Kazuki no podía decir que su vida fue dichosa, pero tampoco era una vida dura: siempre tuvo comida, su patrón y la esposa de este eran personas amables, sus compañeras lo trataban con formalidad, nunca fue obligado a nada y todo es una consecuencia de sus acciones.

Su vida como varón fue cortada cuando cumplió seis años, su madre le prohibió cortarse el pelo, en esos momentos no tenía inconvenientes y no veía que fuera raro tenerlo largo, pronto se dió cuenta de que algo estaba cambiando. Su madre actuaba con cautela, siempre le estaba reprendiendo su actitud y le decía que ese no era un comportamiento apropiado, se vio obligado a aprender etiqueta y todo a su alrededor paso a ser riguroso.

A los diez años su madre le entrego el kimono rojo que representaba su inició como Kamuro. Al principio Kazuki se cuestionó bastante el hecho de que siendo un niño, se vistiera y actuará como niña, pero temiendo a qué le castigarán como todas las veces que actuaba con salvajismo no dudo en colocarse el maquillaje y vestir el Kimono. Desde ese momento, paso a convertirse en una niña, en su entorno se le prohibió referirse a si mismo como niño al hablar y le empezaron a dar lecciones de canto, baile, poesía, música e incluso aprendió a contar chistes. Todo lo necesario para moldearlo a una bella Oiran.

Kazuki nunca entendió aquel pesado procedimiento, no lo veía como algo anormal tampoco, en su entorno solo había mujeres y todas hacían lo mismo que él o su madre. Pero cuando un día, un cliente regular de su madre la solicito y el asistió como su Kamuro acompañante. Se sorprendió a encontrar a un niño de su edad, que estaba bastante impasible, el rato su madre se la pasó actuado para el caballero y su esposa el estuvo a un lado del niño.

En cierto punto, se le ocurrió preguntarle a hombre si podía jugar que el niño. A su madre casi se le sale el corazón por la boca mientras el inocentemente buscaba permiso para retirarse. El hombre rió y les dejo marcharse, Kazuki recuerda haber llevado a Enta al patio de la enorme casa.

— Los muros de aquí no son tan masivos — expreso Kazuki observando las murallas grisáceas que rodeaban la propiedad, eran visiblemente más bajos y delgados que los que rodeaban su hogar, también eran de un tono gris más claro y por alguna razón no daba la sensación de ser prisionero del ambiente sino que se amoldaba al entorno.

— ¿Por qué querías venir acá? — pregunto Enta en un tono bajito.

— En mi hogar no hay árboles ni arbustos como estos — señaló el único árbol que decoraba el jardín y los arbustos que rodean la casa —. El jardín es mucho más hermoso.

— Tampoco es la gran cosa — dijo Enta. Kazuki de giro a verle, sus ojos rojos estaban decorados con pintura negra haciéndolos resaltar más, con el brillo del sol el rojo de sus ojos parecía ser más brillante y ser rodeado por un halo rosa opaco. Su largo cabello castaño estaba sujeto por dos pinzas rojas a cada lado en forma de esquís.

— ¿¡Ah no!? — exclamó Kazuki dudoso de las palabras de Enta, a él le parecía un jardín muy bello. Enta contempló la lindura de Kazuki iluminada a la luz del sol, se veía como un ser celestial. Por un momento, Enta se quedó sin habla, preguntándose si era posible que la niña fuera una emisaria de buda en la tierra.

— Eh... — Enta titubeó, ahora estaba algo intranquilo por llevarle la contraria a Kazuki —. Si a ti te gusta...

— ¡Me encanta este lugar! — admitió lleno de felicidad, su sonrisa brillaba y sus ojos irradiaba pureza. Enta se sonrojo.

— Entonces, este lugar debe ser más hermoso de lo que creó — comento Enta jugando con sus dedos, algo entretenido al verlos retorcerse entre ellos. Al darse cuenta, las manitas de Kazuki sujetaban las suyas con gentileza.

— Cada vez que venga ¿Podemos venir acá? — pregunto Kazuki sonriente, Entra veía la sonrisa de Kazuki como la más bella de todas.

— Si, por supuesto.

Kazuki celebro, alzando sus brazos y coreando mientras giraba sobre su propio eje. Enta al ver que Kazuki era feliz, tuvo la fuerte necesidad de conservar aquella alegría, que floreciera para crecer fuerte y majestuosa.

Quiso que la visita de Kazuki ese día fuera la más memorable, le pidió a una sirvienta que trajera todos los dulces que estuvieran disponibles y té de frutos rojos. Mientras esperaban los dulces, Entra recogía flores y se las obsequió a Kazuki, que admiraba las flores de tonalidades entre púrpura y azúl.

— Son preciosas — admitió Kazuki — ¿Cómo se llaman?

— Asagao — señaló Enta.

— Son muy hermosas, nunca las había visto.

— ¿En tu casa no hay? — pregunto Enta extrañado.

— En mi casa, el patio esa cubierto de piedra y césped casi muerto. También hay un quiosco central donde tomamos el té y practicamos etiqueta. Pero no hay flores porque requieren de muchos cuidados.

— Entonces cada vez que vengas te daré un ramo de flores — dijo Enta.

— ¿De verdad? ¿Por qué?

— Kuro-sama dijo que le daba flores a mi hermana porque le parecía hermosa — comento Enta —. Porque a las mujeres hermosas se les da flores ¿No? — más Kazuki no parecía convencido, de hecho, estaba confundido.

— Pero yo no niña — dijo para sorpresa de Enta, aparto las flores poniéndose de pie y levantando con dificultad el kimono rojo. Entra chillo apenado, viendo que Kazuki escondía un pene — ¿Ves?

— ¡Ah! ¡Cubreté por favor! — Kazuki soltó el kimono, más de vio un poco preocupado.

— ¿Puedes guardar esto en secreto? Si mi mamá sabe que me he levantado el kimono me castigará — dijo apenado, Enta observo a Kazuki, el cual se notaba entristecido y temeroso. Aún sabiendo que es niño, Enta sentía su corazón latir con fuerza al ver esos ojos rojos.

— Yo no le diré a nadie, te lo prometo — aseguro Enta. Kazuki nuevamente le dedicó una sonrisa, sus mejillas están sonrosadas y sus manos hechas puños cerca de su pecho.

