Olviden el Prólogo, olviden "Una Snitch de Cumpleaños", les presento el capítulo más largo de la historia... Bueno, la verdad no. Pero sí es muy largo, 8,626 palabras para ser exactos, ¿pero que hacen leyendo esto? GO GO GO!


Ron, Hermione y Harry pasaron mucho más tiempo encerrados juntos y susurrando de lo que lo habían hecho antes del viaje al Callejón Diagon, Ginny notó con cierta irritación. Algo había sucedido allí, algo que no estaban dispuestos a compartir con ella, y mientras más intentaba ignorarlo más le molestaba. Cada vez que ella empezaba a quejarse su madre le advertía con una mirada severa, con la clara intención de comunicar un recordatorio sobre su conversación previa respecto al deseo del profesor Dumbledore de que se les diera tiempo en privado a Harry, Ron, y Hermione para discutir… lo que sea que él quisiera que discutieran. Aun así, Ginny no era una hermana pequeña por nada, y mientras su hermano y sus dos amigos eran terriblemente secretivos, ella se las arregló para escuchar una o dos palabras aquí y allá. Ninguna que tuviera mucho sentido para ella, desafortunadamente, a excepción de una vez cuando estaba segura de que escuchó a Harry murmurar con descontento sobre Draco Malfoy, lo que era sin duda nada fuera de lo normal, y nada de lo que podía imaginar le importara a Dumbledore.

Eventualmente, las fechas en el calendario se acercaron más y más al primero de Septiembre, las horas del día se hicieron más cortas, y los partidos de Quidditch de dos-por-lado se hicieron menos y más distanciados. Cuando no estaban encerrados susurrando con Harry, Hermione y su hermano regresaban a sus usual practica de molestarse y coquetear-pero-no-en-realidad, lo que dejaba a Harry y ella rodando los ojos a los casi tórtolos, y hacer chistes más rudos y coloridos sobre Bill y Fleur.

En una tarde particularmente irritante, Ginny se encontró atrapada en la cocina con un montón de ropa recién lavada, apretando los dientes en un polvo fino mientras Flegggrrr hablaba y hablaba sobre que colores NO sería el vestido de dama de honor de Ginny. No importando que Ginny ni siquiera había PEDIDO ser una dama de honor; simplemente se asumió.

Cuando finalmente logró escapar, se tropezó subiendo las escaleras y casi corrió de cabeza contra Harry, saliendo de la habitación de Fred y George con su propia ropa y luciendo tan molesto como ella se sentía.

–Yo no iría a la cocina justo ahora, –le advirtió. –Hay un montón de Flegggrrr alrededor.

Harry sonrío, toda su actitud de repente alegrándose. –Tendré cuidado de no resbalarme, –respondió. Se sonrieron el uno al otro y continuaron en sus caminos separados.

Esto, Ginny había descubierto, era cómo muchos de sus intercambios iban estos días, cada uno tratando de sobrepasar los chistes del otro sobre Fleur o sobre Ron y Hermione. Notó que era un Harry muy diferente el que estaba conociendo este año al que había conocido todo el año pasado, o incluso el que parecía tan a menudo enfrascado en conversación con sus dos mejores amigos. Una vez había reflexionado brevemente sobre lo inspiraba sus cambios de actitud cuando pasaban tiempo juntos, pero sólo brevemente, pues llegó a la conclusión de que él no la consideraba con la suficiente madurez para entender el peso de la responsabilidad que llevaba. ESE pensamiento había arruinado rápidamente su buen humor, por lo que hizo su mejor esfuerzo para no tenerlo en mente más de lo necesario.

Abriendo la puerta de la habitación de Percy con el pie, Ginny tiró toda su ropa en la cama. Por decreto materno, sus baúles escolares absolutamente, positivamente tenían que estar empacados antes de ir a la cama. La Sra. Weasley parecía decidida a evitar la loca carrera al tren que siempre ocurría el primero de Septiembre, y Ginny se había estancado en su empacado hasta el ultimo momento posible. Sus pertenencias estaban esparcidas por toda la habitación de Percy, y cómo todos los años, no tenía idea de cómo iba a meterlo todo en el baúl. Para colmo, por supuesto, estaba el baúl de Hermione, estando perfectamente empacado junto a la conjurada cama en la que su dueña estaba ahora sentada, hojeando su nueva copia de Elaboración de Pociones Avanzadas.

–Mírate, –dijo Ginny, negando con la cabeza. –Ya empacaste todo, y usas el tiempo extra para leer libros de texto.

–¡Tengo que hacerlo! –dijo Hermione, bajando el libro y con un toque genuino de pánico en su voz. –¡Apenas le he echado un vistazo a este! ¡Sólo he terminado hasta el capítulo cinco, y difícilmente tendré tiempo de leerlo en el tren mañana!

Ginny sonrió y cogió el paquete de Ranas de Chocolate que Harry le había dado por su cumpleaños. Una peor bruja se habría quejado sobre el regalo por ser tan impersonal, pero viendo que Harry probablemente nunca usaría la bufanda que le había hecho, y ella ciertamente se comería todas las Ranas de Chocolate, Ginny pensó que estaban a mano. Metió una Rana de Chocolate en su boca mientras decía, –Hermione, ¿tienes idea de lo mal que nos haces ver al resto de nosotros?

Hermione miró sobre su libro, un expresión confundida en su rostro. –No, –respondió. –¿A qué te refieres?

–No importa, –sonrió Ginny, arrojando el resto del dulce dentro del baúl y comenzando a empacar en serio.

Así fue, todo los baúles estaban empacados cuando la mañana llegó para ellos, y como era siempre en el final del verano, parecía que el colegio empezaba de nuevo casi tan pronto como se terminaba por vacaciones. Todavía media dormida, Ginny salió de la habitación de Percy, con la esperanza de decirle adiós, junto con Hermione. Ambas chicas estaban arrastrando sus baúles detrás de ellas.

–Recuerda, Ginny, –entonó Hermione, –Ron y yo tendremos que patrullar los pasillos del tren primero, siendo Prefectos. Pero después de un rato nos reuniremos contigo y Harry en el compartimiento.

–De hecho, –dijo Ginny, –No puedo. Le prometí a Dean que me sentaría con él.

–¡Oh! –Hermione parecía sorprendida, pero luego se encogió de hombros. –Bueno, eso tiene sentido, supongo ¿no es así?

Apenas habían salido todos cuando los coches del Ministerio vinieron conduciendo hasta la Madriguera. Mientras Bill y el padre de Ginny ponían los baúles de Hogwarts en la parte trasera, Fleur se deslizó hasta Harry, –Au revoir, Hagy –dijo, besándolo en ambas mejillas y dejando a Harry sin habla. Ginny y Hermione le lanzaron dagas con la mirada, y Ginny estaba a punto de ofrecer una no-muy-sutil opinión sobre su adiós a Harry, cuando incluso una mejor oportunidad pasó corriendo en la forma de Ron, aparentemente con la esperanza de conseguir una despedida similar. Casi había conseguido pasarla cuando Ginny estiró el pie y lo envió a caerse en la tierra.

–Muy bien, –murmuró Hermione.

–Me estoy descuidando, –Ginny murmuró de vuelta, frunciendo el ceño. –Casi logró pasarme. Debo estar haciéndome vieja. –Pero mientras Ron se apresuraba al coche, Harry le lanzó una sonrisa a Ginny y un gesto de aprobación también. De repente, se sintió cien veces mejor.

