Una semana antes del rescate de Kazuki.
Toi admitía, cada vez que le preguntaba si extrañaba a Kazuki, asentía silencioso y continuaba sus labores; sus compañeros habían intentado animarlo dándole alcohol y comida o simplemente contando chistes, pero no faltaba el lengua larga que mencionara a Kazuki de la nada en un comentario tipo "¡Claro, Kazuki y tú hacían esto...!" O "A Kazuki le encantaba tal cosa" y el buen ambiente creado se demolía por completo.
Las cortesanas, por otro lado, se dividían en dos bandos; algunas le recriminaban no haber impedido la ida de Kazuki –como si él hubiera podido hacer algo– mientras otras intentaban animarlo o no mencionar el tema. Akane estaba en el primer bando, actuado de forma pasiva; siempre le miraba por un rabillo de ojo, reprochando su falta de acción en silencio; pero tras los ojos de la enojada Akane había algo más que no lograba entender, un remordimiento oculto que parecía matarla lentamente.
Keppi y Sara no decían nada al respecto, ambos estaban muy ocupados intentado resolver la crisis que había por la falta de clientela y el ascenso al favoritismos de parte de las Geishas; sin mencionar que habían perdido exclusividad con la partida de Kazuki, que atraía a clientes particulares, por decirlo de alguna manera.
Mabu parecía triste, últimamente estaba muy torpe y se obligaba a comer cualquier cosa. Reo intentaba frenarlo, alegando que no era bueno para su cuerpo que viniera de ese modo y que se enfermaría, más Mabu hacía caso miso y seguía comiendo.
— Que caso tan serio — se quejo Reo con Toi al ver a Mabu tragando fideos. El rostro pálido de Mabu cambiaba de colores constantemente; de verde a azul, de azul a morado, de morado a rojo y de rojo a verde nuevamente; una muy clara mala señal —. No sabe cómo más descargar su preocupación — suspiro Reo.
— El realmente quiere a Kazuki.
— Es prácticamente su hijo — se burló Reo —. Mabu es peor que una madre, recuerdo que cuando llevaba a Kazuki a pasear con Sara-chan, Mabu siempre me gritaba que era un inconsciente al llevármela así.
— ¿Sara también?
— Si, a ella le encanta pasear en carreta y se aprovechaba de Kazuki para salir con más libertad; aunque Keppi y Hanako les terminaban regañando por irse sin permiso. Esos días eran todo un caso — se burló Reo. Toi envidiaba al hombre frente a él, que siempre sonreía como si nada malo ocurrirá a su alrededor y contagiaba el optimismo que desprendía.
— Suenan como recuerdos agradables — pronunció Toi con una sonrisa pequeña, Reo le miro con seriedad.
— Oye, oye, oye — Reo llevo una mano a la cabeza de Toi, revolviendo sus cabellos oscuros —. No te fuerces a sonreír, no es agradable — luego del comentario, Reo fue con Mabu y se sentó a su lado, dándole dos palmadas en la espalda con esa carismática sonrisa suya.
Toi regreso dentro, en el camino de encontró a Yuki que le miro despectiva.
— Se siente raro verte sin tu perro guardián — comento, Toi se detuvo para escucharla por lo que Yuki continuo —. Aunque sin su presencia, no encuentro motivos para intentar molestarte —. Yuki era particular, tenía un largo cabello rubio llegando a blanco y ojos de un marrón tan oscuro que se asemeja al negro, por ello su única ventana expresiva era su sonrisa sínica.
— Tampoco lo harías si estuviera — recalcó Toi, Yuki chasqueo la lengua rememorando las pequeñas bromas que Kazuki le jugó: ranas en el futón, sus getas mojadas, su maquillaje que ardía...
— Ese idiota — hablo entre dientes, continuo su camino para hallarse con un cliente habitual: un joven samurai que descarga sus frustraciones en alcohol y la buena compañía de las cortesanas.
Toi miro de reojo hacia atrás, la orgullosa Yuki entraba a una habitación mientras fingía una sonrisa y mostraba un tono más dulce en su voz al saludar.
— Kuji-kun — el suave llamado de una Kamuro me alertó, reconoció a la pequeña como una de las ayudantes de Akane —. Akane-dono lo requiere — Toi se estremeció, después de tres semanas siendo crudamente ignorado por Akane finalmente la mujer le enfrentaría. Toi no sentía miedo, eso era demasiado, era más bien intranquilidad.
La Kamuro guío a Toi hasta la habitación de Akane, al quedar frente la puerta corrediza la pequeña se inclino para retirarse no antes sin anunciar que Toi estaba ahí. Toi fue quien abrió la puerta.
La habitación de Akane era mucho más amplia que la de Kazuki, por alguna razón también estaba desordenada con todos los kimonos que tenía a su disposición regados por el suelo, platos apilados sobre la mesa donde Akane escribía algo. Toi se intrigo bastante al ver que Akane escondía su mano izquierda entre sus piernas.
— Pasa y cierra la puerta — llamo Akane, Tío obedeció, entrando hasta queda a una distancia de un metro de Akane.
— ¿Para que me necesitaba? — Akane deslizó una caja pequeña y rectangular sobre la mesa, pasandosela a Toi; debajo de la caja había una hoja de papel doblada en tres partes.
— La nota es para ti, más no debes leerla hasta después de mañana — comento Akane —. En la caja hay un recado que debes hacer.
— ¿Dónde desea que la lleve? — pregunto Toi toma do ambas cosas, observando la pequeña caja fijamente.
— Nagasaki — respondió Akane, Toi pensó que era una broma, espero a que la mujer se riera o le dijera otra cosa. Akene le miró de reojo — ¿Necesitas saber algo más?
— Perdone mi ignorancia, pero pensé escuchar que dijo Nagasaki — contesto Toi — ¿Podría corregirme?
— No hay error, quiero que vayas a Nagasaki, en la bahía hay una isla artificial llamada Dejima a la cual debes infiltrarte y buscar a alguien que te deje anotado para obsequiarle esto — aseguro Akane, para el completo desconcierto de Toi.
— Es un mes de viaje, con suerte tal vez solo veintiocho días — señaló Toi.
— Entonces es mejor que te apures a marcharte — dijo Akane como si nada.
— ¿Por que iría a Nagasaki? — preguntó Toi. Akane bajo el pincel con el que escribía, miro a Toi impavida.
— Porque es mi voluntad — a Toi le tomo desprevenido aquella contesta, más no contradijo. Le observo fijamente, hasta que Akane regresa su mirada al papel. Toi supo que no tenía caso y que aquella labor que le encomendaron debía ser cumplida si o si.
— ¿Cuando quieres que vaya?
— Mientras más pronto mejor.
Toi, ya con la idea de ir le gustará o no a Nagasaki, se inclino para retirarse y suspirar cansado. Aquello era increíble, pasaba de recolector de heces a mensajero.
Pensado detenidamente, el ascenso le venía como anillo al dedo.
