— ¡¿Cómo se les ocurre tal disparate?! ¡¿Son dementes?! — Keppi, cuyo semblante estaba lleno de marcadas venas, se encontraba bramando furioso a los jóvenes. Al regresar, Kazuki y Toi se hallaron con la molesta sorpresa de que Enta había llegado con Keppi a delatar su pequeña huida.

— ¡Perdóneme! ¡Ha sido culpa mía! — dijo Toi —. Me lleve a Kazuki aún cuando no lo deseaba — Toi se inclinaba, no mostraba vergüenza pero si frustración. Kazuki también estaba inclinado mientras pedía perdón a lo bajo.

— ¡Eso no es verdad! — le miro de reojo, para ponerse recto —. Yo he ido con el por qué quería ¡No me han obligado a nada! ¡Por favor, perdóneme a mí y no involucre a Toi en esto!

Keppi dió rudos pasos hasta los chicos, para confusión de Enta y Toi, fue Kazuki golpeado con una vara de madera directo en la espalda para luego recibir una bofetada. Kazuki se quedó hecho piedra en el suelo, teniendo el recuerdo de su infancia fresco y cuando erraba era castigado de la misma manera grotesca.

— ¡Kazuki! — exclamó Enta — ¡¿Pero por qué le ha pegado a Kazuki?!

— Kazuki no pudo haber sido obligado a nada — aclaro Keppi —. Es imposible que en manos de Kuji hiciera algo contra su voluntad — levanto la vara nuevamente, se veía estremecedor ante los atentos ojos de Enta y Toi. Deseando detener esto de una vez por todas, Toi se levantó y sujeto a Keppi del brazo y hombro.

— ¡Ya no lo haga más, por favor! — pidió Toi —. Kazuki no planeaba escapar, todo fue idea mía desde un comienzo. No es su culpa sino mía, si llega a sospechar que miento para encubrir a Kazuki aún así pido su castigo — decretó lleno de seguridad —. Yo amo a Kazuki, y quería llevármelo porque me enteré de que Enta Jinnai sería su Danna, el mismai Kazuki me dijo que aceptaría la oferta y por ello idee llevármelo — un silencio pesado se presentó en el despacho de Keppi tras la confesión de Toi. Kazuki estaba llorando en el suelo siendo incapaz de moverse para detener a Toi o hablar en su defensa, siquiera gimoteaba, las lágrimas no paraban de desbordarse de sus orbes rojos.

Keppi sujetó el brazo de Toi, para llevárselo fuera del despacho donde lo llevo al segundo piso al cuarto de Akane, ahí, la mujer se levantó de su puesto intrigada al recibir la vara y al ver cómo Keppi pone al joven frente de ella.

— Tu verdugo no seré yo, sino ella — señaló Keppi a Akane —. La maestras de aquel a quien aseguras amar, no me corresponde a mi impartir un castigo pero Akane es apropiada para decidir cuántas veces serás azotado.

— ¿Gran señor? — Akane observa la vara y luego a Toi, intentando unir cabos con lo que había escuchado de parte de Keppi.

— Tu pupilo será enviado con Enta, que se convertirá en el Danna de Kazuki. Más Toi a buscado intervenir con ello, dime Akane ¿Cómo responderas a eso? — Keppi explico rápidamente, mirando a Akane con ferocidad. La mirada de Akane se lleno de amargura y frialdad, apretaba los dientes mientras la ira hervía en su sangre ante una tormenta de remembranzas que le costaban el peso de su caminar.

Toi no supo que pensar cuando la vara fue elevada y el primer golpe llegó a su espalda, no creía que el segundo le atino más cerca del primero y con más fuerza, el tercero rompió un poco su ropa. Uno tras otro, los golpes llegaban a su espalda con pesadez, Akane no mostraba piedad al momento de azotarlo llena de rabia. Keppi en algún punto dejo la habitación, Toi pudo percibir el momento en que sus pasos fueron a la puerta y la deslizo para irse sin más. Los golpes de Akene era tremendos, resonaba el chasquido contra su espalda mientras la mujer soltaba gruñidos de histeria, Toi cerro los ojos mientras aprieta los labios esperando porque todo acabará, parecía eterno cada golpe, como si los segundos se dilataran a años que no acabarían pronto. Golpe tras golpe, Akane soltaba alguna maldición o chillaba llena de enojo, Toi no entendía lo que decía hasta que menciono algo raro, fue difícil para sus oídos captar aquel sonido tan complejo que parecía casi escupido entre los sollozos de Akane.

— ¡Boudewijn!

Se estremeció ante la pronunciación escupida de aquello, no sabía que significaba, pero parecía causar dolor en Akane. Descargaba ese peso tan trágico sobre Toi a modo de castigo, como si aquello le aliviará.

En cierto punto, Akane se había quedado sin energías y solo buscaba recuperar el aliento entre jadeos forzosos. Dejo caer la vara de madera, para ella misma caer al suelo entre lamentos y lágrimas, acorralada en las memorias que embargaban su ser. Toi cojea hasta la salida, tambaleándose y permitiendo privacidad para Akane.

Fuera, Kazuki estaba frente de su habitación esperando con impaciencia. Al verle, Kazuki dió zancadas hasta él para servir de apoyo al desgastado Toi. Se notaba que la había pasado mal.

— ¿Estás bien? ¿Akane fue muy ruda? — acarició la cabeza de Toi intentado brindarle alivio, más el joven negó, como si realmente nada hubiera sucedido.

