Navidad y sus respectivas vacaciones se acercaban rápidamente. El Gran Comedor había sido decorado con sus doce árboles, puestos a mano por Hagrid como de costumbre, Peeves flotaba alrededor de las aulas vacías cantando canciones festivas y un tanto subidas de tono, las velas eternas habían encontrado su camino a las viseras de las armaduras que alineaban los pasillo, acebo y oropel y muérdago brotaban por todos lados… y los de quinto año se vieron muy presionados para mantenerse al día con el aumento de deberes puestos en ellos por los profesores que intentaban meter hasta el último pedacito de estudio que podían en los últimos días del semestre de otoño.

Junto con las típicas actividades y tumultos de las vacaciones, había una emoción añadida este año: la fiesta de Navidad de Slughorn. Normalmente una fiesta celebrada por un profesor tendría poco interés para la población estudiantil de Hogwarts, pero ya que el venerable Colegio de Magia y Hechicería siempre había sido un poco escaso en el área de las celebraciones formales, menos el Baile de Navidad en el tercer año de Ginny, y dado el rumor zumbando por ahí de que Slughorn estaba esperando que asistieran un montón de personas famosas del Mundo Mágico, el susurro entre los estudiantes en los días previos a la fiesta se volvieron más y más sobre quién había sido invitado y quiénes entre los conocidos famosos de Slughorn asistirían. Esta charla estaba acompañada por un murmullo más privado que cubría los temas de qué deberían hacer aquellos que habían sido invitados y cuál sería la mejor manera de llegar a la fiesta. Más de un estudiante sin invitación había estado investigando la Poción Multijugos y mirando a aquellos con invitación codiciosamente.

Ginny había sido invitada, por supuesto, siendo miembro inaugural del Club de Slug de este año, y ya que se le había permitido un invitado, y ya que estaba en una relación "seria", estaría llevando a Dean con ella. No estaba tan entusiasmada con este prospecto como lo podría haber estado. Las cosas entre ella y Dean se habían vuelto frías desde que ella lo había rechazado (por así decirlo) después de la victoria de Qudditch de Gryffindor, y sus conversaciones se habían vuelto escasas y sin sentido. Ginny se dijo a sí misma que estaba tratando de mantener su relación en terreno sólido, pero entre más lo intentaba más se sentía alejándose. No ayudaba a las cosas, por supuesto, que tenía que luchar contra el impulso de sonrojarse cada vez que hablaba con Harry, y que inexplicablemente se molestaba cada vez que Harry hablaba con una chica que no era Hermione, y que en más de una ocasión se había despertado de un sueño con un sobresalto… pero ya no era Fawkes en sus sueños; más bien, Harry había comenzado a aparecer allí de formas que la hacían muy feliz de que Dean no pudiera leer mentes. Tampoco Ron. Ni Hermione. Ni Harry, en particular.

Así que mientras la mayoría de Hogwarts zumbaba alegremente sobre el semestre llegando a su fin y la fiesta del Club de Slug acercándose, Ginny miró el calendario contando los días hasta esa noche en la oficina de Slughorn con una creciente sensación de temor. Ella y Dean habían hecho un buen trabajo en rodearse de amigos y pretendiendo que no se habían vuelto dolorosamente incómodos el uno con el otro, pero ninguno de esos amigos había sido invitado a la fiesta, y sólo serían Dean y ella, ahí solos… ya no era una situación que ella esperara con ansias.

Claramente, pensó por millonésima vez, soy la verdadera definición de la peor novia que el mundo haya conocido.

Por si fuera poco, entre las chicas solteras de Hogwarts el detalle más emocionante para chismear y debatir con respecto a la fiesta de Slughorn era, ¿a quién invitaría Harry Potter? Cada vez que Ginny escuchaba una nueva teoría de boca en boca sobre… ("–¡Cho Chang! Nunca pudo superarla." "–¡No, una de las gemelas Patil! ¡Son hermosas!" "–Escuché que Pansy Parkinson, sólo para fastidiar a Malfoy." "–No seas absurda; me va a invitar a mí." "–¡Apuesto a que sí, Romilda!")… cada vez que uno de estos nombres eran especulados, particularmente Romilda Vane, Ginny podía sentir su vello ponerse de punta y su estado de ánimo oscurecerse, una reacción que sólo servía para que se enojara consigo misma porque, después de todo, Harry era perfectamente elegible, y libre de llevar a la fiesta a quién sea que él eligiera.

Ella, por otra parte, no lo era.

–A mí me parece, –se quejó con Hermione mientras estaban sentadas en la biblioteca la tarde antes de la fiesta, –que Harry se ha convertido en el soltero más codiciado en Hogwarts prácticamente de la noche a la mañana ¿no lo crees? Diría que se está volviendo demasiado popular para su propio bien. –Hermione asintió. Habían visto la evidencia de esto sólo unos minutos antes mientras salían de la Sala Común, y como una horda de insufribles niñas tontas se reunieron alrededor de Harry antes de que se las arreglara para salir por el agujero del retrato pisándole los talones a Ron y Lavender. –Le he dicho lo mismo, –coincidió Hermione. –Si es entre tú y yo, haría bien en invitar a alguien a la fiesta de Slughorn, y pronto. Me imagino que has escuchado las mismas cosas que yo en el baño de chicas.

