¿Hola? *eco* *eco* *eco*
¿Hay alguien ahí? *eco* *eco* *eco*
La mañana siguiente, Ginny no quería salir de la cama. Detrás de la seguridad de su cortina, podía pretender que la noche anterior había sido un sueño y no había confundido totalmente a Dean, enfurecido a Ron, traicionado los secretos de Hermione…
Y haber sentido… algo… al ver la expresión en el rostro de Harry.
Harry.
Cerró los ojos e intento con fuerza no pensar en… él… de esa manera. Sólo habían sido algunos restos emocionales, trató de convencerse a sí misma, algunos sentimientos sobrantes de años y años atrás, cuándo todavía era una niña pequeña con un tonto enamoramiento y Harry era el famoso Niño Que Vivió quién arriesgó su vida al bajar a la Cámara de los Secretos y salvarla de cierto…
Claramente iba a tener que intentarlo con más fuerza, se dio cuenta, mientras finalmente se arrastraba para salir de la cama y enfrentar el día.
Dean era fácil, afortunadamente. Una gran sonrisa y un buen beso y él estaba convencido de que ella había dormido lo que sea que la estuviera molestando. A decir verdad, Dean pensaba que habían tenido suerte, Ron ignorándolos fríamente parecía un precio muy bajo a pagar por haber sido "atrapados en el acto", como él lo ponía. –No creo que yo estaría muy dispuesto a encontrarme a mi hermana besando a uno de mis mejores amigos, –dijo Dean en el desayuno mientras Ron pasaba delante de los dos, sin hablar con ellos deliberadamente. –Francamente, es lo menos que nos merecemos.
El problema era que, parecía que Ron le estaba dando su lado más frío a Hermione también, y ella parecía completamente desconcertada por su comportamiento. Mientras Ron se precipitaba fuera del Comedor y Hermione apresurándose a seguir su paso, Harry los siguió desde atrás, pareciendo totalmente como el chico cuyos mejores amigos no se hablaban entre sí, otra vez. Mientras pasaba, miró arriba, encontrando la mirada de Ginny, la cuál admitidamente había estado concentrada en él. Ella sonrió y le hizo un pequeño saludo con la mano, pero él sólo dio una leve inclinación de cabeza hacia ella, rápidamente bajando su ojos y apresurándose tras sus dos mejores amigos.
Genial, frunció el ceño para sí misma. Malditamente genial.
Ginny caminó en una niebla por el resto del día. No es nada, se repetía una y otra y otra vez. No es nada. Estás más allá de eso. Tienes un novio encantador, y no eres una niña, y de todas maneras Harry no está interesado en ti de esa forma incluso si tú estuvieras interesada en él, lo cual no estás. Eres su amiga, y la hermana pequeña de su mejor amigo. Se estaba concentrando con tanta fuerza en convencerse a sí misma de esto que quemó un agujero a través del fondo de su caldero en Pociones, el cual Slughorn arregló con una carcajada y un guiño, y fue regañada por McGonagall dos veces en Transformaciones. –Señorita Weasley, ya le he pedido una vez, ¡ponga atención! ¡La señorita Lovegood ya ha desvanecido el caparazón de su caracol, y el suyo sólo se ha desvanecido por un lado de su escritorio!
–Lo siento, profesora, –dijo Ginny, rápidamente inclinándose y recogiendo su caracol fugitivo.
–Si lo he visto una vez lo he visto cien veces, –murmuró McGonagall mientras se alejaba. –Una estudiante perfectamente competente llevada a la distracción absoluta por tontas chucherías y poemas de amor…
–¡No estoy enamorada de él! –soltó Ginny.
Risitas y murmullos llenaron el salón de clases. Ginny sintió su rostro ponerse rojo mientras McGonagall se volvía hacia ella, la comisura de su boca muy ligeramente hacia arriba. –En ese caso, –respondió, –Espero que usted y el señor Thomas hagan menos espectáculo en la mesa del desayuno.
Con eso, toda la clase estalló en carcajadas. Ginny nunca se hubiera imaginado de que estaría tan agradecida de tener un caracol frente a ella en el cual poner toda su atención. –¿Estabas hablando de Dean? –susurró Luna, pero Ginny la ignoró. "Evanesco", murmuró, dándole golpecitos al caracol con su varita, preguntándose vagamente si podría ser capaz de utilizar el mismo hechizo en sí misma.
Para el final del día estaba completamente exhausta. Se sentó en la Sala Común de Gryffindor con Dean, Seamus, Parvati, y Lavender, sin realmente prestar atención a la conversación. Al otro lado de la sala, Harry, Ron, y Hermione estaban haciendo sus deberes; Ginny miró mientras Hermione le hacía a Ron un pregunta tentativamente, sólo para que él levantara descaradamente y deliberadamente un pergamino entre los dos, bloqueándola de su vista. –¡Está bien! –gritó Hermione, llamando la atención de la sala. –Hazme un favor, si no es mucha molestia, Ronald. Mañana, ¡a ver si recuerdas como ser un humano civilizado! –Y con eso, se fue enfurecida al dormitorio de las chicas.
El silencio colgó con inquietud en la sala. Ron golpeó su propio libro en la mesa, y se dirigió al dormitorio de chicos. –¡Ocúpate de tus propios asuntos! –le ladró a un grupo de primer año que lo habían estado mirando… y después ya se había ido.