— Me encuentro bien — confirmo Toi pese a que era mentira, pues sin el cuerpo de Kazuki sirviendo de soporte era probable que se caería — ¿Tu cómo estás? — ante el gesto de Kazuki, supo que no estaba bien.

— Mañana Enta me vendrá a buscar — dijo como si fuera la mayor carga que pudiera llevar —. No me vieron más nada, estoy bien — aún al decir aquello, Kazuki estaba lleno de amargura que Toi distinguió con facilidad.

— Kazuki, no te pongas así — Toi llevo su mano a la mejilla de Kazuki, ahí estaba, ese contacto tierno que le hacía agitar con brusquedad. Kazuki estaba enamorado de como la mano tosca y astillada de Toi era tan suave al momento de tocarlo, como si fuera algo preciado. Kazuki frunció el entrecejo.

— Me prometiste que serías felíz, así que no lo olvides, se felíz para que esté tranquilo — recordó Kazuki — ¿Esto te haría feliz? — pero Toi no contesta aquella pregunta, sino que se aferra más a Kazuki.

Se quedaron en silencio, abrazando al otro en un intento de rememorar cada momento junto mientras Kazuki le permitía paso a Toi a su cuarto, estando ahí, Kazuki permitió que Toi se recostara para ponerse a su lado. Estaban uno al lado del otro, Kazuki palpa el suelo en busca de la mano de Toi, al dar con ella la toma y entrelaza sus dedos; un pequeño sonrojo se pinto mientras Toi regresaba el gesto e intento disimularlo al girar su rostro.

— Quisiera que este día no de acabará — confesó Kazuki en voz baja.

— No sigas lamentandote, me vas a contagiar la desdicha — Toi, que había logrado oír a Kazuki, respondió secó.

— Pero, esto no es lo que quiero — refutó Kazuki para ver a Toi, que espero a que Kazuki le dijera algo más se mantuvo en silencio, apretó el agarre. La ilusión de irse nuevamente pero esta vez no volver era tan bella que deseaba cumplirla con toda su alma, sabiendo que era imposible de quedaba de ese modo: como una tonta ilusión.

Al darse cuenta, la noche había caído, seguían ahí tirados y en algunos momentos Toi se quejaba de dolor.

— No has atendido tu herida — dijo Kazuki, sabiendo mejor que nadie que aquella vara de madera ocasionaba aberturas en la piel. Casi nunca era empleada, pero cuando Keppi la tenía en mano era de temer, Kazuki solo tuvo una ocasión de degustar la sensación dolorosa de la vara: accidentalmente dejo regar el té sobre un cliente de su madre, el hombre estaba histérico y después de abofetear a Hanako se fue asegurando que no volvería jamás. No sabía quién estaba más enojado, si su madre o Keppi, pero el resultado fue un severo castigó para Kazuki.

— No es grave — asegura Toi.

— Eso no es verdad, llevas quejándote un rato — Kazuki, que llevaba todo ese tiempo acostado y sin moverse, tomo su tiempo para sentarse y estar más cómodo. Miro a Toi, le obligó a girarse con pequeños empujones y le desvistió dejando expuesta la espalda del chico, arrugó el gesto al ver la espalda de Toi. Las heridas estaban en rojo vivo, abiertas y con sangre seca esparcida aunque le pareció más entretenido ver las pequeñas pecas que decoraban los hombros de Toi.

— No son tan graves, pero si son muy dolorosas — contempló Kazuki, lamentando la suerte de Toi. Akane se había esmerado en destrozar la espalda de Toi a punta de golpes —. Tengo algunas hiervas medicinales, espera un momento — Kazuki se puso de pie con lentitud, se sintió un poco mareado al estar parado y tuvo que extender sus brazos para no caer de bruces, camino hasta su cómoda y saco unas hierbas que reservaba, generalmente las hacía crema para los dolores de cadera después de atender a algún cliente. Puso las hierbas en un mortero y las molio, así creo una pasta verdosa oscura que uso sobre la espalda de Toi que se quejaba e intentaba retener los gritos al apretar la mandíbula.

— ¿Debo ser más suave? — pregunto Kazuki preocupado.

— No, solo que realmente arde al contacto — explico Toi.

— Está medicina solo aliviará el dolor y regenera más rápido la piel ¿Quieres que te vende la herida?

— No, sería molesto después — Toi declinó la oferta.

— Los doctores son muy negligentes, si te confías terminarás en manos de uno y quién sabe que te haría — refutó Kazuki con amargura.

— No iré con ningún doctor, no tengo dinero para ello — dijo Toi, Kazuki uso más fuerza en la herida de Toi, haciéndole chillar — ¡Kazuki! — le miro enojado.

— Eres un auténtico desconsiderado — se quejo Kazuki regresando la mirada altiva —. Podría morir de angustia por tí y probablemente lo pasarías con alcohol ¿No? ¿Al menos te das cuenta de lo mucho que me preocupo por ti? — Toi miro a Kazuki esta vez con calma, que se veía enojado y cansado. Toi lamentaba no poder hacerle sentir más que insatisfacción a Kazuki, que ya de por sí tenía muchos problemas sobre sus hombros.