— Jinnai-Kun, eres muy amable — comentó — ¿Podemos ser amigos? — pregunto suavemente. Enta de le ocurrió que si Kazuki le pidiera matrimonio, no dudaría en ponerlo frente al altar. Ser cualquier cosa que Kazuki quisiera sonaba tentador.

— ¡Si! Seamos amigos y llevemonos bien a futuro, por siempre — asintió Enya sonrojado.

— Eres mi primer amigo, Jinnai-kun — los ojos de Enta destellaron al escuchar aquello, era tan feliz sabiendo que Kazuki le dedicaba esa sonrisa por incluirlo en su vida y ser el primero que consideraba su amigo.

— Tu también — afirmó Enta. No mentía, desde que se mudaron a la casa del esposo de su hermana no ha podido interactuar con niños, extrañaba su modesta vida junto con su abuela pero ahora no parecía tan malo vivir con Otone y su esposo —. Y quiero que me llames Entra ¿Te parece? — Kazuki asintió múltiples veces.

Kazuki se retiró junto con su madre, Enta no pudo evitar preguntar ansioso a Kuro y a Otone si sería posible el regreso de la Oiran y su discípula. Ante sus súplicas e insistencia, Otone concedió una visita mensual de la Oirán, cosa que alegro mucho a Enta. Otone sabía que Enta no se veía atraído por la poesía o el baile de Hanako, sino por la Kamuro que la acompañaba, por lo que una visita al mes de la pequeña no dañaría a nadie.

Durante tres meses, Enta esperaba ansioso el último viernes que se diera para ver a Kazuki. El niño que se disfraza como Kamuro le dió los tres días más cálidos de su vida. Siempre hacían cosas pequeñas como pintar con la tinta que se suponía era para practicar caligrafía, se escondían en el jardín y recolectaban hojas secas, mientras Kazuki tocaba con torpeza el shamisen Entra bailaba. Pasaban dos horas muy divertidas.

Sin embargo, Hanako se suicidó y Kazuki quedó bajo el cuidado de la Tayū de la casa del kappa, cuyo servicio era mucho más costoso e inaccesible. Enta lloro mucho al enterarse lo fuera de su alcance que estaban las visitas de Kazuki ahora, penado que había perdido a su mejor amigo por siempre.

— Si quieres volverla a ver, debes conseguir ser rico y poder pagar sus servicios a futuro — le ánimo Otone acariciando su cabeza —. Kazuki-chan debe estar ansiosa por verte nuevamente.

Ese fue el ideal de Enta para volver a ver a Kazuki, volverse un respetado Samurai con mucho dinero y así mantenerlo a su lado.

Mientras tanto Kazuki, crecía resignado a qué su amistad con Enta ya no se daría. Había sido lindo mientras duró, pero ahora debía entrenar más duro para ser la más destacada cortesana y pagar sus deudas. Kazuki no se entristeció con la muerte de su madre, más bien, era decepción lo que sentía.

Kazuki tampoco se quejo cuando sus clases se multiplicaron, ahora debía entrenar temprano por el día con Akane; y tarde por la noche con Mabu. Sus tutores eran buenos, estrictos pero justos, habían tomado gran cariño de Kazuki y viceversa. Kazuki crecía, madurando sus dotes y convirtiéndose de apoco en una distinguida prostituta. No le molestaba llevar aquel título, sabía que eso era hasta que su juventud y atractivo se extinguiera.

Al acabar sus días como Kamuro a los catorce, Mabu lo preparo para su paso al siguiente escalón de las Oiran: el mizuage. Este era un momento de suma importancia en su vida, le alertaron que dolería, que se sentiría vacío. Pero no le importo realmente.

— No me agrada la idea de permitir el mizuage, Kazuki eres muy joven aún — reprochó Mabu, Kazuki le ignoraba mientras aplicaba la capa blanca de maquillaje sobre su rostro, estaba muy concentrado en su reflejo. Mabu de enojo por ello, se acercó haciéndole girar para verle —. Puedes esperar, el próximo año tu cuerpo estará más maduro ¡¿Por qué ahora?!

— Quien sabe... — Kazuki se veía desganado, su voz sonaba contraída. Mabu miraba a Kazuki con tristeza y enojo, sin saber que hacer al respecto: podía abrazarlo, decirle que no se forzará más o podía golpearlo, traerlo a la realidad.

— Kazuki, te voy a dar la última oportunidad para retractarte: ¿De verdad deseas esto? — recalcó severo, Kazuki tomo aire mirando a Mabu con firmeza.

— Esto he decidido — respondió con naturalidad. Mabu sentía un revoltijo en su estómago, sus tripas se estrechan y se revuelcan dándole una sensación vomitiba.

Kazuki no se sentía preocupado, ya de había mentalizado que su cuerpo era solo una butaca de éxtasis. No tenía miedo, curiosidad o repudió, en una ocasión había visto a su madre tendida bajo los brazos de un desconocido.

Recordaba aquello con nitidez, lo habían dejado en la sala de una enorme casa. Estaba solo, aburrido y hambriento, sabía que no debía interrumpir el trabajo de su madre, pero estaba exhausto de esperar, de levanto y se encamino en busca de Hanako, sus pasos eran cortos y pacientes, aprovechando para explorar el entorno tan brillante que lo rodeaba. Ruidos extraños en una habitación le alertaron, escuchó gritos y golpes que le hicieron temblar, pensó que alguien agonizaba en medio de la soledad, la puerta corrediza estaba un poco corrida por lo que solo fue cuestión de observar por el resquicio que le ofrecía entre la puerta y pared. Fue complicado procesar los movimientos de su madre, que se retorcía y jadeaba bajo aquél burgués, que se balancea frenéticamente entre las piernas de Hanako. Era joven, pero no inocente, ya si madre le había explicado que a veces, ocurren estás cosas entre dos adultos; mirarlo en silencio le causaba inquietudes ¿El también haría eso en el futuro? ¿Cómo se sentiría? No sabía si su madre estaba contenta o adolorida, parecía una mezcla de ambos, más no estaba seguro de como describirlo; más adelante lo preguntaría.

Sabiendo que ese no era su lugar, Kazuki se retiró discreto.