Tras su salida y un día normal, pudo ir a dormí tranquilo. La mañana siguiente fue especialmente diferente, al levantarse, descubrió que Mabu no los levanto temprano al estrellar algo metálico contra el suelo tantas veces como fuera necesario para despertarlos a todos, de hecho, todos estaban alegres por su despertar tan tranquilo y automático; pero Toi estaba extrañado ¿Que podía tener a Mabu tan entretenido para olvidar despertarlos con esa característica rudeza?
Fueron a hacer sus labores, Toi preparaba las palas para ponerse a trabajar más en medio del camino noto un disturbio entre los pasillos; las cortesanas por alguna razón caminaban tan rápido como las altas getas le permitieran, acompañadas de un bullicio casi imperceptible rodeandolas. El escándalo silencioso podría ser generado por una agitación en la planta superior, pues ahí se dirigían las cortesanas ansiosas con rostros angustiados.
— ¿A dónde vas Kuji?
— Recordé que debo ir a hablar rápidamente con Akane-dono — inventó una escusa que no era del todo mentira, subió con velocidad para llegar al segundo piso donde había un tumulto de damas que no paraban de murmurar y las pequeñas Kamuros lloraban desconsoladas. Entre las cabezas de las niñas, Toi distinguió a Haruka al cuál de acerco para preguntar qué pasaba, sin embargo antes de que pudiera formular la pregunta Haruka salto a abrazarlo.
— Ha pasado algo horrible — sollozo desconsolado.
— ¿Que ha sido? ¿Por qué tanto alboroto? — Toi miro a las mujeres que estaban aún en lo suyo, observando fijamente el interior de la habitación de Akane.
— Akane-dono se suicidó — hablo entre gimoteos, Toi se quedó pasmado. La idea era abstracta, una completa aberración; apenas ayer la había visto tan sana y natural; ahora le confesaban que Akane estaba muerta. Toi no sabía cómo expresarse, si preguntar o lamentarlo.
No sé sentía en especial dolido, pero tampoco se sentía bien. Era una molestia en la planta de su pie y la punta de sus dedos que le dejaban inquieto, una sensación bastante nueva, le causaba cierta intriga los motivos que tendría Akane para quitarse la vida pero no consideraba oportuno preguntar.
— Di algo — musitó Haruka, temblando bajo sus brazos. Toi no sabía que decir, cualquier cosa sonaba más en su cabeza en esos momentos.
— Yo no encuentro como expresarme ni como consolarte — Toi fue honesto con Haruka, que apretó el agarre de sus manos contra la tela del kimono de Toi. Sin saber que hacer para darle alivio a Haruka, quiso imitar a Kazuki acariciando la cabeza del más bajo e intento mostrar una sonrisa, Haruka se vio perturbado por el extraño gesto de Toi que se notaba doloroso.
— ¿Que es eso? No hagas esa expresión tan horrible, me das miedo — expresa Haruka tras un escalofríos. Toi arrugó el gesto.
— Perdona, quería verme como Kazuki para hacerte sentir más agusto — hablo Toi —. Pero no soy como el, así que es probable que se haya visto mal.
— Dió miedo — Haruka limpio las pequeñas lágrimas que se deslizaban para sonreír vagamente. Haruka de aparto de Toi, fue con las otras Kamuros que comenzaban a sentirse más serenas.
Toi en cambio, se abrió su camino entre las mujeres que estaban presentes. Descubrió que Mabu estaba ahí, eso explicaría porque no despertó a nadie en la mañana, al verlo, Mabu frunce el entrecejo.
— ¿Que haces acá?
— Vine a ver a Akane, aunque me parece que algo paso.
— Puedes verlo con facilidad — Mabu miro tras de Toi, las inquietas Oiran estaban murmurando algo, formando especulación sobre Akane para lograr comprender su decisión. Más nada tenía sentido para ninguna.
Dentro de la habitación, Keppi seguía sujetando un rollo de hoja que Akane había dejado con sus voluntades, a su lado estaba Sara; leal como siempre; llorando la perdida de Akane. Keppi se mantenía serenó ante, aunque en realidad se sentía apenado por el suceso.
El cuerpo de Akane se halla en el suelo, sus muslos estaban atados por una cinta dorada que probablemente se usó de adorno para el pelo en algún momento, su kimono no era el característico rojo vivo que solía vestir sino uno de color azul oscuro sin detalles; era más para hombre que para una refinada dama como ella; había un charco de sangre seca debajo de su cuello que se extendía hasta su espalda; la sangre provenía de la abertura de su cuello que se veía profunda. Lo más horrible era ver a la mujer al rostro, Akane siempre se mostró estoica, más en esa ocasión habían lágrimas secas en sus mejillas y sus ojos secos estaban perdidos en el techo, sus labios estaban separados permitiendo ver su cavidad bucal y había perdido el poco maquillaje que usaba en los ojos aquella ocasión.
Toi sintió profundo asco al presenciar aquel cuerpo sin vida, el asco de entrelaza y expande con la sensación apesadumbrada que plantaba en su pecho. Un remolino de ideas llegaban ¿Por qué? ¿En qué momento? ¿Que pensó antes de morir que le dejo aquella expresión? Toi ojeo el cuarto, el brillo del filo del cuchillo era distinguible al otro lado del cuarto a dos metros de Akane por decir algún aproximado.
A su cabeza se vio la escena, como si fueran dibujos que relataban la verdad del acontecimiento: podía a ver a Akane, imperturbable como siempre, la mujer se quitaba el lazo del cabello y lo usaba para atar sus muslos y no morir con las piernas abiertas –como si importará, pues vivió toda su vida abriéndolas para todo mundo–, luego, tomar aquella arma de doble filo y rajar su cuello de extremo a extremo, el dolor agonizante le llevo a caer y soltar el cuchillo que se acabó por deslizar por el suelo hasta su actual posición; incapaz de gritar, solo podía retorcerse en dolor mientras el charco de sangre se formaba bajo de ella, pronto, su cuerpo no pudo más y cedió, extendiendo sus brazos y muriendo casi al instante en segundos que parecieron horas.
No obstante, a Toi le constaba que aquello solo fue parte de su imaginación y que no era seguro lo que vio en su mente. Imaginar aquello le causó un hueco en alguna parte de él, no podía identificar que zona de su cuerpo se vio más afectada ante aquel pensamiento tan detallado pero casi le dió para caerse.
— Kuji — Mabu le sujeto de los hombros al verlo tambalear. Toi tuvo que llevar una mano a su boca para retener las náuseas que tenía presentes —. Se fuerte, esto no es algo que amerite un desmayó. Sería peor para todos los presentes.
— Ella está muerta.
— Si, lo está — aseguro Mabu —. Pero todos acabaremos así, solo adelanto el proceso inevitable.
— ¿Por qué?
— Aún no lo sé, el señor no acaba de explicarlo.
— No ¿Por qué tú no estás afectado? — Toi muro a Mabu, que ante la pregunta abrió su boca para luego desvíar la vista.