–Entiendo por qué está enojado con nosotros, –dijo Dean con asombro. –¿Pero qué hizo Hermione?
Lavender se inclinó hacia delante con entusiasmo. –¿Él y Hermione tuvieron una pelea, Ginny?
Ginny estaba mirando dónde su hermano y amiga habían estado sentados sólo momentos antes; convenientemente, Harry todavía estaba ahí. Él levantó la vista y la vio mirándolo; otra vez, ella sonrió, y otra vez, sus ojos se abrieron y rápidamente él miró de nuevo a su trabajo mientras el humor en la sala regresaba a la normalidad.
–¡Ginny! –estaba diciendo Lavender. –¿Se pelearon?
Ginny sólo negó con la cabeza y se puso de pie. –Me voy a la cama, también, –dijo. –Ha sido un día muy largo. –Y con eso, se dio la vuelta y subió a su propio dormitorio. Mañana, tal vez, las cosas se pondrían mejor, y ella no estaría tan distraída.
Lo estaba, por supuesto. Las cosas no mejoraron el día siguiente, tampoco, o el día después del siguiente. Ron todavía estaba ignorando a Hermione, y todavía estaba enojado con Ginny y Dean; Ginny, por su parte, apenas se atrevía a hablar con Hermione también, tan culpable se sentía por decirle a Ron sobre Hermione y Krum. Dean, bendito sea, parecía no darse cuenta de todo lo que estaba pasando.
Lo peor de todo, Harry todavía estaba avergonzado o disgustado o lo que sea que estuviera sobre el incidente de atraparlos-a-ella-y-Dean-besándose-como-peces-a-punto-de-morir, que apenas podía verla a la cara. Cada vez que pensaba en ello, lo cual era mucho más a menudo de lo que realmente quería, absolutamente quería patearse a sí misma por no haberse dado cuenta que POR SUPUESTO Harry y Ron tomarían ese pasadizo secreto. Aparte de Fred y George, ¿quién conocía los pasadizos en el castillo mejor que Harry, Ron, y Hermione? ¿Por qué había dejado que su estúpido novio la arrastrara a ese pasadizo cuando ella debió haber sabido, DEBIÓ HABER SABIDO, que Harry estaría ahí momentáneamente? ¿y POR QUÉ LE IMPORTABA TANTO?
Podría decirte eso, querida, pero tú simplemente no me escucharías…
No sabía que le disgustaba más de la voz en su cabeza: el hecho de que aparecía cuando menos lo deseaba, o el hecho de que estaba empezando a sonar más y más como el retrato de la Señora Gorda que cuidaba la Torre de Gryffindor.
Y la consecuencia en la que Ginny ni siquiera pensó fue en cómo todo este asunto podría afectar el partido de Quidditch del sábado. Por lo menos, no pensó en ello hasta la práctica de la noche antes del partido, donde Ron, todavía furioso con el mundo entero aparentemente, gritó y bramó a todos en el equipo, reduciendo a Demelza hasta las lagrimas y casi metiéndose en una pelea con Peakes. Harry los separó justo a tiempo, ya que Ginny estaba a punto de meterse en un montón de problemas por hechizar a su hermano ahí mismo en el terreno de juego.
Mientras Harry se quedaba atrás para darle a Ron una charla de ánimos, el resto del equipo caminó de vuelta hacia la Torre de Gryffindor, sin entusiasmo. –No lo escuches, –Ginny le dijo a Demelza, quien seguía sollozando. –Escucha a Harry; él dijo que jugaste bien esta noche y lo hiciste. –Demelza sonrió y asintió, pero sus ojos todavía seguían rojos.
–¡Estuviste genial, Demelza! –dijo Peakes con firmeza, sus ojos radiantes hacia ella, claramente llevando una antorcha. A pesar de todo, Ginny tuvo que sonreír. –Ginny tiene razón; ¡no escuches a ese idiota! –Luego con un jadeo, miró a Ginny. –¡Lo siento! Olvidé que es tu hermano.
Aunque Ginny le hizo un gesto sin importancia. –Nunca culparé a un hombre por decir la verdad.
–Y gracias, Jimmy, –dijo Demelza tímidamente, –por defenderme. Fue… fue lindo. –Peakes se sonrojó furiosamente, y Coote lo miró con una sonrisa.
–Honestamente, no hubiera resultado bien para Ron, –dijo Coote. –Primera regla del Quidditch: no te metas en una pelea con el chico con el bate.
–Sí, –coincidió Dean. –Si vas a pelear en el Quidditch, ve por el Buscador primero. Suelen ser los jugadores más pequeños en el equipo, y con menos probabilidades de saber pelear.
–Claro que, en nuestro equipo, –recordó Ginny despreocupadamente, –eso significa meterse en una pelea con Harry Potter.
Todos rieron. –Cierto, –murmuró Dean. –Tal vez empezar con el Guardián, entonces. –Pero Ginny no estaba escuchando. Estaba maldiciéndose a sí misma por dentro, tratando de detener el cosquilleo de vértigo que había empezado en su estomago cuando había dicho las palabras "Harry Potter".
Para cuando el equipo alcanzó el corredor del segundo piso, Dean y Ginny habían vuelto a quedarse atrás de los otros. Delante de ellos, Ginny notó que Peakes ahora estaba sosteniendo la mano de Demelza. –¿No es eso adorable? –le dijo a Dean, apuntándolos.
