El rey y el caballero
— ¿Cuánto por la moto? —preguntó Camus luego de detenerse frente a un pequeño bazar de cachivaches viejos y oxidados. El vendedor arrugó los ojos detrás de sus lentes para enfocar mejor en el objeto señalado por el hombre con gorra y lentes oscuros, había tantos triques encaramados en la moto que no entendía cómo el muchacho la había visto.
— ¿Qué? ¿ese viejo cacharro? Hijo, hace cuarenta años que no corre —replicó el hombre barbudo desde su mecedora— ¿Por qué no pasas? Tengo un par al fondo que, aunque no son nuevas, son más jóvenes que esa.
—No. Está bien, quiero esta.
—No conseguirás atrapar a ninguna chica con esa cosa tan vieja. —Le aseguró el vendedor en un intento por disuadirlo, como a todos los que intentaban comprarle "esa" moto. El "cacharro", como él lo llamaba, había estado ahí por tanto tiempo que ya ni siquiera estaba seguro de querer venderlo y estaba demasiado viejo y demasiado encorvado como para moverlo por sí mismo fuera de la vista de la clientela, sin mencionar la cantidad de bártulos que había a su alrededor.
—Quizá haya alguna a la que le gusten las antigüedades.
El hombre le miró pensativo, sabía reconocer a un coleccionista cuando lo veía y a su parecer ese chico no lo era. ¿Por qué el interés entonces? De cualquier forma, seguramente lo perdería al escuchar el precio.
—Dame doce mil y es tuya.
Camus levantó la vista preguntándose si eso era una broma, vio al abuelo sonreír victorioso desde su mecedora, tal vez no fuera un coleccionista, pero hasta un tonto se daría cuenta de que esa cosa no valía más de siete mil euros sin restaurar.
Claro que el vendedor tampoco contaba con que el joven tuviera dinero de sobra y doce mil euros no eran más que un suspiro en el vendaval de su cuenta bancaria.
— ¿Viene por ellos o se los llevo? —volvió a preguntar, esta vez imitando la misma sonrisa socarrona del vendedor, la cual se convirtió en una tremenda "O" de asombro al ver al extranjero sacar la billetera.
ROMA—ITALIA
La botella de cerveza fue a parar al cesto de basura junto con las otras tres que Shura se había tomado sin interrupciones.
—Aun no termino de creer que Camus se haya ido. De verdad esperaba que subiera al escenario con nosotros.
El español se dejó caer como un costal sobre la cama de Aioros quien, a diferencia suya, aún conservaba la mitad de su botella y su completa sobriedad, misma con la que juzgaba y reprobaba la manera de beber de su mejor amigo.
—Oye, Aioros… —Shura se removió con pereza y luego se giró sobre las mantas para olfatearlas, el castaño frunció el ceño, Shura no podía estar tan borracho, se necesitaban cuatro botellas más para hacerlo actuar extraño, entonces, ¿Qué tenía? —Tú cama aun huele a perfume de chica.
El comentario le robó al griego una sonrisa —Lo sé, ¿no es genial?
— ¿Genial? —el otro se viró y al ver la sonrisa bobalicona en el rostro de su amigo dijo: — La has visto sólo una vez ¿Por qué tendría que ser genial?
—Porque me gusta como huele. Oye, no sé tú, pero yo no sigo las ridículas normas de Saga y por tu cara y la cantidad de botellas que llevas, diría que tú tampoco.
— ¿Eso que tiene que ver?
Aioros dejó su envase de vidrio sobre la cómoda en la que estaba recargado y se cruzó de brazos para repasar la absurda lista de Saga.
— ¿La llamaste por su nombre?
— Sólo antes de acostarme con ella.
— ¿Y al día siguiente?
Shura guardó silencio. Ahí iba un punto menos —Sólo porque ella me llamó por el mío.
—Entonces no la ignoraste.
—No soy tan grosero como para eso.
— Y ¿charlaron?
El español torció la boca. Otra regla rota. — ¿Hablar de la banda cuenta?
—Según Saga no hay ni que contar un chiste después de un polvo. —La mirada desmesurada del bajista le dio la respuesta antes de preguntar — ¿Lo hiciste?
—Eh… Tal vez nos burlamos de ti y de su amiga un rato. —Confesó sintiéndose nervioso y rascándose la cabeza a manera de desahogo.
