Era la mañana de las pruebas de Quidditch de Gryffindor, dos semanas desde el inicio de la escuela, y en este corto tiempo Ginny se había dado cuenta de que no lo estaban inventando: el quinto año era considerablemente más difícil de lo que había sido el cuarto año. Si escuchaba la palabra T.I.M.O. una vez más… Había pasado mucho de su tiempo sin estar en clase estudiando, y cualquier tiempo libre que había tenido desde entonces lo había dedicado a estar con Dean, tratando tan fuerte como podía para que su relación funcione. Había estado tan ocupada que apenas había tenido tiempo de pensar en la Amortentia, y había conseguido postergar el regreso al baño del segundo piso sin sentirse muy mal por ello. Estaba emocionada de que las pruebas estuvieran finalmente aquí, por decirlo ligeramente. No encontraba nada que fuera más tranquilizador o relajante que montar en una escoba, estar en el aire, y pasar la Quaffle alrededor, ya sea un partido o sólo un juego de practica.
Era seguro decir que Demelza no coincidía exactamente con ella. Ginny bajó a la sala común la mañana de las pruebas para encontrar a la chica pálida y mirando fijamente a la chimenea vacía, sosteniendo su escoba. Ginny y Dean se las arreglaron para arrastrarla al desayuno, dónde se sentaron con Seamus, los cuatro se dirigían al campo para las pruebas, Demelza negándose a comer algo.
–Esto es un error, –ella seguía repitiendo. –Esto es un error. No debería estar haciendo esto.
–Tonterías, –Ginny chasqueó la lengua. –Eres una voladora excelente. Ahora come un poco de avena. –Ginny dejó un cuenco de avena frente a su amiga, junto con las otras seis o siete piezas de comida que había depositado ahí. Demelza no había hecho nada, mas que darle un mordidita a la esquina de un pan tostado.
Demelza negó con la cabeza. –No… no, no lo creo, Ginny. Voy a volver a los dormitorios.
–No seas tonta… –comenzó Dean, luego mirando a Ginny.
–Demelza, –le murmuró Ginny, amablemente. Su novio no era genial con los nombres.
–… ¡Demelza! –continuó Dean. –Deberías ir. Lo lamentaras si ni siquiera lo intentas.
–Escucha, escucha, –intervino Seamus, poniendo un poco más de tocino en su plato.
–Absolutamente, –coincidió Ginny, que ya iba en su tercera ración de huevos. –¿Qué es lo peor que podría pasar?
–Gin, ¿dónde lo pones todo? –Dean se maravilló de su novia mientras ella se abría paso ante un desayuno abundante.
–Soy una Weasley, Dean, –explicó. –Tenemos un compartimiento extra para esto.
–Lo peor que podría pasar… –repitió Demelza. –Vamos a ver… Podría no quedarme en el equipo.
–Seguro, eso es un riesgo.
–Podría caerme de cabeza de la escoba en el campo.
–Realmente dudo…
–Podría perder el control y volar directo a las gradas o algún profesor. Podría accidentalmente cortar las piernas de un grupo de primer año haciendo las pruebas. Podría ser golpeada en la cara con una Bludger y terminar escondiéndome detrás de mi suéter todo el año cómo esa chica Marietta Edgecombe, podría…
Al parecer, había pensado bastante sobre esto. Mientras Demelza describía todas las maneras en las que este día podría ser un horrible desastre, la atención de Ginny se distrajo. Masticando ociosamente un pan tostado, su mirada se desvió varios metros en la mesa, donde Harry, Ron, y Hermione estaban hablando en voz baja y con complicidad, su usual método de conversación. Ron y Harry habían recibido paquetes por correo lechuza, y parecían ser sus nuevas copias de Elaboración de Pociones Avanzadas. Bien, pensó Ginny. Ahora puede deshacerse de esa vieja y habladora copia de la que ha estado siguiendo instrucciones. Aunque Harry había demostrado la inocencia del libro, aun desconfiaba de cualquier cosa sin cara dando consejos misteriosos a través de un libro. Estaba a punto de darse la vuelta cuando vio a Harry tocando cada libro con su varita, murmurando un hechizo causando que las portadas se desprendieran, y luego intercambiándolas para que su vieja copia tuviera la portada nueva y la nueva copia tuviera la portada desgastada. –Va a conservarlo, –murmuró Ginny, moviendo su cabeza. Y mientras Ginny estaba ciertamente molesta por esto, miró a Hermione y vio que su amiga parecía cómo si fuera a explotar.
–¡O podría estrellarme directamente en Harry Potter!
–¿Podrías que? –dijo Ginny, dándose la vuelta.
–Dejándolo inconsciente, –añadió Demelza. –El Niño Que Vivió en la enfermería, y el Mundo Mágico llegaría a su fin, y será completamente mi culpa.
–Tal vez deberías hacer eso de todas maneras, –ofreció Seamus. –Ya han pasado dos semanas de escuela y Harry no ha estado en la enfermería todavía. Seguro lo está esperando. –Dean y Seamus rieron, y Demelza ofreció una débil sonrisa.
–Muy gracioso, ustedes dos. –Ginny los regañó a medias. –¡Demelza, siéntate! –Los siguientes minutos fueron gastados convenciendo a Demelza de salir al campo con ellos; afortunadamente, ahora que había terminado su tocino, Seamus intervino, y cinco minutos después él tenia a Demelza riendo. Mientras todos se ponían de pie, Ginny notó a Harry, Ron, y Hermione saliendo del Gran Comedor… y Lavender Brown interceptando a Ron para darle una gran tonta sonrisa la cuál, tristemente, su gran tonto hermano devolvió. –Ese idiota sin cerebro, –Ginny se dijo mientras Hermione se erguía y salía del comedor fríamente frente a un Ron pavoneándose incómodamente. Harry parecía como si quisiera desaparecer en la tierra.
