¿Qué? ¿Un nuevo capitulo en sólo dos dias? ;)


–No puedo superarlo. ¡Estas son absolutamente increíbles!

Era el sábado después del cumpleaños de Harry, y Ginny y Hermione estaban en la nueva tienda de Fred y George, "Sortilegios Weasley", la animada nueva pieza central de un Callejón Diagon que vivía en constante miedo de los ataques por mortífagos. Los Weasley, Harry, y Hermione habían venido al Callejón Diagon para comprar los materiales del próximo año, y la nueva tienda de los gemelos era la última parada del día.

Las dos chicas adolescentes estaban estudiando algo que se llamaba "Fantasías patentadas", que era precisamente lo que estaba sorprendiendo a Hermione. El anuncio hecho por quienes hicieron el conjuro (que sorprendentemente resultaban ser los trabajadores hermanos gemelos de Ginny) decía que cada conjuro proporcionaría una realista fantasía de treinta minutos de duración al usuario, justo lo que necesitas para hacer de una clase de Historia de la Magia con el profesor Binns casi soportable.

Pero mientras Ginny estaba formulando ideas para su uso, Hermione parecía simplemente estar admirando la artesanía. –Extraordinaria, magia extraordinaria. –seguía murmurando para sí misma. –Simplemente increíble. –Revolvió el exhibidor, leyendo los nombres de cada conjuro. –Fantasía de pirata, Fantasía de estrella de Quidditch, Fantasía de hechicero, Fantasía de Muggle… –Hermione rió y leyó la descripción del producto en voz alta. –"Pasa 30 minutos como Muggle". Estoy tentada a comprar esto. Viendo como no creo que Fred y George hayan conocido nunca a un Muggle, sería interesante ver que tan precisa es.

–Ya lo hicieron, –corrigió Ginny. –La familia de Harry. Hicieron estallar su chimenea. Además, –continuó, –He aprendido, Hermione, a nunca dudar de Fred y George cuando se trata de lo no convencional. –Ginny sacó dos conjuros más del exhibidor. –Mira estos: la Fantasía de Domador de Dragones y la Fantasía de Rompedor de Maldiciones.

–Espera, ¿qué esos no son…?

–Charlie y Bill, –dijo Ginny. Al parecer, Fred y George habían tomado "prestado" el trabajo de los mayores hermanos Weasley para sus Fantasías patentadas. –Histérico. Me pregunto si nos hicieron a todos. ¿Crees que tengan uno de Ron? "!Pasa 30 minutos cómo un alto, desgarbado tonto que no puede hacer nada bien!" –Hermione rió. –No, ¿quién lo querría? –continuó Ginny. Miró a Hermione, y añadió en broma, –Bueno, puedo pensar en una persona que tal vez esté interesada en una fantasía con Ronald Weasley.

Le tomó un momento a Hermione entender el comentario de Ginny, pero cuando lo hizo, la sonrisa desapareció de su rostro. –No sé de qué estas hablando, Ginny, –dijo Hermione, dando su usual respuesta a tales acusaciones. –Honestamente.

Ginny suspiró. Se estaba cansando de esto. –Oh, vamos, Hermione, –imploró. –Yo te cuento… cosas.

–No quiero hablar de eso, –dijo Hermione, ahora pasando por las Fantasías patentadas un poco más rápido de lo que era necesario.

–¿Hablar sobre qué? –retó Ginny. –¿Pensé que no sabías de lo que estaba hablando?

–¡No lo sé! –insistió Hermione. –¡Es una tontería! Yo no… yo sólo… –recuperó su compostura, y se volvió a Ginny. –Incluso si hubiera algo de que hablar, que no hay, este no es el momento ni el lugar adecuado.

–Está bien, está bien, –accedió Ginny.

–Además, –continuó Hermione, –todo es tan absolutamente absurdo y desesperante. Yo no…

Se detuvo, su mirada perdida en la distancia. Ginny no la presionó; esta era lo más cercano a una confesión de absoluto amor y adoración por su hermano que Hermione había expresado alguna vez. Decidió marcar esto como una victoria.

–Entonces, –dijo Ginny, cambiando de tema, –tal vez nos encontremos con Dean.

–¿Oh? –la voz de Hermione había vuelto a la normalidad. –¿Le dijiste que estaríamos aquí?

