No me miren así, todavía es viernes ¬¬
–No sé qué es, exactamente. Sólo que hay algo sobre él que parece un poco extraño, –dijo Ginny mientras ella y Luna se dirigían a la salida del Gran Comedor un día, semanas más tarde, después del desayuno.
–Creo, –Luna dijo alegremente, metiendo su varita detrás de la oreja mientras caminaban, –que parecer extraño y ser extraño son dos cosas muy diferentes. Parecía haber algo muy extraño en ti en nuestro primer año, pero cómo resulta eres casi normal.
Ginny sonrió. –Gracias por eso, –le dijo a su amiga. –Y yo tenía una excusa. Dudo mucho que el profesor Slughorn esté siendo perseguido por el fantasma de Tom Riddle.
–Oh, nunca sabes de esas cosas, –advirtió Luna.
–Probablemente no es nada, –Ginny se encogió de hombros. –No es cómo si el hombre no conociera sus pociones. Ya he aprendido mucho más en sus clases de lo que nunca aprendí en las de Snape.
–Seguramente porque el profesor Slughorn no se irrita sólo por verte, –opinó Luna. Había sido durante mucho tiempo la creencia de Luna, y nunca había tenido mucho sentido para Ginny, que había algo especifico sobre Ginny, algo aparte de su apellido y su status de Gryffindor, que agitaba a Snape, aunque Ginny no estaba segura de ello. Luna creía un montón de cosas, después de todo.
–Cualquiera que sea la razón, –continuó Ginny mientras entraban al Vestíbulo, –Tengo que admitir, que el hombre está muy bien conectado. En la última reunión del Club de Slug, nos presentó a…
–¡Hey! –gritó una voz desde la puerta que acababan de pasar. Ginny ni siquiera tuvo que mirar. –¿Puedo ayudarte en algo, Ronald? –respondió mientras se volvía hacia su hermano.
–¿Ustedes los pobrecitos de quinto año se van a clase, entonces? –preguntó Ron, caminando hacia ellas con Hermione y Harry siguiéndolo de cerca.
–¡Modales, Ron! –reprendió Hermione. –Estaban hablando. ¡No interrumpas!
–Está bien, –dijo Luna. –Sólo estábamos hablando sobre el profesor Slughorn. Creemos que parece un poco extraño ¿ustedes no?
–Eso es irónico, –murmuró Harry. Ginny sonrió.
–Oh ¿tu nuevo profesor favorito? –dijo Ron, volviéndose a Ginny.
–¡Sólo porque me presentó a mi ídolo favorito de todos los tiempos no significa que es mi profesor favorito!
–¿Quién? –preguntó una confundida Hermione.
–Gwenog Jones, –dijo Harry. –¿Recuerdas? ¿En la última reunión del Club de Slug?
–Ginny sólo lo ha mencionado unas quinientas veces, –dijo Ron, rodando los ojos con su usual desdén hacia todas las cosas de Slug.
–Oh, que sufrido, Ron, –dijo Ginny, sacándole la lengua. –Si alguna vez conocieras a Martin Miggs el Muggle Loco, no serías capaz de callarte sobre ello.
–¡Bueno, él te mata de risa! –dijo Ron. Volviéndose a Harry, preguntó, –Él no es real ¿verdad?
–No, Ron, –resopló Hermione. –Por última vez, ¡él no es real!
–No te pregunté a ti.
–Cómo decía, ¡conseguí su autógrafo y todo! –se defendió Ginny. –¡Sólo ha sido mi jugadora favorita por siglos! ¿Qué esperan que haga, callarme al respecto?
–Ella no me importó, –ofreció Hermione.
–Muestra lo que sabes de Quidditch, –Ginny ofreció de vuelta. –Y al menos prueba que el Club de Slug es bueno para algo, por poco que sea. Ahora, ¿querías algo, Ron? A algunos de nosotros nos gustaría ir a clase.
–Nah, sólo quería molestarte porque tienes clase y nosotros tenemos hora libre, –dijo Ron encogiéndose de hombros. –Nada importante.
–Piérdete, Ron, –disparó Ginny. –Sé que tienes hora libre. Dean y Seamus la están pasando haciendo el ensayo para McGonagall que no hicieron en toda la semana. Es por eso que no bajaron al desayuno.
A esto, el rostro de Ron se puso pálido. –¡Maldición! ¡El ensayo! ¡Lo olvidé!
