La Serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.

Muchas gracias a todos por leer, por los likes, judos, estrellitas, follows, favs y por los reviews/comentarios.

No puedo dejar pasar la oportunidad de hacer mención que hoy es cumpleaños de nuestra hermosa Reina.

Sin mucho más preámbulo los dejo con el nuevo capítulo que, como siempre, espero les guste.


Para mala suerte de Snow, el hada Azul le pidió esperar un poco para actuar.

La princesa había sido muy directa y explícita, quería a Regina fuera del camino cuanto antes, pero el hada sabía por experiencia que era mejor planear y ejecutar con cautela cuando se trataba de un ser mágico tan poderoso como la reina.

No podían simplemente atacarla sin saber bien qué harían con ella primero.


Tres días después, la reina estaba como siempre en su oficina, absorta en el mundo de trabajo que siempre tenía a pesar de que Storybrooke era una ciudad pequeña.

Regina volteó a ver el reloj e hizo nota mental que debía comenzar a poner todo en orden para poderse ir a tiempo.

Así que empezó a clasificar sus papeles y justo cuando estaba terminando, escuchó un poco de barullo afuera y acto seguido, la puerta se abrió

- ¡Hola! - saludó una Snow muy entusiasmada. Demasiado para el gusto de la reina

- Dije que debía anunciarte - dijo Belle enojada, llegando tras ella - Lo lamento, Regina - fue todo lo que atinó a decir y a su lado, estaba Ruby que no se veía muy contenta de ver que la princesa ignorara a su novia.

Había llegado por Belle y mientras coqueteaba un poco con ella esperando la hora exacta para llevársela, Snow entró y se metió a la oficina de la reina con urgencia y eso, no le gustaba a la lobo

- Está bien, Belle - le tranquilizó dándole a entender que no había ningún problema - Ya puedes irte - les sonrió agradecida

- ¿Segura, manzanita? - preguntó Ruby sonriendo de medio lado, sabiendo que Regina odiaba que le dijera así.

La alcaldesa era muy buena jefa con Belle y David era muy buen amigo suyo, así que se sentía con la obligación de defender a la reina si era necesario.

Sabía que eran tiempos de paz, pero a ella siempre le pareció que Snow estaba en desacuerdo con la relación entre David y Regina aunque la princesa aparentara que le daba alegría y hasta los apoyara

- Sí - masculló entre dientes con molestia por el apodo con el cual Ruby insistía en llamarla. La lobo asintió, tomó de la mano a su novia y ambas se retiraron cerrando la puerta tras ellas - ¿A qué debo tu visita? - preguntó y de inmediato la vio sentarse frente a su escritorio

- Hace mucho que no platicamos, Regina - dijo con fingido lamento - Dime… ¿Cómo va todo con David? - preguntó con ansiedad y sin sutileza alguna. Lo supo porque la reina se tensó al instante

- Todo va muy bien - respondió lo mejor que pudo.

Estaba muy agradecida con Snow por el apoyo que le brindó cuando su relación con el príncipe comenzó, pero llegó un momento en el que ya no le pareció adecuado ser tan cercana con ella. Era incómodo porque la princesa era la ex mujer de David y no podía sentarse con ella a platicarle todo lo que pasaba entre ellos. Mucho menos contarle que ahora estaban teniendo sexo.

Frunció el ceño reparando en que tampoco podía sentarse a platicar de eso con Emma quien ahora era su amiga, porque su novio, era el padre de la rubia.

Snow apretó la mandíbula sin dejar de sonreír. A pesar de que Azul le pidió que se mantuviera al margen no se quiso quedar con los brazos cruzados.

Quizás estaba loca porque lo que quería era un enfrentamiento con Regina, quería hacerle ver que era la mujer equivocada para David, que nadie lo conocía mejor que ella, que nadie podía hacerlo tan feliz como lo hizo ella y sobretodo quería echarle en cara su egoísmo por querer retener al príncipe sabiendo bien que él soñaba con tener muchos hijos y que ella, no podía darle ni uno solo.

Además, era la ex Reina Malvada y no podía pretender ahora tener un final feliz cuando no se lo merecía. Había sido una villana y era demasiada la oscuridad con la que cargaba como para que ahora le cruzara por la mente esa absurda idea.

Regina debía estar muy agradecida por tener a Henry a pesar de todo y conformarse con ello, porque los villanos no tenían finales felices.

