–Es un poco exagerado ¿no te parece?

Ginny miró hacia abajo para darle una mirada sucia y juguetona a su hermano. –Pasa que a mí me gusta que mis decoraciones Navideñas sean festivas, Ron, –le dijo con una sonrisa.

Mirando alrededor de la habitación desde el último escalón de la escalera, admiró su obra. Había tomado casi la mitad del día, pero la sala de la Madriguera ahora estaba adornada completamente con oropel y guirnaldas y luces centelleantes y todas esas tonterías de las fiestas. Todo estaba hecho, desde el encantamiento que hacía que cayera nieve del techo sólo para desaparecer antes de caer en algo, hasta el verde y espeso árbol con un gnomo pintado con spray que Fred y George y los demás pensaron inteligentemente que nadie atraparía en la punta.

Sólo había una pieza más para terminar la decoración, y ahora ella tenía el muérdago agarrado fuertemente en su mano, lista para pegarlo con un hechizo en la pared, que es justo lo que había estado a punto de hacer antes de que Ron entrara por la puerta delantera cargando leña.

Ron negó con la cabeza. –Parece que un reno vomitó aquí.

–Huele como tu habitación, entonces ¿no es así?

–Me gusta, –ofreció Harry alegremente, bajando de las escaleras e iluminando la habitación considerablemente en opinión de Ginny. –Bien hecho, Ginny.

–Bueno, ¡gracias, Harry! –respondió con entusiasmo, lo que fue seguido de girarse y sacarle la lengua a su hermano. –¿Ves, Ron? Por lo menos algunas personas tienen buen gusto. –Mirando de nuevo a Harry, dijo, –Sólo falta poner una decoración, Harry. –Sostuvo el muérdago en alto. –¿Quieres ayudarme?

No entendió lo que dijo en respuesta, ya que cual sea haya sido la respuesta vino cuando él se estaba poniendo rojo, apresurándose a la cocina, y murmurando algo sobre pelar coles. –Bicho raro, –murmuró Ron a Ginny mientras él se apresuraba a la cocina detrás de Harry. Lamentablemente, esta vez se había ido antes de que pudiera sacarle la lengua de nuevo.

Ginny no pudo evitar sonreír mientras colgaba el muérdago encima de la puerta de la sala. Estaba nerviosa y desorientada y emocionada y aterrada de nuevo, todo al mismo tiempo. Se sentía como si quisiera esconderse debajo de sus cobijas y gritar con alegría (¡esa palabra otra vez!) o desde el techo de la Madriguera. Era esa sensación de tu estomago saltando de anticipación y entusiasmo que no había tenido en… bueno, desde mucho antes de Michael Corner, sin duda. Desde que se había declarado a sí misma y a Hermione Granger que no le gustaba Harry Potter, que no tenía ningún interés en Harry Potter, y que iba a perseguir activamente a otros chicos en lugar de Harry Potter, y que ya no se permitiría a sí misma creer que tenía cualquier inclinación romántica en absoluto hacia Harry Potter.

¿Cómo nunca había notado que cuando había guardado todo eso, había guardado también ese maravilloso, terrible sentimiento de emoción y nervios?

Estaba de vuelta ahora, con una venganza. Había empezado la mañana después de la fiesta de Slughorn. Fiel a su palabra, Dean no la vio antes de irse de Hogwarts. Había pensado sobre ello en el desayuno, enferma de culpa por Dean y de cómo lo había tratado mientras que al mismo tiempo estaba furiosa con él porque había causado que se perdiera la fiesta de Slughorn, que si el rumor de la mañana siguiente era alguna indicación, esta había resultado ser más que decente.

Todas esas preocupaciones la dejaron, sin embargo, mientras se apresuraba por el pasillo hacia la oficina de McGonagall poco antes de las once, preocupada de que se perdería la conexión Flu que se había establecido para llevarla a ella, Harry, y Ron de vuelta a la Madriguera. Rápidamente giro la esquina hacia la oficina… y corrió de lleno en Harry, quien justo había estado diciéndole a Ron, –Relájate, iré a buscar… LAAAAAA!

Ginny y Harry tropezaron hacia atrás. –¿Estás bien, Harry?

–Bien, estoy bien. Bien. –Harry había dicho, enderezando sus lentes. Luego la había mirado. –Justo iba a buscarte.

Cuando sus ojos se volvieron hacia ella, Ginny olvidó todo lo que se había estado preocupando en cuanto a Dean. Se olvidó de Dean completamente, de hecho, y se olvidó de Ron y la profesora McGonagall, y la navidad y llegar a casa por la red Flu.… la verdad, si alguien le hubiera preguntado en ese preciso momento, podría haber olvidado su propio nombre. Todo lo que sabía eran los ojos de Harry, y su cabello, y su rostro, y su amabilidad y calidez y lealtad y… y todo, todo lo que era maravilloso en él pero que había olvidado hasta entonces. Estaba ocupada olvidando todo lo demás en el mundo, pero estaba recordando como era que Harry te gustara. Si Dean estaba amenazando con romper con ella, podía optar por ahogarse en esa culpa… o podría optar por explorar otras opciones. Y ninguna otra opción, recordó de repente, le había atraído tanto como con el que acababa de chocar.

Apenas recordaba viajar a casa, o saludar a sus padres o subir a su habitación a desempacar. Su mundo estaba girando, y sin embargo las cosas estaban empezando a tener sentido otra vez. Sus inexplicables ataques de emoción, sus cambios de humor, la pequeña molesta voz en su cabeza… bueno, era dolorosamente obvio ahora ¿no? Y todo lo que había tomado era una pelea con su novio, una relación al borde del colapso, una colisión accidental y un par de ojos verde esmeralda. Se sentía como si tuviera 11 años otra vez, con un enloquecedor y alegre enamoramiento por el Niño-Que-Vivió… sólo que ahora multiplicado por un trillón.