–¿Qué? ¿Romilda Vane y sus pequeñas seguidoras hablando sobre darle una poción de amor? –preguntó Ginny con amargura. –Han sacado el tema.

–Si tan sólo invitara a alguien, –dijo Hermione con un suspiro. –Pero conoces a Harry. Indeciso hasta el hueso, y cuando finalmente invite a alguien, será por un impulso repentino y se arrepentirá de inmediato.

–¡Bueno, no podemos permitirlo! –dijo Ginny, un poco demasiado ansiosa. –No podemos dejar que las Romilda Vanes del mundo pongan sus garras en Harry.

–Oh, no lo haré, –le aseguró Hermione. Luego miró a Ginny con curiosidad. –Pero, ¿por qué te importa…?

–Es sólo que no soporto a esa chica, –dijo Ginny a la defensiva, esperando que no se sonrojara y se delatara. –Preferiría que Harry fuera a la fiesta con Snape.

–¿En serio? –respondió Hermione pensativa, los engranajes claramente girando detrás de sus ojos mientras miraba intensamente a Ginny.

Ginny rápidamente se movió para cambiar el tema. –¿No deberías estar preocupada por quién vas a llevar contigo? Algunos de nosotros tienen acompañantes y pueden tomarse el tiempo para preguntarse de los acompañantes de los demás. –Era un argumento injusto, Ginny sabía, pero tan poco entusiasta como lo estaba al respecto, ella de verdad ya tenía a su cita, y simplemente no podía dejar que el tema cayera en su interés en la vida social de Harry.

–Eso es verdad, supongo, –concedió Hermione mientras regresaba de nuevo a su ensayo de Aritmancia que estaba leyendo por tercera vez. –Y la última vez que revisé, tu novio parece tener bastante demanda por sí mismo.

–No recientemente, –corrigió Ginny, y Hermione rió y asintió. Era verdad, Ginny sabía. Dean siempre había atraído su parte de atención de las chicas, y ella había sido el objeto reciente de más de una mirada de envidia en el baño de chicas. Le había dado la bienvenida a tales miradas antes, deleitándose con la irritación que causaba en aquellos que la irritaban… pero ahora parte de ella simplemente deseaba que una de esas celosas murmuradoras siguiera adelante y quitara a Dean de sus manos, dejándola libre para perseguir… otras ocupaciones.

–Entonces, ¿a quién llevarás? –preguntó Ginny a su amiga. Hermione respondió con un suspiro y un encogimiento de hombros.

–No estoy segura, –admitió. –Iba a llevar a Ron, pero… –no tenía que terminar. Ginny sabía de lo que estaba hablando, y para su mucha molestia la culpa sobre la actual situación de Ron y Lavender se asomó por su cabeza, aunque estaba intentando con mucha fuerza de no culparse (completamente) por la miseria que Hermione estaba pasando.

–Lo sé, –la tranquilizó Ginny. –Es un tonto. Sólo lleva a la persona que creas que irritaría más a Ron. Eso le enseñará. Aquí una idea: ¿por qué tú y Harry no van juntos a la fiesta? De esa manera tú tendrás a tu invitado, Harry tendrá una excusa para ignorar a esas otras chicas, y Ron tendrá un ajuste. ¡Perfecto en todo!

Hermione rió pero negó con la cabeza. –No, todos saben que sólo somos amigos.

–No Cho Chang, –murmuró Ginny en voz baja, pero Hermione no la escuchó.

–Si va conmigo, –continuó Hermione, –no va a mantener a esas chicas lejos de él, y realmente no creo que molestaría a Ron. Bueno, tal vez lo haría, –se corrigió. –Pero no lo suficiente. Además, no quisiera molestar a… otras personas… también. –Y en esto, lanzó una mirada significativa en dirección a Ginny.

–¿Qué estás queriendo decir con eso? –demandó Ginny, pero Hermione había empezado a poner sus libros en su mochila, marchándose a Aritmancia.

–¡Nos vemos más tarde, Ginny! –gritó por encima de su hombro mientras dejaba la mesa, y para su molestia Ginny estaba segura que la chica mayor estaba riendo, sólo un poco.

–Tengo novio, sabes. –murmuró Ginny, pero no lo suficientemente alto para que Hermione la escuchara ya que no tenía ninguna confianza en que sonara convincente en lo más mínimo.

El tema de la cita de Harry no salió de nuevo por el resto del día ni tampoco a la mañana siguiente, aunque Ginny estaba segura de que era el tema secreto de conversación entre cada grupo de dos o más chicas que se encontraba susurrando en la sala común, en el Gran Comedor, en los pasillos, o antes de las clases. Parte de esta creencia, se dio cuenta, podría haber sido su propia ardiente imaginación, pero darse cuenta de esta probabilidad no hizo nada para apaciguarla.