— La verdad, nunca tuve una relación estrecha con Akane-dono, ella tampoco me simpatizaba demasiado. Verla en ese estado me genera decepción más que nada — explicó Mabu —. No logro empatizar con su decisión o entender que la llevo al extremó de la soga, pero, tampoco creo querer hacerlo. Personalmente, prefiero mantener la cabeza fría a tener que fingir dolor e infundir más pánico — las palabras de Mabu sobaba crueles pero lógicas, Mabu tenía un punto por más inhumano que el se viera en esa situación. Pero ¿De que le servía inestabilizarse sabiendo que el era fundamental? Por algo estaba ahí parado, sería probable que al apenas hallar el cuerpo, al primero que hubieran recurrido fuera a Mabu porque era confiable para todos.
— Mabu-san — Toi tomo la mano de Manu, buscando algún apoyo —. No me siento triste por ella, pero me da bastante repudió.
— Si, porque este es el cuerpo humano en su auténtica forma: representante suciedad, fealdad e incluso algo transitorio. Los humanos nos vemos de este modo tan desapetecible al no tener vida, parecemos abandonados y eso genera mucho asco, hasta lastima en algunas circunstancias — Mabu no limitó su lengua, hablo como se sentía porque no sabía que otra cosa decir. Mabu era de pocas palabras e insensible en ocasiones, Reo siempre le recriminaba si falta de tacto. Mabu veía que aquél defecto, más como una virtud, le hacía sentir firme en el suelo, estaba al tanto que no a muchos le agradaba aquella insensatez, pero tampoco le interesaba saber a quién le parecía bien y a quien no.
Toi miro a Mabu, su mirada era inexpresiva en lo que cabía.
— Akane-dono me pidió algo ayer, quería que fuera a la bahía de Nagasaki. Dijo que ahí había una isla donde debía encontrarme con una persona y dejarle algo en su nombre — Mabu de vio sorprendido, más con un poco de reflexión entendió todo. Se levanto y fue hasta el cuerpo de Akane, Keppi no pudo detenerlo, pues Mabu camino firme hasta ella y levanto una de sus manos: faltaba el dedo índice de la mano izquierda. Keppi observo aquello con furia y tristeza.
— Entonces eso fue... — musitó Keppi, observó a Akane, esta vez con cuero desprecio. Tomo aire y suspiro, ahora no parecía importarle —. Estás voluntades son solo una fachada, el auténtico deseo de Akane lo debe tener alguien más — a Toi le recorrió un escalofrío al recordar la carta de Akane —. No voy a pedir que me las den, solo aviso que es libre de cumplirlas, sin inmiscuir a la casa del Kappa y sus trabajadores, con respecto al cuerpo... — miro el cadáver de Akane para luego ver a Mabu —. Se que esto es desagradable, pero lo dejo en tus manos — dijo Keppi.
— Cuente conmigo para esto — responde Mabu sin mayor complicación.
El cuerpo de Akane acabaría como el de cualquier prostituta que acaba muerta por cualquier enfermedad, abandonado en alguna fosa dónde se apilaban los cadáveres hasta su putrefacción.
Para la noche, todos estaban enterados de aquello. Las kamuros de Akane organizaron un pequeño altar para Akane, dónde llevaron acabo oraciones y diferentes peticiones por el alma de Akane, para que encontrará el camino a la luz infinita. Toi asistió, pero solo para confesarle a las Kamuros que Akane le dejo aquella carta y recibiendo miradas curiosas.
— ¿Puedes leerla? — pregunto una, la cara de Toi enrojeció y desvío la mirada apenado.
— Es muy complicado — musitó, la mayor de las kamuros se levantó y fue hasta Todo, extendiendo su mano para que le diera la carta. Toi no rechisto, le pareció perfecto que las más pequeñas escucharán, pues todas las niñas de la casa del Kappa e incluso algunas Oiran estaban presentes, todas espectantes a la lectura de la carta.
Joven y querido Toi:
Esto es duro de explicar, pero debo rogarte por el bienestar de Kazuki; para que lo busques. A lo mejor me guardas rencor lo que te hice, lo lamento bastante, más en ti ví la imagen distorsionada de un hombre que amé alguna vez.
Nuevamente perdona, no quise descargarme en ti. Pero cuando me di cuenta, solo pensaba que Kazuki acabaría como yo: abandonado, miserable, enojado consigo mismo por sus decisiones...
Eso me causaba gran angustia.
Pero si algún día me perdonas, entenderás que los adultos hacemos cosas en nuestra juventud de la que nos arrepentimos. La lección de buda es aprender a olvidar y así alcanzar la paz, pero ¿Acaso no es más fácil hablar y dejar que el viento arrastré las palabras? No puedo dejarlo pasar, así qué entiendo que tú no dejes pasar mis acciones.
Kuji Toi, a estas alturas ¿Crees que Kazuki siga vivo? Yo alguna vez prometí cosas que no cumplí, di te hace sentir tranquilo que Kazuki te jurase cualquier cosa, entonces deberías reconciderarlo: soy su maestra, así que alguna vez le enseñe algo que me deja en vela todas las noches.
"Si eres infeliz, es mejor no estar vivo"
Por ello intenté hacerlo feliz todo lo que pude, aunque creo que jamás logré algo tan palpable como lo que tú hiciste.
No quiero ser la heroína, mi muerte se da meramente por mi egoísmo. Pero tampoco quiero irme sabiendo que Kazuki está llorando; es un quejumbroso, así que no dudo que lo este haciendo.
La razón por la que te pido ir a Nagasaki, es para que penetres la isla artificial donde habitan extranjeros y ahí, lances la caja que te di al mar; mi esperanza es que las olas lleven mi dedo índice a un lugar mejor, así una parte de mi estará dónde quiero que llegué.
Nagasaki es mi tierra natal y la isla, llamada Dajima, es el lugar donde halle mi primer amor: Boudewijn es un holandés que conocí hace siete años atrás, cuando ofrecía mi servicio por allá, tras su ida por razones políticas, escapé e un intento de dejarlo ir.
No sé cómo, pero un día cualquiera, escuché a una cortesana de bajo estatus hablar de él. Ella al parecer provenía de Nagasaki igual que yo.
Si lo encuentras dale la caja y sino, que es lo más seguro, lanzala al mar que es mas realista que buscar a un don nadie ¿No? Si llegas a ir, si logras entrar, si logras cumplir mi deseo; ya sea lanzando el dedo al mar o entregándoselo como un obsequio a mi primer y único amor; si logras llevar a Kazuki, que es como un hijo para mí, te estaré eternamente agradecida.
Hasta una futura vida, dónde si el todo poderoso Buda lo permite seré feliz al lado del hombre que amo.
Un prolongado silencio se creó entre los presentes. Yuki se levantó sacando de lugar a todos ahí e importunando el silencio.
— Que asqueroso — pronunció con rabia —. Tanta cursilería me da náuseas, esperaba más de la tan honorable Tayū. Aunque no creo que haya sido tan noble como decimos — se dirigió a la salida mientras hablaba —. Pues todas seguimos siendo prostitutas.
