La Serie de Once Upon a Time y sus personas aquí mencionados no me pertenecen.

Muchas gracias a todos por leer, a quienes me dejaron comentario y a los lectores silenciosos también.

Espero todos se encuentren muy bien y que puedan perdonar cualquier error.


Hubo un momento de eterno e incómodo silencio.

Snow apretaba la mandíbula esperando la reacción del príncipe que parecía haberse quedado en shock por la noticia y la evidente prueba de la misma.

Tenía los ojos clavados en el palito plástico que le estaba mostrando, el cual indicaba que estaba embarazada, aunque no era cierto

- ¿No vas a decir nada? - preguntó molesta ante la falta de reacción del sheriff.

David parpadeó un par de veces al escucharla. Tenía la mente en blanco y una sensación de entumecimiento en el cuerpo que poco a poco se iba desvaneciendo con la negación ante lo evidente

- ¿Qué tengo que decir? - preguntó en vez de responder - ¿Felicidades? - su tono de voz fue seco y carente de sentimiento - No creo que sea a mí a quien debas darle esta noticia - argumentó negando con la cabeza, más que dispuesto a no saber nada más y a largarse de ahí

- El bebé es tuyo - reveló y eso, no era ninguna mentira.

Sí, su embarazo era totalmente falso, pero el bebé en cuestión, era real y era de David sin duda alguna.

Ahí fue donde el príncipe sintió que perdía el poco control ante la incómoda y terrible situación

- No me vengas con estupideces - fue lo único que pudo decir mientras su mente rogaba porque eso no fuera cierto. No quería eso - Te has acostado con quién sabe cuántos como para que ahora me vengas con ésto - se notaba la histeria en su voz

- Llevo más de un mes sin tener relaciones con nadie más que contigo - trató de contener la rabia que le causaba verlo así ante la noticia, sabiendo bien que, si fuera Regina la que se lo estuviera diciendo, el príncipe estaría muy, muy feliz y no negándose a aceptarlo

- Es que eso no puede ser cierto. ¡Ni siquiera recuerdo lo que pasó! - exclamó con impotencia

- Te entiendo. A mí también me tomó por sorpresa, pero… - no pudo seguir hablando porque él la interrumpió.

Se abalanzó sobre el escritorio, que era de Regina, y estampó las manos con fuerza sobre la superficie asustando a la princesa que pretendía ser la alcaldesa

- ¡Qué no me acuerdo de haber tenido sexo contigo! - le escupió las palabras en la cara mientras la otra le miraba algo sorprendida, seguramente por verlo reaccionar así

- Que fácil decir que no recuerdas - le habló con ironía y se levantó para encararlo - Que no te acuerdes no quiere decir que no sucedió - reviró lo mejor que pudo

- Quiero una prueba de paternidad - habló exigente y es que sabía que en Storybrooke existían ese tipo de pruebas donde se podía comprobar si efectivamente el bebé era suyo o no.

Se quitó de ahí mientras llevaba las manos a la cabeza sintiéndose totalmente perdido y confundido

- En cuanto nazca podrás hacerle todas las pruebas de paternidad que se te antojen, David - habló con una seguridad asombrosa volviéndose a sentar, casi retadora y regocijante, sabiendo perfectamente que darían positivo una y otra vez hasta que el sheriff se cansara

- ¿Estás segura que estás embarazada? - preguntó con desconfianza - ¿Dónde están los análisis clínicos? ¿Víctor ya confirmó el embarazo? - comenzó a lanzarle preguntas queriendo que admitiera que era una mentira

- Azul me asistirá. No quiero que Víctor sea mi médico. Salimos un tiempo y me hace sentir incómoda - argumentó. Era la excusa perfecta para no tener nada que ver con el hospital y no se dieran cuenta de la mentira

- Esto no puede estar pasando - dijo llevando una mano hasta su boca y sintiéndose mareado conforme todo se comenzaba a volver más real

- Niégalo todo lo que quieras. Nada va a cambiar que, dentro de algunos meses, tendremos un hijo - le habló con algo de rencor.

David apretó las manos en puños y se abstuvo a sí mismo de hacer algo más. Si el embarazo era real, no habría marcha atrás, tendría otro hijo con Snow.

Un hijo que nunca deseo y que tampoco quería…

Se dio la vuelta con toda la intención de irse de ahí, pero se volvió hacia ella una vez más

- Renuncio - la vio abrir la boca con sorpresa, pero no quiso quedarse a escucharla.

Salió dirigiéndose al escritorio de la ex bibliotecaria. Le dejó la insignia y el arma a una sorprendidísima y mortificada Belle, y después, se fue.


