Hekima Jinnai era una mujer sabía y paciente, la vida le ha dado varias lecciones de las que ha aprendido y endurecido. Se conciderá una guerrera de las circunstancias, pues pese a los tropiezos se a enderezado para continuar orgullosa un extenso camino por delante.

Tanto vivido y aprendido la han convertido en alguien observadora, sabiendo que sus ojos tienen una habilidad sorprendente pese a la edad con la que contaba y su paulatino deterioro, jamás dudo de su perspicacia.

Está vez su intuición se sacudía intrigada ante el ambiente tan desacostumbrado que rodeaban a Toi. Generalmente, el joven se mantenía a raya y sensato, siempre organizado, con una obediencia destacable. Pero esa tarde, que llegó tarde, se veía inusualmente perdido, en su propia nube rosa.

Era más que evidente el ambiente lleno de felicidad culposa que lo embriagaba, consumiendolo. Sus ojos estaban perdidos en su imaginación y contestaba con balbuceos. Aunque Hekima era toda una experta en cuanto crear teorías, la actitud de Toi ese día le dejo desentendida, no era capaz de imaginarse un escenario tan traumático para ponerlo de ese modo.

Lo otro que se le ocurría, era que danzaba internamente de felicidad y pasaba por buenos momentos. Aquella dicha lo habían convertido en un caminante estúpido, completamente ineficaz, estaba tan concentrado en su dicha que no de daba cuenta que había esparcido arroz sobre la tetera.

¿Planeaba hacer té de arroz?

— Kuji-kun — llamo, el joven seguía llenado la tetera de arroz, desbordando el límite de está. Hekima exhaló, viendo la falta de interés de Toi sobre cualquier cosa que lo rodeé. Si Mabu lo hallaba en esas circunstancias, lo golpearía.

Hekima sujeto el puente de su nariz hastiada, estaba muy vieja para tratar con un adolescente embobado. Meditaba las posibilidades, cualquier manera de despertar a Toi de su trance era bien recibida, más nada se le ocurría. Lo pensó, lo reflexionó un montón de veces mientras buscaba desatender el hecho de que Toi dejaba caer la verduras de sus cajas al momento de apilarlas.

Solo se le pasó por la mente un método que usaba con su nieto, aseguraba un cien por ciento su funcionalidad. Tomo su zapato de madera y con toda la fuerza que podía, la aventó contra la espalda de Toi que al recibir el impacto soltó un quejido.

Al instante, Toi notó que no están arreglando las canastas de verduras, sino esparciendo la mercancía por el suelo y pisandola en el proceso. Se apresuró a levantarla pidiendo disculpas, pero el hechos de que notará su torpeza era un avance.

— Kuji-kun — llamo Hekima otra vez, captando la atención de Toi. Se relajo al verse atendida por Toi al final, ahora se atrevió a decir aquella idea que la tenía curiosa —. Pareces distraído ¿Te ha ocurrido algo?

Por el tartamudeo y el sonrojo tan poco disimulado, era obvio que algo bueno había pasado. Lo más seguro se trataba de una mujer, si no era eso entonces Hekima se rendía.

— Nada particular — aseguro Toi en una muy mala mentira, Hekima se pregunto si el joven la consideraba ciega o ignorante. En cualquier caso, siempre podía acomodar su pensamiento con ayuda de su otro calzado.

— ¿Estás seguro? — insistió Hekima.

— ¡No! — chillo espantando a la mujer, Toi cubría su rostro con ambas manos y de dejó caer. Hekima se alivió al ver aquella reacción, pues ya empezaba a preocuparse por la necedad de Toi.

— ¿Que te ha pasado?

— No sé — Hekima confirmo que Toi pasaba por problemas amorosos que no sabía manejar, estaba dibujado por completo en su cara.

— ¿Puedes contarme? — Toi descubrió uno de sus ojos, pensando en la propuesta tan gentil de la mujer. Hekima cerro el negocio ma temprano de lo usual y preparo té para la charla que de venía.

Sentados frente a frente, Toi de descargo en Hekima que escuchaba con atención su relato. Hekima derramó y destrozó la taza de té ante lo contado, su asombró no cabía en la expresión de su rostro.

Aquello era la cosa más subnormal que había oído en toda su vida. Ella conocía a Kazuki desde que recién nació, podía asegurar que jamás había optado un comportamiento tan feroz como relataba Toi.

— ¿Abuela? — ahora era Toi quien no sabía cómo sacar a Hekima de su meditación. Hekima salió de su trance.

— Será mejor que lo olvides, para ti, la solución es simple: vete — aconsejó con dureza, Toi parpadeo incrédulo.

— ¿Que me vaya dice? Pero...

— Tú no sabes nada, no conoces a Kazuki. Te estás metiendo en una telaraña de la cual no podrás escapar después — aseguro Hekima con angustia.

— ¿Segura de que es por eso? — Toi la miro con desconfianza, Hekima abrió su boca dispuesta a decir algo, pero supo que no era apropiado. En verdad le preocupa Toi, pero más dolores le causaba el imaginar que Enta se enterase. Porque si Kazuki empezó a desarrollar sentimientos por Toi, lo más próximo que se vendría para su nieto sería un crudo rechazó y un corazón roto.

Pero sobre todo, Hekima era conciente de que Kazuki no le había dicho todo a Toi. El detalle insignificante que Toi no conocía de Kazuki podría perjudicar las relaciones que de habían entablado.

Hekima negó con la cabeza.

— No debes sentir nada por una cortesana — le respondió estoica —. Su encanto te está confundiendo, estás haciendo suposiciones que luego te decepcionarán. Lo mejor es que cortes el lazo que los une y evites inconvenientes luego.

Toi se levantó, se inclinó en señal de despedida y se marchó sin más. Se sentía desolado e insatisfecho, la idea de irse era la opción más razonable pero no quería eso, la idea de dejar a Kazuki le generaba un enorme dolor.