El Sr. y la Sra. Weasley se subieron en el primer coche, y los cuatro adolescentes en el segundo. Se subieron en el asiento trasero, que había sido extendido mágicamente para acomodar a los cuatro y las jaulas de sus mascotas. –Podría acostumbrarme a viajar así, –reflexionó Ginny, acariciando distraídamente a Arnold en su jaula mientras el coche arrancaba.

–Por lo menos alguien lo disfruta, –murmuró Harry.

–Oh, vamos, –Ginny lo reprendió en broma, –Tal vez seas un hombre-marcado merecedor de la protección del Ministerio, Harry, ¡pero mira! –Metió la mano en una bandeja encantada de enfriamiento integrada en el lateral del coche y sacó dos botellas –¡Jugo de calabaza gratis!

Harry sonrió. –Bueno, eso hace que todo valga la pena ¿no? –respondió, tomando la botella. Hermione tomó una también, pero Ron se negó inicialmente, aún dolido por el incidente con Fleur. Sin embargo, la oferta de comida gratis era demasiado tentadora, y rápidamente lo superó.

El coche se detuvo en King's Cross con cuatro jóvenes relativamente felices en el interior, pero los Aurores de cara severa que se acercaron y sacaron a Harry puso un alto a las cosas. Sus baúles fueron arrojados sin miramientos en carros y todo el grupo fue apresurado hacia la estación. –Prefiero mucho más a Hagrid en seguridad, –murmuró Ron. Ginny estaba inclinada a estar de acuerdo.

Al llegar a la entrada de la plataforma nueve y tres cuartos, los hoscos dos Aurores rápidamente hicieron pasar a Harry por la barrera, con Ron y Hermione siguiéndoles. Ginny, sus padres, y el segundo Auror fueron los siguientes, y luego ahí estaban junto al Expreso de Hogwarts, diciendo sus adiós.

–Será mejor que entren directamente en el tren, todos ustedes, sólo tienen unos minutos, –dijo la mamá de Ginny, quien luego jaló a Ron para un rápido abrazo. –Que tengas un encantador semestre, Ron. Tú también, Hermione, –añadió mientras jalaba a Hermione para un abrazo también. A la espera de su propio abrazo, Ginny notó a Harry alejándose con su padre. Antes de que tuviera un momento para considerar escuchar a escondidas, su madre estaba sobre ella, abrazándola fuertemente.

–Ten un buen semestre, Ginevra, –dijo. Luego se separó, manteniendo sus manos firmemente en los hombros de su hija. Pasó un momento, y luego Molly imploró, –Ten cuidado, querida. Estos son tiempos oscuros.

La sinceridad sorprendió a Ginny. Asintió, y dijo, –Lo haré, mamá. Tú también. –Su madre asintió, y luego miró hacia la plataforma donde Harry estaba explicando enfáticamente algo a su padre.

–No pierdas de vista a Harry, –dijo su madre, sorprendiendo a Ginny de nuevo.

–Harry estará bien, –Ginny se escuchó decir, mientras su mente estaba girando, preguntándose si su madre sabía algo que ella no. –Tiene a Ron y Hermione para cuidarlo.

La Sra. Weasley negó con la cabeza. –Desearía que eso fuera más reconfortante, –dijo con una sonrisa irónica. –Ahora, rápido-como-vas, sube al tren.

Ginny le dio a su madre un ultimo abrazo rápido, y luego se apresuró hacia el Expreso de Hogwarts. Estaba a punto de levantar su baúl al tren cuando repentinamente se lo arrebataron de las manos. –¡Hey! –comenzó, girándose y agarrando su varita, sólo para encontrar a Dean junto a ella, su baúl en sus manos.

–Ya lo tengo, –dijo, luego se volvió y tomó la jaula de Arnold también.

–Dean, –dijo Ginny, ligeramente molesta. –Puedo llevar mi propio baúl.

–No mientras yo este aquí, no puedes. –respondió Dean alegremente, empujando su baúl a bordo y subiendo después de el. –Ahora vamos, ¡el tren está a punto de irse!

Ginny suponía que debería estar halagada, y que Dean sólo estaba siendo caballeroso, y que ella debería estar halagada otra vez cuando él se volvió y la ayudó a subirse al Expreso. Estaba teniendo problemas, sin embargo, negando la leve irritación que sentía a tales acciones. Aun así, en el interés de ser una buena novia, empujó esos sentimientos a un lado. –Estamos por aquí, –indicó Dean, señalando hacia la parte delantera del tren. –Seamus llegó temprano, dejó nuestras cosas en el compartimiento B. –Dean empezó a guiarla por el corredor, pero ella gentilmente - pero con firmeza - sacó su mano de la de él.

–Espera, –dijo. –Vi a unos amigos que me gustaría saludar primero.

–Esta bien, –dijo Dean alegremente. Luego se inclinó y la besó dulcemente en la mejilla. –Te extrañé, –susurró, y luego se fue rápidamente, caminando por el pasillo con sus posesiones a cuestas, dejando a Ginny sonriendo a su paso.

–Esa es una manera de empezar el año, –dijo una voz a la izquierda de Ginny. Se volvió y vio a Demelza Robins, una chica tranquila de cuarto año de quien era amiga, aproximándose.

–¡Demelza! –Ginny la saludó con cariño. Las dos chicas se abrazaron. –¿Cómo estuvo tu verano?

–Estuvo bien, –dijo Demelza. –Un montón de charlas sobre el Ministerio y Tú-Sabes-Quién, al igual que todos los demás, al parecer. –Ginny asintió; sabía exactamente a que se refería. –Pero, –continuó Demelza, poniéndose un poco rosa, –¡he decidido intentarlo en el Quidditch!

–¡Eso es excelente! –dijo Ginny, y de corazón. Había volado con Demelza antes, y mientras la chica podía usar un poco de agresividad, era rápida y ágil, y su puntería era buena. Sería una Cazadora muy sólida.

Demelza asintió. –No sé cuales serán mis posibilidades, honestamente. Me imagino que contigo y Katie Bell, sólo queda un puesto de Cazadora.

–Pero ni Katie ni yo tenemos puestos garantizados, –protestó Ginny.

Demelza le dio una mirada de incredulidad. –Tú y Katie son las mejores voladoras en Gryffindor, después de Harry, –dijo. –Incluso si tienen que hacer las pruebas, están dentro. Espera… si Katie tiene que hacer las pruebas, ¿nombraron Capitán a Harry?

–Sí, –respondió Ginny. –Él estaba en la Madriguera cuando llegaron las cartas de Hogwarts. Le dieron su insignia de Capitán con su carta.

Demelza parecía preocupada. –¡Pero Katie es miembro senior! ¿Crees que estará molesta?

–¡Absolutamente no! –Demelza y Ginny se volvieron para ver a Katie caminando con otra de séptimo año, una Hufflepuff llamada Leanne. –Harry es el mejor jugador del equipo ahora, y tiene una mejor cabeza para la estrategia que yo, –dijo Katie, –Asumí que él obtendría la capitanía, ¡y lo apruebo de todo corazón! ¡Nos vemos en el campo!

–Eso lo responde, –dijo Ginny mientras Katie y Leanne se alejaban. Demelza asintió justo cuando Colin Creevey llegó corriendo hasta ellas, luciendo más agitado que de costumbre.

