Era la misma pesadilla que había estado teniendo, de vez en cuando, durante la mayor parte de cuatro años: se encontraba tumbada de nuevo en la Cámara de lo Secretos, intentando borrar frenéticamente todo lo que había escrito en el diario de Riddle, su fría, atractiva risa haciendo eco en los techos altos, sus rasgos nublados arremolinándose alrededor de ella, permaneciendo fuera de foco y vista. ¡Él no va a venir, niña tonta! rió Riddle. ¡Esta vez no! ¡Estás sola! ¡No eres amada! ¡Estás atrapada y no serás salvada! ¡Volveré, y los mataré a todos, y será tu culpa! Podía oír a el basilisco deslizándose en el suelo hacia ella aunque no podía verlo, sintió su aliento silbante contra su cuello mientras borraba, las palabras volviendo a la existencia tan pronto ella las quitaba… sí, la pesadilla no había cambiado mucho con los años.

Excepto que esta vez, había una diferencia. Esta vez mientras ella borraba frenéticamente y Riddle reía y el basilisco se acercaba y su pánico crecía, pensó en levantar la vista. Y ahí, a sólo unos metros, estaba el fénix de Dumbledore, Fawkes, inmóvil y mirándola.

–¡Fawkes! –rogó su yo del sueño. –¡Ayúdame! ¡Por favor! ¡Tengo que saber! ¡Ayúdame!

Fawkes no hizo ningún movimiento o sonido. Ginny estaba a punto de gritarle otra vez cuando notó una sola lagrima que se había formado en su ojo. Fascinada, observó cómo la lagrima tomó forma, lentamente rodó en su largo pico dorado, alcanzó la punta… y luego cayó al suelo. En el instante en que la lagrima salpicó contra el frío suelo de la Cámara de los Secretos, Fawkes estalló en llamas, consumido, un furioso infierno que rápidamente se extendió alrededor de ella, amenazando con quemar la Cámara y todo lo que había dentro en cenizas. Y sin embargo, obstinadamente, el diario frente a ella permanecía ileso…

Ginny se despertó con un sobresalto. Estaba enredada en sus sábanas y empapada en sudor, como usualmente lo estaba después de una pesadilla. Se sentó en la quietud del dormitorio de chicas de quinto año de Gryffindor, su respiraron áspera y exhausta detrás de su cortina. Eventualmente su corazón se desaceleró y regresó a su ritmo normal; escuchando, no oyó ninguna indicación de que alguna de sus compañeras se hubiera despertado, afortunadamente. Una vez había cometido el error de contarles en su segundo año de que trataban sus entonces pesadillas nocturnas. No le habían hablado por semanas después de eso, hasta que los sueños de alguna manera se habían vuelto menos frecuentes.

En realidad, ahora que lo pensaba, particularmente no había extrañado su conversación.

Los detalles de la pesadilla se desvanecían rápidamente, cómo a menudo lo hacen, pero la nueva aparición se quedó más tiempo con ella que los demás, desconcertándola: la imagen de Fawkes, mirándola y llorando una sola lagrima, mientras ella le exigía al ave que compartiera algún conocimiento.

Fawkes, pensó para sí misma. Eso es nuevo.

Estaba completamente despierta ahora. Dormir no iba a suceder ahora; al menos, no pronto. Silenciosamente abrió la cortina de su cama y miró el antiguo reloj en la pared. Las tres y media de la mañana. Poniéndose sus pantuflas sin hacer ruido y tomando su bata, se dirigió a la puerta. Necesitaba despejar su cabeza.

Caminó a través de la sala común y fuera del hueco del retrato, a los oscuros pasillos de Hogwarts. Fugazmente deseó por una capa de invisibilidad, pero puso ese pensamiento a un lado. Se insultaba a sí misma si pensaba por un momento que no podía ir a donde sea que ella quisiera en los pasillos del castillo, cuando quisiera.

Después de todo, se las había arreglado bastante bien bajo el control de Riddle.