–Escucha, Gin. –Dean se acercó a ella, mirando a Seamus escoltar a Demelza lejos de la mesa. –Creo que es genial que hayas hablado con tu amiga para que hiciera las pruebas. Pero sabes que ella quiere ser Cazadora ¿cierto?
–Así es, –Ginny asintió.
–Claro, bueno, ¿no ves el problema aquí?
Ginny pensó en ello. No veía el problema. –No en realidad, no… ¿se supone que debería?
–Todos estamos haciendo las pruebas para Cazador, –explicó Dean. –Tú, Katie Bell, yo y Seamus, esta chica Desdemona…
–Demelza.
–Cierto, lo siento. Nombre extraño. Como sea, llevándola al campo sólo suma más a la competencia ¿sabes?
–Vaya, Dean, –bromeó Ginny. –No estás asustado de algunas niñas pequeñas ¿o sí?
–No, supongo que no, pero… –comenzó Dean, pero Ginny lo cortó con un beso rápido.
–Sólo sal y haz tu mejor esfuerzo, cariño, –dijo, –y confía en que el talento ganará al final.
–Cierto. ¡Cierto! –Dean asintió. –¡No hay razón para preocuparse! ¡Vamos, entonces! –Parecía de repente muy animado. Curioso cómo eso funciona, pensó Ginny. No le dio voz al pensamiento real que rondaba en su cabeza, por supuesto: había visto a ambos volar, y era de la opinión de que Demelza era un Cazador mucho más talentoso que Dean. Pero quería conservar a su novio, así que no iba a decir eso.
Era un lluvioso, frío día, pero el campo estaba tan lleno de gente como Ginny nunca había visto. –Tiene que haber cerca de cien personas aquí, Ginny, –dijo Demelza, sonando desesperada en voz baja otra vez.
–No entres en pánico, –ordenó Ginny. –Ahora, mira, ¿ves a esos de primer año? Acaban de tener su primera lección de vuelo. Y ese grupo de allá, esos son Ravenclaw. ¿Qué están haciendo aquí? –Demelza asintió, y empezó a respirar un poco más tranquilamente. –Además, –dijo Ginny, mirando a Demelza a los ojos. –Tú eres buena. ¿De acuerdo?
Demelza sonrió débilmente, y asintió. –De acuerdo, Ginny, –dijo. –Gracias.
Ginny le hizo un gesto con la mano sin darle importancia, y se volvió al centro del campo donde Harry estaba de pie. –¿Puedo tener su atención, todo el mundo? –estaba diciendo. Todos los potenciales candidatos se calmaron y volvieron su atención a Harry, algo que parecía desconcertarlo salvajemente. Ginny sonrió. Todavía le asombraba cómo él podía luchar contra actos horribles de Magia Negra año tras año, pero perder todo su balance por lo que parecía ser las cosas más simples.
–… así que si se dividen en grupos de diez. –estaba terminando, –tomaremos un grupo a la vez para una vuelta rápida alrededor del campo. ¿De acuerdo? De acuerdo. Okay, bueno… hagan sus grupos, entonces.
El primer grupo despegó, y era justo cómo Ginny había predicho: estaba hecho de diez alumnos de primer año, ninguno de los cuales podía volar, y todos de los cuales se estrellaron y quemaron en diez segundos. –¿Ves? –murmuró a Demelza, quien simplemente sonrió y asintió, al parecer ganando más confianza por segundo.
El segundo grupo estaba hecho de un grupo de chicas, incluyendo algunas de sus compañeras de cuarto, quienes Ginny sabía prácticamente no tenían ningún interés en ver Quidditch, mucho menos en jugarlo. –¿Por qué están aquí? –se preguntó en voz alta.
–¿Por qué crees? –respondió Katie, señalando a Harry.
–Mira eso, –intervino Dean. –El precio de la fama.
–Pero él siempre ha sido famoso, –dijo Ginny.
–Sí, pero ahora no es sólo famoso por estar loco, –replicó Seamus.
–Él nunca estuvo loco, –exclamó Ginny, mirando alrededor por apoyo. Ron estaba demasiado distraído con sus propios nervios para saber que estaba pasando, mirando lo que parecía ser su única competencia directa para la posición de Guardián, el chico grande McLaggen del Club de Slug. Afortunadamente, Katie no estaba tan distraída.
–Siempre le creí a Harry, –dijo obstinadamente. –Esa mujer Umbridge era horrible. Cómo alguien podía creerle a ella sobre Harry está más allá de mí.
–¡Bueno, le creo ahora! –protestó Seamus.
–Seguro, –coincidió Dean. –Y ahora él es un héroe y todo que ha luchado con Quién-Tú-Sabes y vivió, y estaba en lo correcto cuando el Ministerio estaba equivocado…
–Sólo estamos diciendo que Harry probablemente puede escoger cualquier chica, si lo quiere. –dijo Seamus, y luego añadió con tristeza, –Chico afortunado.
