Era el primer día del nuevo semestre, y Ginny ya iba a llegar tarde a clase.
No es que le importara mucho, para ser completamente justa. Tenía que estar en las mazmorras para Pociones en unos minutos. Esto era algo que normalmente detestaba, por supuesto, ya que el profesor Snape había sido el Maestro de Pociones en Hogwarts estos últimos 15 años, y no era muy amable hacia cualquier Gryffindor o Weasley. Pero para la gran sorpresa de todos los estudiantes en el banquete de Selección, se hizo el anuncio de que el profesor Snape ahora estaría enseñando Defensa Contra las Artes Oscuras. Tan emocionados como estaban Ginny y sus amigos de que Snape ya no estaría enseñando Pociones, no podía soportar la idea de su nariz ganchuda y su grasiento cabello negro mirándolos con ojos entrecerrados mientras practicaban técnicas defensivas. Con Snape enseñando el curso, Ginny era de la idea de que tenían que quitar las palabras "Defensa Contra" del titulo.
Sin embargo, no era la clase de Snape a la que iba a llegar tarde. En general, los estudiantes no llegaban tarde a las clases de Snape, a menos que tuvieran una vena desafiante en ellos, que a decir verdad, Ginny tenía. No, el nuevo Maestro de Pociones de Hogwarts era el profesor Horace Slughorn y aunque aún no se decidía por una opinión sobre él, su primera impresión a su reunión de estudiantes influyentes en el Expreso de Hogwarts no había sido terriblemente favorable. Todavía estaba desconcertada del por qué había sido invitada; dudaba que la mera ejecución de un maleficio Moco-murciélago mereciera la inclusión a la reunión de Slughorn de estudiantes elite de Hogwarts. Sólo podía suponer que de verdad se parecía muy fuertemente a ese vieja estudiante favorita suya que había mencionado, y al pensar en ello le dio un gracias silencioso a quién-quiera-que-fuera del pasado que la había salvado del castigo.
No quería presionar su suerte con Slughorn, sin embargo. Así que mientras se había resignado al hecho de que iba a llegar tarde a su primera clase con el nuevo Maestro de Pociones ya que tenía asuntos importantes que atender, aun así apretó el paso, esperando llegar a las mazmorras sólo unos minutos tarde después de que empezara la clase.
Iba a ser difícil, sin embargo. El segundo piso no estaba nada cerca del salón de Pociones, y Ginny tenía asuntos importantes que atender ahí.
El pasillo estaba vacío cuando llegó, que era justo como le gustaba, y el porque estaba viniendo aquí, ahora, cuando sabía que la mayoría de los estudiantes ya estaban en clase. Trotó ligeramente por el pasillo hasta llegar a una puerta muy particular. Deteniéndose, respiró hondo y se giró para enfrentar el baño de chicas del segundo piso. Este era el baño que nadie utilizaba. Este era el lugar donde Myrtle la Llorona hacía tiempo que había establecido su residencia. Era el baño donde la entrada a la Cámara de los Secretos estaba escondida.
Ginny había evitado este baño y este pasillo por un buen tiempo después de su primer año. Había pasado más que el tiempo suficiente allí, aunque involuntariamente, durante el curso de ese año, y no sentía ninguna necesidad de pasar más tiempo en algún lugar cercano de esta puerta después de regresar a Hogwarts para su segundo año.