–¡Ronald! –gritó Hermione. –¡Te recordé tres veces!
–Lo sé, –dijo Ron en estado de pánico. –¡Pero dices tantas cosas que simplemente no escucho a veces!
–Realmente no deberías hablarle así cuando estás a punto de pedirle que te deje copiar su ensayo, –sugirió Harry.
Hermione se giró para enfrentar a Ron. –¡No! –advirtió con un dedo alzado antes de que pudiera preguntar.
–¿Por favor, Hermione? –suplicó Ron. –¡Te lo regresaré!
–¿Y cómo harías eso?
–No tengo idea. ¿Por favor?
Hermione cruzó los brazos y suspiró profundamente. –De acuerdo, –accedió. –Vamos.
–¡Eres fantástica, Hermione, te amo! –Con eso, Ron se giró y se apresuró por el pasillo de vuelta a la Torre de Gryffindor.
–Sí, bueno, ya sabes, eso no es necesario, –murmuró Hermione mientras su rostro se tornaba en varias capas profundas de rojo. Sin mirar a los demás, rápidamente se giró y se dirigió por el pasillo siguiendo a Ron.
Ginny, Harry, y Luna los miraron irse. –¿Qué pasa con ese par? –Ginny se preguntó. –Han sido desconcertantemente educados el uno con el otro últimamente.
–¿No te dije? –preguntó Harry. –Hace dos semanas, en Herbología, algo raro sucedió con ellos. Creo que… –se detuvo, mirando a Luna.
–Oh, está bien, –dijo Luna con seriedad. –Pretenderé que no puedo escucharte. –Y con eso, puso sus manos sobre sus orejas y empezó a tararear una melodía desafinada.
–Er… claro. Gracias, –dijo Harry, volviéndose a Ginny. –Cómo decía, estábamos peleando con una cepa de Snargaluff… –Se detuvo otra vez, negando con la cabeza. –Sabes, a veces no puedo creer las palabras que he aprendido desde que descubrí que era un mago.
–¿Qué hay con ellas? –preguntó Ginny a la defensiva. –"Snargaluff" no es una palabra más extraña que "McNugget".
–Nunca debí contarte sobre la comida rápida.
–¿Podrías continuar, por favor?
–Entonces mientras estábamos en combate con la planta, –continuó Harry, –Hermione empezó a hablar sobre la fiesta de navidad del Club de Slug, y Ron se puso todo Ron y dijo que ella debería invitar a McLaggen, y ella se puso toda Hermione y dijo que iba a invitar a Ron pero que le preguntaría a McLaggen si eso es lo él pensaba que debía hacer, y luego él se puso muy silencioso y dijo que eso no le gustaría, luego cómo que se miraron el uno al otro por un momento… –Negó con la cabeza. –Luego parecieron recordar que yo estaba ahí y dejaron caer todo el asunto. No lo han mencionado otra vez desde entonces, pero han sido molestamente amables entre sí.
–¿Cómo después del incidente de dodgeball?
–Exactamente.
–¿Y ella invito a la fiesta a Ron o no?
–Honestamente no tengo idea.
–Esos dos. Ridículos. Luna, ya puedes dejar de fingir que no estás escuchando.
–De acuerdo, –dijo Luna alegremente, quitando las manos de sus oídos. Claramente, no tenía ningún problema para escucharlos.
–Será mejor que te apresures, –Ginny le dijo a Harry, –si quieres copiar el ensayo de Hermione, también.
–No, –negó con la cabeza. –Lo hice anoche. Quiero decir, –se corrigió mientras Ginny reía, –Hice el ensayo anoche, no que lo copie de Hermione anoch… oh, olvídalo. Escucha, tengo que hacerte una pregunta.
–Vamos a llegar tarde a clase, –dijo Ginny.
–Podrías caminar con nosotras, –sugirió Luna.
–Oh. Claro, –dijo Harry, y se pusieron en marcha. –¿A dónde vamos?
–Encantamientos, –respondió Ginny.
–Es la mejor clase de Ginny, –intervino Luna.
–Es la única clase buena de Ginny, –corrigió Ginny.
–Lo dudo, –dijo Harry con una sonrisa. –Pero cómo sea, escucha, quería preguntarte sobre Dean.
Ginny le dio una mirada de reojo. –¿Qué pasa con Dean?
