Ginny bostezó. Había estado en lo correcto; el día ni siquiera había comenzado y ella ya estaba agotada. La calidez que irradiaba la chimenea de la sala común mientras se sentaba en el sofá esperando a que Dean apareciera no estaba ayudando tampoco. Eso es lo que obtengo, se regañó en broma, por tener una pesadilla y vagar por los pasillos en horas inapropiadas charlando con el Director.

–¿Ginny? –Sorprendida, miró hacia arriba. Dean estaba frente a ella, cargando un pesado abrigo de invierno. Su cuerpo apenas había comenzado a rendirse al calor seductor del fuego y ni siquiera lo había oído acercarse. –¿Estás bien?

–Estoy bien, –respondió, parpadeando rápidamente y frotándose los ojos, tratando de despertarse completamente. –Sólo un poco cansada.

–El viento y la nieve te despertará. Hay toda una tormenta afuera.

–Oh. ¿Deberíamos quedarnos, entonces?

Dean sonrió. –No lo creo, –dijo. –Tengo un gran día planeado para nosotros.

Abrió la puerta del hueco del retrato, y luego se giró hacia Ginny, su mano extendida para ayudarla a pasar. –Gracias, –dijo con una sonrisa falsa, tomando la ayuda ofrecida. Odiaba cuando él hacía eso.

Abajo en el Gran Comedor, Dean charló agradablemente durante el desayuno con Seamus, Neville, Lavender, y Parvati, sin notar los parpados caídos de Ginny, o su barbilla peligrosamente cerca de sus huevos y avena. Fue sólo después de su tercera taza de café que se empezó a sentir remotamente cómo ella misma.

–¡Pásenla genial, ustedes dos! –dijo Lavender mientras ella, Seamus, y Neville se iban al vestíbulo.

–Hagan su mejor esfuerzo, de todas maneras, –murmuró Parvati en voz baja a Ginny, le dio una mirada a la mesa antes de seguir a los otros. Con su taza de café a medio camino de sus labios, Ginny miró en dirección de la mirada de Parvati en la mesa de Gryffindor, pero los únicos que todavía estaban ahí eran Harry, Ron, y Hermione, amontonados en su usual grupo excluyente. En su privado-de-sueño cerebro, ni siquiera podía comenzar a descifrar lo que Parvati había estado insinuando.

Ver a Harry, sin embargo, zarandeó otra memoria.

–¿Lista para irnos? –preguntó Dean.

–Un segundo, –respondió Ginny. –Sólo tengo que darle algo a Harry.

–¿Harry? ¿Ahora? –Pero ella ya estaba de pie y moviéndose por la mesa en dirección a su hermano y sus dos amigos.

–Seríamos mejores amigos si ellos no intentaran matarme, –escuchó decir a Harry mientras se acercaba. Ron rió y Hermione parecía divertida a regañadientes; vagamente, Ginny se preguntó si algún otro grupo de estudiantes bromeaba sobre la frecuencia con que se encontraban cerca de la muerte cómo estos tres.

–Hey, Harry, –dijo cuando él notó que se acercaba, –Se supone que debo entregarte esto.

Le entregó el pergamino que Dumbledore le había dado. –Gracias, Ginny, –contestó, desenrollándolo. Ginny sintió sólo la más leve punzada de culpa por haberlo leído, pero rápidamente la empujó a un lado. El Director, se recordó, prácticamente había insistido en que ella lo hiciera (aunque sin decirle realmente), por razones desconocidas.

–¡Es la siguiente lección de Dumbledore! –dijo Harry. –¡El lunes por la noche! ¿Quieres ir con nosotros a Hogsmeade, Ginny?

Eso ultimo había sido inesperado, y no sólo para ella, si la mirada de asombro en el rostro de Ron era alguna indicación. Hermione, por el contrario, estaba mirando intensamente a Harry, cómo si tratara de descifrar algo en su cara que apenas se había dado cuenta de que estaba ahí. –Voy a ir con Dean, –le contestó, –Quizá los vea allí. –Y con un adiós con la mano, regresó con Dean, de pie en el vestíbulo con sólo un aire de impaciencia en él. Para su crédito, sin embargo, parecía determinado a no dejar que nada les arruinara el día. –¿Lista, entonces? –preguntó a través de una sonrisa que parecía sólo un poco forzada.

–¡Lista! –dijo Ginny alegremente, con la esperanza en su interior de que el café la mantuviera con energía lo suficiente para sobrevivir al día. Con una inclinación de la cabeza y una sonrisa, Dean cogió su mano, y la guió a las puertas de roble de la entrada dónde Filch estaba realizando inspecciones de seguridad con un Sensor de Ocultamiento. –¿A quién le importa, –murmuró Ginny, –lo que estamos SACANDO? Uno pensaría que estaría mas preocupado con lo que podamos METER. –Dean rió, y antes de que se dieran cuenta habían pasado a Filch y estaban en los terrenos.

Casi inmediatamente Ginny deseó que se hubieran quedado en la sala común. El viento azotaba alrededor una combinación perversa de nieve y aguanieve y tuvieron que encorvarse para hacer siquiera algún avance por el camino hacia Hogsmeade. Estaban envueltos con tanta fuerza en sus abrigos y bufandas que eran irreconocibles; si no hubiera sabido que era Dean con quién se fue, Ginny no habría sido capaz de decir con quién estaba teniendo una cita.

