La Serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.
Mil gracias a todos por leer. A quienes me dejaron likes, kudos, estrellitas, follows, favs y MUY especialmente a quienes me dejaron review. Son lo máximo y adoro leerlos.
Gracias por el recibimiento de la historia y espero este segundo capítulo, les guste.
Muerta de rabia e impotencia, así era como se sentía Snow ahí escondida, en medio de los arbustos, viendo como el hombre que había sido su amor verdadero no solo le estaba profesando amor a la que alguna vez fuera la ex Reina Malvada y su peor enemiga, sino que se la estaba follando en medio del bosque y enfrente de ella.
Aunque eso, él no lo sabía.
Apretó los dientes y reprimió un quejido de rabia. Estaba aguardando solo un poco, esperando que volvieran a distraerse o se durmieran para poderse ir y evitar ser descubierta.
Y no fue hasta que el príncipe encantador comenzó a hacerle cosquillas a la reina y ésta a reír muy fuerte, que la princesa decidió que había visto demasiado y que podía emprender su huida.
Tomó aire profundamente mientras se alejaba y alcanzaba a escuchar un alto gemido de la mujer que alguna vez estuvo casada con su padre y que ahora, estaba teniendo sexo con su ex marido.
Siguió caminando sin detenerse por varios minutos hasta que llegó a su propia camioneta. La había dejado bastante alejada de donde sabía les podía encontrar. Sus años de bandida le permitieron hacerlo con facilidad y sutileza para no ser descubierta.
Recargó su frente en el volante sintiéndose frustrada y desesperada.
Sí, fue ella quien hacía año y medio atrás decidió dejar a David sin importarle él. El saber que estuvo dispuesto a quedarse en Neverland y abandonarla había sido algo que convenció a Snow que podía seguir adelante sin su príncipe encantador y por eso lo hizo.
Fue la oportunidad que vio para tener la vida que tuvo durante la maldición. Una mujer libre que podía hacer lo que quisiera sin tener que rendirle cuentas a nadie. En verdad se sintió muy bien terminar todo con David y recuperar esa fascinante libertad.
Y estuvo muy conforme y feliz hasta que él decidió rehacer su vida, nada más y nada menos que con Regina.
Al principio le pareció extraño y absurdo, pero con la confianza de que no había forma en que eso resultara les apoyó a ambos en ese intento.
Y es que se trataba de Regina. ¡De Regina!
La mismísima ex Reina Malvada, que a pesar de haber estado dispuesta a sacrificarse por salvar la ciudad en varias ocasiones y que de verdad estuvo a punto de morir más de una vez para salvarles, no dejaba de cargar con todo lo que hizo siendo una villana y muy en el fondo, Snow pensaba que no se merecía un final feliz como el que un día soñó tener por todo el sufrimiento que había causado en sus años de maldad y oscuridad.
No la odiaba, pero el destino no podía ser así de injusto.
El verdadero problema vino cuando la relación entre ellos comenzó a volverse algo serio y fue entonces cuando quiso a David de vuelta.
Desde luego que trató de hablar un par de veces con él, insinuando que le gustaría regresar, que le seguía amando, pero el príncipe fue muy claro y la última vez, tajante, dejándole en claro que estaba enamorado de Regina y que estaba muy feliz con ella.
Desde entonces, Snow comenzó a observarlos con detenimiento, vigilando lo que hacían, manteniendo la esperanza de recuperarlo al ver que llevaban un noviazgo sin intimidad.
Lo sabía porque se mantenía cerca de Regina y ella no había dicho nada al respecto y también, porque David era extremadamente respetuoso con la reina. Lo veía recogerla a veces en la alcaldía, llevarla a su casa y después de algunos besos, irse.
A veces cenaban juntos en algún restaurante, y otras en la Mansión con Henry presente y el príncipe siempre se retiraba temprano. Nunca se quedaba a dormir o muy tarde.
Pero ahora sentía que todo se estaba derrumbando.
Habían llegado muy lejos en esta ocasión porque no sólo tuvieron sexo e intimidad por primera vez, sino que lo hicieron por amor y escuchó claramente que Regina le confesó que lo amaba.
Y eso era algo que Snow no podía concebir. No le entraba en la cabeza que la ex Reina Malvada fuera a conseguir un final feliz precisamente con el Príncipe Encantador, con SU amor verdadero.
Encendió el auto sin prender las luces y se fue.
El cielo comenzó a aclarar anunciando la mañana y los dos enamorados estaban profundamente dormidos, abrazados y acurrucados bajo las mantas calientitas y cómodas entre árboles y arbustos del bosque de Storybrooke.
Fue Regina la primera en despertar y una hermosa sonrisa cruzó su bello rostro al ver la forma en que amanecía.
Entre los fuertes, protectores y amorosos brazos de David, del hombre que amaba con todo su ser.
Soltó un pequeño quejidito sabiendo que debían volver a la ciudad.
Ambos tenían que ir a trabajar ese día y además, mientras más tiempo pasaban ahí en medio del bosque, corrían el riesgo de ser vistos en cualquier momento
- Mi amor - le llamó depositándole un besito tierno en el mentón y le acarició el pecho buscando despertarlo.
