La Serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.

Muchas gracias por leer. Por los likes, kudos, estrellitas, follows y muy especialmente por los reviews.

Agradezco profundamente a quienes han preguntado por la actualización de esta historia que no será muy extensa jeje.

Espero el capítulo les guste y sepan perdonar cualquier error.


- No - dijo en un susurro ausente - Eso es imposible - volteó a ver la figura inconsciente de la reina - Regina no puede tener hijos - argumentó con incredulidad.

Azul se acercó a la alcaldesa y le pasó la varita sobre el vientre, sólo para constatar lo que ya había dicho

- Lo está. No hay duda y ella lo supo antes de que llegáramos - le mostró el pequeño frasco

- ¿Qué es ésto? - preguntó quitándoselo de la mano

- Una prueba de embarazo mágica - respondió contrariada.

Snow miró el líquido turquesa con detenimiento mientras respiraba agitada sin saber muy bien qué hacer ahora

- Pero… ¿cómo? - preguntó mirando al hada y ésta sólo desvió la mirada - A mí me maldijeron igual y fue necesaria agua del lago Nostros para que pudiera concebir de nuevo - dijo exasperado por no poder encontrar explicación - ¿Crees que lo logró? - preguntó y el hada le miró interrogante - ¿Replicar el agua para poderse embarazar? - abrió los ojos grandes con horror ante su propia pregunta

- Quizá - murmuró Azul, pensando en los contras de enviar a la reina así al mundo sin magia.

Ese bebé llevaba la sangre de David y era una forma de localizarles en determinado momento. Si bien Emma no era mucho más poderosa que ella, estaba aprendiendo a usar magia muy bien gracias a Regina

- ¿Es un bebé concebido con magia negra? - preguntó la maestra con frialdad al pensar en esa posibilidad.

No se le quitaba de la mente la posibilidad de que Regina accediera a estar con David sólo para perjudicarla a ella y ese milagroso embarazo, sólo aumentaba sus sospechas de que todo fuera parte de la venganza de la Reina Malvada que no había desistido de arruinar su final feliz.

Y es que no podía ser de otra forma porque era demasiada casualidad que se fijara precisamente en David para tener una relación

- No, no lo es - aclaró y se relamió los labios con ansiedad al responder.

Snow tragó pesado y entreabrió su boca al escuchar esa confirmación.

Estaba contrariada, quería deshacerse de Regina y del problema que ese embarazo representaba, pero no concebía la idea de perjudicar a un ser inocente como ese bebé que encima de todo era hijo de David.

Comenzó a pasearse intranquila por el lugar con el pequeño frasco aferrado en la mano, desesperada porque no podía creer que eso estuviera pasando.

Todo iba tan bien con el plan de deshacerse de Regina que no podía creer que hubiera algo que le estuviera impidiendo hacerlo.

Un bebé… Un hijo de la Reina Malvada con SU príncipe encantador. Un niño que les ataría de por vida

- Lo concibió para atrapar a David. Sabe lo mucho que él quiere hijos y qué mejor forma que engendrar uno para que se quede con ella - comenzó a decir con odio y como ausente, perdida en su propio rencor contra Regina - ¿Puedes deshacerte de él? - preguntó en un susurro, temerosa de sus propias palabras porque estaba pidiéndole a Azul que matara a ese bebé

- No - respondió tajante el hada - Cuando accedí a ayudarte te dejé en claro que no haría algo así con nadie. No me puedo arriesgar a oscurecer mi corazón - argumentó molesta

- Tienes razón - sorbió la nariz y negó con la cabeza recriminándose el atrevimiento - Es un bebé inocente - susurró con culpa

- Debemos pensar bien lo que haremos - dijo Azul mirando la figura inconsciente de la reina, tendida en el sucio y empolvado suelo de la cabaña

- Seguir adelante - se relamió los labios - Mandarla fuera de Storybrooke sin recuerdos, como quedamos - frunció ligeramente el ceño

- Snow, si mandamos a Regina así al mundo sin magia el bebé podría ser fácilmente localizado en cualquier parte del mundo con un hechizo de sangre - explicó y vio a la maestra negar con su cabeza en clara señal de desespero - Tenemos que pensar en algo más - presionó.

La maestra tragó pesado mientras su mente daba mil vueltas pensando y volteó a ver el pequeño frasco en su mano derecha.

La confirmación de que Regina estaba embarazada y no podía creer lo astuta que fue porque ese bebé era todo lo que necesitaba para que David ya no la dejara y se quisiera casar con ella.

La Reina Malvada tenía algo que Snow anhelaba, tenía un hijo del príncipe en el vientre que era la excusa perfecta para que él decidiera quedarse…

Y entonces, la princesa tuvo una idea.

Ese niño había sido engendrado con un único propósito y ella lo iba a aprovechar

- Tiene que ser mío - susurró mirando fijamente el vientre de la reina

- ¿David? - preguntó el hada con extrañamiento y la maestra asintió sin voltearla a ver

- Sí - respondió, aunque no se había referido al príncipe - Y para eso necesito que ese bebé sea mío. Él me va a ayudar a conseguir que mi amor verdadero vuelva a mí - sentenció.


La puerta de la Mansión Mills se abrió de golpe revelando la figura de un muy preocupado sheriff

- ¡¿Regina?! - le llamó mientras entraba desesperado y angustiado.

Tras él, entró Emma y mientras su padre recorría toda la Mansión llamando a la reina, algo sobre el comedor atrapó su atención.