Y mientras se alejaba del muérdago que acababa de colgar en la sala y guardaba las escaleras, supo que en el momento en el que se había dado cuenta de lo que pasaba con su cabeza y su corazón, en el instante en el que se había dado cuenta… en ese instante había, en su mente al menos, roto con Dean. Honestamente, estaba haciendo las cosas muy fáciles para ella. Todo lo que tenía que hacer era no pisar el campo de Quidditch el día que regresaran a Hogwarts y se terminaría oficialmente; casi parecía la más simple de las formalidades. Había empezado, admitidamente, a coquetear abiertamente con Harry, aunque no tan descaradamente como lo había hecho con la intención de llamar la atención de Michael o Dean. Harry era diferente, y a pesar de que lo intentaba, todavía había algo sobre él que la ponía tímida y ligeramente tonta.

Aun así, no era fácil coquetear con el chico que te gustaba en medio de la casa Weasley en la época navideña, especialmente cuando A) No quería que sus hermanos, particularmente Ron, se enteraran de su nuevo interés, B) El mismo Harry estaba completamente desinteresado en cualquier coqueteo (no es sorpresa) y claramente no correspondía sus sentimientos (de nuevo no es sorpresa) y C) cada vez que se daba la vuelta, parecía que alguien nuevo llegaba para pasar las fiestas, ya fuera Fred y George, Bill y Fleur o incluso el profesor Lupin. Aun así, Ginny se encontró tan feliz sobre su revelación que nada de lo que normalmente le molestaría la estaba molestando. Incluso tomó la noticia de que Fleur compartiría su habitación con relativa gracia, yendo tan lejos como agradecerle repetidamente por el perfume que ahora hacía hincapié en llevar por toda la casa.

Entonces llegó la víspera de Navidad y a pesar de todas su intenciones, no fue como si hubiera tenido mucho tiempo a solas con Harry para realmente intentar poner cierto encanto. Intentó no pensar en si de verdad sería capaz de hacerlo si tuviera la oportunidad, y no simplemente tragarse su lengua y correr a su habitación como había sido su costumbre de niña, pero eligió no preocuparse por tales cosas, así de feliz estaba de que finalmente había aceptado esta atracción que había pasado más de dos años negando.

La familia estaba reunida en la sala, escuchando un programa navideño en la Red Mágica Inalámbrica por Celestina Warbeck. Como Ginny detestaba a Celestina Warbeck con cada fibra de su ser, agarró entusiasmada la oportunidad dada por Fred y George de una partida de Snap Explosivo. Además, sentarse en la alfombra con ellos le proporcionó un excelente lugar para mirar descaradamente a Harry, sentado en el sofá entre su padre y el profesor Lupin. Básicamente perdió la noción del juego, para ser honesta, y finalmente Fred la miró con curiosidad.

–Hey, –dijo, –no es que nos moleste ganar, Gin, ¿pero al menos podrías poner un poco de esfuerzo?

–¿Qué es tan interesante, de todas maneras? –murmuró George, estirando su cuello para ver a Harry, ahora en una conversación con su padre y Lupin. –Oh. –Se volvió de nuevo a Fred y Ginny con una sonrisa irónica en su rostro. –La Orden del Fénix trabajando duro, bombardeando a "El Elegido" por alguna información valiosa, parece.

–¿Qué quieres decir? –Ginny preguntó a sus hermanos.

–No es frecuente que la Orden tenga a Harry Potter a solas, –explicó Fred. –Apostaría a que papá y Lupin lo están presionando para saber lo que Dumbledore ha estado haciendo.

–¿Por qué? –preguntó Ginny. –Están en la Orden; sin duda saben lo que Dumbledore sabe.

Los gemelos negaron con la cabeza. –Esas no son las pistas que hemos estado recibiendo, –dijo Fred, inclinándose más y bajando la voz, el juego ahora olvidado. –Parece que Dumbledore está jugando esta mano muy de cerca. Papá y los otros piensan que el único que realmente sabe que está pasando con el viejo es Harry.

Ginny giró esa información en su mente por un momento, tomando la oportunidad de pretender estudiar estratégicamente a Harry cuando en realidad estaba admirando como la luz del fuego iluminaba sus facciones. –Harry ha estado tomando lecciones personales con Dumbledore, –le recordó a sus hermanos. Fred y George intercambiaron una mirada de complicidad.

–Eso refuerza la teoría ¿no es así? –respondió Fred con una sonrisa, aunque George parecía sólo un poco más sombrío.

Ginny miró otra vez a Harry, esta nueva información peleando por un espacio entre las nociones más placenteras que había estado desarrollando en los últimos días. En esta nueva luz, notó que la conversación entre Harry, Lupin, y su padre realmente parecía estar más del lado serio y hasta un poco acalorado.

En ese momento, el show de Celestina Warbeck terminó. La Sra. Weasley aplaudió entusiasmadamente junto con el resto de la audiencia de la RMI, pero se detuvo para fulminar con la mirada a Fleur cuando proclamó, –¿Ya tegminó? Gracias a Dios, que hogible

–¿Tomamos una copa, entonces? –su padre preguntó en voz alta para terminar cualquier problema. –¿Quién quiere ponche? –Con eso, se apresuró a la cocina.

Mientras la conversación a su alrededor seguía y los otros se dirigían perezosamente a la cocina, George se volvió a Fred y Ginny sentados sobre la alfombra. –Lo que no entiendo, –murmuró, –es como Dumbledore espera que nos preparemos para lo que está por venir cuando no nos DICE que está por venir. La verdad es, Gin, –y a esto George se inclinó con complicidad, –Dumbledore ha estado apoyándose más y más en sólo dos personas, o eso parece. Harry, siendo una. Y Snape.

–Una pareja hecha en el cielo, en serio, –ofreció Fred secamente.

–Y lo que sea que va a venir, –continuó George, –la única cosa en la que todos están de acuerdo es que Harry es la clave.

–Dumbledore lo está protegiendo, –intervino Fred, –la Orden básicamente está en constante Harry-Vigilancia, incluso si él no lo sabe…

–… papá ha oído que los oficiales en el Ministerio quieren a Harry para algo, pero Dumbledore no los deja, –añadió George.

–… y por supuesto, el buen "El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado" es un gran fan del Sr. Potter, y lo quiere para sólo Merlín sabe, pero nadie parece pensar que es sólo para matarlo, –finalizó Fred.

Ginny miró a Harry otra vez, que ahora estaba perdido en una profunda conversación con el profesor Lupin. –No lo sabía, –dijo con tristeza. –Quiero decir, lo supe, pero no lo sabía. Supongo que nunca me di cuenta que tanta demanda tenía Harry.