Siempre se ha visto solo, cada vez que encuentra algo importante lo pierde. Siente que su destino no es la compañía sino el eterno abandono, no esperaba demasiado en esta ocasión pero inconscientemente deseaba más de lo que se le ofrece. Kazuki era una estrella inalcanzable, una añoranza imposible, la misma ya le había recalcado lo insólito de la idea de irse; no porque le gustará la vida que llevaba, sino porque no había vida si se iba del lugar donde creció; no creía en la existencia de algo mejor. Una vez naces se te da un rol que sigues al pie de la letra, no puedes modificarlo o salvarte de ello. Kazuki nació de una Oiran que dejó deudas pendientes, se responsabilizó de Haruka sumando más dinero pendiente y se rodeó de impenetrable mares para que nadie alcanzará su corazón y no permitirse más, era un enigma pero a su vez tan legible. Quería normalidad que decía no merecer, pues no la conocía y de aterraba del desconocido sentimiento que la embarga aquello.

Toi podía entender a la joven, de algún modo encontraba un similitud distorsionada entre ambos. Eran un reflejo turbio del otro. Kazuki era como las estrellas, posee un brillo congelado y solitario que estaba fuera del alcance de cualquiera. Toi de veía a si mismo como la luz de una vela, cálida pero débil, tambaleante ante la brisa gentil, con el tiempo contado por la cera que se agotaba.

El brillo del apartado Kazuki.

La débil luz en el roto Toi.

Para él era una imagen de lo diferente que eran pero lo mucho que de parecían.

— Kuji-kun — Mabu sacudió a Toi, ganando su mirada pensativa. Mabu intentaba averiguar el porque de la expresión de Toi, no recordaba que algo especialmente diferente haya ocurrido.

— ¿Necesita algo? — pregunto.

— Pues... Kazuki-dono va salir dentro de poco, un cliente la ha solicitado. Kazuki-dono pidió que fuéramos nosotros quienes la acompañemos

¿Él? ¿Pero por qué entre tantas personas debía ser él? Suspiró resignado, entendiendo que ese debía ser una especie de castigo por algún pecado de su vida pasada o tal vez el destino no lo quería.

— Está bien, yo voy — afirmó. Mabu asintió, para guiar a Toi al palanquín que ya estaba preparado para recibir a la Oiran. Kazuki, arreglada y perfumada, llegaba con pasos retardados junto a Haruka. Cómo en cualquier momento que salía, Kazuki solo mostraba seriedad, ya era costumbre visitar a otro cliente. Más al cruzar su mirada con asistencia de Toi, pareció contenta y su seriedad colapsó ante una mueca de felicidad.

La joven se montó, tras de ella Haruka que sostenía un abanico. Últimamente ha habido mucho calor anunciando la llegada del verano, así que Haruka no se separaba del abanico por ningún motivo. Con ambas dentro, Toi y Mabu levantaron el palanquín y de pusieron en marcha.

No era la primera vez de Toi cargando el palanquín, pues antes de llevar a cualquier Oiran, debía pasar una fuerte jornada de simulacros para asegurar la optimidad del viaje. Sería desastroso si llevando a una dama no pudiera más y soltará la madera dejando caer tanto a la Oiran como el costoso medio de traslado. Era un trabajo pesado, de eso no cabía duda, pues solo la estructura del palanquín eran diez kilos, ahora de le sumaba el peso de dos personas.

Toi pensaba en cualquier cosa para distraerlo, mientras menos atención pusiera al sudor que se escurría y al dolor de su espalda más rápido llegarían a su destino. Tenía que solo enfocarse en levantar con todas sus fuerzas, aún cuando sus músculos dolieran y sus huesos crujieran. Solo debía cargar el palanquín hasta la casa de algún burócrata y esperar la salida de Kazuki.

El camino para salir de la zona roja de la ciudad era largo, pues los habitantes de Yoshiwara debían permanecer ahí, más si por algún motivo debían salir lo más conveniente era evitar la seguridad, la mayoría de los residentes de Yoshiwara era ilegales y marginados, a estos no se les permitía mezclarse con los demás. Por ello había una ruta marcada dónde la ley no tenía sus ojos, este paso era la vía más larga pero conveniente. Eso hacía el recorrido en palanquín más traumático.

— Ya llegamos — como palabras milagrosas, Mabu anuncio el final del recorrido. Toi pudo descansar, dejando un jadeo de alivió escalar mientras bajaba el palanquín.

— ¡Toi! ¡Toi! — para su horror, Kazuki gritaba con histeria desde el interior del palanquín. Mabu y Toi se alertaron, pero antes de que Mabu se moviera, Toi ya se había lanzado a ver qué ocurría.

— ¡Kazuki! — desplegó la cortina de seda roja, buscando a Kazuki, que a su vista está en perfectas condiciones. Kazuki se balanceo para pasar sus brazos por sobre los hombros de Toi y rápidamente unir sus labios en un casto beso. Toi cae de espaldas con el cuerpo de Kazuki sobre el de él, está era la segunda vez en el día que Kazuki lo acorrala y besa. Mabu fue quien levantó a Kazuki, ignorando el beso.

— No debiste gritar así, nos alarmaste — Mabu le miraba con reproche, más Kazuki solo sonreía.

— Perdona — dijo como si nada. Mabu no contesto, sabiendo que Kazuki no lamentaba nada.

— Vas tarde. Toi ponte de pie — el muchacho obedeció, parándose y saltando lejos de Kazuki, evitando cualquier otra sorpresa. Haruka, que había visto todo desde el interior del palanquín, se bajaba cuidadosa para ponerse a un lado de Kazuki. La dama, acompañada de su caravana llegó hasta la puerta de la casa del burgués. Este la recibió, únicamente a ella. A los otros les cerró la puerta sin nada que comentar.