Comenzó a caminar por la calle sin rumbo fijo. Se sentía desorientado y totalmente perdido. ¿Cómo era posible que eso estuviera pasando cuando hacía apenas unos menos había empezado a vivir un verdadero final feliz con Regina?

No tardó mucho en darse cuenta que en ella estaba su verdadera felicidad y que lo que tuvo con Snow fue un amor verdadero de cuentos de hadas y nada más.

Con la reina era algo real y profundo que lograba llegar hasta el fondo de su alma. De esa devastada y perdida alma que no tenía idea de cómo seguir adelante sin ella.

Sin la luz que iluminaba su vida…

Cuando menos lo pensó, estuvo frente a la Mansión y no dudo en entrar usando la llave que Henry les había facilitado para inspeccionar el lugar.

Subió directo a la habitación de Regina y se recostó en la cama en donde habían hecho el amor varias veces. Abrazó una de las almohadas y enterró su rostro en la misma sin limitarse a aspirar el aroma de la reina que seguía ahí impregnado y entonces, las lágrimas comenzaron a correr por su rostro y su cuerpo a sacudirse ligeramente con el llanto que se volvió incontenible a los pocos segundos.

Mientras, encerrada en una oculta habitación del convento, Regina lloraba igual, acostada en la cama, abrazada a una de las almohadas y con una mano en su aun plano vientre, sufriendo el mismo dolor que David.


- ¿Cómo? - preguntó Emma creyendo que había entendido mal, o al menos rogando porque así fuera

- Que me hice una prueba y estoy embarazada - dijo Snow sentada frente al escritorio de su hija en la comisaría a donde se dirijo en cuando le dio la noticia al príncipe - Y es de David. No estuve con nadie más ni antes ni después de él - se apresuró a aclarar antes de que la rubia hiciera todas esas innecesarias preguntas

- Pero. Pero es que… - trató de argumentar algo, totalmente confundida y desorientada.

No era posible que sus padres fueran a tener otro hijo después de todo lo que había pasado entre ellos. Ya no se amaban, no estaban juntos y no se suponía que debía ser así

- Lo sé. Yo tampoco lo esperaba. Pero es así y no hay nada qué hacer - argumentó, claramente restándole importancia a la situación. Se puso de pie - Quise que lo supieras primero para que pienses la mejor forma de decírselo a Henry - le dijo con serenidad y calma.

Emma sólo asintió lentamente mirando a la nada como si no fuera capaz de digerir la realidad

- ¿Y David? - preguntó mirando a su madre de nuevo

- Se lo dije antes de venir. No lo tomó muy bien. Renunció - tomó su bolso - Creo que deberías buscarle - le sonrió con dulzura y la sheriff volvió a asentir sin saber qué más decir.


- Ya lo sabes, ¿cierto? - preguntó David a su hija en cuando la vio en la estación. Fue ahí para recoger sus cosas

- ¿Sabes lo preocupada que estaba? - preguntó Emma en vez de responder - Te estuve llamando y buscando por todos lados - le dijo molesta - Hasta salí de Storybrooke pensando que habías cruzado - le contó y después cerró los ojos negando con la cabeza

- No sé cómo sentirme - dijo el príncipe mirando por la ventana - Siento que esto es una pesadilla que se vuelve más horrible conforme pasa el tiempo - habló como ausente.

Y Emma pudo reparar en lo mal que se veía su padre. Tenía rastros de haber llorado y se le veía muy cansado

- ¿Y qué vamos a hacer? - preguntó la rubia, porque era obvio que Snow quería tener ese hijo

- Seguirla buscando - respondió en automático. Para él no había nada más importante que encontrar a Regina

- Sí, pero… el bebé - comentó lo más sutil que pudo

- Hasta el día que nazca y la prueba de paternidad dé positivo aceptaré que es mío. Antes, no - volteó a verla con determinación en su azul mirar dejando a Emma sin habla - No me acuerdo de nada. No me puede pedir que acepte así como así que el hijo que tendrá es mío - explicó

- Tampoco es que el no acordarte haga que no sea real - argumentó con algo de recelo

- Si es mío me haré responsable - dijo soltando un suspiro de fastidio - ¿Has hablado con tus contactos? - preguntó volviendo a lo que realmente le importaba que era encontrar a la mujer que amaba.