–Le mandé una lechuza anoche, –admitió Ginny. –Olvidé hacerlo antes. Ni siquiera sé si la recibió a tiempo. Soy una novia terrible.

–No seas tonta, –dijo Hermione. –¿Crees que tus hermanos serán fáciles con él?

–Más les vale, –replicó Ginny, un toque de amenaza resonando en su voz. –Pero lo dudo.

Hermione sonrió. –Yo también, –respondió. Miró a su alrededor por un momento, y luego se inclinó casi imperceptiblemente más cerca de Ginny. –¿Y qué pasa con Harry? –preguntó.

Ginny había seguido inspeccionando las Fantasías patentadas. A este comentario, miró a Hermione, una expresión confundida en su rostro. –¿Qué pasa con Harry? –preguntó.

–¿Estás, ya sabes… –empezó Hermione, vacilante. –¿Estas bien con él y tú y… y todo?

Ginny sonrió. Aunque todo el mundo parecía saber sobre su alguna vez amor platónico en Harry (excepto, tal vez, el propio Harry), Hermione había sido la única persona a la que realmente le había hablado sobre ello, en su tercer año. Fue el consejo de Hermione lo que le había permitido a Ginny superar su infantil infatuación, y estaba contenta de haber confiado en la chica mayor. Aun así, de alguna manera tenía la sensación de que las cosas en ese departamento no se habían desarrollado precisamente cómo Hermione había tenido en mente.

–Por supuesto que estoy bien, –dijo Ginny. –Harry y yo justo estábamos hablando de Dean el otro día. Trató de darme consejo sobre nuestra relación, en realidad. –sonrió. –Fue muy lindo.

–¿Lo fue? –dijo Hermione, y a Ginny no le gustó el tono de voz con que lo dijo.

–¡Lo fue, y no me refería a esa manera! –dijo Ginny.

Hermione asintió. –Está bien, –dijo.

–¡No lo hice!

–Está bien.

–¡Lo digo en serio!

–¡Ginny, dije que te creo!

–Mira, –dijo Ginny, sintiéndose caliente. –si no vamos a hablar de tu "asunto", entonces no puedes hablar de mi "asunto", ¿y por qué deberíamos? ¡Porque mi "asunto" ya ni siquiera es un "asunto"!

–Nunca dije que lo fuera…

Pero Ginny no había terminado. –Hermione, sé lo que me dijiste, que si era yo misma y empezaba a salir con otros chicos, tal vez Harry se fijaría en mí. Pero eso no fue lo que pasó, ¡y ya ni siquiera es como quiero que pase!

Hermione la miró, y por un momento, Ginny pensó que casi parecía decepcionada. –¿Estás segura?

¿Lo estás? repitió la pequeña voz en su cabeza. Mentalmente le rodó los ojos a la voz y a Hermione.

–Sí, –dijo Ginny con firmeza. –Estoy segura. Muy segura. Completamente segura.

Hermione sonrió disculpándose. –Lo siento. Yo sólo… si estás feliz Ginny, me alegro por ti.

–Lo soy, –dijo Ginny. –Quiero decir, creo que lo soy. Apenas empezamos a salir, Dean y yo. Así que es difícil de juzgar. Pero él me gusta.

–Dean es muy agradable, –coincidió Hermione.

–Lo es. Y no tiene mal aspecto en absoluto. –añadió Ginny.

Hermione rió.

–Bueno, –comenzó ella, –lo negaré si se lo dices a alguien, pero tienes un…

–¿Todavía no han visto nuestro productos especiales Wonderbruja, chicas? –dijo una voz detrás, Ginny y Hermione se dieron la vuelta rápidamente de las Fantasías patentadas para ver a Fred caminando majestuosamente hacia ellas, su túnica color magenta superada sólo por su amplia sonrisa. Harry caminando detrás de él. –Síganme, señoritas… –Pasó por delante de ellas, y se dirigió a hacia la ventana, donde un grupo de niñas riéndose estaban, bueno, riéndose histéricamente.

Ginny y Hermione intercambiaron una mirada recelosa, y cautelosamente se acercaron, con cuidado de no acercarse demasiado a la manada de felicidad femenina inundando el escaparate de Wonderbruja, con el fin de no verse cómo parte de ellas. Fred parecía no notar su renuencia. –Aquí los tienen, –dijo con orgullo. –El mejor surtido de filtros de amor que pueden encontrarse en el mercado.