Con Kazuki ausente y dos enfurecidas personas a su lado, Toi de esperaba lo peor al momento de regresar con el palanquín.

— ¿¡Eso que ha sido?! — exigió saber Mabu, se denotaba su incómodidad e incluso la vergüenza.

— ¡¿Que hay entre vosotros?! — Haruka se veía preocupada y rebosante de rabia, la niña daba la impresión de que en cualquier momento saltaría a rajar su cuello con un cuchillo.

— No es lo que parece — intento hablar Toi.

— ¡Uy, claro! ¡Porque obviamente, su gracia solo se tropezó y coincidentemente la atrapo!

— ¡La culpa la tienes pintada en rojo! — Haruka señaló con acusación los labios de Toi, que se habían manchado un poco con la pintura de Kazuki. El joven paso el dorso de su mano sobre su boca, buscando borrar la pintura, su cara estaba sonrojada y la vergüenza le consumía.

— No sé... — su voz tembló un poco al hablar, no podía explicar aquello cuando ni el mismo esta seguro.

Mabu y Haruka se calmaron, intentando procesar lo visto.

— No debes olvidar tu lugar — comentó Mabu —. Ni tampoco la posición de Kazuki.

— Kuji-kun, esto es mucho más grave de lo que parece — explicó Haruka. Toi bajo la mirada.

— Lo sé — se limito a contestar —. Prometo que no sucederá nuevamente — aseguró, más las miradas de Mabu y Haruka mostraban escepticismo. Algo que, por supuesto, molesto a Toi — ¡Lo juro!

— ¡Ah! No, no se trata de ti — se apresuró a decir Mabu —. Creo que es imposible que cumplas eso, especialmente cuando se trata de Kazuki-dono.

— Lo evitaré — insistió Toi.

Pero las palabras son fáciles de dejar con el viento. Tal como Mabu y Haruka habían sospechado, a Toi no le quedó fácil tratar con el potente Kazuki.

Cada vez que se cruzaban la Oiran lo detenía para conversar y cuando Toi se encontraba inadvertido, sus labios atacaban sin escrúpulos los de Toi hasta saciarse, dejando a Toi consumido en pena mientras, alegremente, se alejaba.

Cuando Toi limpiaba el jardín, Kazuki aparecía por detrás y lo abrazaba, a primera vista era un gesto inocente y dulce pero en realidad estaba cargado de negras intenciones. Kazuki se pegaba en exceso a Toi y luego lo desconcertaba al morder el helix de su oreja, para finalizar con una limpia lamida en el lóbulo e irse saltando. Toi por supuesto, acababa con escalofríos y paralizado.

Cuando Toi descansa en el quiosco del patio, Kazuki desde el pórtico de la casa le llamaba y una vez Toi tenía su atención, le mandaba besos nada disimulados. Y Toi acababa colorado.

Sumando al nada sutil juego coqueto de Kazuki, las demás Oiran habían notado –dificilmente no lo harían con lo poco disimulada que es Kazuki– aquella entretenida circunstancia y se unieron al tormento de Toi. Ahora, toda la casa del Kappa se ponía patas arribas con la presencia de Toi, pues las cortesanas que nunca habían tenido a su alcance a un chico tan retraído como Toi, se divertían al descaradamente jugar con él. Todo era una inocente diversión para ellas pero un agonico martirio para Toi. Pues también se unen las traviesas Kamuros.

— ¡Es Kuji-kun!

— ¡Ahora!

Las pequeñas, que jamás habían corrido o reído cuál niñas, saltaban alegres en estampida hasta Toi. La que iba de primeras aprovechando que Toi traía las manos ocupadas con cajas llenas hojas de té para, rápidamente, levantarle el kimono a Toi.

— ¡Oye! — grito Toi enojado, tras de esa pequeña, dos más llegaron dándole una nalgada a Toi — ¡Hey! — las niñas reían por su travesura mientras se alejaban corriéndo, otra vez la cara de Toi estaba roja entre el enojo y la pena.

— ¡Niñas, dejen de fastidiar a Kuji-kun! — Mabu llegó, quitándole una caja a Toi para ayudarle. Las pequeñas seguían riendo y de fueron al jardín trasero sonrientes —. ¡Cielos!— Mabu miro de reojo a Toi, el chico apretaba los dientes impotente y sonrojado. Mabu coloca una mano sobre la cabeza de Toi —. Perdonalas, son pequeñas y nunca se habían divertido tanto.

— ¿A costa de mi dignidad? — refutó Toi, que se sentía terriblemente acosado.

— Es que Toi es adorable, Dish — Sara llegó por las escaleras con una sonrisa, a su lado iba Akane, que se mantenía inexpresiva. Toi y Mabu hicieron una media reverencia en señal de saludo.

— Señoras — dijeron al unión.

— No es necesario ser tan formal, Dish — Sara agitó su mano sonriente.

— Kuji-kun — Akane se dirigió a Toi, que se tenso expectante ante la voz serena de la mayor de las Oiran —. Ojalá no sientas rencor por mis discípulas, pido disculpas por los problemas que te han causado. También quiero mostrarte mi gratitud por hacerlas tan dichosas está semana — Akane acarició la mejilla de Toi con gentileza, en un gesto maternal que no hacía avergonzar a Toi sino que le relajaba.

— No pasa nada Akane-dono, sus niñas son encantadoras — Toi desvío los ojos, mintiendo con respecto a su situación. Pero le era imposible decir algo encontrá de aquellos ojos grises tan puros.

— Me alegra escuchar eso — Akane torció sus labios en una pequeña sonrisa.

— Pero aún así — Sara hablo —. Hablaré con las chicas para que dejen de molestarte — aseguró Sara con seriedad, Toi estaba por agradecerle, pues sería algo que apreciaría mucho.