Yuki se retiró, dejando un sabor agrio en el paladar de los presentes. Toi no la determinó, me pareció bastante sosa la presencia de la Oiran en primer lugar, por más refinada que sea su forma de hablar la mujer solo era capaz de escupir veneno. Estaba más concentrado en las voluntades de Akane, pues le dejo un piquete de ansiedad al mencionar la posibilidad de que Kazuki falleciera en las mismas circunstancias.
Acabado los procesos fúnebres de Akane, cada quien fue a su dormitorio con el peso del frío sobre ellos tras aquél ritual de despedida. Toi iba con la cabeza baja, reflexionando aquello mientras basila sobre su postura. Estaba seguro que lo mejor para Kazuki era continuar su vida sin él, Enta lo cuidaría bien, aunque el temor que le generaba la testaruda forma de ser de Kazuki no era normal.
Diablos, los sentimientos encontrados le dolían.
Para completar el episodio de preocupaciones, Mabu le esperaba frente del cuarto con la caja de Akane en mano. Al verlo, se giro para enfrentarlo.
— ¿Esto es de Akane? — Toi rodo los ojos hacia arriba, contemplando por un rabillo de ojo a Mabu —. Perdona por inmiscuirme en tus cosas, pero realmente lo necesitaba hacer, estabas muy raro hoy.
— Pensé que sabía disimular — suspiro Toi.
— Entonces — Mabu pregunto, Toi asintió como repuesta —. Y dime ¿Qué será lo que harás?
Toi no lo sabía, el realmente no tenía idea que le depararía el mañana y eso le ponía nervioso; no tener el control de pequeñas cosas y que de la noche a la mañana ocurrieran tantas cosas era abrumador. Tío admitía con desgano que detestaba el día que nació, este mundo era asquerosa desde cualquier ángulo y nada le ha salido bien. Sin embargo, le daba más nerviosismo el futuro de Kazuki, no de veía incluído en aquel panorama y eso le ponía furioso y deprimido a la vez.
— Debo cometer una locura, pero no quiero ser frenado.
— Al contrario — dijo Mabu —. Y se cómo cumplirla.
Al día siguiente, Yuki caminaba de regreso a su habitación después de un agotador día de trabajo. Se veía agobiada en el camino, pues uno de sus clientes distinguió entre su cabello claro más canas sobresaliendo, eso le dejaba un mal favor de boca ¡Ni siquiera había llegado a la treintena para tener canas! Y para colmo, el cliente se burló de ello, de la exagerada reacción que tuvo, como su gesto de desfiguraba en horror y la manera frenética en la que busco entre sus mechones aquella dichosa cana.
Había pensado ingenuamente que sus males acabarían con la ida de Kazuki, más parecieron empeorar con el fallecimiento de Akane. Le constaba que no se llevaban bien, apenas y de trataban, pero de algún modo le había perturbado el final de la mujer que desesperada por no tener el amor que tanto añoraba; una banalidad considerando su trabajo; se arrebató la vida.
— ¡Yuki-dono! — sintió como su columna de estremecía ante el llamado, le causó desagrado ver tras de sí a Toi acompañado de Mabu. Recomponiendo su postura, Yuki de mostró inexpresiva al momento que Mabu y Toi se pusieron frente a ella; manteniendo una distancia de un metro más o menos de ella.
— ¿Me necesitaban? — pregunto soberbia, Toi se inclino.
— Necesito un favor de usted, señora.
"Señora", que forma tan desagradable de referirse a ella. Era verdad que entraba entre las mayores de la casa pero tampoco era tan mayor. Arrugó el ceño, no supo si por el desagrado que le causó el apelativo o porque Toi le quería pedir algo.
— ¿Que pasa? ¿Es urgente?
— Necesito que este viernes me lleve con usted a la casa de Samurai al que sirve — Yuki se vio confundida por la petición tan poco usual.
— ¿Quieres ser parte de mi caravana?
— No señora — nego Toi —. Quiero escapar, pero necesito ir al lugar donde usted va.
— Yuki-dono ¿Sabe usted dónde está Kazuki, no? — una ráfaga de recuerdos llenaron la mente de Yuki ¡Ah! Claro, hace dos semanas menciono que mientras iba a casa de Touya; el samurai joven al que brindaba entretenimiento en la parte más ostentosa de la capital; distinguió a Enta en la calle que le seguía a la casa de Touya.
— Si, es verdad — afirmó. No de le olvidaría la cara de tonto que llevaba está mientras cargaba una bolsa donde presumía había algún obsequio para Kazuki; se notaba en la cara de Enta.
— ¿Queda cerca de la casa de Touya-dono?
— Son prácticamente vecinos, está vive una calle antes...
— Por favor, déjeme ir para hursupar a Kazuki.
Yuki sintió la sangre subir hasta sus mejillas, en un notorio sonrojo que se extendió hasta sus orejas. Yuki balbuceo entorpecida por la declaración tan rara de Toi, pero logro formular con decencia lo que necesitaba decir.
— ¡Por dios! ¡¿A qué extremos planeas llegar por otro hombre?! — exclamó —. Eso es por completo irracional, tan ridículo que da tristeza.
— Eso lo sé — confronto Toi —. Pero ya no tengo nada que perder, nada que ocultar. Por favor ayúdame, luego jamás te volveré a molestar.
Yuki no quería involucrarse, cuando Keppi se enterará enloqueceria. No sentía ganas de discutir la racionalidad de Toi, tampoco por lo que quiso darse la vuelta e irse, siendo lo más sensato.
Un fuerte golpe en el suelo, le hizo detenerse para ver sobre su hombro. Casi se cae de espalda al ver a Todo tirado en el suelo, en reverencia, mientras suplicaba por su ayuda. La imagen se le hizo lastimera, bastante defraudante a lo mejor, por un segundo se le partió el alma al ver a Todo suplicando. Se acercó al muchacho con zancadas veloces para ponerle una mano en el hombre.
— Ya párate — recriminó —. Te ves patético, un hombre de verdad no debe postrarse a suplicar.
— Pero ¿Que clase de hombre soy si no pude hacer nada por la persona que más me importa?
Yuki no empatizo con los sentimientos de Toi, más bien, le dejo una sensación insatisfecha. Fue bastante incómodo, no encontraba como arreglar aquello con palabras, consolar a Toi iría contra todo lo que espera y dejarlo así le lastimaba por mera lastima.
— Solo ponte de pie, mantén la compostura y no me hagas arrepentirme.
Yuki prometió cooperar, solo pedía cambio no volver a verle la cara en lo que restaba de semana. Pues no sabía cómo podría mirarlo después de aquello.
Llegado el día, para que Toi pudiera pasar: Yuki entro a la casa de Touya, dónde se dió la labor de emborrachar al samurai y mantenerlo entretenido con música y baile.
— ¡Hey! — Mabu llamo y guió a Toi hasta la callejuela, dónde Reo estaba con una carreta y caballo. Toi casi de desmaya cuando Reo confesó que de lo arrebato a un borracho.
— ¡Se meterán en problemas! — grito Toi.