–¡Ginny! ¡Ginny! –dijo, un poco sin aliento.

–Hola, Colin, –respondió Ginny. –¿Buen verano? –Pero Colin ignoró su pregunta.

–Necesito hablar contigo, Ginny –dijo, sonrojándose ligeramente. –Es sobre… algo que tal vez escuchaste. –Miró a su derecha, y por primera vez Ginny notó que detrás de él, con los brazos cruzados, estaba Natalie MacDonald, una chica de tercer año con ondulado cabello castaño peinado hacia atrás y una mirada molesta en su rostro. Ella era la chica más pequeña de su año, casi una cabeza entera más pequeña que Ginny, pero su personalidad era suficientemente grande para tres chicas de su tamaño. Al final del año anterior había sido Natalie quien suministró la información de que Colin tenía un pequeño enamoramiento por Ginny. Ginny de repente tuvo una muy buena idea de lo que Colin quería hablar.

–Como sea, –continuó Colin, –he oído, Ginny, de que tal vez, tal vez escuchaste algo sobre mí, y es algo que tengo que decir que, bueno, para ser completamente sincero… lo que estoy tratando de decir, Ginny, es que…

–Natalie me dijo que tal vez yo te gusto, –interrumpió Ginny. Los ojos de Demelza, Natalie y Colin se abrieron a su falta de sutileza, pero hace tiempo que Ginny había decidido adherirse a una política de brutal honestidad siempre que pudiera. Le había costado algunas amistades, pero había dejado las más importantes aun más fuertes que antes.

–Bueno… –balbuceó Colin, recuperando su compostura, –bueno, sí. ¡Pero no es verdad! –añadió rápidamente. –¡No lo es! Sé que tienes novio, y yo sólo… bueno, no estoy interesado en ti de esa manera, Ginny, lo prometo.

Ginny asintió y sonrío. –Gracias, Colin –dijo. –Me alegro de que hayas aclarado eso. Odiaría que las cosas se volvieran incómodas entre nosotros.

Colin le devolvió la sonrisa. –¿Entonces me crees?

–Sí, Colin, te creo.

–¿Y todavía podemos ser amigos?

–¡Sí, Colin, por supuesto que podemos!

–¡Bien! –Aunque aparentemente aliviado, Colin todavía tenía un aire de nerviosismo sobre él; aunque claro, pensó Ginny, eso podría ser sólo Colin. –Muy bien, entonces. ¡Me voy a mi compartimiento! –continuó Colin. –¿Nos vemos en el banquete? –Y con eso, se alejó rápidamente.

Apenas salió del alcance para que las escuchara, Natalie se volvió a Ginny y dijo definitivamente, –Le gustas.

Demelza asintió. –Está loco por ti, –ofreció. Ginny sólo suspiró.

–No lo creo, –dijo, pero las otras chicas se miraron y rieron.

–Por favor, –dijo Natalie. –Él es tan obvio, y Dennis insiste en que es verdad. No me mentiría.

–¿Por qué no te mentiría? –preguntó Ginny.

–¡Porque soy su novia! –se burló Natalie. –¿No lo sabías?

Ginny no lo sabía. Se había imaginado a Natalie muy joven para tener novio, honestamente, pero incluso cuando lo pensó se dio cuenta que la hacía sonar como sus hermanos, y decidió mantener esa opinión para sí misma. Natalie se volvió a Demelza. –Vamos, –dijo a la chica mayor. –Te vas a sentar conmigo. No puedo estar atrapada sola en un compartimiento con los hermanos Creevey todo el camino a Hogwarts.

–De acuerdo, –dijo Demelza, luego se volvió a Ginny. –¿Nos vemos en el banquete?

–Oh, cierto, –reflexionó Natalie. –Dean. Casi me olvidé de él, ¿más tarde, entonces? –Y con eso, Demelza y Natalie se alejaron caminando, brazo con brazo. Ginny las miró irse, una sonrisa en su rostro. Las chicas de su propio año, no eran sus amigas. Todas parecían no ser capaces todavía de separar en sus mentes a la Ginny de ahora de la Ginny-de-11-años-con-el-diario. Las chicas más jóvenes, sin embargo, aquellas que no estuvieron en Hogwarts durante su primer año, descubrió que les agradaba mucho, y Demelza y Natalie estaban al frente de esa lista. Perdida en sus pensamientos, sintió un golpecito en su hombro. Se dio la vuelta para encontrar a Harry detrás de ella, luciendo un poco agitado y todavía arrastrando su baúl.

–¿Vienes conmigo a buscar compartimiento? –preguntó. Todavía sonriendo, el intercambio con sus amigas fresco en su mente, Ginny negó con la cabeza en modo de disculpa.

–No puedo, Harry, –dijo alegremente, –he quedado con Dean. Nos vemos luego. –Con eso, se dio la vuelta y caminó hacia la parte delantera del tren, tratando de recordar en que compartimiento Dean le había dicho que estaría. ¿C? ¿B? Era una de esas primeras letras, estaba segura…

Sólo había dado unos pasos cuando se detuvo. No podía saber que era, pero tuvo la inconfundible sensación de que alguien la estaba observando. No, mirándola fijamente. Giró sobre sus talones y miró hacia donde había dejado a Harry, pero él le estaba dando la espalda. No pudo ser alguien en un compartimiento cercano, ya que todos miraban… a Harry. Su estado de ánimo se ensombreció considerablemente. Esta atención no era en absoluto lo que Harry quería, pero no sabia cómo podría evitarla, y se sentía terriblemente por él. Luego se dio cuenta de algo más. Harry no sólo estaba siendo observado fijamente, sino que parecía que estaba siendo completamente aplastado por una multitud de adoradoras chicas de quinto, cuarto, y tercer año.

Su mente instantáneamente recordó a Romilda Vane en la tienda de sus hermanos, paseándose entre pociones de amor. Al parecer, celebridad instantánea y ser proclamado "El Elegido" por el Diario El Profeta hacía a alguien mucho más atractivo de lo que ya era…

si eso fuera posible en el caso de Harry.

Pretendiendo que su cerebro no había añadido eso último, Ginny comenzó a moverse hacia la manada de niñas, alcanzando su varita sin darse cuenta. Antes de que pudiera dar dos pasos, sin embargo, Neville y Luna llegaron y guiaron a Harry a un compartimiento en la parte trasera.

Por un corto momento, ella quiso ir con ellos. Ginny adoraba a Neville, y aunque Luna estaba en Ravenclaw, tal vez era la amiga más cercana que tenía en su año. Sin mencionar que Ron y Hermione ciertamente se les unirían pronto. En cuanto a Harry…

Pero, se recordó firmemente, ella tenía novio, y le había prometido. Con sólo la más leve reticencia, Ginny se dio la vuelta y empezó a caminar al frente del tren. Mientras iba, saludó a Hanna Abbott y Ernie MacMillan de Hufflepuff, y Lisa Turpin, una Ravenclaw de sexto año. Pasó por un compartimiento donde Michael Corner, su ex-novio, estaba sentado con su nueva novia y ex de Harry, Cho Chang. Ambos estaban tratando de no mirarla. Con ellos estaba Marietta Edgecombe, cuya gruesa capa de maquillaje no escondía completamente los granos en su cara que formaban la palabra "SOPLONA". Ginny sonrió a sí misma; Hermione era una bruja extraordinariamente talentosa.

