El despertar de Toi fue especialmente duro, Mabu le dió dos patas mientras bociferava maldiciones recalcando lo vago que es. No podían culparlo de tener sueño, el día anterior fue toda una desventura. Además, de que no había dormido cómodo, pues la habitación que se le dió estaba por completo vacía, ni siquiera un trapo por mera educación; aunque Mabu ya le había informado de la falta de amueblado. Había pasado frío y le dolía las extremidades, pero había sido mejor que nada.
Mabu seguía hablando sobre actitudes y trabajos que aprender, detallandole cada mínimo aspecto de su estadía.
— Las damas trabajan en la casa del Kappa desde las ocho hasta las dos de la madrugada, está terminantemente prohibido interrumpir su trabajo a menos de que sea la hora del almuerzo, el té o la cena — explicaba Mabu —. Solo en esos casos podrás llevarles su comida junto a las de su invitado - miro de reojo a Toi, el cuál asintió en señal de entendimiento —. La paga normal es dividida y solo se te da un tercio para que comas, lo demás es usado para pagar tu renta en la casa.
— Entonces ¿De cuánto es la paga? — Mabu le miro fijamente, sus penetrantes ojos verdes mostraban severidad, para simplemente girar su cabeza y seguir hablando.
— Ahora, te mostraré el camino más rápido al restaurante que se encarga de enviarnos alimento. Asegurate de aprender el camino de memoria para no perderte — Mabu hablo con frialdad.
"Ha cambiando el tema" pensó Toi indignado, sin poder imaginarse lo poco que le pagarían. Por la expresión de Mabu entendía lo insatisfecho que estaba en su posición, Toi se preguntaba que era lo que ataba a Mabu a la casa del Kappa ¿Estaría mentido en una deuda con el señor Keppi?
El expendió de comida era cerca y sus precios eran razonables, además de que eran gente de confianza del Señor Keppi. Toi de sintió inquietó por la mirada de la vieja que atendía el lugar, una mujer pequeña y de cabello grisáceos que fumaba dejando el olor a humo impregnado en su cuerpo.
— ¿Así que uno nuevo? — la vieja acomoda sus gafas, como si estuviera examinando al joven. Toi sintió un escalofrío recorrer su cuerpo con la potente mirada de la anciana.
— Si — contestó Mabu con simpleza —. La honorable dama lo trajo.
— ¡Ah! Kazu-chan lo recogió — contesto sin sorprenderse —. Recuerdo que cogía perros pequeños, Keppi siempre se enfurecía. Hanako acababa por recibir todos los regaños — menciono con naturalidad, Toi se extraño mucho con la mención de una tal Hanako, le daba bastante curiosidad pero sentía que no era de su incumbencia. La vieja continuo hablando —. Puedes venir cuando quieras a comer, te haré un precio especial por ser joven y guapo — sonrió, Toi asintió agradeciendo a lo bajo con incomodidad notoria —. Dime ¿Cuántos años tienes?
— Cumpliré diecisiete pronto — respondió.
— Tienes la edad de Kazu-chan, llévate bien con em... — la mujer pareció dudar bastante de lo que diría a continuación, más se acabó por corregir —. Se bueno con Kazu-chan ¡Ah! Es bastante seguro que conozcas a mí nieto, es un chiquillo malagradecido, pero también se bueno con ese mocoso.
Toi asintió, realmente no tenía ganas de conocer al nieto de la anciana pero tampoco quería mostrarse maleducado. Por lo que la mujer le contó, su nieto y nieta se habían ido hace un tiempo y no la suelen visitar desde que su nieta se caso con un hombre perteneciente a la burguesía y su nieto paso a ser aprendiz de samurai.
Salieron del restaurante comiendo unos panes que la mujer les obsequio. Mabu continuo hablándole de diversas labores que tendría que hacer.
Primero debía entender que él estaba a la completa disposición de cualquiera de las Oiran, si ellas salían a visitar a un cliente en su resintió el sería responsable de su seguridad. Las Oiran estaban confinadas en el burdel, por lo qué eran prácticamente turistas al salir de los muros que rodeaban la casa del Kappa, no conocían nada de la capital más allá de los cuartos dónde habían brindado su servicio.
Lo segundo es, que las labores más horribles eran puesta sobre los hombres. Actualmente, las heces humanas era un negocio muy serio por el valor que tenían como fertilizante, por ello era normal que los agricultores tuviera baños comunitarios cerca de sus granjas para así hacer la labor más sencilla y menos desagradable. Aunque este no era el caso, los hombres debían limpiar los baños con palas muy temprano por la mañana, montar las heces en una carreta exclusiva para la labor y llevarlas a vender al mercado o alguna granja.
Lo mismo sucedía con el agua, había que buscar agua una vez al día, también muy temprano por la mañana, y llenar tres enormes tanques de madera para tener agua solo para ese día.
Las labores eran repartidas entre los diez hombres. Si la Tayū iba a salir, exigía que dos lacayos la acompañaran, aunque solo significa que llevarían el palanquín dónde sería transportada. Considerando que dos hombres no estarían, entonces las labores de dividían entre ocho, cuatro limpiaban los baños muy temprano y cuatro buscaban agua. Por eso era escencial estar despierto desde la primera hora de la mañana.
Toi entendía perfectamente aquello, más se alarmó bastante porque había una ley que no pensó que de practicaría: el más apto sobrevive. Entre buscar agua y recoger las heces, era evidente que; por más agotadora que fuera la tarea, era más preferible; buscar agua, sería la favorita. Entonces, aprovechando la situación de recién llegado de Toi...
— ¡Maldición! ¡Lo pise! — grito con asco, viendo la espesa masa marro bajo sus pies.
Toi había sido enviado con tres más a los baños, Mabu había salido con la Tayū y los demás fueron por el agua.
— ¡Te recuerdo que no podemos bañarnos hasta después de las tres de la madrugada, cuando las damas acaben su jornada! — recalcó uno de sus compañeros.
— No se te ocurra entrar así a la casa, la dejaras oliendo a mierda. Ya es bastante malo con que huela a humedad — exclamó otro.
En resumen, el trabajo era espantoso: pesado y agotar, con poca paga que apenas alcanzaba para comer dos comidas al día, con un horario esclavizante y sin siquiera un futón de regalo para la horrible habitación en la casa del pánico.
