Segundo capitulo más largo hasta ahora.

GO GO GO!


La siguiente mañana, Ginny fue la ultima en bajar a desayunar otra vez. No podía recordar cuando, exactamente, se había convertido en una persona que se levantara tan tarde, pero después de pensarlo un momento se dio cuenta que no valía la pena pensarlo otro momento. En la mesa de la cocina ya estaban terminando con el desayuno, Ron y Hermione parecían haber decidido, ya sea de forma independiente o en conjunto, que el dodgeball era un tema del que no hablarían más y en su lugar estaban siendo inusualmente amables el uno con el otro.

–¿Más jugo de calabaza, Hermione? –preguntó Ron, ofreciéndole una larga jarra encima de la mesa.

–Gracias, Ron –contestó Hermione. –¿Haz terminado con el Profeta?

–Oh claro, por supuesto. –Ron apresuradamente ofreció el papel, obviamente sin abrir, a Hermione a través de la mesa.

–Sólo si haz terminado.

–No, absolutamente.

–Gracias.

–No hay problema.

Hermione abrió el diario, y Ron siguió metiendo tocino a su boca, ambos luciendo sonrisas sutiles. Ginny vio todo el intercambio, estupefacta, y miró a Harry. Él la miró, moviendo la cabeza y rodando los ojos. Esto, aparentemente, había estado pasando toda la mañana.

Y así continuó la comida, con Ron y Hermione siendo dolorosamente agradables entre sí, un incrédulo Harry, y Ginny apretando los dientes e intentando no reírse. Este comportamiento pudo haber continuado toda la mañana si Fleur no hubiera entrado a la cocina.

–¡Oh Gonald, déjame veg tu nagiz! ¡Ah sí, la hinchazón ha bajado! Apenas puedes veg donde la Quaffle impactó con tu cara!

Y con eso, subió las escaleras hacia la habitación de Bill, pero el efecto de su comentario se quedó. Hermione cerró el "Profeta" con un fuerte '!SNAP!' del que era necesario. –¿Nos vamos, entonces? –dijo con frialdad. Se levantó y se dirigió a la puerta. Ron, Harry y Ginny la siguieron de cerca, pero antes de que pudieran escapar, la Sra. Weasley entró en la habitación.

–¡No tan rápido, ustedes cuatro! –dijo enérgicamente. Había momentos, pensó Ginny, en que su madre parecía la hija perdida de McGonagall. Usualmente esos momentos coincidían con una larga lista de tareas que tendrían que hacer.

–Han pasado tiempo suficiente en sus escobas jugando ese tonto juego, –regañó la Sra. Weasley. –La nariz sangrante de Ronald es suficiente para demostrarme que necesitan formas más productivas para pasar su tiempo. Ahora, ¡no voy a escuchar nada! –cortó las protestas de Ron y Ginny antes de que realmente empezaran. –Harry, Ron, Hermione… el jardín necesita desgnomización. Otra vez. Y Ginevra… –se volvió hacia Ginny y agitó su mano casualmente a la mesa del desayuno, cargada con los restos de su comida. –Platos. –dijo con firmeza.

–¡Mamá! –exclamó Ginny. Esto, ella sentía, era totalmente injusto. Sin el Quidditch para distraerlos, la conversación de los otros tres, sin duda, sería sobre la noche de Harry con Dumbledore, y lo-que-sea que el Director quería que hiciera. Había estado esperando a escuchar la conversación a escondidas por lo menos, pero ahora…

–Ni una palabra, –dijo su madre en advertencia. Ginny calló. Conocía ese tono, y era mejor no desafiarlo. Aunque ciertamente, no le impediría tener mal humor al respecto. –Afuera ustedes tres. –dijo la Sra. Weasley, volviéndose y haciéndoles señas para que salieran de la cocina. –Pónganse a hacerlo. –Ron y Hermione salieron a toda prisa, ansiosos por evitar más tareas adicionales. Harry los siguió, pero se detuvo y se giró en la puerta.

–Nos vemos más tarde, Ginny. –dijo con un gesto de disculpa.

–Claro. No te preocupes, –respondió Ginny. Harry se apresuró a seguir a Ron y Hermione, y Ginny volvió su expresión mas agria hacia su madre.

–Oh, no me pongas esa cara, señorita, –regañó su mamá. –Dumbledore específicamente mencionó que debería darles un tiempo a solas para discutir… –las orejas de Ginny escucharon con atención, pero su madre se detuvo, una expresión intrigada en su rostro. –Bueno, no sé que es en realidad, lo que están discutiendo, –admitió. Su expresión se puso más seria. –Pero no me gusta lo que implica.

–¿A que te refieres? –preguntó Ginny.

–Dumbledore queriendo que ellos discutan algo. Si conociera al hombre, y me temo que lo conozco, –dijo ella, su mueca haciéndose aún más pronunciada, –Significa que quiere a esos tres para hacer algo increíblemente peligroso y… y…

–¿Estúpido? –ofreció Ginny.