–Y luego, por supuesto, –continuó George, –todos están en pánico por el factor X.

–¿Cuál es el factor X? –preguntó Ginny.

–Que mientras todos están tomándose su dulce tiempo en pensar su siguiente movimiento, –explicó Fred. –Harry allá va a tomar a Ron y Hermione y van a hacer algo increíblemente estúpido. Porque no sé si lo has notado en estos años, Gin, pero esos tres básicamente tienen el premio por hacer cosas increíblemente estúpidas.

Una bandeja de tazas humeantes fue puesta delante de ellos. –¿Ponche? –preguntó su padre. Todos se enderezaron y tomaron tazas de la bandeja, agradeciéndole, y él se movió para ofrecerle una bebida a Harry y Lupin. Fred cayó en conversación con Bill y Fleur, y George se levantó, se estiró, y se movió a una silla.

Ginny siguió tirada en la alfombra de la sala, bebiendo de su taza y estudiando a Harry, aunque más seriamente que antes. Con cierta sorpresa, se dio cuenta por primera vez cuanto más mayor y cansado parecía que cuando lo había visto por primera vez en la estación de King's Cross hace cinco años, lo que a la vez causo que recordara que ella misma, era más mayor también que la niña de once años que en ese entonces había desarrollado un enamoramiento traba-lenguas por Harry Potter.

Ginny se quedó dormida en la mañana de Navidad; para cuando había despertado la mayor parte de la casa sonaba al alboroto de abajo y Fleur ya no estaba en la habitación. Había sido un sueño inquieto; su conversación con Fred y George había logrado poner un pequeño freno a la euforia en la que había estado envolviéndose a sí misma con respecto a Harry… aunque no completamente al parecer, ya que saber que él estaba en la casa esta mañana puso la misma sonrisa estúpida en su rostro que había estado poniendo todas las mañanas desde que empezaron las vacaciones. Con un bostezo, se puso de pie y se deslizó en sus zapatillas, se puso la bata, y agarró uno de los paquetes envueltos que habían sido dejados en la parte inferior de su cama durante la noche. Lo usual estaba ahí: regalos de sus padres, un suéter de su mamá, la adición este año de algunos sortilegios de los gemelos… y otro paquete, envuelto en un papel colorido (y no tradicional) de flores y envuelto en una serie de delicados y complejos moños. ¿Podría ser de Dean? Ginny hizo una mueca ante la idea.

Desató cuidadosamente los moños (parecía un crimen cortar algo que había sido hecho tan encantador) y abrió la caja. Cuando vio los contenidos en el interior, se quedó sin aliento. Eran ropas… pero eran remarcadamente femeninas, de color amarillo pálido, hechas de lo que se sentía ser seda terriblemente costosa con un borde de encaje delicado.

Ginny las miró con ojos desorbitados, dándoles la vuelta en sus manos, admirando la suavidad de la seda y el intrincado diseño del encaje, pero más que nada preguntándose ¿quién en el mundo podría habérselas dado?

–¿Te gustan?

Ginny levantó la vista y vio a Fleur de pie en la puerta, sonriendo ampliamente. –Las escogí especialmente paga ti, –dijo. –Es bastante segugo decig que no tienes gopas como estas ¿no?

–Er… no, –tartamudeó Ginny, sin dejar de mirar las ropas en su mano. –Desde luego que no.

–¿Tal vez no debegias decigle a tus padres de esto ¿eh? –remarcó Fleur con una sonrisa y un guiño. –Aunque quiego pensag que a tu novio le gustagan. –Cruzó la puerta, pero un momento antes de que la cerrara miró de nuevo a Ginny con una sonrisa de complicidad. –¿o tal vez a Hagy?

Se fue antes de que Ginny tuviera la oportunidad de responder. Se sentó en silencio, preguntándose si había sido demasiado obvia sobre su recién descubierto interés, preguntándose si tal vez debería retroceder un poco… pero no, decidió. Después de todo, tenía todo el derecho a que le gustara un chico; ella era, después de todo, soltera, aunque sólo fuera en su propia mente. ¿Y qué le importaba si Fleur había notado lo que estaba haciendo? Si alguien sabía algo sobre coquetear en esta casa, ciertamente iba a ser Fleur mucho más que, digamos, los gemelos o Ron (no pudo evitar reírse sólo un poco a este pensamiento)

Ginny dobló cuidadosamente las túnicas de color amarillo pálido de nuevo en su caja, y metió todo debajo de su cama. Fleur, tan desagradable como era, tenía razón sobre una cosa; la última cosa que Ginny necesitaba era a su madre cruzarse con este regalo tan especial.

Uniéndose a su familia para el almuerzo de Navidad, Ginny uso el mucho más seguro suéter Weasley de navidad. Harry y Ron fueron los últimos en llegar a la ya llena mesa de gente, y mientras bajaban las escaleras, Ron estaba diciendo, –… realmente loco ¿no lo crees? Hermione y su cruzada sobre los derechos de los elfos domésticos sólo tomó algunos golpes.

–Realmente no tienes cerebro ¿verdad, Ronald? –dijo Ginny con asombro, tratando de ignorar el coro de "aleluyas" que estallaron en su cabeza cuando Harry sonrió ante su comentario.

Ron no estaba tan impresionado. –¿Qué se supone que significa eso?

Ginny se encogió de hombros en respuesta. –Todo lo que estoy diciendo es que de vez en cuando tal vez quieras ser agradable con las cosas que le importan a Hermione, como los derechos de los elfos domésticos y todo eso. Ya no tienes doce, sabes.

Ron abrió su boca para protestar otra vez, pero luego se detuvo mientras sus ojos se perdían en sus pensamientos. Esperaba que finalmente hubiera tocado una fibra en él. –¿Sobre que están discutiendo de los elfos domésticos, de todas maneras? –preguntó Bill desde el otro lado de la mesa mientras Fleur revoloteaba sobre él y su plato de comida bajo la mirada desdeñosa de la señora Weasley.

–Cierto, –intervino Fred. –No es como si algunas vez puedas costearte uno, Ronniekins, aunque nosotros hemos estado pensando en conseguir uno o dos para la tienda.