— No pasa nada, lo deje casi muerto en borrachera — aseguró Reo juntando sus dedos índice y pulgar como una señal de seguridad.
— Reo, no estás ayudando — advirtió Mabu al ver el rostro de Toi perder el poco color que poseía.
— Tranquilo, solo amanecerá con dolor de cabeza... Y tal vez náuseas; pero nada grave, lo aseguró.
Para cuándo quiso darse cuenta, paso de casi caer desmayado en angustia por la idea de llevarse una carreta robada a estar sereno escalando una pared. Y al abrir sus ojos, estaba sobre el blando cuerpo de Kazuki, llevándole de una alegría tan grande que no supo cómo nombrar
Kazuki de había prometido no llorar más, que ya nada valía lágrimas ahora que finalmente obtenía la libertad que le fue negada hace ya varios años. Y aún así, acabo en llanto, abatido por la perdida de Akane; lágrimas que jamás derramó por su madre las dejo caer sin restricciones al saber que Akane no volvería a ver otro amanecer.
Haruka buscaba brindarle apoyo con un abrazo, mientras Toi intentaba concertarse en el caminó si éxito alguno. Kazuki no podía parar de llorar por más que deseará, por más que quisiera hacerse creer que ahora Akane estaba en un lugar mejor, pero nada podía ayudarlo, todos los pensamientos le lastimaban como garras que se encajaban en sus brazos para deshacerse de la piel.
— Akane... — lloró, abrazo la pequeña caja contra su cuerpo sintiéndose impotente. La caja tenía el mismo olor que el perfume de Akane, que con lentitud se desvanecía en el aire; siendo reemplazado por la fragancia pura de la naturaleza.
— Kazu-chan — Haruka no tenía idea de que hacer para aliviar el peso emocional que le causaba a Kazuki la ida de Akane, la tayū no era una simple mentora que había tomado al travieso Kazuki: era la madre de Kazuki en lo que había de la palabra; ella lo abrazo, le dió calor, le educó, ella estuvo siempre a su lado.
— Perdón, quería ser más fuerte pero sigo siendo tan estúpido — limpio sus lágrimas con las palmas de sus manos —. No puedo parar de llorar cuando no hice nada, no pude frenar a Akane. Si tan solo me hubiera quedado...
— Te equivocas — Toi hablo —. Ella quería esto precisamente porque no estabas cerca; jamás lo haría contigo cerca. Akane-dono espero demasiado para esto, tu no hubieras podido evitarlo — Toi hablaba si estar seguro, pero era lo que pensaba y no dudaría en compartirlo —. No debes victimizarte echándote el peso de la culpa, no vas a conseguir más que hacer que el recuerdo de Akane y su lazo sea amargó.
Kazuki, que hace unos segundos estaba destrozado, encontró tranquilidad ante las palabras de Toi. Las lágrimas caía calladas, ya no agonizantes, manteniendo respeto por el ambiente que de había aligerado. Kazuki inconscientemente llevo la mano a su cabello acomodando un corto mechón tras su oreja en vano, pues este regreso a su posición inicial al instante; sonrió con pesar.
— Es verdad — comento Kazuki, Haruka suspiros tranquilo al ver cómo Kazuki recuperaba el aliento —. Jamás olvidare mi conexión con Akane — observo la caja con pesadumbre, más la dejo aparte para no tener que aferrarse más a la agonía que sentía; solo por un segundo deseo que la caja se perdiera, a su vez que deseaba llegar pronto para cumplir con el deseó de Akane.
Haruka, que noto la tensión que Kazuki tenía por culpa del contenido de la caja, la tomo cuidadosamente y la mantuvo a una distancia cercana a el. A su vez, sonrió con cierta malicia para comentar con fingida inocencia:
— ¡Toi-kun ama a Kazu-chan y lo grito por toda la casa del Kappa en varias ocasiones! — ante aquello, Toi se vio atrapado en pudor que le fue difícil ocultar mientras Kazuki mostró una sonrisa ligeramente burlona.
— ¡Ah! ¡¿Es verdad, no?!
— ¡Claro que no! — respondió Toi.
— Pero si recuerdo claramente, Toi — contesto Kazuki —. "Yo amo a Kazuki ¡No soportaba la idea de que se fuera con Jinnai!"
— ¡No dije eso!
— Es que fue hace un mes, casi no recuerdo pero fue más o menos así.
— ¡Por dios, que no!
— No debes avergonzarte Toi-kun, este es nuestro círculo de confianza — aseguró Haruka.
— Solo que, se abusa de esa confianza — recalcó Kazuki.
Kazuki y Haruka molestaron un rato a Toi, que estaba consumido en vergüenza y quería ser tragado por la tierra. Y para su infortunio, Kazuki y Haruka le molestaron con el tema hasta llegar a Osaka, dónde los mencionado se vieron más interesados en explorar el nuevo entorno que dedicarse a molestar a Toi.
— No se alejen demasiados, les recuerdo que no tenemos permisos de movilización así que si nos atrapan estaremos en muchos problemas — les advirtió Toi, más Haruka y Kazuki ni le determinaron, estaban más concentrados en los olores fuertes de comida que en otra cosa. Toi lamento no haber llevado mucho dinero, pues veía el poco que tenía acabado en proximidad —. Iré a comprar suministro para algunos días, tomen esto y no lo...
Antes de acabar la frase, Kazuki ya le había arrebatado las pocas monedas de cobre que podían darse el lujo de derrochar –aunque en su situación, no era precisamente recomendable–. Toi observo con doloroso asombro a Kazuki y Haruka salir como almas llevadas por el diablo, atraídos por el exquisito olor de un puesto de comida.
Toi no hubiera querido acabar en Osaka, era el peor lugar para pararse, más Kazuki y Haruka empezaba a quejarse demasiado de lo poco que les agradaba las galletas dirás de los vendedores ambulantes que hallaban en el caminó y que deseaban comida de verdad; habían pasado varios pueblos ya, y Osaka era el próximo no tuvo más remedio que detenerse ahí para complacer el capricho de sus acompañantes ¡Llevaban apenas una semana y media de viaje y se supone que hasta Nagasaki es un mes aproximado de viaje! ¡Jamás llegarían a este pasó de liebre dormida!
Tío sabía que no debía comprar más que agua y frutas, no podían detenerse a cocinar porque ninguno era hábil en dicha capacidad. Por lo que le fue fácil comprar lo que llevarían, aunque para su desconcierto, entre la multitud de personas vio algo que le dejo sin aliento.
Quiso creer que el cuerpo de Chikai a lo lejos era nada más que una ilusión, que aquello fue producto del delirio que le causó tanto estrés; era demasiado coincidente que viera a su hermano cuando era lo que menos deseaba en esos instantes, pero casi pudo vislumbrar la silueta de Chikai.
Sacudió la cabeza y se apresuró a marcharse, le traía más sabor de boca quedarse más tiempo en Osaka; necesitaba irse pronto. Busco con la mirada a Kazuki y Haruka, que estaba divirtiéndose con unas masas blancas, suaves y pegajosas a lo lejos mientras mastican, ríen alegres contagiando el sentimiento de felicidad. Toi lamentaba tener que cortarlos.