–Sí, eso exactamente. –coincidió su madre.

Ginny suspiró, y se volvió a los platos. –Mamá, no es como si no fueran a hacer algo peligroso y estúpido este año, de todas maneras. Se las arreglan para hacerlo todos los años en el colegio ¿no?

–Bueno, sí –coincidió la Sra. Weasley. –¡Pero no me gusta mucho la idea de un profesor incitándolos a hacerlo! –Y como Ginny ahora le daba la espalda a su madre, no podía ver la mirada en su dirección; más bien, podía sentirla. –¡Y no te hagas ideas de ir a hacer lo-que-sea-que-van-a-hacer con ellos! –Ginny se burló de esto.

–Cómo si alguna vez me incluyeran en algo, de todas maneras. –carraspeó. –Honestamente.

Ginny obedientemente fregó los platos por veinte minutos más. La sensación de que otra vez le estaban dejando completamente fuera de todo lo interesante había descendido sobre ella, y cada momento que pasaba sola en la cocina luchando con yemas de huevo secas sólo la ponía de peor humor.

La verdad era, que ella era bastante popular en el colegio; para ser completamente honesta, probablemente más popular que Ron, Harry o Hermione. Oh, ellos eran más FAMOSOS, sin duda; seria difícil tumbar a "El-Niño-Que-Vivió" en notoriedad no importa cuantos amigos uno hiciera. Pero ella era más popular, estaba segura, al menos desde un punto de vista social. Tenía muchos amigos, no sólo en la Casa de Gryffindor, sino también en Hufflepuff y Ravenclaw. Suponía que pasar la mayoría del año escolar peleando contra las artes oscuras ponía un poco apretado el calendario social de los otros tres, pero los hechos son hechos y ella, Ginny, era popular.

Aunque en realidad no le importaba. La gente que a ELLA le agradaba más, Neville y Luna, su hermano y sus dos mejores amigos, NO eran geniales, NO eran populares… y no le importaba. Había aprendido hace mucho tiempo a fruncirles el ceño a las personas que juzgaban a otros basados en rumores y susurros propagados en los pasillos. Supuso que esto era un efecto tardío de los eventos de su primer año, donde pasó la mayoría de su tiempo sin hablarle a nadie y escribiendo en un diario que resultó estar poseído por Voldemort. Había soportado miradas y murmullos a lo largo de su segundo año también, y no había desarrollado esa gruesa piel que ahora tenía hasta algún momento en su tercer año… casi al mismo tiempo en que se había dado cuenta lo tonta que era con su enamoramiento en Harry. Fue el consejo de Hermione de olvidarse de Harry y ser ella misma lo que había hecho la diferencia (la chica realmente era muy inteligente en muchas maneras). Ginny no sólo juró que no sería una idiota total en la presencia de Harry, también decidió que había pasado el tiempo suficiente en Hogwarts preocupándose de que las personas estaban hablando sobre ella y sus "aventuras" en la Cámara de los Secretos. Después de todo, si Harry podía vivir todo lo que había vivido y aún ser él mismo, entonces ella también podía. Y así lo hizo.

Y mientras ella era ciertamente popular, y la gente la conocía y les agradaba, había algo que faltaba. Porque su primer año lo había pasado bajo la influencia del diario de Tom Riddle, y le había tomado casi otro año y medio recuperarse tanto como podía de la experiencia, no había formado ninguna de esas amistades rápidas que por lo general se desarrollan entre los estudiantes de primero y segundo año. Para cuando ella había salido de su caparazón, la mayoría de las personas en su año ya habían encontrado a sus "mejores amigos". Así que tan "popular" como lo era, sabía que entre su circulo de conocidos, no tenía a nadie tan cercano a ella como Ron lo era con Harry y Hermione. Había aceptado esto, y casi todos los días no le molestaba.

Hoy, se dio cuenta, mientras limpiaba los platos y pensaba sobre la conspiración que estaba teniendo lugar sin ella en la desgnomización del jardín, no era uno de esos días, y la calidad de su limpieza era la peor a causa de eso. Mientras ponía los últimos toques violentos en una sartén, negándose a limpiar toda la grasa del tocino en cada rincón, la cabeza de la persona que menos quería ver en ese momento apareció en la cocina desde la sala.

–¡Gin-ny! –dijo Fleur, con una voz cantarina y con una sonrisa cómo el gato que acaba de atrapar al canario.

–¿Qué-ee? –cantó Ginny en la manera más burlonamente sarcástica que pudo. Se volvió a su trabajo, preparándose para otra ronda con la sartén, cuando la respuesta de Fleur la congeló en el acto.

–¡Hay un chico en la chimenea que quiege vegte!