—Idiota…
— No me culpes, tú eres el santurrón— se defendió encogiéndose de hombros. —Incluso sabiendo su verdadera edad, yo en tu lugar me hubiera visto tentado.
Aioros pestañeó confundido.
— ¿Cómo que su verdadera edad?
—Tiene 17.
Esas simples palabras fueron como un gancho al hígado del heleno.
—Es imposible… ¡Nos conocimos en un bar!
—La gente miente todo el tiempo sobre su edad, Aioros, hasta tú lo has hecho.
—No señor. ¡Nunca he hecho algo así! —alegó el otro sin terminar de dar crédito a lo que había oído—Por favor, amigo… dime que es broma. —le pidió el griego encorvándose y sintiéndose culpable por pensarla tanto.
—No es algo sobre lo que bromearía. Además, tú fuiste el primero que dijo que se veía muy joven. —Aioros entrecerró los ojos al no verle la misma gracia que su compañero, claramente su amigo no le estaba dando la más mínima importancia— No te pongas así, no es como si la fueras a volver a ver.
— ¡Es que si quería verla otra vez! —exclamó frustrado y luego siseó una maldición, todo para el asombro del bajista que se había hasta enderezado de la impresión.
— ¿De verdad ibas a buscarla?
— Pensaba dar una vuelta por la plaza… dijo que le había gustado ese lugar—el baterista se rosó los labios inconscientemente al recordar que casi la había besado debajo del puente, pero ya con el pleno conocimiento de la edad de la muchacha se vio obligado a reprimir el recuerdo. Suspiró apesadumbrado— Quería invitarla al festival…
Sólo cuando notó lo desanimado que se había puesto su amigo, Shura se sinceró.
—Llevo cuatro cervezas intentando desistir de esa misma idea, ¿sabes?
— ¿También quieres verla otra vez?
—Geist es… me agrada. Quiero decir, me trató como a una persona normal, y besa muy bien. Me gustaría seguir viéndola.
— Bueno… no veo por qué no deberías hacerlo. Ella si es mayor, ¿no?
—Tan adulta como convenga —Shura se agachó para sacar otra botella del mini refrigerador— Pero, no lo sé. No creo que quiera una cita después de "eso".
—Habrá que correr el riesgo. —Aioros levantó su envase y se terminó el contenido de un trago.
— ¿Y si dice que no?
— Oye… Camus acaba de irse a otro país a buscar a una mujer que probablemente lo mande al infierno ¿y tú tienes miedo de ir a buscar a la chica en la comodidad de ocho cuadras de zona turística?
—No son ocho cuadras, exagerado.
—No, pero no tienes que salir del país.
Shura negó entre divertido y fastidiado, cualquier pretexto que pusiera lo haría parecer un tonto o un cobarde en comparación con todo lo que estaba haciendo Camus.
—Maldito franchute, dejó la vara muy alta.
—Yo, más bien diría que dejó un buen ejemplo. No hay nada qué superar.
—Di eso cuando hayas invitado a Saori a salir.
Aioros volvió a poner cara de pocos amigos. ¿Qué? ¿acaso quería meterlo en líos con la prensa? O, peor… ¡la ley! Estaba a punto de decir algo, pero el español siguió hablando.
—A propósito de Camus. ¿Qué has sabido de él?
El griego se relajó al hacer memoria— Bueno, el último mensaje que recibí decía que iba a buscar una moto para no llamar la atención. Ya sabes, por eso del casco, es más cómodo.
—Mientras no compre un último modelo no creo que tenga problemas. —El joven dio un sorbo más y el cristal fue a parar al cesto… otra vez.
—Ya lo sé. Le envié el número de Aioria por si no quiere ir a un hotel.
—Querrás decir: Por si ella no lo recibe.
Ignorando el comentario de su amigo, el heleno continuó.
—Mi hermano es muy discreto y uno de los cuatro autos en su cochera es mío. Le escribí un mensaje a Cam por si quiere tomarlo.
Shura enarcó una ceja y se cruzó de brazos con desenfado.
— ¿Qué?
— A mí nunca me has prestado tu auto. —Soltó ofendido a lo que el otro respondió sacudiéndole el cabello.