El frío, por lo menos, sirvió para despertarla. Caminaron hacia Hogsmeade en silencio; no por elección, sino porque simplemente no habrían sido capaces de escucharse el uno al otro aunque lo intentaran. Cuando finalmente llegaron al pueblo, Ginny notó con cierto temor de que Zonko's estaba cerrado. Trató de ignorar la repentina sensación de aprensión que cayó sobre ella. Claramente no era sólo en el Callejón Diagon donde las cosas estaban cambiando para peor.

Honeydukes, por suerte, estaba abierta. Ginny tiró de la manga de Dean y señaló hacia la tienda de dulces, pero él no parecía querer detenerse. Agarrándolo firmemente alrededor del codo, casi lo arrastró fuera del frío y dentro del aire endulzado de la tienda.

–Lo siento, –jadeó Ginny, quitándose la bufanda. –Sólo tenía que calentarme por un segundo.

–Está bien, –contestó Dean, aunque miró hacia la puerta mientras lo hacía. –Podemos tomar un pequeño descanso. Terrible ¿no es así?

Exploraron un poco por los estantes, Ginny sonriendo mientras pasaban por las Píldoras Ácidas, sus pensamientos regresando a su peculiar pero extrañamente reconfortante conversación con Dumbledore esta mañana. No estaba segura que, si algún, bien realmente le había hecho, pero un pensamiento persistente en el fondo de su mente le susurraba que había sido más útil de lo que pensaba . El tiempo lo diría, supuso.

Eventualmente cogió una caja de caramelo casero que Dean insistió en comprar para ella. Mientras él caminaba al mostrador para pagar, Ginny bostezó. El cálido, dulce aire de la tienda parecía estar cerrando sus párpados más y más, y se encontró casi anhelando el aire vigorizante de la tormenta de nieve afuera. Y si la amenaza de quedarse dormida no era razón suficiente para salir de Honeydukes…

–¡Ginevra, mi chica! –retumbó el profesor Slughorn mientras entraba a la tienda, su gran barriga redonda precediéndole por varios momentos. –¡Te hemos extrañado en nuestras reuniones hasta ahora!

–Sí, profesor, lo siento, –dijo a toda prisa. No podía ubicarlo exactamente, pero todavía encontraba algo un poco… extraño… sobre Slughorn. –He tenido práctica de Quidditch.

–Y eres muy desafortunada por ello, –Slughorn entonó gravemente, quitándose un gran sombrero peludo que Ginny a primera vista confundió con un animal muerto de algún tipo. –¡Debo tener unas palabras con ese Capitán suyo! Simplemente no puedo tener otra reunión sin la asistencia de Harry Potter… y usted, por supuesto, señorita Weasley.

–Por supuesto, señor. Voy a pasar el mensaje a Harry.

–Bien, bien, veré que lo haga. Nuestra siguiente reunión será el lunes, así que si no hay Quidditch…

–Si no hay Quidditch estaré ahí, profesor, –dijo Ginny rápidamente. En su interior, sonrió. Sabía que el anuncio de una reunión del Club de Slug significaba que efectivamente habría una practica de Quidditch el lunes por la noche, al demonio el mal tiempo.

–Entonces, señorita Weasley, tengo curiosidad, –y a esto, Slughorn se inclinó para susurrarle con complicidad. –¿Terminó por averiguar que era lo que olía en los vapores de la Amortentia?

Ginny negó con la cabeza. –No, profesor, no lo he hecho. –Era la verdad, pero la verdad real era que no había pensado mucho en ello últimamente, tan ocupada había estado con sus deberes de quinto año, Quidditch, y Dean.

–¡Ah, que lástima! –se lamentó, aunque su sonrisa divertida no mostró ningún signo real de lástima por ello, notó Ginny. –Asegúrese de hacérmelo saber si cae en la realización ¿podría? Estaría de lo más interesado en saber. Ahora, –concluyó, enderezándose. –si me disculpa, me parece que escuché una caja de piña cristalizada llamando mi nombre. –Y con un gesto simpático de su cabeza se fue, apretando a un Dean que regresaba.

–¿Qué quería Slughorn? –preguntó Dean, agarrando el caramelo de Ginny.

–Sólo quería invitarme a otra reunión del Club de Slug el lunes, –respondió Ginny, mirando a un sonriente Slughorn hablando animadamente con el aparentemente aburrido mago detrás del mostrador. No estaba segura, pero estaba casi segura de que el profesor estaba explicando porque él no debería pagar realmente por su piña.

–Ah, –contestó Dean con tacto. –Er… no quiero parecer grosero, Gin, pero…

–¿Por qué soy un miembro del club? –Ginny terminó por él. –Ni idea. Puede ser que ese maleficio mocomurciélago que le hice a Zacharias Smith realmente, verdaderamente lo impresionó, o… –dudó, pero al pensar en ello, no vio ninguna razón para evitar mencionarlo. –Creo que es porque le recuerdo a una antigua estudiante favorita suya.

–¿Quién es?

–La madre de Harry, en realidad, –respondió Ginny, mirando hacia fuera a la tormenta de nieve enmarcada en la ventana. –He visto fotos, y no creo que nos parezcamos mucho, pero ya sabes cómo son las personas; ven una pelirroja, la ven en todas. –Miró a Dean, cuya boca había caído de una sonrisa a más cómo una mueca y quien también había dirigido su mirada al desastre invernal que soplaba alrededor. Ginny tenía la sensación de que no estaba mirando afuera más bien no la estaba mirando a ella. –De todos modos, –continuó, –no tendré que ir, por supuesto, porque en el momento en que le diga a Harry que la reunión es el lunes por la noche, él programará una practica de Quidditch y estaremos…

Se detuvo. No, no lo haría. Harry ya tenía una excusa para no ir a la fiesta de Slughorn en lunes por la noche y Ginny sabía porque fue ella quien le había entregado la invitación, una invitación a la que le había dado un vistazo. Harry tenía lecciones con Dumbledore el lunes.