Y claro que, la atmosfera del colegio mismo podría haber sido la causante de estos pensamientos. Más que en ningún otro año que pudiera recordar, los estudiantes de Hogwarts de este año parecían estar obsesionados con las citas y el amor y el romance. Todo parecía muy tonto para Ginny, para ser honesta. Todos eran muy jóvenes todavía. ¿Cómo podría alguno de ellos saber o entender realmente lo que era el "amor"?

Tal vez todo estaba en su cabeza. Tal vez era que ahora era mayor y notaba más este tipo de cosas, o tal vez eran sólo las hormonas. O tal vez tenía que ver con el estado del mundo estos días. Oscuridad y guerra en el horizonte ciertamente unían a las personas, se imaginaba. Incluso sus padres se habían conocido en Hogwarts durante la primera guerra y se enamoraron a una edad muy joven, así que tenía que admitir que era muy posible, sin importar lo improbable que ella pensara que podría ser. A decir verdad, si pensaba en ello, comenzó a tener más sentido, ya que prácticamente cada uno de los estudiantes que ella conocía había expresado algún tipo de interés romántico en alguien este año.

Todo el mundo, claro está, excepto por Harry. Si tan sólo él diera alguna señal, cualquier señal, de quién le gustaba, ya que claramente TENÍA que haber alguien, aunque sólo fuera un poquito. Si tan sólo lo hiciera… ¿Y entonces exactamente que harías al respecto? Demandó la pequeña voz en su cabeza. Ginny tenía que admitir que no tenía idea. Y en algún lugar muy profundo, en un rincón de sí misma que se negaba a reconocer, un pequeña pero poderosa parte de ella se moría por saber.

Al día siguiente, el día de la fiesta de Slughorn, Ginny y Colin se apresuraban por el pasillo al salón de McGonagall; la última cosa que necesitaba en el último día de clases era una detención hasta tarde de la Jefa de Gryffindor. Justo cuando estaba a punto de entrar en el salón con unos minutos de sobra, escuchó una voz sonar detrás de ella: –¡Lunática Lovegood!

Ginny se detuvo en la puerta del salón de Transformaciones, dándose la vuelta para ver quién había hecho la ofensiva declaración. No sabía si estaba enojada o feliz de que se tratara de una Romilda Vane que pasaba, hablando animadamente con una de sus seguidoras. Ahora, ¡aquí estaba alguien con quién podía sacar parte de su frustración! –Ven conmigo, –le dijo entre dientes a Colin, y agarrando su brazo empujó hacia atrás a los Gryffindors y Ravenclaws de quinto año que se alineaban para entrar a clase.

–De todas las personas, –Romlida le decía a su amiga que estaba asintiendo con seriedad mientras Ginny y un renuente Colin se acercaban, –de todas las personas a las que pudo haber invitado, invita a Lunática Lovegood. ¿Te imaginas? Quiero decir, ¿puedes imaginártelo?

–¡Romilda! –gritó Ginny. Romilda se dio la vuelta, perpleja. –Vamos a aclarar esto, ya que sólo te lo voy a decir una vez, –dijo Ginny, en una bien practicada voz de tranquila-pero-todavía-mortal, –Su nombre no es Lunática, es…

–Oh, bien, una Weasley, –dijo Romilda, interrumpiéndola. –Ustedes conocen muy bien a Harry ¿verdad?

–Um… –tartamudeó Ginny, con la guardia baja por el repentino cambio de tema. –Er, sí, lo conozco… Quiero decir, lo conocemos, pero sólo vine aquí a decirte que no llames a Luna…

–Entonces tal vez puedas explicarme esto, –continuó la otra chica, y por primera vez Ginny notó que Romilda parecía aún más molesta de lo que ella se sentía. –¿Cómo es que tiene la opción de llevar a cualquier chica del colegio que él quiera a la fiesta de Slughorn, absolutamente cualquier chica, incluyéndome, y de todo el mundo va y le pregunta a Lunática Lovegood?

–Dije que no llames… –Ginny se detuvo. Su cerebro alcanzó a su boca. Su mandíbula cayó. –Espera… ¿qué hizo?

–Invitó a Lunática Lovegood a la fiesta de Slughorn. Dime, ¿el chico está tocado de la cabeza? ¿Realmente ella le gusta?

–¡No! –respondió Ginny, un poco más rápido y fuerte de la que era realmente su intención. –¡No, a él no le gusta! Quiero decir, al menos, creo que no…

–Porque no puedo entenderlo, –Romilda olfateó despectivamente. –Podría entender que invitara a esa chica Hermione; son inseparables, en serio, aunque el rumor es que ella está loca por tu hermano, pero supongo que no sabes nada de eso, tampoco. El amor es ciego, supongo. Es sólo que es indignante, simplemente indignante… –Y con eso continuó su camino, quejándose contra este giro inesperado de eventos.