Y no importaba que hubiera hecho lo correcto ahora, no podía borrar todo el daño que hizo durante su paso por la maldad.

Así que, impulsada por los celos, la envidia y lo que ella consideraba justo y correcto, se decidió a ir a enfrentarla en la alcaldía, pero ahora, se estaba acobardando

- Snow, lo lamento - se disculpó mientras se ponía de pie y tomaba su bolso - Quedé de ir al apartamento de David a cenar y le prometí ser puntual - empezó a caminar hacia la puerta.

"Y a follar" pensó la princesa llena de celos.

Asintió poniéndose de pie y caminó apresurada hacia la salida

- Puedo llevarte a tu casa si lo necesitas - ofreció la alcaldesa cuando la maestra estaba por salir del edificio

- Estoy bien. Es una linda tarde. Quiero caminar - argumentó y salió de ahí muriendo de rabia.

Regina soltó un suspiro y caminó elegantemente hacia la salida que se cerró mágicamente en cuando estuvo fuera.

Se subió a su coche y emprendió rumbo hacia el apartamento de su apuesto novio.


Cuando llegó, bajó del Mercedes, entró al edificio y subió escaleras hasta llegar a la puerta indicada.

Alzó la mano y justo cuando iba a tocar, la puerta se abrió revelando la figura del príncipe quien sonrió dejándola perpleja e inmediatamente procedió a envolverla con el brazo derecho por la cintura para pegarla a él y le comenzó a besar con pasión mientras retrocedía haciéndola avanzar y luego, empujó la puerta con la mano haciendo que se cerrara de golpe

- Me encanta este recibimiento - le dijo Regina soltando un suspiro enamorado cuando al fin dejaron de besarse. La mano izquierda del sheriff se posó en su mejilla derecha y le acarició con ternura haciéndola cerrar los ojos

- Vete acostumbrando - la besó de nuevo y está vez, la envolvió con ambos brazos ajustando el agarre sobre la estrecha cintura de su bella novia - Porque así será mientras me quieras a tu lado - le sonrió nostálgico

- David, será así por siempre - se alzó de puntitas para besarle - Te amo con todo mi corazón - susurró contra los labios de él

- Lo sé - respondió con ojos cerrados, acariciándole la nariz con la suya tiernamente - Me lo has demostrado a lo largo de éstos maravillosos meses que llevamos juntos. También te amo, Regina Mills. Jamás dudes de mi amor por ti - le pidió y la volvió a besar esta vez con intensidad pero con mucho amor.

Abrió los ojos y la vio sonriéndole encantada

- Puedo acostumbrarme a ésto - le alzó una ceja altiva y lo hizo reír

- Te gusta que te consienta, ¿cierto? - preguntó jugando con ella y la reina trató de disimular la bella sonrisa y ponerse seria

- Mucho - confesó alzando los brazos para envolverlos alrededor del cuello del príncipe y se alzó de nuevo para alcanzar los labios de él.

Se dieron algunos besos tiernos y uno un tanto húmedo. David soltó un suspiro enamorado cuando se separaron

- Preparé la cena especialmente para ti - la soltó y la tomó de la mano sólo para avanzar dos pasos y dejarla frente a la modesta mesa que había en el lugar adornada con velas y algunos pétalos de rosas.

La soltó, jaló la silla para invitarla a sentarse y ella así lo hizo

- ¿Está vez sí cocinaste tú? - preguntó Regina riéndose poquito

- Así es - respondió caminando a la cocina - Por eso era importante que fueras puntal - le dijo y la alcaldesa sonrió divertida negando poquito con su cabeza.

Tuvieron una romántica y hermosa cena, y esa noche, la reina se quedó a dormir en el apartamento de David. Estuvieron horas haciendo el amor hasta que ambos quedaron exhaustos y satisfechos.

Y Snow… Snow estuvo mirando a distancia prudente durante horas también, hasta que entendió que Regina pasaría la noche ahí.


Un par de semanas más tarde, Regina entró a la habitación de estudios de Henry

- Hola, mamá - saludó sin apartar la vista de sus cuadernos y libros

- Hola, cariño - respondió el saludo y se acercó a él - ¿Tienes un minuto? - le preguntó y al instante tenía la completa atención de su hijo - Tú sabes que David y yo nos amamos mucho, ¿verdad? - preguntó

- Sí - respondió Henry un tanto extrañado por la pregunta

- Quería saber si estarías bien con la idea de que él viniera a vivir con nosotros a la Mansión - le dijo y se mordió un poquito el labio inferior, esperando por la respuesta de su hijo.