Lo que significaba que ya no tenía una excusa para no estar allí.

Lo que Slughorn seguramente notaría.

Lo que significaba que iba a tener que ir.

Cerró los ojos y gimió. –¿Qué pasa? –preguntó Dean, volviéndose hacia ella.

–Me acabo de dar cuenta de que tengo que ir a esa estúpida fiesta.

–Pero acabas de decir…

–Lo sé, pero no habrá práctica, porque Harry tiene… –se contuvo; algo le decía que Dumbledore no quería que toda la escuela se enterara de lo que había en esa nota. –Harry tiene planes, –modificó.

Dean metió las manos en sus bolsillos. Su mueca se hizo más pronunciada. –Conoces toda su agenda ¿verdad?

–No, –replicó Ginny. ¿Qué se supone que significa ESO? –Sólo que sé por coincidencia que el lunes por la noche, él tiene algo más que hacer.

Un silencio peligroso colgó entre ellos por un momento. Ginny se dio cuenta de que tenía dos opciones: dejarlo descender, o aligerar el ambiente. Y dado que estaba intentando desesperadamente ser una buena novia para variar, eligió la segunda.

–Aunque si quieres averiguar la agenda de Harry, –añadió, pensando en broma, –no debería ser tan difícil. Una en punto: murmurar con Ron y Hermione. Dos en punto: salvar el mundo. Tres en punto: murmurar un poco más con Ron y Hermione. Cuatro en punto: salvar el mundo otra vez, con Ron y Hermione.

Por un largo segundo, no funcionó. Luego Dean sonrió y rió. –Claro, –coincidió. –Puedes ajustar tu reloj con ello ¿no es así?

Se rieron juntos, de lo cual Ginny estaba agradecida. La última cosa que quería para esta cita era que explotara en sus caras. –¿Nos vamos, entonces? –preguntó alegremente, envolviendo su bufanda alrededor de su rostro y preparándose para el frío.

De vuelta afuera, parecía como si el remolino helado sólo se hubiera intensificado. Avanzaron juntos a través de la nieve, Ginny fijando su mirada en la cálida luz emanando de las ventanas de Las Tres Escobas. Estaba empezando a sentirse genuinamente emocionada por ello… una acogedora esquina para los dos, una cerveza de mantequilla caliente, tal vez algunos besos… o muchos…

Dirigiéndose hacia la taberna, sintió un tirón en su brazo. Miró atrás a Dean, quien negó con la cabeza y señaló más adelante en el camino.

–¿No Las Tres Escobas? –preguntó Ginny, prácticamente teniendo que gritar para hacerse oír por encima del viento.

–¡No! ¡Por aquí! –gritó Dean, sonriendo de nuevo debajo de su bufanda. Se giró y continuó, una confundida Ginny apresurándose para alcanzarlo. Si no estaban yendo a Las Tres Escobas ¿a dónde iban? ¿Cabeza de Puerco? No, no podía ser eso…

Oh, no.

No.

Dulce Merlín, no.

Con una sensación pesada en su estomago Ginny se dio cuenta de a dónde se dirigían, cada paso confirmando sus miedos sólo un poco más, y cuándo llegaron a la silenciosa calle lateral ya no había ninguna duda. Dean abrió la puerta principal de su destino y ayudó a Ginny a pasar a un cuarto que parecía más una bola de algodón de azúcar que una tienda de té. Cerrando la puerta detrás de ellos, Dean preguntó, –¿Has estado en Madame Puddifoot antes?

–No, –mintió Ginny. Había venido, por supuesto. Michael la había traído el año anterior, pero ese no era un tema que quisiera explorar con Dean. Uno sólo venía a Madame Puddifoot para esconderse en los vapores y besarse, para nada una memoria que ella consideraba apropiada para compartir con su novio actual (aunque sí se preguntó cómo y con quién ÉL había descubierto la tienda). A decir verdad, ella y Michael no habían hecho casi nada romántico en el breve tiempo que habían estado aquí, ya que Ginny los sacó riéndose del ridículo lugar. Ese, realmente, había sido el comienzo del fin para ella y Michael Corner.

Y ahora estaba de vuelta, y era tan horrible cómo lo recordaba, con la suave iluminación del fuego parpadeando iluminación en dispersas parejas románticamente entrelazadas de estudiantes de Hogwarts. Dean la guió por los espacios reducidos hasta una mesa vacía. –No es mi usual taza de té, –dijo, riéndose de su propio chiste. –Pero realmente es… romántico… ¿no te parece?

No me voy a reír, no me voy a reír, no me voy a reír…

–Sí, terriblemente, –coincidió Ginny a través de una sonrisa forzada. Miró alrededor, casi ofendida de que en el año pasado nadie había pensado en mejorar la decoración: lo arcos, los adornos, las diminutas tablas redondas con las sillas doradas, el vapor… oh, el vapor… todo estaba todavía ahí, justo cómo lo recordaba. Terrible, pensó.

Era tan estúpida… ¿cómo no había visto venir esto? Era tan obvio, pero por otra parte ella no podía imaginar ni en un millón de años que alguien QUISIERA venir a este lugar. Si tan sólo hubiera pensado en esto por un segundo, anticiparlo, tal vez hubiera podido evitarlo en el camino, dejando caer pistas sobre cómo pensaba que las tiendas de té eran horribles… pero era muy tarde ahora, y Dean ya le estaba haciendo ojos de enamorado del otro lado de la mesa, alcanzando su mano, y todo lo que ella quería era hacer chistes inapropiados sobre el ofensivo uso excesivo de brillo y color rosa a su alrededor.