Mejor se hubiera queda en la calle.
Acabado con la recogida de mierda —literalmente hablando—, Toi y los otros fueron a llevar dicha carreta a una granja en las afueras de la capital.
Para llegar había que tomar un camino poco transitando y extenso, sin mencionar lo descuidado estaba. Fue un largo viaje de tres horas hasta una granja donde un hombre de avanzada edad los esperaba, aunque no era un viejo, parecía ya haber alcanzado cuarenta años y le tenía bastante confianza a los chicos.
— ¡Ah! Pero si son los renacuajos de la casa del Kappa — hablo al verlos llegar —. Buen trabajo el de hoy, veo que están exhaustos. No los culpo, las Oiran son más que caras bonitas, son una fuente de nutrientes muy finos para mis vegetales — rió burlón con su comentario —. Les he preparado agua hirviendo en hierbas aromáticas, cuando acaben de bajar es mierda de pueden lavar.
— Muchas gracias — hablaron los jóvenes en unión. El trato ya era normal, el hombre siempre les ofrecía agua aromática para lavarse y algo de arroz para recargar fuerzas. Aunque de vio atraído por la presencia de Toi, el cuál era un factor nuevo.
— A ti no te había visto ¿Dónde está Mako? — señaló el hombre.
— Ahora lleva agua, ya que llegó uno nuevo — explicó uno de los jóvenes.
— ¿De verdad? Que bien por él, era el que más de quejaba de este sucio labor — volvió a reírse —. Tú pareces hueso duro de roer, no me decepciones — sonrió amable a Toi.
— Haré mi mejor esfuerzo — afirmó.
Los chicos bajan y acomodan las heces, para Toi fue más fácil bajar todo el cargamento que haberlo montado en la carreta. Una vez que acabaron ahí, pudieron limpiarse, aprovechando que los chicos eran muy habladores y abiertos a responder, Toi les pregunto:
— ¿Ustedes por casualidad saben quién es Hanako-dono? — Toi no sabía nada de la dichosa Hanako, pero parecía tener relación con Kazuki, por lo que intuía que se trataba de otra Oiran. A lo mejor se trataba de la Tayū de la casa. Los chico le miran.
— ¿Hanako-dono? — repitió uno de ellos —. No me suena.
— ¿De dónde sacaste ese nombre? — cuestionó otro.
— La abuela del restaurante la menciono.
— ¡Oh! Si la abuela la conoce, probablemente haya sido una Oiran hace tiempo — argumentó en tercero.
— Quien sabe, a lo mejor Mako hubiera sabido — refutó el primero en hablar —. Aquí los cuatro somos nuevos, no tenemos ni siquiera dos años de haber empezado a trabajar para el príncipe rana.
— ¿Príncipe rana? — Toi de vio confundido.
— ¡Si! El señor de la casa odia a las ranas, me parece irónico porque es idéntico a una.
— También está bastante loco, siempre habla de su mítico encuentro con el rey Kappa y como fue elegido como heredero al reino hace ya años.
— Ni hablar, lo más loco es que su esposa sea tan bella y le crea sus descabellados cuentos de hadas.
Toi no hablo más, no le interesaba se parte de la rueda de chismes sobre su nuevo jefe. Parece que no había tanto respeto por el Señor Keppi como había imaginado, con las reacciones de Mabu del día anterior había jurado que era un hombre muy respetado por sus trabajadores, pero incluso le tenían apodos raros y todos relacionados con rana, que era un anfibio el cuál el señor despreciaban.
Los muchachos acabaron de limpiarse, agradecen la atención del agricultor y de retiran. Toi podía escuchar la conversación de sus compañeros sin prestarle atención, solo distinguía los nombres de las Oiran. Era el único tema del que se hablaba.
— Oye, Kuji ¿A ti te recogió Kazuki-dono? — Toi asintió sin prestar verdadero interés.
— ¡Eh! Que envidia, es muy bella.
— Tambié joven, y aún así, tiene una buena posición y muchos lujos.
— Y eso que no tiene tan buena posición como Yuki-dono, aún así, tiene más favores del Señor.
— Si verdad ¿Kazuki-dono aún es una umecha? Yuki-dono es una Sancha y aún no puede salir en palanquín o tratar con la burguesía, se supone que esa es la clientela que las Sanchas atienden.
— Yuki-dono ha perdido popularidad estos días, si sigue de ese modo, acabará siendo expulsada y degradada a hashi.
— Oigan — interrumpió Toi —. No entiendo de lo que hablan, pero siguen mencionando posiciones y esas cosas ¿A qué se refieren?
— Las Oiran poseen una jerarquía internan. La posición más alta es Tayū, luego sigue Sancha, luego Umecha, después Zakishimochi, y el rango más bajo es Yuujo.
— Las Oiran que no alcanzaron las expectativas son expulsadas y se convierten en hashi.
— ¿Y en qué rango está Kazuki-dono? — pregunto Toi.
— Umecha, generalmente atienen solo a la burguesía.
— Pero Kazuki-dono, aún con su rango ha servido incluso a un daimyō
— Aunque los clientes de Kazuki-dono son muy exclusivos, nunca piden a otra Oiran de compañía
— Yuki-dono está muy enojada por su falta de clientela, además, su kamuro comentaba que ya le estaban saliendo canas.
— Bueno, no me sorprende de que Kazuki-dono sea mejor que Yuki-dono. Después de todo, Akane-dono que es la actual Tayū fue quien la instituyó durante dos años
Los muchachos seguían hablando sobres las cortesanas en el trayecto del viaje, Toi ya no se vio interesado en conversar por lo que siguió en lo suyo.
Llegaron mucho después de los que llevaron agua, tuvieron que disculparse por la demora y continuar con sus deberes.
— Oye Kou, Akane-dono saldrá pronto, más te vale que te aliste para acompañarla
— Si Kuro — el joven salió corriendo, debía cambiar su kimono marrón al que era azul.
— Tu, novato — el hombre más alto le dió cierta cantidad de dinero a Toi —. Ve por los almuerzos de todos con la vieja Jinnai
— Está bien — Toi se apresuró a ir al restaurante de la abuela. La mujer al parecer lo esperaba ya con la comida guardada en los Bentos.