Ginny se quedó congelada en su lugar. ¿Luna? ¿Invitó a Luna? Pero a Harry no le gustaba Luna ¿verdad? Bueno, por supuesto que no, sólo iban a ir como amigos, claramente. Claramente. ¿No es así? Después de todo, Luna era interesante, y muy única, y divertida, y ciertamente bonita muy a su manera… Ginny estaba repentina y dolorosamente consciente de todos sus propios defectos, a la luz de esta nueva información. Era muy pequeña, por supuesto, y su cabello no era lo suficientemente rubio, y no inventaba nuevas e interesante palabras como "nargle" y "torposoplos", y no era lo suficientemente paciente, y nunca ponía su varita detrás de la oreja, y su padre no era el editor de un periódico descaradamente loco, y… y…

–¿Ginny? –Ginny jadeó; había olvidado completamente que Colin estaba allí. –¿Estás bien? –preguntó, mirándola con recelo.

–¿Escuchaste eso? –dijo Ginny, todavía sorprendida. –¿Lo hiciste? Harry invitó a Luna a la fiesta de Slughorn. ¡Luna!

–Lo escuché, –dijo Colin con cautela.

–¡Romilda tiene razón! –continuó Ginny, su voz alzándose. –¿Has visto a todas esas chicas a su alrededor? ¡Él podría haber ido a la fiesta con cualquier chica, cualquier chica en absoluto!

–Bueno, no con las que tienen novio, –señaló Colin.

–¡Cualquier chica! –continuó Ginny, ahora prácticamente gritando, y atrayendo miradas extrañadas de los últimos rezagados que se dirigían al salón de McGonagalll. –Cualquier chica en el colegio ¿y a quién invita? ¿A quién? ¡A Lunática Lovegood, esa es quién!

Hubo una pequeña aspiración de aliento por detrás de Ginny. La mandíbula de Colin cayó y se puso pálido. Ginny no necesitaba tres oportunidades para averiguar quién había llegado a ella por detrás. –Luna, –dijo y se dio la vuelta, haciendo una mueca de vergüenza, –Lo siento, no sabía que estabas ahí, yo…

Pero la vista de su amiga detrás de ella, sus ojos saltones muy abiertos y su varita tristemente caída detrás de su oreja, la silenció. Luna parecía extraña, incluso para Luna. Por primera vez desde que pudiera recordar, Luna parecía herida.

–No entiendo, –dijo Luna en voz baja, sus ojos redondos lagrimeando un poco. –Tú no me llamas Lunática.

–No lo hago, –respondió Ginny apresuradamente. –Fue un accidente. Yo no quise… –Pero con un pequeño resoplido, Luna se movió rápidamente a la puerta del salón de McGonagall. Ginny se apresuró tras ella, pero Luna ya se había sentado junto a una de las compañeras de cuarto de Ginny, quien parecía bastante molesta de encontrar a Lunática Lovegood sentada a su lado.

–Señorita Weasley, señor Creevey, estoy tan contenta de que finalmente hayan decidido unirse a nosotros, –sonó la voz de McGonagall desde el frente del salón de clases. –Siéntense, ¿por favor? Si es que ya han tenido su dosis de chismes del día, por supuesto. –Tímidamente, lo hicieron, y Ginny se sentó juntó a Colin para la clase de Transformaciones más larga que alguna vez haya sufrido.

Luna no miró a Ginny a lo largo de toda la clase, y al final del periodo saltó rápidamente de su asiento y se apresuró hacia la puerta. Ya que Ginny y Colin habían sido forzados a tomar asientos en la parte delantera de la clase, le tomó varios momentos abrirse paso a través de sus compañeros hasta el pasillo, y para entonces Luna ya había desaparecido. No teniendo otra opción, Ginny se dirigió a la parte occidental del castillo y a la Torre de Ravenclaw, pero nunca había estado por ahí antes ni aun cuando salía con Michael, se perdió en el camino un par de veces antes de finalmente encontrar la escalera de espiral en el quinto piso. Caminó con fuerza por la escalera, corriendo tan rápido que casi se estrella contra la puerta de la sala común de Ravenclaw, un gran y sólido bloque de roble, sin bisagras ni remaches, y con sólo una aldaba de bronce en el medio, en la forma de águila.

Ginny vaciló por un momento, y luego extendió la mano para llamar a la puerta. Sus dedos estaban a centímetros de distancia cuando el águila habló en una voz suave, causando que saltara hacia atrás varios centímetros.

–¿Cuál, –dijo el águila, –es el propósito de la vida individual?

Ginny miró sin comprender al ave de bronce por un momento. –Um… ¿qué? –le preguntó, a falta de algo más que decir.

–¿Cuál, –repitió la aldaba, –es el propósito de la vida individual?