Uso las palmas de sus manos como apoyó para poderse sentar, se acomodo con dificultad para quedar frente a Kazuki que se mantenía con la vista baja y un gesto vacío. Toi no era atrevido, pero tenía coraje; reunió todo el que pudo para sujetar el rostro de Kazuki y por una vez en los cinco meses que han pasado juntos ser el quien tomara iniciativa plantando un beso corto en los finos labios rosa claro de Kazuki. El sabor de la boca de Kazuki sin maquillaje era un poco diferente, más llano y desabrido de lo que podía imaginar.

Para su impresión, Kazuki no respondió con efusividad el beso sino que se mostraba más suave que de costumbre. Eso permitía experimentar un nuevo sabor que tenía un color diferente, una textura sólida, un aroma fresco. Era algo desconocido, llamativo y atrayente que casi los arrastraba en picada a una zona burbujeante para ellos dos, dónde los movimientos se daban sin pensar y los sonidos eran melifluos, sus nombres ardían y se tatuaban en los extremos de sus cuerpos en un suplicó. Parecía la utopía que tanto ansiaban, mostrándoles una larga vía para recorrer.

— ¡Kazu-chan! — como si reventaran una esfera de cristal contra el suelo, el ambiente romántico se perdió y los jóvenes; que están en una posición comprometedora, con Kazuki sobre el regazo de Toi y sus brazos rodeando los hombros del más alto; solo fueron capaces de chillar atemorizados y apartarse. Haruka, que había pasado toda la tarde junto con las demás Kamuros practicando cualquier arte, observaba la escena impasible, para exhalar con cansancio —. Kazu-chan, no veo inconvenientes en que tengas está clase de acercamientos con tu pareja. Pero pido, encarecidamente, que tengas en cuenta que me gustaría que se respetará el hecho de que compartimos recamara. Dormiré con las demás Kamuros en otro cuarto entonces — Haruka se retiró imperturbable. Así, dejo solos a los dos jóvenes que estaban ruborizados y con el corazón en la garganta luego de aquello. Volvieron a sentarse uno lejos del otro, mirando a otro punto con las caras rojas.

Kazuki se abstuvo a la idea de decir algo como "así jamás tendremos sexo", pues por el rostro de Toi supuso que ni siquiera se le pasó por la cabeza aquello. Una carcajada se presentó por parte de Kazuki, llamando la atención de Toi.

— Que remedio contra esto — suspiró irritado. Toi parpadeo incrédulo, para sacudir la cabeza y ponerse de pie como si nada, carraspeando la garganta incómodo mientras los ojos rojos de Kazuki le seguían.

— Me retiró — dijo Toi, Kazuki asintió. Toi estaba por salir más Kazuki llamo su atención con una fuerte tos fingida, Kazuki le tendía su kimono. Toi se miro, percatandose bastante tarde de que estaba sin ropa, exclamó apenado para corre hasta Kazuki y arrebatarle su vestimenta y colocarsela rápidamente. Ahora vestido, si pudo irse despidiéndose con vagancia, dejando a Kazuki riéndose solo.

A la mañana siguiente, puntual como se esperaba: Enta apareció, Keppi acompaño a Kazuki hasta el joven, no fue una despedida conmovedora solo Kazuki agradeciendo los cuidados y pidiendo paciencia con Haruka. Haruka, que debía permanecer en la casa, observaba desde la entrada como Kazuki pasaba junto con Enta la gran muralla gris que rodeaba solo el perímetro de la casa del Kappa; Haruka estaba triste ante la despedida, más no lloró y solo se limito a observar como Enta sonreía de oreja a oreja mientras llevaba a Kazuki de la mano.

Haruka tenía más curiosidad de como estaría Toi, pero convenientemente, Mabu informó que Toi estaba enfermo y que descansaría por hoy. Haruka sabía que no estaba enfermo, el día anterior se veía muy sano, pese a los golpes de su espalda no parecía padecer ningún mal; pero sabiendo que nada le pasaba a Toi, decidió no comentar nada siendo conciente de que no la estaba pasando bien.

Mientras que en la pequeña morada de Lacayos, Toi observa desde la puerta a medio cerrar a Kazuki montarse en una carreta con Enta para irse. Por un segundo, los ojos de Kazuki rodaron hasta la casa de madera observando con calma el lugar, no apartó la mirada hasta que la carreta se alejo completamente ahí.

Un mes después.

Enta la estaba pasando mal, no podía negarlo. La epoca de paz para un reciente samurai sin casta como él era absurda, completamente inapetente; no porque la guerra llamará su atención, sino porque los recursos que podía tener por su daimyō se veían recortados. Para los samurais, en la actual Edo, las cosas se estaban desorganizadon ante la estricta jerarquía que los había organizado tanto tiempo con el ingreso reciente de inmigrantes y las puertas al salvaje mundo occidental abiertas ante los curiosos ojos nipones. Los comerciantes, que pertenecían a la clase medía del país empezaban a acumular fortunas al ver que atendía cada necesidad de los más ricos y los precisos volaban prácticamente, los samurais estaban perdiendo su tiempo como guerreros y ahora solo se les veía por las noches en los teatros disfrutando del licor y las mujeres.

Enta se preocupaba de haber errado en su elección, debió seguir los pasos de su cuñado y no empeñarse en pertenecer a la casta más alta que ahora representaba menos de un cinco porciento de la población a nivel nacional. La mayoría de los samurais estaban desempleados y derrochando su dinero en banalidades, buscando un señor al que servirle; Enta era afortunado, un daimyō de baja categoría le recibió y le permitió entrenar con su otro guardián, un samurái ya mayor que también se encontraba a su servicio, con ello pudo ser adoptado para convertirse en un joven aprendiz y ser un samurai sin casta. La más baja categoría, casi deshonrosa, pero seguía siendo el segundo punto más alto de la pirámide social, después de los Daimyō y el Shōgun.