— ¡Eh! Kuji-kun ¿Te a tocado trabajar con heces?
— ¿Cómo lo sabe? — Toi de olfateo a sí mismo, pero solo olía a hierbas gracias a que el granero les permitió lavarse.
— Hueles mucho a hierbas, cuando uno de los muchachos llega con dicho olor es porque trabajo con heces.
— Oh, está bien...
— Te un buen día
Regreso con la comida y luego del almuerzo, dónde se aparto de todos para comer, siguió con algunas labores simples como limpiar el patio. Su día no fue tan agotador como esperó. Lo más horrible fue tener que llevar las heces a la granja.
— Kuji-kun — soltó un respingo ante la voz a su espalda, se giro y encontró a Kazuki. Ese día no llevaba maquillaje, tampoco el ostentoso kimono no los millones de adornos de cabello. Solo un kimono de algodón verde menta con un bordado simple de hojas. Su larga cabellera oscura caía libre hasta su cadera —. Buena tarde — hablo con suavidad, sonreía con discreta emoción. Toi sentía que Kazuki estaba demasiado cerca, dió un paso atrás manteniendo una distancia prudente.
— Kazuki-dono, buena tarde — hablo intentando disimular su timidez.
— Me llamaste por mi nombre — los ojos de Kazuki brillaron ilusionados, a lo que Toi se alarmó.
— Perdóneme ¿La ofendí? Es que los muchachos todos la llaman así y yo...
— Era broma, yo no uso apellido — sonrió con burla —. Ninguna Oiran lo usa — puntualizó con amargor en su boca.
— Ah... Ya veo
— ¿También puedo llamarte por tu nombre?
— Si, claro. Si eso quiere.
— Me parece espléndido — miro al cielo, su alrededor eran bastante sombrío en comparación a los colores entre azul y naranjo que de funcionaban con tanta simpleza pese a su enorme diferencia. El naranja era tan cálido y brillante, pero aún así de dejaba tragar por el azul que era tan profundo y opaco. El jardín no tenía una vista bonita, pero permitía apreciar el cielo con un sorprendente detalle —. Aquí adentro en tan soporífero, siempre es más preferible tener a un cliente que atender a quedarse acá.
— Se que no es apropiado, pero ¿Por qué no sale si tanto le disgusta estar acá?
— No puedo aunque quisiera — suspiró —. Me perdería afuera y, además, no tengo nadie que me espere en el exterior
— ¿Eso importa? — Toi se vio confundido, di Kazuki quería salir pues que lo hiciera sin restricciones, más se veía asustada con la idea.
— No se si lo sepas, pero el lugar de una cortesana es en la casa donde prestan sus servicios — señaló detrás de ella, refiriéndose a la inmensa construcción —. Y no conozco nada mejor que este lugar.
— Pareces una prisionera — Kazuki miro a Toi con interés, el joven no había dudado en darle su opinión.
— Mi madre trabajaba acá, ella tenía una gran deuda y no era muy popular. Cuando me tuvo, su deuda solo se hizo más grande. Siempre la metía en problemas — contó con calma —. Un día, no pudo más y se suicidó — miro a Toi, que escuchaba con suma atención y con impresión.
— Eso es terrible
— Si ¿Verdad? Luego de que me hiciera Yuujo mi deber se convirtió en pagar la deuda de mi madre y mía — no parecía muy dolida por lo que contaba, más bien, sonaba indiferente —. Más tarde conocí a Haruka, sus padres fallecieron en un incendio y llegó a mí en busca de oportunidades.
— Debió ser muy duro
— No lo sé, Haruka se enfoca más en le presente que en el pasado
— Kazuki-dono, yo... Algún día la llevaré al exterior — aseguro Toi con determinación, Kazuki lo miraba con sorpresa.
— ¿Lo prometes?
— ¡Si!
— Pues no deberías — refutó Kazuki con cierta molestia, sorprendiendo a Toi —. Hacer promesas que no vas a cumplir, no deberías hacer eso. Primero, tenemos terminantemente prohibido salir a menos que sea para visitar a un cliente. Y segundo, ya te dije que no me importa no salir, he vivido diecisiete años aquí y puedo continuar viviendo aquí otros diecisiete años más.
— Pero no es justo para tí — dijo Toi —. No has tenido la oportunidad de ser tu, solo eres lo que otros quieren ¿No te molesta?
Kazuki observo fijamente a Toi, no mostraba más que severidad en su rostro. Toi supo que lo que dijo no le había gustado a Kazuki, pero alguien debía decirlo.
— Que pases buena noche — Kazuki se giro para retirarse.
— Kazuki-dono
— Tengo un cliente dentro de una hora, debo arreglarme — con ello, entro a la casa y se perdió de vista para Toi.
Toi no se arrepentía de lo que había dicho, podía ver qué Kazuki no era feliz. Más la joven parecía aferrarse a qué ella no importaba, priorizaba cualquier otra cosa sobre sus sentimientos. Toi mordió su labio, insatisfecho por lo ocurrido, pero no supo que más hacer por ella. Se notaba que era terca, sería difícil tratar con ella.
Suspiró, decidió regresar a la casa de lacayos. Solo de dió media vuelta cuando su camino fue interrumpido por una figura pequeña.
— Good morning — Toi soltó un respingo, observando con cautela a la hermosa dama frente a él, la esposa del dueño era aún más misteriosa que Kazuki. Con esa belleza fresca y vibrante. La dama le sonreía.
— Señora...
— Puedes llamarme Sara, Dish
— ¿Cómo? — Toi parpadea incrédulo. La familiaridad con la que Sara hablaba era aterradora, como si fueran amigos de toda la vida.
— Sara, Dish — también terminaba con esa extraña palabra sus frases, se le hacía curioso pero no sé atrevía a preguntar.
— Eso lo entendí, señora — suspiró.
— Está bien, Dish.
— Entonces... Sara-dono.
— Solo Sara, Dish.
— ¿Que? ¿Segura?
— Está bien si te lo digo, Dish.
— Bueno, Sara — Toi desconfío de decirlo, más Sara le sonrió con amabilidad — ¿Necesitaba algo de mi?