David soltó un largo suspiro y empezó a estirarse mientras bostezaba ruidosamente sorprendiendo un poquito a la alcaldesa. Acto seguido envolvió de nuevo entre sus brazos el hermoso y pequeño cuerpo de su novia pegándola a su pecho, acurrucándose más con ella haciéndola reír
- Debemos volver, encantador - le dijo tratando de liberarse del fiero abrazo
- No - respondió jugando y la apretó un poquito más al ver que trataba de zafarse. Inhaló profundo percibiendo el maravilloso aroma tan característico de Regina - Dame un beso y nos podemos ir - le dijo sonriendo
- Es usted un chantajista, señor Nolan - le acusó acomodándose mejor y alzando una de sus perfectas cejas perfiladas. La amplia sonrisa en el apuesto rostro de su novio le impidió seguir debatiendo.
Acercó su rostro al de él para darle un beso en los labios
- Gracias, señorita Mills - dijo mordiéndose el labio inferior y ella negó divertida. Llevó su mano hasta la cabeza de Regina y le acarició un poco - Buenos días, hermosa luz de mi vida - susurró con amor
- Buenos días, David - dijo la reina y se abalanzó sobre él para besarle de nuevo.
No supo hasta qué hora estuvieron haciendo el amor la noche anterior. Sólo sabía que se habían amado hasta que los dos quedaron completamente exhaustos. De otra forma quizá, no habría accedido jamás a dormir desnuda en el bosque
- Ahora sí estoy listo - jadeó el príncipe casi sin aliento cuando por fin su novia dejó de besarle.
Ella sonrió coqueta e invocando su magia, ambos estuvieron aseados y completamente vestidos aún debajo de las mantas.
Se pusieron de pie y de nuevo Regina usó magia para recoger todo y dejarlo en la parte de atrás de la camioneta de David.
Subieron a la misma, pero no pudieron evitar comenzar a besarse de nuevo y de un momento a otro el príncipe tenía a la reina sobre su regazo, besándole apasionadamente
- Ha sido la noche más maravillosa de toda mi vida - dijo el sheriff acariciando el trasero de su bella novia - Quisiera repetirla un millón de veces - le sonrió
- ¿Te gustó hacerlo al aire libre? - preguntó Regina de forma seductiva mientras apoyaba sus manos en el respaldo del asiento detrás de él y le miraba con intensidad. David sonrió de medio lado y alzó sus hombros como respuesta - Eres un pervertido - le acusó susurrando sobre los apetitosos labios
- Si mal no recuerdo, fuiste tú quien me pidió que no me detuviera, señorita Mills - reviró y se alzó para besarla con arrebato mientras la jalaba hacia él por las caderas y se empujaba contra ella haciéndole sentir su semi despierta erección
- E-estoy un poco adolorida - confesó cuando las hábiles manos de su novio comenzaron a acariciar por debajo de la falda de su vestido con dirección a su intimidad y en un segundo, la mirada amorosa de David se convirtió en una de completa consternación
- ¿Te lastime? - preguntó preocupado
- ¡No! - respondió de inmediato para tranquilizarlo - No, no - aseguró - Fuiste… - se relamió los labios y se removió sobre el regazo del príncipe - maravilloso - le sonrió y sus mejillas se encendieron
- ¿Me puedes explicar por qué tardamos tanto en hacer ésto? - preguntó viéndola sonrojarse de esa forma tan adorable que tanto le gustaba. Acomodó un mechón rebelde de sedoso cabello tras la oreja de la reina
- Fue por amor - respondió ella mirándole con intensidad y con mucho, pero mucho amor
- Oh, belleza. No tienes idea cuánto te amo - y tomando el bello rostro entre sus manos, la jaló un poquito hacia él para besarla con todo el amor que sentía por ella.
Snow estaba sentada en su cama. Llevaba toda la noche sin dormir.
Y es que no podía hacerlo.
No cuando la ansiedad la estaba carcomiendo por dentro. No cuando las imágenes de ellos dos en el bosque no dejaban de agolpar sus pensamientos cada vez que cerraba los ojos.
Jamás se iba a poder sacar de la mente la imagen de Regina debajo de su ex marido y sobre él, llegando al orgasmo una y otra vez.
El mismo coraje que la invadió ante ese pensamiento, la hizo levantarse para preparar el desayuno.
Mientras lo hacía recordó que, estando entre los arbustos, pensó por un segundo que había sido descubierta, cuando Regina abrió los ojos hacia donde ella estaba y Snow juró que la estaba viendo. Oh Dios, recordar a David sobre ella, besándole el cuello y con una mano entre medio de las piernas de la reina le traía una extraña sensación desde las entrañas.
Algo que se sentía incorrecto y despreciable.
No podía permitir que eso siguiera así, tenía qué hacer algo lo antes posible para separar a David de Regina.
¿Pero qué?
Un par de horas más tarde, David llegó a la estación donde una perpleja Emma se le quedó mirando porque el príncipe parecía andar de paseo por las nubes
- Buenos días - saludó la sheriff con algo de intención en sus palabras y llevó la taza de café a sus labios mirando a su padre fijamente
- Buenos días - le saludó con una expresión boba en su apuesto rostro que hizo que su hija casi se ahogara con el café - Oh, Emma - corrió a su lado y le dio palmaditas en la espalda mientras la rubia tosía
- ¿Qué… - tosió de nuevo - hiciste anoche? - preguntó con los ojos llenos de lágrimas por el esfuerzo, pero sabía perfectamente que algo pasaba con su padre y moría de curiosidad.
