Lincoln aparcaba la camioneta al frente de la casa Loud. Corrió velozmente hacia la puerta principal, abrió la puerta y la dejó lo más abierta posible, atrancándola con el perchero de la entrada. Tomó a ambas chicas, cada una fue llevada con cuidado hasta la sala. Lincoln las dejó en el sofá mientras corría y entraba en la antigua habitación de Lynn, revolcó todas sus cosas hasta que por fin encontró el último botiquín que había comprado su hermana Lynn. Al bajar, colocó el botiquín en la mesa, sacó unas gasas y una botella de alcohol. Agarró un poco de algodón y le vertió algo de alcohol. Al momento de girar a ver, ambas chicas tenían rasguños en sus brazos y piernas. Lincoln pensó que tal vez debían tener más heridas debajo de esos trapos sucios que llevaban como prendas de vestir. Al quitárselas sin dudar, vio más marcas de golpes y arañazos en el abdomen de ambas.

"¡Dios mío!" No eran heridas profundas pero unas cuantas gotas de sangre salían de ellas.

El joven sabía que estaban aún con vida, tenían pulso y todavía podían respirar. Tomó el brazo de la chica con un mechón azul, y aplicó algo de alcohol en todas sus heridas, lo mismo hizo con la otra chica. Al ver que era un tanto difícil tratarlas en el sofá, decidió llevarlas a habitaciones diferentes, La chica de cabello blanco fue dejada en la cama de Luzy y la otra en la cama de Luna. Lincoln trató a cada una por separado, porque si veía a una sangrar dejaba de hacer el tratamiento a la otra y nunca terminaría, así era él. Incapaz de ver a las personas sufrir, incluso sabiendo que a él nunca lo sacarían de su propio sufrimiento. Aplicó las gasas en las piernas y brazos de ambas jovencitas, gracias a que aprendió a como dar primeros auxilios con ayuda de su hermana Lynn, fue capaz de colocar las gasas y tapar las heridas de las albinas. Lincoln estaba aún energético, corrió hasta el patio trasero, buscó entre la basura, y encontró la caja donde había sido enviado el nuevo conjunto de ropa de hombres hecho por su hermana Leni. Él estaba buscando algo más que solo la caja de envío, eso era la tarjeta de presentación de Leni.

Casi más de cinco años o tal vez, las hermanas no tenían contacto con su hermano Lincoln, incluso, la mayoría piensa que ya comenzó su propia viva con alguna mujer o seguramente se habrá ido a vivir en otro lugar. Equivocación total por parte de ellas.

"¡Aquí está!" Lincoln tomó la tarjeta, vio el número con detenimiento. Se adentró a la casa en busca del teléfono. Lincoln suspiró varias veces antes de tomar el teléfono, vio el sofá con algunas manchas de sangre pero algo minúsculas.

"¿Qué es lo que piensas hacer?" Marcó el número que había en la tarjeta. "¿Y si contesta, después qué?" El teléfono sonó. "¿Qué piensas decirle a ella?" unos conejos veían desde las escaleras a su dueño un poco inquieto.

"Hola, está llamando al número privado de la estilista Leni Loud. ¿Qué desea?" Contestó alguna secretaria de Leni desde la otra línea.

"Oh, sí. Ho-Hola... me puede pasar a Leni Loud." Desde la otra línea la respuesta parecía ser negativa. "Por favor, dígale que es su hermano Lincoln quien habla." Pidió Lincoln con calma.

( . . . )

En la habitación de Lynn y Luzy, yacía una de las dos albinas tendida en la cama de la gótica Loud que antes dormía ahí. La chica comenzó a parpadear lentamente, su vista se iba acostumbrando a la iluminación que provenía desde la ventana abierta de la habitación. Al rodar la vista hacia su izquierda, vio a un pequeño conejo de pelaje gris que movía sus bigotes cada segundo. Belle se había colado a la cama de Luzy, donde estaba la chica Albina algo confundida. Después de unos segundos, la chica saltó de la cama cayéndose al piso de la habitación, su cuerpo estaba adormecido en algunas partes, en otras solo sentía dolor al hacer presión en ciertas zonas.