— Kazuki, Haruka — llegó a su lado, los mencionados le ven sonrientes, dos rostros estaban iluminados en felicidad cosa que le hacía a Toi el trabajo de regresarlos a la carreta más difícil de lo que imaginaba —. Debemos irnos pronto.
— ¿Ahora? — se quejo Haruka, sintiendo que el tiempo fue reducido en exceso ¡Apenas había disfrutado de estirar las piernas! Por más que hizo pucheros para que Kazuki le apoyará y de quedarán un poco más, este solo suspiró para ver a Toi e ignorando la intensidad de los ojos púrpura de Haruka.
— Está bien.
Toi agradeció con un sopló la colaboración de parte de Kazuki, pues Haruka no pondría oposición si era Kazuki quien estaba bien con la ida. Haruka se mostró bastante decepcionado, deseaba explorar más Osaka y hasta deseaba quedarse a pasar la noche, pero no fue capaz de refutar. En silencio se montaron en la carreta y se fueron de Osaka en silencio.
Haruka, cuyo estómago estaba repleto, se vio tumbado por el peso del sueño. Se permitió dormir sobre las piernas de Kazuki, mientras esté a acariciaba su cabeza enternecido. Kazuki levanto la vista sin parar de acariciar la cabeza de Haruka; observo con profunda desolación a Toi, que parecía algo perturbado desde que salieron de Osaka; llevo su mano hasta el hombro de Toi y le brindo una sonrisa gentil. Toi no logro hacer mucho con el gesto, solo le miró un poco.
— ¿Ha pasado algo allá? — pregunto Kazuki intranquilo, Toi no supo su contarle o reservarse aquello. Lo reflexionó bastante, contando los pros y contras de decirle a Kazuki; sabía que lo primero que haría Kazuki era exigirle que regresarán, creyendo ciegamente en la posibilidad de poder hallar a Chikai. Más Toi no estaba tan seguro de poder encontrarlo entre ese tumulto de personas; supuso que si intentaba mentirle, Kazuki en algún punto de enteraría de la verdad y se enojaría. Así que decidió ser honesto.
— Creí haber visto a Chikai...
— ¿A tu hermano mayor? — respondió Kazuki con fascinación, Toi asintió — ¡¿Por qué no dijiste nada?! ¡Rápido! Dale la vuelta a la carreta, aún podemos hallarlo — Toi sonrió rodando los ojos al escuchar al enérgico Kazuki asegurar que aún tenían tiempo para buscar a Chikai. Kazuki había apartado con cuidado a Haruka para apoyar sus manos sobre el borde de la carreta y balancearse, jalando bruscamente de la carrera como si de ese modo la hiciera girar.
— Kazuki, no estés histérico.
— ¡Muy tarde, estoy histérico!
— Kazuki se prudente, es poco poco probable que sea Chikai, a lo mejor lo confundí — hablo Toi —. Además, no tenemos tiempo; el dedo de Akane empieza a oler mal.
Kazuki, que aunque comprendía los puntos de Toi, se sintió enojado y lo expresó con un puchero mientras cruzaba los brazos con fastidio; Toi no lograba comprender porque Kazuki parecía más impaciente en encontrar a Chikai que él mismo, pero tampoco le preguntaría porque sería darle más cuerda al asunto que quería dejar de lado. Más luego de eso, Kazuki de puso muy malcriado, intercambiando casi nulas palabras con Toi y mostrando una actitud repelente.
— Por dios Kazuki, no seas así ¡Se razonable!
— Déjame en paz Toi — fue todo lo que contesto Kazuki, con los brazos cruzados y dándole la espalda a Toi. Haruka, que estuvo dormido cuando todo paso, no lograba entender del todo porque había una incómoda distancia entre Kazuki y Toi; que era impuesta notoriamente por Kazuki, renuente a ceder a las peticiones de Toi de dejar el tema. Haruka decidió no entrometerce en los asuntos de recién casados de Kazuki y Toi, aunque era difícil, se alejaba todo lo que podía de ambos para no tener que prestarles atención.
— Kazuki, ya te dije que podemos buscarlo de regreso.
— ¿Pero por qué no en el momento? Osaka estaba ahí mismo pero decidiste huir — refutó Kazuki.
— ¡No es verdad!
— ¡¿Y por qué no intentaste alcanzarlo si lograste verlo?!
— ¡No era seguro de que fuera él!
— ¡Nada costaba intentar!
Ambos se mantenían firmes ante sus posturas, enojados con el otro que parecía no entender sus sentimientos con respecto a la situación. Decidieron dejar el tema pausado, al dejar de discutir por el bien de ambos y de Haruka. Toi decidió que toda su atención sería enfocada en el camino, apretando las correas con las que frenaba o aceleraba el paso del caballo; Kazuki por su parte, decidió cruzar sus brazos y no volver la vista al frente por nada del mundo, hasta que llegaran a Nagasaki.
Haruka miro a Kazuki y luego a Toi, nego con la cabeza y suspiro para regresar su atención a la pequeña caja; la cual de había convertido en la cosa más interesante del mundo en eso momentos.
El resto de viaje fue callado para todos, a veces Haruka interrumpía el silencio al hablar con Kazuki sobre cualquier banalidad que se le ocurriera. Existía una fuerte tensión entre Kazuki y Toi, los cuales de vez en cuando miraban sobre su hombro al otro y al verse descubiertos regresaban la mirada al frente; deseando hablar con el otro sin poder hacerlo.
— Es allá — Toi señaló a lo lejos, dónde se distinguían varias casas y personas. Kazuki y Haruka sonrieron, al vislumbrar el mar rodeándo la bahía de Nagasaki. Apenas podían creer que habían estado un mes sobre la carreta para llegar hasta ese punto, Haruka contemplaba el mar con impresión, abrumado por la inmensidad de este. Kazuki suspiro con profunda soltura.
— ¡Hemos llegado! — anunció Kazuki con alegría, observando el alrededor con ojos deslumbrados. El aire por alguna razón tenía un aroma diferente, Kazuki aspiró con fuerza pero no fue capaz de distinguir que hacía el ambiente tan diferente; aquello no le desagradaba, le parecía innovador y le daba una sensación cálida.
— Finalmente — Haruka observo la caja que les había dejado Akane —. El deseo de Akane-dono se hará realidad.
— El tal Boudewijn debería estar en la bahía, en la isla flotante.
— ¿Realmente seguirá aquí? — dudo Kazuki, no quiero verse pesimistas pero pensado con cordura aquello. El caso de los inmigrantes era muy delicado en Japón, sin mencionar que para los nipones cualquier ser viviente de occidente era un bárbaro; que se le permitiera la entrada a un máximo de veinte personas ya era milagroso.
— Nada cuesta averiguar — afirmó Toi. Kazuki sintió un jalón de rabia ante esas palabras, pues eran las misma que uso cuando le regaño por no hacer estado más pendiente de su hermano. Gruñó en respuesta, esperando que Toi le escuchará para luego desviar la vista con ojos fieros; Haruka, que noto la mirada enojada de Kazuki, sintió un escalofrío recorrerlo.