David sintió sus mejillas arder un poco porque bueno, era su hija quien estaba haciéndole esa pregunta y solo atinó a sonreír de lado de una forma en la que le dijo todo a la sheriff
- No - dijo Emma con los ojos grandes y sorprendidos, tratando de contener la emoción, pero al verlo asentir y sonreírle ampliamente supo que estaba en lo cierto - ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! - exclamó dando un par de saltitos y se apresuró hacia él para abrazarlo - Estoy tan feliz por ti - le dijo con una sonrisa en su rostro.
Y en verdad lo estaba, mucho. Ella estuvo a su lado cuando Snow le dejó, fue testigo de lo mucho que David sufrió y también, lo fue de cómo poco a poco, el príncipe volvió a llenarse de ilusión gracias a Regina. De cómo ambos cayeron enamorados uno por el otro y sabía casi todo de esa relación porque prácticamente era la confidente de su padre
- Muchas gracias, hija - respondió David mientras se separaba de ella dejándole un beso en la frente como era su costumbre - Todavía no lo puedo creer - susurró emocionado
- Si no fueras mi padre te pediría que me contaras todos los detalles - le dio unas palmadas en la espalda y regresó a su lugar
- Así estamos muy bien - dijo el príncipe caminando a su escritorio - Solo puedo decirte que fue maravilloso y que estoy más enamorado que nunca - soltó un suspiro casi derritiéndose en la silla en la que se dejó caer - No tenía idea que podía amar de esta forma - confesó mirando al techo.
Emma asintió sabiendo bien que con ello su padre le estaba confesando que amaba a la reina mucho más de lo que amó a la princesa y lo entendía muy bien, porque ella pensó que no iba a amar a nadie como amó a Neal hasta que August llegó a su vida y junto a él, descubrió que había formas mucho más profundas y reales de amar
- Me ama, Emma - dijo David soltando el aire entrecortadamente - Me lo dijo anoche mientras hacíamos el amor - le contó cerrando sus ojos azules, permitiéndose recordar ese hermoso momento.
A mediodía, Regina, David y Henry estaban comiendo juntos en el comedor de la Mansión.
Durante todo ese rato los dos enamorados habían estado mucho más románticos de lo normal, había miradas de complicidad, besos y caricias discretas que no pasaban desapercibidas para el casi adolescente
- ¿Qué traen? - preguntó extrañado, mirándolos fijamente a ambos.
Los dos adultos voltearon a verle, Regina fingiendo, al igual que él, extrañamiento por su pregunta, sin embargo, David seguía con su misma expresión boba y enamorada que sólo reflejaba felicidad incontenible
- Tu mamá me dijo que me ama - sonrió emocionado y le dio un beso cariñoso en la mejilla a su novia
- ¡Al fin! - exclamó Henry alzando un poco sus brazos
- ¿Al fin? - preguntó la reina frunciendo el ceño
- Es que era obvio, mamá - argumentó el casi adolescente torciendo los ojos como solía hacerlo su madre
- Ya sabes cómo es - dijo el sheriff y después rio un poco al ver la expresión con la que Regina le miraba
- ¿Cómo soy, David? - preguntó indignada y de pronto tuvo el apuesto rostro de su novio frente a ella, con sus narices a nada de tocarse
- Hermosa - respondió y capturó sus tersos labios en un beso amoroso y tierno, nada subido de tono porque su nieto estaba ahí presente
- Qué cursis - dijo Henry haciendo una mueca de desagrado y se levantó llevándose su plato y vaso a la cocina.
David y Regina rieron divertidos en medio del beso por la reacción del pequeño.
Mientras tanto, en la casa que Emma compartía con August, éstos terminaban de comer en compañía de Snow
- Iré al taller con mi padre - dijo el escritor. Le dio un beso a Emma y se despidió cordialmente de la princesa para irse.
Una vez que estuvieron solas, la rubia se levantó para recoger los platos y llevarlos al fregadero
- Y… ¿con quién pasaste la noche? - le preguntó a su madre de forma insinuante mientras caminaba hacia la cocina
- ¿Perdón? - preguntó Snow confundida
- Tienes cara de no haber dormido nada - rio al decir eso y volteó a verla
- ¡Oh! - exclamó la princesa cerrando los ojos para luego negar con su cabeza
- ¿Tan mal estuvo? - preguntó acercándose de nuevo al comedor y se sentó en su silla
- No. No estuve con nadie. Solo… problemas para dormir - respondió y la sheriff asintió pensativa.
Cuando Snow dejó a David, ésta salió por un tiempo con Víctor, después tuvo una que otra aventura, luego lo hizo con Archie y todo parecía ir bien en ese aspecto porque ella estaba feliz, pero cuando el príncipe comenzó a interesarse en Regina, las cosas comenzaron a ser diferentes y desde entonces no había salido con nadie más. De hecho, Emma sabía que la princesa intentó un par de veces convencer a su padre de volver.
Era como si el saber que David siguió adelante hubiera estancado de alguna forma a la princesa y le fuera imposible seguir con su vida.
Y no tenía idea cómo iba a reaccionar cuando se enterara que la reina y el príncipe habían pasado su primera noche juntos y que Regina le había confesado a David que también lo amaba.
Lo que Emma ignoraba, es que Snow no solo lo sabía, sino que había sido testigo de ello y ahora estaba más que decidida a recurrir a la única persona que no solo podía ayudarla, sino que también, pensaba igual que ella respecto a la posibilidad de que la ex Reina Malvada pudiera conseguir un final feliz cuando no lo merecía.
Pronto la noche cayó en la tranquila ciudad de Storybrooke y, en la lujosa Mansión de la alcaldesa, David y Regina se dirijan a la habitación principal.