–Es sólo que… espera, ¿las cosas están bien con ustedes dos? Quiero decir… –Y se detuvo otra vez, lanzándole a Luna otra mirada. Ella simplemente sonrió y puso sus manos de vuelta en sus oídos mientras caminaban.
–No he hablado contigo sobre él desde Madame Puddifoot.
–Oh, eso, –dijo Ginny. –Las cosas están bien, en su mayoría. Quiero decir, están un poco incómodas, pero…
–¿Cómo en el mundo, –se preguntó Harry, –lograste que superara eso?
–Besándolo, más que nada, –respondió Ginny encogiéndose de hombros.
–Claro, –dijo Harry rápidamente. –Lo entiendo. Tiene sentido. Ya puedes bajar tus manos, Luna.
–¡De acuerdo, Harry!
Ginny estaba mirando a Harry de manera peculiar. Podría jurar que se estaba sonrojando un poco… pero probablemente era sólo su imaginación. –¿Qué es lo que necesitabas preguntar sobre él?
–Katie todavía está en St. Mungo, –respondió Harry. –Lo he retrasado lo más que he podido, pero incluso si ella regresa mañana, no estará lista para el partido del sábado. Dean es el siguiente mejor Cazador en Gryffindor. ¿Crees que quiera jugar en tan poco tiempo?
–¡Absolutamente! –dijo Ginny con entusiasmo. –¡Harry, él estará encantado!
–No crees que estará dolido todavía por no haber sido invitado al equipo enseguida ¿o si? –preguntó Harry mientras se detenían frente al salón del Profesor Flitwick. Ginny no le dio importancia.
–Lo superará en un latido, –le aseguró a Harry. –¿Cuándo vas a preguntarle?
–Supongo que volveré a la Sala Común y lo haré en este momento…
Ginny negó con la cabeza. –Espera hasta que haya terminado con su ensayo, o no será capaz de concentrarse.
–De acuerdo, –dijo Harry, asintiendo. –El siguiente periodo, entonces. Transformaciones.
–¡Perfecto! –dijo Ginny. –Sólo no le digas que me dijiste primero.
–Oh, cierto, –se dio cuenta Harry. –Supongo que él querrá ser el que te cuente. Lo siento.
–No te preocupes por eso, –le aseguró Ginny. –No le diré, prometido. Y Luna no escuchó nada.
–¡No lo hice! –coincidió Luna alegremente.
–¡Genial! –dijo Harry, retrocediendo por el pasillo. –Las veo más tarde. ¡Gracias, Gin!
–Es muy amable de su parte invitar a Dean, –dijo Luna, mirando a Harry irse. –En particular, porque Dean no le cae muy bien.
Ginny le dio una mirada sorprendida. –¿Desde cuándo? A Harry le cae bien Dean. ¿Por qué no lo haría?
–¿En serio? –preguntó Luna, igualmente sorprendida. –Oh, tal vez él todavía no lo sabe. –Mirando a Ginny de cerca, añadió, –¡Oh, tal vez TÚ todavía no lo sabes!
Ginny estaba completamente perdida. –¿Saber qué? –preguntó.
–No importa, –respondió Luna. –La clase está empezando. –Y con un movimiento de su muñeca, agarró su varita de su oreja y marchó dentro del salón de clases. Ginny la siguió, negando con la cabeza. Estaba acostumbrada a Luna, y generalmente podía traducirla, pero eso último había sido difícil de seguir incluso para ella.
Mientras estaba sentada en Encantamientos, su mente se desvió al Quidditch, cómo de costumbre. Se había estado preguntando que haría Harry sobre el lugar de Katie, ya que cada día se había hecho más claro que no regresaría a tiempo para jugar contra Slytherin el sábado. Secretamente, había estado con la esperanza de que le preguntara a Dean que se uniera al equipo, ya que las cosas entre ella y él habían estado ciertamente rocosas desde el debacle de Madame Puddifoot, y además de que todavía sentía una culpa persistente sobre Demelza derrotando a Dean por el puesto de Cazador en las pruebas, ella esperaba que esto no sólo aliviara esa culpa sino también que ayudara a los dos a superar esta mala racha por la cual estaban pasando desde hace unas semanas. No se lo había dicho a Harry, pero había besos involucrados, sí… pero no muchas platicas.