Caminó hasta ahí y tomó el sobre que no llevaba nombre alguno. Lo abrió sin meditar si estaba o no violando la privacidad de alguien y de inmediato reconoció la letra de Regina

- ¡David! - llamó a su padre sintiendo el corazón latirle con fuerza entre lo que alcanzaba a leer.

El príncipe apareció con el semblante asustado y a la rubia se le encogió el corazón al verlo. Le extendió la carta

- ¿Es de ella? - preguntó desesperado y la tomó para comenzar a leerla de inmediato.

Y mientras lo hacía, la negación, angustia y desesperación se iban apoderando de él, haciendo que todo se sintiera poco creíble

- No - fue lo primero que dijo - ¡No! - exclamó esta vez - Regina no se pudo haber ido - volteó a ver a su hija con los ojos llenos de lágrimas, corazón y pecho oprimidos haciendo un poco difícil la labor de respirar

- Bien. No perdamos la calma - sugirió Emma buscando tranquilizar al sheriff que parecía estar a punto de perder la cordura.

David corrió hacia la cocina con dirección a la puerta del garaje que abrió sólo para constatar que el Mercedes no estaba ahí

- David… - trató de llamarle de nuevo, pero el príncipe parecía no escuchar.

Pasó de largo volviendo a subir hasta la recámara de la reina y entró buscando, o más bien esperando encontrar algo que le indicara que efectivamente Regina se había ido como decía en la carta.

Llegó hasta el vestidor y para el dolor de su alma comprobó que hacía falta ropa y calzado.

Se llevó una mano a la boca mientras las lágrimas comenzaron a correr por su rostro y el llanto no se hizo esperar.

No quería creerlo.

No quería creer que de verdad Regina hubiera tomado sus cosas junto con la decisión de irse y dejarlo. No cuando hacía poco menos de tres semanas se entregaron el uno al otro y ella le confesó que lo amaba.

Alzó la carta y repasó apenas un par de líneas, aunque las lágrimas hacían casi imposible que leyera.

La estrujó entre sus manos y la llevó hasta su pecho mientras lloraba amargamente su dolor.

Emma se había quedado en la puerta del armario permitiendo que David se desahogara, pero al verlo caer de rodillas corrió a su lado para abrazarle buscando consolarlo, aunque sabía que no sería posible.

Lloró también, porque era la segunda vez que veía a su padre con el corazón destrozado y eso le partía el alma.

Y lo que más le mortificaba era saber cómo se lo iba a decir a Henry.


Regina abrió los ojos y de inmediato el recuerdo de la discusión con Snow y el reconocimiento de que estaba en un lugar que no conocía, se agolpo en su mente por lo que se incorporó en la cama sobre la que se encontraba sólo para darse cuenta que estaba en una habitación.

Trató de bajarse, pero al momento de mover sus pies se dio cuenta que estaba encadenada del tobillo derecho.

Frunció el ceño, trató de invocar su magia para liberarse y fue cuando se dio cuenta que tenía puesto el brazalete y por ende, no tenía magia.

Aun así se bajó de la cama y caminó dirigiéndose a la puerta. Sin embargo, no pudo llegar. La cadena no era lo suficientemente larga para ello

- Maldita Snow - dijo molesta.

Muerta de rabia y un tanto asustada, regresó a la cama para tratar de liberarse. Jaló la cadena, buscó abrir el grillete, pero no tuvo éxito.

Lo siguiente que hizo fue tratar de quitarse el brazalete. Lo jalaba usando las uñas lastimando su propia piel en el proceso. Sin embargo, se detuvo porque se mareó y tuvo que sentarse.

La puerta de la habitación se abrió y entró una ansiosa Snow con Azul siguiéndole

- Buenos días, Regina - saludó la princesa mientras se acercaba un poco.

La reina se percató que la puerta se cerró sola tras ellas, señal inequívoca de que lo hacía con magia. Eso significaba que, aunque pudiera llegar, sería imposible salir. Miró con recelo a ambas sintiéndose atrapada, pero negándose a mostrar debilidad ante ellas

- Déjenme salir - les dijo la reina.

No era una petición, era una orden porque no tenían ningún derecho de estarle haciendo eso

- Eso no será posible - dijo Azul entrelazado sus manos al frente en un gesto típico de ella

- No les estoy preguntando. Déjenme salir. ¡Ahora! - exigió con evidente enojo

- No - respondió Snow con determinación apretando sus manos en puños

- Por Dios, Snow - dijo Regina poniéndose de pie y cruzándose de brazos - Ya déjate de niñerías. Acepta que dejaste ir a David y que decidió rehacer su vida conmigo - soltó una pequeña risa burlesca que era completamente fingida.

En verdad estaba preocupada porque el hecho de estar ahí, frente a ellas, en un lugar que no conocía, sin magia y encadenada a una cama, le daba una idea de lo que esas dos querían hacer.

Lo único que sabía era que debía salir de ahí cuanto antes

- Tú, ¡Tú! - exclamó histérica - Desde que te conozco no has hecho nada más que tratar de arruinarme la vida, pero esta vez, no te voy a dejar ganar - negó con la cabeza y la miró fijamente

- ¿Y qué es lo que vas a hacer? ¿Matarme? - preguntó burlesca de nuevo porque en verdad le causaba gracia las acusaciones de la tonta princesa.