— ¡Espera, mi mujer ideal! — interrumpió Keppi, llegando de sorpresa. Sara sonrió soltando un suave "príncipe" para ir a abrazarlo —. Aunque me parece terrible el constante acoso que Toi está sufriendo estás últimas semanas, no podemos cesar — anunció —. La crisis en los burdeles es catastrófica, las geishas están ganando territorio descoronando nuestro negocio, kero — explicó Keppi —. Pero hemos ganado fama desde que nuestras damas se ven más amenas, ya no parecen máquinas de sexo y eso se debe a una cosa — señaló a Toi —. Desde que te fastidian, son más felices y naturales en su labor ¡A los clientes les encanta! No podemos detenerlo, kero.

— Señor...

— Se que te estoy pidiendo algo difícil, pero si es posible no pongas resistencia. Aumentaré tu sueldo como compensación — fue todo lo que Keppi dijo, Toi realmente no quería el dinero, no valía la humillación. Acabo por asentir de mala gana, recibiendo un suspiro de conformidad por parte de Keppi. Que de retiró siendo seguido por Sara, que solo vio con pena a Toi.

— ¿Estarás bien? — pregunto Mabu preocupado.

— No pasan de los pellizco, podré sobrevivir.

— La dignidad de un hombre, jamás debe ser comprada — Akane se alejó, con pasos agraciados y lentos. Toi apretó los labios.

— Toi, siempre está de pie mi propuesta. Tengo un amigo que puede recibirte o ayudarte a encontrar posada — recordó Mabu, Toi negó.

— Estoy bien así, debo llevar esto al despachó de Keppi — declinó Toi la oferta, confiaba en él amigo de Mabu, Reo era una excelente persona de la completa confianza y admiración de Mabu. Pero no quería causarle más molestias. Ya tenía bastante con haber recibido su ayuda hace ya tres años.

Luego de llevar las cajas, Toi agradeció a Mabu que se retiró a continuar sus labores. Toi por su parte, quedó sin saber que hacer. No de atrevía a pasar por el restaurante de Hekima, ya sabía que no era muy bien recibido, la mujer insistía en que se fuera. Al verlo, la mujer arrugaba el gesto con disgusto.

Dos chicas pasan por su lado, una era Yuki cuyo rango es sansha y su compañera se llama Jin la cual pertenece al rango heyamochi. Yuki tocó el hombro de Toi, haciendo que su vista girase en su dirección, se atrevió a plantar un beso en la pecosa mejilla de Toi. Mientras Jin, llegó por el otro lado y sujeto la nalga derecha de Toi. Se alejaron rápidamente, riendo al ver el desconcierto y vivo rojo en el rostro de Toi.

Toi se alejó, tambaleante, aquello algunas veces pasaba, entre dos o tres lo engullen en perversas bromas con tal de dejarlo indefenso.

Toi fue sujetando por detrás, tirado de su espalda arrastrándolo a una de las habitaciones del pasillo.

— ¡Cielos! — Kazuki se quejó cerrando la puerta y obligando a Toi a sentarse en frente de ella —. Solo me descuido un momento y ya creen que pueden abusar de tí ¡Insólito! — exclamó con enojó.

— ¡Esto es principalmente culpa tuya!

— ¡¿Mía?! — se señaló — ¡¿Por qué mía?!

— Desde que ven tu perverso juego lo han imitado, no me dejan en paz.

— ¡Que yo lo haga es diferente! — Kazuki, como malacostumbra, se tumbó sobre Toi para que el se recostara en el suelo —. Tú me perteceneces — marcó autoritaria.

— ¿Cómo? ¡¿Ahora resulta que soy propiedad privada?!

— ¡Si! — chillo inflando las mejillas, Toi no podía creer lo que Kazuki decía ¡Eso era insano!

— Kazuki, ya dejemos esto ¡Para las bromas! — Toi quiso quitar a Kazuki de sobre él, pero Kazuki lo retuvo poniendo su mano sobre su pecho.

— ¿Por qué crees que bromeó con esto? — pregunto con seriedad. Aquello alertó a Toi, que sintió un tirón dentro suyo. Un amargo sabor se quedó en su boca al ver el temple de Kazuki — Toi... — el ronroneo de su nombre se dió tan natural, Toi se estremeció con el suave contacto de Kazuki al momento que tocó su mejilla —. Eres tan lindo, quiero guardarte para mí — confesó recostandosé sobre el cuerpo de Toi, restregandose un poco.

— ¡Oye, oye, oye! — Toi sostuvo la mano de Kazuki, que se intentaba colar por el borde del kimono de Toi —. No puedes hacer eso ¿Te das cuenta?

— ¿Por qué? — Kazuki uso su otra mano para soltar el Obi de Toi, que se abrió de par a par dejando que el kimono de apartará del pecho, exponiendo su blancura —. Hago esto con hombres que me pagan ¿Por qué no puedo hacerlo con él que me interesa? — balanceó su cuerpo para que el peso de este volviera a dejar a Toi contra el suelo, sus piernas se enredaron enredaron en las de Toi, aprovechando el movimiento de su cuerpo, presionaba con la rodilla la entrepierna de Toi.

— ¡Kazuki! ¡Ya para! — Toi miraba los profundos ojos rojos de Kazuki, cargados de deseó —. No hagas eso.

— Eres el primer hombre que me pide parar — comento en un hilo de voz, Kazuki pasea su mano por el pecho de Toi. La piel de Toi daba la sensación de ser dura y curiosamente se encrespa ante el tacto, el nerviosismo le había puesto la piel de gallina a Toi —. Siempre me dicen que toque más, que me mueva más rápido — se inclinó, abriendo sus piernas con la intención que quedarán a los costados de las caderas de Toi. Permitiéndole al miembro de Toi apenas tocar la tela que cubría la parte baja de Kazuki —. Generalmente, me desvisten ¿Quieres que está vez lo haga yo?