Ginny se encontró, para decirlo suavemente, escéptica. –¿Funcionan?

–Claro que funcionan, –resopló Fred, con sólo la combinación adecuada de orgullo herido y desconcierto en su voz. –Hasta veinticuatro horas seguidas, según el peso del chico en cuestión…

–… y del atractivo de la chica, –dijo una voz severa. Ginny miró hacia arriba para ver a George de pie a su lado. Ningún desconcierto en la voz de Fred estaba presente en la de él. Miró a Hermione, quién solo se encogió de hombros. –Pero no vamos a vendérselos a nuestra hermana, no cuando ya sale con cinco chicos a la vez, por lo que nos han…

–Cualquier cosa que hayas escuchado de Ron es una gran y gorda mentira, –respondió Ginny con calma. Ya estaba aplicando el truco que había desarrollado a lo largo de los años para enfrentar con éxito a los gemelos: nunca dejes que te vean sudar. Tomó un pequeño tarro rosa de un estante cercano con practicada despreocupación. –¿Qué es esto?

–Crema desvanecedora de granos de eficacia garantizada. Actúa en diez segundos, –respondió Fred, siempre el vendedor. –Infalible con lo que sea, desde espinillas hasta puntos negros… (aquí, Ginny estaba segura que atrapó a George lanzando una mirada severa a su hermano) … pero no cambies de tema, –continuó Fred, cambiando de tema él mismo. –¿Estás o no estás saliendo con un chico llamado Dean Thomas?

–Sí, lo estoy, –dijo Ginny, la viva imagen de la indiferencia. –Y la última vez que me fijé, te aseguro que era un chico y no cinco. –En ese momento, algo en un estante cercano le llamó la atención de verdad. Justo a su izquierda había una gran jaula dorada, llena de bolas de pelusa color rosa y morado y que emitían agudos chillidos. Señalando la jaula, preguntó, –¿Qué son esos?

–Micropuffs. Puffskeins en miniatura, no podemos criarlos lo suficientemente rápido. ¿Qué pasó con Michael Corner?

–Lo dejé, era un mal perdedor. –Ginny sólo estaba escuchando a medias ahora; el acto de George había empezado a aburrirla. Metió un dedo entre los barrotes de la jaula y acarició el Puff más cercano, que rió apreciativamente. –¡Son muy lindos!

–Son adorables, sí, –respondió Fred. –Pero ¿no crees que cambias muy rápido de novio?

Ginny suspiró, y luego se dio la vuelta bruscamente con una mirada tan parecida a las de la Sra. Weasley que paralizó a sus hermanos. –Eso no es asunto suyo. ¡Y a ti… –le espetó a un Ron que se acercaba, –te agradecería que no les contaras cuentos sobre mí a estos dos!

Se volvió de nuevo hacia la jaula con un aire de decidida finalidad. Estaba molesta, sí, tanto con los gemelos por su interrogatorio y con Ron por tener una gran boca, pero no era como si estas no fueran las reacciones que esperaba de sus hermanos cuando se enteraron de que su hermana pequeña había comenzado a salir con alguien. De hecho, si era completamente honesta consigo misma, de alguna manera le gustaban sus actitudes sobreprotectoras.

Aunque ella jamás les admitiría tal cosa…

Jugó con los Micropuffs distraídamente mientras escuchaba a Fred y George discutir con Ron, y luego su madre regañó a Ron por hacer un gesto grosero con la mano. –Mamá, –dijo de pronto, frente de su madre. –¿Me compras un Micropuff?

La Sra. Weasley pareció sorprendida por un momento, pero sólo apenas. –¿Un qué? –preguntó con desconfianza.

Hubo una sensación de inquietud en el estomago de Ginny. Conocía ese tono, y generalmente presagiaba una amable negativa de cualquier solicitud por algo que tomara la forma de un "lujo" innecesario. Sin embargo, siguió adelante. –Mira, son tan dulces.

Su madre sólo frunció el ceño. Ginny conocía ese ceño fruncido. Su futuro siendo la dueña de un micropuff era cada vez menos probable. –Mamá… –empezó, planeando su defensa.