Enta invirtió bien su dinero, comprando un hogar y sacando a Kazuki de la casa del Kappa tal como había soñado desde que lo conoció. Pero, pese a que tenía todo lo que había deseado de joven, no se sentía feliz.

Quería creer que su malhumor se debía a la falta de licor, pero el odiaba aquella bebida que solía beber con su señor. Más bien, el motivo estaba relacionados estrechamente con su soñado duo dorado: Kazuki desde que llegó a la casa que él le mostraba con tanto orgullo, se veía marchito, en todo el recorrido el cuerpo de Kazuki parecía casi colapsar en medio de la tristeza; no podía entender como Kazuki al apenas llegar a un cuarto se aventó contra el suelo y ahí quedó toda la tarde sin hacer más nada.

Pero poco a poco, Kazuku parecía aceptar su nueva vida. De mala gana, era evidente en su rostro, pero lo hacía, generalmente no hablaba, sino que de enfocaba en tocar la biwa o el koto todo lo que le permitiera el día y las velas que iluminaban la noche ¡Incluso había aprendido a tocar el charumera! Un instrumento que tanto había despreciado y ahora le dedicaba horas de empeñó.

Enta no podía entender el afán de Kazuki por tocar cualquier clase de instrumentos, bailar todo lo que pudiese y leer tantos poemas como quisiera; parecía absorto de todo, frustrado de cosas que no entendía y que solo podía descargar a través de su talento cultivado meticulosamente. Enta era incapaz de entender que Kazuki evitaba a toda costa aburrirlo, buscando cualquier escusa para hacer algo sumamente vibrante que llamara su atención.

Kazuki vivía en una preocupación eterna en medio de sus noches en vela ¿Que pasaría si Enta quisiera acostarse con el? Sus tripas se revolvieron con aquella idea que se le hacía tan inadecuada, le daba escalofríos solo imaginarlo o siquiera mencionarlo. No podía verse a si mismo saciando el deseo sexual de Enta que fácilmente podría ser su hermano o hasta su padre en situaciones dadas, podía sentir el amargo líquido espeso subir de la boca de su estómago hasta la garganta y atascarse ahí.

Manteniéndose ocupado con caligrafía y música, Enta parecía no querer molestarlo y le dejaba ser, también estaba a su favor que Enta salía toda la tarde excepto los domingos y los lunes. Estaba cómodo con su nuevo estilo de vida, más no contento.

Su mente dolía divagar en Toi y preguntarse que estaba haciendo el chico, que comería, a quien atendería, estaría cuidando a Haruka, Keppi sería muy duro con él; miles de cuestionamientos que le atormentaban humedeciendo sus ojos. Y para su terror, había días raros en los que fantaseaba de más con Toi, su imaginación volaba tan lejos que llegaba a verse sin ropa debajo del cuerpo del otro acabando con temblores eléctricos y una erección entre las piernas. Kazuki vivía aterrado, pues jamás le había ocurrido algo como aquello por solo pensar en alguien, atendía sus necesidades en el patio, dónde Enta no le escuchará y ahí meditaba los motivos por los cuales reaccionaría de ese modo tan morboso, más no encontraba motivos para que su cuerpo se viera tentado de tal modo.

Kazuki estaba claro que a veces los hombres sufrían erecciones como parte de su naturaleza, lo que le asustaba era que las sufría por imaginarse a su mismos en brazos de otro chico. Le gustaba Toi, eso estaba claro, pero no creyó que fuera a tal extremo. Sujetó su rostro con ambas manos y se dejó caer para recortarse en el suelo, sacudió las piernas mientras se quejaba de cualquier cosa que pudiera pensar: su encierro, Enta, el estúpido y sexual Toi ¡Todo eso era un dolor de culo y pene tremendo!

Kazuki dejo de hacer su pequeño berrinche, sintiéndose extremadamente solitario en medio de la habitación con aromas frutales. Quería irse, Enta en varias ocasiones le recalcó que está era su casa y podía hacer lo que le placiera, pues en eso momentos la idea de marcharse era lo más placentero que se me podía ocurrir.

Estoy solo

Kazuki observo el techo, no era para nada especial ni bonito; más bien era rústico; le parecía la cosa más entretenida del universo como si fuera oro. La habitación empezaba a oscurecer, el sol se escondía dándole la bienvenida a la sombría noche que traía consigo el gélido brillo de la luna menguante y la delicadeza de las estrellas.

Cómo las algas que flotan sobre el mar.

Extrañaba a Haruka, su dulce voz y su olor a mandaría, sus brillantes ojos púrpura que se ven opacados por la seriedad que se difería de su edad, su cabello de tono castaño claro que era tan sedoso. Quería volver a ser regalado por el menor a causa de su imprudencia, que le corrigiera cuando comía muy aprisa, que le cantará cuando estaba de buen humor ¿Cómo había podía dejarlo abandonado? Sabía que a Haruka no le importaba, le había dicho que no se preocupara, aún cuando eso era imposible.

Que son arrancadas, que se pierden ante el movimiento del mar.