–Sí… sí, seguro, –dijo Dean distraídamente. Ginny lo miró con curiosidad mientras él disminuía su velocidad, esperando a que los demás se adelantaran aún más, y a medida que se alejaban casualmente se acercó al tapiz que escondía el infame pasadizo secreto de hace unos días y, tirándolo hacia arriba, miró a Ginny con una sonrisa.
–¿Estás bromeando? –preguntó Ginny con incredulidad. –Ron y Harry… –cosquilleo –probablemente están justo detrás de nosotros.
–Oh, cierto, –dijo Dean, bajando el tapiz. –Supongo que no queremos a Ron, uh, atrapándonos una segunda vez ¿verdad?
–Sí, –dijo Ginny mecánicamente. –Ron. Ese es el problema. –Se dio la vuelta y comenzó a caminar con rapidez tras los otros. De pronto encontró la idea de estar a solas en los corredores con Dean bastante… desagradable, y estaba furiosa consigo misma por sentirse de esa manera.
Si Dean se dio cuenta, no lo demostró. –Hay otros pasadizos secretos, sabes, –sugirió con ilusión mientras se apresuraba para mantenerse al paso de su novia.
Ginny no rompió el ritmo. –Dean, tenemos un gran partido mañana, y estoy exhausta, –dijo. –Sólo vamos a la Sala Común ¿de acuerdo?
–Claro, –murmuró Dean, metiendo las manos en sus bolsillos. –De acuerdo. –Caminaron el resto del camino a la Sala Común en silencio, y una vez allí se sentaron con el equipo el resto de la noche, cada uno de ellos quejándose de Ron en turnos. Si ella hubiera estado escuchando, y si no hubiera estado tan molesta con Ron, Ginny tal vez podría haberse ofendido, pero incluso tratando como lo hacía su mente seguía divagando, y después de la tercera vez en que Dean tuvo que darle un pequeño codazo para que respondiera una pregunta que ella simplemente no había escuchado a alguien preguntarle, se excusó y se fue a la cama, suplicando agotamiento otra vez.
Durmió profundamente esa noche, plagada de sueños de Ron persiguiéndola con un bate de Bateador y Harry mirando con disgusto, mientras Demelza y Peakes seguían escapándose para esconderse detrás de un tapiz. Dean, sorprendentemente, no hizo acto de presencia. Cuando despertó temprano la mañana siguiente, decidió que casi prefería sus pesadillas regulares a ese pedazo de tonterías, incluso con la reciente adición de un Fawkes llorando al que todavía no podía encontrarle sentido. Sin hambre y todavía en la misma niebla en la que había estado desde que Harry y Ron los habían sorprendido a ella y Dean, Ginny vagó sin rumbo por los pasillos del castillo en lugar de dirigirse al desayuno. Perdida en sus pensamientos, regañándose a sí misma por no sólo estar tan preocupada por una cosa tan estúpida, sino también por haber sido incapaz de mantener una conversación normal con Harry desde lo que había sucedido, perdió la noción del tiempo y no se dio cuenta de donde estaba hasta que levantó la vista al tapiz más cercano, y sus ojos se encontraron con los de Bárnabas el Chiflado, siempre intentando enseñar a los Trolls cómo bailar.
Eso significaba… que estaba afuera de la Sala de los Menesteres, la cual estaba en el séptimo piso… lo cual era lo más lejos del campo de Quidditch que podrías llegar sin subir a la Torre de Astronomía. Ginny se maldijo; había estado tan absorta en su propio pequeño mundo que no se había dado cuenta que el partido iba a comenzar pronto. Afortunadamente, conocía todos los atajos del castillos. Corrió por el pasillo hacia una escalera que estaba escondida detrás de una armadura, y cuando dobló la esquina chocó contra Draco Malfoy.
Se tambaleó hacia atrás, al igual que Malfoy, pero Ginny todavía podía pensar con claridad suficiente para sacar su varita. Él hizo lo mismo, también. –¿Qué estás haciendo aquí? –ambos exigieron.
Ginny respondió primero. –Dirigiéndome al partido, –contestó.
–Curioso, no recuerdo que la Torre de Gryffindor esté aquí, –se burló Draco.
–¿Es de tu incumbencia si doy un paseo? –respondió Ginny. –¿Qué me dices de ti? El campo no es por este camino, sabes.
–No voy a jugar; por suerte para ti, –dijo Malfoy con el ceño fruncido.
–¿No vas a jugar? –preguntó Ginny, sus ojos abriéndose en genuina sorpresa. –¿Por qué no? ¿Quién está jugando de Buscador?
–Estoy enfermo, no es que sea de tu incumbencia. –Ginny lo miró con atención. Ahora que lo mencionaba, realmente se veía más pálido y demacrado, e incluso más delgado de lo habitual. Malfoy continuó, –Harper está jugando en mi lugar.
–¿Harper? –Ginny sonrió; de repente las posibilidades de Gryffindor habían mejorado exponencialmente. –Pero Harper es un idiota.
–Yo no diría nombres si fuera tú, traidora a la sangre, –dijo Malfoy amenazadoramente, pero Ginny simplemente resopló con desdén.
–Claro, –le escupió. –Como si yo pudiera asustarme de alguien como tú, Malfoy, un aspirante a Mortífago de tercera.