–Lo siento, Ginevra, –dijo la señora Weasley. Ginny empezó a abrir su boca para protestar, pero se detuvo con una mirada de su madre. No parecía enojada; en cambio, se veía triste y, en ese momento, más mayor de lo que se había visto en un buen tiempo. –Es sólo que el dinero es muy apretado en este momento, sabes. –Ginny asintió. No podía recordar un momento en su vida donde el dinero no hubiera estado apretado… pero no dijo eso. –Tal vez si le preguntas a Fred y George…

–No, –dijo Ginny con firmeza, interrumpiéndola. –Fred y George tienen un negocio, no una obra de caridad. Sobreviviré.

Su madre asintió y sonrió. Miró dentro de la jaula y acarició una de las pelusas, que rió apreciativamente en respuesta. –Aunque son preciosos ¿no es así? –concedió, antes de alejarse con una sonrisa de disculpa.

La sonrisa de Ginny se desvaneció tan pronto como su madre desapareció de vista. Se volvió hacia Hermione para quejarse… sólo para encontrar que Hermione había desaparecido de vista también. En ese caso, pensó, también Ron y Harry. Su humor gris se volvió más oscuro cuando se dio cuenta que, otra vez, los tres se habían escapado para… bueno, para algo… y la habían dejado atrás. –Sólo una vez, –Ginny murmuró para sí misma, tocando el micropuff más fuerte de lo que quería. –Sólo una vez me encantaría estar involucrada. "Ginny, vamos a hechizar a Malfoy ¿quieres venir a reírte?" "Ginny, vamos a ir a las cocinas a empezar una revolución de elfos domésticos. Trae las insignias" "Ginny, tenemos que salvar el mundo otra vez ¿vienes con nosotros?

Sí te llevaron con ellos al Ministerio…

–Aunque no querían, ¿no es cierto? –Ginny se dio cuenta que estaba hablando en voz alta con la voz en su cabeza. Por extraño que parezca, estaba menos preocupada por este hecho y más aliviada de que la voz no estaba hablando sobre su usual tema favorito.

–¡Harry Potter!

La cabeza de Ginny se levantó de golpe de la jaula de micropuffs. Esa no era la voz loca de su cabeza, eso había sido en voz alta. Volviéndose de nuevo al grupo de niñas riéndose alrededor del escaparate de pociones de amor, inmediatamente reconoció a la dueña de la voz que había llamado su atención. Era Romilda Vane, una Gryffindor de cuarto año con largo cabello negro, bastante bonita, a quién Ginny no conocía muy bien, pero que no le agradaba.

–Pero Romilda, –chilló una de sus amigas atropelladamente, –¿de verdad crees que la vas a necesitar?

–Oh, no lo sé, –dijo Romilda casualmente, con la impresión de alguien que no quiere dar a entender que considera la conversación muy importante. –Probablemente no, pero nunca sabes. Siempre está dando vueltas con esa Hermione Granger.

–¡Oh! –dijo otra chica. –¡Escuché que a ella le gusta Ron Weasley!

Romilda arrugó la nariz a esto. –¿Quién podría? –preguntó con un bufido.

Sin darse cuenta, Ginny tronó los nudillos de ambas manos.

–¿Pero cómo vas a dársela? –preguntó la primera chica, aparentemente determinada a quedarse en su línea original de cuestionamiento. Romilda miró a la chica por un momento, luego levantó la larga botella de poción púrpura que Ginny acababa de notar, tenía con ella.

–Supongo, –dijo perezosamente, –que podría vaciarla en algo y ofrecérselo, si es necesario. Alhelí, tal vez.

Si antes le desagradaba Romilda, Ginny de repente se encontró a sí misma odiando a la chica en este momento. ¿Darle a Harry una poción de amor? Sobre su desmaiusado cuerpo lo haría. Ginny sacó su varita y, agarrándola con fuerza, dio un paso hacia la manada de pequeñas tontas de cuarto año, determinada a enseñarles una…

–¡Hola, Gin!

Ginny se dio la vuelta, metiendo su varita en el bolsillo. Ahí, entrando penosamente de la calle, estaba Dean. En toda su consternación, Ginny había olvidado por completo que se suponía que iba a reunirse con él. Silenciosamente reprimiéndose a sí misma por ser, una vez más, la peor novia en toda la creación, le sonrió al chico que se acercaba.

–¡Hola, Dean! –dijo alegremente. Furtivamente miró detrás de ella, y vio que la manada de cuarto año se había dispersado. Alcanzó a ver a Romilda desapareciendo en un pasillo lejos, pero no pudo ver si todavía llevaba la poción de amor.