–¡¿Qué?! –Ginny dejó caer la sartén con estrépito y se dio la vuelta para mirar a Fleur, pero la desagradable francesa ya había desaparecido en las escaleras, tarareando una melodía francesa igualmente desagradable.

Le tomó un momento al cerebro de Ginny procesar lo que le habían dicho. ¿Un chico en la chimenea? ¿Quién…? Entonces la golpeó. Se había sentido tan culpable por no escribirle a Dean en las primeas semanas del verano que había logrado convencer a su padre de preguntar en el Ministerio si podían establecer un tiempo para hablar con Dean en la Red Flu. Teniendo en cuenta la seguridad rodeando la Madriguera debido a la presencia de Harry, no había sido fácil, pero al parecer ser la niña de papá todavía funcionaba en ciertos casos, pues el Sr. Weasley había logrado convencer a quienes-estén-a-cargo de darles una breve ventana de cinco minutos para conversar.

Una ventana a la cual tenía dos minutos de retraso.

Secándose rápidamente las manos en sus pantalones, se apresuró a la sala para, por supuesto, ver la cabeza preocupada de Dean en la chimenea familiar.

–¡Ginny! –gritó. –¡Gracias a Dios que estás bien!

Ginny frunció el ceño. Esto no era la primera cosa que ella esperaba oír de Dean. –¿Bien? –repitió. –Por supuesto que estoy bien. ¿Por qué no estaría bien?

–Se supone que me llamarías por Flu hace dos minutos, –explicó Dean. –Cuando perdiste la conexión, me puse nervioso de que algo hubiera pasado… ya sabes, con Harry ahí y todo eso. –Ginny tuvo que reconocer que se trataba de una suposición válida. Dean continuó. –Así que decidí llamarte y asegurarme de que todo estuviera bien.

Fugazmente, Ginny deseó que su primera reacción a esta pieza de información hubiera sido placer de que Dean había estado preocupado por su bienestar. En cambio, pensó que era bastante tonto de su parte empujar su cabeza desarmada a un lugar donde él creía podría haber peligro. Sin embargo, en lugar de compartir esa opinión con él, la culpa de casi haber perdido la conexión Flu la impulsó a decir: –¡Oh! ¡Es tan lindo que estuvieras preocupado por mi!

A veces ser una novia le daba ganas de vomitar.

Pero Dean parecía complacido. –Tengo que asegurarme que nada le pase a mi chica ¿no? –dijo con orgullo. Ginny sólo sonrío y asintió. Un silencio incomodo descendió. Teniendo sólo otros dos minutos y medio para hablar hacía imposible que alguno de los dos supiera que decir.

–Entonces, –dijo Dean vacilante. –¿Qué tal va tu verano?

–Oh, bien –dijo Ginny. –Haciendo un poco de limpieza, jugando Quidditch, ya sabes.

–¡Suena genial!

Silencio.

–¿Y el tuyo? –preguntó Ginny.

–Lo mismo. Jugando football, limpiando. Mamá siempre tiene tareas, y ella es Muggle, ya sabes, así que no puedo usar magia para hacerlas.

–No podrías, de todas maneras. –le recordó Ginny. –Todavía no eres mayor de edad.

–Oh, cierto –dijo Dean. –Lo sé. Pero aun así… la idea de hacerlo y eso.

–Cierto.

Más silencio.

–Football, –dijo Ginny. –Es ese juego Muggle, donde los jugadores patean la pelota a través del campo ¿no es así?

–Así es. –dijo Dean, sonriendo.

Ginny pensó en la sencillez que tanto había admirado en el nombre de "dodgeball", el otro juego Muggle que había experimentado recientemente. –¿Por qué simplemente no le llaman kickball? –preguntó.

–Ese es un juego completamente diferente.

–Oh.

Aún más silencio.

–El miércoles es el cumpleaños de Harry. –Ginny parpadeó. ¿Por qué demonios había compartido esa información? ¿A quien le importa el cumpleaños de Harry?

A ti te importa, ofreció la pequeña voz en su cabeza.

–¿Tendrán una fiesta?

Ginny parpadeó otra vez. –¿Qué?

–Por el cumpleaños de Harry. ¿Tendrán una fiesta? –preguntó Dean placenteramente, al parecer sin darse cuenta que el cerebro de Ginny se había ido momentáneamente a almorzar.

–Sólo una pequeña, –respondió Ginny. –Creo que mamá tendría una fiesta por cualquiera viviendo bajo su techo, incluso si fuera, no sé, Voldemort.

Dean se estremeció visiblemente al oír el nombre. –¡Ginny! ¡No digas el nombre!

–Cierto, lo siento. –dijo ella, pero internamente estaba rodando los ojos. –De todos modos, te invitaría a la fiesta, en serio, pero no creo que me den permiso, con todas las medidas de seguridad alrededor de la casa. –Se dio cuenta que estaba siendo completamente sincera; le hubiera gustado invitar a Dean a la fiesta. Sólo habían empezado a salir al final del curso, y no habían tenido la oportunidad de hacer las cosas bien. Un montón de besos habían estado involucrados, sí, pero no una gran cantidad de charla para conocerse el uno al otro. Una fiesta llena de familia podría haber sido lo que necesitaban.