Kazuki suspiró entre el mar de recuerdo, listo para irse a la casa del daimyō que le esperaba. Se observo un momento frente al espejo: su cabello ahora le llegaba a la cintura, permitiéndole recogerlo para crear un ostentoso peinado lleno de adornos dorados; su rostro completamente blanco era decorado con sus labios rojos y el delineador negro; su kimono de un potente color rosa brillante, finalizaba en tonos rojos poseía bordados de aves y flores, era sujeto por el obi amplió negro con bordes dorados. Se veía espléndido, aún así, no dudaría mucho aquel arreglo, pronto sería desvestido y destrozado.

El camino no fue largo ni corto, no se dió cuenta de en que momento se bajó del palanquin, tampoco noto cuando estaba inclinándose frente a su cliente; un hombre de aproximadamente cincuenta años, su cuerpo era aterradoramente sólido y de rostro mesurado, un olor a almizcle predominaba sobre él; no era un emperador o príncipe de ensueño, solo un sujeto que mantenía la boca cerrada por el bien común. Cuando se percató, ya tenía el fornido cuerpo sobre él, tocándole mientras la ropa caía, finalizando con un agudo dolor en su recto anal.

Admitía tranquilo que lloró, fue inevitable pese a lo atento que fue el daimayō –hombre que recientemente había enfermado y fallecido–, que le acaricio cuando se estremecía de dolor. No sé avergonzaba al contar que grito, todavía cuando le advirtieron que no hiciera porque sería ofensivo, rememoraba con calidez la forma dulce que el daimayō le consolaba. Fue una experiencia dolorosa, aún cuando no se había asustado antes de ello al vivirlo fue un terror abrumador, pero acabo en un abrir y cerrar de ojos. Su cuerpo dolía, sus ojos estaban rojos por haber llorado tanto, sus manos temblaban mientras que si mirada de perdía en la profundidad del techo.

Al día siguiente, se despidió agradeciendo la hospitalidad y regreso a la casa del kappa como una Oiran. Nadie le pregunto nada, Mabu le observaba desde la distancia con remordimiento para retirarse sin nada que decir.

— ¿Cómo te fue? — pregunto Sara, sus ojos mostraban atoramiento pese a la tranquilidad de su rostro.

— Fue agradable conmigo — respondió sereno, para el alivio de Sara.

Aquello fue su primera vez, algo que con el paso del tiempo olvidó sin darse cuenta: primero lo pensaba mucho, luego dejaba pasar detalles pequeños como ¿Cómo era su peinado? ¿A qué olía el ambiente? ¿Era suave el futón? ¿Cómo vestía? ¿De que color era la habitación? Todas esas cosas las empezó a desatender y cuando quiso darse cuenta, lo único que tenía claro de su mizuage era: fue a la casa de un hombre que fue delicado al hacerlo.

Kazuki tampoco recordaba con claridad como conoció a Haruka, recordaba al pequeño sin hogar que estaba solitario en un callejón luego de que el despiadado fuego consumiera a sus seres queridos. Kazuki tomo a Haruka como si fuera suyo para llevarlo a su hogar. Obvio, Keppi no estaba contento con ello, peleó bastante por ell hecho de que Kazuki dispuso de su burdel para hacerlo guardería y llevar a un niño sucio, más como Sara quedó encantada con el acto noble de Kazuki y con el pequeño, Keppi no puso más objeciones.

Kazuki se sentía extraño al rememorar aquello. Todo fue en un instante mientras Toi le aseguraba que lo sacaría de ahí, que irían a comer helado y pasear por las calles. Kazuki se avergonzaba de haber pensado que Todo se refería a tener sexo cuando exclamo tan repentinamente –no es como si se hubiera negado si la oferta se hubiera dado, claro–, curiosamente, le parecía más probable que Toi le ofreciera sexo a la idea de escaparse.

— Toi, eso es... — pero antes de que Kazuki dijera algo, ya Tío se levantaba.

— Tengo un plan, nos vemos mañana por la noche en el quiosco ¿Si? — Toi se retiro, dejando a Kazuki perplejo.

— Así que... ¿Salir? — en algunas ocasiones, había escuchado a otras Oiran hablar de salidas entre chicos y chicas, dónde los caballeros cortejaban a las damas para hacerlas su pareja, le pareció escuchar que se referían a este acto como una cita. La idea género agrado en Kazuki, algo que no fuera por trabajo sino por placer, sonaba tan bonito. Una pequeña sonrisa se dibujo en su rostro ante aquello, toda la angustia de hace unos momentos se disipó y pudo dormir con tranquilidad.

Al día siguiente, no había acabado de despertar cuando una yuujo le anunciaba la presencia de Enta. Aquello era lo peor del mundo, pues le decía que Entra estaba muy apresurado por llevárselo y no podía permitir su único día libre para que se relajará. Aquello estreso a Kazuki, tuvo que vestirse e ir abajo, era raro que recibiera a sus clientes sin maquillaje pero en esa ocasión no lo veía necesario y tampoco deseaba ponerlo; hace poco sentía ardor al ponerlo sobre su rostro.

La mirada de Enta se iluminó a divisarlo a la distancia.

— Kazuki — Enta sonrió brillante al verlo, Kazuki intento devolver el gesto por cortesía y por la melancolía de su muerta amistad, pero solo pudo hacer una mueca de incomodidad.

— Ya llegaste — dijo con desánimo. Enta asintió entusiasmado, Kazuki sentía profunda pena al distinguir la ilusión que a Enta le causaba saber que lo tendría en su hogar, pues el sentimiento no era compartido y Enta confiaba en que sí lo era.

— Hablaré con el señor de la casa, tengo todo los requisitos para ser el Danna ideal. Pronto, tendrás un bello jardín el cual contemplar — Kazuki sonrió, aunque Enta pensaba que era por la idea del Danna en realidad Kazuki imaginaba el jardín. Su mente divagó en el pasado, aquel inmenso árbol con follaje verde claro y arbusto llenos de flores pintorescas vibrantes de vida.

¡Ah! Quisiera ir con Toi a un lugar así de bello. Pensó Kazuki sintiendo los músculos de sus mejillas estirarse creando una sonrisa.