La vio negar con una pequeña sonrisa en los labios que le indicaba que lo que diría, sería algo verdaderamente malo

- Sabemos que estás embarazada - dijo Snow y vio que el semblante de Regina cambió. Se tensó y pareció ponerse alerta - Se muy bien que has concebido a ese niño para poderte quedar con David por siempre. Pero tu macabro plan, no va a funcionar - le contó

- No intentes nada contra mi bebé. ¡Te lo advierto! - le amenazó tratando de ocultar lo asustada que ahora estaba.

Miró a Azul que permanecía pasiva e imperturbable y regresó su mirada a la princesa

- Regina, creo que no has entendido que tendrás que hacer lo que nosotras queramos - le sonrió triunfante - No te preocupes, David no sabe nada, ni lo hará. Pasarás todo el embarazo aquí - abrió los brazos señalando el lugar - Y cuando ese niño nazca, me lo voy a quedar - le habló con saña esta vez y disfrutó de ver las lágrimas agolpadas en los ojos de la reina

- No te lo voy a permitir - le dijo con coraje y por entre dientes apretados

- Fingiré un embarazo con la ayuda de Azul y haremos pasar a tu hijo, como mío y de David - le contó

- Estás demente - le dijo mirándola cómo si estuviera loca - David jamás te va a tocar. ¡Me ama! - le gritó muy segura de sus palabras y se dio cuenta que logró enfurecer a la mujer que creyó era su amiga, pero que ahora comprobaba volvía a ser su enemiga

- Él cree que te fuiste y lo dejaste, Regina - arremetió con rabia

- No - negó con la cabeza - Sabe que jamás haría algo así - dijo ansiosa

- Dejamos una carta con tu letra donde aceptas que hay demasiada oscuridad en ti como para amar a David verdaderamente, por lo que te despides por siempre de él y de Henry - le contó burlesca y triunfante sabiendo que con ello, le estaba causando daño a la reina

- ¡Eres una maldita desgraciada! - gritó y se fue contra ella asustándola, pero la cadena no le permitió alcanzarla

- No más que tú - le dijo con odio y lo más cerca que podía estar de la reina sin que ésta pudiera alcanzarla - Además no nos engañemos, tanto Henry como éste bebé se merecen una mejor madre que tú. Mi nieto estará con su verdadera madre y el bebé, me tendrá a mí y a su padre - habló muy segura de sus palabras

- ¡Te vas a arrepentir de ésto! - le amenazó furiosa y desesperada porque estaba segura que iban a envenenar a David y a Henry en su contra

- Lo dudo mucho. No estoy haciendo nada malo, sólo estoy haciendo justicia y lo correcto. Es hora de que pagues por todo el mal que has hecho - sentenció y se dio la vuelta para salir del lugar.

La puerta se abrió. Tanto ella como Azul, salieron, y al momento en que la salida se cerró, una zapatilla se estrelló contra la madera, pero no causó sonido alguno.

En cuanto se vio sola, Regina se dio la vuelta, apresurándose a la cama donde se echó a llorar desconsolada por el coraje y el inmenso miedo que sentía.


- No - dijo Henry, mirando de su rubia madre a su abuelo y viceversa - Ella no se fue - tenía los ojos llenos de lágrimas y estaba enojado por lo que escuchaba

- Henry, escucha… - trató Emma tomándole de una mano

- ¡No! - gritó negándose a hacer lo que le pedían y se zafó bruscamente del agarre - Ella te ama - le dijo a David y se sentó enseguida de él - Me dijo que te invitaría a vivir a la casa con nosotros y tú le querías pedir matrimonio - las lágrimas comenzaron a correr - No pudo haberse ido, de seguro algo le pasó - sollozó mientras el príncipe limpiaba una de sus lágrimas y lloraba en silencio - Mi mamá jamás me abandonaría - rompió en llanto inconsolable y el sheriff lo abrazó de inmediato a su pecho.

La sheriff sintió que el corazón se le rompía al escuchar a su hijo decir eso y no pudo evitar sentir un poco de coraje porque si de verdad Regina se había ido, entonces había quebrado la seguridad que Henry sentía en ella.

La reina era, hasta ese día, la única persona que no lo había abandonado, ni defraudado en ese aspecto, siempre había estado ahí para él y no podía evitar sentir rabia ante el pensamiento

- Por supuesto que no - dijo David tomando el rostro del pequeño - Ella te ama, Henry. Eres su mundo entero, nunca te dejaría - lo abrazó de nuevo - La vamos a encontrar. Te lo prometo - sorbió su nariz y limpió apresurado las lágrimas que corrieron por su rostro.

Henry se separó de él volteando a ver a Emma

- Hay que buscarla, ma. Por favor - pidió con ojos verdes suplicantes.

La rubia se puso en cuclillas frente a él y eligió cuidadosamente las palabras que diría

- Te prometo que, si algo le sucedió, lo vamos a saber - no podía prometerle que la encontrarían y la traerían de vuelta porque si en verdad Regina se había ido por voluntad propia, dudaba que pudieran hacerla cambiar de opinión.

Lo peor de todo es que, tanto David como Emma, no tenía idea de por dónde comenzar. No había en la ciudad nadie que quisiera lastimar a Regina.

O eso, era lo que ellos creían.


En menos de una hora, toda la ciudad sabía de lo ocurrido.

David no dejó que ni una sola persona se le escapara. Interrogó a todos, si sabían algo, si vieron o escucharon algo, pero todos dieron una respuesta negativa.