Para ella era muy importante que su pequeño príncipe estuviera de acuerdo porque él también vivía en esa casa. Además, sabía lo protector que estaba con ella respecto a David y quería que estuviera de acuerdo con esa importante decisión

- Seguro - dijo el casi adolescente y Regina sonrió

- Gracias, mi pequeño príncipe - besó su frente con amor

- Mamá, ya no soy tan pequeño - se quejó, pero adoró el tierno beso que su madre le dio

- Siempre lo serás para mí - besó ahora su mejilla sonoramente - Aunque seas todo un adulto - le amenazó y él negó con su cabeza divertido

- ¿Voy a seguir siendo tu pequeño príncipe? No voy a ser solo tu príncipe ¿y ya? - preguntó sonriendo con ligera malicia sabiendo bien que su madre había encontrado realmente a su príncipe azul. La reina se sonrojó poquito y se relamió los labios mientras se acomodaba un mechón de cabello tras la oreja - Siempre creí que sería el único príncipe en tu vida - le contó soltando una pequeña risa

- Y siempre lo serás. Mi único pequeño príncipe - le respondió con amor

- Te amo, mamá - se abrazó a ella - Gracias por quererme cuando nadie más lo hizo. Gracias por nunca dejar de quererme a pesar de que me porté tan mal contigo - dijo con arrepentimiento y de pronto las manos de su madre le sostuvieron por el rostro

- No hay nada en el mundo que me haga dejar de amarte, Henry - le dijo mirándole fijamente - Eres mi hijo y te amo con todo mi ser - le abrazó y el pequeño respondió por igual.


Al siguiente día, David estaba ensimismado con unos informes de la estación que debía entregar al día siguiente a su jefa, la alcaldesa, quien resultaba también ser su novia.

Su ardiente novia.

Oh, Dios. El solo pensarla lo distraía… Lo hacía sentirse en el mismo cielo, entre las nubes, donde solo Regina era capaz de llevarle.

Ella y nadie más.

Aún le sorprendía lo fuerte que era su amor por la reina. Era algo que no tenía explicación, lo único que el Sheriff sabía, era que se sentía maravilloso estar enamorado de Regina Mills y ser correspondido por ella.

Una oleada de conocida magia se dejó sentir tras él y no necesito nada para saber que se trataba de su bella novia.

Regina le tomó del rostro volteándole hacia un lado para poderle besar y hacerle saber lo excitada que estaba

- Oh, Dios - gimió David sabiendo bien que la reina estaba ahí con una firme intención y que no iba a desistir.

Logró subirse sobre el regazo del príncipe, con sus rodillas apoyadas en la silla del sheriff a cada lado de los fuertes muslos

- Llevo toda la tarde pensándote - jadeó necesitada y, moviendo sensualmente sus caderas, se empujó contra él para restregar su húmeda intimidad sobre el bulto en los pantalones de su novio

- ¿Y qué pensabas, señorita Mills? - preguntó seductor, llevando las manos hasta las apetitosas nalgas de la reina

- En ti… - se relamió los labios y ahora bajó sus manos para llevarlas hasta la hebilla del cinturón que comenzó a desabrochar - muy dentro de mí - jadeó provocativa.

David cerró los ojos de golpe y se tensó ligeramente cuando Regina encontró su miembro y lo envolvió con una delicada mano para comenzar a estimularlo.

En casi un instante, estuvo duro.

Y es que no lo podía evitar, Regina le prendía como si fuese una antorcha a su merced

- A-alguien puede venir - jadeó pesado porque la reina acariciaba con el pulgar alrededor de la pequeña abertura de la cabeza de su miembro, que ya comenzaba a humedecerse con líquido preseminal a causa de su excitación.

Y al ver que Regina le ignoraba, que no le importó para nada lo que dijo, y seguía con su labor besándole ahora el cuello, se decidió.

Si era honesto, le fascinaba eso de ella. Se amaban, tenían una hermosa relación llena de amor y ternura, pero también había pasión, fuego y deseo mezclado con este tipo de juegos arrebatados donde podía sentir la adrenalina de estar haciendo algo prohibido y eso volvía todo más excitante.

Se levantó sosteniéndola firmemente y la hizo dar un pequeño gritito por la impresión.