Enta ya había entrado y subido al despacho de Keppi, mientras que Kazuki seguía fantaseando con la idea de qué Toi y él fueran a una bella rosaleda o a una plaza llena de flores. El ambiente alrededor de Kazuki incluso cambio a uno más rosado y floreciente de amor.

— Kazuki, estás en medio del camino — Toi apareció detrás de Kazuki, el chico se vio asombrado gratamente al escuchar la voz de Toi tras de sí. Se giro con ojos brillantes en alegría.

— ¡Toi!

— ¡Ay, Buda! ¡¿Que has hecho o que quieres ahora?! — Kazuki jadeo en un arrebato de enojó, se giró inflando las mejillas y cruzando sus brazos.

— ¡No, nada! ¡Ahora no te digo!

— ¿Eh? Espera...

— ¡Dije que nada!

— Kazuki, no seas caprichoso — pero Kazuki seguía en su postura molesta —. Vamos dime — sin embargó, Kazuki no parecía querer ceder. Toi suspiró aceptando que Kazuki está enojado y no hablará por el momento —. Está bien, te dejo entonces —. Kazuki abrió sus ojos de par a par.

— ¡¿Que?! ¡Al menos insiste un poco! — chillo, Toi pensó que Kazuki de asemejaba a un ratón enojado chillando.

— No, tengo deberes que atender — se dispuso a ir al patio tracero, más Kazuki lo retuvo.

— ¡No! Escucha lo que tengo que decir, es importante — dijo Kazuki. Toi sonrió con disimuló para ver a Kazuki, acomodo un mechón del cabello castaño de Kazuki tras la oreja de éste. Kazuki tembló ante el gesto gentil, sus mejillas se tornaron rojas y por un segundo se quedó sin poder articular palabra alguna.

— Te escucho — hablo con un tono reposado. Kazuki apretaba los labios y hacia mofletes con sus mejillas rojas. Logro hablar con coherencia brevemente.

— Tu... ¿Conoces algún lugar lleno de flora? — preguntó con encogimiento, algo que no era usual en él. Toi al principio de vio extrañado, más lo pensó un poco.

— En la ciudad no hay lugares así, pero fuera de ella hay granjas y cultivos de todo tipo — mencionó para la decepción de Kazuki.

— ¿Tan lejos? — gimiteo Kazuki desencantado.

— Lo lamento ¿Querias ir allá?

— No, no es nada — Kazuki sintió la ilusión de ir a un sitio lleno de flores junto con Toi hacerse añicos. Suspiró, miro a Toi con un fingida sonrisa —. Solo me daba curiosidad — Toi no estaba convencido, más asintió con pereza.

— ¡Kazuki! — Toi y Kazuki soltaron un respingo, Enta estaba al final del pasillo con un gesto lleno de enojó —. Kazuki, debes venir conmigo — Entra llegó hasta ellos con furia, tomo a Kazuki del antebrazo y empezando a jalar del brazo para llevárselo. Kazuki miro a Toi y luego a Enta.

— Enta — pronunció Kazuki, más este no escuchaba, parecía lleno de alteración. Subieron, Kazuki fue prácticamente arrastrado por Enta hasta el despacho de Keppi. Antes de entrar miro a Kazuki con frustración.

— ¿Por qué hablabas con él? — exigió saber Enta, Kazuki le miró con sorpresa.

— Es parte de mi caravana — contesta desviando la mirada.

— Para ser solo un lacayo perteneciente a tu caravana parecen muy cercanos — Enta presionaba a Kazuki, que se veía incómodo.

— No debo darte explicaciones, el solo es de mi caravana y eso es todo — aseguró Kazuki chocando los dientes.

— ¿Seguro? — dudo Enta, cuando bajó en busca de Kazuki noto la amabilidad con la que Toi trataba a Kazuki, también distinguió algo diferente en el rostro de Kazuki que no lograba descifra. Más la sangre de Enta hervía en rabia, le disgustó la cercanía con la que se trataban, ya hace tiempo entre sus visitas había percibido mucha tensión entre esos dos.

— ¿Por qué lo pones en duda? ¿Tienes fundamentos para acusarme? — se defendió Kazuki. Para él, solo estaba la prioridad de cubrir a Todo tanto como pudiera; estaba seguro de que Enta, como era él, sería capaz de enterrar su katana en el pecho de Toi si descubría su "amistad". Enta se quedó en silencio, suspiro.

— Es cierto, perdona — acarició la cabeza de Kazuki con dulzura. A Kazuki le irritó el gesto de Enta, considerando que es más alto que Enta y que las getas le daban más altura el gesto estaba sobrado.

— ¿Para que me requerias? — pregunto Kazuki alejándose, Enta le miro fijamente para contestar.

— Se necesita tu presencia para llegar a un acuerdo — dijo Enta —. Vamos — Enta intento tomar la mano de Kazuki, más distinguiendo el movimiento, Kazuki aparto la mano, para esconder su acto tan ordinario abrió la puerta por si mismo, entrando sin esperar a Enta. Keppi de inmediato rió, Kazuki era tan evidente al estar malhumorado que no fue difícil para Keppi concluir que Enta interrumpió a Kazuki mientras estaba con Toi.

— Kazuki, como estarás enterado: Enta desea ser tu Danna — explico Keppi, Kazuki gruño en bajo —. Enta posee el dinero para cubrir tu deuda en la casa, ya me habló de su residencia y me comentó que tiene instrumentos para tí ¿No?

— Si — respondió Kazuki, Enta se notaba orgulloso de si mismo.

— Kazuki, tener un Danna representa estabilidad económica asegurada y tengo que decirte que siempre serás bienvenido si lo deseas...

— ¡Eso no será necesario, señor! — interrumpió Enta —. Voy a cuidar a Kazuki tan bien que no necesitará regresar — aseguro, Keppi no se vio asombro por aquello, de hecho, estaba incrédulo.

— Conveniente — mencionó Keppi —. Entonces, conociendo los beneficios ¿Que opinas?

— No me interesa la oferta — Enta casi se cae para atrás al escuchar aquello, miro a Kazuki desconcertado. Kazuki se encontraba serio, se levantó con paciencia dispuesto a irse.

— Kazuki espera ¡¿Por qué te niegas?! — exclamó Enta.