–Sí, bueno, no le digan a Hermione, –gruñó Ron, aunque no tan efusivamente como antes, notó Ginny.

–Yo tengo un elfo domestico, –Harry les recordó a todos. –Desafortunadamente.

–Oh, cierto, ese bulto detestable, Kreacher, –respondió George, lo que provocó un rápido golpe en su nuca con una cuchara de madera y una amonestación de cuidar su lenguaje de parte de su madre.

–¿Y como está Kreacher, Harry? –preguntó Lupin, inclinándose. –Tengo entendido que le has ordenado vivir en Hogwarts.

–Nunca lo veo –Harry se encogió de hombros, sirviéndose cucharadas de papas en su plato. –Pero sí que me envío un regalo de Navidad.

Toda la mesa se volvió a él en sorpresa, excepto por Ron, quien impresionó a Ginny por volverse a un tono de rojo que nunca había visto mientras intentaba detener su risa. –¿Un regalo de un elfo domestico? –preguntó el señor Weasley. –¡Que peculiar! ¿Habías escuchado algo así antes, Remus?

–No, –dijo el antiguo profesor con interés. –¿Qué te dio, Harry?

Harry terminó de servirse antes de mirar de manera uniforme a la mesa, todos esperando con expectación su respuesta. Incluso Ginny tenía curiosidad, y la apenas contenida histeria de Ron sólo estaba sirviendo para despertar su interés aun más.

–Una caja de gusanos, –dijo Harry simplemente. Ron explotó en risas mientras el resto de la mesa sólo los miraron, algunos con horror, algunos con asombro divertido.

–¿No esta allí todavía? –dijo la señora Weasley con disgusto, volviéndose a la escalera, lista para cargar con una escoba y su varita.

–¡Nope… la tiramos… por la ventana! –logró decir Ron entre risas, secándose las lagrimas de sus ojos.

–Bueno. Feliz Navidad para ti, entonces, –dijo Fred, levantando un tazón y pasándoselo a Harry. –¿Quieres un poco de arroz? –Esto desató otra ronda de risas, y la mesa cayó en un agradable alboroto de conversaciones e historias.

Ginny mantuvo una oído en la conversación, asegurándose de soltar un comentario o dos entre las platicas, extra asegurándose de hacerlo por el beneficio de Fleur, quien estaba (lo que le preocupaba a Ginny) demasiado observadora para su propio bien… pero también se las arregló para mantener un ojo en Harry todo el tiempo… mirándolo comer, mirándolo reír, mirándolo murmurar con Ron y bromear con los gemelos… estaba mirándolo tan intensamente, que de hecho, no fue una sorpresa que ella fuera quien lo notara. Estirando la mano a través de la mesa, feliz de tener algo, cualquier cosa, que decir a Harry directamente, y aun más feliz de tener una razón para tocarlo de alguna manera inocente, dijo, –Harry, tienes un gusano en tu cabello.

Con sus delgados dedos tomó a la diminuta creatura con delicadeza de un lugar arriba de su oreja, tratando de ignorar el cosquilleo de su estomago cuando su mano rozó el costado de su rostro, inmensamente agradecida de que estuviera usando su suéter Weasley de manga larga para que los escalofríos que repentinamente explotaron arriba y abajo de su brazo estuvieran escondidos e invisibles. Sacudió la larva hacia el piso donde Bill la pisoteo para terminar el asunto, a pesar de las protestas de Fleur de, –¡Que hoggible!

Ginny hizo un gran espectáculo, entonces, de llenar su plato otra vez; ciertamente no quería parecer obvia. Por fortuna, Fleur fue inmediatamente distraída por los esfuerzos sin gracia de Ron de pasarle la salsa; fue salvada de tener una mancha café en su frente por el rápido movimiento de varita de Bill. –Eges tan malo como esa Tonks, –le dijo Fleur a Ron, riendo despreocupadamente mientras lo hacía. –Siempge esta tigando todo.

–Invité a la querida Tonks a que se uniera a nosotros hoy, pero no quiso venir, –dijo la Sra. Weasley, interrumpiendo a Fleur y dándole una mirada severa. Luego, sin embargo, inmediatamente giró esa mirada hacia el profesor Lupin, justo como Ginny sabía que haría. –¿Has hablado con ella recientemente, Remus?

–No, –dijo Lupin con brevedad y sin levantar la vista de su plato. –No he estado mucho tiempo en contacto con alguien. Pero Tonks tiene a su propia familia ¿no es así?

–Hmmm, –dijo la mamá de Ginny, claramente insatisfecha con su respuesta.

Ginny giró los ojos, aunque dudaba bastante que alguien más entendiera que estaba pasando. –Tal vez. Tuve la impresión de que estaba planeando pasar la Navidad sola, en realidad.

Ginny había pensado más temprano en el año que toda esta conversación sobre Tonks había sido para el beneficio de Bill; personalmente nunca había pensado en Tonks como el tipo de Bill, pero estaba dispuesta a darle una oportunidad ya que todo debía ser mejor que Bill casándose con Flegggr. Finalmente había entendido que no era Bill a quien su madre estaba empujando hacia Tonks, sino el profesor Lupin. Ginny estaba segura que había más historia ahí, pero todavía tenía que averiguar cual era esa historia.

Estaba observando disimuladamente a Harry preguntarle algo al profesor Lupin, algo sobre Patronuses que no pudo entender bien, cuando el tenedor de su madre cayó en la mesa con estruendo y se puso de pie, su mano apretando su pecho y sus ojos desorbitándose. Por un instante, Ginny pensó que le habían hecho la maldición Cruciatus, pero luego ella gritó, –¡Arthur! ¡Arthur… Es Percy!

Todo el mundo estiró la cabeza para mirar por la ventana de la cocina, y Ginny se puso de pie para ver mejor. Efectivamente, ahí estaba, el hijo pródigo, caminando por el nevado patio delantero, y con él estaba…

–¡Arthur, él… él viene con el Ministro!

El recientemente designado Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, estaba caminando con dificultad detrás de Percy, teniendo un aire muy comandante incluso con la deficiencia en sus pisadas, su mata de pelo gris ondeando a su alrededor.