El rostro de Malfoy se puso rojo, y levantó su varita aún más alto; Ginny levantó la suya en respuesta. –¡No sabes con quién te estás metiendo, Comadreja! –siseó Malfoy.
–Estoy aterrada, –respondió Ginny. –En serio. –Entonces se dio cuenta por primera vez que, escondiéndose detrás de Draco, estaba una chica de Slytherin de primer año. –¿Quién es esa, Malfoy? –preguntó Ginny. –¿Tu nueva novia?
Como si la noción de que había otra persona en el pasillo lo hubiera sacudido de vuelta a sus sentidos, Draco bajó su varita. –Tal vez lo es, –dijo, una sonrisa repugnante cruzando sus labios. –Podría ser peor. Podría estar perdidamente enamorado de Harry Potter.
Fue el turno de Ginny de ponerse roja. Encontró la mirada de Malfoy, su varita todavía levantada, rehusándose a ser quien rompiera la conexión. Él sostuvo su sonrisa aduladora por sólo un momento más, y luego se separó, pasando junto a ella y deslizándose por el pasillo, la chica pequeña siguiéndolo tan rápido como sus cortas piernas podían llevarla. –¿A dónde vas? –demandó Ginny, dándose la vuelta y siguiéndolo con su varita.
–¿No escuchas? Estoy enfermo. Voy a la enfermería. –Se dio la vuelta para mirarla. –Vaisey no va a jugar tampoco. Una Bludger lo golpeó en la cabeza en la práctica de ayer. Todavía está adolorido. Parece que Gryffindor consigue un regalo hoy… si ese hermano perdedor tuyo puede realmente detener un gol o dos. –Con eso, se fue doblando la esquina, la chica con él. Por un momento, Ginny estuvo tentada a seguirlo, pero tomando nota de la altura del sol en el cielo a través de la ventana, se dio cuenta de que a este ritmo realmente podría perderse el silbatazo, y corrió hacia el pasadizo secreto más cercano.
Ginny rompió a través de los niveles más bajos del castillo, su mente dando vueltas. Malfoy estaba en el séptimo piso… dirigiéndose a la enfermería en el tercer piso… viniendo, presumiblemente, de la mazmorra de Slytherin… algo no tenía sentido… pero, racionalizó, la disposición de Hogwarts no era famosa por su orden y lógica, y las cosas tendían a moverse un poco, sobre todo los fines de semana, y había un pasadizo en el séptimo que te llevaría hasta el tercero, no muy lejos de la enfermería… y Malfoy DE VERDAD parecía enfermo…
Sus sospechas duraron hasta que corrió fuera del castillo y al aire fresco, lo que sirvió para conducir rápidamente sus pensamientos lejos de Malfoy y al partido a punto de empezar. Las condiciones apacibles, la fresca pero no desagradable brisa, el cielo azul claro sin el estorbo de las nubes… en breves palabras, las condiciones perfectas para el Quidditch, y tradicionalmente Slytherin jugaba mejor en condiciones adversas, no las ideales. Y si lo que Malfoy había dicho era verdad sobre él y Vaisey no jugando…
Mientras Ginny se metía a la estructura debajo de las gradas que albergaba los vestidores del equipo, comprobó las alineaciones de los equipos que Madame Hooch publicaba antes de cada juego, y he ahí, los nombres de Malfoy y Vaisey estaban tachados. El ánimo de Ginny aumentó considerablemente; ¡esto combinado con el clima eran increíbles golpes de suerte para Gryffindor! Corrió el resto del camino a los vestuarios, sus preguntas sobre Malfoy estando en el séptimo piso casi olvidadas junto a la emoción del Quidditch.
Al final resultó que, no llegaba tarde; de hecho, el único otro miembro del equipo en el vestuario era Demelza; aunque Harry y Ron llegaron poco después de que las dos chicas se habían cambiado a sus uniformes.
–Las condiciones parecen ideales, –le dijo a Harry con una sonrisa, ignorando a Ron (un acto que había decidido que sería mutuo entre ellos hasta que él sacara su cabeza de su…). –¿Y adivina qué? Ese Cazador de Slytherin Vaisey, lo golpeó una Bludger en la cabeza ayer durante su entrenamiento, ¡y está muy adolorido para jugar! E incluso mejor que eso, ¡Malfoy se ha dado de baja por enfermedad!
–¿Qué? –dijo Harry, dándose la vuelta de su locker donde había estado acomodando sus cosas. –¿Está enfermo? ¿Qué pasa con él?
–Ni idea, –dijo Ginny encogiéndose de hombros, –pero es genial para nosotros. Están poniendo a Harper en su lugar; es de mi año y es un idiota.
Ginny se volvió a su propio locker mientras Harry y Ron se amontonaban en torno a los suyos. Se dio cuenta de que, tan corto como había sido ese intercambio, había sido la primera vez que Ginny y Harry habían tenido algún tipo de conversación desde… bueno, desde entonces. Con un suspiro de alivio, se atrevió a tener la esperanza de que tal vez había superado cualquiera sea la tontería que había caído sobre ella en los últimos días, y la relación entre ella y Harry, al fin, podría volver a la normalidad.