— Si me voy, Haruka dejara de estar bajo mi completa disposición y deberá tomar clases con otra — respondió pacífico.

— No, no ¡También pagaré la deuda de Haruka! Podrá venir con nosotros — aseguro Enta, Kazuki apretó los dientes.

— No me interesa entonces — aseguro Kazuki.

— Kazuki, no seas irracional — dijo Enta, Kazuki tomo aire, se giró para ver a Enta.

— No me interesa, Enta. Estoy bien así.

— ¿Es por ese chico? — rugió Enta, Kazuki no respondió —. Lo sabía, ese chico y tú tienen algo — señaló —. Estás cometiendo la locura de tu vida por un don nadie.

— Todo lo contrario, evitó la locura de mi vida por ese don nadie — respondió Kazuki, Enta estaba indignado.

— No puedes hablar enserio — dijo Enta, Kazuki se giro para irse, cerrando la puerta tras de sí en silencio. Enta se estremeció lleno de cólera, miro a Keppi buscando alguna solución.

— No me mires a mi, se necesita del consentimiento de la Oiran para que se dé.

Entre que Kazuki bajaba, meditaba sus acciones. Sentía que hacía lo correcto al rechazar la propuesta de Enta, sabía mejor que nadie que no tiraría la toalla y que Enta regresaría, Kazuki tenía en claro que declinaría la oferta tantas veces como fuera necesario, aunque no sabía hasta cuándo le funcionaria.

— Kazuki — llamo Akane desde el inicio de las escaleras, que venía a paso paulatino. Kazuki de paró, mirando a Akene llegar a su lado —. Me he enterado que Enta desea ser tu Danna

— Así es, pero lo he rechazado — dijo Kazuki.

— Pese a que aún es un vasallo de samurái posee buena posición — dijo Akane, Kazuki miro de reojo a Akane.

— Se esmeró mucho con tal de llegar a ese punto — responde Kazuki.

— Si... — musitó Akane, una pequeña sonrisa se poso en lo labios de Akane, algo que desconcertó a Kazuki —. Kazuki, verás...

Akane se inclino, acercándose a la oreja de Kazuki mientras susurra. El joven escuchaba atentamente lo que le decía la mujer, por un segundo, sus ojos casi se hundían en sus cuencas más de apoco y a medida que escuchaba, Kazuki pareció intrigado. Akane se alejo de la oreja de Kazuki, esperando que este contestará; el joven manifiesta su opinión con una risa y un asentimiento, Akane se vio satisfecha.

Se alejaron por el pasillo cada quien llendo a su cuarto –en el segundo piso de la casa–, Akane para descansar mientras esperaba algún nuevo cliente y Kazuki para evitar a Enta, cuyas zancadas resonaban al bajar las escaleras.

Enta estaba indignado y dolido, no podía entender porque Kazuki prefería vivir junto a ese chico en la miseria, a ir con él en dirección a una vida mejor. Tan difícil que era el hecho de que un Señor aceptará los términos del Danna. Aún cuando luchó para optener la aprobación, Keppi se limito a echarlo con hipócrita gentileza.

Estando en la primera planta de la casa, Entra encontró a la causa de todos sus males. Hablando tranquilamente con las kamuros, Toi estaba pasando más escaleras inclinado frente a tres pequeñas y Haruka.

— Entonces ¿No puedes casarte conmigo? — chillo una de las niñas.

— Lo lamento, pero no — contesto Toi, Entra escuchaba con atención desde el inicio de las escaleras.

— ¿Lo ves Madoka? Toi se va a casar con Kazuki — Enta entro en cólera al escuchar aquello, estaba enojado antes pero ahora estaba rebosando sus límites.

— ¿Tu que dices Haruka? Después de todo, Kazuki es tu onee-sama

— Kazu-chan de pondría feliz al escuchar eso — dijo Haruka, Enta no podía creer que incluso Haruka estuviera de acuerdo con ello — ¡Ah! ¡La cara de Toi!

— Es tan roja

— ¡Que tierno!

— ¡Niñas, ¿Seguras no tiene que hacer otra cosa?! — las pequeñas se alejan mientras ríen, Toi suspiro cansado. Aún cuando eran cosas inocentes, siempre encontraban la manera de fastidiarlo. Toi cubrió con su mano su boca ¿Casarse con Kazuki? ¿Eso se podía entre dos hombres? Sonaba tan inalcanzable; una visión utópica de una vida de casado con Kazuki sonaba prometedora; tuvo que golpear con las palmas de sus manos sus mejillas y sacudir la cabeza ¡No era el momento de fantasear!

Cuando paso por las escaleras, Enta le detuvo con voz profunda.

— Tu eres responsable de que él de alejé de mi — Toi paro en seco, se giro para encontrar los ojos verdes de Enta. Toi miro a Enta fijamente, Enta expresaba odio por cada poro de su cuerpo.

Bueno, estaba claro de que no era precisamente agrado lo que le causaba verlo.

— ¿Perdona? — dijo con extrañes.

— ¿Por qué preferiría estar contigo a estar a mi lado? Kazuki sería feliz si sale de este infierno — señaló. Toi pudo entender a medias a lo que Enta se refería —. Estoy seguro de que algo le dijiste para manipularlo.

¿Eran cosas suyas o Enta le acusaba de extorsión?

— Yo no tengo nada que ver con sus decisiones — aclaro Toi —. Es un ser autónomo ¿No? Si él decidió por algo debe ser — respondió con franqueza.

— Tú... — gruño Enta —. Kazuki y yo siempre hemos sido un dúo dorado, nuestra conexión es más fuerte que cualquier cosa. No creas que podrás interrumpir mucho tiempo.

Enta se retiró, chocando su hombro contra el de Toi en señal de rivalidad. Toi le vio irse, se notaba que ese chico tenía una obsesión insana con Kazuki, lo adoraba.

Toi se pregunto si se vería así de patético si se enamoraba de Kazuki ¿Sería una especie de consecuencia? Ojalá no le afectará.

Cómo sea, el tenía cosas que preparar para la noche. Rememoró lo que necesitaría y la vía que tomarían, pues si todo salía bien, el y Kazuki irían fuera del distrito rojo de Edo.