— ¡¿Que?! ¡No! ¡Kazuki! — Kazuki tenía sus manos sobre el Obi con la intención de soltarlo. Era bastantes curioso, las novias solían usar el Obi que se ata por delante para su noche de bodas; cuando esté se usaba siendo atado por detrás; pero las Oiran usaban el Obi de tal modo con la intención de desvestirse y vestirse con velocidad, pues su trabajo implicaba que la ropa no se quedaría mucho tiempo. Ellas eran las novias en espera, las compañeras nocturnas de una vez, se podría decir que las Oiran eran las amantes de una sola noche. El Obi era mucho más que un accesorio que sujeta las capas de telas de los inmensos kimonos, era la marca de aquellas amantes nocturnas.

Kazuki deseaba ser la novia de Toi por un segundo, que le permitiera convertirse en la mujer que tanto amaría por esa vez. Pero no entendía ¿Por qué Toi se negaba? ¿No lograba atraerlo por falta de algo? ¿Que era lo que necesitaba Toi para ser suyo?

— Toi, yo...

— ¡Que pares! — Toi dejo que su mano fuera en contra de la mejilla de Kazuki, abofeteandola. Uso la fuerza suficiente para que se apartará y caiga a un lado. Toi se arrepintió de inmediato ante el ruido seco de la caida, miro con horror su mano —. ¡Kazuki! — se acercó, no pudo ni ayudarla a ponerse recta cuando Kazuki se había enderezado.

Kazuki mantenía un gesto inexpresivo, acariciando la mejilla golpeada con delicadeza. Giro un poco su cuerpo hacia Toi, el Obi que estaba flojo se soltó por completo y dejo que el kimono se abriera. Toi no daba crédito a lo que veía, Kazuki carecía de senos, en su lugar tenía pectorales y un cuerpo cuadrado. Toi inconscientemente bajo la mirada, aunque las piernas de Kazuki estaban juntas, entre ellas sobresalía un bulto.

Toi estaba sin habla, no podía gritar como se esperaría, tampoco reaccionar con algún ademán. Todo este tiempo y Kazuki resultó ser un hombre. Toi lo conoce desde hace tres meses, casi cuatro; han convivido, reído y bromeado como iguales. La idea de que Kazuki fuera un chico jamás se le atravesó por la cabeza.

Kazuki sonrió con amargura.

— ¿Es repugnante, no? — preguntó a lo bajo —. Soy raro, un bufón. Apuesto que te da asco verme ahora — volteo su rostro, conteniendo lágrimas que deseaban desbordarse —. Este es el secreto de mi clientela, el éxito de mis servicios. Me visto de mujer para que hombres igual de raros que yo sacien sus más sucios deseos con mi cuerpo. Yo no soy como ellas, jamás podré ser igual de hermoso o talentoso...

Los ojos de Kazuki se nublan en medio de la tristeza, llorando destrozado al verse descubierto. Pensando con claridad las cosas ¿Que se le había ocurrido? ¿Que cuando Toi viera su pene no se espantaría? ¿Realmente pensó que podría hacer algo con Toi aún cuando era otro hombre?

Fue una locura creer aquello.

Hanako había tenido un bebé varón, que escondió como una niña todo ese tiempo. Kazuki vivió siendo tratado como "ella", aún cuando todos dentro de los muros del burdel conocían el secreto bajo su ropa. Bueno, todos menos los lacayos. Kazuki recordó a Mabu, cuando Kazuki iniciaba como Yuujo y con el suicidó de su madre reciente, Akane quedó a su cuidado por el día, mientras Mabu le enseñaba por la noche.

Mabu anteriormente atendía clientes vestido de Oiran, así como él. En la casa del Kappa siempre ha habido una cortesana que en realidad es hombre que se hiciera responsable de una selecta clientela, todos hombres casados e infelices que escondían su preferencia sexual por otros hombres, pues que dos hombres estuvieran juntos era mal visto e iba contra el pensamiento budista.

Kazuki limpio sus lágrimas, el maquillaje se le corría por culpa de las saladas lágrimas. Debía retocarse.

— No te juzgó si ya no quieres tener nada que ver conmigo, me alegro de haberte conocido — Kazuki arreglo su kimono, cubriendo su desnudes, tomo el Obi y lo ajusto alrededor de su cintura. Antes de poder pararse Toi le había tomado de la mano y jalado a su dirección, abrazo a Kazuki con fuerza, apretándolo contra su pecho.

— No importa si eres hombre o mujer — dijo Toi —. Tu eres tú sin importar que tienes entre las piernas.

— Toi... — Kazuki musitó —. Soy una persona sucia, no deberías abrazarme.

— ¡Cállate un rato! ¡¿Quieres?! — lo apretó más contra su cuerpo, Toi no sabía que pensar al ver que Kazuki era un chico, pero sabía que no importaba si lo era, verlo llorar generaba en él angustia. Si Kazuki sufría no podía estar tranquilo.

— Toi, suéltame — pidió Kazuki.

— No quiero, me quedaré así por siempre — sentenció Toi.

— Toi, por Dios...

— Buda siempre me dió la espalda ¿No? Pero finalmente hace algo bueno cuando me puso frente a tí, tu eres lo más hermoso que he tenido en la vida, si te suelto, me dará miedo que te vayas lejos — Toi hundió su cara en el espacio entre el cuello y el hombro de Kazuki. Olía a flores, sudor y maquillaje —. Quiero estar cerca de tí ¿Acaso no te prometí llevarte al exterior? Recientemente pusieron un puesto de algo llamado helado, es hielo con sabores frutales ¡Es delicioso! Debes probarlo, quiero que vayamos juntos.