El cerebro de Ginny finalmente lo comprendió. –¿Quieres decir que tengo que responder eso? –preguntó. –¿Para pasar por la puerta? Pero yo no quiero pasar por la puerta. Sólo necesito que alguien salga de la puerta. Luna Lovegood. ¿Podrías decirle que estoy aquí?

El águila no respondió. Ginny la miró tontamente, dándose cuenta que así como la Señora Gorda nunca le abriría la Torre de Gryffindor a alguien que no tuviera la contraseña, el águila probablemente no le abriría la puerta a menos que descubriera la respuesta al enigma. –¿El significado de la vida? –dijo Ginny lentamente. –No estás pidiendo demasiado ¿verdad?

Lo pensó por un momento antes de responder. –No lo sé. ¿Felicidad? –Todavía nada. Ya se estaba impacientando. –¿Inteligencia? ¿Amistad? ¿Amor? –Pero el águila no se movió. –¿Luz de sol? –preguntó Ginny, sin esperar siquiera acercarse ahora. –¿Oxigeno? ¿Quidditch? ¿Las cinco principales Excepciones a la Ley de Gamp de Transformación Elemental? ¿La Revolución de Duendes de 1678? ¿Cuarenta y dos? No lo sé ¿o si? ¡tú maldito estúpido pomo de puerta! –Completamente exasperada, sacó su varita y la apuntó directamente al águila. –¡Ahora abre ya, o te hechizaré de vuelta a tu huevo de bronce!

El águila, por decirlo suavemente, no parecía impresionada. –Insoportables Gryffindors, –suspiró, y luego se quedo quieta y en silencio.

–¿Problemas, Ginny?

Ginny se dio la vuelta, sobresaltada. Había comenzado a tener la esperanza de que un Ravenclaw apareciera para ayudarla, pero con su suerte tenían que ser estos dos: su ex, Michael Corner, y su actual novia, Cho Chang, quienes acababan de hablar.

–Oh, no, –respondió Ginny. –Todo está bien. Justamente ya me iba.

Cho le sonrió. Y le pareció a Ginny como una sonrisa excepcionalmente falsa. Michael sólo parecía nervioso. –No parece que sea así. ¿Estás segura de que no hay nada que necesites?

Ginny estaba a punto de asegurarle otra vez que todo estaba bien e irse, pero luego pensó en la expresión en el rostro de Luna después de que escuchara a Ginny llamarle "Lunática" y se dio cuenta de que simplemente tenía que hablar con ella, al demonio el orgullo.

Con un suspiro, Ginny admitió, –En realidad, tal vez podrías ayudarme. Necesito hablar con Luna, pero no puedo abrir la puerta, o que esta cosa, –(con un movimiento de su pulgar, señaló el águila, que gruñó audiblemente en respuesta), –coopere.

Michael dio un paso adelante. –¿Cuál es la pregunta? –preguntó al águila.

Inmediatamente el águila contestó, –¿Cuál es el propósito de la vida individual?

Michael mordió el interior de su mejilla por un momento, claramente perdido en sus pensamientos. En realidad era bastante inteligente, y cuando él y Ginny habían salido siempre estaba listo para un debate filosófico o intelectual. No sabía, sin embargo, ni cerca de lo mucho que creía saber sobre Quidditch.

Claramente, la relación había estado condenada desde el principio.

–El propósito de la vida individual, –comenzó Michael pensativo, –es lo que el individuo en cuestión decide que debe ser, yo pensaría.

–Elocuentemente expresado, –respondió el águila, y sin ninguna otra queja, la gran puerta de madera se abrió silenciosamente.

–Es una pregunta con trampa, –explicó Michael. –Definir el significado de la existencia, en general, es casi imposible. Pero definir el significado de la vida de una persona, de un solo individuo… –Se encogió de hombros. –Bueno, eso es casi demasiado fácil.

–Mis pensamientos exactamente, –dijo Ginny secamente. –¿Cómo estás, Michael?

–Estoy bien, –dijo, su aire nervioso regresando ahora que la conversación se había movido de lo intelectual y de nuevo a lo social. –¿Tú? Te ves… Quiero decir, te ves muy bonit…

–Michael, –Cho lo interrumpió. Ya no sonaba tan simpática, notó Ginny. –¿Por qué no buscas a Luna dentro? Ginny ha estado esperando. –Asintiendo torpemente, Michael le dio una última larga mirada a Ginny, luego se apresuró por la puerta. Cho se volvió para sonreírle a la pelirroja. –Entonces, ¿cómo estás?

–Bien, ¿tú? –murmuró Ginny. La última persona con la que quería quedarse atrapada en un conversación forzada era con Cho Chang. Afortunadamente, parecía que Cho se sentía de la misma manera.

–Así que, oí que Luna va a ir a la fiesta de Slughorn con Harry, –dijo, directo al grano, –¿Es verdad?

–Has oído correctamente, –le dijo Ginny. Cho cruzó los brazos e hizo un sonido de "mmmm" por unos segundos, aparentemente molesta por ese pedazo de información.