La verdad es, que estaba aterrorizada de hacerlo. Incluso ahora, la mayor, más sabia, más decidida versión de sí misma podía sentir sus rodillas temblando sólo un poco mientras observaba la entrada de la que fue su casa del horror personal. En su segundo año no podía pasar por esta puerta sin llorar, y su tercer año había demostrado lo mismo. Aún así, había llegado a un punto en su tercer año donde se había determinado a sí misma a crecer y superar sus miedos; había sido en el mismo punto, recordaba, que había decidido que se daría por vencida en su infantil enamoramiento por Harry. Para su cuarto año había sido capaz de pasar por este pasillo sin ningún problema en absoluto, prácticamente, a pesar de que aún tenia dificultades en acercarse a la puerta de los baños. Afortunadamente, nadie había tomado esto como fuera de lo ordinario, ya que nadie iba nunca a los baños de Myrtle la Llorona. Durante el verano, había decidido con verdadera definitividad que este sería el año donde superaría sus viejas pesadillas y horrores, y una vez más confrontaría la entrada a la Cámara de los Secretos, y lo haría en el primer día de vuelta en Hogwarts. Bueno, aquí estaba, al final de la tarde del primer día, y había logrado convencerse a sí misma de evadir esta puerta otra vez, por una razón u otra, durante todo el día.
Pero ahora estaba aquí.
Sabía que ella no podía abrir la Cámara; lo sabía. Cuando Harry había matado la parte del alma de Tom Riddle que estaba intentando apoderarse de la suya, con él se fue su habilidad de hablar Pársel. Pero sólo enfrentarse a esa pequeñísima serpiente grabada otra vez, sabiendo lo que estaba acechando detrás… ella había sido incapaz de obligarse a hacerlo durante los últimos tres años. Tom Riddle estaba atacando otra vez a padres y niños e indefensas jovencitas. Sabía que tenía que superar su miedo, su estúpido, infantil miedo. Si no podía hacer ni siquiera eso, entonces ¿cómo podía tener la esperanza de ser de alguna ayuda a la Orden del Fénix?
Así que aquí estaba, de pie obstinadamente frente a la entrada de los baños de Myrtle la Llorona, mandíbula apretada, y el mentón sobresaliendo desafiante… pero ahora que estaba aquí, sus piernas no querían moverse y sus brazos no querían acercarse para empujar la puerta y abrirla. Se había construido a sí misma hacia este momento en su mente durante semanas ahora, nunca le había dado vueltas al tema, pero sabia que esta simple confrontación tenía que pasar. Y ahora que estaba aquí… no podía hacerlo. No podía entrar.
Los minutos pasaron, y con cada uno que pasaba, se sintió más y más frustrada consigo misma, sin mencionar más y más tarde para Pociones. Finalmente, dándose cuenta de que había un limite en el que ella podía presionar incluso al profesor nuevo más benevolente, se arrancó a sí misma lejos de la puerta del baño y se dirigió a la mazmorra. Todo está bien, se dijo. Esta vez me las arreglé para detenerme frente a la puerta sin llorar o desmayarme. Eso es un progreso. Eso es bueno. En el fondo de su corazón, sabía con enojo que no había sido suficiente.
Su irritación por no ser capaz de obligarse a poner un pie en el baño sólo aumentó su nivel de irritación general, el cual ya estaba en niveles altos. Parecía que había pasado la mayor parte del día llegando tarde, y ahora que se había saltado los primeros minutos de Pociones (sin razón alguna, como resultó), se encontró sintiéndose más agitada. Había empezado en la mañana, cuándo tontamente había dejado el perfume que Fleur le dio en su mesa de noche. Una de sus compañeras de habitación, una de esas encantadoras chicas Gryffindor de quinto año con quién nunca había logrado entablar una amistad cercana exactamente porque había pasado demasiado tiempo en el baño del segundo piso durante su primer año, había chillado de alegría cuando vio la botella. Evidentemente ella conocía la marca del perfume, y era tan de diseñador y exclusivo como Fleur había mencionado. Había insistido en probarlo, pero estúpidamente le dio la vuelta del lado equivocado cuando lo roció y Ginny había recibido de lleno el impacto de la fragancia directamente en la cara. Se le hizo tarde para la primera clase de Encantamientos quitándoselo, y estaba bastante segura de que todavía olía vagamente a flores y lluvia de primavera incluso ahora mientras caminaba con dificultad a través del castillo hacia las mazmorras.
