin advertir que este estaba acompañado—Vaya, hasta que te encuentro ¿en donde te habías metido mocoso gamberro?

Entonces el viejo Kardia entró en escena con toda esa personalidad jovial y arrolladora que le daban un aire tan atractivo como el de su hijo a pesar de ser un hombre de cincuenta y tantos años.

Shaina, todavía fuera de la vista del recién llegado, se asomó curiosa para ver al hombre del traje ejecutivo y la sonrisa casi satírica que se acercaba con un andar suelto y estilizado que por si fuera poco…extrañamente se veía casi idéntico a Milo, salvo por los ojos puesto que las gafas que llevaba eran tan oscuras que no se podía ver ni qué tan hundidos o avejentados estaban.

—eh… Hola, papá—saludó el más joven con una sonrisa forzada y una gran gota imaginaria de sudor cayendo por su sien.

— ¿Qué pasa muchacho? Estas tan rojo como el trasero de un babuino. —Entonces vio la pequeña figura femenina salida de detrás de su hijo—Ah… conque aquí estas tú también.

El mayor se acercó educadamente y viendo que su hijo no se hacía a un lado y que ella tampoco abandonaba su espalda se dirigió de nueva cuenta hacía él, sólo que un poco más serio— ¿No me la presentas?

No era que Milo no quisiera hacerlo, de hecho, tenía ganas de presentarla con todo el mundo, pero con la reputación que lo precedía seguramente pensarían que se trataba de una conquista más y harían a Shaina sentirse incomoda, principalmente su padre quien muchas veces solía abordar a las mujeres con preguntas personales.

— ¿Es tu nueva novia?

Milo suspiró resignado dejando al descubierto a su amiga—No papá, no es mi novia. Es una amiga, su nombre es Shaina.

A Kardia sólo le tomó tres segundos examinarla superficialmente, se bajó un poco los espejuelos negros y antes de que la joven tuviera oportunidad de estirar la mano y presentarse por sí misma, el anciano volvió sus orbes zarcos sobre los de su hijo y muy seguro de sí mismo afirmó: — Pues debería.

— ¿Cómo dice? — soltó Shaina ruborizada.

—Mira, hasta se sonroja. Pero qué encantadora—sonrió Kardia— Nada que ver con las muñecas de plástico presuntuosas con las que solías salir.

— "Genial…otra vez… ¡En ridículo otra vez!"—gritaba internamente el chico preguntándose por qué cada vez que estaban acompañados él terminaba mal parado.

—Ja, ja, ja, ja. No me creas. Sólo estoy jugando, Milo no es como lo pintan en las revistas, no es de los que se valen de su trabajo para impresionar.

—Je, je, je…Ya veo de donde sacaste lo bromista terció la italiana nerviosa—Es un gusto, señor…

—Kardia Tavros. —Completó el hombre estrechándole la mano.

Antes de que algo más pasara y de que su padre volviera a abrir la boca para descomponer lo que por alguna razón había decidido reparar, Milo lo enganchó de un brazo y se lo llevó lo más lejos que pudo, no sin antes disculparse con Shaina y decirle que podía irse adelantando si quería y por supuesto, ella le dijo que lo esperaría abajo, pero que antes se despediría de Aioria y Marin.

— ¿En qué rayos estabas pensando? —masculló el joven sobre el oído de su padre el cual hacía lo que podía para no soltar una carcajada. —Ya deja de reírte y dime para qué me buscabas.

—Para nada en particular, sólo quería verte y saber quién era la damisela a la que estrujabas despreocupadamente en frente de las cámaras.

— No estaba haciendo tal cosa—se defendió cruzándose de brazos.

—Pero seguramente te morías de ganas por hacerlo, no mientas, te conozco.

—Ya te lo dije. Es solamente mi amiga. La invité porque quería distraerla.

— ¿Distraerla? ¿De qué? ¿De un mal de amores? —aventuró el hombre sin hablar en serio, pero el silencio de su hijo le otorgó la respuesta—Oh… entonces si es eso.

—Ella es sensacional, ¿sabes? Es… Es… la chica más interesante y vivas que haya conocido y lo mejor de todo es que no quiere acostarse conmigo.

—Eso se oye raro viniendo de ti—dijo Kardia ladeando la cabeza preguntándose si su hijo de casualidad se habría golpeado muy fuerte la cabeza.