Ginny se volvió a Dean para encontrarlo casi encima de ella. Sorprendida, dio un paso atrás. –Así que… ¡me encontraste! –dijo, e inmediatamente se dio un golpe mental en la cabeza por haber dicho algo tan estúpido. Ella simplemente TENÍA que mejorar la calidad de sus conversaciones con Dean.

Dean pareció no notar su estupidez. –¡Sí! –dijo sonriendo felizmente. –Caminé un poco por ahí, y luego me di cuenta que probablemente estarías en la tienda de tus hermanos. –echó un vistazo a su reloj. –No tengo mucho tiempo, me temo. Mi mamá justo está recogiendo los últimos materiales, luego tenemos que darnos prisa en llegar a casa. Ella es Muggle, ya sabes, –añadió Dean. –Realmente no me siento seguro con ella fuera de casa y en nuestro mundo en estos días.

Ginny asintió con compasión. –Claro, –dijo. –Lo entiendo. Aunque desearía que tuviéramos un poco más de tiempo. –Se sorprendió al darse cuenta de que lo decía en serio; sabía que tendrían tiempo juntos en Hogwarts, ¡pero de verdad tenia que hacer un mayor esfuerzo por conocer a su novio!

Dean sonrió ampliamente. –Sí, yo también, –dijo. –Parece que tengo el tiempo justo para comprarte tu regalo.

Ginny parpadeó sorprendida. –¿Mi… mi qué? –tartamudeó. No estaba esperando eso. ¿Había olvidado un aniversario? ¿Acaso ya tenían un aniversario? Y si es así, ¿un aniversario de qué, exactamente?

–Tu regalo de cumpleaños, –dijo Dean. –Once de agosto ¿verdad?

–Así es, –dijo Ginny, aturdida de que Dean sabía cuándo era su cumpleaños. –Pero en serio no tienes que…

Dean agitó su mano para callarla. –Pssh, –dijo. –Por supuesto que sí. Ahora… ¿qué te gustaría? Te digo, no tengo TANTO dinero, pero… –terminó su declaración con una sonrisa ligeramente pícara. Ginny sonrió involuntariamente. Aunque tenia la completa intención de insistir contra un regalo, no pudo evitar mirar en dirección a la jaula dorada con sus rodantes y risueñas bolas de pelusa.

–¿Qué son? –preguntó Dean. Al acercarse a la jaula, arrugó la nariz y miró dentro.

–Micropuffs, –respondió Ginny. –Puffskeins en miniatura. Son adorables ¿verdad?

Dean la miró, una sonrisa torcida en su rostro y una ceja levantada ligeramente. –Si tú lo dices.

–Sí lo digo, –respondió Ginny, sonriéndole y sintiendo un poco de cosquilleo, de pronto.

–Correcto, –dijo Dean. –¿Cuál quieres?

–Oh, no tienes que…

–¿Cuál quieres?

–Ese, –dijo Ginny, señalando definitivamente al que le había hecho cosquillas antes.

Asintiendo, Dean abrió la jaula cuidadosamente y sacó la pequeña bola de pelusa morada. –Pequeño escurridizo, –dijo, cerrando la jaula. –¿Cómo crees que vas a llamar…?

–¿No crees que sería mejor dejar que lo propietarios abran la jaula, amigo?

Ginny y Dean levantaron la vista de los micropuffs para ver a George en el mostrador mirándolos severamente.

–¡Oh, lo siento, George! –Dean tartamudeó rápidamente. –Sólo pensé que…

–¡¿George?! –George miró a Dean con fingida sorpresa. –¡Soy Fred, tú insolente sinvergüenza!

–¡No, no lo eres, George! –exclamó Ginny. George le lanzó una mirada, luego volvió a mirar a Dean.

–Diciéndome el nombre equivocado, abriendo jaulas en mi tienda, ¡a la vez que te pones muy familiar con mi hermana! –George se estaba aventando un buen rollo ahora. –¡¿Exactamente cuál es TU nombre, jovencito?! –Dean, por su parte, parecía abrumado y aplastado por su repentina confrontación, pero Ginny le frunció el ceño a su hermano.