Toda la cocina se quedo sin habla mientras la puerta se abría. Percy se quedó en la puerta, rígido y viéndose poco natural. Miró a su familia imperiosamente por un largo momento antes de finalmente declarar, –Feliz Navidad, madre.

–¡Oh, Percy! –chilló la madre de Ginny, aventándose a sus brazos. Ginny y Bill intercambiaron una mirada irritada; Ginny estaba contenta de que no fuera la única que viera la falta de sinceridad goteando del semblante de Percy.

Para entonces, Scrimgeour había entrado a la cocina, y mirado la escena frente a él con afectado aire de felicidad. –Perdonen la intrusión, –dijo después de que una sonriente y llorosa Sra. Weasley se hubiera soltado de un todavía rígido Percy y se hubiera limpiado los ojos. –Percy y yo estábamos en los alrededores, trabajando, ya saben… y no pudo resistirse a venir y verlos a todos ustedes.

Tomó cada onza de su esfuerzo no hacer arcadas. Ginny miró a su padre y sus otros hermanos; estaban creyendo esto tanto como Bill y ella. Juzgando por la expresión en el rostro de Ron pensó que tal vez les echaría un maleficio a todos. Y Harry…

… Harry estaba mirando la escena desenvolverse impasiblemente, pero sus ojos estaba entrecerrados perceptivamente mientras estudiaba al Ministro de Magia de arriba-abajo como alguien que midiera a su oponente antes de un duelo.

Mientras tanto, Scrimgeour estaba placenteramente rechazando las invitaciones de su madre de que se les uniera. –No quiero entrometerme, –él insistió, –no estaría aquí si Percy no hubiera querido verlos demasiado…

–¡Oh, Perce! –dijo su madre, un nuevo juego de lágrimas preparándose para caer mientras se acercaba a besarlo.

–… Sólo hemos venido por cinco minutos, –continuó el Ministro, –as que daré un paseo por el jardín mientras se ponen al corriente con Percy. ¡No, no, le aseguro que no quiero interrumpir! Bueno, si alguien le gustaría enseñarme su encantador jardín… Ah, ese joven ya terminó, ¿por qué no toma un paseo conmigo?

Ahora había posado su mirada en Harry, lo que podría haber sido lo suficientemente inofensivo, Ginny pensó con rabia, si ella, Fleur, y George no hubieran terminado también… y si alguien pudiera creer por un segundo que el Ministro de Magia no supiera el nombre de Harry Potter. La atmósfera alrededor de la mesa se hizo aun más pesada, e incluso la mamá de Ginny estaba comenzando a darse cuenta que algo aquí no estaba del todo bien. Ginny espero a que Harry se diera la vuelta donde estaba y subiera las escaleras, para frustrar todo este repugnante plan de su igual repugnante hermano y su deplorable jefe.

Pero en su lugar, Harry simplemente asintió. –Sí, de acuerdo, –dijo, poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta del jardín. –Está bien, –le dijo al profesor Lupin, que había dado señales de levantarse con él. –Bien, –repitió mientras tomaba su abrigo con brusquedad, esta vez al Sr. Weasley.

–¡Maravilloso! –dijo Scrimgeour mientras Harry caminaba rápidamente delante de él y hacia fuera. –Sólo daremos una vuelta por el jardín, y Percy y yo nos iremos. ¡Continúen, todos!

Con eso, el Ministro se unió a Harry afuera, dejando la puerta cerrada detrás de él, y dejando a su paso uno de los escenarios más incómodos en el que Ginny alguna vez hubiera estado.

Se sentaron ahí incómodamente, Percy de pie frente a ellos. Ahora que el Ministro se había ido, parecía reacio a seguir fingiendo, incluso más, de que quería estar ahí.

–¿No vas a… no vas a unirte a nosotros, Perce? –dijo la Sra. Weasley con esperanza, aunque todos los demás en la mesa pudieran ver que era una causa perdida.

–No tiene caso. Sólo estaremos un minuto, –respondió Percy con rigidez, y luego continuó con su silencio.

El silencio se instaló en toda la habitación por un momento, y luego en lo que parecía ser un desesperado y erróneo intento de romper la incomodidad, Fleur se levantó. –No hemos sido presentados propiamente, me pagece, –dijo en voz alta. –Soy Fleur Delacour, y me voy a casag con tu hegmano en…

–Ya nos conocemos, –dijo Percy con amargura, interrumpiéndola.

Fleur parecía confundida. –Perdona, ¿en segio?

–Sí, –explicó Percy. –Durante el Torneo de los Tres Magos. Yo era uno de los jueces.

–¿Lo egas? –dijo Fleur con asombro, regresando una vez más a su asiento. –Lo lamento, pego no te gecuerdo

–Piensa bien, Fleur, –ofreció Fred. –Él era el que tenia su cabeza completamente metida en el Ministro…

–¡George!

–Soy Fred, mamá.

–Quienquiera que seas, detén esto inmediatamente. No es sorpresa que Percy ya nunca venga a visitarnos. –La Sra. Weasley estaba intentando desesperadamente tratar esto como sólo otra pelea entre hermanos, e hizo que Ginny se enojara aun más con su hermano mayor por lo que le estaba haciendo a su mamá.

–¿Por qué estás aquí, Perce? –preguntó su padre en voz baja, y todos los ojos se volvieron a Arthur. Era raro ver a Arthur Weasley tan enojado, incluso en silencio, e inmediatamente calló todas las otras actividades en la mesa.

Percy sostuvo la mirada de su padre por un momento, pero luego miró hacia otro lado. –Como dijo el Ministro Scrimgeour, –murmuró, –Vine a desearles una Feliz Navidad.

–Feliz Navidad, entonces, –dijo el Sr. Weasley. –Ya puedes seguir tu camino.

–Arthur, ¿cómo puedes…? –Pero una mirada severa, inusual de su padre a su madre, silenció a la mamá de Ginny.

–Puedes seguir tu camino, –repitió el Sr. Weasley, cruzando sus manos frente a sus labios y dirigiendo una mirada penetrante a su hijo. –¿O el Ministro Scrimgeour no ha terminado de presionar a Harry por información?