Kazuki sería su corazón latir con fuerza, también podía sentir el corazón de Toi contra su pecho. El latido de sus corazones acelerados de sincronizaba, creando un sonido de retumbar magnífico. Kazuki lloró en silenció, pero no entendía porque, si estaba tan felíz; sus lágrimas no se detenían mientras sus labios se curvean hacía arriba, dibujando una sonrisa en su rostro.

— ¡Toi! — abrazo a Toi, llorando de felicidad, no entendía como antes había podido vivir sin él. Pues en esos momentos sentía que no podría alejarse nunca de su lado.

Había pasado un mes desde que Toi se enteró que, no solo Kazuki sino también Haruka, son hombres. Kazuki se limito a explicar que era algo normal en la casa del Kappa y que la clientela que los seleccionaba era de la confianza del dueño.

Las cosas habían cambiado un poco —¡Bastante!— para Toi. Ya no era acosado por las Oiran, a las cortesanas se les hacía imposible molestarlo cuando Kazuki se la pasaba junto a el todo el tiempo que podía. Era como ver a un pollito recién nacido tras una gallina, Kazuki se mantenía siempre a un metro de Toi, aún cuando las getas le hacían difícil caminar a paso rápido, Kazuki se las ingeniaba para no perder de vista a Toi. Si debía atender a algún cliente dejaba a Haruka vigilando a Toi, que se encargaba de informar si alguna Oiran moletaba a Toi, llegando a ser el caso de que si...

— ¡Señor! ¡Kazuki ha vuelto a colocar ranas en mi futón! — chillo Yuki, la cual no había desistido a sus coquetos juegos con Toi, más que nada para molestar a Kazuki que era más popular que ella.

— ¿Yo? — Kazuki pasó por un lado de Yuki, mientras su rostro se mostraba reflexivo, como si de verdad buscará recordar haber hecho lo que se le acusaba —. No fui yo

— Si Kazuki-dono dice que no ha sido a ella, entonces ella no fue Yuki-dono — dijo Keppi tranquilo, Yuki zapateo enojada, las pesadas getas resonaban ante la histeria de Yuki que se alejaba enfurecida. Keppi miro a Kazuki — ¿De dónde sacaste esas ranas?

— Le pedí a Reo-san que las buscará para mí — rió satisfecho. Ya le había advertido a Yuki que parase el juego con Toi, pero se mantenía rancia ante sus peticiones. Cómo la buena manera no funcionó, Kazuki tuvo que tomar contramedidas.

Con el temor de que Kazuki no se contendría con aquellas que fastidiara a Toi, se había proclamado la única persona con el derecho de ver las mejillas pecosas sonrosadas.

En cambio Toi, aunque las Oiran habían parado sus compañeros se burlaban de él de forma amistosa, siempre le codeaban al momento que aparecía Kazuki o le insinuaban la sonrisa que pintaba al hablar con Kazuki. Pero Toi no se sentía incómodo, solo se limitaba a ignorar a sus compañeros.

— Han pasado cosas interesantes desde que llegaste — dijo Kazuki sonriente, Toi asintió, sus pensamientos vagaban a su primer encuentro, recordando de forma inconsciente la formalidad de Kazuki al hablar. Ahora, no solo era más relajado sino atrevido; levantaba la voz, corría levantando su kimono para no tropezar con la tela, ya nunca llevaba getas si se encontraba en la casa y comía con mayor velocidad. Todos sus buenos hábitos se habían perdido cuando estaba en confianza ¡Ah! ¡Pero con la clientela era tan sobrio! Fingiendo profesionalismo —. Toi, he estado pensando bastante esto... — confesó Kazuki — ¿Y que tal si me cortó los dedos? — comento —. De ese modo ya no seré de utilidad para Keppi y podría irme.

— Podrían ejecutarte — recordó Toi, Kazuki solo sonrió ampliamente.

— ¿Verdad? Sería tan trágico, morir por enamorarme — recostó su cabeza sobre el hombro de Toi, rió con suavidad al sentir a Toi ponerse rígido —. Dime Toi ¿Para tí soy una chica o un chico? — cuestionó ansioso, Toi cambio su gesto a uno pensativo incluso hacía sonidos secos, como si estuviera meditando con meticulosidad la pregunta. Cuando giro su rostro hacia Kazuki, este espero emocionado su respuesta.

— Eres prostituta — aquello fue como agua helada para Kazuki, observo con irritación a Toi.

— ¡¿Solo eso?! — chillo descontento.

— ¿Se supone que debo decir algo más? — Toi se mostró confundido.

— Eres tan incomovible, no sabes leer el ambiente — refutó Kazuki con decepción.

— Kazu-chan — Haruka llegó por detrás, sacándole un respingo a Toi que no de esperaba la presencia del niño. Kazuki le miro interesado —. Kazu-chan, una carreta en nombre de Enta-kun vino por ti.

— ¿De nuevo? — se quejo Kazuki, anteriormente Enta venía a visitarlo para rememorar viejos tiempos una vez al mes o con suerte dos veces, desde que consiguió un puesto fijo como sirviente a sueldo de un daimyō que no era tan poderoso, sin embargo, un daimyō sigue siendo un daimyō sin importar qué tan bajo este en su jerarquía interna. Kazuki había sido solicitado tres veces por semana desde el inicio de mes, era inconcebible que Enta lo desgastará de ese modo en sus largas conversaciones sobre su ahora nuevo cargo —, diablos, déjame respirar — se puso de pie, tomo las getas que había apartado y de preparon para alistarse al tomar un gran bocado de aire, aún cuando Enta le había comprado instrumentos para sus visitas rara vez los había lucido, era una pena, el Koto que Enta le obsequio era precioso —. Entonces me retiro.

— Que te vaya bien — Kazuki se inclinó, tomo la cara de Toi con una mano y le besó una mejilla para retirarse. Toi desvío la mirada, evitando ver al burlón Haruka que sonreía divertido.