–Sabes, –dijo, mirando a Ginny. –Harry y yo salimos una vez.

Ginny apenas reprimió una sonrisa, recordando la historia de Harry sobre esa cita y su debacle. –He oído la leyenda, sí, –respondió, apartando sus ojos y su sonrisa.

Cho continuó en una manera que sugería que estaba hablando más para su propio beneficio que el de Ginny. –Simplemente no sé que ve Harry en Lunática Lovegood, de todas las personas.

–No la llames así, –le espetó Ginny a la otra chica, incluso mientras su rostro se calentaba con su propia vergüenza. –Mira, no es bueno ponerse celosa. No es como si no hubieras tenido tu oportunidad con él. –Su rostro estaba ardiendo ahora, pero sus palabras tuvieron el efecto deseado, ya que repentinamente una perturbada Cho se quedó en silencio, pisando fuerte mientras pasaba por la puerta de la Torre de Ravenclaw justo cuando Luna salía.

–Hola, Cho, –dijo Luna alegremente mientras las dos chicas pasaban, pero Cho ni siquiera la miró. –Está de mejor humor que de costumbre, –observó Luna mientras se acercaba a Ginny.

–Absolutamente detesto a esa chica, –murmuró Ginny, mirando la puerta cerrarse y oscurecer a Cho de su vista.

–Oh, no es tan mala, –observó Luna casualmente. –Siempre y cuando seas muy cuidadosa de nunca, nunca, hablar con ella, es casi bastante tolerable.

Ginny estaba a punto de expresar que estaba de acuerdo, cuando de pronto recordó la razón por la cual estaba en la Torre de Ravenclaw. –Luna, –comenzó, sonrojándose de nuevo, –Lo siento mucho. Nunca debí llamarte Lunática. Nunca lo hago, tú lo sabes, te lo prometo.

Luna sonrió. –Lo sé, –le aseguró la chica rubia. –Realmente no estaba molesta, honestamente. Sólo estaba tratando de "molestarme" para ver que se sentía.

–Uh… ¿qué? –preguntó Ginny. Luna la ignoró.

–Además, no te culpo por ponerte emocional. Es mi culpa. –A esto, Luna tomó la mano de Ginny y la miró directamente a los ojos. –Ginny, puedes confiar en mí: Harry y yo sólo vamos a la fiesta de Slughorn como amigos. –Sostuvo esa mirada por un momento, y luego bajo sus manos, sus ojos y sonrisa volviendo a su usual expresión soñadora. –Sería muy divertido. Pero no iré, si tú prefieres que no lo haga. No quisiera molestarte.

Ginny rió fuertemente, y sonó forzado y poco natural. –¿De qué estás hablando, Luna? ¿Por qué me molestaría? No me molestaría. –Tragó fuertemente. –Yo voy a ir con Dean, –continuó, y eran tan poco placentero de decir como lo era pensarlo. –Te veremos ahí. Nos la pasaremos muy bien.

Luna la estudió. –Sabes, –observó, –por lo general eres mejor mentirosa.

–Mira, Luna, está bien, en serio, –insistió Ginny. –¿Tú quieres ir? ¿Te divertirás?

–Supongo… –dijo Luna cuidadosamente. Parecía muy sincera sobre no querer molestar a Ginny, lo que sólo hizo que Ginny se sintiera peor de lo que ya se sentía.

–Vas a ir, –decidió Ginny con firmeza. –Eso es todo. Vas a ir y vas a pasar un buen rato.

–Pero tú…

–Yo tengo novio, –dijo Ginny, interrumpiéndola. –Tengo novio y él es un chico perfectamente encantador, y todos vamos a ir a la fiesta del viejo Sluggy y pasar un buen rato, tú con Harry y yo con Dean, y eso es lo último que quiero oír del asunto. ¿De acuerdo?

–De acuerdo, –dijo Luna, sonriendo. –Estoy muy contenta de que tú vayas a pasar un buen rato, también. Realmente estoy esperando conocer al vampiro, ¿sabes que uno fue invitado? Nunca he conocido a uno antes. ¿Crees que sea verdad que brillan a la luz del sol?

–¿Qué? –preguntó Ginny con incredulidad. –Por supuesto que no. Los vampiros no brillan. ¿Estaba eso en el Quisquilloso?

–No, –respondió Luna. –Lo leí en una publicación de mucha menos reputación.

–Yo diría que sí, –dijo Ginny. –Vampiros que brillan, honestamente. ¿Quién se inventa tal tontería?

–Oh, no creo que realmente importe, –le aseguró Luna, sonriendo alegremente. –Será mejor que vaya a arreglarme.

–¿No vas a bajar a la cena? –preguntó Ginny.

–No, –fue la respuesta de Luna. –Tengo que ponerle lentejuelas a mi ropa. ¡Nos vemos más tarde! ¡Pregunta, por favor!

Esto último fue dirigido al águila en la puerta, que inmediatamente preguntó, –¿Cuál es el propósito de la vida individual?