Los pasillos estaban en penumbras y la casa vacía a excepción de ellos dos. Esa semana a Henry le tocaba estar con Emma tal cual lo dictaba el acuerdo que la sheriff y la reina tenían respecto a la custodia del hijo de ambas.
Lo único audible eran los besos apasionados que la pareja de enamorados se estaba dando mientras se acercaba a la puerta.
David entró con la hermosa alcaldesa en brazos. Las estilizadas y bien formadas piernas le rodeaban por la gruesa cintura, las delicadas manos acariciando su rostro y cuello mientras se seguían besando.
Adoraba que fuera tan pequeña y ligera a comparación de él porque podía cargarla con facilidad y sin esfuerzo. La sostenía por la estrechísima cintura con su brazo derecho y con la mano izquierda por su bello, perfecto, divino y apetitoso trasero.
Regina empujó la puerta con una de sus manos haciendo que se cerrara de golpe y rio divertida por el sonido que provocó. Su novio la volvió a besar mientras caminaba hacia la cama y la dejó caer sin mucha brusquedad, pero sin la suficiente delicadeza, de tal forma que la reina rebotó un poquito sobre el colchón y no pudo evitar reír de nuevo por la divertida acción.
El príncipe se mordió el labio inferior. Estaba inclinado sobre ella y entre las bellas piernas abiertas, con sus manos a cada lado de la estrecha cintura. Se subió apoyando las rodillas sobre el colchón al tiempo que se agachaba para dejar un beso sonoro justo debajo de los perfectos senos de su novia y después se alzó para atrapar los tersos labios en un beso cargado de pasión y deseo.
La alcaldesa gimió dentro del beso y ladeó un poco el rostro disfrutando de las atenciones de su novio. Tenía un brazo estirado hacia arriba cerca de las almohadas y con el otro acariciaba ligeramente el costado derecho del príncipe.
Llevó sus manos al apuesto rostro para acariciarlo y alzó las piernas pegándolas a la gruesa cintura que abarcaban. La mano izquierda de David pronto estuvo sobre su cabeza acariciándole con cariño.
Se separó de los labios de la reina y sin apartar su mirada de la chocolate de ella descendió un poco para luego enterrar su rostro entre medio de los encantadores pechos y la escuchó reír de nuevo e inhaló profundo…
Amaba escucharla reír, era uno de los sonidos más bellos que jamás había escuchado en su vida.
Los otros sonidos, eran los gemidos, jadeos, lloriqueos y gritos de placer que apenas la noche anterior había tenido la dicha de descubrir y llevaba todo el día ansiando como nada escucharlos de nuevo.
Sentía que podía volverse un adicto a todo eso… A ella así.
Regina tenía los ojos cerrados y una hermosísima sonrisa en el bello rostro mientras David le besaba el cuerpo. Una de las varoniles manos se colaba entre la tela de su vestido negro para apretarle la nalga derecha con ganas y ella arqueó su espalda gimiendo bajito al tiempo que él mordisqueaba justo donde terminaban sus costillas
- Hermosa - jadeó y después suspiró mientras pasaba ambas manos por el divino cuerpo por debajo de la tela del vestido, alzándolo en el proceso hasta dejarlo alrededor de la estrecha cintura.
La sostuvo firmemente de ahí mientras besaba el plano vientre con ardor y apretaba el agarre que tenía sobre ella. Le fascinaba que sus pulgares estuvieran muy cerca de tocarse por lo estrecha de la cintura de su bella tentación.
Abrió su boca para mordisquear un poco sobre la tela de encaje que cubría la intimidad de su novia quien soltaba pequeños gemidos gustosos con cada una de sus atenciones.
Acarició con la punta de su nariz el pubis de la reina en una tortuosa caricia que la hizo arquearse ligeramente y soltar un pequeño jadeo necesitado que lo hizo sonreír aunque ella no podía verle.
No pudo evitar aspirar el delicioso y exótico aroma, dejándose embriagar por el mismo mientras soltaba un pequeño gemido desde el fondo de su garganta porque el olor de la alcaldesa era simplemente maravilloso y excitante.
Se bajó de la cama mientras alzaba la vista para ver a su novia quien le miraba divertida y anhelante. Le pasó las manos por las ingles, evitando hacer contacto con el precioso sexo.
Y antes de que Regina pudiera protestar por ese cruel acto, David le miró con algo de malicia y después, comenzó a repartirle besos en la ingle izquierda. Dejaba besos sonoros y húmedos que provocaban cada vez más a la hermosa mujer sobre la cama. Alzó su vista un poco mientras cambiaba a la ingle derecha para darle el mismo trato y la vio, tenía los hermosos ojos cerrados y se mordía el labio inferior gustosa con los brazos estirados rozando apenas las almohadas que adornaban la cama.
Besó con devoción la suave y exquisita piel, arrastrando los labios con intención y afán cada vez que se separaba de la misma. Subió ahora un poco dejando besos en el muslo interno y después cambio al otro.
Se alzó colocando sus manos en los muslos de Regina quien le miraba coqueta y provocativa, para empujarlos un poco hacia ella logrando que alzara las piernas.
Le miró ansioso entreabriendo la boca para respirar pronunciadamente. Llevó sus manos hasta la ropa interior de la reina, la tomó y la deslizó por sus nalgas… por esas divinas y exquisitas nalgas que le enloquecían. Ella alzó un poquito las caderas ayudándole hasta que logró sacarlas por las piernas, para luego arrojar la prenda sin importarle dónde pararía como lo hizo la noche anterior.
