Elrond trepó con agilidad por el tronco del árbol que había visto, con el afán de esconderse de la voz femenina en el bosque. Una vez arriba, se resguardó y suspiró divertido.
«Si la vista de Lindir llegara hasta aquí, seguro estaría partiéndose de risa.» Pensó.
La noche se preparaba para caer y el joven comenzó a sentir frío, producto de su cuerpo aun húmedo y la temperatura ambiental que comenzaba a descender. Podría haberse fabricado un atuendo con las ramas tupidas del árbol donde se hallaba, pero sintió que no solo se vería ridículo, sino que también alertaría a la muchacha debajo, la cual caminaba cerca de donde él se escondía y no pretendía asustarla. Decidió esperar.
Cerca del jardín, Morwenna y su hermano se dirigían del brazo a disfrutar los últimos momentos de sol. La elfa llevaba un cuaderno forrado con tela de arabescos verde musgo en su mano y platicaba animada con Thranduil.
—Fue una gran idea traer mis herramintas de dibujo. Gracias por recordármelo. —afirmó alegre. Su hermano sonrió con ternura.
—Dicen que el rey tiene una gran variedad de plantas en su jardín y algunas con flores muy hermosas. Sé lo mucho que te gusta estudiarlas y creo que guardar un recuerdo en papel, para no tener que arrancarlas y verlas marchitarse, es la mejor opción. Considerando que no podremos llevarlas hasta el bosque... —acotó Thranduil.
—Es verdad. Sería bonito poder transportar algunos gajos o semillas. Aunque a donde padre quiere llevarnos, seguro hay variedades exóticas.
—Podremos ponerle tu nombre a la más bonita que veamos. —sugirió el mayor de los hermanos. Morwenna se recargó sobre el brazo de Thranduil y suspiró.
—¿De verdad crees que una flor es merecedora de un nombre tan simple?
—No es solo por el nombre, sino también su significado. Eres la elfa más bonita que conozco, y no me refiero a tu belleza física, tal que sería alabarme a mí mismo. —bromeó—. Cada año floreces con más fuerza y tus raíces con el tiempo se aferrarán a esta tierra, nutriéndose de conocimiento y dando vida... Si fueras una planta, me gustaría tener un jardín de ti. Así que la flor más hermosa que descubramos en el bosque donde nos encuentre nuestra última morada, será la de las Morwennas que adornen nuestros salones, como las joyas de nuestro reino.
—Ya veo porqué todas las elfas a nuestro paso desfallecen un poco cuando te ven. —comentó la joven.
—¿Porque soy bello como una Morwenna? —rió y su hermana se sumó a la gracia.
—No. Porque si así le hablas a todas, las debes traer muertas.
—Oh no, solo suelto las palabras más hermosas con quienes más estimo. —aseguró Thranduil dando un beso a la frente de Morwenna—. Bien, aquí estamos. —finalizó extendiendo su brazo hacia el vasto jardín repleto de flores.
La joven se desplazó con delicadeza sobre el césped. Sus ojos estaban muy abiertos, como si quisiera absorber cada detalle y color del paisaje. Pronto se vio girando sobre su eje, inmersa en el perfume de rosas y jazmines, el dulce aroma que abundaba en el parque.
Thranduil no quiso interrumpir su danza; proceso de inspiración para dibujar la sutileza de los pétalos de gardenias que Morwenna encontró pronto en un rincón del jardín. Gil-Galad debía de tener los mejores jardineros de la región, a juzgar por la vitalidad y hermosura de sus flores, pensó el muchacho.
Vigilando siempre de reojo la actividad de su hermana, se internó debajo de una morera y el olor a vino emanando de los frutos maduros en el suelo, le inundó la nariz.
—Tu ropa es demasiado clara para estar ahí. Si te caen encima, la mancha no saldrá jamás. —advirtió su hermana de espaldas a él, adivinando su posición. Sabía que Thranduil sentía un gusto particular por la bebida frutada e iría a tomar algunas moras negras.
—Estoy teniendo cuidado. —contestó su hermano.
—Claro que no. —acusó sabia mientras marcaba el boceto de una planta.
—Claro que si. —contradijo Thranduil.
—Claro que no. —repitió Morwenna con risa.
Estaban inmersos en sus actividades, cuando el grito agudo de una elfa en las cercanías los alertó. Thranduil corrió hacia su hermana y la colocó a sus espaldas. Desenfundó su espada y aguardó poniendo atención a todos los accesos al jardín.
—Será mejor que regresemos. Quédate detrás de mí. —aconsejó. Su hermana asintió temerosa.