Para cuando entró a Pociones, la clase ya estaba más que en progreso, y Slughorn estaba en pleno apogeo, paseándose con placer y pomposamente. Por un momento Ginny tuvo la esperanza de que tal vez pudiera escabullirse dentro inadvertida. No tenía mucha esperanza en eso, sin embargo. El cabello rojo brillante, como ya había aprendido muchas veces antes, no hacía mucho por el sigilo. Efectivamente, sólo había dado unos cuantos pasos cuándo:
–¡Señorita Weasley!
Ginny hizo una mueca, y luego lentamente se volvió hacia el frente de la sala. Los ojos de cada uno de los quinto año de Gryffindor y Ravenclaw estaban sobre ella (¡gracias al cielo su año no tomaba Pociones con los Slytherin!) así como los ojos del profesor Slughorn, quien estaba claramente tratando de parecer severo pero no podía esconder ese brillo juguetón en sus ojos.
–Señorita Weasley, no es la mejor primera impresión para hacer, llegar tarde en el primer día de clase, ¿no lo cree?
–No, señor, –murmuró Ginny. Miró al asiento vacío junto a Luna, preguntándose que podía decir para meterse ahí lo más rápido que podía.
–¿Tiene una buena razón para su tardanza, señorita Weasley? –Se volvió hacia el profesor Slughorn, su mente un torbellino, maldiciéndose por no entrar a la clase con una excusa preparada. Ella sabía mejor que entrar en una clase sin prepararse; tiene que estar deslizándose en su vejez. ¿Qué pensarían Fred y George?
–¿Entonces, señorita Weasley? –preguntó Slughorn. Su jovialidad parecía estar desvaneciéndose, y Ginny se aferró con desesperación a la primera cosa que pudo pensar.
–Verá, profesor Slughorn, se me olvidó por un momento que el profesor Snape ya no estaba enseñando Pociones.
Podía oír el bajo murmullo a través del resto de la clase; de repente, su excusa se iba a poner interesante. El profesor Slughorn levantó las cejas y tosió altivamente. –¡Oh-oh! ¿Debería entender que usted llegaría tarde a la clase del profesor Snape?
–Oh, no, profesor Slughorn, –Ginny respondió apresuradamente, añadiendo lo que ella consideraba la cantidad precisa de sinceridad con los ojos abiertos. –Es sólo que había olvidado aplicarme en la nariz mi dosis de "Repelente de Esporas, Moho, y Hongos de Fiorello Fungoid", y corrí a mi habitación por él. Es evidente que me olvidé de que usted había tomado el lugar del profesor Snape.
Risitas nerviosas revolotearon por la habitación. Ginny discretamente contuvo el aliento, esperando a ver cuál sería la reacción de Slughorn.
Cuando vio las comisuras de sus labios contraerse hacia arriba por sólo un momento, supo que estaba libre.
–Señorita Weasley, –dijo, tratando de ocultar el desconcierto en su voz. –Es de mala educación mostrar tal mejilla a un miembro de la facultad.
–Sí, profesor, –Ginny respondió obedientemente.
–Aún así, ya que es el primer día creo que podemos dejar pasar esta con una advertencia. Tome asiento, pequeña jovencita inteligente.
–Sí, profesor. Gracias, profesor.
Ginny se apresuró al asiento junto a Luna, quien era tal vez el único estudiante en todo el salón que no la miraba con diversión y gestos apreciativos. –Hola, Luna, –susurró Ginny mientras se deslizaba en su silla. Luna se volvió hacia ella, aparentemente sorprendida de que estaba allí.
–¡Hola, Ginny! –exclamó alegremente. –Llegas tarde a clase.
–Te has dado cuenta, –le susurró de vuelta. –Mantenlo bajo ¿quieres? He puesto a prueba la paciencia de Slughorn lo suficiente por el primer día. ¿En qué estamos trabajando?
–Filtro de Confusión, creo, –dijo Luna pensativamente, dando un vistazo a su ya burbujeante caldero. –Aunque no estoy segura. Todo es un poquito confuso.
–¿Los Nargles te están molestando, Luna?
Luna sacudió la cabeza. –No. Me parece que sólo es la poción. –respondió con total naturalidad.