Lo peor de todo, sin embargo, era que habían estado en los sobrecalentados confines de la tienda por sólo un minuto y ella ya podía sentir la necesidad de dormir danzando alrededor del borde de su conciencia.

–Es un lugar encantador, –continuó Dean, ajeno a la repulsión de Ginny a los acogedores confines en los cuales estaban más que instalados.

–¡Mm-hmm! –respondió Ginny con falso entusiasmo, todavía forzando una sonrisa.

–¿Qué pedirán, mis queridos? Oh, ¡pero si son un par muy atractivo! –dijo Madame Puddifoot mientras se apretujaba en su mesa, su cabello negro en su usual moño, su delantal de encaje rígido y blanco.

–Dos cafés, –dijo Dean.

–Y yo también tomaré dos cafés, –dijo Ginny, ahogando un bostezo.

Dean rió, y Madame Puddifoot dijo amablemente, –Me parece que él quería ordenar tu café también, querida.

–¡Oh, sí, por supuesto!, –dijo Ginny, sacudiendo su cabeza y tratando de despejarla. Es sólo que era tan cálido aquí…

–No te preocupes, –dijo Madame Puddifoot con un guiño mientras se iba de su mesa, –Haré el tuyo un doble. –Tan pronto como estuvo fuera de vista, Dean se inclinó sobre la mesa y tomó la mano de Ginny otra vez.

–Ginny, –dijo en voz baja. –Sólo quiero que sepas lo mucho que he disfrutado nuestro tiempo juntos hasta ahora.

–¡Oh… sí! –dijo Ginny, asintiendo con firmeza. –¡Yo también, Dean!

–Sabes… estoy casi avergonzado de decirlo… pero te he admirado desde hace mucho tiempo, y estaba nervioso, lo admito, de siquiera acercarme a ti, puesto que Ron y yo somos compañeros de cuarto, y a veces… bueno, a veces los chicos reaccionan extraño sobre los amigos tratando de salir con sus hermanas.

–Mm-hmm, –coincidió Ginny. Estaba resultando cada vez más difícil concentrarse en algo excepto lo pesada que su cabeza parecía estar volviéndose. ¿Alguna vez bajaban el calor en este lugar? Dean todavía seguía hablando, y de repente se dio cuenta de que se había perdido algunas frases. Respirando profundo y abriendo mucho sus ojos, intento enfocarse de nuevo.

–… así que sabía cuando terminaste a Michael… sólo sabía que si no te decía nada, por lo menos saber cómo te sentías, me arrepentiría. Así que lo hice, y por suerte Ron lo tomó muy bien, creo.

–Oh, sí, –murmuró Ginny. –Muy bien. –Su barbilla ahora estaba descansando en su mano libre; ciertamente ningún daño podría venir de eso. Su cabeza ya se sentía ligera… mucho más ligera…

–… y ya sabes, Ginny, –Dean estaba terminando con timidez, –Realmente siento que esto, tú y yo… realmente siento que esto podría ser el comienzo de algo especial.

–Oh, sí, –coincidió Ginny, no del todo segura de que estaba aceptando. Era tan cálido y tranquilo aquí… no podía recordar que era lo que le había desagradado de este lugar antes… era tan acogedor… espera… ¿por qué Dean estaba cerrando los ojos e inclinándose hacia ella? Oh, Merlín, ¡iba a besarla! Rápidamente, Ginny cerró sus ojos, y sus labios se encontraron… suavemente, muy suavemente, terriblemente placentero… ciertamente se podría acostumbrar a besar a Dean, notó… no era diferente a estar cayendo gentilmente… cayendo gentilmente, cálidamente, y acomodarse en una nube… se estaba acomodando… acomodando… acomodando…

¡THUMP!

Con un jadeo, Ginny se despertó y levantó su cabeza de la mesa. Dean estaba mirándola fijamente en un silencio aturdido. Su cabeza estaba nadando… ¿qué acababa de pasar…?

–¿Acabas de…? –Dean escupió las palabras con incredulidad. –¿Acabas de quedarte dormida mientras nos estábamos besando?

Con una horrible realización cayendo sobre ella, Ginny se dio cuenta de que lo había hecho. –Dean, –dijo, su cara volviéndose más roja en vergüenza. –Oh, Dean, lo siento tanto. Yo…

Pero Dean se puso de pie, una expresión enojada en su rostro, agarró su abrigo y salió de la tienda, empujando a una pareja cerca de la puerta mientras salía. –¡Dean, espera! –gritó Ginny tras de él… pero él ya no estaba. Por encima de su hombro, Madame Puddifoot colocó dos tazas sobre la mesa.

–Café negro, querida, –dijo. –Pero supongo que es un poco tarde para ti ¿eh?

Con un gemido, Ginny agarró su propio abrigo y se apresuró a la puerta. Dean se alejaba marchando a través de la nieve. –¡Dean, espera! –gritó, desesperada por hacerse oír por encima del viento. Él se detuvo y ella se apresuró hacia él, todavía dándole la espalda.

–¡Dean, lo siento! –se disculpó Ginny. –No pude dormir anoche. Tuve una pesadilla y pasé la mitad de la noche vagando por los pasillos del castillo, y…

Dean se giró a mirarla. –Sabes, –la cortó, –Pasé mucho tiempo planeando esto.