Unos cuantos compartimientos más adelante, saludó con una sonrisa a Andrew Kirke y Jack Sloper, los dos incompetentes pero graciosos Gryffindors de quinto año que habían estado con ella en el equipo de Quidditch el año pasado. Le recordaban a Fred y George, para ser honesta, pero sin la inteligencia o algún talento perceptible. Cada uno la había invitado a salir después de que rompió con Michael y antes de que empezara a salir con Dean; rechazó a ambos gentilmente. Ninguno había parecido estar excesivamente molesto por ello, y ya que estaban relajándose en un compartimiento con un par de chicas de tercer año de Hufflepuff, se imaginó que estaban muy bien.

Se abrió paso a codazos a través de Millicent Bulstrode y esa otra chica de Slytherin cuyo nombre todavía no podía recordar pero que había decidido en silencio referirse a ella como "Belch", ya que estaba segura que eso debe estar cerca. Por su molestia, recibió un par de codazos en las costillas también, nada que no pudiera soportar. Fugazmente se preguntó si se sentían culpables por sus acciones el año pasado, manteniéndolos a ella y a sus amigos rehenes en la oficina de Umbridge, pero rápidamente descartó tales pensamientos dándose cuenta de su estupidez. Por supuesto que no se sentían culpables, y tampoco ella por hechizarlos.

Finalmente llegó al compartimiento B, casi todo el camino a la parte delantera del tren. Dean debió haberla visto acercarse, ya que saltó de su asiento y abrió la puerta del compartimiento para ella, tendiéndole la mano. –My lady, –dijo, sonriendo elegantemente. Poniendo una sonrisa en su rostro, Ginny aceptó su mano y se permitió ser guiada al compartimiento incluso mientras gritaba en su cabeza, ¡Puedo perfectamente entrar en el compartimiento del tren por mi cuenta, muchas gracias!. Pero sonrió, y tomó asiento junto a Dean.

–¡Hola, Gin! –la saludó Seamus, como lo hicieron los otros dos ocupantes, Parvati Patil y Lavender Brown. Todos en el año de Ron, Ginny conocía al grupo bastante bien, pero no excepcionalmente bien. Aun así…

–Hola, –respondió, sonriendo de vuelta. –¿Todos tuvieron un verano agradable? –Y todos se pusieron en marcha, uno por uno, en sus parloteos de "lo-que-hice-este-verano", todas los cuales eran descripciones bastante agradables… pero sin hechos interesantes. La mente de Ginny se alejó hasta la parte trasera del tren donde a estas alturas, seguramente, Harry, Ron, y Hermione estaban sentados con Neville y Luna, discutiendo sobre Voldemort y Mortífagos y la Orden del Fénix y la batalla en el Ministerio de Magia. Vagamente, se dio cuenta que la compañía que tenía todavía no le preguntaba por sus aventuras en el Ministerio, de lo cual estaba agradecida… aunque eso podía explicar las miradas de reojo que Parvati y Lavender intercambiaban entre sí.

–Ummm… ¿Ginny? –Ginny se sacudió fuera de sus pensamientos y notó que habían estado allí en silencio por unos buenos veinte segundos. Había apagado la conversación completamente sin querer, y ahora encontró a Dean mirándola con curiosidad. –¿Estás bien?

Ginny asintió con la cabeza vigorosamente. –Estoy bien, –dijo. –Lo siento. Sólo… mi mente divagaba. –Por un instante, se preguntó si esto era lo que se sentía ser Harry en esos momentos donde parecía estar a cientos de kilómetros, lejos de todos. De alguna manera, lo dudaba.

–Bueno, ¿quién puede culparte? –exclamó Lavender. –Con Seamus parloteando sobre cada partido de Quidditch al que fue en las vacaciones. En serio, ¿a quién le importa? –Añadió eso ultimo con un resoplido arrogante. Ginny pensó con cierto mal humor que a ella le importaba, y que prefería discutir sobre partidos de Quidditch, y que más se había alejado de la conversación cuando Lavender estaba describiendo con respiración jadeante ese día de julio cuando había seguido a uno de los "10 Magos más Atractivos de Inglaterra" del Diario El Profeta por veinte tiendas en el Callejón Diagon.

Por supuesto, no dijo nada de esto, ya que no quería parecer como una "bruja" con los amigos de Dean tan temprano como iban las cosas. –De hecho, Lavender… –empezó en un esfuerzo de parecer respetuosa. Lavender, sin embargo, la cortó.

–Ahora, Ginny, me alegro de que estés aquí. Tengo cosas que preguntarte.

Ginny parpadeo sorprendida. –Er… está bien. ¿Qué pasa?

–Háblame de Ron.

Ginny esperó por otro momento, pero no parecía haber otra próxima explicación. –¿Qué sobre Ron? –preguntó, mientras notaba que Parvati estaba rodando los ojos y Dean y Seamus estaban sofocando risas. De repente se dio cuenta con un vacío en el estomago justo a donde se dirigía esta conversación.

–¡Ya sabes! –dijo Lavender, impaciente. –¡Háblame sobre él!

–Bueno, es alto, un poco desgarbado, completo idiota, con demasiadas pecas…

–¡No! –casi gritó Lavender. –¡Háblame sobre él!

Ginny decidió que hacerse la tonta era mucho más agradable que entrar en esta conversación en serio. –Lavender, no puedo ni siquiera imaginarme a que te refieres.

–¡Vamos, Ginny! –rogó Lavender. –¡Y ustedes tres, ya basta! –A estas alturas, Seamus y Dean estaban prácticamente doblados en sus intentos de reírse, y Parvati se les había unido. Ginny apenas podía culparlos, ya que estaba segura de que si buscaba la palabra "incómodo" en el diccionario encontraría un guión de esta conversación.

–Lavender, –dijo, –De verdad no quisiera discutir tus intereses románticos en mi hermano. De verdad, en serio, no quisiera discutir eso. De verdad.

–¡Pero Ginny…!

–¡Te rogaré que pares si tengo que hacerlo, Lavender! ¡No será bonito, pero rogaré!

Lavender, sin embargo, no sería negada. –Sólo dime, –rogó, –¿crees que yo le gustaría?

–Um… ¿seguro?

–¿Cuál es su tipo?

–Honestamente no tengo…

–No está con Hermione Granger, ¿o sí?

A esto, Ginny vaciló. Tenia que tener cuidado en cómo respondía, lo sabía, por numerosas razones. –No… cómo tal, –comenzó, pero fue cortada otra vez por Lavender.

–¿Lo ves? –le dijo triunfante a Parvati. –¡Te lo dije!

Parvati rodó los ojos otra vez. –Si tú lo dices, –dijo. Ginny no estaba segura si Parvati estaba hablando con ella o con Lavender, pero estaba segura que Parvati no lo creía. Ginny tampoco. Se volvió hacia Lavender.

–No es que quiera prolongar esta discusión, pero ¿por qué el repentino interés en Ron?

Lavender suspiró a la mención del nombre de Ron. Con un esfuerzo, Ginny suprimió sus arcadas. –Es sólo que él es tan… no sé. Gallardo, supongo. –A esto, Dean y Seamus aullaron. Ginny no sabía si estar horrorizada de la descripción de Ron como "gallardo" por Lavender o estar ofendida de la reacción de Dean y Seamus.