En el primer piso, Lincoln escuchó un quejido o mejor dicho, una grosería, dejó a un lado la espátula y apagó por un momento la estufa. Corrió escaleras arriba, el sonido había venido desde la habitación de Lynn y Luzy, él abrió la puerta sin más, y encontró a la chica sentada en el suelo mientras apoyaba su espalda contra la madera de la cama, presionaba su brazo izquierdo con la mano de su otro brazo, sentía electricidad y dolor. Belle se bajó de la cama de Luzy y se posó al lado del hombre que veía desde el marco de puerta. La albina notó su presencia, ella se asustó al ver a Lincoln.

"¡Aah~!" Gritó. Intentó buscar algunos objetos que pudiera lanzarle, pero sus extremidades no podían hacer movimientos bruscos, Lincoln se acercó con cuidado.

"Tranquila, no te haré daño." Dijo él pero la chica seguía retrocediendo con sus pies, no lograba levantarse.

"¡No te creo, todos siempre dicen lo mismo!" Su expresión era de odio. "¡Lina... ¿dónde está Lina, qué le hiciste?!" Al ver que su compañera no estaba con ella, se colocó a la defensiva contra Lincoln.

"¡Calma, ella está bien! Si quieres, puedes ir a verla." Lincoln retrocedió, dándole espacio a la chica. Lincoln salía de la habitación. "Ella está en otro cuarto." Señaló para que la albina supiera la dirección. El joven quedó expectante por el pasillo, esperaba que la chica saliera por sí misma, pero si él veía que aún no se encontraba en buenas condiciones, no tendría más opción que llevarlas al hospital más cercano de inmediato. No lo había hecho antes por el shock que le provoco el verlas así, además, no podía ir con dos niñas que ni siquiera tenían algo que se llamara ropa cubriendo su cuerpo. Si no llegaba al hospital, seguramente terminaría en prisión.

"Espérame Lina, ya voy." La chica se levantó por fin del suelo de la habitación. Caminó en la dirección que el hombre le había indicado, al salir de la habitación, notó que el hombre estaba de pie al inicio de las escaleras, él al verla, sonrió y le señaló más claramente a cual puerta debía entrar. La albina dudaba de su palabra, pero no tenía más opción que obedecer. Dos conejos vestidos de deportistas pasaron velozmente a un lado de la chica de cabello blanco dejándola un poquito curiosa.

Al abrir la puerta, vio con alegría a aquella chica que seguía durmiendo plácidamente en una cama morada. La chica mencionó el nombre de su amiga varias veces hasta que esta consiguió despertarla.

"¿Lupa...? ¿Qué pasa?" Miró a su alrededor. "¿Dónde estamos?" Luego miró a Lupa otra vez. "¿Y qué te paso a ti?"

La albina llamada Lupa se observó con más detenimiento, tenía gasas en sus piernas y brazos, estos ya habían retenido el pequeño sangrado que le habían provocado ciertas heridas en su cuerpo. Además de eso, su tela sucia había sido reemplazada por un suéter negro de manga larga con bolsillos en el vientre y una falda del mismo color pero con unos toques de amarillo, y no solo se dio cuenta de eso, Lina también estaba diferente, gasas en su brazo derecho, una venda en su mejilla derecha y nariz, su vestido que solo era una tela sucia, al igual que Lupa, fue reemplazado por una camisa sin mangas de color naranja, junto a un short gris.

Las dos albinas se pararon frente al espejo que había en la habitación, notaron algunos golpes pocos visibles, y paso después se quitaron las gasas ya que estas estaban rojas por la sangre. Lupa abrió los ojos con sorpresa, se bajó la falda dejando al descubierto unas bragas amarillas con líneas negras horizontales, Lina imitó a Lupa, mostrando unas bragas de un solo color; azul.