Regina se removió acomodándose mejor y aun con sus piernas dobladas encima de ella misma, las abrió exponiendo todo de sí para él.
Para David, para el amor de su vida.
El príncipe observó la intimidad de la reina. Los rosados pliegues están ligeramente hinchados y por entre medio de los mismos, podía verse la evidente humedad, señal inequívoca de lo excitada que estaba.
Oh, Dios…
- ¿Qué haces haciéndome esperar, Sheriff? - preguntó Regina apoyada sobre sus antebrazos y con una ceja alzada altivamente
- Es que… - se relamió los labios y una sonrisa involuntaria se dibujó en su apuesto rostro - Sigo sin poder creer que seas así de hermosa - le miró ahora con intensidad y esta vez, fue ella quien sonrió con emoción por el halago.
Negó un poco divertida y abrió su boca con toda la intención de hablar, pero él lo hizo primero
- Y verte mojada me calienta como no tienes idea - jadeó aferrándola con ambas manos de las nalgas jalándola un poquito hacia el borde de la cama y la vio contener el aliento.
Acercó su rostro al precioso, húmedo y completamente depilado sexo de su novia y cuando la punta de su nariz hizo contacto con el centro mojado, David aspiró profundamente el delicado, penetrante y exquisito aroma de mujer.
Regina jadeó con necesidad entreabriendo los rojizos labios que pronto se abrieron por completo al tiempo que se arqueaba ligeramente sobre la cama cuando el príncipe lamió desde su entrada posterior hasta su hinchado y erguido clítoris que comenzaba a palpitar reclamando por atención.
Después de eso, soltó un gemido un poco alto porque el Sheriff colocó sus grandes manos en la parte de atrás de sus rodillas y empujó más los muslos contra ella misma logrando que su trasero se elevara un poco
- Mmmhh... ¡Ah! - gimió esta vez más alto cuando su novio empezó a dar lametazos certeros y tortuosos sobre su pequeño botón de placer. Lamia de arriba a abajo, después en círculos para luego bajar hasta su estrecha entrada e introducir la ávida lengua.
Regina se abrazó a sus propias piernas para mantenerlas en el sitio que el Sheriff quería, de tal forma, que él pudo llevar las manos hasta sus muslos y empezar a acariciar desde ese punto hasta sus nalgas que apretó con ganas mientras comenzaba a besarle literalmente el sexo con besos ardientes, sonoros y pasionales, como cuando la besaba en la boca y oh Dios, era sumamente exquisito.
Una pequeña nalgada la hizo alzar un poquito su trasero por reflejo y la trajo a la realidad. Soltó sus piernas y pudo ver a su novio mirándole socarrón y si no lo amara tanto, le habría arrojado una bola de fuego en ese justo instante por dejarla así.
Comenzó a abrir su camisa y la reina pronto se levantó hasta quedar de rodillas sobre la cama y así se acercó a él. Llevó su delicada mano derecha al apuesto rostro y la izquierda la dejó justo donde el cuello de él terminaba.
Cuando David se sacó la camisa, las manos de Regina viajaron hasta la gruesa cintura para jalar la tela de la camisa interior y comenzarla a subir hasta sacarla por los musculosos y fuertes brazos entre los que amaba estar.
Las manos del príncipe la aferraron por la estrecha cintura apretando un poquito mientras la reina empezaba ahora a desabrochar la hebilla del pantalón que llevaba. Cuando lo logró, procedió a abrir la bragueta, pero David volvió a avanzar, subiéndose a la cama de nuevo sobre las rodillas haciéndola retroceder
- Ya vi sus pervertidas intenciones, señorita Mills - la apretó contra él cuando ambos estuvieron de rodillas sobre la cama frente a frente
- Ah, ¿sí? - preguntó siguiéndole el juego
- Sí - respondió mientras llevaba su mano derecha hasta el muslo izquierdo de su novia y le jalaba dándole a entender que se subiera sobre su regazo y ella así lo hizo. Se acomodó sobre él - Me quieres tener desnudo cuando tú aún llevas tu sexy vestido - apretó las preciosas nalgas con ganas haciéndola estremecer y removerse sobre su regazo - Eres una traviesa - le acusó al tiempo que le soltaba otra nalgada sobre la tela del vestido ganándose un saltito y un hermoso gemido, una erótica mezcla de sensación dolorosa y placentera.
Volvió a prenderse de los bellos labios acariciando ahora el punto donde la había nalgueado y oh, sus ojos casi giran hacia atrás de su cabeza cuando su hermosa Regina comenzó a balancearse sobre el bulto entre sus pantalones
- ¿Me deseas, sheriff? - le preguntó sobre los labios jadeantes, con la mirada penetrante y segura
- Sí… - jadeó casi sin aliento por el placer - Sí, señorita Mills - respondió cerrando los ojos y tomó aire profundamente decidiéndose a retomar el control.
No es que esa fuera una lucha por poder sobre la cama, solo era que le excitaba la idea de ser él quien se encargara del placer de su amada Regina.
Le era sumamente satisfactorio y placentero que ella le permitiera hacerse cargo de su placer.
Y sabía que no debía, pero de pronto no podía evitar hacer comparaciones. Y es que con Snow todo fue muy distinto. Sí, seguro le gustaba tener sexo, pero siempre lo limitaba.