–Fue todo eso que pasó en el Ministerio, ¿sabes? –continuó Lavender. –Bueno, por supuesto que sabes ¿no?, Tú estabas…

–No vamos a hablar de eso. –La firmeza en la voz de Ginny sobresaltó a los demás dejándolos en silencio un momento. Aunque lo que había sucedido en el Ministerio seguro era el tema más relevante al comienzo de este año, Ginny y los demás habían decidido hace tiempo que los detalles de ese evento sólo serían distribuidos sobre una base "si-necesitas-saber", y estaba bastante segura que nadie en este compartimiento necesitaba saber.

–Bien, –dijo Lavender, recuperándose. –Pero lo que sea que sucedió, Ron estaba ahí como parte del ED ¿verdad? Quiero decir, practicamos todos juntos, y eso fue divertido, pero Ron estaba afuera haciendo cosas ¿no es así? Es tan… heroico. –Esa ultima parte fue dicha con un desmayo. Ginny estaba segura que Parvati no le hubiera gustado nada más que agarrar a Lavender por los hombros y sacudir algo de sentido en ella. No parecía una mala idea, en realidad. Por un breve instante, la imagen de Fleur le vino a la cabeza, caminando por el pasillo, casándose con su hermano, convirtiéndose en parte de su familia. Ginny remplazó esa imagen con una de Lavender. Sintió una repentina sensación de pánico agarrándola.

–Escucha, Lavender, –comenzó Ginny, sintiéndose como si estuviera negociando por el alma de su hermano. –Ron no era el único chico en el Ministerio esa noche. Sabes, está Neville, y está… bueno, está Neville.

Pero Lavender arrugó su nariz a esto. –¿Neville? ¡Ew, no, Ginny! –Ginny sintió su rostro poniéndose rojo, pero antes de que pudiera hacerlo, Seamus saltó a la defensa de Neville.

–Ah, vamos, Lav, –dijo. –Neville está bien. Es un buen tipo. –Parvati y Dean también asintieron con la cabeza.

–Oh, no, él es perfectamente agradable, –Lavender se apresuró a decir. –Pero… ¡es Neville! Quiero decir, simplemente no podría ¿o si?

Ginny tenía unas cuantas palabras en su mente para eso, pero entonces Dean habló. –¿Qué me dices de Harry? Estoy seguro de que las cosas no funcionaron con él y Cho Chang. ¿O sí, Ginny?

El nombre de Harry era lo último que Ginny quería traer a esta conversación; aún así, no podía mentir al respecto. –Las cosas no funcionaron con Harry y Cho Chang, hasta donde yo sé. –dijo con los dientes apretados. Si Lavender pensaba que iba a ir y tratar de atrapar a Harry… o Ron o Neville.

–Harry no es buen material para novio, –habló Parvati.

–¿Por qué no? –preguntó Seamus.

–¿Estás interesado, amigo? –preguntó Dean con una sonrisa. Seamus golpeó a Dean con el codo bromeando, riéndose mientras lo hacía. Pero Ginny quería oír la explicación de Parvati.

–¿Por qué no es buen material para novio, Parvati? –preguntó, tratando de mantenerse lo más calmada que podía incluso si sentía su pulso golpeando en su frente.

–Lo sería, –dijo Parvati con consideración. –Sólo que parece que sería un poco peligroso salir con él ¿no? –Bajó la voz hasta casi un susurro. –Después de todo, Tú-Sabes-Quien lo quiere para quién-sabe-qué. Ser la novia de Harry Potter parece que sería una propuesta peligrosa, si me preguntas. –Al decir eso último, lanzó una mirada significativa en dirección a Ginny, luego a Dean. Antes de que Ginny pudiera abrir la boca para replicar, la puerta del compartimiento se abrió con un bang.

–¡Hey! ¿Qué pasó en el Ministerio de Magia? –Zacharias Smith, sexto año de Hufflepuff, estaba en la puerta, con los brazos cruzados y luciendo tan presumido como siempre.

–Que bueno verte también, Zacharias, –murmuró Dean.

–¿Podrías ser más grosero? –intervino Parvati. Ginny le dio una mirada de agradecimiento, y se sintió de pronto culpable por ese destello de ira que acababa de tener hacia la chica.

Pero a Zacharias parecía no importarle su propia grosería. –El tren es un hervidero, –continuó. –Supongo que nadie te dejará en paz de verdad hasta que toda la historia salga a la luz. Te estaría haciendo un favor al contarla.

–Que amable, –dijo Ginny con sarcasmo.

–Potter y Granger y tu hermano no dirán nada, y Longbottom y Lunática Lovegood son inútiles. –Ginny alcanzó lentamente su varita. –Así que supuse que si quería la historia completa tendría que venir contigo.

–Una advertencia, Zacharias, –dijo Ginny amenazadoramente. Podía sentir su temperamento empezando a subir. –Eso es todo lo que obtendrás. No voy a discutir nada sobre el Ministerio de Magia, especialmente con gente como tú, así que ya puedes largarte.

Pero Zacharias negó con la cabeza imperiosamente. –Todos van a estar hablando, Weasley. Será mejor que cuentes todo y termines con esto. Vamos, ya.

Invisible a Zacharias, Ginny apretó su agarre sobre su varita. Si el chico insistía en ser un fanfarrón presumido… –Está bien, Zacharias. Tienes razón. –Sus acompañantes se volvieron a mirarla, sorprendidos. –Comenzó de esta manera. –Y con eso, sacó su varita y gritó "!Chiroptera Mucosa!"

Lavender chilló y el resto de sus acompañantes saltaron cuando Zacharias voló hacia atrás a través de la puerta abierta, saliendo al suelo del pasillo, luchando y jadeando con las criaturas moco-murciélagos que estaban trepando fuera de su nariz. –Así esta mejor, –dijo Ginny satisfactoriamente, metiendo su varita. Miró a las expresiones de asombro a su alrededor. –¿Qué? –preguntó dulcemente. –Se lo advertí. Además, no estaba mintiendo; así ES como empezó todo.

Desde afuera en la esquina, escucharon una voz que ella no reconoció exclamar "Finite Incantatem" y las verdes criaturas aladas volando alrededor de la cabeza de Zacharias desaparecieron. –Ya, ya, joven, –dijo la voz en un tono que estaba entre reconfortante y protector. –No hay daño hecho. ¿Por qué no te vas, ahí hay un buen chico? –Zacharias asintió tontamente, miró detrás para ver a Ginny, y con una mano sobre su nariz corrió por el pasillo. Un momento después, el dueño de la voz apareció a la vista. Era un hombre de corta estatura con una cabeza calva brillante y un bigote de morsa como plata, con una barriga tan redonda como su estatura cubierta en un chaleco de terciopelo con botones de oro. Aunque Ginny nunca lo había visto antes, supo de inmediato dos cosas sobre él: claramente era una persona que disfrutaba de las comodidades de la vida… y claramente era un profesor. Se preguntó inútilmente si alguna vez alguien había sido expulsado en el Expreso de Hogwarts antes de que llegara al colegio.

–¡Hola, estudiantes! –el pequeño hombre calvo los saludó cálidamente. –Soy el profesor Horace Slughorn, y me uniré a ustedes este año en Hogwarts. Ya quiero conocerlos a todos, sí, sí, a todos ustedes, pero primero… –El profesor Slughorn se aclaró la garganta y tomó un tono más serio. –Ese maleficio. Hecho en el chico del corredor. Supongo que ninguno de ustedes sabe quién lo hizo ¿o sí?