Ginny miró afuera, como lo hicieron Ron y sus otros hermanos. El Ministro y Harry estaban en el lado más lejano del jardín, y Scrimgeour estaba hablando animadamente hacia Harry, quien estaba mirando determinadamente a un lugar en el suelo, al parecer indiferente por cualesquiera fueran las palabras que estaban siendo usadas para ablandarlo.

–El Ministro, –comenzó Percy, su voz sonando fuerte, –está intentando hacer lo que es mejor para la Comunidad Mágica, y por todas las apariencias generales.

–Dándose cuenta de que es difícil para la gente creer que el Ministro tiene una oportunidad contra El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado sin El Elegido de su lado ¿verdad? –preguntó Bill fríamente, Ginny estaba agradecida por la presencia de Bill, cuyo semblante relajado parecía ser lo único que mantenía a raya a su padre.

–¡El Elegido! –se burló Percy. –¡Tonterías! ¡Basura ridícula! ¡Él no ha sido elegido para nada!

–Entonces vas por delante de él, Perce, ya que has sido elegido oficialmente como el Más Grande Idiota del Año, ¡por segundo año consecutivo!

–¡Fred!

–La ceremonia de premiación a celebrarse en la Mansión Malfoy. ¡Felicidades, compañero!

–¡GEORGE! ¡BASTA!

–No esperaría que un par de abandonadores como ustedes lo entendieran, –respingó Percy. A esto, Ginny captó la mirada compartida entre los gemelos. Se movieron como uno, tomaron sus cucharas sigilosamente, llenándolas con puré de papa y escondiéndolas debajo de la mesa. –Harry Potter es un problema, y Dumbledore es peor. Uno no lucha una guerra con niños escolares y libros de texto. Cualquier noción romantizada que ese viejo tonto tiene sobre "profecías" y "amor" no son más que absurdas palabras sin sentido.

–¡No hables de Albus Dumbledore de esa manera! –le advirtió Arthur, pero Percy continuó.

–He intentado convencerlos a ustedes tres, –le dijo a sus padres y a Bill, –y en cuanto a ustedes dos, –le dijo a Fred y George, riendo, –bueno, ¿por qué me molestaría? –Miró a Ron. –Pensé que tú, Ron, escucharías a la razón, siendo escogido como Prefecto y eso…

–Muérdeme.

–¡RONALD! ¡EN SERIO!

–Pero ¿qué me dices de ti? –Le tomó a Ginny un momento para darse cuenta que Percy la estaba mirando directamente; de hecho, todos en la mesa la estaban mirando. Ginny miró a Ron, y él le dio el más pequeño encogimiento de hombros.

–¿Qué dices, Ginevra? –preguntó Percy. –Pienso que tú, de todas las personas, debería entender el peligro de que a ese hombre se le permita dirigir su colegio con evidente desprecio a las reglas y normas puestas por el Ministerio de Magia. Porque, si Dumbledore hubiera permitido que el Ministerio tuviera una mano más fuerte en el colegio, esa desafortunada situación con la tan llamada "Cámara de los Secretos" tal vez nunca hubiera sucedido.

Nadie habló. Aunque sus ojos miraban hacia abajo, podía sentir la mirada de su familia en ella. Se permitió aceptar todo el significado de las palabras de Percy antes de responder. –Entiendo, –dijo lentamente.

Luego se levantó, y encontró la mirada de Percy. –Entiendo que eres un completo idiota. –Escuchó las risas apreciativas de Ron, Bill, y los gemelos, e incluso sus padres no parecían totalmente en desacuerdo. Lupin le dio un pequeño guiño.

Percy negó con la cabeza en desaprobación. –Supongo que no debería estar sorprendido, –se lamentó. –Con tu obsesión enfermiza por Harry Potter. Para ser honesto, sabía exactamente como reaccionarías cuando te pidieran que estuvieras contra él, ¿y por una tonta razón?

Las risas se detuvieron. La mandíbula de Ginny se apretó y podía sentir su sangre correr hacia su rostro. –¿Crees que sabes, Perce? –dijo peligrosamente entre dientes. Los ojos de Percy se abrieron un poco, pero no habló. –¿Crees que sabes? No sabes. Cuando estaba en la "tan llamada" Cámara de los Secretos, cuando estaba teniendo mi "desafortunada situación", cuando estaba poseída por Voldemort, ¿sabes cual fue la respuesta del Ministerio?

–Iban a cerrar el colegio, –dijo Arthur en voz baja.

–¿Y sabes, Percy, sabes cual fue la respuesta de Harry Potter? –Su voz empezó a subir y su rostro se volvió más rojo, pero nadie se atrevía a interrumpirla, especialmente Percy. –Harry descubrió que estaba pasando, y fue a rescatarme, ¡esa fue su respuesta!

–No es como si no hubiera tenido un poco de ayuda, –murmuró Ron a lado de ella.

–Tal vez ahora no es el momento, Ron, –sugirió Fred.

–Así que tal vez no soy yo quien deba replantear sus lealtades, –finalizó Ginny, su voz creciendo desafiante ahora. –Ve un espejo, Percy. Por todo lo bueno que puede hacerte.

Percy le sostuvo su mirada molesta por un momento más, antes de rodar los ojos y mirar hacia otro lado. –Niños, –murmuró.

La primera carga de puré de papas le pegó en la mejilla derecha; la segunda, al frente de su tunica. Pero fue la tercera cucharada, la rápida carga de Ginny, que aterrizó justo en su boca mientras él se daba la vuelta para regañar a los gemelos por su comportamiento infantil.

Y fue en ese momento, mientras Percy estaba escupiendo con enojo, que Harry entró a la cocina de nuevo. Estudió a Percy por un momento, y luego dijo: –Ese es un buen atuendo para ti, Perce.

Percy salió de la cocina y al jardín pisando fuerte. Todos estiraron el cuello para verlo irse por la ventana, donde se unió a un igualmente descontento Ministro. Una vez que pasaron las rejas y desaparecieron, toda la atención se volvió a Harry. –¿Qué pasó, Harry? –preguntó Lupin, poniéndose de pie.

–¿Qué quería, hijo? –preguntó Arthur.