Se dieron a la tarea de buscar el Mercedes, sin embargo, tampoco tuvieron éxito

- Eso quiere decir que efectivamente salió de la ciudad - dijo Emma

- No, algo me dice que no - negó el príncipe muy convencido de sus palabras

- Papá, seamos honestos. Regina ya no tiene enemigos aquí. Nadie tiene motivos para quererle hacer daño - habló con pesar, porque le dolía tener que obligar a su padre a aceptar y afrontar la muy posible realidad

- Emma tiene razón, David - dijo Snow soltando un pequeño suspiro cansino - Tampoco me explico por qué, pero todo parece indicar que sí, Regina decidió irse - soltó las palabras sin delicadeza, como si con ellas no corriera el riesgo de lastimar a su ex marido

- ¡Es que no tenía motivos para irse! ¡¿Qué no entienden?! - gritó aparentemente a ambas, pero en realidad, se estaba dirigiendo a la princesa

- ¡Pues se fue! - arremetió la maestra - ¡Se fue porque sigue estando llena de oscuridad y la prueba es que ni tú ni Henry le importan! - escupió las palabras con odio, se dio la media vuelta y se fue de ahí sin mirar atrás

- Le pediré a todos mis contactos que la busquen. Si está allá afuera ellos la van a encontrar - aseguró la rubia y el príncipe sólo asintió apretando los labios

- Tú no crees lo que ella dijo, ¿cierto? - preguntó David a Emma que abrió los ojos grandes con sorpresa al escucharlo

- No - respondió - Por supuesto que no - aseguró, aunque una parte de ella rogaba porque de verdad no fuera así.


Regina regresaba del baño que apareció tan pronto como lo necesitó. Acababa de vomitar y sólo quería cerrar los ojos para esperar a que el malestar pasara.

Se recostó en la cama y justo cuando se estaba acurrucando, la puerta se abrió por lo que se incorporó de inmediato

- ¿Te sientes mal? - preguntó Azul al ver el semblante de la reina

- Déjenme ir - murmuró con la voz ligeramente rasposa por el esfuerzo de regresar el estómago

- Aquí estarás bien. La habitación te proveerá de todo lo que necesites. Nada te hará falta, tendrás lo mejor - aseguró

- ¿Por qué estás haciendo ésto? - le preguntó

- ¿Cómo lo hiciste, Regina? - ignoró la pregunta sentándose en la orilla de la cama y al verla fruncir el ceño, habló de nuevo - ¿Cómo quedaste embarazada? - aclaró su pregunta y la alcaldesa soltó una pequeña risa agridulce

- ¿Te tengo que explicar cómo se hacen los bebés? - reviró la pregunta

- Sabes a lo que me refiero, Majestad - masculló enfadada por el intento de burla de la otra mujer

- No tengo ni la más jodida idea - fue la respuesta que le dio - Sólo sé, que estoy esperando un hijo del hombre que amo y que si de verdad se atreven a hacer lo que hace rato me platicaron, no descansaré hasta arrancarle el corazón a ambas - le amenazó comenzando a acercarse a ella y el hada brincó prácticamente de la cama.

Regina le miró con coraje

- La comida aparecerá dentro de una hora. Trata de descansar - le dijo y se dio la vuelta para irse de ahí.

Las lágrimas comenzaron a correr por el bello rostro de la reina cuando se vio sola de nuevo.


Un par de horas después, David y Emma estuvieron en el convento buscando la ayuda de Azul.

Les hicieron pasar a la oficina de la madre superiora para tratar el delicado tema

- Si conoces algún hechizo, o algo… - sugirió la rubia - Mi magia es poderosa, podría hacerlo si no es algo posible para ti - expresó decidida a ser lo que fuera necesario para encontrar a la reina.

Regina era la madre de su hijo, la mujer que su padre amaba y también era amiga suya

- Con todo respeto, Emma. Pero tu magia no es más poderosa que la mía - le dijo altiva y con aire triunfador, pero al ver la desconfianza en el rostro de ambos, decidió suavizar la situación - Miren, he hecho lo posible, en verdad - les miró fingiendo estar afligida - La magia de Regina también es poderosa, ustedes mismos dijeron que vieron la caja de ingredientes y posiciones. Lo más seguro es que haya conjurado un hechizo que hace sea imposible localizarla - les digo siguiendo su propia farsa.

No era la primera vez que lo hacía. Ser el hada Suprema conllevaba una gran responsabilidad y muchas veces había que mentir para hacer lo correcto

- Acompáñanos a la Mansión. Quizá puedas saber qué fue lo que usó y saber si en verdad no hay nada que hacer - pidió el príncipe, casi suplicando por la ayuda de la misma persona que era la causante de su sufrimiento.

Azul asintió accediendo y el rostro del sheriff se iluminó por la esperanza que esa oportunidad representaba.

Salieron del convento sin saber que era ahí mismo donde tenían cautiva a Regina.


Cuando llegaron a la Mansión, Azul fue directo al comedor que estaba a la vista tan pronto se entraba al lugar.

La caja de pociones seguía igual que la noche anterior, tal parecía que el príncipe y la salvadora, como buenos policías, la habían mantenido intacta a fin de no mover la supuesta escena de crimen

Qué en realidad lo era, aunque ellos lo ignoraban.