Ginny sonrió. –Probablemente tienes razón. –Descubrió que Luna lo estaba muy a menudo, más a menudo de lo nadie podría esperar. Apuntando su varita bajo su caldero, Ginny murmuró "!Incendio!" y se apresuró a alcanzar al resto de la clase.
Se hizo poco progreso en los Filtros de Confusión. Al final resultó que Luna estaba en lo correcto, y los vapores que se elevaban de los calderos de los estudiantes causaban que mezclaran instrucciones, saltaran pasos o ingredientes, y en algunos casos olvidarse de lo que estaban haciendo por completo, a los Ravenclaw parecía irles sólo un poco mejor que a los Gryffindor. Las condiciones se pusieron tan confusas que el profesor Slughorn consideró que era necesario terminar la clase unos minutos más temprano, y tan pronto limpió el aire del salón con un movimiento de su varita y una sonrisa amistosa, Ginny se sintió cómo si una niebla se levantara de su cerebro sin ni siquiera saber cuándo había caído ahí. Una mirada alrededor de sus compañeros de clase que sacudían la cabeza y se frotaban los ojos le dijo que ella no era la única afectada por los vapores que emanaban de sus calderos.
–¡No es fácil para nadie, en la primera ronda! –el profesor Slughorn retumbó, sonriendo de oreja a oreja. –Lo harán mucho mejor en la siguiente clase, estoy seguro de ello. Tranquilos, Kirke, Sloper, ¡cuidado! ¡No caminen hacia las paredes! Creevey, muéstrales la salida ¿quieres?
Ginny esperó hasta que el salón estuviera casi vacío, y luego se deslizó hasta la parte delantera del salón donde el profesor Slughorn estaba ocupado con uno de los pesados gabinetes de piedra construidos en la pared de la mazmorra. Había parecido lo suficientemente contento para dejarla entrar a la clase sin ninguna amenaza seria de detención, pero quería asegurarse de que todavía estaba en la lista buena con el nuevo profesor. Como Fred y George siempre la habían presionado: nunca se sabe cuándo un aliado en la facultad puede ser útil.
–¿Profesor Slughorn? –preguntó. Él se volvió a ella. Agarrado en sus manos estaba un caldero lleno de lo que parecía ser agua hirviendo. Su intención olvidada, levantó la mirada de la poción hacia él, perpleja. –Profesor, ¿tiene un caldero de agua hirviendo en el gabinete?
Slughorn echó la cabeza hacia atrás con una carcajada, pero Ginny podía ver que él todavía tenía cuidado de no derramar cualquier contenido de los calderos. –¿Agua, querida? Oh, cielos, no. Esto es un pequeño algo que preparé antes para mi clase avanzada. Son los siguiente en estar aquí, sabes.
–¿Los de sexto año?
–Sí, sí. Debo prepararme. –Luego miró a Ginny con un ojo experto. –Supongo que no sabes que poción podría ser esta ¿querida?
Parecía agua completamente normal para Ginny. Olfateó con cuidado, y luego inhaló profundamente, pero no podía oler nada. –Me temo que no, señor.
–Sin color, sin olor, muy poderosa… ¿algo? –Ginny negó con la cabeza. Slughorn rió otra vez. –Supongo que no debería decírtelo. No quisiera que se la dieras a ninguno de tus amigos de sexto año…
–¡No lo haría, señor! –Ginny a veces se sorprendía a sí misma de lo rápido que era capaz de caer en un disfraz de inocencia. –¡Prometo no hacerlo! ¿Qué es?
–Veritaserum, –dijo Slughorn en casi un susurro, probablemente con un poco más de complicidad de lo que tenía que hacerlo. –Suero de la verdad. Una cosa terriblemente poderosa.
–He escuchado de él, –dijo Ginny, asintiendo. –¿No es monitoreado bajo estrictas regulaciones del Ministerio?