Tan pronto cómo llegó al Gran Comedor para el almuerzo, Dean corrió hacia ella. –¡Gin! –dijo con alegría, –¡Adivina qué! ¡Estoy en el equipo! ¡Harry me pidió que remplazara a Katie Bell!
–¡Dean, eso es maravilloso! –chilló Ginny en una voz-no-muy-Ginny. Actriz del año, aquí mismo… Dean la levantó y le dio vueltas, poniéndola de nuevo en el suelo y dándole un beso.
–¡Señor Thomas, señorita Weasley, ya es suficiente de eso! –la Profesora McGonagall llamó desde el otro lado del comedor.
–Lo siento, profesora, –respondieron al unísono, luego girándose a sentarse. –¿No es fantástico? –Dean continuó, mientras tomaba un sándwich de un plato. –Ahora podemos estar en el equipo juntos.
–Lo es, –dijo Ginny, y lo decía de verdad. – Estoy muy emocionada. –Una rápida mirada a Seamus le dijo, sin embargo, que él no lo estaba. Lo sentía por él, pero pensó que pronto lo superaría. Seamus no era el tipo de chico que dejaba que las cosas se quedaran. Mientras Dean seguía hablando sobre Quidditch y estrategias y lo-que-no, Ginny miró a Harry disimuladamente en la mesa. Atrapando su mirada, le dio un rápido "O.K." con el pulgar y el índice. Él le sonrió y asintió, luego regresó a su conversación con Ron y Hermione. Ginny sintió una ola de gratitud y buena voluntad hacia Harry. Seguramente él no se había dado cuenta, pero poniendo a Dean en el equipo de Quidditch probablemente había salvado su relación.
Regresó a su conversación con Dean, y felizmente charlaron sobre la próxima práctica en la noche. Sí, esto ciertamente ayudaría a que las cosas funcionaran entre los dos, no hay duda sobre ello.
–¡Eres un idiota, Ron, mira cómo la dejaste!
Sin embargo, nadie dijo que su relación con Ron iba a ser mejor.
Demelza agarró con fuerza su labio sangrante, mientras Ginny se sentaba junto a ella tratando de mirarla mejor. Ron, en su habitual manera insegura y torpe, había estado agitándose cómo un Hipogrifo a punto de morir en su puesto de Guardián, y Demelza había cometido el error de acercarse demasiado a él al intentar anotar, recibiendo un golpe involuntario en la boca por su esfuerzo.
–Puedo arreglar eso, –dijo Harry sobre el hombro de Ginny mientras aterrizaba, tirando de ella suavemente hacia atrás y apuntando su varita al labio de Demelza. "Episkey", dijo, y tan pronto cómo lo hizo el corte empezó a curarse a sí mismo y la hinchazón comenzó a disminuir. –Y Ginny, no llames a Ron idiota, tú no eres el Capitán de este equipo…
–Bueno, tú parecías demasiado ocupado para llamarlo idiota y pensé que alguien más debería…
Harry intentó ocultarlo, pero casi se rió, notó Ginny con una orgullosa satisfacción. –En el aire, todo el mundo, –dijo, montando en su escoba con una sonrisa. –Vamos…
Mientras el resto del equipo despegaba, Ginny ayudó a Demelza a ponerse de pie. –¿Estás segura de que estás bien? –preguntó.
–Estoy bien, –dijo Demelza, limpiando la sangre y lagrimas en la manga de su túnica. –Nadie dijo que el Quidditch era un juego amable. –Despegó también, Ginny siguiéndola, sintiéndose enojada con Ron y ella misma. Había estado concentrando sus esfuerzos en ayudar a Dean a sentirse cómodo e ignorado a Demelza completamente. Ella era miembro senior del cuerpo de Cazadores de Gryffindor, y se regañó a sí misma por no mantener vigilada a Demelza.
Aun así, mientras la practica continuaba, y Dean le daba una de sus innegables sonrisas encantadoras mientras volaba junto a ella… era bueno tener esto para compartir con tu novio. Dean había tenido razón, después de todo. Estar en el equipo juntos era encantador.