A Regina, a la luz de su vida

- Papá… - se acercó un poco a él al verlo comenzar a acomodar los papeles sobre el escritorio como si nada pasara

- No quiero seguir hablando de ésto. Sólo quiero encontrar a Regina - le miró con ojos llenos de lágrimas e impotencia

- Preguntaré si ya saben algo - le sonrió con empatía y un poco de pena también - ¿Qué harás ahora que renunciaste? - preguntó consternada y lo vio encogerse de hombros

- No lo sé - respondió sintiéndose que nada tenía sentido - Todo lo que sé es que necesito encontrarla, Emma. Cada día se vuelve más difícil el estar sin ella - se sinceró y de pronto se vio envuelto en los brazos de su hija.


Henry tomó pésimo la noticia del embarazo. Enfureció verdaderamente contra David y se escapó de casa de Emma y August, donde se estaba quedando, para buscarle.

Tocó con agresividad la puerta del apartamento del príncipe, sintiendo unas ganas inmensas de golpearlo

- Henry - David contuvo el aliento al ver el rostro furioso de su nieto

- ¡¿Por qué?! - le empujó con ambas manos lo más fuerte que pudo haciendo que David diera un par de pasos hacia atrás - ¡Dijiste que la amabas! ¡Me prometiste que no le harías daño! - siguió y volvió a abalanzarse sobre él para volverle a empujar, pero el príncipe le sujetó por las muñecas para impedírselo

- Henry, escucha… - pidió

- ¡No! - exclamó jalando las manos para soltarse - ¿Qué crees que va a sentir mi mamá cuando regrese y sepa que vas a tener un hijo con Snow? ¿Eh? - le preguntó. El labio inferior temblándole por las ganas de llorar - Lo arruinaste todo - le acusó mientras las lágrimas comenzaron a correr por su rostro

- ¡Henry! - se escuchó la voz alarmada de Emma y al siguiente segundo estaba ahí dentro con ellos - ¿Por qué demonios te fuiste así? - le preguntó entre molesta y asustada.

De pronto ya no estuvo en la casa. Lo buscó en la Mansión, en Granny's y con David fue el último lugar que se le ocurrió porque el casi adolescente estaba muy enojado con él y dijo que no quería verlo nunca más.

Pero mientras lo buscaba estuvo muriendo de angustia al pensar que podría desaparecer como lo hizo Regina

- Porque quería que me dijera por qué lo hizo con Snow cuando se supone que ama a mi mamá - respondió atragantado con el llanto

- Amo a tu mamá, Henry - le corrijo el príncipe

- No. Si de verdad la amaras no lo habrías hecho - sollozó limpiándose la nariz con la chaqueta que llevaba.

Se dio la vuelta y salió de ahí sin esperar nada más

- Te prometo que se lo explicaré todo - dijo Emma sintiéndose culpable porque omitió ciertos detalles cuando le contó a Henry del embarazo.

No quería que odiara ni a David ni a Snow por lo que estaba pasando, pero tampoco podía dejar que el príncipe cargara con la culpa.

El príncipe asintió agradecido, pero seguro de que Henry no le iba a perdonar jamás. Sintiendo además la pesadumbre de no saber dónde estaba Regina y que cuando la encontrara, se iba a decepcionar de él.


A la mañana siguiente Regina no quiso comer.

Sentía un nudo en el estómago de tan sólo pensar en que Snow le había dicho a David del supuesto embarazo y su mente le estuvo jugando malas pasadas durante toda la noche no dejándola dormir.

Sabía que el príncipe la amaba verdaderamente, que la había elegido a sabiendas de que no podía tener hijos.

Sin embargo, su mente se vio invadida de escenas donde David estaba muy feliz al saber que tendría un hijo sin importar que fuera de la princesa y que de verdad se olvidaba de ella para siempre.

Varias veces se levantó de la cama agitada y temblorosa por esos pensamientos.

Y lo único, lo único que lograba regresarla a la realidad era el bebé que crecía en su interior.

Esa pequeña lucecita en medio de toda esa oscuridad.


David, Emma y Ruby estaban reunidos en Granny's.

La noticia del embarazo de la nueva alcaldesa no se hizo esperar y en tan sólo un día todo Storybrooke lo supo.

Sabía por Belle que David había renunciado, así que fue hasta el apartamento del príncipe para encararlo y reclamarle lo que había hecho, pero cuando éste le explicó la situación, se tranquilizó y le invitó al local a tomar café para que le contaran bien todo.