–¿Quién es vida? –preguntó Luna en respuesta.

–Buena pregunta, –dijo el águila, y la puerta se abrió. Luna agitó su mano una vez más a Ginny con una sonrisa, y luego se deslizó de nuevo a la Torre de Ravenclaw. Satisfecha y aliviada de que no había arruinado su amistad, Ginny se apresuró a bajar las escaleras y hacia el Gran Comedor, tratando de convencerse as sí misma con cada paso que no estaba más que feliz de que Luna y Harry fueran juntos a la fiesta, y de que todos pasarían un rato maravilloso.

Por supuesto que, si por algún giro del destino Luna y Harry pasan un rato TAN maravilloso esta noche y deciden que quieren volver a hacerlo…

Esos eran los tipos de pensamientos que ella simplemente no podía permitir que ganaran atención. Se apresuró al Gran Comedor donde la cena ya estaba en marcha, concentrándose en lo feliz que estaba por Luna… y sin darse cuenta caminó por el camino largo alrededor de la mesa de Gryffindor, de modo que antes de llegar a Dean, se vería obligada a pasar por Harry.

¿Qué demonios estaba mal con ella?

Mientras se acercaba, se dio cuenta primero de que Hermione estaba sentada sola al final de la mesa, gracias a su estúpido hermano. Y a medida que se acercaba aun más, escuchó a ese hermano estúpido decir a Harry: –¡Podrías haber invitado a cualquier chica! ¡A cualquiera! ¿Y escogiste a Lunática Lovegood?

Ginny se detuvo detrás de Harry, lo suficientemente cerca para admirar su cabello adorablemente despeinado, aún más adorable por el hecho de que él nunca tenía la intención de que se viera de esa manera… pero por supuesto no se dejó a sí misma fijarse en ello, y en su lugar le espetó a su hermano. –¡No la llames así, Ron! –La cabeza de Harry se dio la vuelta para mirarla, sus ojos muy abiertos y ligeramente boquiabierto. Tuvo la clara sensación de que sabía que ella había estado mirándolo. –Estoy muy contenta de que la hayas invitado, Harry, –soltó, –está muy emocionada. –Ron resopló su "aprobación", pero Harry le dio una pequeña sonrisa. Incómodamente, ella le devolvió la sonrisa, y luego se volvió rápidamente y se apresuró por la mesa, dejándose caer pesadamente junto a Dean y Seamus.

–¿Dónde has estado? –preguntó Dean con el ceño fruncido.

–Lo siento, –se disculpó Ginny. –Tuve que ir hasta la Torre de Ravenclaw y ver a Luna.

–¿La Torre de Ravenclaw? –dijo Seamus con las cejas levantadas. –Ni siquiera sé dónde está eso.

–¿Por qué? –preguntó Dean.

–Porque es mi amiga, –disparó Ginny, –y necesitaba hablar con ella. ¿Está bien eso contigo?

–Oh, creo que Neville me está llamando, –dijo Seamus. –¡Voy para allá, Nev! –Seamus rápidamente se levantó y se movió varios metros para sentarse al otro lado de Neville, quien claramente no tenía idea de que estaba pasando y ciertamente no había estado llamando a Seamus.

–¿Por qué tendrías que ir a la Torre de Ravenclaw para ver a Luna? –preguntó Dean otra vez. –Tienes casi todas las clases con ella.

Ginny vio a Hermione levantarse de su asiento y caminar resueltamente hacia Ron y Harry, a quienes se les habían unido Parvati y Lavender, la última de las dos ya unida a la cara de Ron. –Ella estaba molesta, –admitió Ginny, sin mirar a Dean. –Hice que se molestara y quería disculparme.

–¿Qué hiciste? –preguntó Dean.

Ginny negó con la cabeza. –Fue una tontería, en realidad. Alguien me dijo que Harry la había invitado a la fiesta de Slughorn, y eso me puso ansiosa, así que cuando se lo estaba describiendo a Colin, accidentalmente la llamé Lunática, y ella me escuchó. Tenía que disculparme, entiendes. Me sentía terrible. –Ginny se estiró para tomar una barra de pan y algunos frijoles verdes, pero se detuvo cuando notó a Dean dándole una mirada extraña.

–¿Por qué eso te pondría ansiosa? –preguntó en voz baja.

–Bueno, –tartamudeó Ginny, –ya sabes, no pensé que a él le gustara, y luego ella me dijo que sólo iban a ir como amigos, y que… –Se interrumpió. De pronto sintió un vacío en la boca del estomago.

–Otra vez, –preguntó Dean en voz baja, –¿por qué eso te pondría ansiosa?

Ginny abrió su boca para responder, pero luego la cerró otra vez cuando se dio cuenta de que no sabía que decir. Después de un largo momento, finalmente mintió, –No lo sé.

Ella y Dean se sentaron juntos en un silencio incómodo durante varios minutos, comiendo en silencio. De repente, sin terminar su comida, Dean se levantó de la mesa y se dio la vuelta para caminar hacia el pasillo. –¿Dean? –le llamó Ginny, su tenedor a medio camino de su boca. –¿A dónde vas?