Ginny miró más de cerca al grupo número dos, que estaban por superar una prueba que al parecer consistía en reír como tontas y suspirar sobre Harry, al igual que las chicas que había visto alrededor de él en el tren y las chicas en la tienda de Fred y George hablando sobre pociones de amor. Y por supuesto, para la gran molestia de Ginny, el grupo era liderado por Romilda Vane. Mientras Harry las dispersaba, Ginny se dio cuenta que había estado apretando los dientes dolorosamente. Su mandíbula se relajó mientras veía al grupo de niñas tontas irse del campo.
El resto de los grupos progresaron rápidamente, y casi dos tercios de los que estaban haciendo las pruebas fueron eliminados para cuando la lección básica de vuelo había terminado, muchos de los cuales habían tenido la intención de probar para Cazadores pero quienes apenas podían permanecer en una escoba, mucho menos hacerlo atrapando, agarrando, y lanzando la Quaffle. Mientras Harry gritaba a todos los posibles competidores que se quejaban fuera del campo, reunió a los cinco Cazadores finales para instrucciones: Ginny, Katie, Demelza, Dean, y Seamus.
Harry le arrojó la Quaffle a Katie. –Esta es una Quaffle de entrenamiento, –empezó. –Madame Hooch la modificó para mí. Tiene un encantamiento tipo Bludger en ella. Después de que anoten o si toca el piso, volará alrededor del campo hasta que alguien la atrape otra vez. No huirá de ustedes como la Snitch ni los golpeará como una Bludger, pero pondrá a prueba su velocidad y su capacidad de atrapar la Quaffle en el aire. ¿Okay? Katie, Ginny, y Demelza contra Dean y Seamus. Quiero ver goles y quiero ver trabajo en equipo. ¿Alguna pregunta? –miró alrededor del grupo. –Oh, y sólo para hacerlo interesante, habrá una Bludger real arriba también. Así que cuídense de eso. –Seamus y Dean se miraron nerviosos. Ginny sonrió, y Harry le devolvió la sonrisa.
–Muy bien, –dijo Harry a los cinco finales. –Vamos a ver que tienen. –Con eso, despegó en su escoba, y los Cazadores le siguieron, subiendo al cielo gris y lluvia.
La multitud abajo estaba empezando a hacer ruido mientras las pruebas oficiales para Cazador se ponían en marcha. Katie se movía lentamente alrededor del campo, Quaffle en mano, manteniendo un ojo en la Bludger que se movía amenazadoramente, mientras Dean y Seamus se reunían y trazaban un plan de intercepción. Ginny se deslizó junto a Demelza. –Recuerda, los Cazadores tienen que trabajar como una unidad, –le dijo. –Katie necesitará nuestra ayuda. –Demelza asintió con determinación. Ginny despegó, volando por debajo de Katie justo cuando Dean y Seamus se acercaban al miembro senior del equipo de Quidditch de Gryffindor. Descuidado, pensó Ginny. No están trabajando en equipo.
Katie ni siquiera tuvo que mirar abajo. Ella y Ginny habían jugado y entrenado juntas por medio año antes; sabía que sólo tenía que soltar la Quaffle debajo de ella y permitir a Ginny acelerar y agarrarla. Los dos chicos intentaron corregir su curso para interceptar a la pelirroja, pero ella era demasiado rápida y fue capaz de disparar la pelota de cuero roja a través del aro de gol mientras un rugido se alzaba de la multitud.
Justo como Harry había dicho, en el instante en que la Quaffle pasó a través del aro se dio la vuelta en un arco y voló pasándolos directamente hacia el campo. Demelza era la que estaba mas lejana en el campo y se dio la vuelta más rápido que cualquiera de los voladores; alcanzo la Quaffle con relativa facilidad, agarrándola con una mano, y perdiendo su balance en el aire, pero luego se recuperó, abrazando la Quaffle contra su pecho y dirigiéndose a los aros de gol. Ginny jadeó mientras la Bludger se dirigía a toda velocidad a Demelza desde arriba, pero como si tuviera ojos en la espalda, la chica giró como un barril, y la negra pelota de metal pasó sin hacerle daño. La maniobra la lanzó fuera de curso, sin embargo, y Dean y Seamus fueron capaces de rodearla. Ella entró en pánico a medida que se acercaban, lanzando la pelota tan fuerte como podía a una tierra desolada. Parecía seguro que caería hasta al suelo hasta que Ginny, saliendo de la nada, la atrapó con una sola mano del cielo estando al revés en su escoba para la atronadora apreciación de la ahora gran multitud que se había reunido a observar. Se deslizó hacia los aros de gol, esquivando la Bludger mientras pasaba rozándole el cabello, y arrojó la pelota para anotar.
La Quaffle se disparó otra vez alrededor de los aros de gol y se dirigió arriba en el campo, pero esta vez Ginny estaba lista y la perseguía. Dean atrapó la Quaffle con las dos manos y con habilidad se desvió del camino de Katie, pero en lugar de pasarla más arriba a Seamus que flotaba junto a los postes de gol se volvió para hacerlo él mismo, cambiando la pelota a su mano derecha para evadir a Demelza viniendo a su izquierda, pero quedándose abierto para que Ginny viniera disparada debajo de él a su derecha para arrebatar la desprotegida esfera de cuero rojo de su brazo extendido. Antes de que Dean pudiera reaccionar, Ginny había girado en su escoba y enviado la Quaffle campo abajo, dejándola caer perfectamente en las manos extendidas de Katie mientras ella se disparaba en un campo abierto a los aros de gol para anotar un punto fácil. La multitud abajo rugió otra vez. Para añadir sal a la herida, mientras la cabeza de Dean se giraba para ver su mala fortuna jugar en el campo, la Bludger giró y pegó en su pierna. Dean aulló de dolor, Ginny hizo una mueca y la multitud gimió; eso iba a dejar una marca.