Kazuki estaba dormido, el día había Sido agitado, uno de sus clientes le pidió bailar durante toda su estadía ¡Fue una hora muy agitada! Tras ese cliente llegó otro que hablaba de su mujer y se la pasaba comparándolo todo el tiempo. Y finalmente, un cliente que metía sus manos bajo su kimono cada vez que podía.

Su cuerpo fue empujado suavemente, eso le hizo regresar de su sueño a la realidad. Los ojos azules de Toi le dieron la bienvenida, Kazuki pudo detallar más pecas sobre la nariz y mejillas de Toi.

— Toi — ronroneo estirando sus brazos para llegar hasta Toi, rodeo los hombros de Toi y lo atrae hasta su pecho. Abrió sus piernas para permitir una mejor posición y más comodidad para Toi, a su vez que daba ligeros roces disimulados.

— Oye, levántate.

— Quiero que estemos así — ronroneó, sus dedos llegaron a los cabellos oscuros de Toi enredandolos en los mechones.

— Vamos, para que todo funcione debe ser ahora

— ¿No es mejor desvestirnos? Eso siempre alegra a mis clientes — susurro Kazuki, Toi arruga el entrecejo.

— No soy tu cliente, Kazuki — aseguro Toi.

— Tienes razón, eres mi novio — Kazuki respondió acercando su rostro al de Toi, que era todo un poema. Kazuki disfruto los gestos de vergüenza y asombro de Toi, la cara del mismo sonrojada era la cosa más pura que podía haber a ojos de Kazuki. Estaba tan acostumbrado a gestos morbosos que ver los pequeños rastros de inocencia de Toi le parecía fascinante —. Eres tan lindo — Kazuki beso el rostro de Toi, sus labios recorrían el rostro pecoso, saboreando sutilmente la piel pálida.

— Oye... — Toi tenía un dilema, estaba entre pedirle que parase o recostarse para mayor comodidad. Tuvo que juntar tanta fuerza de voluntad para detener el mimo de Kazuki y que se pudieran sentar —. Vamos, ya nos retrasaste por quedarte dormido y no ir al quiosco como te pedí — lo tomo del brazo, logro ponerse de pie y jalar a Kazuki, cuyo cuerpo estaba tieso y se negaba a ponerse en pie.

— Toi, no quiero irme — dijo Kazuki, Toi le miró —. Haruka quedará solo — miro al futón donde dormía el niño.

— ¿Esa es la razón? — Toi le miro expectante, Kazuki también se veía tenso ante cualquier acción. Más suspiró, nego suavemente.

— Que egoísta soy, uso a mi hermano como escusa — suspiró —. Toi, he pensado mucho lo de Enta. Él no me dejara en paz hasta que sea mi Danna — empezó a decir con suavidad, Toi estaba atento a lo que Kazuki decía —. Voy a ir con él, así pagaré mi deuda acá y podré ser libre — aseguro severo. Toi miraba con calma, rió suavemente aunque su mirada denotaba tristeza.

— Eso está bien — Kazuki se horrorizo con aquello, sin entender a lo que Todo se refería —, si es lo que quieres está bien que sea así —. Kazuki apretó los labios, insatisfecho por las palabras de Toi que se había conformado con tanta facilidad. Kazuki se sintió desilusionado con aquello, más mostró aceptación para cubrir aquello.

— No ten sientas enojado, solo pensé claramente las cosas y sería muy tonto dejar pasar esta oportunidad — Kazuki quería soltarse del agarre de Toi, pero él solo apretó más fuerte.

— ¿Tienes miedo? — pregunto Toi, Kazuki le miro sin entender a qué se refería. Toi se inclinó, quedando a la altura de Kazuki que inconsciente aparto un poco su cuerpo con asombro —. Siempre has intentado verte fuerte, haciendo cosas estúpidas, pero realmente deseas dejar de hacerlas porque te asustan. En este mundo, dónde la gente se desconecta cuando no de da cuenta aprende a apreciar ciertas cosas

— No te entiendo.

— Si lo que quieres es no salir, me iré y te dejare dormir para que mañana; cuando Entra venga a reclamarte, estés listo para él; te vayas, y todo acabaría. Pero, si decides hacer algo valeroso solo por una vez, en lugar de esconderte tras esa cara bonita — Toi paso un mechón de cabello de Kazuki tras su oreja, Kazuki se sobresaltó. Hay estaba ese sentimiento abrumador, aparecía cada vez que Toi mostraba ese lado tan afable —, pues entonces saldremos y regresaremos antes de que te des cuenta.

Kazuki apretó los labios, sus ojos estaban llorosos y no tenía motivo aparente para derramar lágrimas, pero su corazón estaba conmovido. Toi era así, legible y sencillo, su corazón era tan puro que deslumbraba ante su apariencia ruda opacando por completo la sensación de miedo que transmite. Kazuki sentía que el daba más miedo que Toi, que era tan problemático e incomprensible que aterrorizaba a los que lo rodeaban; Toi en cambió, no sentía miedo de él, sino que buscaba entender más aquel enigma que había construido para apartarse de todos.

— Eres realmente estúpido.

— Oye.

— Vamos, que sino, me voy a arrepentir luego — tomo la mano de Toi y lo arrastró escaleras abajo. Para la sorpresa de Toi, Kazuki sonreía con gratitud, mientras bajaba apresurado por la extensión de la escalera como si de un niño pequeño lleno de energías se tratará.

Llegando al jardín, Kazuki se dió cuenta que en el quiosco esperaba Mabu, este se veía inquieto mientras golpeaba con su pie izquierdo el suelo y sus ojos rodaban por todos lados de forma incontrolable. Al verlos, Mabu se relajó, su cuerpo dejo el estado de alerta y soltó un bocado de aire.

— Pensaba que no regresarias, Toi — se sincero Mabu lleno de alivio. Kazuki hizo un puchero, Mabu decía aquello como si fuera hacerle algo malo a Toi. Al darse cuenta, Mabu le pasaba unas ropas grises de forma brusca —. Vístete — Kazuki asintió, comenzó a desvestirse cuando noto que Mabu y Toi le daban la espalda con firmeza, gesto que le pareció divertido.

— ¿Por qué se giran? — pregunto con picardía y fingida inocencia, los dos se tensaron soltando una pequeña exclamación.