Lupa fue la única, que, por el momento, se sonrojó con rabia y vergüenza. Sabía que el único que podía haber sido el estúpido que las vistió, era ese hombre que estaba usando un delantal blanco.

"¡Increíble! ¿De dónde salió esta ropa, Lupa?" Preguntó Lina quien al parecer daba vueltas frente al espejo viéndose en diferentes ángulos con gusto.

Antes de que Lupa pudiera responder, un conejo con un trozo de papel en su boca entró en la habitación dejando el papel en suelo, había algo escrito ahí en el papel, pero con muy mala letra, parecía haber sido escrita por un animal sin pulgares. Bianca escribió con pintura negra: La comida casi está. Eso decía el papel. Las chicas se miraron por un momento, decidieron salir de la habitación mientras veían con cuidado a todas las direcciones.

"¿Y quiénes son ellas?" Preguntó la coneja Blair a una de sus hermanas.

"No lo sé." Brenda respondió sin ganas. "Mientras no se metan con mi comida, las dejare ser." Amenazó Brenda a las dos chicas que eran incapaces de entender a la coneja de vestido rojo.

Desde la cocina se veía a Lincoln sacar dos platos con tocino y pan, junto a una jarra de jugo de naranjas. Las chicas miraron con extrañeza la mesa junto a los platos con comida que había junto a ella, no estaban seguras de recibir dicho trato de una persona que ni siquiera conocen, pero tenían claro que estaban atrapadas en la casa de ese sujeto. Lupa pensó que si querían salir de esta casa, debían obedecer a ese hombre de cabellera blanca para poder ser libres... tal vez.

"Espera... ¡Cabello blanco!" Se sobresaltó la chica con aspecto lúgubre.

"Oh, te diste cuentas." Dijo Lincoln con una sonrisa juguetona, dando más confianza a Lina quien miraba, también, el cabello blanco del hombre.

"¡Increíble!" Exclamó Lina alzando sus puños hasta el abdomen. "¿Cambiaste de color tu cabello?" Lincoln negó.

"No, es mí color natural." La respuesta hizo que Lina se emocionarse aún más.

"¡Increíble! ¡Mira Lupa, es otro albino!" Lina tomó a su amiga, y comenzó a menearla de un lado a otro, esta pidió que se detuviera y Lina aceptó.

"¿Cómo te llamas?" Antes de que pudieran seguir, el estómago de Lupa sonó como un león, seguido de ella, el estómago de Lina rugió con más fuerza. Ambas chicas se sonrojaron ante tal vergonzoso accidente con su estómago.

Estaban hambrientas, ellas no podían negarlo, su cuerpo las delataba con total claridad auditiva. Se abrazaron el torso como si eso fuera a disminuir el hambre que las chicas llevaban aguantando desde hace cuánto, varios días o semanas. El albino les sonrío mientras les colocaba las sillas que antes eran usadas por el resto de hermanos Loud, como nunca fueron marcadas era difícil saber cuál era el asiento de quién. Por su parte, Lincoln tomó asiento un poco alejado de las chicas albinas para que no se sintieran incomodas por comer ante un desconocido. Lina fue la primera en introducir un bocado de pan en su boca para después dar un tragó directo de la jarra, esta vez su rostro comenzó a arder por la acción que había acabado de hacer en frente de Lincoln.

"No te preocupes, solo disfruta." Aclaró el joven albino. Lincoln ya se había servido en un vaso aparte, antes de poder disfrutar su comida a gusto, notó que Lupa aún no tocaba su tocino o al menos el pan, el hombre sabía que no iba a ser tan fácil hacer que aceptaran la comida de un extraño, pero al menos Lina ya estaba a punto de terminar su comida que podría considerarse como el desayuno de las chicas. Lincoln vio a Lupa por un momento para después levantarse y sacar algo de la nevera, Lupa sintió al sujeto a un lado de ella, con una zanahoria en su mano, vio como una absurda cantidad de conejos se amontonaban alrededor del hombre, este le entregó el vegetal a una confundida Lupa, quien, después se sorprendió al ver ahora los conejos que estaban alrededor de Lincoln, ahora estaban alrededor suyo.