—Es porque conduces terrible.
GRECIA—ATENAS
La Ducati Apollo V4 que Camus había adquirido era una autentica pieza de museo en dos ruedas, la pintura negra estaba descarapelada, tenía uno que otro raspón, manchas de óxido en el manubrio, y las caras blancas de los neumáticos estaban amarillentas, sin embargo, corría como si fuese nueva. Aunque no fue todo lo que se llevó consigo. Cerca de la moto, tirado entre otro montón de "historia", Camus había encontrado el casco, no era más glamuroso, pero estaba en mejor estado y como protección provisional servía de maravilla.
— "Ya compraré uno nuevo… bueno, dos."— se decía el francés mientras conducía.
Todo marchaba viento en popa, la tarde apenas iniciaba y él se sentía cada vez más cerca de llegar a ella, ya fuera que le recibiera conmovida o iracunda, él quería verla, tenía que verla.
Ya estaba listo para hacer el cambio de marcha cuando un pequeño sonido de algo desprendiéndose lo sacó de la labor, Camus tiró un vistazo rápido al suelo y entonces el pánico se apoderó de él.
— ¡¿Que diable?!—frenó la moto en seco y al mirar hacia atrás descubrió el rastro de tornillos y piezas pequeñas que habían quedados regados en la calle, maldijo su suerte al pensar que tendría que recoger todo él solo, pero no maldijo tanto como lo hizo después de ver la parte del escape desprenderse y caer al suelo—…Merde…
Y así, luego de estar aproximadamente media hora bajo el sol de las 12:00 pm Camus terminó de juntar hasta el más pequeño de los ametales, metió todo en un morral, montó el escape junto a algunas otras partes del motor en el asiento y subió la siguiente cuesta empujando la motocicleta.
—Dios… me estoy asando. —Gruñía el galo a la par que empujaba y su queja no era para menos, estaban a unos 30 grados ese día, el francés sentía unas ganas bestiales de arrancarse el casco, pero no quería lidiar con la gente y mucho menos con uno de esos engendros oportunistas con cámara.
Si tan sólo hubiera visto el último mensaje de Aioros con el número de Aioria, tal vez se habría ahorrado el mal rato…aunque también se habría perdido el siguiente momento…
Oh… si… el sol lo ponía de muy mal humor, por suerte la providencia no estaba tan ensañada con él, o bueno… igual se había cansado de jugar con él por un rato porque justo al final de la calle encontró un taller mecánico.
Alpha Flash
— Dieu merci…—suspiró Camus aliviado dentro de su casco, no le importaba si era un taller para autos, siempre y cuando hubiera herramientas, él mismo volvería a armar su "cacharro".
El chico se detuvo en la entrada, de inmediato se dio cuenta de que era un taller muy peculiar, pues a diferencia de otros, este tenía un portón blanco y eléctrico en lugar de una cortinilla de metal o una reja corrediza, el interior era muy grande y espacioso, sus paredes eran blancas con rojo y había ruedas de todos tipos y tamaños en cada flanco, lo que más llamó la atención de Camus fueron los neumáticos especiales para autos de carreras, si en ese lugar arreglaban semejantes monstruos arreglar su pequeña motocicleta sería pan comido. Sólo había un problema con ese lugar…
—Uh… ¿Hola? —y era que no había nadie a la vista. Examinó el entorno en busca de algún letrero o señalamiento que le dijera si estaba cerrado o abierto, pero no había nada—Dudo mucho que la entrada este abierta sólo porque si—comentó para sí antes de empujar la moto un poco más hacia dentro. — ¿Hola? ¿Hay alguien? —continuó elevando un poco la voz y levantándose la visera—Disculpen. Tuve un problema con mi motocicleta, no sé si haya alguien aquí que sepa de motos, pero si al menos me prestaran sus herramientas se los agradecería mucho…
—Aquí no se prestan las herramientas—le cortó una voz a sus espaldas.
Camus se dio vuelta y se encontró con un joven estoico de rebeldes cabellos azules metido hasta la cintura en un overol marino, el resto de su torso y su pecho estaba cubierto por una camisa de resaque y llevaba entre las manos un trapo rojo que se ennegrecía cada vez más a medida que se lo pasaba por las palmas.