–Tú sabrías eso, con tu padre en el Ministerio de Magia, –dijo Slughorn con un guiño. –Pero este viejo perro todavía tiene unos cuantos trucos bajo la manga. –Slughorn se acercó otra vez al gabinete y sacó un segundo caldero. –¿Puedes decirme lo que tengo aquí, entonces?
Ginny miró por encima del borde del segundo caldero. Dentro había una burbujeante, lodosa sustancia. –Eso es Poción Multijugos, –respondió. –Esa la conozco. –Y debería, ya que Hermione y Ron le habían contado el relato completo de su segundo año y de su primero, cuándo usaron Poción Multijugos para intentar descubrir la identidad del Heredero de Slytherin. De hecho, la habían preparado en el mismo baño en el que ella no había podido entrar sólo una hora antes… pero reprendió esas memorias con un parpadeo, no queriendo enfrentarlas en este momento.
Afortunadamente, Slughorn no se dio cuenta de nada. –¡Chica lista, chica lista! –exclamó. –Cada momento que hablo contigo, me recuerdas más y más a… –Los ojos de Slughorn se pusieron vidriosos con nostalgia. Ginny había visto esa mirada antes. Era la mirada de alguien perdido en el pasado. Pensó que sería mejor dejarlo tener este simple momento. Tal vez, incluso, sería mejor irse, desapercibida.
Ginny, sin embargo, a menudo no hacía lo que era mejor.
–¿Le recuerdo a quién, señor? Esa no es la primera vez que ha mencionado que le recuerdo a alguien.
Slughorn sonrió otra vez, pero no era la sonrisa bulliciosa del alegre profesor. Era la sonrisa de alguien recordando mejores días, días más simples. –Sólo una antigua alumna, –respondió. –Una mano regular en pociones, ella era. Una de los dos mejores que he enseñado nunca, en realidad. –Slughorn miró fijamente a Ginny. –Y debo decir, señorita Weasley, incluso más allá del cabello, el parecido entre usted y Lily es sorprendente.
Lily, Lily, Lily, Lily, Lily… el nombre sonó una campana distante en la mente de Ginny. ¿A quien conocía que era una Lily? No podía recordar, y sintió que la respuesta estaba fuera de su alcance, cuando de repente la encontró. Involuntariamente, Ginny jadeó.
–Sí, –dijo Slughorn, una mirada melancólica en sus ojos. –Es un mundo pequeño ¿no?
–Se refiere a la mamá de Harry, ¿verdad? –preguntó Ginny en voz baja, sorprendida de lo atónita que estaba por esta coincidencia aparentemente sin importancia.
–Así es, –confirmó Slughorn. –Y no es sólo en la apariencia, esta similitud. No querida, un hombre viejo ve cosas que los ojos jóvenes no pueden, y hay un espíritu en ti, un espíritu y un fuego no muy diferente al que vi en Lily Evans, desde el momento en que la conocí hasta que… –se detuvo. Ginny pensó que podía ver una lagrima formándose en su ojo, pero tan pronto como la había notado, se había ido. –Pero escucha cómo balbuceo, –dijo Slughorn, sus voz volviendo al aquí y ahora. –Uno pensaría que bebí un poco de ese Filtro de Confusión. Una ultima poción para ponerla a prueba, señorita Weasley.
Con eso, sacó del armario detrás de su escritorio un caldero dorado, lleno de un suave, cremoso, liquido color perla, el vapor elevándose en espirales perezosos. Tan pronto como lo sacó del armario, el aroma más embriagador llenó el aire. Ginny inhaló profundamente. Mientras los vapores flotaban alrededor y a través de ella, estaba segura de que podía separar distintivamente y simultáneamente los aromas de el fresco cuero rojo de una nueva Quaffle, la variedad de olores que siempre parecían estar en la cocina de su madre en la Madriguera, y… algo más. Algo que no podía ubicar… algo que olía… cálido… y seguro… y parecía llenarla, casi como música…
–¿Señorita Weasley? –Ginny se sorprendió al descubrir que tenía los ojos cerrados. Abriéndolos rápidamente, vio que Slughorn estaba frente a ella, una sonrisa conocedora en su rostro.