–No, está bien, –dijo Dean, aunque lo dijo con decepción. –Lo entiendo. La seguridad es para la protección de Harry. Supongo que él es muy importante.

–Lo es, –coincidió Ginny.

Lo es, coincidió la voz.

–¿Quién lo es? –preguntó Ron. Sorprendida, Ginny se dio la vuelta para ver a Ron y a Harry entrar en la sala cargando sus escobas. Ron se detuvo en seco cuando vio la cabeza de Dean sobresaliendo de la chimenea. –Hola, Dean –dijo, su voz convirtiéndose en hielo.

–Er… hola, Ron –dijo Dean torpemente. Ginny no podía culparlo.

–¡Hola Dean, que gusto verte! –saltó Harry, dando a Ginny una mirada comprensiva. Ginny se la devolvió con una de gratitud.

–¡Hey, Harry viejo amigo, feliz cumpleaños adelantado! –dijo Dean, aparentemente aliviado de centrar su atención lejos del hermano mayor con mirada asesina en el cual Ron se había convertido.

–Oh… er, gracias Dean, –respondió Harry.

–Lástima que no pueda llegar a la fiesta.

–Medidas de seguridad, –dijo Harry en tono de disculpa. –Le prometí a Dumbledore que no las rompería esta vez.

Dean rió. –Sería la primera vez ¿eh? No, no te preocupes. Ginny explicó todo. Entonces, –continuó. –mi mamá y yo iremos al Callejón Diagon el sábado. ¿Tal vez podamos encontrarnos ahí?

–¿Qué? ¿Ya te llegó la carta del colegio? –preguntó Ginny.

–Claro, ¿a ustedes no?

–Probablemente siendo inspeccionada, –reflexionó Harry. –Dumbledore dijo que todo el correo enviado aquí lo sería.

–¿Incluso el correo enviado desde Hogwarts? –respondió Ginny. Harry sólo se encogió de hombros.

–Bueno, estoy seguro que las tendrán en un día más o menos. Si es así, tal vez los vea el sábado. Entonces, cuanto tiempo más… –Y con esas ultimas palabras, la cabeza de Dean fue succionada sin contemplaciones fuera de la red Flu.

El silencio descendió sobre los tres adolescentes que quedaban en la sala. Ron le mandó una mirada asesina a Ginny, y Ginny le respondió con una igual. Al parecer, sintiendo que una pelea entre hermanos estaba a punto de estallar, Harry tentativamente intentó apaciguar la situación. –Así que… es bueno ver a Dean ¿no?

Ron no movió su mirada de la cara de su hermana. Ginny le sostuvo la mirada de igual manera, retándolo a que hiciera el primer movimiento. Parecía que él estaba teniendo una batalla interna sobre que decir, y finalmente se conformó con gruñir, –¿Vas a jugar Quidditch con nosotros o no? –y salió de la habitación pisando fuerte.

Harry se volvió tímidamente hacia Ginny. –Lo siento por eso.

–Ese idiota ignorante, –echó chispas. –Tal vez si se consiguiera una novia, ¡dejaría a los que tienen vidas sociales activas en paz!

–No creo que… –empezó Harry.

Pero no había manera de calmarla ahora. –Quiero decir, honestamente, ¡uno pensaría que he cometido algún tipo de crimen! ¿Y que, he tenido dos novios? Bueno, ¡tengo casi quince! ¡Seré mayor de edad en dos años! ¡Creo que dos novios es bastante normal!

–Claro… –dijo Harry débilmente.

Ginny estaba a punto de decir otra cosa cuando algo en su cerebro hizo click: se dio cuenta sobre qué estaba hablando y con quién estaba hablándolo. De pronto, tomó una gran cantidad de esfuerzo mantener fuera el sonrojo de su cara. Cuando estuvo segura de que lo tenia bajo control, se volvió a Harry.

–Lo siento, –dijo tímidamente.

–No, está bien, –dijo Harry. Y luego añadió, –Creo que es perfectamente normal.

–¡Lo es! –dijo Ginny. –Quiero decir… tú saliste con Cho ¿cierto?

Harry sonrío a medias. –Si quieres llamarlo así, seguro.

–Y Hermione, –continuó Ginny, –salió con Viktor.

Harry lanzó una mirada nerviosa a la puerta de la cocina. –Tal vez no deberías hablar de eso tan alto, –dijo nerviosamente. –Ron podría volver. –Pero de pronto, Ginny se dio cuenta que la ultima cosa de la que quería hablar era de su hermano y su estúpido y obvio enamoramiento con Hermione. Si alguna vez volvía a hablar con su hermano…

–¿Y, cómo van las cosas contigo y Dean? –Ginny miró a Harry con sorpresa. No había esperado que él, de todas las personas, preguntara eso. –¿Van bien?