Volvió a observar todo, está vez con más detenimiento y no había absolutamente nada que fuera considerado malo en términos de héroes, pero ella, estaba por convencerles de lo contrario

- Es magia negra - mintió una vez más y agradeció internamente que la nariz no le crecía cada vez que lo hacía como a Pinocho

- ¿Qué significa eso? - preguntó David, a él no le importaba si Regina hacía magia negra, blanca, gris o morada, la quería de vuelta

- Que no puedo hacer nada. Está fuera de mi alcance y del de Emma también. Lo lamento, pero como hada y ser de luz, no me es posible hacer mucho frente a hechizos oscuros que encima de todo, desconozco - les explicó y esa, no era una mentira.

El rostro del príncipe se llenó de decepción al entender que Azul no le podría ayudar

- Me llevaré todo ésto. Puede ser peligroso - alzó la varita con toda la intención de trasladar la caja hasta el convento, pero una mano firme sobre su varita, se lo impidió.

Volteó a ver al príncipe que le miraba muy molesto

- No - dijo tajante - No quiero que te lleves nada de ella - sintió un nudo en la garganta al decir eso porque dolía y mucho, pero por eso mismo, no quería perder nada más que tuviera que ver con Regina.

El hada asintió y después, se retiró de la Mansión.


Lo siguiente que hicieron y por insistencia de Emma, fue ir a ver a Tinkerbell quien ahora vivía en el Jolly Roger junto a Killian.

El hada verde no pudo recuperar sus alas a pesar de sus buenas acciones porque seguía sin poder creer en sí misma. Así que prefirió retomar los encuentros casuales que sostuvo con Hook durante la estancia de ambos en Neverland aunque esta vez, parecía algo serio y formal

- Compañero - el pirata le recibió con un fuerte y afectuoso abrazo porque en verdad apreciaba al príncipe encantador - Siento mucho por lo que estás pasando - le dio un par de palmadas en el hombro

- Espero poderla encontrar - le sonrió agradecido por las sinceras palabras que apreciaba mucho en esos momentos, aunque nada podían hacer ante el dolor y la desesperación que sentía

- David - Tink apareció acercándose a él para, al igual que Hook, abrazarle - ¿Ya saben algo? - preguntó.

En realidad ella y Regina no llevaban una amistad muy cercana, pero apreciaba a la reina. Contrario a lo que todos pudieran pensar, creía realmente en ella, aunque no fue suficiente para que Tink pudiera creer en sí misma y recuperar sus alas

- No - respondió Emma - Por eso estamos aquí - les dijo

- Tinkerbell, estoy desesperado - los ojos de David se humedecieron al hablar - Necesito tu ayuda - le pidió suplicante, esta vez no le importó. Estaba dispuesto a lo que fuera con tal de tener a Regina de vuelta

- Siento tanto no poder hacerlo - le miró afligida - No soy un hada, David. No tengo magia, no hay nada que pueda hacer - dijo sintiéndose impotente - De verdad nunca escuché que Regina mencionara siquiera la posibilidad de hacer algo como ésto - le repitió lo mismo que hacía unas horas cuando el príncipe anduvo preguntando por todo Storybrooke por la reina.

Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro del sheriff.

Emma colocó su mano en el brazo derecho de Tinkerbell y le pidió que la acompañara para alejarse un poco de David y que no escuchara

- ¿Crees que se haya ido por lo del hombre ese del tatuaje que dijiste era su destino? - le preguntó cruzándose de brazos

- No - respondió sin titubeo alguno - Dudo mucho que ese tema tenga algo que ver. Al atreverse a amar a tu padre, Regina demostró que el polvo de hadas no es quien dicta su destino, sino ella misma - aclaró para que Emma desistiera de esa absurda idea. Además el hombre ese estaba en el bosque encantado, muy lejos de ellos

- Eso espero. Porque de verdad me molestaría mucho saber que Regina abandonó a nuestro hijo y a mi padre por otro hombre - miró al sheriff que ahora estaba recargado en la orilla del barco mirando hacia la inmensidad del océano. Soltó un suspiro - Sólo quería descartar esa posibilidad - le sonrió agradecida

- Por más que pienso no puedo encontrar una sola razón para que Regina decidiera irse - dijo Tinkerbell con tristeza.


Habían pasado tres días desde la desaparición de Regina y David estaba verdaderamente perdido, ausente y sin ganas de nada, todo parecía darle igual.

Su único pensamiento era encontrar a la reina y el día anterior, en un arranque de desesperación y dolor estuvo a punto de cruzar la línea aunque eso significara perder todos sus recuerdos y no poder regresar a Storybrooke nunca más, pero afortunadamente, entre August, Emma y Ruby lograron detenerlo.

Pero en general, el príncipe se veía devastado y no parecía querer hacer el más mínimo esfuerzo por ocultarlo. Todos podían notar que se veía muy mal, mucho peor que cuando Snow le dejó

- Es que no entiendo - dijo la rubia desparramada en el respaldo de uno de los asientos de Granny's - Regina no tenía motivos para irse, pero tampoco creo que alguien le haya hecho daño. Ahora todo el mundo la acepta y la aprecia - explicó a Ruby mientras se rascaba la cabeza y bebía el trago que pidió

- Yo no diría lo mismo - masculló la lobo torciendo la boca

- ¿Qué quieres decir? - preguntó Emma con interés

- No te vayas a enojar. Es sólo que a mí siempre me ha parecido que Snow no está contenta con que David y Regina estén juntos - dijo apretó la boca al terminar

- ¿Snow? - preguntó la sheriff frunciendo el ceño - ¿De qué hablas? Ella fue la primera en apoyar esa relación y se volvió muy unida a Regina a raíz de ello - dijo confundida

- Recuerda que trató de volver con David un par de veces cuando él comenzó a mostrar interés en ella - puntualizó

- Es no quiere decir nada, Ruby - torció la boca, pero asintió comprensiva

- Mira, no digo que haya sido ella, pero quizá sabe algo y por alguna razón, no quiere decirlo - le dijo y Emma se bebió el resto de un golpe.