Finalmente, todo el equipo estaba reunido, y a la palabra de Madame Hooch, entraron al campo y a los bulliciosos aplausos de aquellos en las secciones de Gryffindor, Hufflepuff, y Ravenclaw. Mientras Harry estrechaba la mano con el nuevo capitán de Slytherin, Ginny se volvió a Demelza y Dean. –¿Todos listos, entonces? –preguntó. Demelza le dio una breve inclinación de cabeza; el agarre en su escoba estaba poniendo sus nudillos blancos, pero su rostro estaba listo y determinado. Dean, por el otro lado, estaba rebotando y sonriendo, lleno de energía nerviosa, el agarre en su escoba casi peligrosamente suelto. –Concéntrate, –le dijo en voz baja. –No pierdas la concentración ahí arriba.
Dean asintió y apretó su agarre. –¿Un beso de buena suerte? –preguntó, inclinándose. Ginny giró la cabeza y le ofreció su mejilla, Dean dejo un breve y ligeramente decepcionado beso allí, y luego el silbato sonó ¡y arrancaron!
La verdad era que el Quidditch no era un juego para todos. Era un juego físicamente agotador, y los partidos a veces podían durar horas. Muchos magos y brujas daban el deporte por sentado, y no se daban cuenta de lo difícil que era, balanceándose a gran velocidad y haciendo giros cerrados en escobas, giros que la mayoría de las escobas no estaban diseñadas para hacer… siendo agredidos por las Bludgers, implacables en su persecución, nunca cansándose… y por supuesto, poniéndolo simple, la altura en la que se jugaba. La mayoría ni siquiera ponía eso como factor en la ecuación hasta que estaban arriba en su escoba, Quaffle y Bludgers y Snitch todas volando alrededor de sus cabezas. Muchos de los más talentosos magos y brujas en el mundo no podrían haber jugado un partido decente de Quidditch ni aunque sus vidas dependieran de ello, ni querrían.
Ginny no era uno de esos magos y brujas.
Todos los desafíos del deporte, todos y cada uno de ellos, los impactos con las Bludgers, tratando de mantenerte tres movimientos por delante de la Quaffle, la estructura fuera de balance para anotar, las alturas… amaba todo ello. Amaba el viento en sus ojos, la explosión de velocidad antes de intentar un tiro a gol, los finales abruptos cuando la Snitch era atrapada segundos después de que empezara el partido.
Lo único que no le gustaba sobre el Quidditch, en realidad, era entrenar por tanto tiempo y tan duro, y tener tan pocos partidos reales durante todo el año escolar, porque lo que ella más amaba del Quidditch eran esos partidos. Había un borde diferente en un partido, un nivel diferente en el que sentía a su conciencia elevarse en comparación con simplemente participar en un entrenamiento o una simulación. No lo había sabido hasta hace poco, pero ese borde tenía un nombre, y era "la zona".
Sólo había estado consciente de ella en la periferia, de la posibilidad de caer en la zona y desconectarse de todo excepto el juego, hasta que había conocido a Gwenog Jones en la última reunión del Club de Slug. Gwenog le había dicho que, sí, ella experimentaba lo que Ginny estaba describiendo, y caer en la zona no sólo era común entre los jugadores profesionales de Quidditch pero casi esencial, considerando la velocidad y la intensidad con las cuales estos profesionales jugaban el partido. Lo que más había sorprendido a Ginny fue que Gwenog le había dicho que la zona no tenía nada que ver con magia, y que muchos atletas Muggles que se desempeñaban en niveles altos también hablaban de ella. Ginny le había dicho a la jugadora profesional que nadie más en los otros equipos de estudiantes parecían entender de qué estaba hablando cuando ella se los describía, así que había dejado de describirlo. Gwenog simplemente sonrió y asintió, y dijo: –Cuando era una estudiante en Hogwarts, encontré lo mismo siendo verdad. Tal vez debería venir a verte jugar alguna vez.
En los días previos al partido, Ginny se había preguntado si Gwenog estaría ahí. Ahora que el partido estaba en marcha, era la cosa más alejada de su mente. Ella estaba en la zona.
No había obtenido la Quaffle al liberarse, y se maldijo a sí misma violentamente por ello. Estaba casi segura que uno de los Slytherin había arrancado una fracción de segundo antes, pero conocer las tendencias de tu oponente era parte del juego, y los Slytherin ciertamente tenían una tendencia a hacer trampa, así que no había una excusa para no estar preparada para ello. Mientras los Cazadores de Gryffindor empezaban su persecución y los Slytherin interferían, los Guardianes volaban en los extremos del campo, los Bateadores rodeaban las Bludgers con cautela, y los Buscadores se elevaban en el aire. Harry subió a su altura habitual, que era absurdamente alta para un Buscador, pero cuando podías acelerar con la precisión de Harry, Ginny sabía que era una gran ventaja. Mientras los primeros movimientos del partido tomaban lugar a través de su consciencia, desarrollándose en su mente como una flor que se abre a gran velocidad, su mente comenzó a trazar lo que potencialmente podría ocurrir en los próximos diez, veinte, o treinta momentos en el juego.
En el fondo de su mente, una muy desagradable voz hizo intrusión momentáneamente: –Bueno, ahí van, y creo que todos estamos sorprendidos de ver el equipo que Potter reunió este año… –Ginny simplemente no podía creer que McGonagall hubiera permitido a alguien tan absolutamente irritante como Zacharias Smith reemplazara a Lee Jordan como el narrador de Quidditch. Mientras Smith comenzaba a parlotear de alguna tontería sobre Harry escogiendo a Ron como Guardián debido a su amistad, Ginny lo desconectó de su mente, haciendo una nota mental de echarle un maleficio después.