–Buen trabajo, todo el mundo, –dijo Harry con los labios apretados mientras Ginny, Dean, Demelza, Peakes, y Coote dejaban el vestidor. –Creo que aplastaremos a Slytherin. –Mientras la puerta se cerraba tras ellos, Ginny miró atrás y alcanzó a ver a Harry girándose para animar a un desconsolado Ron. Buena suerte, Harry, pensó para sí misma. Vas a necesitarla. Si Ron jugaba el sábado cómo lo hizo esta noche, mucho mejor que entreguen la Copa de las Casas a Slytherin ahora mismo y acabar con el asunto.
Se volvió hacia Dean para decírselo, pero antes de que pudiera hablar, dijo, –Eso estuvo bastante bien ¿no lo crees? –Cerrando su boca, Ginny miró alrededor del equipo. Todos la estaban mirando, ansiosamente, esperando a escuchar su opinión sobre sus probabilidades este fin de semana. En ese momento, Ginny se dio cuenta de que ninguno de ellos había jugado antes un partido frente al resto de la escuela. Si les decía lo que realmente pensaba de la práctica…
–Fue brillante, –mintió con una sonrisa. –Los mataremos. –Peakes y Coote chocaron las manos, y Demelza sonrió a través de un labio casi completamente sanado mientras Dean ponía su brazo alrededor de los hombros de Ginny. Ella se les unió en su buen ánimo, secretamente consciente de que Harry iba a tener que trabajar un poco de magia real en Ron para que un equipo novato cómo este tuviera una oportunidad contra Slytherin.
Mientras se abrían camino en el castillo y hacia la Torre de Gryffindor, Dean y Ginny lentamente se fueron quedando atrás de los estudiantes más jóvenes, susurrando y riéndose en voz baja el uno con el otro, justo cómo un novio y una novia reales, notó Ginny. En el corredor del segundo piso, de pronto y sin previo aviso, Dean jaló a Ginny a un lado, abriendo un tapiz para revelar una escalera oscura que ella sabía era un atajo de vuelta al retrato de la Señora Gorda. Tenía una idea, sin embargo, de que el atajo era la última cosa en la mente de Dean. –¿Qué es esto? –dijo inocentemente, siguiéndole el juego.
–Te voy a mostrar, –Dean sonrió, ofreciéndole su mano para ayudarla a pasar por la entrada secreta. Ginny ignoró el más irritante de los gestos, y en su lugar sonrió tímidamente y se permitió ser guiada.
Una vez dentro, el tapiz cayó de vuelta a dónde había estado antes, sumergiéndolos en una oscuridad casi total. Una débil luz parpadeante vino brillando desde la escalera de caracol; Ginny sabía por experiencia que esta era de una antorcha encendida cerca de la otra entrada del pasadizo de arriba. –Entonces, –preguntó Ginny, –¿qué hay aquí?
–Absolutamente nada, –respondió Dean con una sonrisa maliciosa, alcanzándola en la oscuridad casi total, envolviendo sus brazos alrededor de ella y besándola. Ella respondió de igual manera, subiendo su mano a su rostro, recordándose a sí misma que, por todas su imperfecciones… Merlín, su novio sí que sabía besar. Nunca era mucho más que un beso, eso sí, pero… ciertamente era un beso. Simplemente no podía negar eso. El resto, la emoción, ella asumía, vendría después… a medida que se volvieran más cercanos, y sus sentimientos más fuertes, etc, etc… pero por ahora, el beso serviría.
Habían pasado unos cuantos minutos, minutos que Ginny estaba verdaderamente disfrutando, cuándo…
–¡Hey!
Otra vez, ella no tuvo que mirar. Conocía la voz. Dean rápidamente se apartó de ella, sorprendido y con la cara roja, y ella se volvió para enfrentar a Ron…
Sólo que Ron no era el único ahí, sosteniendo en alto el tapiz que ocultaba la entrada al pasadizo. Por supuesto que no lo era. Eran Ron y Harry.
Harry.
Harry, Harry, Harry, Harry, Harry, Harry, Harry, Harry…
Se sintió de doce años otra vez. Se sintió avergonzada. Se sintió apenada. Se sintió cómo si en algún lugar, muy dentro de sí misma, había traicionado algo que ni siquiera sabía que existía. Y no tenía idea, ninguna idea en absoluto, por qué de pronto sintió todas estas cosas cuando vio la mirada sorprendida en el rostro de Harry.
En lugar de dejar que su propia ráfaga repentina de emociones la traicionara, ni siquiera dejó que su mirada se posara en Harry, y volvió su atención a Ron. Con Ron, ella podía lidiar.