Al poco rato, madre e hija estuvieron reunidas en la casa de la rubia. Sentadas en la mesa una frente a la otra

- Snow, dime algo… - estrechó los ojos - ¿De verdad no sabes nada de la desaparición de Regina? - preguntó

- ¿Por qué habría de saber algo? - preguntó a la defensiva y eso hizo sospechar a la rubia

- No lo sé. Ustedes eran muy unidas - tanteó un poco

- Eso fue antes de que las cosas se pusieran serias entre ellos - le explicó y después suspiró - En verdad siento pesar por tu padre - cambió drásticamente el tema para desviar la atención de su hija de la posibilidad de que ella tuviera algo qué ver - No se merece todo ese sufrimiento - argumentó aparentando sentir pena por su ex marido, aunque en realidad, moría de rabia al ver a David tan mal ante la supuesta pérdida de esa maldita mujer

- No te importó cuando lo abandonaste, ¿por qué ahora sí? - preguntó y no pudo evitar que algo de reclamo se fuera entre las palabras porque no se le olvidaba lo mucho que David sufrió cuando ella lo dejó

- Hija, admito que hice mal y me arrepiento. Traté de volver con tu padre, pero él ya estaba interesado en Regina para entonces y lo entendí - tomó una mano de la rubia - Sé que estás preocupada por él, pero lo que tenemos que hacer es estar ahí para David. No dejarlo - le acarició el cabello maternalmente - Recuerdo que le gustaba beber de vez en cuando, sobretodo cuando algo no salía bien en nuestras aventuras contra los malos. Era como un desahogo para él - soltó un pequeño suspiro nostálgico - ¿Por qué no lo invitas a tomar unos tragos para que se olvide un poco de todo su dolor? - preguntó y le sonrió bondadosamente a su hija quien asintió mirándole afligida.


Y fue así que Emma terminó llevando a un David muy pasado de copas al apartamento donde ahora vivía.

O al menos eso intentaba, meterlo al edificio, pero ella también estaba algo mareada y la labor estaba siendo difícil, pero, para lo que ella creyó era su buena suerte, Snow apareció, pasando "casualmente" por ahí

- Vete a descansar - le dijo a su hija en cuando se les unió - Yo lo llevaré arriba - se rio tratando de ser carismática y parecer natural

- ¡No! - el príncipe huyó del contacto de la princesa que trató de tomarlo de un brazo

- Me va a ayudar a subirte. Vamos, papá - pidió la rubia. Lo hizo apoyarse en su hombro y comenzó a avanzar arrastrándolo con él

- ¡Regina! - gritó el sheriff una vez que estuvieron dentro del edificio - ¿Dónde estás, hermosa luz de mi vida? ¿Por qué me abandonaste, belleza? - siguió externado su profundo y doloroso lamento

- ¡Shhh! - la princesa le callaba cuando hablaba porque podía enfadar a los vecinos y además, sentía ira y mucha rabia escucharlo llamarla y verlo sufrir por la Reina Malvada

- Todo es oscuridad sin ella - dijo el príncipe a su hija mientras las lágrimas corrían por su rostro.

La princesa fue la encargada de meter la mano al pantalón del bolsillo del príncipe para buscar la llave

- ¡Deja! - trató de quitarse. No le gustaba la cercanía de Snow, mucho menos que lo tocara.

Lo ignoró, consiguió la llave, abrió la puerta y justo en ese momento, Emma comenzó a sentirse mal

- Creo que… Necesito descansar - dijo arrepintiéndose de haber bebido tanto y de haber hecho el esfuerzo de subir a su padre. Sentía el piso inestable

- Está bien - dijo Snow apoyando a David en su hombro ahora. El sheriff parecía estarse durmiendo - No te preocupes por él. Lo dejaré en la cama y me iré - aseguró

- Buenas noches - les dijo a ambos

- Ve con cuidado, Emma - pidió mientras cerraba la puerta de golpe.

Después comenzó a llevar al príncipe, que seguía llamando a la reina hasta la cama y ahí lo dejó caer

- Regina… - volvió a murmurar el nombre de la mujer que amaba y Snow se sintió hervir en furia

- No la volverás a ver nunca más - susurró bajito para que él no pudiera percibir bien lo que dijo, pero lo vio fruncir el ceño.

Odiaba como nada cuando su príncipe encantador pronunciaba el nombre de esa maldita mujer.

En un instante, David estuvo dormido y Azul apareció en el apartamento para llevar a cabo el siniestro plan.

Harían creer al sheriff que había pasado la noche con Snow.


Cuando la mañana llegó el príncipe amaneció con un horrible dolor de cabeza que le hacía difícil la labor de mantener los ojos abiertos.

Recordaba haber bebido con Emma la noche anterior y que después salieron de Granny's rumbo a su apartamento. Y sí, estaba en su cama, arropado, desnudo y… ¿desnudo?