Los Cazadores de Slytherin estaban pasando la Quaffle furiosamente, en busca de alguna oportunidad de gol que los Gryffindor se negaban a darles. Demelza casi la arrebató de vuelta a Gryffindor en un mal lanzamiento, pero luego una Bludger muy bien dirigida frenó a Dean de su ruta defensiva y le dio al capitán de Slytherin, Urquhart, un claro camino a gol. Haciendo una mueca, Ginny aceleró hacia él, pero incluso mientras lo hacía sabía que no llegaría a tiempo. Urquhart se dirigía a Ron, cortó a la derecha, cortó a la izquierda, e hizo el lanzamiento… y Ron hizo que pareciera fácil, agarrando el disparo casualmente con una mano.
El contingente de rojo y oro de la multitud rugió mientras Ron levantaba la pelota en alto, arrojándola campo abajo hacia su hermana. Atrapándola, Ginny se giró hacia el lado del campo de Slytherin para un renovado rugido de la multitud, Demelza y Dean flanqueándola a cada lado en una "V" voladora. Ginny se permitió un rápido, –¡No fue tu culpa! –a Dean, su rostro claramente mostrando que estaba enojado consigo mismo por dejar caer la ruta defensiva que le había permitido a Urquhart su apertura.
En ese momento, Harry se lanzó en medio de ellos, dispersando a los Cazadores de Slytherin; Ginny podía darse cuenta de inmediato que estaba buscando la Snitch o estaba fingiendo un avistamiento, pero en realidad no la había visto. Su acción, sin embargo, fue suficiente para confundir a Crabbe y Goyle. Manejando sus usuales posiciones de Bateadores, y frenéticamente apuntaron las Bludgers a Harry, dándole a Ginny y a sus camaradas la apertura de fracción de segundo que necesitaban para acelerar campo abajo, pasándose la Quaffle entre ellos. Llegaron en espiral hacia Bletchley, el pobre Cazador de Slytherin, quien estaba ahora tratando de bloquear tres direcciones a la vez. Cuando llegaron al punto de no retorno, era Ginny quien tenía la posesión de la Quaffle, y con un simple tirón de la muñeca la lanzó sobre el hombro de Bletchey y a través del aro. –Ese es uno, –murmuró a sí misma mientras la multitud aplaudía su aprobación.
Media hora dentro del partido, el marcador era de sesenta a cero a favor de Gryffindor, y Zacharias Smith había dejado de criticar a los hermanos Weasley desde hace mucho tiempo. Claramente lo que sea que Harry le había dicho a Ron había funcionado, porque su hermano había sido impecable como Guardián, y Ginny… bueno, tenía cuarenta de los sesenta puntos de Gryffindor a su favor, pero estaba molesta consigo misma de todas maneras por perder otros dos goles; bien podría haber marcado los sesenta para ahora, en su estimación debió haberlo hecho. Se presionó a sí misma con más fuerza, y en los siguientes diez minutos había anotado dos veces más, con Dean y Demelza anotando uno cada quien, llevando el puntaje cien a cero a favor de Gryffindor. Ron había continuado haciendo parada tras parada, y su confianza estaba rebosando al punto donde había conducido a la multitud en un coro entusiasta de "Weasley es nuestro Rey", lo cual era bastante desagradable de su parte, pensó Ginny, haciendo una nota mental de echarle un maleficio más tarde también.
Ron acababa de hacer otra parada y arrojó la Quaffle de vuelta a Ginny cuando escuchó a Dean, Peakes y Coote gritar en protesta. Mirando arriba, vio a Harper acelerando hacia arriba y lejos de Harry, que estaba corrigiendo su dirección, claramente habiendo sido embestido por el Buscador de Slytherin. Harry lo siguió, aparentemente decidido a embestirlo de vuelta, pero Ginny ya estaba acelerando hacia ellos con la Quaffle en mano, porque vio algo que Harry parecía no haber visto: Harper había visto la Snitch.
Fracciones de segundos después, Harry se inclinó sobre su escoba; ahora la había visto. Aun así, Harper estaba por delante de él, acercándose a la pequeña pelota dorada rápidamente; tan rápido como era, Harry nunca lo alcanzaría a tiempo. Si Ginny pudiera llegar al rango, quizás lanzar la Quaffle a Harper… sería penalizada por una falta, pero el partido continuaría… tan pronto como el pensamiento nació, sin embargo, lo dejó morir, ya que estaba claro que ella, también, no lo alcanzaría a tiempo. Desesperadamente urgió su escoba hacia delante, empujándola a sus limites.
Y entonces, justo cuando los dedos de Harper estaban a momentos de la victoria, Harry le gritó algo, algo que ella no pudo distinguir. Lo que sea que fuera, sin embargo, funcionó, ya que Harper se volvió con sorpresa (¡que idiota!) e inmediatamente sobrevoló la Snitch. Harry, sin embargo, no lo hizo, y con un movimiento de su brazo, arrebató la pelota del cielo.
La multitud rugió. Harry gritó –¡Sí! –y rápidamente dio media vuelta, dando espirales hacia el suelo entre los aplausos de los estudiantes, menos Slytherin.