Las chicas cayeron en un ritmo productivo y Ginny se sumergió en el juego. Agarrar, esquivar, lanzar; agarrar, esquivar, lanzar; agarrar, esquivar, lanzar… había perdido completamente la noción de la puntuación, algo que nunca haría en un juego real, cuando sintió un golpecito en su hombro. Sorprendida, le dio la espalda al campo donde Dean acababa de colar un tiro y pasar a Katie, para encontrar a Harry flotando detrás de ella. Él hizo un gesto para que lo siguiera, y lo hizo, indicando a Katie y Demelza que iba a el suelo.
Mientras ella y Harry aterrizaban en la tierra, él se volvió hacia ella. –Buen trabajo, Gin, –dijo. –Eso será suficiente. Puedes ver el resto desde las gradas.
Ginny palideció mientras Harry se volvía para regresar al aire. –¡Espera, Harry! –lloró. Él se volvió a ella, una expresión confundida en su rostro. –¡Puedo hacerlo mejor! –dijo, pánico extendiéndose en su pecho. –¡Tienes que darme otra oportunidad! ¡Lo siento, te lo prometo, puedo hacer esto, puedo hacerlo!
Harry la miró desconcertado. –Ginny, ¿de qué estás hablando? –preguntó con asombro. –Eres la mejor ahí arriba por kilómetros. Haz anotado diecisiete goles. Nadie más tiene más de cuatro. Si te mantengo arriba por más tiempo me veré como si no supiera lo que estoy haciendo. Además, las tres estaban dándole una paliza a Dean y Seamus. Tengo que darles una oportunidad justa.
–Espera, –dijo Ginny, la realización cayendo en ella. –¿Esto significa…?
Harry sonrió. –Estás en el equipo, –dijo. –Sin competencia. Buen trabajo, Gin. En serio. –Y con eso, despegó de nuevo.
Aturdida, sólo vagamente consciente de la gran sonrisa estúpida en su cara, Ginny vagó de regreso hacia las gradas. Mientras pasaba a Ron, él le dio una sonrisa con una cara verde y un pulgar arriba, y mientras se acercaba a la multitud reunida recibió un entusiasta aplauso por su actuación, Hermione sentada en la primera fila sonriendo y aplaudiendo más fuerte que nadie. Sonrojándose ferozmente y sonriendo de igual manera, encontró a Colin y Dennis Creevey, sentados con Natalie MacDonald, Neville, y Luna. Ese pequeño grupo le dio una ovación de pie (a excepción de Luna, que parecía decidida en atrapar algo pequeño, rápido, e invisible que estaba volando alrededor de la cabeza de Neville), y Ginny se sentó a mirar el resto de las pruebas.
Las cosas no iban muy bien para los chicos. Katie y Demelza habían formado un compañerismo natural, la chica mayor y más fuerte se unió con la chica más joven y rápida. No ayudó que Dean y Seamus parecían estar decididos a discutir entre sí tanto como lo estaban en hacer maniobras llamativas y de alto riesgo en solitario hacia los aros de gol las cuales fallaban tan seguido como tenían éxito. Neville se inclinó a Ginny, tratando de ignorar a Luna mirando cuidadosamente dentro de su oreja. –Si las cosas siguen así, Harry va a tener que poner a Katie y Demelza en el equipo ¿no? –preguntó.
Ginny asintió. –Katie pertenece en el equipo, –dijo. –Y Demelza se esta ganando su lugar mientras hablamos.
–Sin duda lo esta haciendo, –intervino Natalie, quien luego se puso de pie y gritó, –¡DESTROZALOS DEMELZA! –con toda la fuerza de sus diminutos pulmones.
–Oh, –dijo Luna, sentándose decepcionada junto a Neville. –Los has asustado. –Luego miró al campo y preguntó, –¿Ya empezaron las pruebas? ¡Que bien! Ginny, Katie, y Demelza van a ganar, creo.
–Le hubieras dicho eso a Harry hace una semana, –ofreció Ginny. –Le habrías ahorrado algunos problemas.
–¿Ves? –dijo Luna a nadie en particular, señalando a Ginny. –Ese es uno.
Finalmente, el momento de la verdad llegó. Harry llevó al resto de los competidores a la tierra, e incluso desde la distancia era fácil ver cuales fueron los resultados; Demelza y Katie saltaron en el aire y se abrazaron, mientras Dean y Seamus caminaron fuera del campo, cabezas colgando. –Será mejor que vaya ahí abajo, –dijo Ginny a sus amigos, mientras se apresuraba a bajar de las gradas hacia el campo justo a tiempo para alcanzar a Dean y Seamus, dirigiéndose a los vestidores.
–¡Dean! –gritó, corriendo hacia él. –Lo siento, Dean, Seamus. –Seamus sonrió débilmente y se encogió de hombros, luego continuó su camino. Dean, por otra parte, no la miró. –No te preocupes por eso, –dijo. –No es gran cosa.
–¿Estás seguro de que estás bien? –preguntó.
–Estoy bien, –respondió, apenas mirándola. –Sólo tengo un pequeño dolor de cabeza. Creo que voy a ir arriba.
–Oh. Esta bien. –Ginny miró mientras Dean caminaba hasta pasarla, siguiendo a Seamus y dentro de los vestidores. Se quedó ahí por un momento, los primeros espasmos de molestia parpadeando a su humor, pero intento decirse que él debía estar molesto y que debería dejarlo enfriarse. Se dio la vuelta y se apresuró de nuevo al campo.