Apartó los papeles como pudo y la recostó sobre el escritorio. De inmediato su mano se internó entre las piernas de su novia

- Estoy lista - jadeó con la respiración acelerada al sentir los dedos del sheriff en su necesitada intimidad - Me di placer con los dedos mientras pensaba en ti y en tu grueso miembro - confesó cerrando los ojos, arqueándose poquito y de pronto, se vio con los pies en el suelo, inclinada sobre el escritorio, con su torso y cabeza sobre la superficie de madera.

Sentía el corazón en la garganta y ya no podía esperar más. Dios, Regina lo iba a matar un día de estos por lo erótica, caliente y sensual que era.

Llevó sus manos temblorosas hasta la falda del rojo vestido que llevaba la reina y la subió hasta dejarla enrollada alrededor de la estrecha cintura.

Oh, Dios… El hermoso e irreal trasero de infarto de Regina Mills, a su completa disposición.

Agarró la tela de encaje de la ropa interior y la bajó hasta la mitad de los muslos de su novia

- Mmhjgg - gimió cerrando los ojos cuando dos de los grandes dedos del príncipe entraron en ella de un solo empujón y la penetró un par de veces con ellos.

No estaba lista, estaba listísima, toda empapada y receptiva como esperando por su miembro que daba tirones con la anticipación de estar enterrado ahí.

Mientras movía sus dedos dentro de ella, se acariciaba con la otra mano el miembro. Los sacó y Regina se quejó retorciéndose inconforme sobre el escritorio.

Usó la esencia que mojaba sus dedos para lubricar su propia erección

- ¡Apresúrate! - demandó alzándose sobre sus antebrazos un tanto desesperada porque lo necesitaba YA, lo quería dentro en ese mismo instante, no podía esperar más - ¡Ah! - gimió dolorosamente cuando sintió una fuerte palmada en la nalga izquierda. Acto seguido se vio prácticamente atravesada por el enorme miembro del príncipe y sólo pudo articular una queja estrangulada, pero llena de placer.

Porque fue invasivo y repentino, pero de una manera que le encantaba. Podía sentir su propio interior luchar por amoldarse a la gruesa circunferencia

- ¿Cuántas veces te viniste en tu oficina? - preguntó aferrando fuertemente la tela del vestido sobre la cintura de la reina con su mano derecha, la cual, le serviría de punto de balance

- D-dos - respondió sintiendo que moriría si no comenzaba a follara. Era maravilloso tenerlo dentro, ardiente, grueso y palpitante - Mmnnahhh - gimió cuando David se comenzó a mover con ímpetu. No estaba siendo tierno, pero tampoco salvaje

- Eres una alcaldesa traviesa y malcriada - siseó con ardor y le soltó otra nalgada haciéndola dar un gemido agudo por la sensación - Masturbándote en la alcaldía - le dio otra nalgada - Y después viniendo a mí para que te folle - le acusó mientras la nalgueaba otro par de veces hasta que la suave piel del trasero de su novia, comenzó a tornarse de un ligero y adorable color rosado.

Regina deliraba de placer. Le encantaba la forma en que la estaba tomando, las nalgadas, las cosas que le decía, todo eso hacía que su intimidad se contrajera y apretara alrededor del grueso miembro que entraba y salía de ella ahora con mayor rapidez.

Y podía sentirse cerca, muy cerca…

- Vente, señorita Mills - jadeó demandante en cuanto sintió que estaba por venirse y ella lloriqueó como respuesta - Vente para tu sheriff - llevó ambas manos a la estrecha cintura y aferrándola de ahí, comenzó a jalarla hacia él mientras se empujaba con fuerza contra ella aumentando las sensaciones.

La reina gritaba y con sus manos se sostenía de la orilla del escritorio frente a ella. Ahora sí estaba siendo rápido y duro, como lo estuvo imaginando mientras se tocaba a sí misma pensando en él

- Oh, oh, Dioooosss - gritó cuando el orgasmo la azotó y gimió dolorosamente porque David le soltó otra nalgada con fuerza.

La envolvió con su brazo derecho por la cintura sintiéndola llegar, apretándose con fuerza alrededor de su duro miembro. La alzó para sentarse de nuevo en su silla con ella encima de él, bien clavada en su erección.