Se estremeció y empujó ese pensamiento fuera de su cabeza. No iba a reflexionar sobre eso, muchas gracias. En su lugar pensó sobre el gran día que tenía planeado, y que mala idea sería no estar bien descansada para ello. Empujó ese pensamiento a un lado también. Dormir, sabía por experiencia, no era una opción por el momento. Caminó por los pasillos, en la oscuridad, sin ningún destino en particular en mente.

Más tarde ese día saldría en una cita, su primera cita apropiada con Dean, o al menos tan apropiada cómo puede ser una cita mientras eres estudiante en Hogwarts. Era el día de la primera salida a Hogsmeade, y Dean había insistido en planear las actividades del día; se había sentido un poco obligada a permitirlo. Dean había, después de todo, permanecido fiel a su palabra. El día después de las pruebas de Quidditch era todo sonrisas y atenciones, y no lo había dejado por el resto de Septiembre y más allá. Ya eran mediados de Octubre y Ginny tenía que admitir que si alguien quería dibujar un diagrama de lo que era un novio modelo, Dean lo había sido durante el mes pasado.

Algo asombroso para ella, sin embargo, era que había descubierto que si bien era placentero ser adorada por tu novio durante unos días, ahora había momentos dónde estaba lista para estrangularlo. Pero ¿cómo podía decirle que dejara de hacer cosas cómo levantarse cuando llegaba a la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor, o ayudarla a pasar por el hueco del retrato en la Torre de Gryffindor? Estaba reconfirmando su propia fuerte sospecha de que efectivamente era la peor novia del mundo. ¿Qué chica no querría que su novio se comportara siempre cómo el caballero ideal? Ginny Weasley, al parecer, esa es quién. Claramente, pensó (y no por primera vez), hay algo terriblemente mal en mí.

Ahogó un bostezo. Era demasiado temprano para estar levantada, especialmente considerando la práctica de Quidditch en la tarde-casi-noche que Harry había planeado para, otra vez, coincidir con una de las fiestas de Slughorn. Lo hacía, Ginny sabía, para darse una excusa fácil de no asistir, pero también tenía el efecto secundario de aplacar el ego de Ron. También le daba una oportunidad a Ron de hablar sobre Hermione bajo el pretexto de burlarse de ella cuándo, en realidad, a él simplemente le gustaba hablar sobre Hermione.

–¿Qué crees que esté haciendo Hermione ahora? –Ron había acosado a Harry por doceava vez, mientras los tres estaban guardando el equipo.

–No tengo la menor idea, Ron, –había respondido Harry con exasperación. –Estoy seguro que la está pasando bien.

–¡HA! –rió Ron. –¿Crees que la esté pasando mejor con Zabini o McLaggen?

Esa había sido una oportunidad que Ginny no podía dejar pasar. –Sabes, Ron, he notado que Hermione y Cormac han estado hablando más en los pasillos y en la sala común ¿has notado eso? ¿crees que tal vez algo podría estar pasando entre ellos?

Esto había callado a Ron, y rápidamente se había dado la vuelta y se apresuró a regresar al castillo. Harry luego le había preguntado a Ginny: –¿De verdad piensas que Hermione y McLaggen se están involucrando?

–Lo dudo, –había sido la respuesta de Ginny. –¿De qué demonios Hermione podría hablar con ese zoquete? Ella preferiría salir contigo.

–Creo que tal vez estás tratando de insultarme, –había respondido Harry con una sonrisa.

–Oh, no, –fue la protesta en broma de Ginny. –Estoy definitivamente, sin lugar a dudas, tratando de insultarte. No "tal vez" al respecto.

El resto de la tarde había sido pasada con Ron, Harry, y Dean en los sillones en la sala común, esperando a que regresara Hermione. Ginny sonrió recordando el rostro de su hermano cuándo regresó escoltada a través del retrato por nada menos que Cormac McLaggen.