–¿Qué? –demandó, de repente irracionalmente emocional.
–¡No quiero encontrar a mi propia hermana besuqueándose con un tipo en público! –bramó Ron, los ojos desorbitados en consternación.
–¡Este pasillo estaba vacío antes de que vinieras de entrometido! –le espetó Ginny, obligándose a mantenerse enfocada en Ron, ignorando a Harry lo mejor que podía. Harry, de pie en silencio, todavía en shock…
Harry, Harry, Harry, Harry, Harry, Harry, Harry…
–Er… vamos, Ginny, –dijo una voz sobre su hombro, de algún pasado distante. Casi tuvo que recordarse que era Dean. –Volvamos a la sala común…
–¡Ve tú! –dijo Ginny girándose hacia él pero no atreviéndose a mirarlo a los ojos, para que no viera en su expresión que apenas podía recordar su nombre. –¡Yo tengo que hablar con mi querido hermano!
Cómo-se-llame se fue, y Ginny se giró de vuelta a Ron con tal fuerza que su largo cabello rojo voló alrededor en su propia cara. Lo apartó para fulminar con la mirada a su hermano, todavía cuidadosa de no mirar a Harry.
Harry, Harry, Harry, Harry…
–De acuerdo, –dijo, enfocando toda su recién descubierta emoción en Ron, –vamos a aclarar esto de una vez por todas. No es asunto tuyo con quién salgo o qué hago con ellos, Ron…
–¡Sí, lo es! –dijo Ron, devolviendo su propio enojo y más. –¿Crees que quiero que la gente diga que mi hermana es una…?
–¡¿Una qué?! –le gritó ella, y de pronto su varita estaba en su mano y no estaba segura de cómo había llegado allí. Si él la llamaba así en frente de Harry…
Harry, Harry, Harry…
–¿Una qué, exactamente?
–No iba a decir nada, Ginny, –comenzó Harry. Sin pensarlo, ella se volvió hacia él, también.
–¡Oh, claro que sí! –chilló, y en el momento en que lo miró sintió un nudo formarse en su garganta. Desesperada por romperlo, desesperada por no llorar, empezó a gritar. –Que él nunca se haya besado con nadie, –balbuceó con ira, ni siquiera segura de lo que estaba diciendo, –o que el mejor beso que jamás le han dado sea de nuestra Tía Muriel…
–¡Cierra la boca! –bramó Ron, aunque él parecía a kilómetros de distancia ahora, también, justo cómo Dean. Ginny encontró su mirada pegada a Harry, y estaba cerca de entrar en pánico, esperando que él no la estuviera juzgando con demasiada dureza, esperando que él supiera que el beso con Dean no había significado nada, era sólo un beso, eso era todo… con esos pensamientos aterradores volando sin restricción desde lo profundo de su mente, se volvió desesperadamente hacia Ron.
–¡No, no lo haré! –le gritó de vuelta, fuera de sí, luchando para mantener el control de su inesperado estado salvaje, sin tener idea de lo que estaba gritando ya… –Te he visto con Flegggrrr, esperando que te bese en la mejilla cada vez que la ves. ¡Es patético! ¡Si salieras un poco por ahí y besaras a unas cuantas chicas, no te molestaría tanto que los demás lo hicieran!
Ron sacó su propia varita, su rostro rojo y su expresión salvaje. Por un fugaz instante Ginny deseó que le lanzara un maleficio; su corazón estaba gritando que lo merecía. Pero entonces Harry se interpuso entre ellos, poniendo una mano en el pecho de Ron para empujarlo hacia atrás, apoyando la otra en el hombro de Ginny, y cuando lo hizo una ola de euforia le recorrió el brazo.
¿Qué demonios me está pasando?
–¡No sabes lo que dices! –Ron estaba rugiendo, apuntando su varita en dirección a Ginny. –¡Sólo porque no lo hago en público…!
–Has estado besando a Pigwidgeon ¿no es así? –le gritó Ginny, riéndose salvajemente. –¿O tienes una fotografía de tía Muriel debajo de la almohada?
–Eres una… –pero el resto fue cortado, cuando Ron metió su varita debajo del brazo izquierdo de Harry y un rayo de luz anaranjada voló de la punta, apenas rozando la cabeza de Ginny.