–Lo sé, –respondió Ginny, –pero para ser justos, no es cómo si tuviste que planear mucho ¿o sí? Sólo tuvimos que aparecernos en Madame Puddifoot ¿no es así? –Se dio cuenta en el momento en que lo dijo que esto probablemente era exactamente lo que no tenía que decir.

–Oh, ¿mis planes no eran lo suficientemente buenos para ti? –preguntó Dean acaloradamente. Ginny arrastró sus pies.

–No estoy diciendo eso, pero…

–¡No, sigue, puedes decirlo! ¡Estabas más que aburrida! ¡Estabas dormitando desde el momento en que nos sentamos!

–¡Eso no era por ti! –protestó Ginny, su propio temperamento empezando a elevarse. –¡No dormí anoche, si me escucharas! Y luego me trajiste a este sauna… bueno, ¿qué esperabas que pasara?

–¿Se supone que debo saber que no dormiste anoche? No soy psíquico, sabes.

–Lo sé, –dijo Ginny tratando de mantener la calma. –Por supuesto que lo sé, pero… Dean… es Madame Puddifoot. Vamos, Dean, ¡es una trampa mortal en rosa! ¡nunca hubiera regresado aquí por voluntad propia!

–¿Entonces me mentiste? –demandó Dean. –¿Habías estado aquí antes?

–¡Por supuesto que he estado aquí! Honestamente. Michael me trajo. Oh, no te sorprendas tanto. ¡Tú también has estado aquí! –Ginny disparó. –Y no creo que fuera con Seamus, tampoco. ¡Ni siquiera me importa! ¿A dónde vas?

Dean se había girado sobre sus talones y estaba marchando enojadamente en dirección al castillo, dejando a Ginny atrás en la entrada de Madame Puddifoot.

–¡Supongo que esto es el final de nuestra cita, entonces! –gritó tras él, dudosa de que pudiera oírla a través del viento. Si podía, no dio ninguna indicación, y pronto se perdió en la manta oscura de nieve azotada por el viento.

–Tonto idiota, –Ginny juró en voz baja. Esta vez no era su culpa. Sí, se quedó dormida en medio de su cita, mientras Dean estaba besándola para variar, ¡pero él reaccionó exageradamente! ¡Completamente exagerado! Bueno, en su mayoría. Si tan sólo le hubiera dado una oportunidad para explicarle… pero, pensó para sí misma, no lo hubiera hecho ¿o si? No es probable que le contara a Dean sobre mis pesadillas recurrentes sobre la Cámara de los Secretos. Esto era algo que Ginny no compartía con nadie, y ciertamente no lo compartiría con su todavía relativamente nuevo novio, no si ella no quería asustarlo.

Ginny se vio obligada a aceptar a regañadientes que este debacle, si bien no del todo su culpa, fue al menos parcialmente su culpa. Y ahora aquí estaba, sola afuera de este miserable nido de novios, empezando a sentirse tan patética cómo podía.

Se rehusó a dejar que ese sensación la superara. Se alejó, no en cualquier dirección particular, sino determinada a disfrutar su día en Hogsmeade, viento soplando y nieve y todo. Vagó obstinadamente de tienda en tienda, desde Scrivenshaft's a Gladrags hasta Dervish y Bangs, cada una más absolutamente aburrida que la anterior, hasta que comenzó a sentirse cómo si fuera de primer año de nuevo, sin amigos y sola.

Excepto que no lo era. Harry la había invitado ¿no? Con un gesto de aliento para sí misma, se fue pisoteando hacia Las Tres Escobas dónde asumía que Harry, Ron, y Hermione estarían conspirando, como de costumbre. Simplemente se les uniría, al demonio las quejas de Ron. Y si no estaban ahí, ciertamente otros amigos de ella lo estarían. Después de todo, era extremadamente popular (no era que esas cosas fueran importantes para ella), y ahora estaba determinada a pasar un buen rato a pesar de lo horrible que había ido su cita con Dean.

Eso le enseñaría.

Empujó la puerta de Las Tres Escobas para abrirla, una sonrisa forzada en su rostro, determinada a enseñarle a Harry y a los otros lo lista que estaba para pasárselo bien… pero ellos no estaban ahí. Su sonrisa vaciló. Claramente Ron, Hermione, y Harry estaban afuera teniendo alguna aventura o algo, y ella había recibido una invitación por escrito para unirse a ellos… pero la había rechazado para que pudiera ir a la peor cita jamás presenciada en la historia.

Su espíritu se desinfló por completo. Había sido un día absolutamente deprimente. Mientras que el bar estaba más vacío de lo que normalmente lo estaría, sin duda debido a la tormenta que azotaba afuera, los hermanos Creevey estaban ahí, junto con Natalie, y ahí estaba Luna en una esquina, balanceándose suavemente y tarareando para sí misma. Ginny, sin embargo, de pronto perdió las ganas de pasar tiempo con o hablar con alguien más. Luna se fijó en ella y le hizo señas para que se acercara, pero Ginny fingió no entender, le devolvió el saludo y se dio la vuelta, saliendo por la puerta, afuera en el pueblo, de vuelta al camino hacia la escuela, entrando por el vestíbulo, arriba en la Torre de Gryffindor, a través del hueco por el retrato, caminando por la sala común, arriba en su dormitorio, apenas deteniéndose lo suficiente para quitarse su abrigo mojado y sus zapatos antes de desplomarse sobre la cama, deslizando la cortina a su alrededor, para finalmente y felizmente sucumbir al agotamiento.


Se despertó con un sobresaltó a lo que parecía sólo unos minutos más tarde. Por un momento se sentó y miró directamente frente a ella, su cerebro luchando para despertar junto a su cuerpo. ¿Ese horrible día había sido un sueño? Jaló la cortina de su cama a un lado.