Pero Dean no se detuvo. Ginny se levantó de la mesa y corrió tras él, tratando fuertemente de no llamar la atención a sí misma, pero segura de que todas las miradas estaban sobre ella. Alcanzó a Dean en la escalera afuera del Gran Comedor. –¿A dónde vas? –preguntó de nuevo.

–A la cama, –respondió Dean sin mirarla.

–¿A la cama? –exclamó Ginny. –¿Qué pasa con la fiesta?

–Cierto, –dijo Dean. –La fiesta. Bueno, yo no estoy realmente invitado ¿verdad? Tú estás en el Club de Slug, puedes ir tú sola.

–¿Sola? –repitió Ginny, alzando la voz. –¿Tengo que ir sola?

–¿Por qué no? –replicó Dean, –Estoy bastante seguro de que no soy con el que quieres ir, de todas maneras.

–Oh, por favor, Dean, –se burló Ginny, aunque no negó su afirmación. Esperaba que no se diera cuenta. –No seas ridículo. ¿Cómo me veré yendo a esa fiesta sin mi novio?

Dean asintió lentamente, mirando alrededor. Por último, su mirada se posó en ella. –Me voy mañana temprano, –dijo. –Probablemente no me veas. ¿Por qué no tomas estas vacaciones para decidir si todavía quieres que sea tu novio?

Ginny lo miró boquiabierta. –¿Qué?

–Y si todavía quieres, –continuó Dean, –el día que regresemos, puedes encontrarme en las gradas del campo de Quidditch.

–¡Será mediados de enero!

–Entonces va a tomar un poco de compromiso de nuestra parte para llegar ahí arriba. –Dean le sonrió con tristeza. –Realmente me importas, Gin. Pero… –miro hacia otro lado y limpió su ojo. –Pero tengo que saber que tú sientes lo mismo. –Sus ojos se encontraron otra vez, y la expresión en su rostro casi rompió el corazón de Ginny. –Feliz Navidad, –dijo en voz baja, besándola suavemente en la mejilla antes de darse la vuelta y subir las escaleras.

Ginny se quedó sola al pie de la escalera por varios largos minutos, completamente entumecida. Tan horrible como se había sentido sobre Luna antes, si lo multiplicaba por cien tal vez empezaría a acercarse a lo mal que se sentía por lo que le estaba haciendo a Dean. Todos los pensamientos de asistir a una fiesta habían sido desterrados de su mente, y aun si estuviera pensando en la fiesta de Slughorn ciertamente ya no estaba en el humor de ir.

Regresó a la sala común de Gryffindor y pasó el resto de la noche allí sola, acurrucada en una silla. Dean no hizo acto de presencia. Sus amigos parecían saber instintivamente que debían dejarla ser. Hermione yendo a la fiesta del Club de Slug en su vestido de gala con Cormac McLaggen (de todas las personas) no levantó más que una mirada de ella. Apenas registró cuando Harry se fue también, distraído y apresurado y jalándose el cuello de su propia túnica de gala; estaba segura de que él no la había visto, pero eso ciertamente no era nada nuevo. Apenas tenía suficiente espíritu (apenas) para hacer comentarios groseros hacia Ron y Lavender, que parecían decididos a pasar la noche entrelazados en una silla, sus caras pegadas (aunque en más de una ocasión notó que Ron daba la impresión de que estaba tratando desesperadamente de escapar del Lazo del Diablo)

No, ella pasó la última noche del semestre de otoño sola con su depresión. Estaba triste y preocupada, sí, por su conversación de despedida con Dean, y se sentía terrible de lo terrible que él se estaba sintiendo. Pero eso no era lo que más la estaba preocupando. No, lo que era más preocupante para ella era el hecho de que ya había decidido, ya estaba completamente segura, que el día en que regresara a Hogwarts después de las vacaciones de Navidad, no iba a ir a ningún lugar cerca del campo de Quidditch.


¡Mentira Ginevra, mentira! ¬¬

Okay, a destacar aquí:

1) Aldaba: Es una de esas cosas que están colgando en las puertas antiguas y que sirve para tocar. Salen en cualquier película de terror. (No me digan que sabían que era, porque me pase 15 minutos buscando en internet para ver como se le decía en español!)

2) Esa parte donde Ginny le dice a Dean que se sintió ansiosa: La palabra en ingles es "flustered". Y no significa ansiedad como tal, básicamente es un estado de agitación o intranquilidad o nerviosismo o confusion o molestia o... bueno, entienden la idea. A mi parecer, ansiedad lo cubre todo.

3) Como una persona que leyó los libros de Meyer debo decir: Vampiros que brillan, honestamente. ¿Quién se inventa tal tontería? *aplauso* *aplauso* *aplauso*

Espero que lo hayan disfrutado :)

¡Nos leemos el viernes! (lo prometo)