Harry sólo los miró a todos, a la sollozante Sra. Weasley, a una frustrada Fleur, a los gemelos que estaban demasiado contentos con ellos mismos… y Ginny, quien se dio cuenta que todavía estaba de pie y todavía podía sentir el calor en sus mejillas.

Harry negó con la cabeza. –Yo… perdónenme, todos. –Y con eso, metió sus manos en sus bolsillos y rápidamente subió las escaleras, los hombros caídos.

–¡Harry, no, querido, vuelve! –gritó la Sra. Weasley tras él. –¡Ron, ve por él! –Ron saltó de su asiento y siguió a Harry escaleras arriba mientras todos los demás se sentaron en silencio, el ambiente festivo hecho pedazos. –Entonces, –pregunto Fred al humor sombrío, –¿qué hay para el postre?

El ambiente mejoró un poco mientras el día avanzaba; casi tuvo que mejorar con todas las muestras de tartas, pasteles, y galletas que la Sra. Weasley había preparado. Ron eventualmente convenció a Harry de bajar, donde él y los gemelos intentaron animarlo con sus mordazmente precisas impresiones de Percy.

Aun así, mientras avanzaba la noche, la casa descendió de nuevo en un estado de sombrío silencio. Mientras Harry y Ron jugaban al ajedrez, y Bill, su padre, y el profesor Lupin tenían una charla urgente en el jardín delantero, Ginny se aventuró a la cocina donde encontró a su madre tomando una taza de té lentamente, sus ojos, mirando hacia la nada.

–¿Mamá? –preguntó Ginny, tomando asiento a lado de ella. –¿Estás bien?

Su madre sonrió débilmente, y tomó la mando de Ginny con la suya. –Estoy bien, querida, simplemente bien.

–No te molestes por Percy, –Ginny trató de calmarla. –Volverá a sus sentidos algún día.

–O no lo hará, –dijo la Sra. Weasley. –Nosotros no seríamos la primera familia en ser separada por tontos argumentos y política. –Suspiró profundamente. –La verdad es, querida, que ni siquiera estaba pensando en Percy en este momento. Me estaba preocupando por Harry.

–¿Harry? –Ginny frunció el ceño. –¿Qué quieres decir?

–Piénsalo, Ginny, –explicó su madre. –El Ministro de Magia, en Navidad, viene a visitar a Harry Potter. En nuestra casa, sí, pero no teníamos nada que ver con esa visita, no importa que quisiera creer. No, todo fue sobre Scrimgeour queriendo hablar con Harry. –Movió la cabeza con incredulidad. –Sé que hemos visto algunas cosas asombrosas desde que ese chico vino a nuestras vidas, Ginny, pero espero que no estés tan cegada por ellas para que no puedas reconocer lo extraordinario que es eso. El Ministro de Magia, –explicó, –no hace visitas a domicilio por cualquiera.

Ginny asintió. –Supongo que no había pensado en ello de esa manera, –dijo. Se sentaron en silencio por un minuto, y luego Ginny preguntó, –¿Qué quería el Ministro con Harry? ¿Lo sabes?

–Oh, Merlín sólo sabe, –suspiró la Sra. Weasley. –Seguramente tenía que ver con la profecía y ser El Elegido y Quien-Tú-Sabes y todo eso. Por cierto, querida, estás siendo un poco liberal con su nombre ¿no te parece?

–Siento que tengo derecho, –dijo Ginny secamente. –Nos conocemos el uno al otro íntimamente.

–Oh, lo sé, querida, –dijo la Sra. Weasley, tomando la mano de su hija, lagrimas brillando de nuevo. –Y lo siento tanto por eso, y lamento mucho por la forma tan desinteresada con la que Percy habló de ello. –Ginny se encogió de hombros, pero no dijo nada. No quería hablar de ello, honestamente, no ahora. –Imagina, –continuó su madre, –lo que hubiera pasado si no fuera por Harry Potter. Me sorprende, las cosas que ese chico ya ha hecho por nosotros, y no sólo por nuestra familia, sino por todos nosotros. –Una solitaria lagrima resbaló por la mejilla de su madre. –Y no puedo siquiera imaginarme todo lo que tenemos que esperar de él todavía. Simplemente no puedo imaginarlo, Ginny.

Mas tarde esa noche, Ginny no podía dormir. Había demasiadas cosas en las que no podía parar de pensar: Percy, Dumbledore, el Ministro, la Cámara de los Secretos… y Harry. Eso último no era un nuevo descubrimiento; Harry había estado en su mente, realmente, por semanas ahora, desde que él los había atrapado a ella y Dean besándose en el pasadizo. Pero… se sentía diferente esta noche. Se sentía diferente. Y no sabía por qué.

Finalmente, a la una de la mañana, se rindió. Aventando las cobijas a un lado, se puso sus zapatillas y su bata. Té. Necesitaba té. Silenciosamente, bajó los escalones hacia la cocina. Imaginen su sorpresa cuando vio que alguien ya la vencido en llegar ahí.

–¿Harry? –susurró. Sorprendido, levantó la vista de la taza que había estado tomando.

–¡Ginny! –dijo, y parecía casi alarmado… pero pasó rápidamente. –Lo siento. Estaba pensando.

–Está bien, –respondió, metiéndose a la cocina. –Creo que tuvimos la misma idea.

–Me iré, si quieres.

–¡No! –dijo rápidamente, y luego se apresuró a añadir, –No tienes que hacerlo. –Harry sólo asintió. En silencio y con rapidez, Ginny se preparó su propia taza de té, y luego se sentó en la mesa en el lado opuesto de Harry. Se sentaron en silencio, cada uno tomando su té, ocasionalmente mirándose el uno al otro.

Al final, Ginny rompió la calma, –Entonces, –preguntó Ginny, –¿qué quería Scrimgeour? –Pero Harry negó con la cabeza lentamente.

–Realmente se supone que no puedo hablar de eso, –le dijo a modo de disculpa. –Se lo prometí a Dumbledore. Sólo Ron y Hermione.

Ginny había esperado esta respuesta, y sin embargo, extrañamente, no le molestaba. Las cosas por las cuales había estado dando vueltas en la cama lentamente empezaron a explicarse a sí mismas. Movió la cabeza con tristeza. –No es justo, –dijo con suavidad. Harry la miró, sus ojos verdes suplicando detrás de sus lentes.