–Fui yo, profesor. –se levantó Ginny; quería tomar la culpa rápido, para no darle ideas a Dean de tomarla él. Una rápida mirada a él, sin embargo, parecía indicar que no tenía tal intención.

–¿Fuiste tú? –dijo el profesor, y su tono, Ginny notó, no era uno de enojo, sino más de… ¿asombro?. Confundida, Ginny miró atentamente al profesor Slughorn. Sus ojos brillaban y las comisuras de su boca estaban siendo jaladas hacia arriba, a pesar de su mejor esfuerzo por parecer serio. –Bueno, debo decir, señorita… ¿cuál es tu nombre?

–Ginny Weasley

–¡Ah! ¡Una Weasley! Debería haber sabido. Muy talentosos bruja y mago, tus padres eran. Y el cabello… bueno, Srita. Weasley –continuó Slughorn, sonando más y más como un abuelo orgulloso y menos y menos como un profesor serio, –ese fue un impresionante despliegue de magia. Y algo que, me atrevo a decir, no encontrarías en el plan de estudios estándar de Hogwarts ¿eh? –El profesor Slughorn rió profundamente, y dejo toda pretensión de enojo caer por completo. –Diría, –continuó, –Estoy teniendo a algunos estudiantes en mi compartimiento para almorzar; compartimiento C, justo a lado. Estaría encantado de que te unas a nosotros, una joven bruja talentosa como tú. Ahora, ahora, ¡simplemente no aceptare un "no" como respuesta! A la hora del almuerzo, entonces, justo la puerta de a lado. ¡Hasta entonces, Srita. Weasley! ¡De verdad lo espero!

Y con eso, ya se había ido. Ginny se quedó de pie mirándolo, parpadeando, su boca abriéndose y cerrándose tontamente un par de veces, protestas que ni siquiera había tenido la oportunidad de formular muriendo en la punta de su lengua. Había esperado un mes de detención por lo menos, y en su lugar era invitada a almorzar.

Se sentó otra vez. Los otros estaban tan aturdidos como ella, al parecer. –Entonces, –dijo Dean después de un momento. –¿Vas a ir?

–Creo que tengo que hacerlo, –dijo Ginny sin comprender. –¿Cuál es la alternativa? ¿Detención en los calabozos con Snape?

Y así, sólo un rato más tarde. Ginny se encontró en el pasillo. Deslizando la puerta del compartimiento C con cautela. –¡Srita. Weasley! –llegó la estruendosa voz del profesor Slughorn desde dentro. –¡Tan bueno de ti por venir! ¡Aquí, aquí, tome asiento! ¿Confío en que conoces a todos?

Ginny se acomodó en el compartimiento. Ya sentados estaban Blaise Zabini, un guapo Slytherin a quien ella detestaba (principalmente porque tendía a mirarla intensamente cuando se encontraban en algún pasillo), Cormac McLaggen, un Gryffindor de séptimo año y que era un poco molesto, y Marcus Belby, un Ravenclaw a quien sólo conocía por nombre. Saludó a Belby y McLaggen; ignoró a Zabini por principio pero podía sentir sus ojos en ella por detrás.

–Fue un maleficio extraordinario el que hiciste en ese joven, Srita. Weasley. Me encantaría escuchar más sobre él si tuviéramos la oportunidad de hablar toda la tarde, la cual –dijo con una pequeña risa, –creo que tendremos. Debo admitir, –añadió, poniéndose introspectivo mientras Ginny se preguntaba si alguien en realidad iba a tener la oportunidad de hablar, –tienes un sorprendente parecido a una de mis antiguas estudiantes favoritas… aunque ella, por supuesto, era más cómo una vieja mano en Pociones que en Encantamientos. Tal vez esa similitud te ayudó a salvarte de una desagradable detención antes, ¿eh? –Añadió un guiño amable que le hizo saber a Ginny que nunca había estado en peligro de tener detención.

–Aún así, viejas memorias o no, me alegro de que te unas a nosotros. Sí, algunos de los mejores y más brillantes de Hogwarts. –dijo Slughorn con alegría. –¡Una maravillosa oportunidad para mí de reencontrarme con la generación joven! Y no es en absoluto una mala oportunidad para ustedes de formar conexiones que pueden durar toda una vida, si se me permite decirlo.

Los mejores y más brillantes de Hogwarts… Ginny había escuchado a su padre mencionar a Tiberius McLaggen que estaba bien conectado en el Ministerio, y la madre de Zabini, si recordaba bien, era muy famosa por ser hermosa y rica y tener un montón de esposos muertos… estaba empezando a sospechar que Slughorn no estaba rodeándose con los "mejores y más brillantes" de Hogwarts, como él lo ponía, sino con estudiantes que estaban bien conectados en el Ministerio o que eran de familias influyentes. No sabía nada en particular sobre Belby, y ella misma no era nadie de importancia, en realidad… sin embargo, si Slughorn estaba rodeándose con famosos, bien pensados estudiantes, era seguro que estaría una persona en particular en esa lista de invitados.

–Sólo estamos esperando a Harry ¿verdad?

El profesor Slughorn miró a Ginny, una expresión de desconcierto en su rostro. –¡Pues, sí, tú niña perceptiva, lo estamos esperando!

Zabini río con disimulo. La cara de Ginny se puso roja. –No soy una niña, profesor, –le espetó, tal vez más groseramente de lo que pretendía.

–Por supuesto que no, –dijo Slughorn grandiosamente, –Perdóname. Nunca insultaría intencionalmente a una vivaz joven pelirroja como tú. Debe entender, Srita. Weasley, que cuando uno alcanza la avanzada edad que he alcanzado, casi todos los demás en comparación parecen terriblemente jóvenes.

–Por supuesto, –dijo Ginny dulcemente. No estaba teniendo la mejor sensación sobre este Profesor Slughorn, pero lejos esté de ella ponerse en el lado malo de un profesor. Bueno, al menos no antes de tener siquiera una clase con él. –Pero sobre Harry…

Slughorn, y todos los demás en el compartimiento, la miraron expectantes. Harry Potter, al parecer, era el tema mas interesante del día. –No estoy segura de que él vendrá, –dijo.

–¿Lo conoces, entonces? –preguntó Slughorn anhelante.

–Sí, –dijo Ginny, queriendo más y más estar en otro lugar que no fuera el compartimiento C. –y a él no le importa mucho la atención, posiblemente porque consigue la suficiente siendo quién es. Tiende a no buscar ninguna extra.

Zabini se burló. –¿Ese ególatra? No puede tener suficiente de escuchar su nombre y ver su rostro.

–Suena como si la olla estuviera llamando al caldero negro, Zabini, –exclamó Ginny. Blaise le dio una mirada sucia y parecía a punto de replicar cuando la puerta del compartimiento se abrió, revelando a Harry y Neville, ninguno pareciendo como si quisieran estar aquí.