Llevó las manos a las caderas de Regina mientras besaba el divino cuello haciéndola estremecer. Y, al tiempo que la jaló hacia él, se empujó dentro de ella para luego comenzar a venirse, gruñendo y jadeando en el oído de la reina a quien escuchó gemir gustosa por la sensación.

Una de sus manos acarició el plano vientre con ternura mientras la otra lo hacía en los bellos muslos

- ¿Fue así cómo lo pensaste, Majestad? - preguntó besando su mejilla derecha

- Sí - sonrió socarrona mientras jadeaba en búsqueda de aliento.

Giró su rostro y capturó los labios de su amado novio para besarle con amor y pasión. Internó su lengua en la boca de David mientras él respondía por igual a su demandante beso.

Le encantaba que fuera incapaz de negársele y también que fuera así de arrebatado y pasional.

Apretó los ojos y gimió dentro de la boca del príncipe cuando comenzó a tocar ligeramente su sensible clítoris.

Su cuerpo se estremeció por la placentera sensación y no pudo evitar alzar un poquito sus piernas. Sin embargo, decidió que había sido suficiente.

Ella debía regresar a trabajar y él también. Además, quería dejarlo con ganas de más.

Así que se levantó del regazo del príncipe haciéndole salir de ella en el proceso.

Se volteó de frente a él mientras se subía al escritorio y al hacerlo, ambos quedaron completamente aseados e impecables, como si nada hubiera pasado.

David la miró entreabriendo la boca por la impresión y ella, solo le alzó una ceja altiva

- ¿No se supone que deberías estar trabajando en mi informe, Sheriff? - preguntó al tiempo que alzaba una de sus estilizadas piernas y la llevaba hasta la entrepierna de su novio. Le sonrió de medio lado mientras presionaba un poco con su pie ahí, haciéndolo soltar un gemido y tensarse una vez más.

Oh, Dios… Regina le prendía como nadie en el mundo. Acababan de follar y su miembro estaba volviendo a endurecerse ante esas palabras y la estimulación.

El sonido de una bolsa de papel cayendo al suelo les hizo voltear a ambos.

Emma estaba con la boca abierta viéndoles de manera indescifrable, parecía incrédula y ligeramente espantada.

Regina se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida como solo ella sabía hacerlo. Cuando estuvo justo frente a la rubia, le miró altiva

- Cierre la boca, señorita Swan. Se le van a meter las moscas - y salió de ahí con una naturalidad impresionante.

Emma volteó a ver a su padre y el sonrojo del mismo, le confirmó sus sospechas

- ¿Pero por qué aquí? - reclamó la rubia agradeciendo a todos los cielos el no haber llegado antes.

David sólo alzó sus hombros en señal de no tener una explicación. Y es que ¿cómo le iba a decir que la reina llegó toda demandante, caliente y deseosa y que él no se le pudo negar?

Bueno, en realidad ni siquiera lo quiso intentar. Simplemente no se le pudo resistir, nunca podía. Regina era increíblemente sensual y ardiente y lo tenía a sus pies.

Su hija negó con la cabeza y luego se agachó para recoger la bolsa con rosquillas. La abrió, sacó una y mientras la mordía se acercó a él

-Tu pequeña aventura prohibida le costó un feo golpe a tu dona - le ofreció la bolsa

- Valió cada maldito segundo - dijo mientras mordía su maltrecha rosquilla

-Te está echando a perder - comentó fingiendo seriedad

- ¿Tú crees? - preguntó riendo un poco

- Sí. Pero para bien - le sonrió con empatía - Cada día que pasa te veo más feliz y eso me da mucho gusto - mordió de nuevo su dona

- Emma - le llamó. Se relamió los labios, dejó la rosquilla sobre la bolsa y adoptó un porte serio - Me quiero casar con ella cuanto antes - confesó. Llevaba tiempo pensando. Quería hacerlo todo bien con Regina y quería desposarla, quería hacerla su esposa, formar parte de la pequeña familia Mills y dedicar el resto de sus días a hacerla muy feliz - Necesito conseguir un anillo fuera de Storybrooke. No quiero que nadie se entere - si iba a buscar uno a la joyería, en cuestión de nada el pueblo entero lo sabría y llegaría a oídos de la reina - Quiero que sea una sorpresa. Me gustaría llevarla otra vez a ese lugar en el bosque, preparar una cena romántica, hacer el amor, que crea que todo es igual que la vez anterior y entonces, pedirle que se case conmigo - le contó su plan con la misma cara de bobo enamorado que siempre ponía cuando hablaba de lo maravillosa que era Regina

- Espera, ¿lo hicieron por primera vez en medio del bosque? ¿Al aire libre? - preguntó incrédula volviendo a poner la misma expresión de hacía un par de minutos cuando les encontró

- Ammm… sí - respondió el príncipe volviéndose a sonrojar

- Oh, por Dios. Eso es mucho más de lo que me habría gustado saber y se supone que estas sorpresas escandalosas debería dártelas yo, no tú a mí - se quejó Emma.