Con ella el sexo siempre fue metódico. Solo besos, un par de caricias, ella acostada y él encima, meterla y sacarla un par de veces, tocar su clítoris para que llegara al orgasmo, eyacular y ya. Ni antes ni después del acto, la princesa quiso saber más ni le permitió hacer nada más. Y ni imaginar en hablar durante el sexo.
Pero ella, su bella, sensual y erótica Regina no tenía comparación con nadie y eso que había estado con ella solo una maravillosa vez, dónde estuvieron entregándose el uno al otro en cuerpo y alma sin ningún tipo de restricción.
Llevó sus manos hasta el inicio del cierre del vestido y comenzó a bajarlo
- No es justo que yo esté desnudo de la cintura para arriba y usted toda vestida, señorita Mills - advirtió jugando
- No estoy toda vestida. Le recuerdo que usted, se encargó de quitarme las bragas, señor Nolan - respondió siguiéndole el juego y alzó dócilmente sus brazos para permitirle sacar el vestido
- Así está mucho mejor - sonrió sugestivo dejando un beso en la mandíbula de su hermosa tentación mientras, con una sola de sus manos, desabrochaba el brassier con maestría
- ¿Dónde aprendiste eso? - preguntó divertida permitiéndole sacar la prenda por sus brazos
- Es uno de los súper poderes del Sheriff David Nolan - argumentó socarrón y con orgullo haciéndola reír por la ocurrencia y después, enterró su rostro entre medio de los hermosos senos de la reina.
Movió un poco su rostro, de un lado hacia el otro haciéndola reír de nuevo. Después llevó su mano derecha al seno izquierdo y lo tomó, lo apretó un poco, solo lo suficiente para hacerle sentir la intención. Clavó su mirada azul en los preciosos y atentos ojos chocolate, y sin apartar la vista de ellos, acercó su boca al tierno y rosado pezón.
Sacó su lengua y lo tocó apenas con la punta. La respiración de la reina comenzaba a ir en aumento y no decía nada, solo le miraba con intensidad, amor y deseo. Paseó su lengua alrededor de la pequeña protuberancia que comenzaba a endurecerse y en cuando la vio morderse el labio inferior, abrió su boca para prenderse del lindo pezón.
Chupó con ganas y apretó la nalga derecha de Regina quien gimió echando la cabeza un poquito hacia atrás, colocando las delicadas manos sobre sus hombros
- Ahh - soltó un gemidito la reina y el príncipe lo hizo por igual. Había internado la mano izquierda por entre medio de sus nalgas, había rozado apenas su entrada posterior y ahora tenía la palma de la mano colocada ahí, con los grandes y maravillosos dedos alcanzando su ardiente intimidad
- Estás empapada - gimió con gusto desde el fondo de su garganta sin soltarle el seno. Movió su mano un poco de adelante hacia atrás mojando sus dedos con la excitación de su novia.
Después, trazó círculos sobre la abertura anal al tiempo que mordisqueaba el endurecido pezón haciéndola sisear de ardor y deseo.
Sonrió satisfecho y sin previo aviso, la tomó por la estrecha cintura con ambas manos y la bajó de su regazo haciéndola caer sobre la cama una vez más.
Regina iba a protestar, claro que lo iba hacer, pero David volvió a tomarla de los muslos para empujarlos hacia ella, esta vez mucho más, dejando su trasero en el aire a varios centímetros del colchón y volvió a enterrar el rostro ahí, en su expuesto y necesitado sexo
- ¡Ohhh!… Mnmhh - gimió desde su posición y se habría arqueado un poco si no la tuviera prácticamente clavada en la cama.
La grande y varonil mano izquierda sobre los muslos fue suficiente para mantenerla en su sitio, aunque claro, Regina no estaba poniendo objeción alguna. Al contrario, le traía un placer inexplicable dejarle hacer lo que quisiera
- Ah, ahhh - se retorció un poco cuando introdujo un hábil dedo en ella y lo curvó con precisión, se prendió de su palpitante clítoris y empezó a chuparlo como si se lo quisiera arrancar al tiempo que la penetraba con rapidez con el dedo, golpeteando con precisión ese punto especial dentro de ella.
Y Regina, no pudo hacer otra cosa que abandonarse al placer que el príncipe encantador le estaba dando.
Mordisqueó con cariño el endurecido botón de placer con su dedo bien enterrado en ella. Lo movía de un lado a otro haciéndola jadear pesado, gemir ahogado y lloriquear bajito. El perfecto y pequeño cuerpo comenzaba a temblar ligeramente, el precioso y húmedo sexo a cerrarse alrededor de su dedo.
Dios… Estaba tan caliente por dentro y moría por estar enterrado en ella, hasta el último centímetro de su grande y grueso miembro clavado hasta el fondo de ese apretado y delicioso sexo
- ¡Ah, ah, ah… Ahhhhhh! - gimió muy alto en cuanto llegó y apretó la colcha bajo ella con todas sus fuerzas, hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
El orgasmo la azotó con fuerza y sin piedad.
Y tal como lo hiciera la noche anterior, David, completamente satisfecho de haberla hecho llegar al orgasmo, dejó un beso pronunciado en el húmedo y convulsionante sexo, para luego ayudarla a bajar las piernas y después, se bajó de la cama para terminar de desnudarse mientras Regina se recuperaba.
La reina seguía temblando por los remates del potente orgasmo y estaba que no lo podía creer. Nunca antes había tenido un orgasmo de esa magnitud. Sí, claro que los que tuvo con Graham siempre fueron muy placenteros, pero todos esos se quedaban cortos con este que David acababa de darle.