–Supongo, –dijo con cautela, pero parecía que hablar con Harry sobre su novio no era tan incomodo como ella pensó. –No es como si hemos llegado a pasar mucho tiempo juntos, –añadió, un poco más valiente.

–Bueno… regresarás al colegio pronto, –ofreció Harry. –Supongo… bueno, supongo que eso debería ayudar. ¿Cierto?

Ginny sonrió. –Supongo que debería, sí. –Era increíble para ella como Harry podía luchar contra Magos Oscuros todo el día pero aun así parecer tan desorientado cuando se trataba de otras cosas más normales.

Luego recordó lo que le había dicho sobre su vida con los Dursleys, y la poca normalidad que había tenido. La sonrisa de desvaneció de sus labios. –¿Qué me dices de ti y Cho? –preguntó. –Eso…

–Eso nunca fue, –dijo Harry. –Honestamente, no es… no es ni siquiera historia, porque apenas y pasó.

–Lo siento.

Harry sólo se encogió de hombros.

Ginny sonrió de nuevo. –Aunque no te preocupes. Las cosas están obligadas a mejorar pronto.

Harry le devolvió la sonrisa, y le ofreció su mano. –¿Nos conocemos? Soy Harry Potter. Las cosas no van bien para mí.

Ginny rió, y estrechó su mano.

YOWZA!

Estúpida voz. –Un placer conocerte, Harry Potter –dijo. –Soy Ginny Weasley, y estoy aquí para decirte que estás obligado a tener al menos un día esta semana en que las cosas vayan bien.

–¿Ah, sí? ¿Por qué?

Ginny se encogió de hombros. –El miércoles es tu cumpleaños, y estás en el hogar de los Weasley, dónde los cumpleaños son reconocidos como días feriados nacionales. Ahora, –añadió, arrebatando la escoba de un Harry riendo. –vamos a jugar Quidditch.

El cumpleaños de Harry, sin embargo, no fue tan perfecto como estaba planeado, para gran disgusto de la Sra. Weasley. Rápidamente se convirtió en una letanía para hablar de quien había desaparecido o encontrado muerto recientemente, cómo muchas de las reuniones en el mundo mágico estos días. Su padre le había asegurado sombríamente que esto, también, le recordaba como habían sido las cosas en la primera guerra. Mientras se le hacia difícil importarle que el espeluznante ex-mortífago y (ahora) ex-director del Instituto Durmstrang, Igor Karkaroff, había sido encontrado muerto, la desaparición del Sr. Ollivander y Florean Fortescue la alarmó, como lo hicieron muchas otras.

En la noche, después de que los pocos invitados que no eran Weasley se fueron (mucho antes de que se hiciera demasiado oscuro), Ginny asomó la cabeza fuera de la habitación de Percy. La única cosa buena de que Flegggrrr usara su habitación era que estando en la de Percy reducía enormemente la posibilidad de que alguien la viera en este momento. En silencio y con cuidado de cerrar la puerta tras ella, y llevando un deforme paquete envuelto apresuradamente en papel marrón, rápidamente cubrió la distancia que separaba la puerta de Percy con la de los gemelos, tocó tan suavemente como pudo. –Adelante, –llegó la voz de Harry desde el interior. Ginny abrió la puerta y metió su cabeza.

–Soy yo. –Se detuvo un momento, un poco insegura de si debía entrar, pero luego entró por completo en la habitación y cerró la puerta detrás de ella.

–Hey, –dijo Harry distraídamente. Estaba acostado en la cama de Fred, y estaba haciendo la cosa más curiosa. Tenia una Snitch Dorada en su mano derecha, y la soltaba, dejándola volar casi fuera de su alcance, antes de atraparla de nuevo rápidamente. Ginny lo observó hacer esto por cinco o seis veces. Harry no la miró.

–¿Qué estás haciendo? –finalmente preguntó. –¿Es algún tipo de entrenamiento de Buscador o algo así?

–No, –dijo Harry. –Es sólo… algo que vi a alguien hacer una vez. –Parecía decididamente molesto, pensó Ginny. Tanto como lo había estado durante la mayoría del año pasado, no como la versión más alegre de Harry que había llegado a la Madriguera tan solo hace algunas semanas.

–¿De dónde sacaste la Snitch? –preguntó Ginny. Harry la agarró en el aire con un poco más de fuerza de lo que era necesario y le dio la vuelta en sus manos. –Remus, –dijo secamente.

–¿El profesor Lupin?