Porque oh, por Dios, se trataba de su padre y la madre de su hijo, ¡haciéndolo por todo Storybrooke!

- ¿Qué dices entonces? - preguntó regresando a la plática de su plan para conseguir el anillo de compromiso

- Que son un par de calenturientos. Eso digo - le respondió.

David comenzó a reír con ganas y ella le siguió

- Me refiero a lo del anillo - aclaró cuando al fin pudo calmarse un poco

- Me parece una excelente idea - asintió pensativa porque David no podía pasar del límite de la ciudad. Si lo llegaba a hacer, no le sería posible volver, jamás - ¿Cuál es el plan? - preguntó con interés

- La próxima vez que vayas a New York a que Henry vea a Neal, ve a buscar anillos y envíame fotos para elegir uno - propuso con ilusión en su mirar

- Ay, papá - negó Emma sonriendo divertida - A ver si Regina no nos descubre y nos va mal a los dos - ambos comenzaron a reír de nuevo.


Por la noche, David terminaba de lavar los platos de la cena.

Regina había salido tarde del trabajo de nuevo.

¿Y cómo no? Si perdió tiempo masturbándose y luego yendo a la estación a provocarlo para que la follara.

Obviamente llegó algo cansada y después de cenar, el príncipe le pidió que subiera a relajarse, prometiendo que dejaría la cocina impecable como a ella le gustaba.

Y, un poco a regañadientes, accedió. Oh, pero no sé fue sin dejarle en claro que estaría esperando por él para seguir con lo que dejaron pendiente en la estación.

Interrumpiendo sus pensamientos, Henry entró a la cocina buscando un vaso con agua

- ¿Preparándote para dormir? - le preguntó y el niño asintió mientras bebía

- David… - dejó el vaso vacío sobre la isla y su abuelo se volteó para encararlo. Se relamió los labios ansioso, no quería arruinar la sorpresa de su mamá de invitarlo a vivir con ellos, pero quería saber qué era lo que su abuelo estaba pensando respecto a la relación que tenía con su mamá. Henry quería que se casaran, quería que el príncipe le diera todo lo que se merecía a su madre - Mi mamá está muy enamorada de ti - argumentó y el Sheriff asintió con calma - Ella te ama, te ama verdaderamente - aseguró

- Y yo a ella por igual - dijo David. Tomaba muy en serio los sentimientos del niño, porque además de ser su nieto, era el hijo de su novia y por esa razón, era lo más importante para ella

- No le vayas a hacer daño, por favor - le pidió suplicante

- Henry, ya hemos hablado de ésto. No lo voy a hacer. Amo a tu mamá y jamás me atrevería a hacerle daño de nuevo - tragó pesado ante su propia sinceridad, pero no podía ignorar el pasado por más que quisiera.

Además era algo que Henry sabía bien y David estaba tratando de ser siempre lo más sincero que pudiera con él, sin mentiras ni secretos

- ¿Piensas casarte con ella? - preguntó directo y frunció su ceño en un gesto típico de su mamá.

David no pudo disimular la sonrisa involuntaria por la pregunta de su nieto y entendió a dónde iba todo eso.

Les había estado viendo ser más íntimos, más unidos, más enamorados y desde luego se daba cuenta que no solo se quedaba a dormir, sino que compartían noches en la habitación de la reina.

Se relamió los labios y estrechó sus ojos mirando fijamente a su nieto quien le sostuvo la mirada por igual.

El príncipe asintió y Henry abrió sus ojos enormes por la sorpresa y emoción

- Pero será nuestro secreto - habló bajito

- Sí - respondió el pequeño y corrió a abrazarse a él - Te prometo que sí - sonrió emocionado y feliz.


Un par de días después, Regina estaba sola en la Mansión.

David tenía aproximadamente media hora de haberse ido y esa semana, a Henry le tocaba estar con Emma.