— Nada importante, Dish — respondió Sara —. Pero me llamo la atención lo que hablabas con Kazu-chan, Dish
— ¿Nos escucho?
— Por supuesto que sí — sonrió intentando calmar a Toi, que no le había gustado saber eso —. No te preocupes, no se lo diré a nadie, Dish.
— No se trata de eso. Es más bien que usted, la persona que menos debía saberlo, lo ha escuchado.
— Estoy feliz de que le propusieras una fuga, eso es romántico.
— No, no se trata de eso
— Lo sé, Dish — afirmó Sara —. Me alegro de que estés aquí ahora, a Kazu-chan le hace falta estar con gente de su edad — afirmó Sara —. Es una persona distante, le tiene miedo a hacer amigos y no cree merecerlos — explicó con serenidad —. Asegúrate de ser amable, le harás un favor — antes de que Toi pudiera decir cualquier cosa, Sara se adelantó —. Dentro de poco será la hora del té ¿Podrías hacer el favor de llevarles tazas a sus habitaciones? Deben estar atendió clientes, Dish.
— ¿Yo?
— Si, tú — señaló segura —. Generalmente se lo pediría a alguna Yuujo, pero están todas convenientemente ocupadas.
— Pero es que...
— Las tazas están en el despacho del Señor, pídele permiso y te las dará — Sara se alejó con rapidez, a Toi le impacto el hecho de que fuera saltando en medio de su trote al momento de alejarse con esos zapatos tan altos.
Toi suspiró, resignado a qué le tocaba ser quien buscará las tazas en el despacho del señor. Con desgano, se encamino a las escaleras tomándose su tiempo para subir. A medida que subía reflexionaba sobre su nuevo estilo de vida, apenas había sido su primer día y ya sentía ganas de irse. No entendía porque no se escapó apenas le dieron la pala para remover las heces del baños. Quería encontrar algún lógico motivo para quedarse, pero nada cuadraba en su mente. En esas circunstancias, lo más obvio sería buscar la forma de irse para encontrar a Chiaki, de hecho, sonaba tentador. Ya no sentía el lazo afectivo que en un principio le impidió dejar a los abuelos, pero más que liberarse de la capital y su sucia trampa se sentía más atrapado por ella.
Llegó al despachó, dónde anuncio que pasaría antes de correr la puerta.
El despacho era un espacio cuadrado, una habitación amplia en lo que de puede decir. Había un aroma floral emanando por todo el lugar, que se esparcía por el humo del incienso. La habitación era meramente color caoba, con muebles de madera oscura; había una larga mesa que era baja de altura que dividía el cuarto a la mitad, la mitad que daba a la entrada solo había dos almohadas que servían de asientos y un escaparate dónde por dentro había vajilla de té y la otra mitad de la habitación era donde estaba Keppi y tres cómodas para guardar sus cosas. En la primera cómoda había rollos de papel amontonados de forma ordenada, en la segunda cómoda había telas dobladas las cuales se suponen eran kimonos y en la tercera habían libros y adornos florales; el patrón estaba tras la mesa mientras observa hojas de papel. Habían rollos desplegados sobre la mesa y una bandeja donde había una taza de té limpia y una tetera junto a un plato con rodajas de pepino a medio comer.
— Buena noche — habló, Keppi tararea una canción para levantar la mirada y sonreírle.
— ¿Que te trae por acá, kero?
— La señora me ha mandado en busca de los juegos de té para las damas.
— ¿La señora? — dudo Keppi, Toi miro a todas las direcciones, preguntándose si había dicho algo mal. Decidió arriesgarse al corregir su anterior comentario.
— Sara me lo ha pedido — Keppi pareció complacido con aquello.
— En la cómoda de allá están todos los juegos de té, tendrás que lleva un juego a la vez para que no se rompan por algún accidente — informo —. Son vajilla cara, ten cuidado. Kero — Toi asintió, el escaparate de la vajilla de dividía en tres; en la parte superior habían teteras pequeñas negras, en la parte del medio habían tazas redondas y pequeñas, y en la parte inferior bandejas y platos de arcilla. Toi agarro una bandeja y sobre ella puso una tetera y dos tazas.
— Con su permiso — dijo para salir, sabía que debía volver más tarde por los demás juegos, así que decidió apresurar su paso. Llegó a la primera planta, dónde dudo bastante de por dónde empezar, decidió que lo más obvio era por la puerta más cercana a las escaleras.
Se acercó y quedó frente a la puerta corrediza.
— ¡Buena noche, traje un juego de té! — anunció con voz alta esperando una respuesta para pasar.
— Adelante — con el permiso concedido, corrió la puerta y entro. Había una dama dentada con una biwa en frente de ella, al frente de ella un joven que vestía con soberbia mientras fumaba usando una pipa. Notó que la mujer había expuesto sus hombros a la altura del nacimiento de sus pechos dejándolos casi a la vista. Bajo la mirada, intentando no enfocarse en la dama —. Puedes dejarlo sobre la orilla ¿Sabes encender fuego? Se cuidadoso y no crees un incendio.
— Enseguida... — Toi pensó un segundo como referirse a la cortesanas, recordó que Haruka suele referirse a Kazuki como "su gracia" o "la honorable dama", decidió usar la primera —. Su gracia — aunque lo dijo con seguridad había dudado si era la forma correcta de referirse a ella. Cómo la dama no le dijo nada, supuso que estaba bien.
En una esquina del cuarto había una especie de caja de hierro, está era una especie de hornilla dónde la tetera se coloca encima y se enciende por el interior. Era común que por encender la madera del interior de la caja, alguna chispa se escapara y se dieran incendios. Por ello, había que ser cuidadoso al prender el fuego. Toi estaba acostumbrado porque el se encargaba de prender fuego en la granja, el abuelo le había dado útiles consejos para no crear incendios.
Toi notó que habían dos piedras a un lado de la caja de hierro, las tomo acostumbrado a usarlas para encender fuego y creo una pequeña chispa que salto a la madera de la caja de hierro. Espero a que toda la padres se consumiera en las llamas y suspiró. Colocó la tetera sobre el fuego. Busco con la mirada el agua y las hojas de té. Un poco alejado de la hornilla, estaba una cómoda que tenía dos puertas pequeñas a modo de clóset, dentro encontró una cubeta de madera llena de agua, una jarra de cerámica pequeña y un recipiente lleno de hojas de té. Lleno el recipiente con agua y lo corrió en la tetera para calentarla.