—Entiendo, lamento la molest…
— ¡Es broma, hombre! —soltó el otro en tono alegre pasando de un estado rígido a uno mucho más ameno en un pestañeo. Y es que esa era la forma preferida de Milo para romper el hielo con los extraños que entraban a su taller. —Perdona que nadie te recibiera, todo el mundo está ocupado en la parte de atrás.
—Ya lo creo. —Repuso el galo notando la soledad del primer hangar—Y… entonces… ¿reparas motos?
—Reparo cualquier cosa que tenga motor y vaya por tierra. Ahora, ¿Qué le pasó a tu…—Milo se quedó con la palabra en la boca al ver el armatoste— ¿Estuviste conduciendo eso? —señaló incrédulo a lo que el chico del casco respondió asintiendo con la cabeza—Amigo ¿de donde sacaste ese ancestro?
Camus sonrió dentro de su casco, el tipo era agradable y locuaz.
—La encontré en un bazar. Iba bien, pero no sé qué le paso. Algo se rompió y…
— Y se murió. —La mirada crítica de Milo recayó en las piezas montadas en el asiento, no se veían nada mal, luego se agachó para inspeccionar aquellos espacios en donde estas embonaban—Mmm… no parece nada grave, sólo hay que cambiar algunas piezas desgastadas. Tomará un rato.
— ¿Tienen tiempo para una moto?
—Yo sí. No por nada soy el dueño—dijo el peliazul mientras se levantaba para ir por su caja de herramientas—Por cierto—añadió desde el fondo del taller—dijiste que podías hacerlo tú mismo. ¿Quieres ayudar?
—Por supuesto—afirmó Camus—Entre dos será más rápido.
Milo vio al otro joven sacarse la chaqueta, pero no el casco, cosa que le extrañó, ni siquiera él soportaría traer el suyo puesto con tremendo calor.
—Oye…—el heleno puso la caja en el suelo y se tocó la cabeza con el índice— ¿No te lo vas a quitar?
—Ah…—los ojos de Camus se movieron con duda en busca de una excusa lo bastante convincente, pero la verdad era que el calor no lo dejaba pensar. Miró hacia la calle, no había nadie, ¿Qué más daba si alguien sabía que estaba ahí? —…Claro, lo siento. A veces me pongo paranoico.
Milo enarcó una ceja, "¿paranoico por qué?"
Fue entonces que lo vio retirarse el casco y sus ojos se abrieron de forma desmesurada.
—…Eres …
MIENTRAS TANTO, EN ALGUN PARQUE DE ATENAS…
—Camus…Camus, Camus, Camus, Camus… ¿Por qué tiene que tener un nombre tan lindo? —preguntaba con ensoñación y una colegiala a su amiga.
— ¿Sólo su nombre? ¡Pero si todo en él es precioso! —chilló la otra agitando los tablones de su falda—Sus ojos, su cabello y sus extrañas cejas de chico malo.
—Leí en una revista que si son naturales.
—No ¡Cómo crees! ¿A quien conoces con las cejas así? Para mí que es parte del show.
—Son herencia de su abuelo, niña boba—farfulló la mujer que paseaba con un pastor alemán delante de ellas.
—Da igual si son falsas o no. Su trasero sí que se ve muy natural…
— ¡Alexia! —le codeó la otra fingiéndose avergonzada cuando en realidad su rubor era más bien por lujuria.
—Ay, por favor, Briseida. No te hagas la santa conmigo, siempre le haces zoom a las imágenes para verle… "todo".
—Alexia, cállate, nos van a oír—siseó la otra señalando con el mentón a la peliverde que parecía no estar prestándoles atención cuando lo cierto es que ya tenía una ceja saltándole del lado derecho.
— "Cálmate, Shaina… cálmate, son sólo dos mocosas precoces hablando de un tema que no te incumbe. Sólo… ignóralas." decía la voz dentro de su cabeza.
Ninguna parecía rebasar los 15 años, pero sus irritantes vocecillas hacían que la italiana, además de no poder ignorarlas, pensara que tenían al menos unos 13. La escandalosa platica de las chicas siguió, sus voces delgadas y sus risillas estridentes siguieron atacando los oídos de Shaina aun cuando esta se había dado a la tarea de apretar el paso. Intentó enfocarse en el perro y apostaba a que a este tampoco le agradaban las cotorras que parecían estarlos siguiendo, pero la verdad es que a Rey lo tenían sin cuidado, él nada más quería caminar y detenerse cada dos segundos a olisquear cualquier cosa, y esa era el motivo primario por el que la pintora no podía sacarse de encima a las chicas.