Se lo merecía, pensó para sí misma, sonriendo a la memoria. Pero entonces su sonrisa se congeló, y ella lo hizo también. Tan atrapada había estado en sus pensamientos sobre Hogsmeade y Dean y prácticas de Quidditch…

y Harry…

… había estado tan atrapada que no había prestado atención a donde estaba caminando hasta justo este momento, cuando se dio cuenta de que estaba parada directamente frente al baño de Myrtle la Llorona, en dónde estaba, por supuesto, la entrada oculta a la catacumba subterránea con la que había soñado hace apenas un corto tiempo.

Un repentino escalofrío pasó sobre ella. Sus piernas comenzaron a temblar y su respiración a salir en cortos jadeos. Cayó al suelo; la abrumadora sensación de estar aquí en medio de la noche mientras el resto de la escuela dormía que se precipitó sobre ella era a la vez extraña y familiar. El diario de Riddle la había guiado aquí a esta hora en más de una ocasión, pero en aquel entonces no había tenido el control de sí misma, no realmente. Por supuesto, no se había dado cuenta a donde iba justo ahora, tampoco. ¿Podría ser posible? ¿Podría Riddle de alguna manera haber tomado el control sobre ella otra vez? ¿Podría estar bajo la influencia, otra vez, de alguna horrible memoria? Tal vez jamás se había sacudido la influencia del diario… tal vez ella iba a abrir la Cámara y el basilisco saldría deslizándose y todo empezaría de nuevo sólo que esta vez Harry no sería capaz de ir a salvarla y…

Se detuvo a sí misma. Cerró los ojos. Estás siendo ridícula, le ordenó a su cerebro. ¡Detén esto inmediatamente!

Después de algunos largos minutos, abrió los ojos otra vez, esperando a medias ver la forma fantasmal de Tom Riddle de pie ante ella, burlándose, mirándola maliciosamente. Pero el corredor estaba vacío. Estaba sola con su miedo.

Esta era sólo la segunda vez que había logrado traerse aquí este año. Había jurado que entraría en el baño otra vez en el primer día de regreso a la escuela, pero no había sido capaz de forzarse a sí misma a entrar en la puerta en ese entonces. Ahora, se daba cuenta con decepción, que había evitado hacer un viaje de regreso aquí por una razón u otra, cuándo la verdadera razón era que todavía estaba asustada.

¿Entonces por qué esta noche? ¿Por qué su cerebro inconscientemente la trajo aquí esta noche? Había tenido esa pesadilla muchas veces antes en la escuela. ¿Por qué, esta noche, era atraída de nuevo a la escena del crimen, por así decirlo? ¿La adición de Fawkes tenía algo que ver con eso? Respirando profundamente, pensó con cierta dificultad en ese día en la Cámara. Todo era tan borroso… no recordaba nada, realmente, hasta que todo había terminado. Ahí estaba Harry de pie frente a ella, sosteniendo la Espada de Gryffindor en una mano y el diario en la otra. Recordaba llorar… recordaba que lloró un montón, y siempre la mortificaba en sobremanera pensar en eso ahora… recordaba estar llorando mientras Harry soltaba su espada y la ayudaba a ponerse de pie, llorando mientras ella agarraba su brazo por apoyo, enterrando su rostro bañado en lagrimas en la túnica de él. Recordaba estar demasiado avergonzada y asustada de mirar a Harry mientras la guiaba hacia la entrada de la Cámara, recogiendo la espada y el Sombrero Seleccionador en el camino. Recordaba a Fawkes liderando el camino, de vuelta a Ron y Lockhart, y arriba al pasadizo secreto en el baño de Myrtle, y luego aquí, en este mismo corredor…

Negó con la cabeza. No veía ninguna razón por la cual debería traerse de nuevo aquí esta noche. Si hubiera soñado con la Espada de Gryffindor o el Sombrero Seleccionador, ¿también habría terminado aquí?

Pero no lo había hecho ¿cierto? En su lugar había soñado con Fawkes. Por alguna razón.