— No quiero escuchar eso de tí — Kazuki hablo a lo bajo, pero sonaba más que molestó. Toi pudo oír a Kazuki hablar, más no entendió mucho; sabía que de algún modo le había puesto de malhumor pero no sé atrevió a preguntar. Apreciaba demasiado su vida para perderla por detalles menores.
Detuvieron la carrera antes de llegar a Nagasaki, Toi la paro detrás de un montón de árboles para poder continuar a pie. Se sorprendió por la cantidad de vagabundos que habitaban Nagasaki, también habían muchas ventas de pescados y arroz, el mercadeo parecía más vivo en la bahía pese a la poca población; aún así, las monedas de cobre sonaban y se distinguen fácilmente como ríos oscuros, también se notaba la buena productividad en la vida de los residentes.
Kazuki sujetaba con fuerza la mano de Haruka; a diferencia de Osaka, había un aire molesto en Nagasaki, podía sentir miles de ojos pararse en ellos. Mostró repelencia que era contestada por los habitantes con fuerza, Toi noto aquello así que se interpuso.
— Deja de mirar a todos como si fueras a comertelos vivos — hablo a lo bajo, tomando la cadera de Kazuki y encaminandolo más adelante. Kazuki no respondió, solo giro el rostro sin querer ver a Toi, pues el gesto le había estremecido causándole un sonrojo.
Deijima estaba custodiada por guardias fieros que no permitían el paso a nadie, la isla era una especie de prisión para los neerlandeses; cada barco llegado de los países bajos era meticulosamente inspeccionado, las casas solo eran suficientes para veinte personas y eran vigilados las veinticuatro horas del día por oficiales muy estrictos. Las únicas con la libertad de entrar y salir eran las prostitutas, los demás japoneses tenían que tener una muy rigurosa supervisión y hasta permisos especiales en algunos casos.
— Kazuki, repíteme ¿Por que deje que te cortas el cabello? — Toi lamentaba que ahora Kazuki no pudiera pasar desapercibido, si se viera más femenino podría entrar con las prostitutas y buscar rápidamente a Boudewijn. Kazuki se limitó a soltar un bufido, si llegaba a decir algo más, acabaría por insultar a Toi hasta los ancestros. Dudaba que los antepasados del chico tuvieran la culpa de la estupidez de su pareja.
En eso, ambos se sobresaltan y giran sus cabezas. Haruka estaba observando la fila de prostitutas apunto de entrar, Haruka levanto la vista hallando los ojos de Toi y Kazuki, sin entender del todo que significaba aquellas miradas insistentes.
Al darse cuenta, le habían soltado el cabello y lanzado hasta ellas. Haruka se acercó a una niña.
— Oye — llamo la atención de la joven, que le vio dudosa — ¿Me prestas maquillaje? — la niña soltó un respingo, incapaz de comprender las palabras de Haruka por lo complejo de su hablar. Para la suerte del pequeño, una de las prostitutas era hashi y ente día en lenguaje formal usado. Se inclino para quedar a su altura.
— ¿Para que un precioso niño como tu necesitaría esto? — pregunto cortés, Harina saco la pequeña caja.
— Tengo una misión importante — empezó a explicar —. Mi tutora falleció, su petición fue que entrara a buscar a un extranjero que amaba para entregarle su dedo índice como muestra de sus sentimientos.
La mujer comprendió la situación, explico a sus compañeras lo ocurrido y todas aceptaron que el niño les acompañará. Aunque Kazuki y Toi no habían pensado que sería tan sencillo para Haruka colarse, estaban aliviados de que lo logrará con éxito. Observaron que Haruka mantenía la cabeza baja rodeada por las Kamuros mientras pasaban.
— Que Buda te acompañe — suplico Kazuki, si llegaba a descubrir la infiltración de Harina podría ser malinterpretado como un espía de los neerlandeses y ser asesinado. Kazuki junto ambas manos para, después de mucho tiempo, recitar una oración. Toi empatizo con la preocupación de Kazuki, entendiendo que no estaba bien dejando al pequeño irse solo. Sujetó a Kazuki por lo hombros y me hizo mirarlo.
— Estará bien, es un niño inteligente — aseguro, Kazuki asintió, sabiendo aquello pero sin poder evitar preocuparse.
Haruka entro con las mujeres, la que tenía la facilidad de entenderlo le pregunto:
— ¿Sabes el nombre del amante de tu señora? — Haruka se estremeció, dándose cuenta que no sabía pronunciar el nombre del neerlandés. Recordaba a Kazuki pronunciarlo con dificulta, ni hablar del pobre intento de Toi al decir aquel nombre; para Haruka había sonado como un puchero y un escupitajo. Hizo memoria con el mayor cuidado posible, sabiendo que el nombre de pronuncia con la letra "be" pero sin entender aquello realmente.
Sus mundos eran tan diferentes ¿Cómo hacía Akane para comunicarse con el señor?
— Creo que era Boudin — dijo como pudo, la mujer no de vio convencida —. ¿Blobin? ¿Booida? ¿Boula? ¿Bou...?
— No te fuerces — dijo rápidamente la mujer —. Encontraremos la manera de hallarlo, a lo mejor podemos escuchar los nombres de los señores y tú recordarás. Por ahora, sabes mantenerte con las niñas en una esquina mientras entretenemos a los clientes ¿Si? — Haruka asintió, decepcionado de si mismo. Sabía que el nombre del extranjero era escencial para completar el mandado ¡Si no podía distinguirlo, sería el fin!
Las mujeres entraban en una diferentes casas, él no sabía a cual ir; lo más sensatos fue seguir a la que podía comunicarse con él. El problema era que en una casa habían máximo cuatro hombres, por lo que su posibilidad de que Boudewijn esté ahí era una de cinco.
Las niñas se sentaban a lo lejos, mientras lo adultos jugaban y venían licor. Haruka sintió asco al ver que las mujeres no ofrecían música o canto, sonó que directamente descubrían sus pechos para llamar la atención de sus clientes, manteniéndose coquetas en todo momento; se sorprendió por la escasez de palabras, al parecer estaban acostumbrados a no decir mucho por la diferencia de lenguajes, existiendo esa barrera entre las prostitutas y los neerlandeses era poco entretenido las conversaciones y saltaban directo a la diversión por decirlo de algún modo. Haruka tuvo que desviar la mirada, apenado de la situación, estás mujeres no eran más que vulgares prostitutas y no artistas del sexo como con las que había acostumbrado a tratar.
Haruka mentía la cabeza baja pero el oído atento, los neerlandés tenían la mala maña de emborracharse y hablar hasta por lo codos; las prostitutas respondían con risas y asentimientos, cosa que hacía la interacción más peculiar. Las palabras todas eran similar a escupitajos, sus lenguas se trabajan y pronto, la rosca pronunciación de los extranjeros pasaron a simples balbuceos indescifrables.