—Demonios… ¿por qué accedí a cuidar al perro de Milo? —volvió a chistar la mujer entre dientes, pero el perro la volteó a ver como si le hubiese entendido—Lo siento, no es contra ti amigo. Es sólo que no me agradan.
Mantuvieron el paso por un rato más, afortunadamente las chicas habían dejado de hablar del cantante para discutir sobre sus temas musicales, no dejaban de irritar a Shaina con sus timbres de silbato, pero por lo menos ya no hablaban sobre el tamaño de él como si fuera un comestible.
—Oye… Alexia ¿Cuál es tu tema favorito?
La chica alta meneó su cabellera cobriza de lado a lado sopesando la respuesta—Depende de cómo me sienta—le dijo—pero creo que nunca me cansaría del cover de una canción vieja. No sé si te suena… ¿Aline?
Shaina se paró por un momento. Ella sí que la recordaba, de hecho, él la tarareaba o la cantaba en voz baja casi todo el tiempo cuando estaba afanado en algo y creía que nadie lo estaba viendo. Mientras cocinaba, por ejemplo, tomaba la pala del omelette e imitaba el estilo del interprete original, él la pilló un par de veces espiándolo, mismas que terminaron con él sobreactuando y cantando exageradamente sólo para hacerla reír hasta que le dolía el estómago, otras mientras hacía reparaciones en casa, entonces la letra era casi un murmullo, incluso mientras afinaba sus instrumentos y hasta cuando acompañaba a Shaina en lo que ella pintaba. Aquellos recuerdos le trazaron en la boca el indicio de una sonrisa.
—Es grandioso interpretando, me encanta su voz y sus letras también, aunque…
—Se oye diferente, ¿verdad? —Se aventuró Briseida y con sus palabras hizo que cambiara el semblante de Shaina.
—Si. Como si de verdad tuviera roto el corazón…
La joven pintora no se enteró de en qué momento esas dos niñas la pasaron, parecía haberse quedado en el limbo, e incluso Rey lo había notado.
¿Podía ser que la extrañaba?
— "Eso es imposible…" reflexionó recordando la fotografía con Hilda, eso sólo sirvió para traer de vuelta ese doloroso sentimiento que punzaba como una aguja en su corazón—Será mejor irnos ya, Rey. Tengo que llevarte con Milo, seguramente ya habrá terminado de arreglar su auto.
Ella se acuclilló, le obsequió una sonrisa de disculpa al perro y le rascó la cabeza. El animal movió las orejas y le meneó la cola como si entendiera lo que estaba pasando, como si percibiera el declive en sus emociones. De un momento a otro, el can puso sus patas delanteras en los hombros de la chica y le dio un lengüetazo en la mejilla.
— ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Rey, no! — El perro se sentó y la miró curioso. La cara de la humana de la que su humano le hablaba tanto ya no se veía triste. Supuso pues, que había hecho un buen trabajo. El chico ruidoso de cabello azul que lo había adoptado le había repetido un sinfín de veces que debía de ser amigable con la chica. Hasta le había hecho muecas raras para enseñarle cuando debía ponerse inquieto y juguetón. —Tal vez no está Milo, pero estas tú…—ella le rascó detrás de las orejas y le palmeó la cabeza. Entendió que había cumplido. Ahora, había que volver con su humano ruidoso favorito. — ¿…Qué sería de mi si no estuvieran?
EN EL TALLER….
—Vaya pasada…— Milo cambió de llave y siguió apretando tuercas de su lado de la motocicleta en lo que Camus acomodaba los pistones por el suyo. —Todavía no puedo creer que Camus Armel este en mi taller.
—Es menos creíble decir que un conductor de F1 está arreglando mi motocicleta.
—Amigo, creo que lo único más increíble que eso es que hayas gastado 12 mil euros en este fósil. ¿Me pasas esa llave que esta junto a tu rodilla?
—Toma—el enser cambió de una mano engrasada a otra—Creí que lo que te sorprendía era que esta cosa corriera.