–No seas estúpido, –dijo Harry mientras empujaba a Ron contra la pared, y por alguna razón Ginny momentáneamente estaba de vuelta en la Cámara de los Secretos, y de pronto ella tenía doce años y Harry estaba viniendo en su ayuda una vez más… pero esa memoria no significaba nada, ella lo sabía, nunca lo había hecho, porque…
–¡Harry besó a Cho Chang! –le gritó a su hermano, y eso fue suficiente para ella. La empujó al borde. Las lagrimas estaba en camino, y no podía detenerlas, pero siguió. –¡Y Hermione besó a Viktor Krum! ¡Tú eres el único que actúa cómo si fuera algo desagradable, Ron, y eso es porque tienes menos experiencia que un niño de doce años!
Y con eso, se marchó, subiendo las escaleras, y en dirección a la Torre de Gryffindor, su mano cubriendo su boca, tratando desesperadamente de mantener los sollozos a raya hasta que estuviera fuera del alcance de Harry y Ron.
¿Qué había sido eso? ¿Qué había pasado? Por qué había… qué había… no podía pensar con claridad. No podía ver con claridad. No sabía quién era ni a dónde iba. Todo lo que seguía repitiéndose una y otra vez en su mente era el tapiz volando hacia arriba, y ella volviéndose de Cómo-se-llame, y Harry estando ahí, y Ron también, pero Harry, con esa mirada en su rostro… shock, repulsión, disgusto, traición, (¿traición?)… ¿Qué había sido esa mirada? ¿Por qué él la había mirado de esa manera? ¿Por qué la idea de él y Cho casi la había hecho llorar? ¿Qué estaba mal con ella?
Giró la esquina al retrato de la Dama Gorda, sin saber si podía pensar con la claridad suficiente para recordar la contraseña… pero vio que no era necesario. De pie allí, deteniendo la puerta abierta para ella, estaba la última persona en el mundo que quería ver en ese momento. Dean y Seamus estaban riendo juntos, sin duda discutiendo lo que había sucedido momentos antes…
¿Por qué se están riendo? ¡No es gracioso!
Por supuesto que era gracioso. La mirada en la cara de Ron…
¿Qué pasa con la mirada en la de Harry? Harry, Harry, Harry, Harry…
–¡Gin!
Sacudiéndose fuera de su sueño interno, Ginny miró arriba. Las risas de los dos chicos habían pasado a miradas de preocupación, presumiblemente ante la visión de su rostro bañado en lagrimas. Seamus miró a Dean, la miró a ella, y luego se escabulló de regreso a la sala común.
–¿Gin, estás bien? –preguntó Dean, repentinamente preocupado.
–Estoy bien, –dijo.
No, no lo estás.
–No te ves bien, –respondió.
Nada se le escapa al viejo Cómo-se-llame.
–Estoy bien, –insistió Ginny, sin mirarlo. Miró por encima de su hombro; Ron y Harry seguramente estarían arriba pronto, y no quería arriesgarse a verlos de nuevo. Especialmente a Harry.
Harry, Harry, Harry, Harry, Harry…
–Pero…
–Me voy a la cama, –dijo con firmeza. –Estoy bien. Te veré en la mañana. –Y sin permitirle decir otra palabra, se apresuró a la sala común y arriba en las escaleras hacia el dormitorio de chicas. Estaba tendida en la cama sólo un poco más tarde, sus cortinas corridas y sus ojos muy abiertos. No tenía idea de que le había pasado en ese pasadizo esta noche, pero había sido completamente abrumador y aterrador.
Lo más aterrador, sin embargo, y esta era la parte que se negaba a reconocer a sí misma… lo más aterrador era que en algún lugar profundo dentro de ella, debajo de toda la angustia y la inquietud y la emoción que había brotado de repente y sin advertencia dentro de ella…en algún lugar debajo de todo eso, estaba casi segura de que podía detectar un poco de algo que se sentía sin lugar a dudas cómo…
…alegría.
Creo que hablo por todos cuando digo: IFHEWBGORVBOJNGORWBGRNFEPUFGU!
Okay, lo admito. Estaba sonriendo cómo tonta cuando estaba traduciendo este capitulo. Aquí es dónde las cosas se empiezan a poner verdaderamente emocionantes. ¡No puedo esperar! :D
Gracias, gracias a todos los que dejan review, siempre me sacan una sonrisa!
Por cierto, me gustan sus teorías ;)
Nos leemos pronto.