Las pruebas para los Bateadores se movieron con bastante rapidez, con Ritchie Coote y Jimmy Peakes, dos de tercer año, ganando el trabajo de manera adecuada casi fácilmente. Luego, las Cazadoras estaban otra vez en el aire, listas para probar a los Guardianes. Ninguno de los primero cinco aplicantes fueron capaces de parar alguno de los tiros a gol de Ginny; viniendo al caso, ninguno de ellos fue capaz de parar más de dos cada uno.
–Estamos acabados si estos son los mejores Guardianes que Gryffindor puede ofrecer, –Katie se quejó con Ginny y Demelza mientras flotaban alto en el aire sobre el campo.
–Ya veremos, –respondió Ginny. –Aquí viene McLaggen. –Ella y los otras Cazadoras observaron al chico de séptimo año subir a su posición frente a los aros de gol; incluso la perezosa ascensión parecía arrogante. –Es de tu año, Katie. ¿Qué puedes decirnos sobre él?
–Idiota, –dijo Katie, resumiéndolo. –Pero es bueno. –Miró fijamente a Ginny. –Esperemos que tu hermano este a la altura, porque no creo que pueda soportar una temporada entera con Cormac McLaggen como compañero de equipo.
Las Cazadoras se alinearon para sus tiros, y como se esperaba McLaggen de verdad era bueno. Bloqueó los primeros cuatro intentos que enfrentó con facilidad, incluyendo dos de Ginny. Si bien esto la dejó echando humo, no pudo evitar sentir un reticente respeto por la habilidad del chico. Mientras Katie se alineaba para tomar el quinto disparo a gol, Ginny no podía ver ningún escenario en donde McLaggen no terminara como el nuevo Guardián de Gryffindor. Miró abajo a Ron, pero incluso desde esta altura se veía como si fuera a vomitar babosas en cualquier momento.
Katie voló a los aros, corte a la izquierda, corte a la derecha, y luego rápidamente lanzó un tiro a través de su cuerpo a la derecha de McLaggen… y él inexplicablemente fue a la izquierda, permitiendo a la Quaffle pasar con facilidad. Él descendió al suelo, la cara roja y echando humo, con todos en el campo bromeando con buen humor; él, sin embargo, no parecía estar para bromas.
–Eso fue extraño, –dijo Katie, deslizándose de nuevo a Ginny y Demelza. –Es un cerdo absoluto, pero no parece ser del tipo que hace esos errores.
–¿Qué significa? –preguntó Demelza.
–Significa que si Ron salva todas, esta dentro. –respondió Ginny.
Miró abajo para ver a su hermano montar en su escoba. Mientras lo hacía, escuchó una voz sonar desde las gradas: –¡BUENA SUERTE!
Un murmullo de risas recorrió la multitud. –¿Quién fue? –preguntó Demelza.
Ginny se estremeció involuntariamente. –Me parece, –dijo de mala gana, –que esa fue Lavender Brown.
–¿Le gusta tu hermano? –preguntó Katie, ojos abiertos en sorpresa. –¡Wow! ¡Hermione debe estar enojada!
–En realidad, Katie, Hermione y mi hermano no están saliendo, –corrigió Ginny. Luego hizo una pausa, y añadió, –Pero sí, probablemente está furiosa.
Para este punto, Ron había volado hasta los postes de gol temblorosamente, todavía luciendo un poco verde alrededor de las branquias. Bloqueó el primer disparo de Demelza, un complicado tiro en arco, con la piel de sus dientes, y luego atrapó el tiro de Katie que iba más directo cómo un cohete con su cara mas que con sus manos. Ginny, aún molesta de que había sido bloqueada por McLaggen dos veces, entró con fuerza contra su hermano, tratando de que se elevara y luego poniéndose al revés y tirando al aro inferior, pero él no se dejó engañar y desvió su intento con la punta de los dedos. Ginny estaba a la vez furiosa e impresionada de que Ron había sido capaz de bloquear uno de sus mejores movimientos.
Después de lograr parar los primeros tres disparos contra él, Ron manejó los últimos dos de Demelza y Katie con relativa facilidad, poniéndose cinco de cinco y entregándole el trabajo de Guardián, sin competencia. Alzó los brazos con felicidad y descendió a la tierra mientras la multitud reunida participaba en un coro entusiasta de "Weasley es nuestro Rey"
–Buen trabajo, Ron, –dijo Ginny, abrazando a su hermano mientras el equipo entero se reunía alrededor para felicitarse entre sí.
–No gracias a ti, –dijo Ron con una sonrisa. –¿Qué fue ese movimiento al revés sin sentido? ¿Estabas tratando de mantenerme fuera del equipo?
–No pensaste que iba a hacerlo más fácil para ti ¿o si? –su hermana pequeña le devolvió la sonrisa. –Eso nunca ha estado en la descripción de mi trabajo.
–¿Qué pasa con McLaggen? –preguntó Katie, mirando a unos metros dónde Harry estaba siendo enfrentado por el rechazado Guardián. El resto del equipo se movió rápidamente para respaldar a Harry, con Ginny, Ron y Katie al frente.
–No, –estaba diciendo Harry. –Tuviste tu oportunidad. Salvaste cuatro. Ron salvó cinco. Ron es el Guardián, lo ganó justamente. Fuera de mi camino.