"¡Dámela a mí!" Pidió la coneja Brandy saltando sin parar. Otras de sus hermanas pronunciaron lo mismo, pero los únicos que podían entender lo que decían eran ellas mismas. Lupa se puso nerviosa, tanto que estaba a poco de lanzar la zanahoria por la ventana de la cocina. En ese pensamiento, un impulso de su cuerpo hizo que relajara su vista, sus ojos se posaron en el conejo gris, la misma que le había dado los buenos días con un susto.

Lupa se acercó estirando su brazo, le entregó la zanahoria, Belle comió con gusto el detalle que le estaba dando aquella extraña niña de pelaje igual que su dueño. "¿Tal vez son familia?" Pensó Belle terminando su zanahoria.

El resto se comenzó a quejar por no recibir todavía su desayuno, y antes de que iniciarán un desastre por toda la casa, Lincoln había sacado más zanahorias de una bolsa transparente con hoyos donde circula el aire. Algunos conejos lo vieron como un Dios que venía a darles alimento a sus pobres creyentes. La coneja vestida de Chef aprovechó esta humilde porción de alimento, y en vez de usarla para alguna obra culinaria que podría no saber tan bien, la comió con deleite.

Bianca al terminar su zanahoria se dirigió a un lugar más apartado donde había un pequeño lienzo blanco y algo de pintura en el suelo como pequeñas manchas de tinta.

"Una corona de luz se le vería bien." Mencionó Bianca a su parte artística. Tomó un pincel con su dos patas delanteras y con delicados trazos, empezó su obra de arte.

"Son demasiados, ¿no lo crees, Lupa?" Lupa asintió ante el comentario de su amiga Lina.

Pasaron dos horas y las chicas ya se habían acostumbrado a los conejos, tanto que hasta jugaron con ellos por varios minutos más olvidando que estaban dentro de la casa de un desconocido que las dejaba moverse libremente. En un principio, Lupa no se acercaba a los adorables conejos, tal vez nunca tuvo contacto antes con un animal... Lincoln prefirió borrar ese recuerdo donde ambas chicas yacían tendidas en el suelo rodeadas por esos mugrientos perros de la calle. Pero Belle sentía cierta atracción por la chica de llamada Lupa, por otra parte, Lina hacía música con una coneja de vestido morado, se estaban llevando muy bien.

"¿Dónde se fue nuestro amo?" Preguntó Beatrice mirando a todos lados.

Brandy comenzó a oler el suelo, intentando atrapar su rastro, lastimosamente no fue posible. Lincoln entró a su cuarto dejando en su cama la tarjeta personal de Leni, que a su reverso estaba escrito el número del teléfono personal de trabajo y el privado de Leni. Lanzó la tarjeta encima de dos grandes cajas que también estaban sobre cama, en ellas había un sello enorme que decía: "Para mi hermano querido, Linc." Las cajas eran la simplificación de simple, algo que ayudaba a pasar desapercibido el gran camión que se posiciona delante de la casa solo para desempacar dos cajas llenas de ropa para niñas. Lincoln llamó sin más a su hermana Leni, sabiendo que esta nunca le fallaría un favor, y así fue. En menos de una hora después de que Lincoln llamó a Leni, un sujeto bajó del camión con dos grandes cajas. El albino les agradeció al igual que Leni por aceptar su pedido.

Dentro de las cajas habían conjuntos de ropa para niñas de aproximadamente doce años de edad. Lincoln vio lo seductores que eran estos conjuntos dirigidos a un público infantil. Entre la ropa interior, Lincoln apartó, lo que para él, eran los más lascivos; como bragas con un recorte de corazón en el medio, algunas blusas con gran escote, y camisas que no llegan más allá del ombligo.