El impulso de Ginny la llevó por encima de él, y mientras daba un giro más perezoso, voló más allá de un Harper estupefacto. –Apuesto a que ahora desearías que Malfoy hubiera jugado, –le dijo, ganándose una fea mirada a cambio. Con una sonrisa, dirigió su escoba hacia abajo… pero no hacia el equipo de Gryffindor celebrando su victoria. En cambio, apuntó su escoba hacia el podio del comentarista, donde Smith estaba hablando sobre una "clara técnica ilegal de distracción hecha por el capitán de Gryffindor Harry Potter". No la vio hasta que ella estaba casi encima de él, momento en el que sus ojos se agrandaron y su rostro se puso blanco, su mandíbula abriéndose a media sentencia mientras Ginny giraba la cola de su escoba, golpeando el podio en un deslizamiento de fuerte poder, tomando la peor parte del impacto con la resistente paja de la escoba y sus espinilleras.
Ginny saltó ágilmente mientras toda la estructura colapsaba, alejando su escoba mientras Smith estaba cubierto de madera destrozada y astillada. –¡Señorita Weasley! –regañó la Profesora McGonagall, corriendo hacia delante. –Señorita Weasley, ¿qué…? ¿Qué en el nombre de…? ¿Qué intentaba…?
–Se me olvidó frenar, Profesora, lo siento, –respondió rápidamente, corriendo hacia el resto de sus compañeros de equipo. Mirando sobre su hombro, estaba casi segura de que vio a la Jefa de la Casa Gryffindor luchando contra una sonrisa mientras agitaba su varita y limpiaba la madera rota de un pulverizado Smith. Regresando con el equipo, Ginny se lanzó a los brazos de un Dean que se acercaba.
Sólo que no era Dean. Era Harry.
Se apartó rápidamente, pero no lo suficientemente rápido. Su cabeza daba vueltas. El resto del mundo estaba bloqueado, y no tenía nada que ver con "la zona". Levantó sus ojos para mirarlo… pero él ya se había dado la vuelta y estaba dando palmadas en la espalda de Ron. Se quedó por un momento en un estado de estupor, el partido olvidado, la celebración desvaneciéndose, su cerebro haciendo corto circuito, preguntándose por qué Harry no pudo haberse demorado un poco más con su abrazo…
Pero entonces Dean la estaba abrazando de verdad, y plantando un beso en sus labios. Cayó en piloto automático y le devolvió el beso, una sonrisa cayendo fácilmente en su rostro pero su cerebro todavía sin encender mientras el equipo dejaba el campo brazo en brazo.
De regreso en la Sala Común, Ginny estaba de pie en una esquina con Dean, Parvati, Seamus, y Neville. Arnold sentado felizmente en su hombro y bebiendo lentamente una cerveza de mantequilla. Las mariposas no habían dejado su estomago desde que Harry la había abrazado en el campo, y silenciosamente se maldecía a sí misma cada treinta segundos más o menos. Realmente había pensado que el partido despejaría su cabeza y la sacaría de esa niebla en la que había estado vagando en los últimos días, pero ahora se sentía tan perdida como nunca… y ver a la mitad de las chicas de Gryffindor admirar a Harry no parecía estar ayudando. Era evidente que Harry la abrazó en una simple manera de celebración, ya que era perfectamente aceptable dada su relación tanto en el equipo y como amigos, sólo amigos, nada más, nada más que amigos, sólo amigos…
Por ahora…
–¿Está bien esa cerveza de mantequilla, Gin? –preguntó Dean. –Parece como si hubieras tomado leche podrida.
–En realidad, creo que se ha puesto mala, –dijo Ginny con amargura. –Voy por una nueva.
–Yo podría ir por… –comenzó Dean, pero Ginny rápidamente se apartó de él. Se dirigió a la mesa de bebidas, refunfuñando para sí misma, obligándose a simplemente divertirse y olvidarse de todo… cuando se detuvo en seco, viendo algo que realmente hizo girar su estomago. Ahí en la lejana esquina de la sala, junto a la chimenea, Ron estaba en el proceso de besar vigorosamente a Lavender Brown, y era difícil decir donde sus labios terminaban y donde empezaban los de ella.
–No lo creo, –murmuró. Molestia se levantó en ella en muchos niveles diferentes. En primer lugar, encendió su temperamento que Ron había hecho tal escena sobre su propia demostración publica de afecto hace apenas unos días, y que ciertamente había sido más sutil que esta catástrofe en medio de la Sala Común. En segundo lugar, y más importante, había mantenido la esperanza de que su desafortunado desliz sobre las indiscreciones de Hermione y Krum conducirían a Ron a finalmente hacer un movimiento con Hermione, pero parecía que su hermano cabeza hueca había tomado ese impulso y corrió en la dirección completamente equivocada con él.
Su culpabilidad ascendió, y la empujó hacia abajo. Se rehusaba a que esto fuera totalmente su culpa; después de todo, no era como si Hermione estuviera haciendo avances que Ron ignorara. Honestamente, si a una chica le gustaba un chico por tantos años y no hacía nada al respecto, era sólo culpa suya si…
… pero apresuradamente empujo ese pensamiento también, justo cuando Harry rodeaba a un grupo chicas de cuarto año y estaba frente a ella.