Le preocupaban las demás cortesanas, jamás se acercó lo suficiente a ellas, su trato era meramente cordial dónde se saludaban y conversaban trivialidades o cosas sobre sus clientes –porque el cotilleo siempre es divertido–, pero nunca había visto a dichas mujeres con sonrisas tan amplias como las que mostraban al molestar a Toi, algunas incluso se ruborizaban mostrando una conducta impropia de prostituta experimentadas como ellas eran. Sentía haber puesto ranas en la cama de Yuki, que estaba seguro solo estaba cegada por los celos que le causaba tener tan poca popularidad y la preocupación de ser degradada a hashi; el alguna vez también se dejó llevar por esa angustia. Le daba pesar saber que ellas seguirían atrapadas en Yoshiwara.

Voy a dejar que el mar me llevé a un nuevo rumbo.

Quería saber cómo estaba Mabu, la mejor acción que Kazuki creía haber hecho fue tomar el lugar de Mabu como cortesano disfrazado; el frío hombre no demostraba su gratitud y alivio, lo escondía con excelencia tras la máscara de indiferencia que solía traer; podía ver qué Mabu tenía algo con ese otro hombre con el que siempre compartía risas y conversaciones, Reo era una persona muy amable y haría lo que fuera por Mabu.

Rezando por llegar a un lugar mejor.

Sara y Keppi eran todo un caso, no sentía rencor por su patrón pese a que lo golpeó; lo tenía merecido; intento enfocarse en todo lo bueno de él. Solo pensaba en que era alguien divertido y fácil de sacar burla. Sara en cambio, fue como una madre, poseía una serenidad envidiable, aunque a veces parecía estar dormida en los laureles pero no quita el hecho de que siempre le trato con amor.

Deseo que ahí estés tú, para salvarme.

Al pensar en Toi, los sentimientos de confrontaban y le generaban espasmo de emoción. Una pequeña sonrisa de dibujo en su rostro, ojalá no haya muerto en manos de Keppi y Mabu.

Llévame a tierras verdes, dónde todo es paz.

Quería morir, odiaba estar vivo sabiendo que no sería feliz jamás. Pero prometió ser prudente, se lo prometió a Toi y lo cumpliría por él mismo. No valía la pena quitarse la vida cuando nunca le trato mal, Kazuki era conciente de que montaba mucho drama, ahogándose en un vaso con agua. Tampoco podía sumarle la culpa a Enta, que su único anhelo era cuidarlo y había hecho lo imposible para sacarlo de la casa del kappa siendo ese el deseo que siempre tuvo, Enta era un amigo valioso al que le agradecería toda la vida por su amabilidad, por aguantar a alguien como él.

Si moría ¿Que haría Toi? Kazuki era conocedor del pasado de Toi; era probable que una vez muriese, Toi fuera a Osaka en busca de su hermano mayor del cual se había separado por un accidente ¿Chikai seguiría en Osaka esperando por Toi o se habría movilizado para buscarlo? Se preguntaba que pensaba Toi al respecto.

¿Cómo se vería Chikai? ¿Se parecería a Toi? Y si de verdad se parecía a Toi ¿Tío se vería en algún futuro como Chikai? Ojalá Chikai fuera guapo y de fuerte genética, así Toi sería guapo a futuro. Eso estaría bien.

Rió con aflicción, giro sobre su cuerpo quedando de costado observando el ancho y largo de la recamara: era amplia y simple, había un futon extendido dónde fácilmente podía recostarse si se arrastraba, un biombo cuya decoración era en su mayoría eran grullas que sobrevolaban un lago, las puertas como en cualquier casa eran corredizas y se mantenían cerradas, sus instrumentos estaban todos apilados en una esquina de la habitación como si ya no fueran utilizables, y una mesa de té. Pero había un detalle especial, había una puerta que daba al pórtico tracero permitiendo mayor facilidad de contemplar el patio, Kazuki mantenía la puerta cerrada pero cuando estaba solo solía abrirla y así ver el jardín: el césped perfectamente podado, con un camino de piedras que rodeaba un árbol alto, arbustos pequeños sin flora que estaban cerca de los muros y hasta una banca dónde poder reposar bajo la sombra del árbol.

En aquel jardín predomina el verde dandole un aire natural, más a Kazuki no le agradaba tanto como el jardín del esposo de Otone. Observo con desgano la puerta, que se encontraba tan cerca pero tan lejos esos momentos, podía arrastrarse para abrirla y observa la luna desde el suelo ya que estaba tan aburrido y la compañía del astro nocturno le alegraba un poco: por algún motivo le recordaba a Toi.

Kazuki se pregunto porque la luna de le asemejaba tanto al chico, tal vez el delirio de verlo ya lo hacía pensar que Toi estaba en todo. Pero detallandolo, podría ser una conexión simbólica: la luna era tan pálida y fría, con una luz rebosante de tranquilidad que llenaba el ambiente silencioso de la noche, poseía manchas que se dispersaban por toda su superficie de forma curiosa y pese a su acercamiento a la tierra jamás podría alcanzarla.

— Lo sabía — musitó Kazuki —. Me estoy enloqueciendo — cubrió su rostro con el antebrazo lleno de furia, lágrimas se escurrían sin permiso algo que no le agradaba, estaba cansado de llorar y estar estático ante sus problemas sin embargó no sabía que más hacer para mejorar su situación.