Con dos bolsas en sus manos, Lincoln volvió con el desastre que habían hecho los conejos con las albinas, pero le dio menor importancia. En vez de enojarse, sonrío al ver que las chicas se encontraban mejores y a la vez alegres. Además, los conejos se habían acostumbrado a esas dos nuevas personas que entraron en el la casa de su dueño a altas horas de la noche, ellas vieron como el joven de cabello blanco llevó a las chicas hasta el sofá y desde ahí, realizó muchos movimientos en subir, bajar con vendas, llamar por teléfono, revisar el pulso de las niñas y por último llevarlas a descansar.

Lincoln llamó primero la atención de los conejos para que estos se tranquilizasen, después que acataran el llamado de su dueño, las albinas posaron su mirada en aquel hombre que le extendía ambas bolsas a cada una, Lupa y Lina tuvieron sus propias reacciones, Lina agradeció felizmente, pero Lupa dudó, tal vez pensó que el hombre estaba tratando de comprarlas, ya había vivido situaciones semejantes, pero algo también era diferente, y eso era el sujeto del cabello blancuzco.

"¿Qué esperas de esto?" Su mirada se entrecerró.

"Nada en realidad." Le respondió a Lupa. "Solo espero que les guste. Esas ropas la hizo una increíble diseñadora." Él sonrío involuntariamente.

"¡Gracias!" Lina lo abrazó dejando al joven un poco sorprendido. A Lincoln se le cruzó una imagen de su hermana Luna tocando con su amiga Sam donde solo llevaban puesto sus pijamas y Luna solo decía que todo estaba hecho para Rockera, acto seguido, tomó una Biblia de la estantería y la uso como tambor mientras golpeaba con ella un verdadero tambor que venía con su nueva bacteria.

Lupa observaba la felicidad de Lina. "Solo es ropa." Pensó ella. Antes de que el joven se volviera a alejar de ellas, Lupa reaccionó tomando su mano derecha dejando caer la bolsa que le había dado Lincoln.

Sus palabras se habían vuelto mudas. Suspiró para tranquilizarse un poco. "¿Tú-Tú. . . hi-hiciste algo con no-nosotras?" Ella quería una respuesta negativa aunque fuera una mentira.

"¡No, para nada!" Dijo un Lincoln algo alterado por lo que escuchó de Lupa.

"¿Y qué paso con muestra ropa?" Preguntó otra vez.

"Hablas de ese pedazo de tela... se está secando afuera." Explicó Lincoln tomando una postura calmada esta vez. "Ese pedazo de tela no les iba a durar mucho más de tres días, obviamente no deseche algo que no era mío."

"Oh, es cierto. Mira Lupa, desde aquí veo mi vestido." Lina se asomó por la ventana de otro cuarto, vio sus antiguas prendas que solo costaban de una tela mugre y fea, Leni lo odiaría.

"¿Entonces por qué estamos con otra ropa...? ¿¡Acaso lo viste!?" Lina sabía a qué se refería Lupa. Ambas se sonrojaron y Lincoln no pudo evitar sentirse avergonzado por lo que había hecho sin su permiso.

"Uh... Bu-Bueno... no tanto." Lincoln se rascó el cuello. La cara de Lupa estaba como un tomate.

"¡Maldito!" Gritó Lupa asustando a Lina y a los conejos que estaban cerca de ella.

"¡No, te juro que no hice nada!" Lincoln juntó sus manos. "Ni a ti o a tu amiga les hice algo."