–¡Harry, amigo mío! –Slughorn se puso de pie de un brinco y agarró firmemente de la mano a Harry, claramente aliviado por tener la oportunidad de cambiar el tema. –¡Cuánto me alegro de verte! ¡Y tú debes ser el joven Longbottom! –Ginny notó que la mano de Neville no obtuvo el mismo vigoroso saludo como lo hizo la de Harry. Harry y Neville se sentaron mientras Slughorn hacía presentaciones, y mientras lo hacían, atrapó la mirada de Harry. Sus ojos se abrieron, y parecía tan sorprendido de verla como ella se sentía de estar ahí.

–…y esta encantadora jovencita me dice que los conoce! –Slughorn hizo un gesto con la mano hacia ella, presentándola al final, pero nunca quitando sus codiciosos ojos de Harry. Ginny hizo una mueca a Harry y Neville; ambos le regresaron su expresión con el más leve movimiento de cabeza. Este no iba a hacer un viaje divertido.

El tren ya casi estaba en Hogsmeade cuando Slughorn los liberó. –Por fin se ha acabado, –masculló Neville mientras los estudiantes dejaban el compartimiento C y se apresuraban en el pasillo, Zabini asegurándose de empujar a Harry y darle una mirada asesina mientras lo hacía. –Es un hombre raro ¿no les parece?

–Sí, un poco, –dijo Harry, sin perder de vista a Zabini. –¿Cómo has terminado ahí dentro, Ginny?

–Me vio hacerle un maleficio a Zacharias Smith, –contestó Ginny, –¿te acuerdas de ese idiota de Hufflepuff que estaba en el ED? No dejaba de preguntarme que había pasado en el Ministerio y al final me molestó tanto que le hice el maleficio. Cuando Slughorn me vio, creí que me castigaría, ¡pero pensó que había sido un muy buen maleficio y me invitó a almorzar! Qué absurdo ¿no?

–Más absurdo es invitar a alguien porque su madre es famosa, –dijo Harry, mirando con ceño la nuca de Zabini, –o porque su tío…

Harry no terminó la frase, todavía mirando el corredor de Zabini. Ginny y Neville se miraron. Cada uno sabía por experiencia que seguramente Harry estaba teniendo una idea que lo metería en problemas. Cómo confirmando sus sospechas, Harry repentinamente sacó su capa de invisibilidad. –Los veo luego, –murmuró, echándose la capa encima.

–Pero ¿qué…? –preguntó Neville.

–¡Después te lo cuento! –susurró Harry.

–No, déjanos ayudar… –comenzó Ginny… pero Harry ya se había ido.

Neville y Ginny se quedaron en el pasillo por un momento, Neville luciendo nervioso, Ginny amenazando con desbordarse en la frustración.

–¿A dónde crees que va? –preguntó Neville.

–No podría importarme menos, honestamente, –mintió Ginny, que estaba desesperada por saber lo que Harry estaba tramando pero demasiado molesta para admitirlo. –Nos vemos en el banquete, Neville. –Y con eso, volvió pisando fuerte al compartimiento B, dónde Dean, Seamus, Lavender, y Parvati instantáneamente demandaron saber que era lo que había sucedido en el compartimiento de Slughorn. –Comí el almuerzo con un montón de tontos, eso es todo, –exclamó Ginny.

–¿Estaban bebiendo? –preguntó un apremiante Seamus, quien Dean hizo callar rápidamente.

El tren pronto se acercó a la estación de Hogsmeade, y los estudiantes se pusieron sus túnicas y sacaron sus baúles. El enojo de Ginny hacia Harry se estaba desvaneciendo poco a poco, siendo remplazado por la curiosidad de saber a donde había corrido detrás de Zabini. También estaba siendo remplazado por un mayor enojo hacia Dean, quien insistió en llevar su baúl y la jaula de Arnold junto con su propio baúl, lo que los retrasaba mucho más de lo que en realidad ayudaba a apurarlos.

–Honestamente, Dean, yo puedo llevarlo, –dijo Ginny por enésima vez mientras Dean luchaba con dos baúles y una jaula de Pygmy Puff.

–Ni soñando, Gin, –dijo Dean, jadeando y resoplando. –¿Ves? Ya casi llegamos.

Y sólo nos tomó tres años, pensó Ginny para sí misma. Seamus, Parvati, y Lavender se habían adelantado para apartarles un carruaje, y ella y Dean se habían movido lentamente desde su compartimiento hasta la salida situada en la parte trasera del tren que ahora estaba desierta. Al girar la esquina, Dean empujó un baúl y luego el otro por la salida, y luego casi arrojó la jaula de Arnold directo a la cara de Tonks, quien se apresuraba hacia las escaleras del Expreso de Hogwarts.

–¡Cuidado! –gritó la joven Auror. Dean murmuró una disculpa rápida, y luego se apresuró a bajar las escaleras del tren. Tonks se volvió hacia Ginny. –¿En que andas, Ginny?

–¡Hola, Tonks! –dijo una sorprendida Ginny. Era bastante unida a Tonks, incluso si era un poco problemático que su anterior impactante cabello morado pareciera haber cambiado a un permanente marrón. –¿Qué estás haciendo aquí?

–Oh, sólo esperando a que llegue mi tren, –bromeó Tonks. –Será, nos haz visto a Harry ¿o sí? –preguntó, su voz convirtiéndose más casual mientras lo hacía.

–No por alrededor de media hora. ¿Por qué?

–Por nada. Muy bien, ¡hora de que te vayas! Parece que sólo queda un carruaje. Espero que tu novio te apartara un asiento. Es muy atractivo, sí que lo es. ¡Cuídate, Gin! –Y con eso, Tonks saltó sobre el Expreso de Hogwarts.

Ginny se apresuró hacia el último carruaje esperando, deteniéndose sólo ligeramente en el arnés vacío donde ahora sabía que había un Thestral. Pensó brevemente en lo extraño y afortunado que era, que a pesar de todas las cosas que había pasado en su vida, todavía no podía verlos. Se preguntó vagamente cuanto tiempo eso se quedaría así.

–¡Ginny, vamos! –Dean estaba en la puerta del carruaje, sonriendo, tendiéndole la mano. –No quiero perderme el banquete.

Iba a protestar por la mano que le ofrecía, pero de pronto se encontró muy cansada y en su lugar se permitió ser ayudada para entrar al carruaje. –Gracias, Dean. –dijo con una sonrisa que parecía más fácil de manejar en este momento que una discusión.

–El placer es mío, Virginia.

Ginny se detuvo, a mitad de camino a su asiento. –Ginevra, –lo corrigió.

–¿Qué?

–Mi nombre no es Virginia. Es Ginevra. Pero nunca me llames así. –Ginny se acomodó en su asiento.

La sonrisa de Dean vaciló. –Pero pensé… pensé…

–¡Oh, Dean! –regañó Lavender.

–¡Te metiste en una buena, amigo! –dijo Seamus.

Dean se volvió hacia Ginny, pánico en su voz. –Ginny, lo siento, yo…

Pero Ginny le hizo un gesto sin importancia. –Relájate. Sucede todo el tiempo. Virginia es más común que Ginevra. Todo está bien. –Dean asintió y se sentó, luciendo aliviado. Ginny rió. –Aun así, es bastante gracioso. Quiero decir, recuerdas mi cumpleaños pero no sabes mi nombre. Todavía no puedo creer que hayas recordado mi cumpleaños.

–Oh, sí, –dijo Seamus. –Miren a Dean-o, recordando cumpleaños él solito.

–Cállate, Seamus, –murmuró Dean, dirigiendo una rápida patada a su amigo.