— Cuando tú guardiana no está cerca, te ves tan desamparado que me da ánimos de acercarme — la voz firme de Akane se presentó, la mujer caminaba con sus Kamuros una a cada lado. Los ojos grises de Akane giraron hasta Haruka, el cuál de mantenía alerta —. En parte.. — resaltó manteniendo distancia de Toi, sabiendo que Haruka era el fiel mensajero de su discípulo más curioso.

— Buena tarde, Akane-dono ¿Le puedo ayudar en algo?

— Realmente en nada, solo pasaba y distinguí su dulce despedida — comento —. Me preocupas tu, en su lugar.

— ¿Yo? Akane-dono, creo que no hay motivos para ello.

— ¿No te has dado cuenta aún, no es así? — Akane sonó afligida al mencionar aquello, Toi se extrañó con aquello —. Toi ¿Estás bien con que Enta pase tanto tiempo con Kazuki? — Toi comprendió a lo que la mujer de refería, o bueno, más o menos captó lo que trataba de decir.

— No se trata de si me importa o no, este es su deber y no puedo interponerme — respondió, por primera vez en sus cinco meses de estadía en la casa del Kappa, Toi vio una expresión diferente en Akane: sus pupilas de habían dilatado hasta el punto de que apenas se distinguían en el profundo grisáceo de sus ojos, su cejas se encorvan arrugando el entrecejo, sus labios estaban apretados y notables marcas en sus mejillas de presentan. Ese, era el rostro de una mujer enfurecida.

— ¿Y eso es suficiente? — pregunto con voz áspera, las Kamuros se estremecieron aterradas ante una faceta que no conocían de su superior, Toi estaba estático ante la imponente figura llena de elegancia y enojó, solo Haruka reaccionó echándose para atrás con temor.

— Akane-dono — pronunció, la mujer esperaba una respuesta impaciente. Toi no se contuvo y respondió —. Es lo que Kazuki prefiere.

— ¿Y cómo sabes eso? — Toi se veía acorralado cada vez más por Akane, que parecía triplicar su tamaño con cada palabra. La potencia que esa mujer desprendía no era normal, estaba fuera de sí.

— Él así lo espera, ya estamos resignados a continuar de este modo — aseguro, Akane le miro con una aterradora frialdad. Pero de un segundo a otro, la mujer volvió en si, suspendiendo su enojo y cambiando lo por tranquilidad.

— Luego no quiero verte lamentando — se empezó a mover con lentitud para retirarse, no sin antes volver a hablar —. Las cosas cambiarán acá...

Toi no la observó, solo percibía los pesados movimiento y el chasquido de las getas de Akane al alejarse. Cuando ya no escucho más el pesado paso de la Tayū, fue como volver a respirar.

— ¿Pero a qué se refería? — Haruka, llamado su atención, soltó un pequeño balbuceó. Al contemplarle, notó que parecía querer decirle algo, más no de atrevió. El niño, jugaba con sus dedos para desviar su vista, como si le hubieran regañado. Toi tampoco entendió aquello.

— Deberías prepararte — pronunció Haruka.

— ¿Prepararme? — pregunto Toi, Haruka se alejaba a paso sosegado.

— Para la tormenta...

Toi había quedado aún más confundido, parecía que había algo que todos veían y que el ignoraba. La actitud de Akane era alarmante en ese momento, pues si era tan preocupante para hacerla enojar debía ser bastante serio. Pero ¿Él en algo te fría que ver? Era evidente que Kazuki si, y que por tanto, le afectaba a él ya sea directa o indirectamente.

No es que le interesará saber, pues por lo general buscaba alejarse de los problemas –aunque parece que mientras más los evadía, más pronto llegaban a él–, en especial si Kazuki era el detonante de ellos. Aunque sabía que acabaría enredado conjunto a él, pues así era lo suyo: Kauzki hacía algo y lo metía a él para que ambos llevarán en parte iguales un buena reprimida.

Antes de darse cuenta, ya era tarde por la noche. Se extrañó de que a esas alturas aún no llegara Kazuki, pues sus servicios, como mucho, se extendía dos horas. Toi había adquirí el hábito de esperar a Kazuki fuera de la casa de lacayos, saludarlo y dejarlo ir a dormír; le tranquilizaba verlo llegar bien y ya no podía parar de hacerlo; pero ese día estaba demorado. La preocupación rasgaba la piel de Toi, pronto se veía rascando su cuello o brazo en una contracción de pesadumbre, incapaz de controlar su ansiedad empezó a caminar en círculos.

— Hombre, relájate un poco — hablo uno de sus compañeros.

— Ella está bien, está con un renombrado Samurai ¿No? — dijo otro.

— ¿Renombrado? Ese enano es muy nuevo todavía, solo tiene buen estatus por ser guardian de un Daimyō — sus compañeros miran con reproche al chico que no sabía entender la situación ¡Estaban tranquilizando a Toi, no sacándole más canas!

— Muchachos — Mabu llegó, sus brazos están cruzado y lleno de severidad ordenó en un gesto de cabeza que regresarán adentro. Una vez los chicos adentro, Mabu observo a Toi, que seguía en su tic nervioso. Se acercó calmado, sujetando el hombro de Toi con firmeza, transmitiendole confianza.

Toi subió la mirada hacia Mabu.

— ¿Por qué ha tardado tanto? — cuestionó inseguro ¿Volvería? ¿Le había pasado algo? ¿Se encontraba bien?

— Kuji-kun, Kazuki está en buenas manos — aseguro Mabu —. Pero hay veces que una cortesana desempeña su labor demasiada bien — comentó estoico.

— ¿De qué hablas? — cuestionó Toi —. Todo el día ha parecido que me esconden algo, algo que es evidente y que yo no entiendo ¿Que pasa acá? —. Mabu tomo aire, sabiendo que sería el el responsable de explicar aquello ¿Por qué será que siempre le tocaba tratar con adolecentes cabeza dura?