—Ya lo sé… ya lo sé… Pero déjame terminar. —Prosiguió sin darse cuenta de que estaba caminando en círculos mientras hablaba tan rápidamente como un loco— Me siento increíblemente cómodo con ella, es decir, no quiero seducirla y puedo ser tan serio o estúpido como yo quiera sin que ella piense que estoy tratando de atraerla. A lo que voy es… que es la primera amiga que tengo y me jode como no tienes una idea que de repente se le caiga la sonrisa por culpa de un idiota al que ya odio y ni siquiera lo conozco—Para este punto el padre del león enjaulado no hacía más que evaluar muy pensativamente acariciándose la barbilla—Me he propuesto a mí mismo distraerla y no se me ocurrió una mejor idea que introducirla al mundo de las carreras…

—Uy si… a todas las mujeres les encanta el automovilismo—interrumpió Kardia con sarcasmo ganándose una mirada filosa de parte de su hijo— Perdón ¿me decías?

—La cosa es… que es muy difícil cuando lo primero que todos aquí piensan es que sólo se trata de "la chica de turno" y juro por mi madre que le romperé la cara al primero que la llame así. No quiero que ella crea que me aprovecho de su vulnerabilidad o una estupidez similar.

— Ya veo… como siempre, yo tenía razón.

— ¿Sabías que era mi amiga?

—No. Que te gustaba.

Milo rodó los ojos cansado ¿es que no le puso atención? —Papá te acabo de decir que…

—Tú estabas hablando de atracción. Yo te estoy hablando de gustar, son cosas muy diferentes, lo mismo que enamorarse y amar a alguien y gracias al cielo aun no llegas a eso.

Milo tensó sus facciones y levanto una ceja como pidiendo una explicación.

—Hijo nunca es bueno fijarse en un corazón que sigue ocupado, puede que por el momento te guste, pero si te llegas a enamorar y ella sigue amando a ese otro vas a salir igual de lastimado o peor que como terminaste con esa chica rubia.

— ¿Nunca vas a aprenderte su nombre verdad?

—No me hace falta. Pero hablo en serio, hijo… déjala sanar sola. —Gesticuló al final.

Milo bajó la cabeza tácito y meditabundo. Él mismo ya se había planteado la posibilidad de que Shaina le gustara y sí, siendo sincero le gustaba mucho, pero no tenía nada que ver con lo que trataba de hacer por ella, no… no lo hacía para que ella se fijara en él. Lo hacía porque quería tratarla bien, quería verla feliz, quería… quería…

Quería que se olvidara de su desamor.

De un momento a otro un nuevo pensamiento afloró en su cabeza.

—Yo podría tratarla mejor.

Roma-Italia

En ese preciso instante, a muchos kilómetros de distancia un hombre que para nada estaría de acuerdo con ese pensamiento estaba parado con sus maletas delante de la puerta esperando que la mujer que le obstruía el paso se despegara del marco y le dejara salir por las buenas.

—Hilda…—dijo Camus con tono serio—Por favor.

—No.—refutó ella decidida a no dejarlo pasar—No voy a dejar que te vayas. Te encerraste como si fueras un reo aquí por tres días sólo escribiendo canciones para Saga, no me recibiste ni a mí, ni a Kanon y mucho menos a Aioros ¿y de buenas a primeras te quieres ir? No, algo no está bien contigo y no voy a dejarte salir así.

— Hilda, te lo he pedido amablemente más veces de las que puedo contar, por favor… apártate de la puerta.

La frialdad del galo le rompía el corazón, no había ni el menor rastro de pena o afecto, ni siquiera enojo hacía ella, nada que le dijera que lamentaba tener que irse y dejarla atrás. — ¿Por qué? —emitió con la voz quebrada— ¡¿Por qué eres tan terco?!

—Por la misma razón por la que tú no te quitas de la puerta. —sentenció mirándola con una irrevocable firmeza. Entonces Hilda se dio cuenta de que él lo sabía… Lo sabía y aun así había decidido irse—Hilda… no hagas esto más difícil. —le suplicó, pero ella no se movió, le temblaron las piernas y también los labios, pero no se movió.

—Si de verdad te urge tanto ir tras ella ¿Por qué no me haces a un lado y ya?

—Lo he estado pensando, pero no quiero hacerlo. —entonces dejó las valijas en el suelo y procedió a caminar con cautela hasta estar a escasos centímetros de ella— ¿Quieres bajar los brazos, por favor?

Maldito el poder hipnótico de su voz, malditos sus ojos peticionarios, pero sobre todo… maldita la inteligencia con la que había supuesto que ella se volvería dócil ante el influjo de todos sus dotes. Hilda maldijo todo en él en tanto bajaba los brazos hasta dejarlos colgando como si no tuviera ya más fuerzas. Y por si su desdicha no fuera suficiente, ahora él le miraba agradecido, lo tenía tan cerca como siempre lo quiso tener y le miraba de una manera en la que sólo en sueños lo había hecho.

—Yo podría hacerte feliz…—una lagrima salada se derramó por cada una de sus mejillas que Camus no dudó en limpiar con el delicado toque de sus pulgares. —Si tan sólo te dieras cuenta…

—Me doy cuenta de muchas cosas Hilda… viniendo de ti todas son buenas.