— Cuando el agua empiece a hervir pueden poner las hojas — informó, quería retirarse lo más pronto posible, pues la mirada de inconformidad que el hombre le lanzaba no le agradaba.
— Puedes llevarte la vela para que enciendas las demás cajas — anunció la dama señalando un vela que estaba sobre un soporté, Toi asiente.
— Muchas gracias — tomo el soporte y prendió la vela y finalmente, para su alivio y del cliente, se retiró. Suspiró agotado, miro el largo pasillo lleno de puertas corredizas notando que tendría entretenimiento por un rato.
El procedimiento era el mismo: subía al tercer piso en busca del despacho, pedía permiso para pasar y se llevaba un juego de té que consistía en la tetera y dos tazas sumándole la bandeja, bajaba y se acercaba a una puerta pidiendo permiso para pasar, dejaba la tetera con agua sobre la caja metálica con el fuego encendido y se retiraba para repetir este patrón. Cómo era peligroso caminar de arriba a abajo con la vela, la dejaba sobre una mesa que estaba en el pasillo que tenía encima un florero vacío. De ese modo evitaba cualquier riego a incendio.
Cuando quiso darse cuenta, había tardado una hora en recorrer todo el pasillo dejando las tazas y montado la tetera al fuego. Había contado incluso el número de habitaciones que había disponibles. Hay veinte cuartos dónde las Oiran atienden a sus clientes, lo curioso es que después del té los ruidos de las habitaciones pasaban de música y el zapateo de una danza a suaves suspiros y gemidos indiscretos. En algunos casos vio a los clientes llevarse a su acompañante, probablemente a sus hogares, no pudo saber más después de que pasaran aquellas puertas pero le daba curiosidad como se transportaban de ida y vuelta teniendo en cuenta la falta de orientación de las damas.
Finalmente estaba frente a la última puerta del extenso pasillo, sentía el sudo escurrirse por su frente y su respiración agitada. Sus músculos de las piernas empezaban a cobrar la utilidad que les dió con fuertes ardores, pues no es que el recorrido haya sido relajante ¡Esperaba jamás volver a llevar los juegos de té! Suspiró.
— Traigo la vajilla para el té — llamó a la puerta, escucho un "adelante" pero está vez de una voz masculina. Corrió la puerta, no se sorprendió al ver a Kazuki, era la única que faltaba por su té y ya le había dicho que tenía un cliente pendiente —. Con su permiso — Toi paso sin tomar importancia al joven que lo miraba con tanta intensidad.
Su cabello era de un inusual rubio cenizo llegando por encima de sus hombros, poseía lentes que cubrían sus ojos color verde manzana, no parecía ser muy alto y su cuerpo poseía una apenas visible musculatura. Como cualquier otro cliente, lleva ropas finas y una postura recta.
Toi ignoraba la mirada tan potente que el cliente le lanzaba, como si quisiera quemarlo. Era bastantes incómodo moverse mientras los penetrantes ojos verdes lo perseguían con la clara intención de echarlo. Una vez acabado su labor, se inclinó y retiró sin nada que comentar.
Con su labor finalmente acabada, Toi salio de la casa y se dirigió a la salida del muro, planeaba regresar a la casa de los lacayos.
— Toi — Mabu se acercó a Toi, el cuál se giro a verlo —. Esta es tu paga de hoy — unas pocas monedas fueron puesta sobre su mano.
— Con suerte podré comprar un pan duro.
— Mientras más trabajes, más pronto pagarás la mitad de tu deuda y podrás recibir más dinero — aseguro Mabu —. Siempre puedes buscar trabajo de medio tiempo, la abuela Jinnai siempre necesita ayuda en el restaurante y suele ser flexible, tal vez te de comida como pago.
— ¿Tienes trabajo de medio tiempo?
— Algo así, ayudo a un amigo con su labor de transponder.
— Ya veo — dijo Toi —. Iré a dormir, estoy muerto.
— Buen trabajo el día de hoy.
Toi regreso a la casa de lacayos, ahí se acomodo en el suelo usando sus brazos para sostener su cabeza. Inconscientemente se pregunto si podría adaptarse a su nuevo estilo de vida. Los pensamientos le trajeron sueño y acabo por caer rendido.
Tres meses después
No fue sencillo, había sudado y sangrado, lo regañaron varias veces -especialmente Mabu- e incluso paso por el incómodo momento, que mientras llevaba el juego de té -porque para su desgracia, parecía que las Yuujo nunca tenían tiempo para transportar la vajilla-, se encontraba en escenas comprometedoras a los clientes y las Oiran. Había tenido pesadillas por varias noches.
También comprendió más el estilo de vida de las cortesanas, en su mayoría, se habían resignado a pasar el resto de sus días confinadas en burdeles y casas de té. Parecían que no se perturban por nada, todo les daba igual mientras se les pagará y sus clientes tuvieran alto estatus social. Eran como preciosas muñecas con cuerpos llenos de grietas que no acababan de romperlas. Sus voces eran suaves como el sonido melancólico al agitar una copa de vino. Sus ojos llenos de serenidad y aburrimiento, reflejaban almas impenetrables.
Curiosamente, su lado más humano era en la cama de otros hombres. Dónde sus cuerpos parecían extasiados ante el placer y cobraban vida ante las caricias y el sudor que las baña.
Aunque Toi había descubierto su debilidad más grande en medio de su torpeza. El joven se tropezó con una roca en medio del jardín, cayendo de bruces contra el césped. Su cara se llenó de lodo y su boca acabo con hebras verdes del césped. La joven Zakishimochi que pasaba por ahí maldiciendo a algún cliente y su brutalidad, quedó sorprendida por el descuido de Toi y solo pudo reaccionar con una carcajada que llegó a oídos de todas las demás cortesanas, que no conocían aquel ruido tan estrepitoso.