El sheriff, completamente desnudo, se subió de nuevo a la cama, se colocó entre las hermosas y abiertas piernas, la aferró de las caderas y la subió sobre su regazo.
La alcaldesa fijó su mirada, aún nublada de placer, en el turgente, grande y grueso miembro de su novio. Ese erguido y duro mástil con el que el día de ayer le había dado la mejor follada de su vida y no podía esperar más por tenerlo dentro, ensanchándola hasta su límite, estimulando cada punto de su interior con precisión.
Llevó sus delicadas manos a los muslos del príncipe para sostenerse de ahí. Abrió más sus piernas para él y movió un poco las caderas, restregando sus nalgas sobre él
- Métemela - le pidió sin dejar de moverse buscando provocarle para que la tomara de una vez.
David sonrió de medio lado entre socarrón y malicioso, entendiendo que la reina estaba tratando de hacerle perder el control. Pero no le iba a dar ese gusto.
Al menos no todavía.
Llevó su mano izquierda hasta la húmeda intimidad y usando sus dedos índice y pulgar, estiró la piel exponiendo el botón de placer. Tomó su hinchado miembro de la base con su otra mano y comenzó a darle golpecitos certeros con el mismo en el sexo, azotándole el clítoris en el proceso
- Mnnhg - gimió Regina estremeciéndose por completo con cada pequeño golpe en su botón de placer que mandaba ondas eléctricas a todo su cuerpo. Apretó sus bellos ojos y se arqueó un poco.
El sonido que se creaba por la cantidad considerable de humedad en la intimidad de la reina pronto inundó toda la habitación. La alcaldesa solo soltaba gemidos ahogados sintiendo sus piernas temblar y su orgasmo a construirse.
Dios… No, no se podía venir así, ¿o sí?
- ¿Decías, belleza? - preguntó con los dientes apretados porque el placer era mucho para él también, de la punta de su erección comenzaba a brotar líquido preseminal que caía sobre ella mezclándose con la humedad esparcida por todos lados.
El precioso y rosado sexo era un desastre. Todo chorreante, mojado, caliente y palpitante.
Siseó con ardor ligeramente doloroso cuando Regina le encajó las uñas en los muslos, alzó un poquito las temblantes piernas y empezó a lloriquear. Parecía estar a punto de ser demasiado para ella.
Así que dejó el clítoris, se irguió un poco, la aferró con ambas manos de la estrecha cintura inclinándose un poco sobre ella y empezó a moverse de atrás hacia delante, paseando su necesitada erección por entre medio de los suaves e hinchados pliegues
- Mmnnahhh - se retorció por el cambio, pero se mantuvo en su lugar gracias al firme agarre del príncipe en ella - ¡Oh, Dios! - se dejó caer en la cama y empezó a gemir incontrolablemente. Sus ojos se llenaron de lágrimas por el exquisito placer, porque la cabeza húmeda y caliente del grueso miembro se frotaba contra su clítoris cuando se empujaba hacia ella.
Mordió su labio inferior, se tensó llevando sus manos a los antebrazos de su novio y elevando sus piernas, la izquierda doblada, la derecha estirada, apoyada contra el cuerpo de David
- Ah - gimió de pronto - Ah - de nuevo, pero el sonido fue un poco más agudo - Ah… Ah, ¡AAAHHH! - gritó mientras se arqueaba debajo de él, contra el varonil cuerpo y después se quedó callada conforme su precioso cuerpo se tensaba firmemente para luego comenzar a temblar, tensarse de nuevo, volver a temblar, solo para repetir el proceso hasta que empezó a convulsionar sin control alguno
- ¡Oh, demonios! - gimió el príncipe al ver que un pequeño chorro líquido salió de la intimidad convulsionante de Regina y por Dios, que era de lo más erótico que había visto en toda su vida, incluidos sus días como humilde pastor.
Sin poderse contener, se inclinó sobre ella para besarla arrebatada y pasionalmente, hundiendo su lengua en la dulce boca de su novia que aún soltaba pequeños gemidos en medio del beso
- Eres maravillosa - le susurró sobre los hinchados y entreabiertos labios
- También tú, encantador - respondió sin aliento y tomándole del rostro con sus manos, le jaló para besarlo de nuevo
- ¿Estás lista? - le preguntó para asegurarse de que sólo sintiera placer cuando la tomara
- Sí - respondió jadeante - Quiero ser tuya otra vez - dijo con entrega, frente pegada a la de él y ojos cerrados.
El príncipe movió sus caderas un poco, logrando colocar la punta de su miembro justo sobre la preparada entrada de la alcaldesa. Solo necesitaba empujar y ya, comenzaría a adentrarse en el ardiente, apretado y húmedo pasaje de su amada Regina
- Hermosa luz de mi vida, te amo tanto - susurró solo para ella y entonces sí, comenzó a ejercer presión para que la cabeza de su miembro entrara. La sintió estremecer cuando lo logró. Se detuvo un segundo y siguió.
Se deslizaba poco a poco en su interior, ensanchando sus paredes internas con parsimonia y cada vez que ella hacía el más mínimo gesto de incomodidad se detenía para besarla tiernamente y con amor.
Ambos gimieron alto cuando estuvieron completamente unidos
- Te amo, mi amor - dijo Regina mientras se abrazaba a él por completo y sintió un beso en el hombro izquierdo.