Y entonces fue consciente que alguien estaba en su baño. Alguien que ahora salía y era quien menos habría pensado

- Buenos días - saludó Snow envuelta en una toalla y secándose el cabello con otra

- ¿Qué haces aquí? - preguntó preocupado, molesto y por demás espantado

- Bebiste mucho con Emma, te trajo, la ayudé a subirte hasta aquí y luego se sintió mal. Así que yo te traje a la cama y… - tomó aire antes de comenzar con la farsa - Me besaste, te dije que no, pero insististe y terminamos teniendo sexo - mintió fingiendo timidez y algo de arrepentimiento

- No. No, no, no - dijo angustiado - Eso no puede ser, no me acuerdo de nada - le miró molesto

- No te preocupes. Sé que fue un error y no tenemos por qué decirle a nadie - frunció los labios porque le hería el orgullo que David no pudiera concebir la idea de tener sexo con ella - Me vestiré y me iré - dijo muy indignada y así lo hizo.

El príncipe sólo se puso unos boxers y el pantalón del pijama cuando Snow entró al baño de nuevo para cambiarse.

Se sentía nervioso, confundido y por demás aturdido con la situación.

La vio irse y no quiso decirle nada. Quería olvidar que eso había ocurrido, aunque no recordaba absolutamente nada de lo que ella decía.

Corrió a bañarse en cuanto la puerta de su apartamento se cerró.


Esa mañana, Regina amaneció con mucho mareo y malestar y la habitación le puso un vaso con agua en la mesita enseguida de la cama y la iluminación a media luz para que no le molestara.

Fue inevitable que se parara y corriera al baño para regresar su estómago, y cuando terminó, un tibio baño de burbujas apareció en la bañera.

Se desvistió constatando que la ropa interior podía traspasar el maldito grillete. Arrojó la prenda con coraje contra una de las paredes.

Después, se introdujo en el agua que nunca se enfrió, permaneció a la temperatura perfecta durante todo el rato que quiso estar ahí.

Tomó aire y soltó un pequeño suspiro llevando las manos hasta su plano vientre y sintió los ojos llenos de lágrimas al pensar que el tiempo corría en su contra, que no iba a ser capaz de proteger a su bebé y que se lo iban a quitar sin que pudiera hacer nada.

Cuando se levantó y salió de la bañera, había ropa nueva para ella. Nuevamente las bragas traspasaban la cadena para que se la pudiera poner y había un vestido que era de su estilo.

Salió vestida y al hacerlo, apareció el pequeño y sobrio comedor con alimentos saludables para ella.

Soltó un suspiro cansino, pero aun así se sentó a comer. No tenía hambre, pero no podía darse el lujo de no alimentarse por el bienestar de su bebé.

Aunque tenía muy en claro que tenía que buscar la forma de escapar antes de que el embarazo terminara.


- ¿Qué pasó anoche? - preguntó David a su hija en cuanto llegó a la estación

- Bebimos de más, te acompañé a casa, Snow me ayudó a llevarte a tu apartamento y después me sentí tan mal que tuve que irme, ¿por? - preguntó sobándose las sienes por la resaca

- ¡¿Me dejaste con ella?! - preguntó molesto y se arrepintió de hablar tan fuerte porque la cabeza le retumbó

- No grites - pidió la rubia encogida de hombros - De verdad me sentí muy, muy mal y ella se ofreció a recostarte - explicó - ¿Pasó algo? - preguntó preocupado

- Amaneció en mi apartamento y dice que tuvimos sexo - comenzó a contarle

- ¡¿Qué?! - preguntó la sheriff abriendo los ojos grandes

- Shhh - pidió el príncipe porque su cabeza dolió - Estaba desnudo en mi cama y ella saliendo de bañarse, pero no me acuerdo de nada, Emma. Snow dice que tuvimos sexo, pero yo no recuerdo - aclaró

- No lo puedo creer - dijo la rubia negando con la cabeza y poniéndose de pie

- Tampoco yo. Es imposible que me haya acostado con ella, además que no logro recordarlo por más que intento - argumentó angustiado - Amo a Regina. No me acostaría con nadie más, mucho menos con ella - le dijo cerrando los ojos con dolor.

Emma le miró con lástima y se sintió culpable por haberlo invitado a beber y dejado sólo con la princesa.


Lo siguiente que la rubia hizo fue ir con su madre al apartamento aprovechando que no era día de escuela y que Henry se estaba quedando con ella

- Llévalo a New York a ver a Neal para que se distraiga - sugirió la princesa

- ¿Por qué te acostaste con David sabiendo que está muy dolido y que además estaba tomado? - preguntó realmente enojada, pero habló bajito para que su hijo no escuchara.

La maestra fingió sorpresa de que su hija supiera lo que supuestamente había pasado entre ella y David. Era algo que estaba esperando

- Lo de anoche no tiene importancia alguna - comenzó a decirle - Él… la extraña mucho y estoy segura pensó que yo era ella. Solo le hice el favor, para que pensara que, al menos por esa noche, estaba con Regina - explicó fingiendo estar consternada

- ¿Te das cuenta de la estupidez que estás diciendo? - le preguntó anonadada por lo que escuchó

- ¡Emma! - le llamó la atención - No te permito que me hables así - exigió ofendida

- Y yo no te permito que confundas más a David de lo que ya está. Está dolido, pasando por el peor momento de su vida porque la mujer que ama lo dejó, y lo último que necesita es que tú lo empeores todo - le dijo

- No me trates como si yo fuera la mala del cuento. Fue ella quien decidió largarse y dejarlo, y dejar también a tu hijo como si no fuera nada - le apuntó con un dedo

- Deja a Henry fuera de ésto - pidió negando con la cabeza

- Solo digo la verdad y lo sabes bien. Aquí la única que hizo mal, la que está llena de oscuridad, como siempre, es Regina - declaró muy segura de sus palabras

- También tú al haberte acostado con David cuando ni siquiera sabía cómo se llamaba. Que ni se acuerda que sucedió - le sonrió de medio lado con ironía - ¡Ya me voy, Henry! - anunció caminando a la puerta

- ¡Adiós, ma! - respondió el casi adolescente con voz alta, pero claramente apagada.