–¿Qué quieres decir?

–En realidad, no recordé tu cumpleaños, –dijo Dean tímidamente. –Me recordaron.

Ginny se encogió de hombros. –Eso está bien. Creo que yo no sé tu cumpleaños. ¿Quién te recordó?

–Harry, –dijo Dean. A esto, Ginny se volvió a él con sorpresa.

–¿Harry? –preguntó. –¿Cuándo hizo eso?

–Me escribió durante el verano, –dijo Dean. –Me dijo que sabía que nos veríamos en el Callejón Diagon. Dijo que le diste un agradable regalo de cumpleaños y quería darme la oportunidad de conseguir uno para ti o algo así. ¿Qué le diste, de todas maneras?

Había dicho eso último con sólo la más mínima sospecha en su voz. Ginny luchó por mantener fuera el sonrojo de su cara. Dean y Seamus nunca lo notarían, pero Parvati y Lavender ciertamente lo harían. –Sólo le tejí una bufanda, –dijo casualmente, y luego añadió, –Mamá quería que practicara tejer durante el verano.

–Nunca mencionaste eso, –dijo Parvati sospechosamente, pero Dean parecía satisfecho con la respuesta.

Hicieron conversación casual el resto del trayecto hasta el castillo, pero Ginny no podía dejar de pensar en Harry. Estaba asombrada no sólo de que él había recordado su cumpleaños, sino que había recordado decirle a su novio cuando era su cumpleaños. Por supuesto, quería estar furiosa con él por mencionarle a alguien su regalo, pero por más que trataba, simplemente no podía detener a su estomago de hacer volteretas de repente.

Eso es porque le encantó tu regalo, y tu amas el que le haya encantado tu regalo.

La voz en su cabeza logró colar eso. Intentó no prestarle atención.

Cuando llegaron al castillo y se apresuraron a tomar sus lugares en la mesa de Gryffindor, Ginny buscó a Harry, si no para darle las gracias, entonces para… bueno, golpearlo en el brazo o algo, tal vez. Pero Harry no estaba allí. –Hermione, –dijo, dirigiéndose a su amiga, –¿dónde está Harry?

–No lo sé, –dijo Hermione inquietamente. –No llegó a nuestro carruaje. Pensé que tal vez estaría contigo o con el profesor Slughorn, pero… –Ginny siguió la mirada de Hermione a la mesa de profesores, donde Slughorn estaba hablando animadamente con el profesor Dumbledore. De repente pareció muy extraño que un Auror hubiera estado esperando en la estación de Hogsmeade, preguntando dónde estaba Harry. Ella y Hermione intercambiaron una mirada angustiada, y luego Ginny se sentó con Dean.

Los de primer año entraron, el Sombrero Seleccionador cantó su canción, los de primer año fueron seleccionados, y el banquete comenzó, pero durante todo eso, Ginny y Hermione de dedicaron a mirar a la entrada del Gran Comedor, esperando a que Harry entrara.

La cena casi había terminado y Harry aún tenía que aparecer; Hermione casi estaba parada en la mesa, escaneando ansiosamente el comedor. Ron agarró su manga y tiró de ella de vuelta a su asiento. –Estará aquí pronto, –dijo, y regresó a comer su pollo.

Hermione cogió su copia de Elaboración de Pociones Avanzadas y le dio un golpe en el brazo. –¡Ay! ¿Por qué fue eso? –demandó Ron.

–¿Podrías dejar de comer? –Hermione casi gritó. –¡Tu mejor amigo está perdido!

Ginny tenía que estar de acuerdo con Hermione, pero Ron simplemente asintió con la cabeza hacia la puerta principal del Gran Comedor y dijo, –¡Date la vuelta, lunática!

Harry había llegado y se estaba acercando a la mesa de Gryffindor, con aspecto perturbado y con sangre coagulada en toda su nariz. –Está cubierto de sangre otra vez, –murmuró Ginny, –¿Por qué siempre está cubierto de sangre?

–Bueno, parece que es la suya esta vez. –Ron ofreció amablemente. Hermione lo golpeó de nuevo mientras Harry se sentaba en la mesa, Hermione y Ron haciendo espacio entre ellos para él.

–¿Dónde has es…? ¡Atiza! ¿Qué le has hecho a tu cara? –preguntó Ron, ya no tan despreocupado ahora que podía ver de cerca cuanta sangre tenía Harry en la cara.

–¿Por qué? ¿Qué tengo? –preguntó Harry, entrecerrando los ojos a su reflejo en una cuchara.

–¡Estás cubierto de sangre! –dijo Hermione, repitiendo la observación de Ginny de hace un momento. –Ven aquí… ¡Tergeo! –Con su varita, limpió la sangre seca de la cara de Harry.

–Gracias, –dijo Harry. –¿Cómo se ve mi nariz?

–Normal. ¿Por qué lo preguntas? Harry, ¿que ha pasado? Estábamos muertos de miedo.

Ginny quería escuchar esto también, y Harry parecía a punto de responder, cuando miró hacia ella, Dean, Neville, y Seamus, todos los cuales se estaban inclinando más y más hacia él en un esfuerzo de escuchar a escondidas. –Les cuento más tarde, –dijo, cortante.

–Pero…

–Ahora no, Hermione.

Y ese pareció ser el final de la discusión. Hermione empezó a contarle a Harry sobre la selección, Ron continuó comiendo, y Dean, Seamus, y Neville regresaron a hablar sobre Quidditch y las nuevas clases, dejando a Ginny hirviéndose en su molestia de nuevo al ser negada de los detalles interesantes. Aun así, ella no había sido quien terminó con la nariz ensangrentada de alguna manera, así que razonó que podía perdonarle a Harry su irritación y su secretismo.

No serías tan rápida en perdonar a otra persona, sabes, querida.

Ginny tuvo que admitir a regañadientes que la voz en su cabeza tenía un buen punto. Aún así, era lo que era. El postre terminó, los Gryffindors caminaron a sus torres, compartió un rápido beso de buenas noches con Dean en la Sala Común (nada demasiado escandaloso), y subió a la habitación que compartía con las otras cinco chicas Gryffindor de quinto año. Mientras yacía en la cama, se mente seguía preguntándose a donde había ido Harry después de la reunión del Club de Slug, pero el agotamiento rápidamente venció la curiosidad y se quedó profundamente dormida después de tan sólo unos minutos, los pensamientos sobre Harry Potter desvaneciéndose en los rincones más lejanos de su mente, justo donde a ella le gustaba, pero donde muy a menudo se negaban a quedarse.


Moraleja: Si quieres conquistar el corazón de una chica con novio, lo único que tienes que hacer es hablar con el novio para que le de un regalo por ti. (Mentira, la verdad es que me encantó ese pequeño detalle inesperado de Harry 3 Nadie se lo imaginó, seguro)

Dato irrelevante: Me acuerdo que una vez leí en algún fic, que el primer beso de Ginny no fue con Michael, sino con Colin. Personalmente, me gusta esa teoría… aunque no vaya con esta historia.

Por desgracia, les traigo este capítulo tan tarde por que no tuve mi computadora casi toda la semana. De hecho, una buena parte la escribí en mi tablet, lo que fue leeeento! Pero espero que al menos haya valido la espera :)

Seguiré actualizando los viernes, pero ya saben que si puedo hacerlo antes lo haré.

Nos leemos pronto.