–¿Qué… qué es eso? –preguntó, casi sin aliento.
–Amortentia, –respondió Slughorn. –La poción de amor más poderosa del mundo. El aroma de sus vapores es diferente para todos. Me pregunto, –dijo, con una chispa en sus ojos, –¿qué olía para usted?
Ginny pensó. La Quaffle y la cocina eran bastante agradables, sin duda, pero ese tercer aroma era… era… exuberante. Eufórico. Un montón de otras palabras que Ginny nunca, nunca usaría.
Pero no tenía idea de lo que era.
–No estoy segura, –admitió Ginny.
–Ah. Esto pasa a veces, –ofreció Slughorn. De vuelta a su antiguo, terriblemente abstraído forma de ser. –Si alguna vez logra averiguar que era, por favor hágamelo saber. Estaría fascinado de oírlo. –En ese momento, sonó el timbre. –Hora de que se vaya, –dijo Slughorn, guiando a Ginny a la puerta. –Los de sexto año estarán aquí en cualquier momento, y usted debe tener clase también. ¡Vaya!
–Sí, profesor, –dijo Ginny, quién para este punto había olvidado completamente que se había quedado tarde en la clase para hablar con Slughorn, de todos modos. –Nos vemos en la siguiente lección. –Ginny se dio la vuelta y se apresuró a la puerta, dirigiéndose hacia la profesora McGonagall y Transformaciones, tratando de averiguar que había sido exactamente ese misterioso tercer aroma.
Una periodo de clase después, todavía no había sido capaz de ubicarlo, a pesar de exprimir su cerebro durante toda la clase de Transformaciones, lo que provocó a la profesora McGonagall a regañarla por no estar prestando atención. Después de clase, Ginny y Luna se dirigieron juntas al Gran Comedor para la cena. –¿Crees que se lo mencionaras a Harry? –preguntó Luna después de que Ginny le contara lo que Slughorn había dicho sobre ella y la madre de Harry.
Ginny se encogió de hombros en respuesta. –Supongo. No veo por qué no lo haría.
Luna negó con la cabeza, y se veía tan preocupada como Luna podría verse nunca. –No estoy segura si yo lo haría, –remarcó. –Puede que parezca extraño para él.
La ironía de Luna llamando a cualquier otra cosa "extraño" no estuvo perdida en Ginny, y lo encontró más que un poco gracioso. –¿En que manera parecería "extraño"? –le preguntó a su amiga mientras entraban al comedor, una sonrisa en sus labios.
Pero Luna sólo se encogió de hombros. –Ya sabes, sólo en la usual manera en que las cosas parecen extrañas. Me preguntó si estarán sirviendo pescado esta noche… –y con eso, Luna se alejó en dirección a la mesa de Ravenclaw, dejando a Ginny sintiendo cómo si Luna estuviera tal vez dos conversaciones delante de ella, una sensación no poco común después de un intercambio con Luna.
Hasta que Luna no le había preguntado por qué se había quedado atrás en pociones, ella ni siquiera había pensado en los comentarios de Slughorn respecto a ella y Lily Potter, en realidad, tan distraída había estado intentado averiguar que había sido ese tercer aroma en la Amortentia. Ahora que había vuelto a su mente, se dirigió a dónde estaba Harry sentado con Ron y Hermione, amontonados en estrecha conferencia, como de costumbre. Tenía toda la intención de mencionar casualmente la observación de Slughorn a Harry, pero mientras se acercaba, se dio cuenta de que Hermione no parecía feliz, y Harry parecía estar tan molesto como ella.
–¿Supongo que piensas que hice trampa? –dijo Harry, claramente agitado.
–Bueno, tampoco puede decirse que hayas hecho el trabajo tú solo, –repuso Hermione. Ginny se preguntó de qué estaban hablando. Nunca había sabido de Harry cómo alguien que hace trampa. Ron, sin duda, pero no Harry.