Ginny se sentó donde estaba, mirando a la puerta, perdiendo la noción del tiempo, exprimiendo su cerebro y tratando de determinar alguna razón de por qué había sentido la necesidad de hacer todo el camino hasta aquí en esta noche en particular después de haber tenido esa pesadilla en particular. Justo cuando estaba a punto de rendirse por completo y dirigirse a su dormitorio para tratar de atrapar al menos otra hora de sueño…

–Buenas noches, señorita Weasley.

Si hubiera sido físicamente posible saltar de tu propia piel, lo hubiera hecho. Se dio la vuelta para ver quién se había acercado a ella, una parte de ella (la parte alcanzando una varita que había dejado en su dormitorio) estaba totalmente convencida de que iba a ser Tom Riddle.

Era, de hecho, la peor pesadilla de Tom Riddle.

–Lo siento terriblemente. Parece que te he asustado, –dijo Albus Dumbledore, un brillo amable en sus ojos. –Tal vez fue mi uso del término "buenas noches", cuando claramente debería estar diciendo "buenos días", y es una mañana excepcionalmente temprana, por cierto.

Ginny asintió lentamente, su agallas volviendo a ella. –Lo- lo siento, Profesor, –tartamudeó, la parte de su cerebro que había sido entrenada por Fred y George dándose cuenta de pronto que el director de la escuela la había atrapado fuera de la cama mucho más allá del toque de queda. –Yo- yo estaba caminando dormida, y yo sólo- yo… –se detuvo. La sonrisa amigable de Dumbledore había sido reemplazada por una versión ligeramente más seria.

–Señorita Weasley, –entonó, –tal vez cuando usted esté tan avanzada en años cómo yo, se dará cuenta que no es difícil el truco de decir una mentira bien hilada a partir de la honesta verdad. Dicho esto, –y a esto su actitud regresó a su usual amabilidad, –tenga la seguridad de que es mucho menos probable que yo castigue a un estudiante por estar fuera de la cama a esta hora inusual que el Sr. Filch, particularmente cuando ese estudiante tiene una perfectamente buena razón para estar fuera, sin duda. ¿Puedo?

Le tomó un momento a Ginny darse cuenta de que estaba indicando al suelo, cómo si ser invitado a sentarse allí fuera el mayor honor. –Sí, por supuesto, –respondió. Dumbledore sonrió, y se agachó para sentarse junto a ella. Mientras lo hacía, alcanzó a ver lo que a menudo estaba escondido detrás de su manga, y lo que se había convertido en tema de conversación de la escuela en el primer día del nuevo semestre: su mano derecha, marchita y ennegrecida, luciendo casi muerta. Verla tan de cerca causó que se estremeciera un poco, pero en un instante se había ido de nuevo, escondida con un movimiento de muñeca debajo de las ropas del Director. Ropas de viaje, notó.

–¿Va a alguna parte esta mañana, Profesor? –preguntó Ginny.

–Siempre astuta y observadora ¿verdad, señorita Weasley? –dijo Dumbledore con una risita. –Tengo asuntos que me están llevando fuera del castillo hoy, es cierto. Pero esa no es la pregunta del momento. –Ginny miró hacia otro lado. Podía adivinar cuál era "la pregunta del momento".

–Casi dudo en preguntar, señorita Weasley, ¿pero qué la trae aquí esta mañana?

Por un momento Ginny consideró mentirle, pero luego pensó que no tenía sentido. Él era Albus Dumbledore, después de todo. Si quería la verdad sobre ella lo suficiente probablemente encontraría otra manera de conseguirla.

–Tuve una pesadilla, –admitió. –Tomé un paseo para despejar mi cabeza, y sin darme cuenta, me encontré aquí.

Dumbledore asintió. –Había sido mi entendimiento, –dijo con una aire de preocupación, –que sus pesadillas se habían detenido.