Las Oiran eran mujeres serías, muy inteligentes para encontrar gracioso cualquier cosa. Y sin embargo, habían adquirido una fascinación anormal por ver a Toi siendo torpe o tímido, proclamandolo su entretenimiento al tomar su descanso. Al principio solo ojeaban las actividades del chico y se marchaban sonrientes, pero luego se pasaban prolongados periodos observándolo, especialmente si no tenían nada mejor que hacer.
Toi no era bueno con las mujeres, eso lo tenía bastante claro y lo aceptaba con humildad. Pero la atención que todas la jóvenes le daban le ponía los pelos de puntas. Si podían abochornarlo no dudarían en hacerlo sonrojar, si su trabajo tenía el potencia de hacerlo caer no se tomarían restricciones al verlo, si implicaba que se acabará por empapar de agua no dudarían en tirarle una cubeta a la cabeza.
Estaban decididas a matarlo.
Y la peor parte, es que el resto de los hombres lo envidiaban. Constantemente aclamaban la atención que las cortesanas ponían sobre Toi recalcando lo afortunado que era, incluso Mabu, que nunca parecía interesado en nada le afirma lo afortunado que es.
— No entiendo porque es tan divertido molestarme — refunfuñaba Toi apilando las hojas del patio. Haruka estaba en el quiosco, sentada frente a la mesa con una taza de té fría en frente.
— Eso es porque eres tan lindo — afirmó la niña, disfrutando de su bebida que ya estaba fría.
— ¿Ah? — Toi no entendió para nada el comentario de Haruka, está sonríe divertida.
— Eres joven, torpe con las mujeres y tu cara no es fea. Era muy evidente que serías como la luz de la vela atrayendo polillas — explicó Haruka, la cara de Toi se sonrojo haciendo reír a Haruka —. Otra vez estás rojo, cualquier cosa sabiamente dicha te hace ver así.
— ¡Haruka! ¡¿No tienes nada que estudiar?! ¡¿Música, canto, baile, cualquier cosa?! — chillo Toi irritado de las burlas de Haruka, la cuál con el tiempo se había abierto a él y ganado su confianza.
— Kazu-chan está con Enta-kun otra vez.
Y ahora tenía un nuevo agregado a su experiencia, Enta Jinnai. El nieto de Jinnai era, para su desagradó, irritante en extremo. Se daba aires de grandeza porque el esposo de su hermana es perteneciente a la burguesía y le había conseguido ser aprendiz de samurai a la corta edad de diez años. El joven seguía entrenado y formándose para en el futuro ser un orgulloso guerreo, más no tenía tanta influencia, pues su maestro pertenecía a una clase baja entre los samurais y no tenía renombre. Pero como los daimyō y sus samurais eran la punta de la pirámide social, Enta seguía siendo un ser muy importante por el simple hecho de llevar una espada con él.
Toi había notado el apego que tenía Enta con Kazuki, siempre venía una vez a la semana a estar con ella. Su tiempo lo usaba para que hablara de cualquier cosa, Haruka le contó que la madre de Kazuki en el algún tiempo sirvió al esposo de la hermana de Enta, antes de su boda siempre tenía a Hanako dándole servicios sexuales. Después, se dedicó meramente al entretenimiento musical dirigido a Otone -la hermana de Enta- y su esposo. Enta y Kazuki se conocían y eran amigos, pues Hanako llevaban a su hija como Kamuro a todos lados. Haruka apreciaba a Enta, pero desde que Kazuki cumplió dieciséis, el joven prefería estar a solas y no permitía el paso de Haruka a la habitación, algo que ya había arreglado con Keppi, el cuál accedió a sus demandas.
— Él está muy apegado a ella
— Si, Kazu-chan es su primera amistad y creo que su primer amor — comenta Haruka —. Kazu-chan me contó sus sospechas, y creo que son ciertas — Haruka sonríe con amargura —. Aún cuando el es conciente de todo...
— ¿Haruka? — Toi se extraño por el comportamiento recién de Haruka, que parecía preocupada en medio del enojo. Notó como dejo escapar un aliento lleno de vencimiento.
— Iré a prácticar con la biwa — se levantó y alejo sin nada más que comentar. Toi desde hace un tiempo ha notado el extraño comportamiento de Haruka y Kazuki, ellas dos vivían recluidas en el muro que rodea la casa, pero también vivían en su pequeña nube al entrar en la habitación que comparten. Rara vez Toi veía a Kazuki conversando con otras Oiran o contadas veces vio a Haruka jugar cartas o damas chinas con otras Kamuros. Eran reservadas en todo, pese a su amabilidad mantenían distanciadas y jamás salían de la burbuja que crearon.
Toi acabo con las hojas, observa con orgullo la pila de hojas que amontonó. Se apresuró a recogerlas y ponerlas en un sacó para llevarlas a la granja y que el granjero las mezcla con heces. Decía que eran excelentes como abono.
Una vez listo, ingreso a la casa pensado en ir al restaurante de la abuela Jinnai. Sin esperar, que en medio del pasillo encontrar a Enta y Kazuki, estaban hablando, al parecer despidiéndose, pero Enta dilataba aquella despedida y no dejaba a Kazuki regresar a la sala de dónde salió. En una de esas, Enta tomo a Kazuki de los hombros, Toi vio claramente cuando el joven frunció los labios con toda la intención de darle un beso, tuvo que contener su risa -para que no notarán su presencia- al momento que Kazuki giro su rostro y cubrió su falta de cortesía con un abrazado.
¡Uy! dolió y no fue a él al que rechazaron.
El disgusto de Enta por haber esquivado su gesto afectivo se diferenció en su rostro, más se suavizó al momento que Kazuki le sonríe con dulzura, distrayendolo de los empujones leves que le daba en dirección a la salida.
— Nos veremos pronto, cuídate — finalizó Kazuki su despedida con Enta, dando la vuelta y dejando escapar un soplo de alivió.
Diviso a Toi, que estaba de pie al final del pasillo conteniendo sus risas a te el rechazo tan natural de Kazuki. Una sonrisa traviesa se dibujo en el rostro de Kazuki alertando a Toi que estaba apunto de girarse, correr y trepar los muros con tal de escaparse de la macabra sonrisa de Kazuki y sus siniestros planes.