Reunió toda la energía que pudo para ponerse en pie, sus movimientos eran el único sonido que pertuba el ambiente tácito. Sus pasos era pesados, sentía que sus pies eran atados por cadenas que le arrastraban hacia atrás, con lentitud corrió la puerta corrediza que daba al jardín, la noche era gélida con una densa capa de niebla esparcida por el suelo dándole un toque melancólico al lugar.

Kazuki dejo que sus pies abandonaran las getas, ya no tenía necesidad de usar las que eran altas y de madera oscura, ahora podía ponerse unas normales que le hicieran más fácil caminar; camino recto hasta quedar en el medio del jardín, dónde todo se sentía tan vacío, el espacio parecía expandirse y todo a su alrededor de alejaba dejándolo en un cúmulo de suelo abandonado del resto de la construcción.

¿Por qué habían tantos muros en Edo? Las grandes casas eran siempre divididas del resto de haciendas por las paredes grisáceas, Kazuki se acostumbro a ver aquellas construcciones de bloques de concretó; entendiendo que formaban parte de la rígida cultura en la que se había criado.

Inhaló, el aire tenía una fragancia sutil a hierva y también a...

Abril sus ojos con sorpresas, volvió a inhalar profundo en busca de aquel olor tan familiar.

Menta, sudor, cuero y hierbas fuertes.

Relamio sus labios que se sentían secos, su garganta estaba atorada en su propia saliva y una extraña emoción invadió su pecho al percibir el olor de Toi, aquello era insólito para sus sentidos.

— ¡Estás demente Kazuki! ¡Absolutamente loco! — golpeó con sus puños su cabeza lleno de rabia, mordió su labio inferior. Un golpe tras otro vino, se golpeó la frente, la parte de la izquierda, la derecha, la nuca y el centro en busca de acomodar sus pensamientos; pues su cerebro le jugaba una broma muy desagradable al hacerle creer que Todo estaba cerca.

— ¡Oye, Kazuki! ¡Deja eso! — Kazuki soltó un respingo al escuchar aquella voz, era Tío definitivamente. Más Kazuki no lo creía, seguro estaba demente, era probable que en la noche se le derritió el cerebro y lo expulsó por la nariz en medio de sus mocos; Toi estaba lejos, en Yoshiwara, la zona impenetrable del placer y el olvido.

— Kazuki, estás loco ¿Acaso fumaste? — se preguntó a si mismo como si fuera a contestar a su propio ser con hacer la pregunta a lo alto. Debía dormir, eso tenía que hacer, el debía...

— ¡Kazuki! — giro su rostro, encontrando a Todo sobre el muro, una pierna colgando en el interior del terreno mientras la otra era subida, tenía una cuerda atada a la cinturas y se veía agitado — ¡Kazuki, maldición, te estoy llamando!

— ¿Toi? ¿Kuji Toi? — pronunció sin poder creerlo, veía a Toi balancearse sobre el muro mientras gritaba. Su cuerpo se movió sin aviso en dirección hasta el muro donde Toi estaba montado y se aventó al suelo al momento que Toi caía. El cuerpo de Toi aterrizó contra el suyo, sacándoles un quejido a ambos al momento de sentir el golpe.

Ambos quedaron un par de minutos en el suelo quejándose en medio del dolor.

— ¡Ah! ¡Cómo duele caer así! — Toi se sentó, miro a todos lados confundido — ¿Kazuki?

— ¡Ah! ¡Toi...! — al mirar abajo, Toi noto que estaba sentado sobre el pecho de Kazuki, que ya le estaba costando respirar mientras todo daba vueltas y se ponía borroso.

— ¡Kazuki! ¡Oh por Dios! — se levantó rápidamente para ayudar a Kazuki a sentarse y que pudiera recobrar la compostura — ¿Estás bien?

— ¡Toi! — Kazuki se lanzo a brazos de Toi, ignorando el punzante dolor en su cráneo. Lo abrazo con todas sus fuerzas, acurrucando su cuerpo en el de Toi mientras llanto de alegría se le escapaba. Tío correspondió al abrazo, sonriendo sutil — ¿Cómo llegaste hasta acá? — pregunto Kazuki sin poder creerlo, estaba seguro que del otro lado del muro vivía otro samurai.

— Créeme, no deseas saber... — más el celo fruncido de Kazuki le dió a entender que no se quedaría con la incertidumbre, sacándole un jadeo a Toi —. Te lo contaré cuando estemos fuera de la capital.

— ¿Perdona? — Kazuki parpadeo sin comprender.

— Vine a secuestrarte — dijo Toi extendiendo la cuerda, que en realidad estaba amarrada a algo del otro lado del jardín, la jalo dos veces tensandola y verificando su firmeza. Asintió seguro al ver que no de rompería fácilmente —. Bien ¿Nos vamos?

— Toi, yo no lo puedo creer — balbuceó Kazuki, para darle un golpe en el hombro a Toi que se quejó — ¡Tardaste demasiado!

— ¡Perdona ¿Si?! ¡Pasaron muchas cosas y debía esperar el momento adecuado! Incluso ahora, tengo el cuello amenazado — Kazuki no protesto más, en cambio, miro en varias direcciones antes de regresar sus ojos a Toi.

— ¿Que pasará si no funciona?

— Traje el plan de respaldo — del interior de su kimono Toi saco un kaiken, cosa que dejó a Kazuki mudo. Kazuki cubrió su rostro con ambas manos, contemplado el doble filo del cuchillo con terror.