Haruka se rindió de inmediato, se puso de pie y se retiró en silencio, aún cuando hubiera hecho bulla los mayores estaban tan concentrados en lo suyo que no lo hubieran puesto atención. Al salir, se dió cuenta que el sol de estaba poniendo, había perdido toda la noción del tiempo atrapado ahí.
Escucho un suave ruido y se giró para ver a un hombre muy borracho hablándole, no entendía lo que decía pero el hablaba con mayor claridad de la que pudiera esperar de alguien en su estado. Este hombre de balancea de un lado a otro, completamente ido, al pasar por su lado acaricio su cabeza y se marchó aún tambaleante. Haruka sonrió por la extraña acción del desconocido, observo la caja que llevaba encima y suspiro.
— ¿Que es eso? — soltó un respingo y se giro aterrado, pensado que le habían descubierto. Se alivio al ver que se trataba de un neerlandés.
— ¿Habla usted japonés? — se sorprendió Haruka, el hombre arqueo una ceja sorprendido.
— ¿Y tú hablas de forma anticuada, no? — Haruka se avergonzó, oculto la mirada mientras acomodaba su cabello tras la oreja.
— No es anticuada, es refinada — aseguró Haruka.
— ¿Que trae a un niño disfrazado de cortesana a esta área? — pregunto el hombre —. A lo mejor tiene relación con esa caja ¿O me equivoco?
— Está en lo cierto señor — hablo Haruka. El hombre te iba un aspecto peculiar, siendo alto y ligeramente robusto, su cuerpo era cuadrado en su totalidad, podría una voz áspera al momento de hablar y pronunciaba con seguridad lo que decía. Poseia un cabello muy rubio, ojos de un color azul brillante y barba recién afeitada. Tenía un fuerte olor a alcohol rodeándolo, más no parecía ebrio.
— ¿Y que es?
— Debo buscar a una persona para entregarle este escaso en nombre de mi maestra — contesta Haruka —. Se suicidó en nombre de su amor no correspondido.
— ¡Ah! Es una de esas entregas — suspiró el hombre — ¿Sabes a quien se dirige? — Haruka se incómodo, intento encontrar la pronunciación del nombre, pero le era muy difícil.
— Es que... Se cómo se llama, pero no sé pronunciar.
— ¿Y por qué letra empieza?
— Por la Be
— ¿Be? Lo lamento, pero nadie aquí tiene nombre por esa letra — Haruka se desánimo por completo antes aquello, eso significaba que Boudewijn no estaba ahí. Aunque el hombre chasquido los dedos —. A lo mejor es el apellido — dijo con esperanza. Aquí hay varios cuyo apellido es por Be, y generalmente, las prostitutas se refieren a nosostros por nuestros apellidos y no nuestros nombres.
Ante aquello, Haruka se lleno de esperanza, sonrió viendo la caja.
— Oye, pero de casualidad ¿Cómo de llamaba la mujer? — dijo el hombre —. A lo mejor la conocí, he venido durante varios años por saber hablar japonés.
— Akane — dijo tranquilo, el hombre de sorprendió. En sus recuerdos estaba nítida la imagen de la poseedora de dicho nombre.
— ¡Si! ¡La conozco! — celebro, para la alegría de Haruka — ¿Tenía un largo cabello oscuro, no? Una mujer muy hermosa sin duda.
— ¡Si! Ella es, lo presiento.
— Pues no me vas a creer, pero el único cliente que empezaba por be que tenía era ese borracho de allá — señaló al tambaleante sujeto que ahora vomitaba en el suelo, Haruka se sorprendió.
— ¿Él?
— Sip, él. Su nombre es Manfred Boudewijn — Haruka no lo podía creer, ese era el nombre que buscaba. Observo con horror al sujeto, era desagradable a la vista; con el cabello oscuro alborotado y un cuerpo gordo, ojos pequeños y separados, una nariz aplastada y grande, e incluso voz que era casi escupida. Haruka de pregunto si en sus días de antaño aquel hombre fue atractivo aunque sea un poco, porque dudaba en toda la extensión de la palabra que una mujer tan exquisita como Akane siquiera mirase a un hombre tan informal como Boudewijn —. Ese viejo borracho viene acá cada tres o cuatro años, mira un rato el ambiente y se va borracho, generalmente asiste a las expediciones por su interés en las mujeres asiáticas pero hasta ahí llega su valía.
— Es repugnante — musitó Haruka, incapaz de consentir los sentimientos que llevaron a Akane a la muerte por ese sujeto.
— Si, pero es buen tipo; gracioso y carismático ¡Lo adoran las mujeres! — Haruka pensaba que el amor era ciego, agradeció al cielo que Kazuki; pese a haber escogido un hombre de la más baja clase social dejando a un samurai; no fuera tras alguien tan vulgar. Él sujeto a su lado rio, para inclinarse y darle unas palmaditas en la cabeza —. Si quieres yo me quedo con la caja, cuando esté sobrio de la entrego; debió ser un largo viaje para llevar tal decepción — Haruka observo la pequeña caja, luego al hombre ¿Realmente ese sujeto apreciaría el sacrificio de Akane? Quería pensar que si, porque eso valía la mujer, más al verlo; sucio e ido; dudo de que aquello fuera posible. Sintió auténtica lastima de Akane, cuyo corazón fue arrebatado por un asno.
Suspiró, extendiendo la pequeña caja al hombre.
— Cuide de Akane-dono, por favor — suplicó, entregando la voluntad de Akane a las manos de aquel sujetó. Se alejo despacio para luego darse cuenta de una cosa — ¡Señor! — el hombre le miro —. Mi nombre es Haruka — se inclino, para levantar la cabeza en espera de una respuesta.
— Me llamo Niek — dijo sonriente. Haruka se fue, logrando pasar sin problemas por la salida y el puente custodiado; los guardias estaban pendientes de él, pero al ver que solo se marchó sin más no fueron nada para detenerle. Niek sonrió, sintió el pesado brazo de su camarada posarse sobre sus hombros.
— ¡Te quiero mucho, Niek Boudewijn! — río el hombre completamente ebrio. Niek lo aparto de un empujón, sintiendo asco por el olor a vómito de su compañero. Ahora junto a él, estaba un pedazo de una mujer muy especial, que jamás pudo formar parte de su vida.
Fuera de la isla, Haruka corrió hasta Kazuki, que estaba apunto de desmayarse al ver que Haruka no regresaba. Kazuki recobro el ánimo al verlo llegar corriendo, extendió sus brazos y de abrazaron.
— ¡Haruka! ¡Lo has hecho excepcional! — seguro Kazuki abrazando el cuerpo de su hermano, mientras giraba sobre el aire. Haruka asintió, para mostrarle una sonrisa sincera.
— Creo que ahora, podemos irnos — dijo Toi, Kazuki le miro expectante, sus enormes ojos rojos le exigían saber cuál sería el destino que tomarían. A Toi no le quedó más remedio que suspirar — El camino de regreso a Osaka será agotador.
Kazuki le sonrió, aún les esperaba una cosa más que resolver, en especial entre el Toi.