Ginny se encogió de hombros. –Lo han hecho, por la mayor parte. –admitió. –La última vez que las tuve fue el año pasado, cuándo mi papá fue atacado por esa serpiente. Tuve que explicarle a Harry cómo era ser poseído por… Tom Riddle, –(miró a Dumbledore pero no dio ninguna indicación de que debería usar un nombre diferente), –y explicárselo de alguna manera me hizo recordarlo y revivirlo, algunas noches.

–Comprensible, –Dumbledore asintió.

–Sólo que esta fue diferente, –presionó Ginny. –Su fénix estaba ahí. Fawkes.

–Ese es su nombre, sí. Me aseguraré de que él la recuerde.

–Gracias, Profesor. –dijo Ginny con una sonrisa. Podía reconocer y apreciar el tono juguetón de broma escondido en su voz, habiéndolo utilizado ella misma a menudo. Continuó, –De todos modos, estaba en la Cámara, y Riddle estaba allí, y el basilisco cómo siempre… pero Fawkes también estaba allí, sólo observando, y luego lloró una lagrima y estalló en llamas… y desperté.

Dumbledore asintió con gravedad. –¿Eso fue todo? –preguntó.

Ginny frunció el ceño, tratando de recordar. Mientras el tiempo se iba, también los detalles del sueño. –No, –respondió finalmente. –Le pedí que me dijera algo. Le dije que necesitaba saber algo. –Miró a Dumbledore. –Señor, ¿qué podría significar eso?

Dumbledore se quedó en silencio por un momento, y luego habló. –No soy tan dotado en el fino arte de la Adivinación, me temo. En mi experiencia, sin embargo, he encontrado que muchas veces, sin importar que tan inquietantes o proféticos parezcan, un sueño es sólo un sueño. Nada más. –Ginny asintió, pero Dumbledore tal vez sintiendo su insatisfacción, continuó. –Aunque si encuentras que te hace falta una respuesta, siempre hay otro opción.

–¿Cuál es esa, Profesor?

–Podrías preguntarle a Fawkes qué es eso que necesita decirte. –Ginny sonrió, y levantando la vista podía ver un brillo en los ojos de Dumbledore. –Tengo una ventaja con él, ya sabes. Estoy seguro de que podría arreglar algo.

–Lo tendré en mente, Profesor, –dijo Ginny con una sonrisa.

Cayeron en silencio otra vez. Ginny miró a la puerta del baño de Myrtle la Llorona, su mente regresando al sueño, tratando de desentrañar su significado, si tenía alguno. Justo cuando casi había olvidado que Dumbledore estaba a su lado, él habló de nuevo.

–No tiene nada más que temer de esta puerta, señorita Weasley, –dijo en voz baja. –Estoy bastante seguro que la Cámara de los Secretos ya ha revelado todos sus secretos.

–Lo sé, Profesor, –suspiró Ginny. –Pero… –se detuvo. Había más; simplemente no podía estar segura de a que se refería con "más".

–¿Sí?

Pensó sobre ello, largo y fuerte. Había sido atraída aquí, ya sea que le gustara admitirlo o no, atraída de nuevo a este corredor en muchas ocasiones, a menudo sin más razón que pasar por esta puerta. Ahora, por primera vez, se le pedía que pusiera ese poder de atracción en palabras, para explicarlo, y se encontró con que no sabía cómo.

–Hay algo aquí, –dijo finalmente. –No sé lo que es. No sé si es importante para alguien más o sólo para mí. Pero hay algo aquí. Alguna… respuesta que estoy buscando. –Levantó la vista hacia el Director, esperando a medias ver una mirada condescendiente. No recibió ninguna.

–¿Estás segura? –fue todo lo que Dumbledore preguntó en su lugar.

–Bastante segura, –respondió Ginny.

Dumbledore asintió. –Le aconsejaría, señorita Weasley, que las respuestas que buscamos en la vida a menudo no están, o son, lo que esperamos que sean.

–¿No lo están, Profesor?

–No. Bueno, excepto, por supuesto, cuando lo están. O alguna vez estuvieron.

–No entiendo.