— ¿Piensas matar a Enta? — sollozo Kazuki, podría ser insoportable pero aún así era su amigo de la infancia. Toi se extraño.

— ¿Qué? No — Kazuki suspiró aliviado con la respuesta —. Llevo una carta conmigo dónde explico, entre comillas, porque te secuestre; si algo sale mal, me suicidare y la culpa será toda mía.

— ¡Mejor mata a Enta! — Kazuki estaba por arrebatarle el cuchillo a Toi, que levanto el brazo para evitar aquello.

— Hace un segundo estaba por llorar por la idea de que muera, Kazuji.

— ¡Cambie de parecer cuando pensé la posibilidad de que tú murieses! — saltaba en un intento de alcanzar el cuchillo, más Toi lo alejaba de él con cada salto.

— Kazuki, deja de decir esas tonterías — suspiró Toi, Kazuki infló sus mejillas —. Si nos apuramos, nadie muere.

— ¿Me lo prometes?

— Si — Kazuki sonrió, observó con desgano el alto muro de concretó. Tomo aire y suspiro.

— ¡Vamos!

Para escapar, Toi escaló el muro con los pies descalzos y al llegar a lo más alto de lanzo y esta vez, aterrizó con maestría sobre su rodilla recibiendo menos impacto.

— ¡Ahora tú! — exclamó Toi desde el otro lado del muro, Kazuki observo con contrariedad el muro. Era tan alto y él tan pequeño, la cuerda al tacto era muy áspera por lo que era probable que lastimar sus manos, jaló con fuerza la cuerda verificando por si mismo que resistiera; me asustó un poco escuchar un crujido del otro lado del muro —. ¡Oye! ¡¿Que estás haciendo que parece que romperlas la cuerda?! — Toi se sintió un poco nervioso mientras Kazuki estaba ofendido ¿O sea que pesaba más que Toi? Chasqueo la lengua mientras apretaba la cuerda y empezaba a escalar; el vuelco que dieron sus tripas no fue normal al cambiar de perspectiva, su ángulo inclinado le marea y pronto sentía un temblor recorrerlo aunque no sabía si era por el frío o el temor.

Nuevamente sintió el crujir de la cuerda, trago en seco apresurando el paso, logro que su mano derecha alcanzará el borde del muro, la uso para hacer fuerza y ascender, logró encaramar su pierna derecha y ambos brazos mientras soltaba quejidos mientras estaba en la parte más alta.

— ¿Kazuki? — Kazuki sintió que los colores lo dejaban al momento de escuchar a Enta, el joven estaba en medio del jardín aún vestido con sus ropas de trabajo y peinado samurai sosteniendo una lámpara con la vela a medio consumir. Se miraron unos segundos — ¿Que estás haciendo ahí arriba? — Enta miraba la cuerda que seguía extendida a lo largo del muro, Kazuki apretó los labios para girar su rostro y ver a Toi que estaba expectante a sus movimientos.

— Perdón — musitó para tomar la cuerda y lanzarse sobre Toi, no estaba seguro si se disculpaba por saber que caería sobre Toi o porque dejaba a Enta con el alma destrozada. Toi logro atrapar a Kazuki, que estando del otro lado del muro distinguió que la cuerda estaba amarrada con doble nudo al tronco de un árbol que hay estaba.

Toi le tomo de la mano y rodearon la casa pasando por un estrecho que había entre el muro y el hogar, llegando al patio frontal, Toi abrió la gran puerta de madera con suma facilidad.

— ¿Cómo? — le pregunto Kazuki.

— Nunca cerraron — Toi sonrió un poco al responder.

Al salir, fueron recibidos por Mabu, dos kamuros que Kazuki reconoció como las asistentes de Yuki, Haruka y el palanquin. La atención de Kazuki estaba en Haruka, el cuál le miraba fijamente, sin poder creer que realmente Kazuki estaba ahí.

— ¡Haruka! — extendió sus brazos en dirección al pequeño, que corrió a abrazarlo. Kazuki estrecho con fuerza a Haruka, que lloraba inconsolable en brazos de Kazuki.

— Menos mal, te trajo a salvó — Haruka podía sentir su alma tranquila al momento que su cuerpo choco con el de Kazuki para abrazarlo con cariño, estaban juntos nuevamente.

— Será mejor que se apuren — dijo Mabu, Kazuki le miró con melancolía, Mabu acaricio la cabeza y rostro de Kazuki recordando cuando esté era pequeño —. No los quiero ver en Edo jamás — Mabu le mostró una amplia sonrisa, los labios de Kazuki temblaron antes de, por primera vez en mucho tiempo, sonreír mostrando sus negros dientes —. Cuando salgas de la ciudad, asegura de despintar tus dientes ¿Si? Tu sonrisa es preciosa.

Las pequeñas Kamuros se despedían con energía de los tres mientras alzaban sus brazos y saltaban como nunca. Toi, Kazuki y Haruka se alejaban a paso rápido gracias a la falta de calzado, llegaron a una esquina donde una carrera pequeña que era atada a un caballo les esperaba. Kazuki no se atrevió a preguntar de dónde la habían sacado, pues reconocía el tallado en la madera de uno de los burdeles que había en Yoshiwara.

Subió a la parte tracera junto con Haruka, que tenía una mueca de nerviosismo.

— Estoy asustado — confesó Haruka.

— Igual yo — respondió Kazuki.

— Creo que me he hecho pipí encima.