McLaggen pareció por un momento cómo si fuera a golpear a Harry. Ginny cogió su varita, pero mientras lo hacía aparentemente el chico grande lo pensó mejor, ya que el equipo de Quidditch de Gryffindor (del cuál él no era parte) estaba detrás de Harry, y Ron, Katie, y Ginny claramente tenían su espalda.
Derrotado pero no contento con eso, McLaggen se dio la vuelta y salió corriendo, y Harry se volvió hacia otro lado para estar frente a su equipo. –Bien hecho, –empezó felizmente. –Volaron muy bien…
–¡Lo hiciste brillantemente, Ron! –exclamó Hermione esta vez, corriendo a través del campo, e interrumpiendo a Harry para dar a Ron un rápido abrazo. Katie dio un codazo a Ginny, y señaló al otro lado del campo donde una oprimida Lavender caminaba fuera del campo brazo en brazo con Parvati.
Harry finalmente consiguió la atención del equipo, y la primera practica fue establecida para la siguiente semana. Después de otra ronda de felicitaciones, los nuevos miembros instalados del equipo de Quidditch de Gryffindor acordaron ir a refrescarse y luego reunirse en el Gran Comedor para celebrar con un almuerzo tarde/temprana cena. A medida que todos se marchaban juntos, riendo y cantando, Ginny notó a Ron y Hermione alejándose juntos hacia los jardines, y Harry volviéndose para alcanzarlos. –Harry, –llamó, y él miró atrás. –¿Quieres unirte a nosotros? –preguntó. –No será lo mismo sin el Capitán.
–Lo siento, Ginny, –dijo Harry en tono de disculpa. –Queremos ir abajo y ver a Hagrid. La próxima vez. Por cierto… lo siento sobre Dean. Si hubiéramos podido tener un cuarto Cazador, habría sido él.
–Eso es amable de ti, Harry, –dijo Ginny, sonriendo. –Aunque él estará bien. Él y Seamus sólo fueron adentro antes para lamer sus heridas. Iré con él y lo animaré.
Las cejas de Harry se dispararon hacia arriba. –Oh, –dijo incómodamente. –Er… seguro. Deberías hacer eso. –Le tomó un momento para darse cuenta de lo que él estaba pensando, pero cuando lo hizo, ella rió.
–¡No de esa manera, Harry! –gritó, empujando a Harry juguetonamente. –¿Qué clase de chica crees que soy?
–Lo siento, –dijo Harry, sonrojándose. –Lo siento. No quise… Quiero decir. Lo siento.
–Claro, –respondió Ginny, todavía sonriendo. –No te preocupes por eso. Te veo después. Y dile a Hagrid que dije "Hola". –Se alejó caminando, una sonrisa todavía en su rostro, y una sensación calida y placentera permaneciendo en su mano dónde había empujado a Harry.
Aunque la cena con sus nuevos compañeros de equipo se convirtió en un buen y desenfrenado tiempo, Ginny ocasionalmente miraba alrededor de la mesa de Gryffindor y alrededor del Gran Comedor, pero aun no había ninguna señal de Dean. Cuando la fiesta eventualmente se movió a la sala común, Ginny estaba sorprendida de encontrar a Seamus ahí, jugando una partida de ajedrez con Neville.
–Seamus, –dijo, acercándose a él. –¿has visto a Dean?
–Ah, arriba en los dormitorios, creo, –respondió Seamus, concentrándose en donde sería mejor colocar a su alfil. –Deprimiéndose, seguramente. Felicidades por estar en el equipo, Gin. Olvidé decirlo antes. –Ginny le agradeció y se reintegró con el equipo. No le gustaba la dirección en la que esto se estaba moviendo.
Finalmente, cuando el final de la cena estaba cerca, Dean descendió de los dormitorios. –Felicidades a todos, –dijo, dirigiéndose al equipo. –Mejor suerte para mí la próxima vez ¿eh? –Volviéndose a Seamus, dijo, –¿Quieres ir por algo de cenar, amigo?
–Ocupado, –murmuró Seamus, tratando de averiguar donde su Rey podía esconderse para evitar al Caballero de Neville.
–¿Neville? –preguntó Dean, pero Neville negó con la cabeza, mirando rápidamente en dirección a Ginny. Dean se volvió a ella también.
–¿Gin? –preguntó. –¿Quieres ir por algo de comer?
Ginny se quedó sin habla por un momento. Casi no podía pensar si de verdad había una causa justa por la cual estar molesta, pero de cualquier manera ciertamente lo estaba. – ¿Vas a felicitarme por estar en el equipo, tal vez? –preguntó fríamente.
–Acabo de hacerlo, –Dean respondió secamente.
–Felicitaste al equipo, pero en realidad no me felicitaste a mi ¿o si? –miró alrededor del equipo para confirmarlo, pero ellos estaban de pronto muy interesados en cualquier otra cosa.
–De acuerdo, lo siento, –respondió Dean. –Felicidades. Estoy hambriento. Voy abajo. –Con eso, se dio la vuelta y salió por el agujero del retrato. Ginny parpadeó una vez, parpadeó dos veces, y luego se puso de pie de un salto, corriendo tras él.
Afuera en el corredor, lo alcanzó. –¿Eso es todo? –demandó. –¿Eso es todo lo que tienes que decir? Haz estado de mal humor todo el día.
–Mira, –dijo Dean, apretando los dientes. –Me disculpo. Lo siento. Lo superaré para mañana, lo haré. Sólo estoy molesto en este momento.
–Oh, ¿TÚ estás molesto? –replicó.
–Sí, un poco, –respondió, su propia voz elevándose. –Esa amiga que llevaste abajo, la que logró estar en el equipo…
–¿Demelza? ¿Qué pasa con ella?