— ¿Y a ti no? Por cierto, ¿Cómo supiste que era piloto? Por muy famosa que sea la fórmula uno, si la gente no es aficionada no te reconoce y conozco a casi todos los famosos que van a las carreras, nunca te he visto en una.
El francés se agachó para verificar que todo de su lado estuviera en su lugar. Milo lo había estado observando, no esperaba que alguien con las manos tan suaves supiera re ensamblar una motocicleta con semejante rapidez.
—Te me hiciste familiar. —respondió metiendo la mano para acomodar algo suelto— ¿Conoces al baterista de Black Winter?
Milo dio otro giro a la llave y buscó el paño para limpiarse las manos—Sí. Aioros, es el hermano de mi compañero.
—Pues él es mi amigo. —El galo se sentó en el piso y también se acomidió a deshacerse de la suciedad—Yo no veo las carreras, pero he visto fotos de Aioria, tu cara se me hizo muy familiar al principio. Luego te pusiste a hablar de autos y carreras, y cuando finalmente me dijiste tu nombre sólo confirmé lo que sospechaba.
—Wow… impresionante. Qué pequeño es el mundo ¿no, Camus?
El peliazul se acomodó en el suelo con las piernas dobladas, después de estar largo rato hablando ambos ya se sentían en confianza.
—Y a todo esto. ¿Qué te trae a Grecia?
Contrario a las preguntas pasadas, el cantante tardó bastante en responder, a todo el mundo le constaba que era un tipo reservado en cuanto a los temas personales. Pocos o casi nadie sabía nada de su vida privada, fue por ello que el griego intuyó que había metido la pata con la pregunta. El extranjero tomó su casco y se refugió en el reflejo que el brillo en ónix le ofrecía. Daba la sensación de que se había tragado la lengua y de que no iba a hablar nunca, pero finalmente lo hizo.
—Yo… vine a buscar…
En eso, el grito de otro mecánico que se acercaba alertó al francés que en menos de un parpadeo se volvió a poner el casco con la visera abajo, dejando a la vista nada más que las cerúleas hebras de sus largos cabellos
— ¡Milo, hay una chica en la otra entrada!
— ¡Déjala que pase! —exclamó el otro levantándose y tendiéndole una mano a Camus—Espera a que la veas, te va encantar. También es fan tuya.
La ancha sonrisa de Milo, sumada al fuerte apretón de su mano y el destello vivaracho en sus ojos, delataron en él una emoción más que enérgica que el cuerpo de Camus percibió como una descarga eléctrica. La vibra que emanaba del heleno era tan grande y tan contagiosa que levantó el positivismo del francés, hacía mucho que no veía a alguien tan emocionado, y hacía mucho más que no percibía un sentimiento ajeno como propio. Quién sería esa chica que detonaba el júbilo al extremo de que él sin conocerla sonreía. Estaba tan de buenos ánimos que hasta consideraba darle el gusto al heleno de que ella lo conociera.
— ¿Tu novia? —preguntó contagiado por el entusiasmo del heleno.
Los ladridos de un perro y el taconeo de unas zapatillas se dejaron oír a unos metros.
—Una chica especial—añadió con un guiño antes de encaminarse para abrir la puerta del fondo.
Ah… Camus se iba a enterar de lo pequeño que es el mundo.
GALERIA TIS PSYCHÍS
—Me impresiona tu sentido de humanidad, Écarlate—dijo Cardinale al ver entrar a su socio en el despacho, llevaba rato esperándolo y aunque actuaba de manera natural, lo cierto es que había invertido ese tiempo en preparar su monologo para ese momento.
— ¿Mi sentido de humanidad?
El rubio abrió un cajón del escritorio y puso sobre este un pequeño frasco justo al lado de un sobre amarillo.
En cuanto Écarlate vio que lo que había dentro del tubo era el diente de oro de Solomon supo de lo que Cardinale estaba hablando.
— ¿Vas a abrir el sobre o quieres que lo haga por ti?
Écarlate se mantuvo impertérrito, recogió el sobre sin romper el contacto visual con su "socio" y vació su contenido sobre la mesa oscura.