–Hey, huesos perezosos, finalmente despertaste. –Era una de sus compañeras de cuarto, sentada en la cama frente a la suya, leyendo alguna revista de moda para brujas. –Te dormiste durante toda la cena. ¿Qué pasó, Deany te agotó?

Ginny ignoró lo último. –¿Ya terminó la cena? –dijo adormilada, frotándose los ojos.

–Apenas, –respondió la chica. –Si te das prisa, tal vez puedas alcanzar lo ultimo de ella. –Regresó su nariz de nuevo a su revista, efectivamente terminando la conversación.

Ginny se sentó en su cama por unos momentos más. No se sentía cómo para hablar con alguien por el momento pero se dio cuenta de que no había comido nada desde el desayuno y se moría de hambre. Afortunadamente, si la cena estaba cerca de terminarse, tal vez eso significaba que podría encontrar un lugar vacío en la banca y sólo comer ahí sola. Lo había hecho lo suficiente en su primer y segundo año; no debería ser mucho más difícil ahora. Saltó fuera de la cama, se refrescó, y se apresuró por las escaleras a la sala común, cruzándola rápidamente. Ron y Hermione estaban sentados en una esquina, susurrándose entre sí. Al llegar al hueco del retrato, escuchó a Hermione llamándola, –¡Ginny! ¡Ahí estás! ¡Ven aquí! –pero ignoró a la chica mayor. Ginny realmente no estaba en el humor de hablar con alguien, ni sobre su cita, ni sobre nada.

Se apresuró al Gran Comedor. Cómo había adivinado, todavía había algunos rezagados en la mesa de Gryffindor. Lo que no habría adivinado era que Harry estuviera entre ellos, luciendo tan fastidiado cómo ella se sentía.

Había tenido toda la intención de bajar aquí y comer sola. Había tenido toda la intención de no mirar a nadie, no hablar con nadie, sólo comer, y luego regresar a su dormitorio e irse a la cama. Y aun así, antes de que se diera cuenta de qué estaba pasando, sus piernas la habían llevado a un lugar en la mesa directamente frente a Harry.

–¿Te importa si me uno? –preguntó.

Harry levantó la vista de sus pensamientos y su tarta de melaza, sorprendido de verla. –¡Oh… Ginny! Hola. Sí, seguro, siéntate. –Lo hizo.

La atención de Harry regresó al acto de empujar con desinterés la tarta de melaza alrededor de su plato con su tenedor. Ginny se acercó a una de las pocas bandejas de comida real todavía escondidas entre los postres, cargando su plato con pollo y zanahorias. Se sentaron así en silencio por unos momentos, ella comiendo su cena y él jugando con su postre, cuándo Ginny habló. –Te has visto mejor.

Harry asintió lentamente, sin mirarla. –Hay sido un día muy largo, –dijo.

–Sé a lo que te refieres, –coincidió Ginny. –Aún así, es un poco peculiar verte comiendo aquí sin Ron y Hermione. ¿Pasó algo?

–Tuvimos una pequeña pelea. Ellos no están de acuerdo conmigo sobre quién le dio el collar a Katie.

–¿Alguien le dio un collar a Katie? –dijo Ginny con sorpresa. No había oído hablar de alguien a quién le gustara Katie. Por lo general, era muy buena en mantener una oreja en los chismes que nadie quería que los demás supieran; ella era, después de todo, una hermana pequeña. –¿Quiénes son los sospechosos? –preguntó.

–Creo que Draco Malfoy, –dijo Harry sombríamente. –Tu hermano y Hermione no lo creen.

Ginny estaba sorprendida. El Draco que conocía pisaría a una Gryffindor tan pronto como le gustara, y no podía imaginárselo mostrando interés de ese modo en Katie. –Difícilmente creo que podría haber sido Draco Malfoy, Harry. ¿No te parece un poco exagerado?

–Oh, estás de acuerdo con ellos ¿verdad? –dijo Harry con el ceño fruncido.

–No puedo creer que tú no, –respondió Ginny acaloradamente, su propio humor no dándole mucha paciencia para el pésimo estado de animo que Harry parecía tener. –¿En que planeta a Draco Malfoy le gusta Katie Bell?

Harry la miró. –¿Gustarle? –preguntó confuso. –¿A qué te refieres?

–Bueno, ¿por qué otra razón alguien le daría un collar?

Harry miró fijamente a Ginny por un momento, cómo si no entendiera las palabras que salieron de su boca. Finalmente, habló. –¿Qué tanto has escuchado sobre lo que pasó hoy?

Ginny de pronto cayó bajo la impresión de que había escuchado muy poco. –¿Qué pasó hoy? –preguntó con una creciente sensación de temor.

Y Harry le explicó sobre Katie y el collar maldito, el que cuándo ella lo había tocado, le había causado levantarse con gracia en el aire, cómo él y Ron habían tenido que arrastrarla de nuevo a la tierra dónde se retorció y gritó hasta que Hagrid llegó para cargarla y llevársela corriendo a la enfermería, cómo Katie había sido Imperiusada en cargar el collar para dárselo a alguien más en la escuela, y cómo Hermione había visto ese mismo collar antes en el año en el Callejón Diagon, en Borgin y Burkes…

–… y yo lo vi, también, –terminó, animándose más mientras la historia continuaba. –Lo vi hace siglos, y vi a Malfoy mirándolo y sonriendo a la tarjeta cuando leyó que estaba maldito y había matado a un montón de Muggles que lo habían tocado, hace tiempo cuándo accidentalmente salí por la Flu en Borgin y Burkes antes de mi segundo año, tu primero… Quiero decir, mi segundo año. –La miró con inquietud, dándose cuenta de que había mencionado inadvertidamente lo que a Ginny le gustaba llamar medio en broma cómo "el año perdido", ya que nadie nunca mencionaba ESE año a su alrededor si podían evitarlo.