–Bueno, si no la hubieras llevado abajo, probablemente yo hubiera estado en el equipo.
–Oh, ¿así que ahora es MI culpa que no lograras estar en el equipo? ¡Sólo vuela mejor la próxima vez!
–Soy mejor que Seamus, y si tienes en cuenta que crecí como Muggle, es malditamente respetable ¿sabes?
–Harry creció cómo Muggle, también, –Ginny respondió con frialdad, –y él es mejor que ustedes dos.
–Claro. Harry. –Dean rodó los ojos. –Lo tengo. Sólo pensé que estaríamos en el equipo juntos, eso es todo. Pensé que eso sería agradable.
A eso, Ginny no tenía respuesta. Todavía estaba enojada… pero él tenía razón, supuso. HUBIERA sido agradable.
–Claro. Bueno. –ofreció Dean, pero por el momento no había nada más que decir. –Lo superaré para mañana. –Y luego él ya se había ido.
Ginny se quedó sola en el corredor, todavía enojada, la euforia y felicidad de antes sobre los eventos del día drenándose. A decir verdad, debajo de su molestia, estaba empezando a sentir dolores de culpa. Había pasado el día riendo y celebrando, completamente ajena al hecho de que su novio estaba tan molesto.
–No es como si yo sabía donde estaba para ir a reconfortarlo o algo, –murmuró para sí misma. –Y no es mi culpa que Demelza sea mejor que él. –Aun así, no pudo luchar contra esos sentimientos de culpa completamente, lo cuál le molestó aún más.
Regresó a la sala común para encontrar que el equipo se había dispersado, la pelea entre Dean y ella había extinguido efectivamente la atmosfera de celebración. Demelza la saludó frente al fuego, y Ginny le saludó de vuelta, pero en lugar de eso se retiró a la parte posterior de la sala para sentarse junto a la ventana, sola con sus pensamientos. Había estado sentada por sólo unos minutos cuando sintió algo mordisqueando su tobillo. Agachándose, recogió a Arnold, resoplando alrededor de sus pies.
–¿Encontraste la manera de salir otra vez? –preguntó. Su mascota Pygmy Puff, había descubierto, tenía la habilidad de salir de su jaula cerrada. Feliz por la leal compañía y tratando de ignorar el hecho de que Arnold le recordaba a Dean, Ginny miró por la ventana, distraídamente haciéndole cosquillas a Arnold en la barbilla y dejándolo correr arriba y abajo en su brazo.
No estaba segura cuanto tiempo había estado sentada ahí, pero sin advertencia alguna tuvo la abrumadora sensación de que estaba siendo observada. Volviéndose a la sala, vio que en algún punto Harry, Ron, y Hermione habían regresado, y estaban sentados juntos en silencio, su terco hermano mirando a Lavender Brown, y… Harry mirándola a ella. Lo saludó con media sonrisa, y luego regresó su atención a Arnold. Eventualmente, los sonidos de una pelea atravesaron la habitación hasta ella. Mirando hacia ellos, vio a Ron levantarse de su silla y pisar fuerte subiendo a los dormitorios mientras Demelza se acercaba a Harry, entregándole un pequeño trozo de papel. ¿De qué en el mundo Ron podría estar tan molesto? Ginny se preguntó. Está en el equipo.
Harry y Hermione cruzaron la sala hacia ella. –¿Cuál es el problema de Ron? –preguntó.
–La fiesta de Slughorn, –gruñó Harry. –¿En serio cree que queremos ir?
–Oh, ¿tú también fuiste invitado? –preguntó Ginny. –Me atrapó esta mañana. ¿Vas a ir?
–No puedo, –dijo Harry, sosteniendo el pequeño trozo de papel que Demelza le había dado. –Detención con Snape. Primera del año. Realmente la espero con ansias.
–Lo apuesto, –Ginny sonrió. –¿Qué me dices de ti, Hermione?
–No iba a ir, con el fin de no herir los sentimientos de Ron, pero al parecer ya no es necesario ¿o si? –resopló Hermione. –Iré si tú vas, Ginny.
–No tengo nada mejor que hacer, –Ginny se encogió de hombros.
–Bueno, diviértanse, –dijo Harry. –Ahora que lo pienso, quizás realmente prefiera la detención de Snape a otra reunión del Club de Slug.
–¿En serio? –preguntó Ginny.
–Probablemente no, –admitió, y se dirigió a las mazmorras.
–Mi hermano es un encanto ¿no? –remarcó Ginny. Hermione sólo movió su cabeza.
–No hay palabras para él, –dijo. –Ni siquiera sé por que me molesto. Si supiera lo que hice por él hoy… –pero luego se detuvo abruptamente.
–¿Qué hiciste por él hoy? –preguntó Ginny. Pero Hermione se limitó a negar con la cabeza. Ginny le permitió a su mirada vagar por la sala común, donde Cormac McLaggen estaba tratando de entrar al dormitorio de chicos pero seguía caminando a la pared junto a la puerta, hasta que Neville y Colin Creevey saltaron y lo guiaron a través de la puerta. –Eso es extraño, –musitó Ginny. –Parece casi… –con un jadeo, se volvió a Hermione. –¡No lo hiciste! –exclamó.
–¿No hice qué? –fue la respuesta evasiva de Hermione.
–No confundiste a McLaggen ¿o si? –preguntó Ginny. Cuando la única respuesta de Hermione fue mirar a otro lado con aire de culpabilidad, Ginny jadeó. –¡Lo hiciste!