Las preguntas siguieron por secciones, con insultos de parte de Lupa dirigidos hacia el joven de cabello igual al suyo. Lincoln negó todo lo posible que no les había hecho nada a las chicas. Pero era obvio que él fue quien las desvistió y les cambio su conjunto al actual. Es cierto que Lincoln las vio desnudas pero, solo fue eso, nada más pasó. "¿Nos tocaste?" Negativo. "¿Dañaste a Lina?" Ladeó su cabeza en negación. "¿Dices la verdad?" Lincoln estaba a punto de negar con la cabeza pero se percató de la pregunta y asintió positivamente. Y siguieron, Lina notó el intento de que hacía Lupa por hacer que el hombre que para ella parecía ser muy amable, confesara algo que él dice nunca haber hecho.

"Creo que ya es suficiente, Lupa. ¡Solo míranos! Estamos bien, con el estómago lleno y con energías de sobra." Lina se acercó a la nombrada.

Un incómodo momento se creó en el instante en el que Lina intervino. Al parecer Lupa y Lina tenían opiniones diferentes sobre aquel joven de cabellera blanca. Lupa seguía sin tolerar las acciones que pudo haber hecho con ellas en el momento que él las llevó a su casa, y nadie sabe más que él si en verdad les hizo algo en lo cual lamentarse. Pero la verdad de que ningún pensamiento fuera de lugar había pasado por la mente Lincoln. Algo ocasionó que al verlas quisiera ayudarlas, ofreció su casa, sus recursos y compañía. Lina le agradaba aquel albino, comparten el mismo color de cabello excepto que ella tiene un mechón teñido de azul que le quedaba espectacular, a Luna o Sam le encantaría ver ese estilo de una potencial Rockera.

El albino no sabía por qué, su mente, comparaba a las dos chicas con Luna y Lucy, parecían sus semejantes, pero más Lupa por su actitud agresiva y esa mirada de desprecio que le dirigía a cada momento a Lincoln.

Lina se volvió a separar de Lupa para poder preguntarle algo al albino. "¿Cómo te llamas?" Lincoln abrió los ojos, se le había olvidado completamente el presentarse ante las chicas.

Lincoln simuló tos. "Perdón, se me olvido totalmente. Me llamo Lincoln... Lincoln Marie Loud." Él sonrío. La coneja que poseía un lápiz en su oreja lo tomó con total precisión escribiendo en una pequeña libreta lo que acababa de escuchar; el nombre completo de su dueño. Desde otra parte de la casa, Bianca terminaba de pintar su obra, que para ella, era una obra de arte.

Lina le devolvió la sonrisa. "¡Mi nombre es Lina, y ella es Lupa! También... Gracias por darnos estas prendas de vestir." Lina realizó una reverencia mientras que Lupa desviaba la mirada.

"No hay necesidad de que hagas eso." Lincoln pidió. "Pero me hace feliz saber que te guste." Lina vio a su amiga con una sonrisa en su rostro haciendo que Lupa también agradezca a Lincoln.

"¿Algo les duele?" Lincoln se acercó a Lina.

"Ya no." Respondió Lupa por ambas.

"Y... ¿cómo fue que se lastimaron?" Lincoln sabía que una parte de la historia tenía que ver con esos perros de la calle, pero él no creía que unos simples perros les haya dejado cortes tan limpios en su delicada piel. "Al menos quisiera que me contaran de camino a su casa, ¿sí?" La petición ocasionó que las dos albinas se vieran tristes.

"Oh... sobre nuestra ca-casa..." Lina dudó.

"No tenemos." Habló Lupa sentándose en el sofá, Belle se acercó, Lupa la tomó y la acostó en su regazo. Lina la observó fulminante. "¿Qué?" Alzó sus manos en signo de ignorancia.

"¿Acaso no tienen un lugar donde quedarse?" preguntó Lincoln.

"Aparte del tuyo, no hemos dormido en una cama por un tiempo." Lina respondió frotándose el brazo izquierdo.

"¿Estás hablando en serio?" Lina movió su cabeza lentamente. "¿No tienen algún familiar o algo así?" Bianca tomó su lienzo terminado y comenzó a buscar a su dueño para mostrarlo.