— ¡Vístete rápido! — ordenó Mabu con fastidió, Kazuki soltó una carcajada como respuesta. Al acabar de ponerse la ropa, Kazuki se dió cuenta con impresión que estaba usando ropas masculinas, la tela era mucho más ruda contra su piel de lo que era el sedoso kimono que solía usar, notaba que las mangas eran más cortas y al momento de moverse era más fácil. El cambiar su ropa era muy agobiante para él, era extraño e incómodo.

— Esto es tan excepcional, jamás me ví a mi mismo de este modo — Kazuki buscaba rememorar la última vez que uso ropa de varón, pero sus memorias solo llegaban hasta el exacto momento dónde de le puso un kimono rojo entre las manos; como si antes de eso no existirá vida para él.

— Apresúrate — Toi le tomo del antebrazo, guiandolo fuera del muro de la casa del Kappa, para sorpresa de Kazuki, la salida fue muy facil; Mabu tenía una llave con la que abrió sin problemas la puerta y les permitió salir.

— Más les vale regresar antes del mediodía — fue todo lo que advirtió Mabu cerrando la puerta. Toi asintió para si mismo, y rápidamente, fue tras Kazuki; amarró el cabello largo castaño en un moño alto y redondo. Se rió al ver el resultado.

— ¡Oye! ¡¿Que me hiciste?! Esto no divierte — Kazuki llevó sus manos al moño intentado soltarlo, pero Toi lo impidió.

— Déjalo, que ya es raro que siendo hombre tengas el cabello tan largo.

— ¡He visto hombres con cabello largo!

— ¿Tan largo como el tuyo? — Kazuki se vio obligado a guardar silencio, lo mar largo que había visto en un hombre con respecto a su cabello era por debajo de sus hombros.

— ¿Acabaron de hablar? — un sonrientes Reo les miró, Kazuki soltó un respingón asustado al percibir la presencia de Reo, que no había determinado. Toi por su parte asintió, montándose con Kazuki en la carreta. Reo les llevo al inicio de Yoshiwara, manteniendo esa enorme sonrisa mientras parlotea cosas irrelevantes. Kazuki no le escuchaba en realidad; temblaba temeroso ante lo que se avecina, pues para el salir de Yoshiwara representaba más que dejar el barrio rojo que podría considerarse una ciudad aparte de Edo, era entrar a lo que desconocía; Yoshiwara era un mundo exclusivo y desterrado de la ordenada sociedad que el honorable imperio Japonés había impuesto, el sueño del deseo y diversiones. Entrar no era tan sencillo como se pensaba, pese a la gran aglomeración que había, Yoshiwara era más exclusivo de lo que parecía, los hombres insaciables podían prepararse para llegar hasta seis meses solo para causar una buena impresión en las doncellas que habitaban los burdeles.

Si entrar, inclusive si se tenía los recurso para hacerlo, era ya muy complicado; salir se convertía en una auténtica pesadilla.

Kazuki había salido en teoría, pues cuando Mabu las llevaba en el palanquin a la visita de algún exclusivo cliente, sin embargo, Kazuki jamás sintió el piquete de curiosidad por abrir las cortinas y asomar la cabeza como sucedía con otras cortesanas. Él prefería mantenerse al margen, con la inocente idea de que afuera no había nada para él.

Muros altos y una sólida puerta, solo los visitantes y aquellos que fueran a hacer negocios fuera salían. Yoshiwara realmente parecía una prisión pintada de ciudad de fantasía.

— Toi, tengo miedo — confesó Kazuki con voz temblorosa. Toi no podía hacer mucho, pero quiso calmar a Kazuki al darle la mano, apretando con fuerza sus dedos, Kazuki por poco se relajó.

— ¡Hey, Kishi! ¡Voy a salir con dos amigos! — anuncio Reo muy alegre, el portero suspiró con fastidio.

— Es tarde por la noche, Reo ¿Que podrían hacer pobres sanguijuelas afuera?

— ¡No te incumbe! — afirmó Reo, manteniendo su característica sonrisa filosa. Cómo si nada, las puertas fueron abiertas y la salida de permitió, Reo agradeció con amabilidad y se retiraron.

Los ojos de Kazuki brillaron extasiados, incapaz de apartar su mirada de los oscuros edificios grises que era iluminados por poco gracias a las lámparas y su suave luz. Jamás había visto las casas de afuera, que era por completo oscuras, también había cantidades enormes de muros y puestos de comida que por alguna extraña razón seguía abiertos, vendedores ambulantes e incluso, pese a la hora, gente rondaba por las calles.

Para Kazuki era solo el comienzo. Pues no fue hasta que el sol salió iluminando el espectácular monte Fuji a la lejanía, el paisaje se pintaba de azules claros y vibrantes amarillos a lo extenso de la ciudad.

— Hasta acá les llevo — anuncio Reo —. Vendre por ustedes más tarde, ya los lleve muy lejos por nada a cambio. Diviértanse mucho.

Reo se alejo, los jóvenes es quedaron a su suerte en la capital, el lugar más concurrido de Japón.

— ¿Eso que huele tan bien? — señaló Kazuki un puesto de tartas, de veía realmente emocionado y jalaba a Toi con rudeza para allá. Toi era quien cargaba algo de dinero, algunas tantas monedas de cobre y dos de plata; sabiendo que Kazuki tendría antojos repentinos porque así es el chico.

Kazuki, sin tener dinero ya disponía de la billetera de Toi al alegremente pedir dos tartas y comer una con completa tranquilidad. Toi suspiro.

— ¿Al menos traes dinero? — Kazuki nego enérgico, mientras mastica feroz. Toi suspiro y pago para tomar la otra tarta y comerla — ¿Que hicieras hecho si no llevará dinero encima?

— Toi, tu debes traer dinero — recalcó Kazuki con confianza —. Pues me invitaste, así que tú pagarás todos mis caprichos — Kauzuki hablaba seguro de lo que decía. Tío apretó los labios haciendo pucheros.

— Mis ahorros — maldijo Toi a lo bajo al ver el futuro asalto de su trabajo en comida para el glotón que tenía a su lado.