En el bosque, Elrond se levantaba rápido del suelo donde había caído luego de pisar la rama equivocada, e intentaba detener los gritos de una elfa de la corte al mismo tiempo que tapaba su desnudez.
—¡Un sátiro! —exclamó la muchacha horrorizada—. ¡Hay un depravado en el bosque!
Elrond, atemorizado y sorprendido, echó a correr en dirección contraria a ella y salió a un claro del camino, esperando no ser descubierto por nadie más. Se giró en dirección al bosque, y al comprobar que no lo seguían, volteó para ingresar al reino. Allí fue él quien dio un grito de pavor y se cubrió sus partes al encontrarse de frente con Thranduil y Morwenna.
La elfa se giró de espaldas cubriéndose el rostro.
—¡Por todos los alces del bosque, un elfo desnudo! ¡Thranduil, haz algo! —soltó atónita intentando no verlo.
—Yo... —balbuceó Elrond y las palabras salieron solas de su boca como un torrente—. ¡Lo siento señorita! ¡No pretendí ofenderla o asustarla! Yo... Eh... Yo... —Intentó excusarse nervioso, mientras se tapaba los genitales.
—¡Si no pretendía asustarme se hubiera puesto ropa! —chilló la elfa.
—¡Me la hubiera puesto si la hubiera encontrado al salir del agua! —respondió en tono hostil. Inmediatamente se corrigió, al notar que estaba siendo grosero y su situación actual no era culpa de la doncella—. Lo siento, no quise levantar el tono. Le ruego me disculpe... Señorita. —agregó avergonzado. Unos breves segundos de silencio incómodo fueron quebrados por la súplica de Morwenna, quien aun permanecía de espaldas cubriéndose el rostro. Si se hubiera descubierto, hubieran notado que estaba completamente sonrojada.
—¡Thranduil! —llamó, ordenándole a su hermano hacer algo al respecto.
El mayor de los hermanos, mientras tanto, observaba la escena mordiéndose los labios, con la carcajada a punto de estallar en su rostro.
—No sabía que Gil-Galad tuviera bosques nudistas. Qué elfo moderno. —Atinó a decir el rubio, mientras enfundaba nuevamente su espada.
—¡Thranduil! —reclamó de nuevo su hermana, con gusto a reprimenda.
—¡Ya! —rió el muchacho—. Es que tú querías ver flores para dibujar, y aquí tienes una flor de...
—¡Ay, pero qué gracioso! —Interrumpió Elrond quejándose—. ¿Podrías dejar de bromear y echarme una mano? —masculló con las mejillas encendidas en rojo.
—Una mano no, pero tengo una túnica. —advirtió desabrochándose la prenda que cubría su pecho y entregándosela al joven frente a él, quien rápidamente se cubrió tiritando por el frío.
—Gracias. —dijo Elrond casi en un susurro, mientras ataba los cordones más bajos de la túnica que le cubría hasta las rodillas y le serviría para llegar hasta su habitación sin causar más disturbios.
—No hay de qué. —respondió Thranduil y con un ademán de su cabeza le indicó entrar—. Ya está vestido, Morwe...
Elrond se hizo a un lado asintiendo, e hizo un alto cuando la doncella se quitó las manos del rostro y lo observó directo a los ojos.
—De verdad lo lamento. —suspiró el elfo y pronto dio cuenta de lo increíblemente penetrante que era la mirada de Morwenna. Se quedó allí un par de segundos, como detenido en el tiempo.
Ella también sintió que todo a su alrededor estaba desapareciendo o se detenía. Aunque acababa de presenciar un momento bochornoso de Elrond, y quería dejar de verlo para que este se retirara sin sentirse juzgado por su insistente mirada, no podía dejar de hacerlo. Había algo, quizás en el azabache de su cabello, que marcaba más las facciones de aquel... ¿Hermoso? Sí, hermoso elfo -resolvió en un segundo- que hacía que no pudiera apartar sus ojos de él. El aroma a tierra mojada y hierbas silvestres que despedía su piel, mezclado con el perfume de canela que emanaba de la túnica prestada por su hermano, se le hizo atractivo.
Morwenna quiso hablar, pero cuando se dispuso a liberar el sonido apagado dentro de su boca ligeramente abierta, Elrond continuó su camino completamente sonrojado y confundido por lo que acababa de ocurrir: La muchacha de su visión lo había visto en su versión más vulnerable.
Se alejó por el pasillo pensando que cualquiera fuera la razón por la que Morwenna había aparecido en su premonición, definitivamente esa no hubiera sido la presentación que hubiera planeado para ella, sabiendo que sus visiones siempre advertían eventos o personas importantes. Pero las cosas habían sucedido y ahora ambos debían convivir con ese episodio a cuestas.