Tomó aire profundamente y se sentó en el comedor, con su pequeña caja de ingredientes y, sintiendo el corazón palpitarle con fuerza en el pecho, comenzó a preparar la poción que necesitaba para confirmar o descartar sus sospechas.

Llevaba días con uno que otro malestar y desde luego pensó que se debía a algo que comió porque el estómago se le revolvía a tal grado que terminaba vomitando en el baño o en el fregadero de la cocina.

Sin embargo, ese asunto tomó otro rumbo cuando el día de su periodo llegó y nada sucedió. Y ese, era ya el tercer día y Regina era extremadamente regular, jamás se retrasaba ni un solo día. Nunca.

Terminó la poción, tomó una aguja con su mano derecha ligeramente temblante y se pinchó el dedo índice de la izquierda para dejar caer una gota de su sangre en lo que había preparado.

Si la sangre se mezclaba con la poción y nada pasaba, quería decir que no, pero si se tornaba de un azul turquesa brillante entonces…

Abrió sus ojos enormes cuando el pequeño frasco se lo confirmó.

Estaba embarazada.

Llevó una mano a su plano vientre y se puso de pie casi de un brinco sintiéndose contrariada.

Estaba confundida porque se suponía que ella no podía concebir y tampoco había manera en que lo hiciera.

Ella sola se maldijo con una poción para eliminar esa posibilidad y no era algo que pudiera ser reversible. A no ser, claro, con algo poderosamente mágico, como el agua del Lago Nostros, pero no había ni una sola gota en Storybrooke. Sin mencionar, que antes de lanzar la maldición, se había secado por completo.

Así es que no, no podía ser. Debía haber algún error… pero las pociones mágicas no se equivocaban.

Volteó a ver su vientre y se negaba a ilusionarse con la idea, porque era imposible y le iba a doler mucho si se hacía a la idea y después resultaba que no como estaba casi segura que sería.

Llevó sus manos a su cabello y lo aferró un poco cerrando sus ojos.

Y David… Oh, Dios. No podía darle falsas esperanzas. Tenía que estar bien segura antes de siquiera pensar en decirle algo. No iba a soportar desilusionarlo a ese grado, no quería que sintiera que estaba jugando con sus sentimientos al hacerle creer que había alguna posibilidad de que tuvieran un hijo cuando le dejó muy en claro que no.

Pero no podía ir por una prueba de embarazo a la farmacia o al hospital porque si lo hacía, todo Storybrooke iba a saber que tenía sospechas de embarazo e inevitablemente David terminaría enterándose.

Se mordió el labio inferior contrariada y de pronto, el sonido del timbre la hizo dar un saltito por el espanto que le causó al sacarla abruptamente de sus pensamientos.

Volteó a ver el reloj un tanto extrañada. Ya era muy tarde y solo se le ocurrió que podía ser David que había vuelto por algo.

Se encaminó a la puerta y al abrirla, se encontró con la cara de su ex enemiga

- Buenas noches - entró sin esperar invitación, como parecía que ya se le estaba haciendo costumbre.

La reina soltó un suspiro fastidiado y cerró la puerta para subir los pequeños escalones de la entrada

- ¿Interrumpí algo? - preguntó mirando las cosas de magia y pociones que tenía sobre el comedor. Cosas, que Snow consideraba como brujería. Que para ella era magia negra y oscuridad, como Regina

- No - respondió la alcaldesa y se cruzó de brazos esperando que la princesa explicara qué hacía en su casa a esas horas.

Y fue entonces que, sabiéndose protegida por el hada Azul, Snow se decidió por fin a decirle lo que pensaba

- Tienes que alejarte de David. Le vas a hacer daño. Tú no lo conoces como yo - comenzó a decir

- ¿Qué demonios te pasa? - preguntó la alcaldesa molesta y confundida por la actitud de la princesa

- Quiere tener muchos hijos, Regina y tú ¡eres incapaz de darle aunque sea uno! - le escupió con odio.

La reina tomó aire profundamente y le miró con frialdad. En verdad se frenó a sí misma de abofetearla y si pensaba que se iba a quedar callada, estaba muy equivocada

- David lo sabe y no le importa - le dijo tratando de contener su enojo y por nada del mundo, le iba a decir que estaba embarazada, o que creía estarlo - Aun sabiendo decidió quedarse conmigo y amarme. Yo he sido sincera con él desde un inicio. No le oculté que no puedo tener hijos. No como tú, que te casaste con él sin decírselo - le dijo echándole en cara su egoísmo.