Kazuki, sin conocer su entorno, arrastraba a Todo maravillado a todas direcciónes. Tío se dejaba guíar, confiando en la falta de saberes de Kazuki pero en su interés por conocer la ciudad, ese temor que había demostrado se había esfumado con la misma velocidad, cosa que alegraba a Toi.

Observar el rostro sonriente y cubierto de migas de galleta de Kazuki, era toda una bendición para Toi.

— Son muy duras — se quejo Kazuki mordiendo una galleta, Toi se rió. Todo aquello era su felicidad momentánea, Toi aceptaba con tristeza que Kazuki no podía ser suyo, Kazuki tenía un posición y un papel, la conexión que los unía no era lo suficientemente fuerte para acabar con aquello que los rige.

— Kazuki — llamó, captando la atención del chico que seguía en vano morder aquellas galletas coloridas —. Me he divertido mucho a tu lado — confesó Toi. Kazuki dejo morder la galleta para verle inexpresivo.

— ¿Por qué usas ese tono? — Kazuki sonó molesto —. Suenas como si nos despidieramos.

— Eso mismo es — corroboro Toi.

— ¿Pero por qué así? ¿Ahora? — insistió Kazuki.

— Kazuki, una vez te vayas me iré de Edo — reveló Toi —. Quiero buscar a mi hermano en Osaka.

— ¡No! — Kazuki dejo caer la galleta, mirando con angustia a Toi — ¿Por qué? ¿Por qué dices eso? — Toi se extraña al escuchar las protestas de Kazuki.

— ¿Por qué te pones así? ¿No estás bien con ello?

— ¡No! ¡¿Por qué estaría bien con ello? Tu realmente no entiendes nada, eres completamente estúpido e inconmovible — se lamento Kazuki — ¡¿Por qué no logras ver qué...?!

— ¡¿Kazuki?! — para el horror de Kazuki y Toi, Enta estaba comprando unos bollos dulces no muy lejos de donde se encontraban. Enta, estaba pasando por un pasmo mezclado con cólera, pues sus ojos rodaban de Kazuki con su ropa de varón hasta Toi que lo acompaña.

— ¡Corre! — Kazuki tomo la mano de Toi y empezó a correr llevándolo arrastrado por las calles, seguidos por Enta que gritaba para que se detuvieran.

Kazuki jala a Tío con fuerza, que como podía le seguía el paso. Toi observa con detenimiento la espalda de Kazuki, nunca se había fijado de lo amplio que era los hombros de Kazuki, su espalda se mostraba amplia como la de cualquier chico. De hecho, la fuerza con la que le jalaba era como la de cualquier chico, más la suavidad con la que sujetaba su mano, familiarizado con el gentil contacto, no encaja para nada.

— ¡Oye, Kazuki! ¡Nos miran raro!

— ¡Claro que lo hacen! ¡Estamos corriendo como fugitivos! — chillo Kazuki.

— ¡Kazuki, para ya!

— ¡¿Por qué eres así?! ¡¿Por qué me muestras algo valioso para querer arrebatarmelo?! — se quejo Kazuki —. Quiero estar contigo todo lo que pueda, pero pareciera que no te importa para nada ¡¿Al menos ves algo de valor en mi?! Quiero que estés a mi lado, pero parece que todo se pone en contra. Al principio le echaba la culpa a Enta, pero ahora veo que no es solo él, sino también tú ¡¿Que quieres?! — Kazuki apenas respiraba, corres y gritar sus sentimientos le estaba causando gran dolor. Kazuki estaba cansado de llorar frente a Toi, siempre había contenido sus lágrimas, ahora parecía que su corazón ya no aguantaba el peso de estás —. Necesito que me digas claramente ¡¿Que quieres de mi?!

Toi escuchaba atento, quería terminar de entender a Kazuki pues cada vez que estaba un paso más cerca de los sentimientos cerrados de Kazuki distinguía la distancia del alma de Kazuki y la complejidad de su ser. Kazuki seguía siendo un rompecabezas con piezas faltantes para Toi, sin embargo, al abrir sus pensamientos Kazuki revelaba aquellas piezas que parecen perdidas.

Tío estaba harto, también deseaba abrir su corazón a Kazuki pero parecía algo imposible. Deseaba que su corazón y el de Kazuki pudieran conectarse de ese modo especial para que perdure su relación, aún sabiendo que era una idea lejana para ambos.

— No quiero perder aquello que es preciado para mí — musitó Toi, apretando el agarre de Kazuki. Al darse cuenta, era el quien jalaba a Kazuki, corriendo desesperado lejos de ahí, no miraba al frente, solo pasaba de largo a todos golpeando hombros y chocando a todos. Observo por poco un callejón estrechó y oscuro, no dudo en girar y dar al interior, jalando a Kazuki contra su pecho. Ambos respiraban agitados, abrazados y agotados por la carrera que dieron.

— Algún día — hablo Toi —. Nos reiremos de esto

— Pronto no será — dijo Kazuki, intentando recuperar el aliento.

— Kazuki, debes ir con Enta

— Estoy pensando palabras inapropiadas para expresar mi odio ante esa idea — manifestó Kazuki.

— Debes hacerlo — expreso Toi con seriedad —. Y debes prometer que no harás ninguna locura — dijo Toi.

— ¿Por qué?

— ¡Solo prometemelo! — se exasperó Toi, Kazuki se sobresalto, más asintió y levanto su mano derecha extendiendo su dedo meñique. Toi observo el dedo de Kazuki con extrañes.

— Haremos la promesa del dedo chiquito — explico Kazuki —. Debes entrelazar nuestros dedos — Toi obedeció, imitó la acción de Kazuki y sujetó con su meñique el de Kazuki —. Está es la promesa del dedo chiquito, al romperla mil agujas comerás

— Eso suena horrible — Toi arrugó el gesto con desagrado.

— ¡No juzgues mis maneras de hacer funcionar las cosas! Ya te dí mi palabra de no hacer nada mientras esté con Enta, ahora es tu turno — señaló Kazuki.

— ¿De que? — pregunto Toi.

— Júrame que serás felíz — señaló Kazuki —. Que sonreiras hasta el último momento — Kazuki se veía muy serio al pedir aquello, Toi no veía el fin de aquella petición, más decidió hacerle caso a Kazuki.

— Te lo juro.