–La encontró entre las cosas de Sirius. Dijo que solía ser de mi papá. Pensó que tal vez me gustaría tenerla. –Ginny también lo hubiera pensado, aunque la cara de Harry en este momento indicaba todo lo contrario. Ginny apretó su mandíbula. Si pensaba que iba a hacerlos sufrir otro año entero con él siendo un verdadero bruto miserable otra vez…

Pero incluso mientras pensaba esto, Harry suspiró. Su rostro se suavizó y la mirada de irritación que había tenido hace unos momentos fue sustituida por una de tristeza. –Ginny, –dijo, volviéndose a ella. –¿Puedo preguntarte algo?

–Por supuesto, Harry –dijo Ginny, sentándose en la cama de George. –¿Qué pasa?

Harry estudió la ahora inmóvil Snitch en sus manos por un momento, luego miró a Ginny. –¿Alguna vez haz conocido… –Se detuvo. –Espera, déjame decirlo de diferente manera. ¿Alguna vez alguien que amas ha resultado ser un… bueno, un gran y descomunal idiota?

Ginny sonrió. –¿Haz conocido a Ron?

Harry sonrío por un momento también, pero se desvaneció rápidamente. –No, hablo en serio.

–De acuerdo, –dijo Ginny, su sonrisa desvaneciéndose también. –¿Haz conocido a Percy, entonces?

Harry la miró por un momento. –Cierto, –dijo finalmente. –Entonces… ¿Qué haces?

Ginny se encogió de hombros. –Bueno… en realidad no sabemos QUÉ hacer con Percy, sinceramente. Sólo esperamos que regrese a sus cinco sentidos, supongo, y vea cuanto está lastimando a mamá y papá. Quiero decir, todos estamos afectados. Pero es con ellos con quien realmente tiene que arreglar las cosas ¿sabes?

Harry asintió, pensativo. Luego preguntó, –¿Todavía lo amas?

Ginny se sorprendió. –¿Percy? –Harry asintió. –¡Por supuesto que sí! ¡Es mi hermano, Harry! Me gustaría patearlo justo en la cabeza en este momento, pero todavía lo amo. Todos lo queremos, creo. Incluso mamá y papá. ESPECIALMENTE mamá y papá, –se corrigió. –Mamá siempre estaba tan orgullosa de él.

Harry negó con la cabeza. –No sé cómo puedes perdonarlo. No sé cómo puedo… –Harry se detuvo, perdido en sus pensamientos otra vez. Ginny no estaba segura en quien estaba pensando, pero estaba bastante segura de que no era Percy. No podían ser los Muggles; Harry los detestaba, y basado en lo que recientemente había aprendido sobre ellos podía pensar en cosas peores para referirse a ellos que "idiotas". ¿Entonces quien…?

–Harry, –empezó. –No sé de quien estás hablando… –Él la miró, una protesta aparente en sus labios, pero ella lo interrumpió. –Y no necesito saber. Todo está bien. Pero… –pensó por un segundo. –Aquí esta el asunto. Todos nosotros somos idiotas, algunas veces. Todo el mundo. No importa que tan buena puede ser una persona, en algún momento van a hacer algo que los hace parecer unos idiotas ¿sabes? Unos completos brutos. –Harry sonrió. –¡Es verdad! –continuó Ginny. –Porque, incluso yo, Ginevra Molly Weasley, la señorita más educada y centrada de toda la tierra, he perdido la calma y he explotado en momentos increíblemente inoportunos… de vez en cuando. –A esto, Harry rió abiertamente.

–Claro. Eres una delicada flor, tú. –dijo riendo.

–El punto es, Harry –continuó Ginny. –Todo el mundo hace cosas estúpidas. No los convierte en malas personas. Sólo porque alguien actúa como un idiota una o dos veces o de vez en cuando, no significa que SEAN unos idiotas. Es cuando alguien SIEMPRE actúa de esa manera, es ahí donde necesitan un buen hechizo.

Harry le sonrió. –¿O una patada en la cabeza? –preguntó.

Ginny le devolvió la sonrisa. –Algo parecido. –Su sonrisa se convirtió en una ligera mueca traviesa, –Después de todo, mírate, Harry.

Harry parecía confundido. –¿A que te refieres?

Ginny encogió los hombres inocentemente. –Bueno, pasaste gran parte del año pasado actuando cómo el más grande idiota en montar una escoba.

–¡Hey! –dijo Harry a la defensiva. Cruzando los brazos y entrecerrando los ojos, Ginny le lanzó una mirada fría.

–Niégalo, –lo desafió. Se miraron el uno al otro por un momento, las mandíbulas apretadas de una manera muy similar, inmersos en una batalla en miniatura de voluntades, pero antes de que tuvieran la oportunidad de seguir, Harry sonrió tímidamente, sus hombros un poco caídos por la derrota.

–Okay, buen punto.