— ¡Toi! — pero para su desdicha, Kazuki llevaba años con esos zapatos altos de madera y sabía que podía simplemente salir de ellos para correr hacia él y lanzarse a sus brazos, con la seguridad de ser atrapada. Pues confiaba plenamente en Toi, que no era capaz de ignorar el llamado de la Oiran ni aún con toda la fuerza de voluntad del mundo.
Toi había empezado a notar su debilidad por Kazuki, sabía que ella le podía pedir cualquier cosa y que no se negaría. Era una completa locura, Kazuki había enredado hilos invisibles sobre él y de ese modo lo controlaba. Pero Toi no podía hacer nada contra esa brillante sonrisa cerrada -si mostraba los dientes solo verían el negro de sus dientes pintados- y esos ojos tan vivos.
Toi sabía que algo en él estaba mal, lo ignoraba aún cuando conocía su punto de flaqueo más grande. Intentando hacer que no existiera. Pues el revoltijo de emociones que Kazuki causaba en su interior le daba una caótica calma incomprensible a su parecer.
Los delgados pero fuertes brazos de Kazuki rodeaban su cuello, familiarizados con la sensación cálida del cuerpo de Toi. Kazuki amaba el creciente burbujeo en la boca de su estómago al aspirar el olor de Toi mezclarse con el olor a hierbas de los baños y el incienso de la casa ¿Cómo esos olores que siempre le causaron unas ganas enormes de vomitar podían relajarlo por completo al fusionarse con el olor masculino? Sabiendo la respuesta pero pasandola por alto, Kazuki se aferraba a la sensación tan hipnotizante que atraía su ser a Toi.
— Kazuki, dejaste tus geta abandonadas — musitó a la oreja de la Kazuki. Kazuki tembló de emoción con el aliento de Toi sobre su oreja, sonrió con los nervios a flor de piel. Y por más sereno que Toi se veía, tener el cuerpo de Kazuki aferrado al suyo lo dejaba sin aliento, se preguntaba si podía sujetarlo libremente o debía pedir permiso. Pero tras la escusa de atrapar a Kazuki en medio de su salto, una de sus manos se poso en la cintura de Kazuki.
— Llévame de regreso a ellas — responde Kazuki con diversión, podía sentir contra su mejilla como la mejilla de Toi enrojecía. Le daba curiosidad ojear la cara de Toi y encontrar sus mejillas pecosas tan rojas como una fresa, pero respetaba la timidez de Toi y se contenía.
Sintió que Toi sujetaba su cuerpo con ambos brazos, levantandola para llevarla hasta las geta. Toi carecía de delicadeza, siendo incapaz de sujetar su cuerpo como el de una princesa, pero así era mejor, que no la tratara como cristal sino como su igual.
Se desánimo cuando Toi empezó a bajar su cuerpo, permitiendo a sus pies regresar a las sandalias altas de madera.
— Ven — arrastró a Toi dentro de la sala donde anteriormente atendió a Enta. Hace unos momentos le parecía un lugar sofocante, pero ahora se sentía emocionada al cerrar la puerta y obligar a Toi a sentarse. Le asfixiaba las largas charlas con Enta, pues el joven solo venía a hablar e intentar robarle besos, algo que incomodaba a Kazuki de sobremanera. Nunca se vio satisfecha desde que Enta prohibió la entrada de Haruka y dejo en el olvido los instrumentos musicales y la poesía.
— ¿Ahora que quieres? — se quejo Toi, Kazuki inflo sus mejillas, desde que Toi tomo confianza no mostraba nada de respeto por su persona, incluso la llamaba por su nombre sin necesidad de honorífico. Algo que ni Haruka o Mabu hacían.
No es como si Kazuki se hubiera quedado atrás, hace rato que "Kuji-kun" quedó en el olvido para renovarse a "Kuji" para, finalmente, llegar a cambiar y quedarse como simplemente "Toi". Pues para Kazuki, Toi era Toi; y para Toi, Kazuki era Kazuki. Eso hasta cierto punto le inquietaba, pues sabía que no por siempre sería de ese modo especialmente con detalles menores que se reserva muy en el fondo de su corazón.
— ¿Cómo que "qué quiero"? ¡Voy a darte una presentación de mi nueva melodía!
— ¡Ay! Buda, apiadate de mí — Kazuki le dió un pequeño golpe en el hombro a Toi por el comentario, a Toi le sorprendía que siempre fuera tan sobria con sus clientes mientras que con él permitía un lado más juguetón. La confianza hace daño.
— ¡Hay hombres que pagarían con sus tierras por verme tocar el koto! — la joven se quitó sus pesadas geta, permitiendo mayor movilidad y se desplazo a un rincón de la habitación tomado el instrumento. De sentó frente a él, sonriendo con seguridad.
El Koto es un instrumento de madera que tiene trece cuerdas de diferentes tamaños, el koto no era un instrumento cualquiera que pudiera tocarse con sencillez, era sumamente complejos conseguir una armonía y se necesitaba de rigurosa práctica, sumado a una delicadeza sobrehumana al momento de rasgar las cuerdas. Tenía su ciencia dicho instrumento.
Kazuki alardeaba de un talento innato cuando de música se trataba, era muy meticulosa y no se permitía errores. Su maestra, Akane, también presumía de dicha habilidad y fue ella quien le instruyó, eso explica su dureza cuando de trata de tocar el Koto.
Kazuki posicionó sus manos a una altura precisa de las cuerdas, su mano izquierda se encargaría de presionar las cuerdas con suavidad y cambiar la afinidad, su mano derecha se encargará de rasgar las cuerdas con sutileza y así crear una melodía.
Kazuki roza las cuerdas con la punta de sus dedos, deslizando sus manos a lo largo del instrumento con gracia. Kazuki de veía llena de seriedad al momento que sus dedos tocaban con sino cuidados las ásperas cuerdas, cuyo sonidos inundaban el cuarto en una suave melodía. Toi mantenía su mirada atenta sobre el corto movimiento de los dedos de Kazuki, alucinando con el vaivén de sus manos y la destreza de sus dedos.
La música fluía, llenado el ambiente de melancolía y belleza, la canción descargaba las emociones de su músico. Los ojos de Kazuki vibran al compás de las rígidas cuerdas al momento de que sus dedos jalan con suavidad en dirección a su cuerpo. Para Toi era una locura, incluso juraba ver las notas musicales mezclarse en el aire y generar tal sonido.