A ella y a Granny, quien también enfureció contra David cuando se enteró y quería explicaciones

- ¿Es que no sé dan cuenta que ella lo tenía todo planeado? - preguntó Ruby totalmente incrédula ante la situación. Miró a Emma a quien llamaron para que se les uniera - Te convenció para que invitaras a David a tomar sabiendo que se pasaría de copas. Apreció casualmente justo cuando tratabas de ayudarlo a llegar a su apartamento y se quedó con él - alzó los brazos y los llevó a su cabeza con desesperación porque no podía creer que la rubia no lo vio venir

- Emma, ¿por qué no me dijiste que fue idea de ella lo del bar? - preguntó mirando a su hija y sintiéndose un tanto traicionado

- Lo siento, ¿sí? Nunca fue mi intención que algo como esto pasara - se defendió al verse señalada y sentir con más rigor esa culpa que no le dejaba desde que supo lo sucedido entre sus padres - Sea como sea, el bebé ya está ahí - terminó para luego suspirar afligida

- Pero no estoy seguro que sea mío. Yo no recuerdo nada - insistió David

- Y sabemos que Snow ha tenido sus aventuras - arremetió Ruby

- ¿Podrían dejar de insistir que en que está haciendo algo malo? - preguntó Emma - Es Snow White, por el amor de Dios. Es incapaz de lastimar a alguien. ¿Qué nunca vieron la película? - preguntó mirándoles a ambos

- Sabes muy bien que la historia verdadera nada tiene qué ver con la película - reviró el príncipe - Tu madre me engañó - sentenció - Eso no lo puedes negar. Y puede que el embarazo sea cierto, pero también es verdad que bien podría no ser mío - concluyó. Negó con la cabeza después - Lo único que necesito es encontrar a Regina - cerró los ojos y contuvo las ganas de llorar que se hacían presentes cada que la recordaba o hablaba de ella

- Mi instinto de lobo me dice que tu bella manzanita nunca salió de la Mansión - Ruby se cruzó de brazos porque ninguno de los dos había tomado en serio ese comentario que hizo cuando estuvo en ese lugar ayudándoles a encontrar alguna pista.

David sonrió de medio lado por el apodo, que sabía perfectamente Regina odiaba. Pero luego un nudo se dejó sentir en su garganta por la angustia que le causaba el no saber qué había sucedido con la reina

- Azul ya nos ayudó a registrar y no encontró nada - se relamió los labios y agachó la mirada como derrotado.

Y aun así, sin nada a favor, se negaba a aceptar que Regina había decidido irse por su propio pie.

Ruby abrió la boca para decir algo, pero justo en ese momento, la puerta de Granny's se abrió y entró una muy molesta Belle

- También renuncié - anunció mientras caminaba hacia ellos - Ya no la soporto - se echó a los brazos de su novia en cuando se sentó junto a ella. Se separó de su amada y le alargó una mano a David - Lo siento tanto - le dijo dándole un suave apretón y con la voz conmocionada.

El príncipe sonrió agradecido.


Los días comenzaron a pasar.

Belle decidió reabrir la tienda de antigüedades de Gold e invitó a David a trabajar con ella en lo que el príncipe decida qué hacer con su vida.

Estaba más perdido cada día. No dejaba de buscar por todos lados a Regina, de preguntarle a la gente si sabían algo y pedirles que le dijeran si llegaban a saberlo.

Cada día se le dificultaba mucho más el levantarse y vivir, y su única motivación, era encontrar a la mujer que amaba.

Y si no había salido de Storybrooke, era porque Emma le insistía que, si lo hacía, no iba a recordar jamás. Podían encontrar a Regina, pero él ni siquiera la iba a conocer. Y entonces, ella se ofrecía a ir constantemente con sus colegas para ayudar a buscarla.

Henry estaba insoportable. No se parecía en nada al niño que tocó la puerta del apartamento de Emma en Boston hacía casi dos años. No la escuchaba, siempre estaba de mal humor, se la pasaba encerrado jugando videojuegos y al parecer ahora odiaba leer.

Sin mencionar, que Emma tenía prohibido tocar todo aquello que Regina le había comprado.

Tuvieron una muy fuerte discusión. Henry quería irse a vivir a la Mansión, pero la rubia vivía con August y no podía hacer eso. El casi adolescente le exigió las llaves de esa casa que le pertenecía a él porque era de su madre, y es que no quería que David se fuera a vivir allá. No tenía ningún derecho.

Pero la rubia no se las quiso dar. No podía hacerle eso a su padre. El príncipe iba a veces ahí en búsqueda de consuelo y refugio contra la cruel realidad que estaba viviendo.

Por otro lado, Emma se sentía un poco contrariada y atrapada. Apoyaba a su padre, pero tampoco podía estar en contra de su madre a quien desde luego reclamó y acusó de haber hecho todo a propósito para embarazarse de David.