—Entonces ¿Por qué…?

—Tú sabes bien porqué.

Con el alma lacrimosa ella le tomó las muñecas, quería grabar en sus yemas la textura de su piel suave y cálida. Él agachó la cabeza y uniendo su frente a sus platinados cabellos, esos que caían sobre su frente como una cortina de jazmín le tarareó una canción que ella no reconoció, pero por lo trémulo del vibrar de sus cuerdas vocales, percibía que se trataba de una despedida.

—Te amo…—musitó perdida en el momento, deseando que el tiempo se congelase, añorando con todo lo que le quedaba de esperanza que el galo le contestase igual, aunque sabía (en el fondo y la superficie) que no sería así; sin embargo, pudo sentir sus finos labios besar su frente y las manos que antes habían acunado su rostro descender hasta sus hombros.

Camus cerró los ojos para segar una lagrima culposa. Al final no iba a poder evitar herirla a ella. Con mucho cuidado la tomó por los hombros y luego de proferir las siguientes palabras con remordimiento…recogió sus cosas y se marchó.

—…Perdón.

Y fue todo.

Hilda sintió todo en su interior desmoronarse cuando Camus salió por la puerta.

— ¿…Camus? —el francés detuvo su andar sin virarse, no quería que ella lo viera con los ojos acuosos.

—Dime.

—Espero, de todo corazón… —tragó grueso para poder seguir porque la verdad no se atrevía—Que el amor que ella sienta por ti…—hasta que su rostro se endureció y soltó entre dientes: —No sea ni siquiera la mitad de lo que sentía antes de dejarte.

Un pesado silencio se adueñó del espacio por unos segundos, Camus no sentía ni dolor ni rencor por sus palabras, sabía cuán dolida estaba y era justo que sacara cuanto quisiera, aunque debía aceptar que aquella sentencia si provocaba que su corazón se turbara. Pero, aun así, sus últimas palabras fueron amables hacía ella.

—Dejé algo para ti al cuidado de Kanon y Saga. Puedes pedirles que te lo entreguen cuando quieras.

Y entonces se marchó e Hilda lloró amargamente en el suelo de la habitación.

Pasaron muchas horas antes de que alguien pudiera hacerla salir del cuarto, pero lo más curioso no fue quién, sino más bien… cómo.

Kanon estaba parado fuera en el pasillo con los dedos doblados de camino a la puerta.

— ¿No piensas tocar? —preguntó su par recargado con desgano sobre la pared, de brazos cruzados y con cara de aburrimiento.

—No creo que vaya a abrir. —Kanon cerró la mano y bajó el puño sintiéndose derrotado.

Le había prometido a Hilda ayudarla a entrar en el corazón del francés, una tarea imposible de cumplir en cuatro días, pero igual tenía que intentarlo; había empezado por ayudarla a poner su autoestima por los cielos haciéndole entender que era más fácil querer a una persona que se apreciaba a si misma que a otra que sólo aparentaba hacerlo, le había enseñado a arreglarse sin ayuda de un maquillista (como estaba acostumbrada) y hasta se había tomado el tiempo para compartir uno que otro tutorial de caracterización, la había acompañado a comprar lindos conjuntos que iban más acorde a su gusto que al del galo y le había dado cuanto consejo se le pudo haber ocurrido, había hecho de todo cuanto pudo para engatusar al galo en cuatro días, pero el único que quedó prendado fue él.

Sólo el largo bostezo de Saga logró sacarlo de su ensimismamiento— No tenía idea de que la miseria fuera contagiosa. —Kanon reprendió a su hermano con la mirada y este de inmediato esclareció sus palabras—Me refiero a tu actitud.

Enseguida se despegó de la pared y caminó hasta su hermano para abrirle la chaqueta y esculcar en los bolsillos del interior—No te preocupes por decir algo que la haga sentir mejor—dijo sacando el reproductor de música con los audífonos alrededor—Simplemente haz algo y confía en que la hará sentir diferente.

En ocasiones Kanon se preguntaba cómo es que su hermano podía decir cosas tan sabías y aun así actuar como un idiota.

Ya sin más preámbulo, el mayor de los gemelos se agachó y deslizó el aparato de cuerpo plano por debajo de la puerta junto con los audífonos y un sobre blanco extraído del interior de su propia chamarra.

—Listo. Ya vámonos. —Saga giró sobre sus talones con todo el afán de irse, pero viendo que su gemelo no le seguía lo volvió a llamar—Kanon.

—Adelántate, yo… me quedaré aquí un rato.

El mayor no lo cuestionó más y se alejó hasta perderse entre los corredores.