Fue etéreo, un momento extenso dónde el silencio se decoraba con la dulce melodía. La imagen serena de Kazuki, la elegancia del meneo de sus manos y la hermosura de la imagen eran cosa de otro mundo.
Toi por un minuto, imagino que Kazuki tenía algo mejor que ofrecer. Una vida donde se dedicaba a la música, abandonando las paredes que lo acogen y conociendo el exterior ¿Podrían? ¿Kazuki sería feliz si se liberaba del ambiente tan amargo en el que se había criado?
— ¡Toi! — Kazuki dejo de tocar, su rostro estaba lleno de alarma al ver lágrimas escurriendose en los ojos de Toi. Había visto muchas reacciones al momento de tocar una canción: sonrientes, serenas e incluso adormecimiento, pero nadie jamás había llorado en medio de su presentación. Se levantó con pánico, paso por encima de la mesa de té y se lanzó a brazos de Toi, buscando detener el llanto del chico.
— No es nada, de verdad — intentaba calmar Toi, pero Kazuki usaba más fuerza para sujetarlo.
— No volveré a tocar el Koto jamás, pero ya no llores — Kazuki sentía sus ojos arder, ver a Toi llorar le causó un arranque de aflicción que se desbordaba sin poder controlar. Kazuki poso una mano sobre la mejilla de Toi y la otra rodea el cuerpo del chico, cuyas lágrimas no se detenían.
— No, no digas eso — Toi tomo la mano que Kazuki tenía sobre su mejilla, sujetándola con delicadeza. La mano de Kazuki era más pequeña y suave, desentonado con la aspereza de su mano. Aún así, encajaban como una llave en su cerrojo —. Solo me siento conmovido.
Kazuki separó un poco su cuerpo de Toi, quería mirarlo. Toi no entendía la necesidad de pintar el rostro de las Oiran, era excesivo, por lo menos para el rostro de Kazuki era absurdo abarrotarlo de maquillaje cuando tenía una forma tan bonita. Kazuki observaba sus ojos con vehemencia, parecía desdichada y sus labios forma una curva que parecía tocar el mentón en un gesto de tristeza.
— ¿Eso era? — dudó rozando su nariz contra la de Toi, que intentaba distraerse al bajar la mirada.
— Si — afirmó con cautela, Kazuki estaba tan cerca. Su peso se apoyaba contra su cuerpo, su aliento chocaba contra sus labios insistente, suplicando atención. "Mírame a mí, mírame que estoy acá" parecía gritar aquello.
Exasperada por la falta de atención, sujeto con ambas manos el rostro de Toi. Aún así, sus ojos no estaba sobre ella, sino que se giraron a otro punto. El ambiente era aterrador, el aire se calentaba volviéndose pesado y complicado para inhalar, su cuerpo perdía fuerzas acabando por rendirse para inclinarse ante la gravedad. Acabo recostado, con Kazuki sobre él.
El pulgar de Kazuki trataba círculos pequeños sobre la mejilla de Toi. La atención de la vista de Toi seguía sobre algún punto inexacto del cuarto, más su cuerpo captaba cada mínimo movimiento de Kazuki sobre él, apreciando el evocamiento que generaba.
- Kazuki, apártate - fue un vago suplicio. Kazuki ignoró aquello, apretando más su cuerpo contra el de Toi.
El balanceo de Kazuki la llevo a estar más cerca del rostro de Toi, sus labios acarician tentativos los de Toi.
- Una sola presentación mía de Koto es cobrada con oro - musitó Kazuki, Toi ignoraba la voz de Kazuki, si llegaba a determinarla, acabaría por ver el gesto apetecible y quién sabe en qué locura se metería - ¿No te ha gustado?
- Fue precioso - aseguro Toi. Kazuki se planteaba la situación una y otra vez, las ideas flotaban, envolviendo su ser, enloqueciendo su juicio. Estaba tan próxima, que contenerse era imposible. Sus labios ascendieron y tocaron los de Toi superficialmente, abrió su boca exigiendo mayor atención que Toi se rehusaba a dar.
Viendo que Toi frustraba sus intentos de beso, extendió su lengua buscando un espacio por el cuál infiltrarla. Toi pese a sus intentos de mantener a raya a Kazuki, fue acorralado por la habida lengua de la cortesana. Finalmente, Kazuki logro que su boca se fusionara en un beso con la de Toi, hundiéndose en el espacio bucal de Toi. La experiencia de Kazuki en besar compensaba al bisoño Toi, que jamás había tenido tal contacto con nadie.
Toi cerraba los ojos con fuerza, mientras que Kazuki mantenía su vista atenta a las expresiones primerizas de Toi. Abrió más su boca cuando empezó a apartarse con lentitud.
Kazuki recordaba que su primer beso fue bastante desagradable, su primer cliente fue gentil y aún así, veía toda su primera vez como un aterrador recuerdo que de asemejaba más a una pesadilla. Está vez, sentía que había hecho algo grato de lo que podría enorgullecerse en el futuro. Se aparto de Toi con un movimiento retardado, dejándolo ponerse en pie.
- Yo... Me retiro, iba con Jinnai-san. Ya me entretuve mucho tiempo - se giro dirigiéndose a la puerta con un leve tambaleó.
- Si, que estés bien - pronunció Kazuki viendo a Toi irse.
Fuera de la habitación y sin nadie alrededor, Toi se dejó caer y se abrazo a si mismo. Su cara rápidamente estalló en rojo vivo, su corazón acelerado goloeba con fuerza su pecho, no era capaz de articular ninguna palabra o si quiera alguba letra.
"No pudo haber pasado" intentaba que aquellos pensamientos lo convencieran, pero la inolvidable experiencia de un beso de Kazuki perdurará sobre sus labios.
Entre tanto, Kazuki tocaba su labio inferior con una sonrisa. Florecía dentro de su pecho un agradable calor, cuyas raíces de extendia envolviendo su cuerpo en satisfacción. Podía verse en su imaginación, en diferentes ángulos besando a Toi como nunca había besado a nadie. Tenía el sentimiento de culpa pinchando alguna parte de su ser, indiferente a ello y a su secreto, se deleitaba ante la idea de una segunda oportunidad para otro beso.