–Lo único que hizo fue seguir unas instrucciones distintas a las nuestras, –Ron estaba diciendo. –El resultado podría haber sido catastrófico ¿no? Pero Harry se arriesgó y le salió bien. –Suspirando, continuó. –Slughorn habría podido darme a mí ese libro, pero no, a mí me dio uno sin ninguna anotación. Eso sí, creo que alguien le vomitó encima en la pagina cincuenta y dos…
De repente, hubo un sentimiento de inquietud en la boca del estomago de Ginny. Si entendía lo que acababa de escuchar… –Un momento, –espetó. Ron y Hermione se volvieron a ella, dándose cuenta de que estaba ahí por primera vez; Harry, sin embargo, olfateó el aire una vez antes de darse la vuelta para mirarla. Probablemente podía oler su estúpido perfume… –¿Escuché bien? –continuó. –¿Has seguido las instrucciones anotadas por alguien en un libro, Harry?
Mientras hablaba, la agitación que de repente estaba sintiendo se extendió a su voz y rostro. Temió por un momento que estuviera exagerando, pero Harry pareció entender inmediatamente de lo que estaba preocupada. –No es nada, –trató de tranquilizarla, hablando en voz baja. –No es cómo, ya sabes, el diario de Riddle. Sólo es un viejo libro de texto en el que alguien hizo unos garabatos.
Ginny no lo iba a dejar ir tan fácilmente. –¿Pero estás haciendo lo que dice?
–Sólo probé algunos consejos anotados en los márgenes. En serio, Ginny, no hay nada raro en…
–Ginny tiene un buen punto, –coincidió Hermione volviendo a animarse. –Tenemos que comprobar que no sea nada raro. Quien sabe, todas esas extrañas instrucciones. –Y con eso, sacó la copia de Elaboración de Pociones Avanzadas de su mochila.
–¡Hey! –dijo Harry indignado, pero Hermione ya tenía su varita fuera.
–¡Specialis revelio! –exclamó, golpeando el libro fuertemente con su varita.
Nada pasó. Nada en absoluto.
–¿Terminaste? –se quejó Harry. –¿O quieres esperar a ver si hace unas cuántas volteretas?
–Parece normal, –comenzó Hermione, aunque Ginny podía notar que no confiaba o bien, no quería confiar en el libro. –Es decir, realmente parece ser sólo un libro de texto.
–Estupendo. Entonces me lo llevo, –Harry agarró el libro de la mesa, accidentalmente tirándolo al piso en el proceso. Mientras se agachaba para recogerlo, Ginny se sentó junto a él, todavía perdida en sus propios pensamientos. Ron había empezado a molestar a Hermione sobre su frustrado intento de detectar secretos en el libro de texto de Harry, y ella había predeciblemente empezado a regañarlo sobre la integridad académica.
Por el rabillo del ojo, Ginny podía ver a Harry sentándose derecho, mirando con atención la contraportada de su libro de texto. Se volvió hacia él con recelo. –¿Qué hay ahí? –demandó.
–Nada, –respondió, al parecer atrapado con la guardia baja, aunque se recuperó rápidamente. –Ginny, lo entiendo, en serio, pero honestamente, el libro no es nada. Es sólo un viejo libro de texto dónde alguien escribió notas.
–Déjame ver, –insistió Ginny.
–Esta bien, mira. –Harry sacó una pluma y luego abrió el libro. Mientras lo escaneaba, en busca de un lugar relativamente vacío, Ginny miró las paginas que pasaban frente a sus ojos. Tenía que admitir que parecía un simple libro de texto con anotaciones en los márgenes, sin nada en especial.
–Aquí, –dijo Harry, deteniéndose en una pagina entre los capítulos que todavía estaba limpia. Tomó su pluma y escribió en letras grandes y gruesas, "¿Hola?" Giró el libro hacia Ginny. Ella observó. La palabra sólo se quedó ahí. No se hundió en la pagina, y ninguna voz invisible dentro del libro escribió una respuesta. Era sólo un graffiti en un libro de texto ahora.