—Parece que nuestro amigo Colonomos se lo pasa bien, ¿no crees? —señaló Cardinale centrando sus ojos verdes en una de las fotos en las que se podía ver al anciano abrazando a su nieta en la calle—Míralo, de verdad lo mandaste al paraíso.
—A nadie le afecta que el viejo este vivo. —zanjó el otro con tono escueto—Mi trabajo era desaparecerlo y traerte un recuerdo, y eso fue lo que hice. Si decidiste perder el tiempo rastreándolo es cosa tuya.
Dicho esto, el joven pasó de largo hasta llegar a la otra estancia en donde había una muy pesada puerta de acero, a continuación, digitó la clave y se dispuso a meter grandes fajos de dinero en la bóveda.
—Parece ser más de lo acordado. No me digas que se lo han llevado todo.
Écarlate sabía que Cardinale estaba parado detrás suyo, casi podía verlo recargado diagonalmente con un brazo estirado y mirándose las uñas de la otra mano… si, lo conocía tan bien que no estaba nada errado, aun así, no se molestó en voltear para hablarle.
—Han comprado hasta la última pintura.
—Eso habla muy bien de las habilidades de tu chica. A propósito, ¿Cuándo la piensas traer? Todavía quedan muchas copias que mejorar y…
—Me temo… colega, que esas pinturas van a tener que seguir esperando por ahora.
Cardinale endureció el rostro, no era lo que esperaba escuchar, sin mencionar que rara vez le interrumpían.
— ¿Y se puede saber por qué?
Écarlate sonrió, Cardinale echaba humo y lo sabía, sin decir nada el hombre de los ojos de trébol cerró la puerta y se recargó tranquilamente para enfrentarse a su compañero.
—Le prometí a Shaina mantenerla fuera de los negocios ilícitos. Al fin y al cabo, ese es plan, ¿no? Dejar de tejer telarañas para los hombrecitos con placa.
— ¿Y qué se supone que hagamos con todo lo que hemos robado? No. Más importante aún ¿Qué pasará con "El retrato del rey"? ¿Tienes idea de lo que costó robarlo?
—No más de lo que costó el último cuadro de Dalí.
Entonces, Cardinale se separó del marco y se desplazó recto, silencioso y autoritario hasta estar cara a cara con Écarlate, a quien no se le movió ni una pestaña.
—Escúchame bien. Puedo prescindir del resto de copias, pero necesito… no. Quiero una de ese óleo, no me importa qué le hayas prometido, más vale que traigas a esa chica hasta aquí o…
— ¿O qué? —desafió el otro sin alterarse.
—O iré yo mismo por ella.
Se sostuvieron las miradas durante apenas un segundo, ambas tan calmas y a la vez tan hirvientes de tensión. Cardinale salió de ahí con la cabeza caliente mientras que Écarlate se quedó en su sitio, las venas alrededor de sus ojos se saltaron, pero no por temor al rubio, sino porque se había percatado de su error. Con su respuesta le había mostrado a Cardinale un punto vulnerable. Shaina era algo más que un objeto que deseaba poseer, era más que su presa y Cardinale lo sabía. Debía hacer algo rápido para hacerle cambiar de idea si no quería darle una ventaja sobre él.
Continuara…
N/A: Podría ir más rápido, pero no quiero que esto parezca la última temporada de GOT, ja, ja, ja, ja, es broma. Muchas gracias a todos por sus comentarios.
Meiyami, niña silenciosa, me fascinó ese review directo para Camus, jajaja, de hecho, me acordé de ti mientras escribía sus escenas. Si, amiga… le van a romper las bolas del orgullo.
Carlablonde, otra sorpresa grata! Puede que no haya una frase épica esta vez, pero espero que te guste igual :3
Lady Seijuro… sólo diré esto… no podías estar más en lo correcto. Hay algo ahí… algo malvado, hermoso y rubio.
Foxqueen eue veamos cuanto le dura la lindura a Milo. :v
Beauty. Descuida que ahora mas que antes, papi Kardia va a meter mano lol
Geminisnocris :v ya tu sabe amoraaa, date.
Bueno ahora sí. Echen sus biblias :3 Elmo quiere ver el mundo arder.
Les recomiendo que escuchen Aline de Christophe. Es viejita (muuuy viejita) pero bonita.
Sin más que decir, les deseo excelente semana, mucha suerte con todo.
Con amor…Arkana.