–Por favor, –dijo, –sé que no lo es. Desearía poder hablar de ello, en serio, pero no puedo. No escuché a Dumbledore el año pasado y personas murieron. Realmente lo siento, Ginny. Sinceramente.

–No es eso a lo que me refiero, –lo corrigió. –Me refiero a que no es justo, todo lo que piden de ti. El Ministerio quiere que hagas cosas por ellos, la Orden te dice que hacer, Dumbledore te da lecciones privadas, enseñándote no-sé-qué…

Harry miró hacia otro lado. –Todos quieren lo que es mejor para mi, –murmuró, aunque en ese momento no parecía como si lo creyera. Ginny continuó.

–Tal vez sí, –dijo. –Pero no es justo. Tienes dieciséis años. No es justo que no tengas permitido actuar como uno.

Harry asintió lentamente, pero aun así no la miró. –Está todo bien, –le dijo, aunque la suavidad en su voz le dijo lo contrario. –Soy "El Elegido", por si no lo sabías. –Se encogió de hombros. –Lo que sea que eso signifique.

Ginny negó con la cabeza suavemente, y luego se inclinó hacia Harry sólo un poco, casi imperceptiblemente. –Sólo dilo, –susurró.

–¿Decir qué? –preguntó Harry, sus ojos todavía evitándola.

–Di que no es justo, –le imploró con suavidad. –Sólo dilo una vez. Porque no lo es. –Él no habló, pero finalmente la miró, sus grandes ojos verdes clavados en los de ella, y si se quedaba completamente inmóvil podía jurar que podía sentir su corazón latir tan rápido como el de ella. –Vamos, –le urgió. –No le diré a nadie. Y después de esto, tan rápido como llegue la mañana, puedes seguir siendo "El Elegido" y "El-Niño-Que-Vivió" y todas esas tonterías. Pero sólo por un segundo, por favor, admítelo: no es justo.

Él se quedó en silencio, pero sus ojos permanecieron unidos. Por un breve momento pensó que tal vez lo había presionado demasiado; en el camino equivocado… pero ese momento pasó rápidamente. De alguna manera, ella sabía que no. Finalmente, se inclinó hacia ella, muy ligeramente, y en un débil susurro, como si temiera que Albus Dumbledore lo escuchara, dijo con una pequeña, triste sonrisa: –No es justo.

Ginny devolvió su pequeña sonrisa con una suya. –Bueno, por supuesto que no lo es, –coincidió.

Un momento colgó entre ellos para siempre, cada par de ojos buscando el par del otro. No por primera vez, Ginny descubrió que este silencio con Harry era como ningún otro silencio que compartía con las demás personas, en lugar de tener ese tono demandante e innato de hablar para llenarlo con torpeza, este silencio realmente demandaba lo contrario.

Y se rompió momentos después cuando su padre entró por el cobertizo.

–¡Harry, Ginny! –dijo Arthur con cierta sorpresa. –No esperaba encontrarlos despiertos. Estaba afuera hablando con Bill y Remus. ¿Estoy interrumpiendo algo?

–No, Sr. Weasley, –dijo Harry rápidamente, enderezándose y bajando sus ojos de nuevo a su té.

–Nada, –coincidió Ginny, tomando otro trago de su té también. La verdad es que estaba segura de que había sido algo… pero, ahora que lo pensaba, tal vez no. Tal vez todo lo que estaba sintiendo ahora, por Harry, era el residuo de un enamoramiento ya olvidado hace tiempo, no más importante que los residuos al fondo de su taza de té.

Pero tal vez era algo más… algo que apenas estaba empezando a recordar.

Estaba bastante segura de que ese era el caso, pero lo que sea que fuera, en las pasadas cuarenta y ocho horas… las cosas habían cambiado. Dentro de ella, a su alrededor, su comprensión de los riesgos y todo lo que estaba apilado en los hombros de Harry, y en los hombros de todos… su comprensión de todo había cambiado, y este cambio había cambiado todo lo demás. Las cosas habían cambiado, y necesitaba tiempo para digerirlo, esto, lo que sea que estaba pasando con ella ahora.

–Ginny, –preguntó su padre, –¿te importaría si hablo con Harry a solas un momento?

–Seguro, –dijo, levantándose y poniendo su taza en el fregadero. –Buenas noches, Harry. –dijo suavemente.

–Buenas noches, Gin, –respondió, mandando una mirada en su dirección. Ginny empezó a subir los escalones, pero luego se volvió hacia su padre. –Aunque sólo para que sepas, papá… no es justo.

–Ginny, lo siento, –su padre empezó a decir la misma explicación que le había dado cien veces antes, –pero sabes que hay cosas que tenemos que discutir y que, bueno… me temo que no puedes oír. Lo lamento.

Ginny negó con la cabeza. –No es eso de lo que estoy hablando, –le aseguró a su padre en voz baja. Y con una sonrisa compartida entre ella y Harry, se dio la vuelta y se apresuró a su cama.


Sí, estoy viva. No, no he abandonado esta historia. Sí, ya sé. Soy la peor de las traductoras. Sí, ya sé. Prometí este cap hace ¿tres meses? :(

Tuve que traducir esto dos veces y se me hizo eterno ¬¬ ¡Pero lo importante es que ya lo tienen! Por ahi me comentaron que querían ver la escena del gusano, ahora saben que Ginny estaba contenta de tocar al gusano hahaha. El titulo es "Older", que se refiere a ser mayor pero en edad.

Espero que todavía estén interesados en esta traducción! (¡Por favor!)

Hay dos cambios respecto a la actualización: 1) La actualización se cambia del viernes al domingo/lunes. Esto porque me fastidia sentarme frente la computadora después de pasar casi todo el dia sentada frente a la computadora en mis prácticas. (Me es más fácil traducir los fines de semana)

2) Pondré todo mi esfuerzo en actualizar semanalmente, pero sino fuera así... PROMETO que no tendrán que esperar tanto como ahora. A lo mucho dos semanas. ¡LO PROMETO!

En fin, me gustaría mucho escuchar sus opiniones, quejas, gritos, maldiciones en los reviews. Muchas gracias por quedarse conmigo a pesar de todo :)

Nos leemos pronto!