La cara de Snow se desfiguró al escucharla porque era cierto lo que decía. Aún recordaba el nerviosismo y terror cuando David usó el amuleto de Ruth después de casarse. Le habría pesado mucho ver su cara llena de decepción si no se hubiera movido.

Y en lo único que pudo pensar, fue que Regina seguía siendo una malvada, había usado en contra de ella algo que le contó en confidencia.

Aunque la princesa, acababa de hacer lo mismo. Pero ella era buena, estaba tratando de salvar a David y por esa razón lo hacía. No como la reina, que estaba buscando herirla y hacerle daño como siempre.

Jamás iba a dejar de ser la Reina Malvada

- Pero todo se solucionó - dijo con la voz afectada - Le di una hija y puedo darle más. Todos los que él quiera, ¡y tú, no! - sollozó con impotencia al ver que no lograba quebrar a Regina ni hacerla aceptar que lo mejor era que se alejara de David y se lo dejara a ella para hacerlo feliz

- Creí que habíamos llegado a un punto donde podíamos vivir en paz. Pero ya veo que no - dijo con calma - Vete de mi casa - le invitó lo mejor que pudo

- Déjalo. David es mío. Es mi amor verdadero. Tiene que estar conmigo - el labio inferior le tembló

- ¿Tuyo? Te recuerdo que fuiste tú quien le dejó sin que él te importara ni un poco - dijo totalmente incrédula. Recordaba, ahora con dolor, lo mucho que el príncipe sufrió cuando la princesa decidió abandonarlo y terminar todo sin mirar atrás

- ¡Me equivoque! - confesó alterada y vio a Regina tensarse levemente - Regresarme a mi amor verdadero. Demuéstrame que has cambiado, que no sigues estando llena de oscuridad, ¡que ya no eres la Reina Malvada buscando arruinar mi felicidad! - pidió con impotencia y desespero.

Regina cerró los ojos y apretó sus manos en puños tratando de contenerse. Los abrió soltando un suspiro molesto y le miró fijamente.

No, la maestra no valía la pena, mucho menos después de acusarla de seguir siendo malvada y de demostrar, que seguía pensando que todo se trataba de ella, que todo lo que ella hacía, giraba en torno a la princesa Snow White

- Oh, Snow. En verdad siento mucha lástima por ti - fue todo lo que se dignó a decirle mientras la miraba así, con lástima.

Comenzó a dirigirse a la puerta, con toda la intención de abrirla para que se fuera, pero poco antes de llegar a los pequeños escalones de la entrada, se desvaneció quedando tendida en el suelo.

Tras ella, justo frente al comedor, había aparecido Azul quien la hizo caer inconsciente.

La princesa se apresuró a colocarle el brazalete negro a Regina en su muñeca izquierda para dejarla sin magia

- Ya me deshice del mercedes - dijo el hada mientras hacía magia para aparecer una carta con la letra de la alcaldesa donde sólo pedía perdón y se despedía por siempre de Henry y David.

El plan era darle una poción para que, al cruzar la línea de la ciudad, perdiera su memoria y no pudiera volver jamás.

Llevó la carta hasta la mesa del comedor con su varita y abrió sus ojos grandes cuando se dio cuenta que había una prueba de embarazo recién hecha y que había dado positivo

- ¿Terminaste? - preguntó la princesa.

Azul se relamió los labios y recuperado la compostura, asintió.

Dejó la caja de ingredientes para pociones, podía servir para que pensaran que uso algo de eso para irse, pero tomó el frasco con el líquido turquesa que brillaba con intensidad.

Movió su varita y las tres aparecieron en una cabaña muy internada en el bosque, mucho más allá del río donde alguna vez Snow estuviera apunto de caer

- ¿Cuándo crees que podamos echarla fuera? - preguntó con ansiedad. Al día siguiente se sabría pronto que Regina había desaparecido y comenzarían a buscarla.

Aunque esperaba que la carta fuera razón suficiente para hacerles sospechar fuertemente que sólo decidió irse y ya. Que David se convenciera que no había nada qué hacer y se olvidara pronto de ella

- Snow… - llamó a la maestra y le miró con preocupación - Regina está embarazada - confesó y la cara de incredulidad de la princesa ante esas palabras y lo que significaban, fue de absoluto horror.