Dos semanas después, las cosas entre Emma y Snow se habían suavizado.

David seguía buscando y preguntando si alguien sabía algo, pero siempre obtenía la misma respuesta. Presionaba todos los días sin excepción a su hija para que preguntara si la gente que ella conocía ya sabía algo.

Había decidió olvidar lo que sucedió en su apartamento, o más bien, lo que la princesa aseguraba que pasó pero que él no recordaba en lo más mínimo.

Lo único que quería es que esa pesadilla de no saber nada de Regina, terminara. La quería de vuelta con él. Si de verdad se había ido estaba seguro que podía convencerla de regresar y si alguien le había hecho daño, le haría pagar al responsable muy caro por ello.

Henry se había vuelto a enclaustrar en sí mismo y lloraba todas las noches al igual que el príncipe, preguntándose por qué su mamá había decidió abandonarlo y volvía a culparse por el daño que le causó cuando la tachó de ser la Reina Malvada y de no amarlo. Todas esas veces que la rechazó se repetían en su mente una y otra vez atormentándolo.

Tanto David, como Henry, estaban sufriendo mucho la ausencia de la reina.

La ciudad se vio forzada a elegir a un alcalde en lo que se hacían campañas para elecciones justas y desde luego que la princesa, con ayuda de Azul, consiguió el voto de confianza para esa labor.

Así que ahora, Snow White, Mary Margaret Blanchard era la alcaldesa interina de Storybrooke.

Y mientras todo eso sucedía, Regina seguía pasando los días en la fría pero bella habitación que, poco a poco, se estaba adecuando a sus gustos.

Tenía un televisor, un cómodo sillón y un mundo de libros para su entretenimiento. Irónicamente, parecía una prisión muy acogedora.

Había descubierto además, que a cierta hora del día, durante algunos minutos, la luz del sol le daba de lleno y sabía, por los libros que había ahí, que al estar embarazada eso le hacía bien

- Idiota - masculló para la polilla azul porque le daba mucho coraje que estuviera haciendo todo eso para asegurarse que llevara un embarazo sano.

Después, volvía a llorar angustiada y deseando como nada estar entre los fuertes y protectores brazos del príncipe

- David… - le llamó con el rostro enterrado en uno de los cojines del sillón mientras su cuerpo convulsionaba por el llanto del que era presa y que empeoraba cuando recordaba también a su pequeño príncipe.


Y entonces, el día en que Snow habría de dar el paso final, llegó.

Azul la llevó al convento a primera hora y le permitió entrar a la habitación de la reina.

Los traslados eran siempre con magia para que no vieran a la princesa entrar y salir del convento, ni en constante compañía con Azul, a fin de evitar levantar sospechas.

Se sorprendió de encontrar el lugar tan cambiado, la habitación era muy del estilo de la reina, elegante, bella y sobria

- ¿Ahora qué quieres? - preguntó Regina agarrándose del marco de la puerta del baño. Tenía el estómago revuelto, pero no había vomitado

- Contarte que el día de hoy le diré a David que estoy embarazada - dijo mientras ponía las manos en su vientre, sintiéndose muy orgullosa y satisfecha consigo misma. Le gustaba la sensación de torturar a Regina, aunque fuera así.

La reina no pudo ocultar la angustia y el dolor que eso le causaba porque eso significaba que el príncipe había estado con Snow

- No te preocupes, David no se acostó conmigo en realidad. Solo cree que lo hizo. Si te hace feliz, sigue perdidamente enamorado de ti y piensa ilusamente que te va a encontrar - le contó - Pero una vez que sepa que tendrá otro hijo, te olvidará por completo - aseguró, muy convencida de sus propias palabras

- Te juro que vas a pagar muy caro todo el sufrimiento que nos estás haciendo pasar - le dijo con reproche

- Regina, dudo mucho que vuelvas a poner un pie fuera de esta habitación - le sonrió con maldad y después se fue, dejando a la reina con una horrible angustia en el pecho.


A las nueve en punto, se sentó en el escritorio de la alcaldía y espero apenas un par de minutos para luego pedirle a Belle que llamara a David con urgencia.

Así que, el sheriff estuvo ahí muy pronto, frente a ella y a puerta cerrada en la oficina que había pertenecido a Regina y que ahora era de ella, así como lo sería el hijo que tendría y como esperaba, David lo volviera a ser

- ¿Qué? - le preguntó de mala gana mientras colocaba ambas manos en su cintura y le miraba con rabia. Y por primera vez se preguntó por qué carajos no había renunciado. Él no quería trabajar para ella.

Aunque, muy en el fondo, sí lo sabía. Quería que todo se mantuviera igual hasta que Regina regresara, porque claro que iba a volver. No perdía la esperanza de encontrarla

- Estoy embarazada - anunció sin más y le extendió una prueba positiva de embarazo.

Las palabras le sacaron abruptamente de sus pensamientos. David abrió sus ojos grandes, sintiendo que el mundo se le venía encima.