–Mi primer año, –terminó por él. –Lo recuerdo, mamá estaba buscándote frenéticamente, arrastrándome por todo el Callejón Diagon. –Asintió. –Puedo ver a Malfoy haciendo algo así.

Los ojos de Harry se iluminaron. –¡Correcto! –dijo. –¡Ron y Hermione dicen que él es muy joven para trabajar para Voldemort, pero yo no lo creo!

–Yo tampoco, –coincidió Ginny. –Después de todo, Tom era malvado cómo estudiante. ¿Por qué no esperaría lo mismo de otros también? ¿Esa es su única razón para decir que no podría haber sido Malfoy?

–No, –admitió Harry. –Malfoy tenía detención hoy, con McGonagall. No podía haber estado en Hogsmeade.

–Oh, –dijo Ginny. –Supongo que él está fuera, entonces.

–¡Podría habérselo dado a alguien más para que lo hiciera! –insistió Harry. –¡Crabbe, o Goyle!

Ginny rodó los ojos. –¿Esos idiotas? –se burló. –No confiaría en ellos para realizar un simple hechizo de levitación, mucho menos hacerle un Imperius a una estudiante de honor de séptimo año. No, Harry, lo siento, pero Ron y Hermione tienen un buen punto.

Harry se alejó de ella, hundiéndose de nuevo en su molestia. –Oh, vamos, –lo bromeó. –No era una mala idea. Sólo que es imposible. ¿Katie estará bien?

Harry asintió. –Piensan que lo estará, –dijo. –Sólo toco una pequeñísima parte del collar. Aunque puede pasar mucho tiempo antes de que regrese.

Cayeron en silencio, los pensamientos de Ginny desviándose a Katie mientras masticaba. Tomaba tan poco poner las cosas en perspectiva, y sus propias tragedias de hace tan sólo unas horas parecían de pronto insignificantes en comparación. A pesar de todo lo que acababa de escuchar, Ginny no pudo evitar reírse. Harry la miró, confundido. –¿Qué es tan gracioso?

Ginny negó con la cabeza. –Nada, en realidad. Sólo que no puedo creer que pensé que tu pensabas que Malfoy le había dado a Katie un collar cómo regalo. Malfoy maldiciendo a Katie tiene más sentido que a Malfoy gustándole Katie.

Una pequeña sonrisa se dibujo en los labios de Harry también. –No me imagino que una jugadora de Quidditch de Gryffindor sea el tipo de Malfoy.

–¡Espero que no! –Ginny se estremeció. –Ugh, ¿te imaginas? ¿Salir con Malfoy?

–No puedo, –dijo Harry con una sonrisa.

–Bien, –sonrió Ginny. –Yo tampoco puedo. No puedo pensar en nadie a quién encuentre más repulsivo, francamente.

–Bien, –repitió Harry, con un gesto de aprobación.

–¿Oh, en serio? –le dio a Harry una mirada burlona. –¿Celoso, Potter?

–Difícilmente, –se burló. –Sólo soy un poco protector de la hermana de mi mejor amigo, eso es todo.

–¿Entonces dejarías a Hermione salir con Malfoy?

Harry negó con la cabeza. –No puedo decidir, –dijo pensativo, –que pareja es más antinatural, horrible, detestable, condenada-al-fracaso: Malfoy y tú, o Malfoy y Hermione.

–La única pregunta, –coincidió Ginny, –es cuál de nosotras lo mataría más rápido.

Harry rió, y luego le dio una mirada de reojo. –Ah… hablando de citas, –comenzó, poniéndose sólo un poco rojo mientras lo hacía, –¿Cómo estuvo la tuya? ¿Con Dean? –Con un gemido, Ginny enterró la cabeza entre sus manos, –Wow, ¿así de bien? –preguntó Harry. –¿Qué paso?

–Todo es mi culpa, –dijo Ginny en voz alta, dándose cuenta mientras lo decía que lo era, de verdad lo era. Merlín, iba a tener que ir a buscar a Dean y disculparse ¿verdad? –Dean me llevó a Madame Puddifoot.

–Oh, no.

–¿Has estado ahí?

–Sí. Con Cho. –Harry le dio una sonrisa torcida. –No fue muy bien.

–No podría haber ido tan mal cómo mi cita, –respondió Ginny, cerrando sus ojos avergonzada.

–¿Qué tan mal podría haber ido?

–¿Qué tan mal? –repitió Ginny. –¿Qué tan mal? Te diré que tan mal. Me quedé dormida.

Harry sólo la miró por un momento, cómo si no entendiera lo que había dicho. –¿Te… te quedaste dormida?

–Sí, –se quejó. No tenía que restregárselo…

–¿En serio?

–¡Sí!

Harry rió. Sólo un poco. Luego un poco más, y un poco más, y un poco más, hasta que estaba realmente rugiendo de risa. Ginny pensó que nunca lo había visto reír tan fuerte, y era contagioso. En unos momentos, incapaz de detenerse a sí misma, se le había unido, y los dos se sentaron ahí por un minuto entero, riendo tan fuerte cómo podían, atrayendo a más de un par de miradas.