— Como sabes, que una cortesana salga de la zona roja es casi imposible: se abstienen a rigurosos contratos y deudas exorbitantes, que las absorben el resto de su juventud — contó —. Con la popularidad de las recientes geishas femeninas, la era de sus predecesoras acabará eventualmente — explicó con paciencia —. Para mantenerse y como un ritual entre ellas hay dos cosas que pasan tanto las Oiran como más geishas — levantó un dedo y explicó —. El mizuage, que es el paso de una aprendiz a una Oiran o Geisha; la diferencia es la discreción que muestra las geishas.

— ¿Y el segundo? — cuestionó Toi, suponiendo que sería ese el que le interesará.

— Un Danna — tajo a decir, Toi no entendía, jamás había escuchado hablar del Danna ¿Era un ritual, acaso? —. El Danna, podría ser considerado un marido no oficial, costea toda la vida de la dama y de responsabiliza de su deuda. A cambio, debe recibir un trato especial por parte de o bien sea la geisha o...

— La Oiran — musitó Toi —. Enta quiere ser el Danna de Kazuki — Mabu no respondió, solo le miro fijamente.

— Son raros los casos que un Danna es joven — dijo Mabu —. Más no imposibles. Enta tuvo una fuerte ventaja, supongo yo.

— Pero entonces, si Enta se vuelve su Danna ¿Kazuki...?

— Se iría, lógicamente — Mabu no tenía restricciones al hablar, solo era sincero con Toi. Que estaba apunto de colapsar en tristeza.

Mabu sabía que ya había hecho bastante, ya sea para bien o para mal había enclarecido a Toi que era su único motivo. Se dió la vuelta, ese día fue cansado y deseaba dormir, aunque no sabía qué tan bien podría descansar con la incertidumbre que le causó Toi.

Cómo si fuera obra del destino, la carreta que Enta mandaba para que llevara y trajera a Kazuki llegaba. Toi se apresuró a recibir a Kazuki en la entrada, cuando el conductor y Keppi se encontraban hablando. El conductor volvió a la carreta y se alejó.

— Kazuki — Toi se acercó, Keppi permitió que se tratarán dándoles espacio. Kazuki estaba pasmado, su piel estaba fría al tacto y sus ojos perdidos. Instintivamente, busco a Toi, queriendo refugiarse en el pecho del chico. Su mano dió con el hombro de Toi, y guiandose por el largo de su brazo, Kazuki se acercó y escondió en rostro en el cuello de Toi.

— Esto no es justo — musitó.

— ¿Que te ha dicho? ¿Que te ha hecho? — Toi le abrazo con fervor, temiendo que al soltarlo, Kazuki se extinguiera frente a sus ojos. Kazuki no hablaba, solo temblaba, eso desesperaba a Toi, más no se atrevía a forzarlo a hablar.

— Toi, por favor acompaña a Kazuki a su cuarto — pidió Keppi, Toi asintió. No se alejo de Kazuki en su trayecto hasta llegar a la habitación de Kazuki. Toi incluso lo acompañó dentro, aunque hubiera querido dejarlo, Kazuki no lo hubiera permitido, lo sujetaba con mucha fuerza para evitar que lo dejará.

Dentro, Kazuki y Toi se sentaron en el futón de Kazuki, cuidadosos de no despertar a Haruka.

— Corta mi mano — dijo Kazuki en medio de su trance —. Si lo haces, entonces me dejarán en paz.

— Kazuki, la mutilación no es la opción — Toi acaricio el rostro de Kazuki —. Debes pensar con claridad esto.

— ¿Pensar qué, Toi? Enta se ha embriagado de poder, se ha empoderado de un pedestal que no es suyo — hablo con voz temblorosa.

— ¿Cuándo vendrá por tí?

— Mañana hablara con Keppi para llegar a un acuerdo — respondió Kazuki, Toi elevó la vista. Las palabras de Akane se le vinieron a la mente como un rayo destructivo.

— ¿Y si llegan a algo? — pregunto Toi.

— Me iré la próxima semana... — lágrimas se deslizaban por el rostro de Kazuki —. No quiero eso, no te veré más — gimoteo. Toi sujetaba los hombros de Kazuki, que seguía llorando sin parar.

— Está bien Kazuki, estoy aquí.

— ¡No! No está bien, nada estará bien hasta que me quite la mano y el pie — Kazuki insistía en mutilar su cuerpo, algo que empezaba a irritar a Toi.

— ¿Por qué insistes tanto con eso? No te dejare hacerlo — sentenció.

— Pero...

— No Kazuki, arruinar tu cuerpo no evitará que Enta este loco por tí — lo junto a su pecho, Kazuki suspira irritado. Toi pensaba en una manera, cualquier forma de superar aquello. Más nada se le ocurría, de hecho, mientras más pensaba, más se daba cuenta de que lo mejor para Kazuki podría ser estar con Enta.

Al lado del joven samurai definitivamente nada le faltaría, Enta aún era joven y seguía bajo la tutela de alguien, pero pronto ascendería y ganaría una posición. Podría darle a Kazuki tantas cosas: buena comida, ropa cara, instrumentos musicales e incluso una casa. Toi se aferró más a Kazuki, sin saber de qué otro modo sacar la frustración que le causaba pensar aquello.

— Kazuki — el mencionado respondió con un jadeo contenido — ¿Recuerdas mi promesa?

— ¿Te refieres a la absurda proposición de hace cinco meses? ¡Como olvidar semejante locura!

— Hagamoslo

— ¿Qué?

— Antes de que Enta te lleve, fuguémonos — Toi dijo con tal seriedad, que Kazuki presentía que ya no eran simples palabras que el viento se llevaría.