–Tal vez las respuestas que buscas estuvieron alguna vez en la Cámara, pero se han movido desde entonces.

–Pero esa es la parte que no tiene sentido, –replicó Ginny, su frustración empezando a aparecer. –No hay nada que estuviera en la Cámara que quisiera encontrar de nuevo.

–Ah, –respondió Dumbledore. –¿Y estás segura de eso también?

–¡Estoy positivamente segura! –exclamó Ginny. –¡Cien por ciento segura! ¡Absolutamente, definitivamente segura! –Cerró los ojos, contó hasta diez, y después de un momento continuó en voz más baja. –No hay nada bueno ahí abajo, Profesor. Nunca lo hubo. Todo lo que queda de la Cámara de los Secretos son malos recuerdos. Eso es lo que es tan estúpido sobre esto. Eso es lo que no entiendo. No hay nada que quiera pasando esa puerta, pero sigo regresando aquí. No hay nada ahí dentro que pueda lastimarme, pero estoy demasiado asustada para entrar. A veces vengo aquí, cómo esta noche, y realmente no sé por qué, y siento cómo si me estuviera volviendo loca.

Dumbledore parecía considerar seriamente esta posibilidad, pero luego negó con la cabeza lentamente. –No creo que ese sea el caso, señorita Weasley. Usted fue retenida por el poder de una memoria, por así decirlo; un recuerdo de Tom Riddle atrapado en ese diario. Ahora no tiene nada más de esa experiencia que sus propios recuerdos, recuerdos de lo que debió ser un terrible tormento para usted, recuerdos que sólo unos pocos podrían comprender realmente. No es para nada sorprendente para mí que usted esté atraída y repelida por los restos de esos recuerdos. –Dumbledore apartó la vista de la puerta y miró abajo hacia ella sobre la montura de sus gafas de media luna. –Si se me permite decirlo, señorita Weasley, su situación no es tan poco común, ni debe ser tan dura consigo misma por ello. Después de todo, sus peores recuerdos son el único enemigo al que nunca podrá dejar atrás.

Ginny negó con la cabeza tristemente. –Sí, bueno, con todo el debido respeto, Profesor, todavía me siento frustrada y sólo… estúpida. Porque la realidad es que no puedes ser lastimado por un recuerdo.

Por el rabillo del ojo, podría haber jurado que vio al profesor Dumbledore flexionar su mano ennegrecida bajo la manga de su túnica. –Se sorprendería, –respondió con una suave sonrisa.

Por un momento se sentaron juntos, perdidos en sus pensamientos individuales. Entonces, el Profesor Dumbledore se levantó. –Me parece que hemos pasado suficiente tiempo aquí, perdidos en los recuerdos, –dijo, ofreciendo su mano a Ginny (su mano IZQUIERDA, notó) –Debo retirarme, y en cuanto a ti y tu búsqueda por respuestas, siempre una búsqueda noble… si alguna respuesta está por venir a usted aquí, señorita Weasley, tal vez no llegue antes de que este día comience de verdad. Son más de las seis de la mañana, después de todo. –Ginny estaba sorprendida; no se había dado cuenta de cuanto tiempo había pasado. –Sí, –rió Dumbledore, –Estoy seguro de que tienes cosas que hacer hoy. Es el día de Hogsmeade ¿creo?

–Lo es, –respondió, ahogando un bostezo. Cómo siempre, podía ver que iba a arrepentirse de no volverse a dormir después de su pesadilla, ahora desvanecida en un distante, difuso recuerdo.

–Antes de que nos separemos, señorita Weasley, hay un pequeño favor que me gustaría pedirle, si me permite el atrevimiento.

–Oh. Por supuesto, señor, –respondió Ginny, sorprendida. Dumbledore sonrió, y luego sacó de los pliegues de su túnica (de nuevo con su mano izquierda) un pequeño trozo de pergamino enrollado, atado ligeramente con una cadena de plata.