–Yo diría que sí, –dijo Ginny, con aire de suficiencia. –Y a pesar de que todos tuvimos que sufrir el año con "El-Niño-Que-Tenia-Cambios-De-Humor", todos sabemos que en realidad eres…

Increíble, inteligente, valiente, amable, leal, seriamente brillante, seriamente atractivo, delicioso en todos los sentidos…

–¿… más o menos agradable? –preguntó Harry con una sonrisa, repitiendo la frase con la que ella lo había molestado días atrás, y sacándola de su sueño silencioso de adjetivos con los que la pequeña voz en su cabeza la había bombardeado.

–Sí… sí, así es, –dijo, sonando un poco cómo Luna mientras intentaba aclarar sus sentidos. ¿Qué en el nombre de Merlín acababa de pasar?

Harry la miraba con curiosidad. –¿Estás bien, Ginny?

Con una sacudida de su cabeza, se regresó a la realidad. –Sí. Sí, lo siento. –dijo. –Mi mente sólo se distrajo por un momento.

–Okay… –dijo Harry, todavía mirándola con curiosidad. Ella rodó los ojos.

–No era nada, –insistió. –Estoy bien.

Él la miró por un momento más. –¿Lo prometes? –dijo.

–Lo prometo, –respondió. –Y además, pensé que era yo quien te estaba ayudando. –Sus cejas se fruncieron en preocupación. –Quiero decir, espero haberte ayudado. Es un poco difícil, sin saber exactamente de qué estamos hablando.

Harry miró la Snitch en su mano de nuevo, esta vez con una sonrisa. –¿Sabes qué, Gin? Lo hizo, creo. –La miró con gratitud. –Gracias.

–Ni lo menciones, –dijo, de pronto sin aliento, pues había desatado el verde brillante de sus ojos en ella sin advertencia alguna. Se quedaron así por un momento, Harry sonriendo, Ginny observándolo, el silencio flotando entre ellos como ladrillos. Cuando las palabras no pudieron salir de ninguna de sus bocas por varios momentos, ella empujó el deforme paquete marrón que había llevado a la habitación hacia él. –Toma.

Harry tomó el paquete. –¿Qué es esto? –preguntó.

–Un regalo de cumpleaños, –respondió Ginny. Harry la miró atónito.

–Ginny, no tenías que…

–Oh, detente, –le dijo sin importancia. –Créeme, no es mucho. Sólo ábrelo.

Él lo hizo, aún luciendo avergonzado. Esto fue rápidamente remplazado por una mirada de confusión, ya que parecía estar tratando de averiguar exactamente que era lo que le había dado.

–Es una bufanda, –ofreció Ginny.

–¡Oh! –dijo Harry.

–Correcto. Yo la tejí. –Él la miró. Ella rodó los ojos. –Mamá insiste en que yo aprenda a hacer… No sé, cosas que a mamá le gustan. Le molesta que prefiera estar jugando Quidditch a tejer o cocinar.

Harry asintió, pero no la miró. Estaba ocupado sacando su bufanda con rayas rojas y doradas del paquete. No parecía querer parar. Simplemente seguía y seguía y seguía y seguía…

–Ummm… –Harry había sacado cerca de metro y medio de bufanda fuera del paquete. Ginny se sonrojó levemente. –Es… un poco grande, –observó.

–Bueno, tuve algunos problemas con el encantamiento para tejer, –admitió Ginny. –No podía hacer que las agujas pararan.

–Ya veo, –dijo Harry, dos metros y medio de bufanda fuera del paquete.

–Pensé que podría ser genial para el Quidditch, ya que el clima en el terreno de juego es más a menudo horrible que cómodo.

–Horrible, claro, –dijo Harry, ahora hasta tres metros y medio de bufanda.

–En realidad empecé haciéndote un suéter, –dijo Ginny, su voz ahora un poco más fuerte de lo que era absolutamente necesario mientras la longitud de la bufanda seguía saliendo del paquete. –Pero eso fue… un desastre.

Harry la miró, miró la bufanda, y después la miró otra vez. –¿Qué tan desastroso podría haber sido?

Ginny hizo una mueca. –Sólo digamos que el fantasma del ático ahora tiene una encantadora falda escocesa tejida a mano con los colores de Gryffindor.

–Ah, –dijo Harry. –Una falda no se vería muy bien en una escoba, me parece. –Ginny sonrió. –No, –continuó Harry. –Creo que nos quedaremos con la bufanda.

Ginny rodó los ojos. –No tienes que fingir que te gusta. Es horrible. Soy una basura tejiendo.

–¡No! ¡No! –insistió Harry, que ahora tenia la bufanda completa de cinco metros en su regazo. –Es brillante, gracias.

–No lo dices en ser…

–¡Lo hago! –juró Harry. –De hecho, lo que más me gusta es, que puedo atar un extremo en los aros de gol del lado de Gryffindor en el campo, y aun así poder llegar hasta el otro lado del campo sin romperla. –Claramente, estaba disfrutando esto.

–Olvídalo, –dijo Ginny. –Si no te gusta… –Intento agarrarla, pero él la aparto.