Para cuando Hilda levanto los artefactos ya no se oía ruido afuera. Lo primero que recogió fue el reproductor MP3, enseguida levantó el sobre y lo revisó por ambos lados. Tanto el aparatito como la hoja tenían rotulada una palabra en el reverso.

"PLAY ME"

"READ ME"

Y aunque la caligrafía era exquisita ella sabía que no pertenecía al joven francés. Como no se decidía entre si leer o escuchar lo que fuera que hubiese dentro de aquellos misteriosos regalos, optó por realizar ambas tareas a la par.

Así que abrió el sobre, se puso los auriculares, se acomodó en un sillón y emprendió la lectura con la música de fondo reconociendo la letra y la voz al instante…

Querida Hilda, espero que mis dos encargos hayan llegado intactos hasta ti. Le he pedido a Kanon que los rotule por mí, así tendré la seguridad de que no los despreciaras al primer vistazo.

Sé que piensas que no me importas ni un poco, pero la verdad es que, de todas las personas allegadas a mí, tú eres a la que más he tratado de proteger de mi amargura en estos cuatro meses.

Te he visto entre los asistentes del teatro y en cada gran concierto, ya sea al principio o al final, yo siempre te veo. He guardado cada detalle y memorizado cada felicitación que me has dado y aunque me haya mostrado reticente a compartir contigo una copa de vino o un corto paseo nunca me he arrepentido de pasar tiempo contigo. Me he percatado de que tienes un afecto especial hacia mí que lamentablemente yo no puedo corresponder y no se trata de una cuestión superficial, porque si hay algo que alabo en ti es tu belleza. Me gustas, eres agradable para mi retina, más como bien sabes, dicho concepto no tiene cabida entre las líneas del corazón. Muy probablemente tú no me amas y sólo estás enamorada, posiblemente tampoco sea eso y sólo me quieres, y quién sabe, tal vez sólo te gusto y nada más.

Cualquiera que sea el caso, sé que para estas alturas ya te habré lastimado con mi emoción o mi indiferencia y quiero que sepas cuánto lo lamento. Siempre consideré un crimen robarle el tiempo y el corazón a alguien a quien no se le planea pagar con la misma moneda, nunca tuve la menor intención de hacerme acreedor de tus cuidados, tus preciosos sentimientos y mucho menos quería ser la razón de tus lágrimas.

Has sido una maravillosa persona y eres una mujer de lo más encantadora.

Me cuesta pensar que no me odias y no te culpo si me maldices. Deseo de todo corazón que encuentres a un hombre cuyo corazón está hecho sólo para ti.

Con amor: Camus.

Cuando las líneas se acabaron y su voz se esfumó mil sentimientos se encontraron dentro del pecho de la chica, pero sólo dos resonaban entre el millar y esos eran: La gratitud y la culpa.

Él no se había ido así sin más. En esos tres días de claustro había encontrado un tiempo para componerle una canción a ella y sólo a ella como siempre deseó. Le había dicho cuanto significaba para ella y eso la consolaba enormemente, no obstante, la culpa la avasallaba al recordarle que ella le había deseado lo peor…

Miró el reloj. Era demasiado tarde para alcanzarlo, pero tal vez podría dejarle un mensaje.

Velozmente se incorporó, se enjuagó los ojos y abrió la puerta de un tirón llevándola a encontrarse con…

— ¡Kanon! —el peliazul estaba sentado sobre el suelo con ambas piernas encogidas hasta el pecho. Este sonrió ligeramente al ver el brillo en sus ojos— ¿Qué haces aquí?

—No quería que abrieras la puerta y no hubiera nadie esperándote. —Le dijo ladeando más la curva trazada en su boca.

GRECIA-ATENAS

Camus arribó al amanecer del día siguiente, había tenido que esperar casi toda la noche, pero gracias al disfraz donado por Saga no había tenido ningún contratiempo. En cuanto se sintió a salvo se despojó de los ropajes extraños y revisó su celular, había muchos mensajes en su buzón de parte de los miembros de la banda y uno que otro de parte de Shaka, el último en llegar provenía del celular de Kanon y fue el primero que abrió.

Te deseo suerte

Atte. Hilda

El muchacho se sonrió complacido, en seguida guardó el móvil en su pantalón pensando que tendría tiempo suficiente para contestar en el camino.

Lo único que le apremiaba era llegar a casa… y su casa era ella.

Shaina.

N/A:

Canción: Another Love de Tom Odell

Hola chicos, lamento la demora. Les agradezco su tiempo de lectura jejeje, sé que me tardé en llegar a este momento, ufff ¿13 capítulos y nada? No podía ser. Pero ya estamos aquí… y ¡Qué empiecen la guerra!

:p Espero que les haya gustado, de verdad y como bien saben, sus reviews son súper bienvenidos.

No sé ustedes, pero yo soy Kanonliber jajaja

Los ama Libra :3