–Si pudiera pasarle esto al señor Potter cuándo lo vea, –pidió. –Me temo que simplemente no tendré el tiempo para buscarlo yo mismo. Parece que estoy destinado a llegar tarde. Ahora, ahora, no se preocupe, –dijo, cortando sus disculpas por retrasarlo. –No es su culpa en lo más mínimo. Es la mía. Recuerde, "tarde" puede significar muchas cosas grandiosas. ¿Le dará a Harry el pergamino?

Ginny asintió. –Por supuesto, señor.

–Gracias, señorita Weasley. –Le entregó el pergamino, pero no lo soltó de inmediato. Ella lo miró curiosamente. –Es un mensaje privado, –le dijo Dumbledore. –Pero no tan privado para que el mundo llegara a su fin si los ojos de alguien más caen en él. Confío en que respetará esa privacidad cómo esperaría de sus más laboriosos hermanos.

Ginny lo miró por un momento, preguntándose si de verdad él estaba diciendo lo que ella pensaba que estaba diciendo. –¿Por… supuesto, Profesor? –respondió, sin estar segura en absoluto.

Pero Dumbledore simplemente sonrió. –¡Bien! –respondió felizmente. –Entonces no le pediré nada más que tener un maravilloso día, señorita Weasley. Disfrute Hogsmeade, y piense con cariño en mí en Honeydukes. Tengo un poco de gusto por lo dulce, ya sabe. –Con eso, Dumbledore se dio la vuelta y caminó enérgicamente por el corredor.

Un pensamiento se le ocurrió mientras él se alejaba. –¡Profesor! –lo llamó Ginny. –¿Por qué vino aquí?

Dumbledore respondió sobre su hombro, –¿Por qué? Para hablar con usted, señorita Weasley. Por supuesto.

–Okay, entonces, ¿cómo sabía que estaría…? –Pero él había doblado la esquina y desaparecido.

Se quedó mirando por donde se había ido. No estaba segura de si había aprendido algo, realmente, de su conversación, pero no podía negar que se sentía mejor a cuando había despertado. Por supuesto, la luz del sol que entraba por las ventanas probablemente tenía algo que ver con eso. La mañana tenía una manera de vencer las pesadillas por la cual ella siempre había estado agradecida.

Miró abajo al pergamino en su mano y sólo dudó por un momento antes de abrir la cadena. El Profesor Dumbledore prácticamente la había invitado a hacerlo, después de todo. Desenrollando el pergamino, leyó:

Querido Harry:

Me parece que ha llegado el momento para nuestra segunda lección. Si es conveniente para ti, por favor ven a mi despacho a las ocho p.m. el lunes por la noche. Confío en que te estés manteniendo fuera de problemas. Hay, después de todo, una primera vez para todo.

Atentamente,

Albus Dumbledore

P.S. – En caso de que tu memoria sea tan pobre cómo la mía: Píldoras Ácidas

Ginny sonrió. Había, definitivamente, una primera vez para todo, y por lo que ella podía decir, Harry de verdad había estado manteniéndose fuera de problemas más de lo habitual, a pesar de sus aventuras con su libro de pociones. Aun así, no podía entender por qué Dumbledore pensaría que ella tendría algún interés en esta nota en particular. ¿Píldoras Ácidas? se preguntó. ¿Qué se supone que significa eso?

Sin reflexionar más sobre ello, enrolló la nota de nuevo y volvió a atarla. El castillo estaba empezando a agitarse, y ella tenía una cita. Tendría que encontrar a Harry antes de irse a Hogsmeade para darle su nota, pero primero tenía que irse y prepararse. Se apresuró por el pasillo, de regreso a la Torre de Gryffindor, bostezando ampliamente mientras lo hacía.

Iba a ser un día muy largo.


Lo prometido es deuda :)

Ya estamos en el capitulo 10, y casi 3,000 views a la historia. Yay!

Cómo siempre, gracias a todos aquellos que dejan review, favorito o follow. Y tambien a todos los que la leen en las sombras. Mil gracias! :)

Nos leemos pronto.