–No, –dijo con seriedad. –No. Me encanta. Es una perfecta y buena bufanda, e incluso si no lo fuera, es la intención lo que cuenta.

Ginny soltó un bufido. –Eso es un montón de…

–No, no lo es, –dijo Harry con firmeza. –No soy alguien que tuvo muchos regalos de cumpleaños al crecer, Ginny. –Ella se detuvo en sus intentos de agarrar la bufanda y lo miró. Por supuesto que no. Se había olvidado, y él le acababa de contar sobre los Dursleys días atrás. Sintió el familiar sonrojo Weasley trepando por sus mejillas. Como de costumbre, Harry no se dio cuenta o fingió no hacerlo. –Así que cada regalo que recibo de la gente que me importa significa algo. –Levantó la bufanda de nuevo, estudiándola. –De hecho, creo que toda la gente que me importa podría usar esto a la vez, lo que la hace extra especial.

Ella se rió a esto, y él sonrió. –Así que gracias, Ginny.

–De nada, Harry –respondió. –Me alegro de que pudiera darte un regalo que puedan disfrutar todos juntos. –Se rascó la cabeza. –Er… sólo hazme un favor y no le menciones esto a nadie ¿si? No quiero que mis estúpidos hermanos escuchen que te dí un regalo.

–¿Por qué no?

–Bueno… –dijo Ginny. Respiró hondo. De repente se dio cuenta que tan libre y fácil ella y Harry habían estado el uno con el otro por casi un año completo, e incluso más este verano. Trayendo de vuelta el pasado, reconociendo su antigua incapacidad para hablar cuando él estaba cerca… se le ocurrió que mencionándolo podría causar que pasara otra vez.

No estaba lista para traer a la luz esa parte de su pasado con él. Todavía no.

–Sólo no lo hagas, –improvisó. –Nunca voy a escuchar el final sobre esta monstruosidad de cinco metros.

Contuvo el aliento. Estaba segura que Harry se daría cuenta que esa no era la verdadera razón por la que ella no quería que lo mencionara a nadie, que ella estaba realmente preocupada de que si sus hermanos oían que le había dado un regalo de cumpleaños a Harry verían un blanco en su frente, justo como lo habían hecho cuando le dio a Harry esa maldita estúpida tarjeta de San Valentín…

Pero Harry sólo sonrío. –De acuerdo, Gin, –dijo. –Lo prometo. –Como siempre, pretendió no notar ninguna incomodidad de su parte, ya sea hoy o en el pasado… o tal vez en realidad, él de verdad no notaba nada. De cualquier manera, Ginny no sabía si sentirse aliviada por su compasión o molesta por su falta de atención.

De pronto, la puerta se abrió con un ¡BANG! y Ron entró enseguida. –¡Hey! ¿Qué están haciendo aquí?

Cogida por sorpresa, sentada a solas con Harry, discutiendo cómo quería evitar exactamente lo que ahora estaba sucediendo, el usual rápido tiempo de reacción de Ginny para dar una respuesta falsa se desinfló . –Um… Yo sólo estaba… es decir, estábamos…

–Ginny me estaba contando sobre una carta que le llegó a Hermione el otro día, –dijo Harry. Ginny se giró hacia él, los ojos muy abiertos.

–¿Una carta? –dijo Ron con recelo. –¿De quién?

Harry le había dado el tiempo suficiente a Ginny para recuperarse. –Oh, déjame pensar… sí, creo que era V.K., aunque no puedo estar segura. –Se volvió al ahora pálido rostro de Ron, y preguntó dulcemente, –No conoces a nadie con esas iniciales ¿o sí, Ronald?

Ron negó distraídamente con la cabeza, y sin darles otra mirada a cualquiera de los dos, se tambaleó fuera de la habitación. Sonriendo, Ginny se volvió a Harry. –¡Estoy impresionada!

Harry sonrió. –No eres la única que ha tenido que pensar rápido, sabes.

Sonriendo, Ginny asintió. Con los ojos de Harry en ella, un silencio cargado de significado amenazó con caer de nuevo sobre ellos. En lugar de permitir que eso pasara, dijo –Será mejor que me vaya a la cama.

–Bien, –dijo Harry. –Gracias otra vez por la bufanda.

Ginny caminó silenciosamente de regreso a la habitación de Percy, pensando que todo había ido excepcionalmente bien.

Ciertamente lo hizo.

Ni siquiera le importó la voz esta vez.

Por supuesto, no tenia la intención de apoyarla, tampoco…


Me encanta este capitulo, pero fuuuuck! Fue horrible traducirlo! Me frustré muchas veces para mantener los tiempos, espero que se entienda... especialmente esa parte de "Soy Ginny y soy popular" haha. (No me digan, hay demasiados "habia's" ¿verdad?)

En fin, creo que me está gustando actualizar los viernes pero si puedo actualizar antes, lo haré :)

Nos leemos pronto.