–¿Cómo… cómo hiciste eso? –Harry finalmente preguntó mientras la risa se apagaba en pequeñas risitas.

–¡Es tan cálido ahí! –protestó Ginny. –Y el olor, y los vapores, sin mencionar que apenas dormí anoche.

–Tal vez él no se dio cuenta, –ofreció Harry mientras volvía a su tarta.

–Oh, se dio cuenta, –respondió Ginny. –Definitivamente tuvo que hacerlo, ya que sucedió en medio de un beso.

Harry se atragantó con su tarta a esto, y tomó varios duros golpes en su espalda antes de que pudiera hablar de nuevo. –¡No lo hizo! –dijo con asombro, pareciendo cómo si quisiera explotar en risa otra vez.

–Sin duda, lo hizo. –dijo Ginny, sin poder evitar sonreír a lo absurdo de todo esto.

–Pobre Dean. Sin ofender.

–No, pobre Dean es correcto, –coincidió Ginny. –Entiendo completamente que él esté molesto, tanto cómo odio ese horrible lugar y no puedo imaginar a alguien en su sano juicio queriendo ir ahí.

–Estoy de acuerdo, –dijo Harry asintiendo.

–¿Y qué me dices de ti? –preguntó Ginny, tomando un bocado de pollo. –¿Cuál fue tu terrible experiencia en Madame Puddifoot?

Harry resopló. –Preferiría no revivirlo, –respondió.

–¡Injusto! –protestó Ginny. –¡Yo te dije la mía!

–Es cierto, –coincidió Harry con una sonrisa. –Está bien, ¿cómo fue? Hablamos sobre Quidditch primero…

–Ningún problema ahí, –interrumpió Ginny. –Espero que Dean se de cuenta rápido de que está saliendo con una chica que preferiría pasar el día en Artículos de Calidad para el Quidditch que en Madame Puddifoot. ¿Y que pasó después de la conversación sobre Quidditch?

–Bueno, realmente no teníamos mucho que decirnos, –dijo Harry encogiéndose de hombros. –Es difícil recordarlo, exactamente. Hubo muchos, sólo, silencios incómodos, y creo que hablamos un poco de lo horrible que era Umbridge… –hizo una pausa, y luego respiro hondo. –Y luego le dije que tenía que ir a ver a Hermione y le pregunté si quería venir.

Ginny estaba confundida. –¿Hermione necesitaba verte? ¿El día que salías con Cho? ¿Por qué?

–Fue entonces cuando hice la entrevista con "El Quisquilloso". Con Rita Skeeter. Hermione lo planeó.

–¡Oh! –dijo Ginny. –Eso tiene sentido. De acuerdo. Entonces ¿cuándo fueron las cosas mal con Cho? ¿O me perdí de algo?

–Empezó ahí, –respondió Harry. –Cho pensó que me estaba viendo con Hermione para una cita.

–¿Tú y Hermione? –preguntó Ginny, aturdida. –¿Ella pensó que ibas a una cita con Hermione? Eso es… Quiero decir, eso es… bueno, la chica esta delirante. No hay otra palabra para ello. Delirante. ¿Cómo puede alguien pensar eso?

–No lo sé, –Harry se encogió de hombros. –Aunque ese no fue el final de todo.

–¿No? ¿Qué fue?

–Ella preguntó sobre Cedric, –dijo de manera casual, estudiando los últimos bocados de su tarta en el plato. –Quería saber si él la había mencionado antes de morir.

Se sentaron en silencio por un momento. Finalmente, Ginny murmuró, –Wow. Mala forma, Cho Chang.

–No sé, –dijo Harry, mirándola. –Todavía creo que tu experiencia de Madame Puddifoot fue probablemente peor.

Ginny negó con la cabeza lentamente. –Me gustaría que lo hubiera sido. Pero no creo que lo fuera.

Por un minuto o dos, se sentaron juntos, ella comiendo su cena y él terminando su postre, ninguno de los dos diciendo una palabra. Eventualmente, Harry la miró. –¿Y por qué no dormiste anoche?

–Tuve una pesadilla, –dijo Ginny simplemente.

–¿La Cámara?

–Síp.

Harry asintió cómo si entendiera, a lo que ella se dio cuenta, probablemente si lo hacía. Se sentaron en silencio, ella terminando su cena y él su postre. Mientras ella miraba a Harry y él a ella, una sonrisa de complicidad y entendimiento compartida entre ellos, se dio cuenta con gran sorpresa que este silencio en particular no era incómodo en absoluto.


!Ya estoy de regreso!

Una vez más, me disculpo por hacerlos esperar casi un mes para este cap. Pero la buena noticia es que no tengo más viajes hasta diciembre, ósea que tengo muchísimo tiempo para terminar esta historia. (Que la verdad está tomando mucho más tiempo de lo que pensé).

A destacar: 1) Debacle es algo que termina en un fiasco o desastre. (Obviamente esto iba a pasar con la cita de Dean y Ginny)

Por cierto, tengo curiosidad. ¿Alguien ha pensado que es lo que olió Ginny en la Amortentia? ¿O por qué Dumbledore le dio permiso de leer la nota?

En fin, espero que estén de maravilla :)


Respuesta a Review:

Para Cecy James: Mmmmm... ya la leiste uh? Okay, tengo que revisar en mis favoritos para ver que te puedo recomendar. Tengo un par de historias en mi cabeza, pero quiero que esas sean mis próximas traducciones, así que las voy a reservar mientras tanto hahaha. Te vuelvo a escribir más tarde. Y gracias por seguir leyendo la traducción a pesar de que ya la leiste en ingles! :)


Nos leemos pronto.