–Esta bien, ¿y qué? –dijo Hermione entre dientes. –¿Querías a ese patán en el equipo? Además, debiste escuchar las cosas que estaba diciendo sobre ti y Ron.
–¿Qué estaba diciendo? –preguntó Ginny ansiosamente.
–Algo de eso simplemente no voy a repetir, –respondió Hermione altivamente. –Y sobre el resto… bueno, estaba dando a entender que ninguno de ustedes dos eran buenos en el juego, y la única razón por la cuál estaban en el equipo era porque eran amigos de Harry.
–¿Eso es todo? –preguntó Ginny, decepcionada. –Qué lastima. Si un idiota va a ser tan desagradable, al menos esperarías que fuera creativo al respecto.
Hermione echó un ojo cauteloso sobre Ginny. –No vas a decirle a Ron ¿verdad?
Ginny se encogió de hombros. –Probablemente no, –respondió. –Aunque él probablemente lo tomaría con un poco de risa.
–Él no va a hacer nada de eso, –replicó la chica mayor. –Destruiría su confianza otra vez, y luego el equipo de Quidditch estaría en problemas ¿no es así?
–Esta bien, Hermione… –tranquilizó Ginny, pero Hermione no iba a dejarlo pasar.
–Y si de verdad le dices, –añadió, –entonces le diré que te vi con Dean besándose como si sus vidas dependiera de ello anoche en la Sala Común después de que él se había ido a la cama.
Ginny se sonrojó. No había sido tan escandaloso, en realidad. Dean simplemente la había atrapado por sorpresa justo cuando Hermione pasaba a través del agujero del retrato regresando de la biblioteca. Aun así, preferiría no tener esa charla en particular con Ron. –No tienes que amenazarme, –murmuró. –Dije que no le diría.
–No le digas a Dean, tampoco, –añadió Hermione.
Ginny soltó un bufido. –En realidad, no creo que Dean y yo estemos hablando por el momento.
Hermione se giró para mirarla, sorprendida. –¿Por qué no? ¿Qué pasó? –preguntó la chica mayor, inclinándose.
–Es un mal perdedor, también, –se quejó Ginny mientras veía a Arnold trepar por su brazo hasta quedarse en su hombro. –Justo como Michael Corner. Lo juro, creo que sólo debería salir con chicos que sean mejores jugadores de Quidditch que yo.
En el momento en que las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de lo que había dicho. Con un leve gemido miró a Hermione, cuya sonrisa era toda la evidencia necesaria para probar que ella lo había entendido, también.
–No empieces, Hermione, –advirtió Ginny. –No lo quise decir de esa manera.
–¿Oh? –bromeó Hermione. –Entonces ¿de que manera lo quisiste decir?
–Sólo olvídalo, –suplicó Ginny. –No lo quise decir de ninguna manera. Quiero decir, sólo fue… fue…
–¿Un resbalón freudiano?
–¿Un que?
–Expresión Muggle. No importa. Considéralo olvidado. –Hermione se quedó en silencio, pero la sonrisa se quedó en su rostro. Ginny apretó los dientes.
–Dirás, Hermione, –empezó. –¿Notaste algo divertido en Lavender Brown hoy?
La sonrisa de Hermione desapareció rápidamente. –No sé de que estas hablando, Ginny, –dijo cortantemente.
–Parecía terriblemente amigable hacia Ron, –continuó Ginny casualmente. –¿La escuchaste animándolo en las pruebas?
–Puede que sí, –dijo Hermione entre dientes.
–Wow. Entonces, –Ginny continuó como si la idea se le hubiera ocurrido hasta ahora. –Crees que… ella no podría… no crees que a ella le GUSTA, ¿no lo piensas?
Hermione se dio la vuelta para enfrentar a Ginny. –No, –dijo firmemente. –No lo pienso. E incluso si lo hiciera, no me importaría.
Ginny rodó los ojos. –De acuerdo, Hermione, –dijo mientras se ponía de pie. –Creo que me iré a la cama.
Hermione parecía confundida. –¿Qué pasa con la fiesta de Slughorn? –preguntó.
–He perdido el apetito para ello, y no tiene caso quedarme a pasar el tiempo aquí, –respondió Ginny. –He estado en Egipto, Hermione, así que ya sé como luce la negación.
Con eso, Ginny se dirigió a la puerta del dormitorio de chicas. Estaba casi segura que escuchó a Hermione murmurar algo mientras se iba que involucraba las palabras "olla", "caldero", y "negro", pero no podía estar segura.
¡Oh, no, la escuchaste correctamente! dijo la voz en su cabeza. Y ella TIENE razón, cariño.
Estúpida voz.
Me disculpo muchísimo por esta horrible demora. Tuve dos semanas caóticas (series, libros, playa, trabajo, etc), y no había tenido tiempo de terminar este capitulo. No voy a abandonar esta traducción así que no se preocupen. Sin embargo, me voy a L.A. por tres semanas el miércoles. ¿Saben si puedo actualizar esto desde un Ipad?
La parte más difícil para traducir fueron las pruebas, espero que se entienda (ya tengo miedo de que lleguen los partidos de Quidditch :( ). Aparte de eso, no hay mucho que destacar en este capitulo. ¿Alguien ya había escuchado esa expresión de "Resbalón Freudiano? Sinceramente, yo no.
El siguiente capitulo es más pequeño, así que seguramente lo tendré listo el domingo/lunes.
!Muchas gracias por quedarse conmigo!
Nos leemos pronto.