–¡Oh, venga ya! –se burló. –¡Sabes perfectamente bien quién es Dean; fuiste con él a la escuela por cuatro años y medio! –Se volvió a Dean, que todavía parecía muy inseguro de que hacer a continuación. –Dean tal vez no sepa quien eres. Después de todo, son un par idéntico. Dean, –dijo, la amabilidad fingida en su voz llena de insinceridad. –este es mi hermano George, no debe ser confundido con mi hermano Fred. Puedes darte cuenta, –continuó, –porque él es el que a nadie le cae bien.

–También es un tipo muy feo, –añadió Fred, ahora apareciendo detrás del mostrador. –Mientras que yo soy el mago más guapo de todo el establecimiento. Hola, Sr. Thomas. ¿A qué debemos el placer?

Ginny miró a Dean. Sabía que sus hermanos podían ser intimidantes, pero silenciosamente, ella le estaba instando desesperadamente a encontrar su voz.

Por desgracia, cuando lo hizo, dijo posiblemente la cosa menos intimidante que pudo haber dicho. –Micropuff, –graznó, depositando una de las pequeñas criaturas que Ginny había elegido en el mostrador.

Fred y George se miraron el uno al otro, con las cejas levantadas. –¿Un micropuff, Dean? –preguntó Fred. –¿Hay algo más que quieras decirnos?

–¡No es para mí! –añadió Dean apresuradamente. –Es para Ginny. Por su cumpleaños.

–Oh, –dijo Fred, aparentemente apaciguado. –Supongo que eso está bien, entonces. ¿No te parece, George?

–Bueno… –comenzó George. Ginny le lanzó una mirada; más le valía no hacer todo este encuentro más incomodo de lo que ya lo había hecho. –Viendo cómo está comprando regalos para nuestra hermana pequeña, como debería, –dijo George, después de haber visto la mirada de Ginny, –y que los está comprando de nosotros, que es mucho mejor… Supongo que podemos permitirlo.

Dean exhaló notablemente. –Gracias, amigos. –dijo, empujando el pago a través del mostrador. Se volvió y le entregó a Ginny el micropuff. –Y para ti.

Ginny se deleitó con la pequeña y juguetona bola de pelusa ahora rodando en su mano. Le estaba haciendo cosquillas en lo que supuso era su barbilla y preguntándose cómo iba a llamarlo cuando escuchó a Fred decir, –¿Un dulce, Dean? –Levantó la vista para ver a Dean tomar un dulce de una caja que le estaba ofreciendo Fred.

–¡No! –gritó, y le arrebató la pastilla vomitiva a Dean justo cuando estaba a punto de ponerla en su boca. Rompió el dulce en dos y le ofreció la otra mitad anaranjada a Fred. –¿Lo compartimos? –preguntó dulcemente.

Fred y George la miraron fijamente por un momento, y luego sonrieron ampliamente. Miraron a un perplejo Dean. –Buena suerte con esta, amigo, –dijo George.

–Vas a necesitarla, –añadió Fred. Antes de que Ginny pudiera reprenderlos, ambos se habían dado la vuelta para ayudar a otros clientes. Dean se agachó, agarró la mano de Ginny y la sacó de la tienda.

Afuera, se volvió hacia ella. –Bueno, –pensó, –eso fue mejor de lo que esperaba.

Efectivamente, Ginny tenía que estar de acuerdo. –Sí, –dijo. –Todavía tienes todos tus dedos, yo diría que eso es un plus. –Dean rió. Ginny no lo hizo. Dean se detuvo.

–¿Hablas en serio? –preguntó.

–Nunca se sabe con esos dos, –dijo Ginny. –No, no te preocupes, –añadió apresuradamente, notando el pánico en el rostro de Dean. –Son realmente inofensivos. Sólo no puedes mostrar miedo. Ellos pueden oler el miedo.

Dean asintió. –De acuerdo, –dijo, rompiendo en una sonrisa. –Supongo que sólo tendré que acostumbrarme a ellos ¿eh?

–Correcto, –dijo Ginny, devolviéndole la sonrisa. Dean era un chico guapo, tenía que admitir, y era perfectamente una buena captura. Después de todo, había sido totalmente encantador sobre comprarle un regalo de cumpleaños; todavía no podía creer que él había recordado esa fecha. Tuvo la repentina sensación de que sería divertido ver si esta relación podía ir a alguna parte cuando regresaran a Hogwarts y fueran capaces de pasar tiempo real juntos. Miró detrás de ella involuntariamente; su mamá notaría que ella no estaba en la tienda pronto. –Escucha, –dijo, volviéndose a Dean, –Será mejor que regrese ¡MMMPPH!