–Muy bien, –dijo a regañadientes. –Pero todavía no me gusta.
–Ginny, –comenzó Harry con seriedad. –si pensara que este libro fuera más que sólo un libro de texto con viejas notas garabateadas en el, ya estaría arriba en la oficina de Dumbledore con esto.
–¿Lo harías? –preguntó Ginny, no segura de si creerle o no.
–Por supuesto que lo haría, –intervino Ron desde el otro lado de la mesa con la boca llena de patatas dulces. –No pasamos por todos esos problemas para sacarte de la Cámara de los Secretos sólo para ir y dejar que pasé todo otra vez ¿verdad?
Por un breve instante, Ginny se transportó de nuevo a cuatro horas antes, la puerta del baño de Myrtle la Llorona frente a ella, alta e impenetrable, pero la visión se desvaneció con el sonido de la voz horrorizada de Hermione.
–¡Ronald! ¡Tacto, por favor!
–¿Qué fue lo que dije? ¡Deja de golpearme! ¿Qué es eso, tu nuevo pasatiempo este año?
–Tal vez debería serlo, si sigues poniendo tu grande pie en tu grande boca.
–Eres alguien para hablar de bocas grandes ¡DIJE QUE NO ME GOLPEES!
Ginny se volvió de la pareja discutiendo al otro lado de la mesa y miró a Harry. –No dejarías… quiero decir, eso no podría suceder otra vez ¿verdad?
–Por supuesto que no, –dijo Harry en voz baja, –No es cómo si hubiera piezas de Voldemort tiradas por ahí ¿no?
–Quieres decir Tom Riddle, –corrigió Ginny.
–Ese mismo, –dijo Harry. Ambos sonrieron. Ginny sabía, por sólo un latido, que ambos estaban pensando lo mismo: el diario de Riddle se había ido, pero el hombre mismo todavía estaba por ahí, igual de peligroso. Por un instante, Ginny se preguntó quién entre ellos, quién en esta mesa, quién en sus vidas, llegaría hasta el final.
Por un breve segundo, se encontró deseando con todas sus fuerzas que Harry pudiera ser uno de los que pasara todo esto con vida. En el siguiente segundo, se dio cuenta que este deseo no venía de la pequeña voz en su cabeza. Era enteramente suyo.
–¡Ginny! ¡Por aquí! –la cabeza de Ginny se levantó. La variedad de sonidos de la cena en el Gran Comedor rugió en sus oídos de nuevo, aunque no se había dado cuenta que se había ido. Dean estaba de pie en su asiento, agitando su mano. Seamus parecía estar escupiendo en la bebida de Dean mientras él estaba distraído. Volvió a mirar a Harry. Parecía estar parpadeando mucho, cómo si algo inesperado acabara de volar a su ojo.
–Será mejor que me vaya, –dijo.
–Claro, –respondió Harry asintiendo. –¿Hasta luego, entonces?
–Hasta luego, Harry, –Y con eso, Ginny se levantó y caminó para sentarse con su novio, dándose cuenta mientras lo hacía que el primer día de escuela había sido un día bastante extraño.
Este capitulo demuestra por qué esta historia es una de mis favoritas y de los mejores POV de Ginny. Creo que ningún otro fic mostró de esta manera todo lo que tuvo que pasar Ginny para superar lo de la Cámara; claro, muchos escribieron que tenía pesadillas y demás, pero la mayoría asumió que por su personalidad, ella ya habría superado todo para su quinto año (a pesar de que ella lo menciona en el quinto libro), y aquí… RRFang muestra que a pesar de todo, a ella todavía le aterroriza entrar a ese baño. A mi parecer, es un toque excepcional en la historia. Espero que le haya hecho justicia en la traducción.
Pueden tomar este capítulo como el de esta semana, el siguiente es uno largo, así que no creo tenerlo listo este viernes.
Por cierto, !ya 2,000 views a esta historia! Mil gracias!
Nos leemos pronto.