"No... en realidad... no sabemos si en verdad tenemos alguna familia." Las palabras que salían de Lina eran hirientes.

"Hubieron personas que parecían buenas como tú, pero en verdad solo querían aprovecharse de nosotras. La última vez, nos topamos con un delincuente, por suerte solo nos lastimó a mí y a Lina, el resto se encuentra bien." Lincoln analizó palabra por palabra. Era seguro que en el mundo la definición de bien siempre tiene su contra parte en todos lados, no hay persona justa por casualidad, si no es mala, es del común como cualquier otra, como Lincoln. Personas sobresalientes como sus hermanas son otra clase de personas, eran como la perfección de un ideal convertido en meta, y cumplido como objetivo. Pedófilos, asesinos, secuestradores y muchos más, las calles han sido peligrosas siempre, por eso cada uno tiene su propio hogar en el que uno se puede proteger de todo mal junto a su familia pero... estas chicas no tienen esa protección esencial en sus vidas, están en constante peligro. Lincoln supuso que debían, al menos, tener como mínimo, once años, y gran parte de ese tiempo lo habrán vivido o sobrevivido por su propia cuenta ayudándose entre sí.

Lincoln espabiló. "Espera... ¿dijiste que habían otras con ustedes?" Lupa asintió.

"Sí, también son nuestras amigas. Nosotras tenemos nuestro propio escondite." Lincoln insistió en que se lo dijera.

"¿Dónde?"

"En el vertedero." Lincoln arrugó la cara hasta más no poder por lo que había nombrado Lupa. Oprimió su nariz con sus dedos de una manera desconcertante. ¿Quién podría vivir allí? Ese lugar apesta y está lleno de enfermedades.

Bianca bajaba las escaleras con cuidado. El resto de sus hermanas la fueron ayudar al ver que traía uno de sus proyectos consigo. Bebe le preguntó qué es lo que había pintado esta vez, ella le dijo que pronto lo iba a saber. Todas colaboraron para poder bajar el lienzo de que hizo Bianca.

Lincoln había quedado sin palabras. ¿Qué podía decirles a ellas para que se sintieran mejor? Aunque lo consiguiera, no quita el hecho de la situación actual de las chicas. Sentía sus labios pesados, imposible de moverlos. Lupa al igual que Lina sabían que tenían que irse de la casa de Lincoln y volver al vertedero con las demás, pero Lina estaba feliz, porque tenía el regalo que le dio Lincoln, y sabía qué hacer con las otra prendas sobrantes. Al ver a Lincoln pensativo, las chicas decidieron partir y salir de la casa, ya no querían ocasionar otra molestia.

Un jalón del pantalón de Lincoln desde su tobillo llamó la atención de este. Eran sus esponjosos conejos que lo habían rodeado.

"Parece que ya se marchan." Mencionó la coneja Betty al ver a las chicas cerca de la puerta principal.

Lincoln tomó lo que parecía ser un lienzo en la cual habían dibujado algo, los conejos intentaron alzar el lienzo hasta el sofá pero no pudieron, por eso le tocó a Lincoln alzarlo por ellas. Sin querer el trapo blanco que tapaba el lienzo se cayó, pero era Bianca quien lo había retirado dejando ver un hermoso dibujo. Lincoln sonrío y en un instante se levantó del sofá para poder detener a las chicas que estaban a punto de salir.

"¡Esperen!" Las chicas se giraron hacia Lincoln. "Déjenme acompañar a ambas." Pidió Lincoln en lo que Lupa y Lina se miraban a los ojos.

Lincoln volvió a la sala para tomar el dibujo que había hecho Bianca para colocarlo en la estantería que había comprado semanas atrás. Era el primer objeto que había ahí.

Un Lincoln bien dibujado junto a las dos chicas, los tres aparecían jugando con todos los conejos mientras sonreían con una expresión de total felicidad.