Sin previo aviso, los labios de Dean estaban sobre los de ella, y siendo atrapada con la guardia baja, era más bien parecido a ser atacada por un gusarajo, si los gusarajos alguna vez atacaban algo, lo cual no hacían. Ginny disfrutaba un buen beso tanto cómo cualquier chica, sin duda, y Dean ciertamente era más talentoso en ese departamento de lo que había sido Michael Corner, pero incluso mientras intentaba disfrutar lo más que podía de esta improvisada sesión, era muy consciente de que estaban afuera de la tienda de sus hermanos, en medio del Callejón Diagon, a plena luz del día, donde su madre podía salir y verlos, o su padre, o Fred o George o Hagrid o Ron o Hermione…

o Harry.

Con un jadeo, Ginny se apartó de Dean. Tenía una sonrisa tonta estampada en su rostro. Cómo debería, pensó Ginny.

–Wow, –dijo Dean. –Ciertamente te he extrañado.

Ciertamente haz extrañado ESO.

–Claro, –dijo en cambio, sonriendo también pero mirando discretamente alrededor para asegurarse de que nadie de su familia los había visto.

o Harry.

–¿Nos vemos en el Expreso? –dijo, con la esperanza de cambiar de tema.

–Claro, –respondió Dean jovialmente. –¿Te guardo un asiento?

Por un segundo, la memoria de Ginny se remontó con culpabilidad al viaje a casa tras el fin del año escolar pasado, donde había elegido sentarse con Harry, Ron, Hermione, Neville y Luna en lugar de con Dean. –Absolutamente, –dijo. –No puedo esperar.

–¡Dean! –Dean miró sobre su hombro. Una mujer de mediana edad con ropa Muggle estaba haciéndole señas. Se volvió a Ginny.

–Me tengo que ir, –dijo. –¡Te veo el primero! –Con eso, se fue.

–¡Gracias por el regalo! –Ginny le gritó débilmente, pero él ya estaba fuera de su alcance. Ginny pensó por sólo un momento que no lo habría matado presentarla a su mamá, no era que tenía que hacerlo o algo así, pero… sus pensamientos fueron interrumpidos por su propia madre y Hagrid saliendo frenéticamente de la tienda.

–Oh, ahí está Ginny, –dijo la Sra. Weasley con aire ausente, pero Hagrid no parecía estar escuchando; en cambio, estaba escaneando ansiosamente al grupo de personas que pasaba.

–¿Qué pasa? –preguntó Ginny.

–¿Haz visto a Ron, Harry y Hermione? –preguntó su madre, mirando a los pasantes magos y brujas también, aunque en realidad no podía ver tan lejos como podía hacerlo la montaña de Hagrid.

–No, mamá, –dijo Ginny, acariciando el micropuff sentado en su hombro que en ese momento había decidido llamarlo Arnold. –Pero estoy segura que están bien, dónde sea que estén. –Su madre, sin embargo, había dejado de escuchar en la palabra "No".

Hagrid y su madre continuaron paseando ansiosamente frente a Sortilegios Weasley, cómo si el hacerlo causaría que los tres amigos aparecieran mágicamente. Justo cuando Ginny estaba a punto de darse la vuelta y regresar a la tienda, sintió algo pasar a lado de ella, y mirando hacia la puerta, alcanzó a vislumbrar un tenis debajo de una capa de invisibilidad corriendo dentro.

Negando con la cabeza, siguió a Ron, Harry y Hermione dentro de la tienda. Honestamente, tenían que darse cuenta que ya eran demasiado grandes para caber todos juntos debajo de esa capa.


Ah, que lindo de Dean recordar su cumpleaños… ¿o tal vez no?

A destacar: 1) Alhelí: Según la Wikia de Harry Potter es una bebida hecha de branquialgas (WTF) y agua simple. Aunque yo no recuerdo haber leído nunca esa palabra en los libros, pero bueno...

2) Desmaiusado: Se supone que el encantamiento aturdidor es "Desmaius", de ahí el juego de palabras.

3) Infatuación: Debo admitir que ya había escuchado esta palabra pero nunca supe que significaba. Según investigué es "Un corto pero intenso amor o admiración irracional por algo o alguien" o.O

Ahora sí, nos leemos el viernes :D