— Por favor, ahora no — se quejo Toi llendo al frente y comodandose para conducir.

— Haruka, no te preocupes — consoló Kazuki llevando su mano a la cabeza de Haruka, acariciando los cabellos del menor con gentileza —. Toi nos protegerá.

— No es verdad, cuidare de Kazuki porque no tengo opción — responde Toi para señalar a Haruka —. Pero realmente no te quiero ver a tí.

— ¡Toi! — chilla Kazuki con enojo, Haruka hizo un puchero.

— ¡Tampoco quiero su cuidado! — se cruzó de brazos orgulloso —. Yo podré con mi propio peso, también protegeré a Kazu-chan.

— Haruka, no tienes porque hacerlo.

— Si debo — aseguro Haruka —. No puedo dejarte en manos de un extraño, yo cuidare de tí ¡Seré tu ángel guardián! — dijo con convicción, Kazuki le miro con sus ojos brillando en felicidad y orgullo.

— Está bien, entonces.

Antes de darse cuenta, la carreta se estaba movilizando y cuando el sol estaba saliendo, los jóvenes habían salido de Edo.

— Kazuki, toma — Toi le pasó a Kazuki el kaiken que preparo como un recurso extremo.

— ¿Para que me lo das? — pregunto Kazuki observando el doble filo del cuchillo.

— Creo que es apropiado que te deshagas de algo — Toi señaló su cabeza, Kazuki inconscientemente llevo su mano hasta sus mechones largos de cabello, que por el ajetreo se habían salido del peinado de chongo que llevaba. Kazuki pensó en lo irónico que sería ponerle fin a su vida de cortesano al usar aquel cuchillo que generalmente era usado para el suicidio, metafóricamente hablando ¿Sería asesinar a su yo actual? ¿Eso planeaba? Desligarse de la casa del kappa al abandonar sus largos cabellos castaños oscuros, olvidar que alguna vez fue el objeto de deseo de hombres morbosos y contraídos.

Algo muy significativo.

Soltó su cabello, Haruka tenía los ojos en él, Kazuki le pasó la liga que solía usar. Sonrío para luego, tomar su cabello con la mano derecha y pasar con fuerza el cuchillo, eso fue la primera vez, ya teniéndolo corto tomo los mechones y los acomodo para que se vieran más cortos; los hilos de cabello eran llevados por la suave brisa del verano. Pronto, tenía un peinado disparejo y corto.

— Kazu-chan, te ves terrible — comentó Haruka con una sonrisa.

— Tu también te verás así — Kazuki le pasó el cuchillo, al entrar en contacto con los dedos de Haruka el cuchillo salió volando hacia atrás al ser tirado por el pequeño, que sonreía alegré al haberse desecho de aquella arma.

— No planees darme esa cosa — bufo Haruka con una sonrisa deprimida, Haruka tomo su cabello y usando la liga de cabello de Kazuki recogió el propio en una coleta alta dejándolo a la altura de sus hombros —. No fue hecha para más que arrebatar almas — musitó. Kazuki no cuestiono nada, de algún modo entendía la perspectiva de Haruka y la respetaba. Se giró a ver a Toi.

— El viaje a Osaka será largo, deberías empezar a contarme lo que ha pasado — dijo Kazuki.

— No, no iremos a Osaka — contesto Toi, consta que consternó a Kazuki.

— ¿Cómo dices? — pregunto incrédulo Kazuki, en su mente lo más lógico era ir a Osaka, dónde Chikai le dijo a Toi que le esperaría hace ya tres años atrás ¿Acaso Toi no deseaba ver a su hermano mayor?

— Tenemos que hacer un recado en Nagasaki — aclaro Toi.

— ¿¡Nagasaki?! ¡Eso es un mes de viaje, Todo! — expreso Kazuki su preocupación — ¿Que es tan importante para ir allá primero — a Kazuki no le cuadraba, Osaka quedaba vía a Nagasaki, podía con mucha facilidad pasar primero por Osaka en busca de Chikai y luego ir a Nagasaki.

— Que debemos reducir el tiempo de viaje a Nagasaki, verás, no de cuánto tiempo tarde en pudrirse — Toi saco, nuevamente, del interior de su kimono una pequeña caja. Kazuki empezaba a preguntarse si es que el joven podría alguna bolsa escondida en el interior del kimono o por lo menos un bolsillo.

Kazuki tomo la caja con duda, Haruka veía insípido la escena.

— ¿Al final lo has traído? — Haruka lo pregunto, más sonaba receloso al decirlo. Al abrir la caja, Kazuki casi la dejaba caer por culpa del espanto que le generó ver un dedo cortado depositado cuidadosamente.

— Toi ¿Esto que significa? ¿De dónde lo has sacado? — Kazuki quería llorar, era un dedo femenino, la uña estaba limpia y arreglada, era delgado y largo probablemente haya ocupado el puesto índice en la mano del portador, parecía tener un corto tiempo en la caja porque aún no tenía moscas, gusanos o mal olor.

El silencio reino por parte de Toi y Haruka, inquietando aún más a Kazuki que no podía soportar la tensión del aire; ya no era el fresco de verano que movía su cabello sino la tormenta del aproximado otoño que le atoraba la garganta, impidiéndole respirar.

— Verás, todo comienza hace seis días en la casa del Kappa — empezo a relatar Toi, atrapando la atención de Kazuki —. Con el suicidio de Akane-dono.