–¿Buscas a Ron? –fue la primera cosa que le vino a la cabeza. –Está allí, el asqueroso hipócrita. –Harry se volvió, y su rostro enrojeció al espectáculo que Ron y Lavender estaban causando en la esquina, aunque Ginny tuvo la clara impresión que era más por vergüenza que por enojo. –Parece que le está comiendo la cara ¿no? –dijo distraídamente, sus ojos repentinamente pegados a la nuca de Harry. –Pero supongo que tiene que perfeccionar su técnica de alguna manera. –Harry se volvió hacia ella, y el verde de sus ojos la sorprendió al punto de darse cuenta de que aun tenía la boca abierta. –Buen juego, Harry, –murmuró, bajando su mirada y dándole a su brazo una palmada torpe. Intentó ignorar el revitalizado cosquilleo de vértigo en su estomago mientras se alejaba de él y se apresuraba hacia la cerveza de mantequilla.
Se quedó en la mesa de bebidas durante unos minutos, luchando por recuperar el control de su cuerpo y sus emociones. De pronto, llegó a una decisión. Agarró una botella fresca y tomó un largo trago. Limpiándose la boca con el dorso de su mano dejó la botella violentamente en la mesa y marchó de nuevo a Dean, tomándolo por el brazo. –Vamos, –gruñó. –Vamos a encontrar un salón desierto.
–Uh… ¿por qué? –preguntó Dean, luciendo confundido.
Ginny se inclinó más cerca hacia él y sonrió con malicia. –Tres oportunidades. –dijo entre dientes. Seamus silbó aprobadoramente mientras Parvati le daba un codazo aunque ella misma estaba sonriendo. Neville, sin embargo, parecía poderosamente avergonzado; Ginny trató de no sentirse mal por eso. Tan enfocada estaba en la tarea en cuestión que apenas registró a Lavender entrar corriendo a la Sala Común mientras ellos salían del hueco del retrato, lo que parecía extraño, ya que la última vez que había revisado Lavender ya estaba DENTRO de la Sala Común, tratando de succionar el rostro de su hermano.
Llevó a Dean por el pasillo, y la sonrisa boba en su cara le dijo que él había adivinado correctamente. Marcharon hacia el salón abierto más cercano, furiosamente sin pensar en Harry, cuando la puerta del salón se abrió y escuchó a Hermione gritar, –¡Oppugno! –Esto fue seguido por lo que sonaba como toda una bandada de pájaros cantando y piando, y lo que parecía ser Ron gritando, –¡Déjenme!
Ginny y Dean se miraron. –¿Qué demonios es eso? –preguntó Dean, pero antes de que ella pudiera aventurar una respuesta, Hermione salió corriendo al pasillo del salón de clases, su cabello más salvaje de lo habitual y lagrimas corriendo por su rostro.
–Dile a Ron que puede tener el salón, –le escupió a Ginny mientras pasaba. –¡Él y esa… esa… cualquiera! –Y con eso, pasó de ellos y se metió al hueco del retrato.
Ginny y Dean se quedaron incómodamente en el pasillo. Finalmente, Dean habló. –Bueno, –dijo tentativamente, –hay otros salones…
Ginny cerró los ojos y suspiró profundamente. –No lo creo, Dean, –dijo.
–Pero…
–No lo creo, –Mantuvo los ojos cerrados. –Voy a volver a la fiesta.
–Pero…
–¡Dean! –Suspiró, y lo miró. Nada. Suspiró de nuevo. –El humor se ha ido, –le dijo con tristeza. Con eso, le dio la espalda, reentrando a la fiesta y rodeándose con Demelza, Natalie, Peakes, y los Creevey. No le habló a Dean el resto de la noche.
Pero más tarde, bien pasada la media noche, se encontró, de nuevo, en el pasillo afuera del baño de Myrtle La Llorona. No entró. Pero esta vez sabía, de alguna manera… que no estaba lista para hacerlo. Sólo necesitaba estar cerca de lo que sea que estuviera dentro esperando por ella. Sólo por un rato. La puerta ya no la asustaba. De hecho, ahora la encontraba casi… reconfortante.
La vida, se dio cuenta, ya no tenía ningún maldito sentido.
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Un mes desde la última actualización. Un mes. No tienen idea de como lo siento. De pronto me encontré ocupada hasta la medula: empecé mis prácticas profesionales, un montón de cursos de publicidad y cosas así, redefinir mi carpeta de trabajo, buscar trabajo, y por si fuera poco decidí estudiar francés. Ha sido el mes que más rápido se me ha pasado en todo el año. (Eso de ser adulto no me va O.o)
Ayer cuando abrí el archivo de este cap apenas tenía algo escrito, y decidí dormirme tarde para terminar la mayor parte (aunque no lo crean traducir toma mucho tiempo). Bueno, por lo pronto, las actualizaciones de los viernes van a seguir y no se preocupen, que este cap no es el de esta semana. De hecho, el siguiente estará listo para este sábado :)
Espero que la espera haya valido la pena, y que todo esté correcto y entendible (especialmente esa parte del Quidditch haha). Por cierto, ¡¿alguien mas no piensa que es completamente extraño que los vestidores sean mixtos?!
Como siempre, muchas gracias por su paciencia, reviews y por quedarse con esta historia. (Te estoy viendo a ti Florfleur)
Espero que estén de maravilla :D
Nos leemos pronto.