El príncipe se mantuvo quieto, seguramente esperando a que ella se acostumbrara a tenerlo en su interior y no podía amarlo más por ese cuidadoso gesto. Porque con seguridad, se estaba muriendo por venirse. Ella ya lo había hecho dos veces, pero él aún necesitaba vaciarse y la reina no podía esperar porque lo hiciera en su interior.
Apretó los ojos cuando empezó a salir y a entrar de ella a un ritmo firme. Dejaba solo la cabeza dentro cuando se retiraba y se introducía de nuevo de inmediato y la alcaldesa sentía que se mojaba más conforme lo hacía y parecía que el movimiento era mucho más fácil
- ¡Nhg! - gimió porque esta vez David salió y se enterró en ella de una estocada, firme y fuerte.
Sostuvo ese ritmo aferrando con sus manos la estrecha cintura de su novia. El perfecto y pequeño cuerpo se movía al ritmo de sus estocadas, sacudido por la fuerza de las mismas y ella… Oh, la hermosa reina se aferraba más a él como buscando sostenerse
- ¿Te gusta tenerme dentro? - le preguntó con la voz cargada de puro deseo
- A-Ajaaa - afirmó en un sensual gemido que fue lo único que pudo articular.
Sonrió encantado con la respuesta porque quizá Regina no lo sabía, ni lo sospechaba, pero desde la noche anterior, David había descubierto que estar dentro de ella era lo que le hacía sentir completo y pleno.
Empezó a moverse con más ímpetu y Regina empezó a lloriquear con el bello rostro enterrado en su cuello y brazos alrededor del mismo.
Se apoyó mejor en sus rodillas, elevando un poco el trasero de la reina en el proceso. Llevó sus manos hasta la cabeza de ella y la besó con cariño retomando su ritmo.
De un momento a otro, su novia echó la cabeza hacia atrás y él la sostuvo aprovechando para besarle la garganta y subir hasta la bien definida mandíbula
- Juntos… - pidió con la boca seca - Quiero que nos vengamos juntos - aclaró su petición y ella asintió concediendo.
Aumentó un poco más el ritmo y cambió el ángulo, golpeando ahora con precisión ese punto especial dentro de ella que sin lugar a dudas la llevaría al orgasmo. Lo sabía, porque Regina comenzaba a temblar y soltar alaridos de placer cuando lo estimulaba.
Sus estocadas comenzaron a ser erráticas y David comenzó a jadear gravemente sintiéndose muy cerca. Se inclinó hacia adelante provocando que Regina quedara sobre la cama, y apoyó sus manos sobre el colchón para tener balance
- Oh...ah, ah… Mmnnhh. ¡Diosss! - gritó la alcaldesa cuando alcanzó la cúspide de su placer que recorrió su cuerpo entero.
Al sentirla el Sheriff no pudo evitar seguirla, porque esos gritos y la forma tan exquisita casi imposible en que le apretaba por dentro, no le permitieron contenerse.
La reina gimió bajito y con gusto al sentir la ardiente y espesa semilla de su novio derramarse muy dentro de su intimidad. Era tan reconfortante y se sentía tan bien, tan correcto
- Te amo, te amo - repitió mientras comenzaba a llenar de besos el hermoso y sonrojado rostro de su novia que seguía sufriendo pequeños espasmos a causa del último orgasmo. La reina comenzó a reír inundando de alegría y calidez el corazón del príncipe.
No había nada más hermoso en el mundo que poder estar así con ella y quería que fuera para toda la vida.
Y no pasó mucho tiempo para que Regina buscara cambiar de posición hasta lograr subirse sobre él con toda la intención de montarlo.
- ¿Estás segura? - preguntó una contrariada Azul que había acudido al encuentro de Snow en el apartamento de ésta última.
La princesa le había llamado para acordar verse con extrema urgencia. El hada era su amiga y su leal protectora
- Los vi y la escuché - aseguró negando con su cabeza ahora porque no podía concebir lo que había pasado entre ellos - La escuché decirle que lo ama - dijo sintiendo un nudo en la garganta - No es justo - siseó con rabia entre dientes.
Azul asintió pensativa.
Tenía el mismo ideal de la princesa. Jamás había visto a Regina con buenos ojos por el simple hecho de ser hija de Cora y su paso por la oscuridad confirmó sus sospechas.
Era mucho el daño que la reina causó en sus años de maldad y no entendía cómo es que después de detener la maldición de Pan consiguió el perdón y aceptación del pueblo como para seguir siendo la alcaldesa, la gobernante… La reina.
Le parecía absurdo que después de todo, Regina siguiera teniendo aquello que le pertenecía a su protegida por derecho y no conforme con ello, ahora tenía al Príncipe Encantador y estaba a nada de conseguir lo que en el Bosque Encantado era considerado como un final feliz.
Lo que era peor, sin el Oscuro, se suponía que no habría ningún ser mágico más poderoso que ella, porque ni siquiera la magia de Emma se comparaba con la del hada Suprema, pero Regina había logrado detener el efecto de dos maldiciones al mismo tiempo y Azul sabía bien que eso, la convertía en el ser más poderoso que jamás hubiera existido.
La princesa tenía razón, no era justo que la ex Reina Malvada tuviera un final feliz después de todo el mal que había causado
- ¿Qué vamos a hacer? - preguntó una consternada Snow mirando de forma suplicante al mágico ser que juró velar por su bienestar e intereses.
Estaba segura que Azul, no le iba a fallar y no se equivocaba.