La princesa se ofendió. Eso no lo fingió y es que nunca esperó que su propia hija la acusara de ello, aunque fuera verdad.

Y durante todo ese tiempo, no le interesó ver a Regina. La reacción de David no le dio las armas suficientes para irse a burlar en la cara de la Reina Malvada. Así que prefirió dejarla sola con todos sus demonios, pensando en que todo le estaba saliendo de maravilla.

La reina por su parte, no hacía otra cosa que pensar en la forma de escapar. No podía alcanzar la puerta y no tenía nada que pudiera utilizar para liberarse.

Lo había intentado, pero la habitación se encargaba de no proveer nada que pudiera ayudarle.

La polilla azul y la princesa no habían vuelto en todo ese tiempo por lo que Regina se preguntaba si algo había salido mal y pretendían dejarla ahí por siempre.

Estaba cansada de llorar, pero no lo podía evitar. La angustia no dejaba de invadirla y el pensar tanto en David y Henry no le hacía ningún bien.

Los extrañaba muchísimo y no quería nada más que volver a estar con ellos.


No fue hasta que el embarazo comenzó a notársele a la reina que Azul se volvió a aparecer por la habitación

- ¿Cómo has estado? - preguntó el hada con interés.

Regina la miraba y de reojo volteaba a ver la salida mostrándose muy, muy ansiosa. Trató de controlarlo, pero fue imposible. El sentirse atrapada y sin su magia la tenía mall

- Bien - respondió cuando se dio cuenta que Azul sabía lo que hacía

- Olvídate de salir, Majestad. Recuéstate para ver el estado de salud de tu hijo - le invitó con cordialidad

- No - respondió tajante y le miró retadora.

Ni siquiera sabía por qué se estaba resistiendo. No era como que podía hacer mucho y sabía que era importante saber cómo estaba su bebé.

Pero odiaba con todo su ser que esa maldita polilla le estuviera diciendo qué hacer y no quería darle el gusto de mostrarse débil ante ella.

Azul soltó un suspiro, alzó su varita e hizo caer inconsciente a la reina para luego trasladarla hasta la cama donde la recostó con sutileza.

Pudo constatar que, a las doce semanas de embarazo, el vientre comenzaba a notársele abultado. Usó su magia para asegurarse que tanto el bebé como Regina estaban en buen estado de salud, aunque no podía decir lo mismo por el estado anímico de la reina.

Volvió a usar su varita y Snow apareció en el lugar

- ¿Cómo va todo? - preguntó la princesa al ver a Regina tendida en la cama

- Llegó el momento de ponerte el hechizo - dijo Azul y se volvió hacia ella.

Conjuró un hechizo que haría un efecto espejo con el embarazo de Regina. El vientre le iría creciendo como el de la reina, aunque sólo sería una ilusión

- ¿Quieres sentir al bebé también? - le preguntó y la otra negó al instante

- Que ellos puedan sentirlo, pero yo no quiero sentir a ese niño dentro de mí - dijo con algo de rencor en la voz.

El hada asintió e hizo lo indicado.

Cuando Regina despertó, ya se encontraba sola otra vez.


Regina tenía veinte semanas de embarazo cuando sintió al bebé por primera vez.

Estaba tomando un baño, recostada en la bañera y acariciando un poco su pequeño vientre cuando sucedió.

Los ojos se le llenaron de lágrimas de emoción por sentir a su hijo por primera vez, pero también sintió dolor y pesadumbre a la vez.

Era maravilloso sentirle dentro de ella y moría porque siguiera creciendo y los movimientos fueran más notorios, pero al mismo tiempo le dolía profundamente el hecho de estar viviendo eso sola y en encierro cuando debería ser muy diferente.

Ella debía estar viviendo con David ese bello y mágico momento…

- Mi pequeña lucecita - susurró en medio del sollozo que fue incapaz de suprimir.

Y es que también sabía que cada día que pasaba estaba más cerca de que le quitaran a su bebé.


Al otro día, Regina recibió la visita de la princesa y sintió que todo daba vueltas al ver el aspecto físico de Snow

- ¿Qué demonios? - preguntó horrorizada mirándole el vientre

- Estoy embarazada - le dedicó esa estúpida sonrisa tan característica de ella y puso una mano en su falso embarazo

- Tanto tú como la polilla han perdido la cabeza - fue todo lo que pudo decir ante semejante aberración que tenía frente a sus ojos

- Y David está muy, muy feliz - mintió con todo el afán de lastimar a la reina - Quiere volver al apartamento para estar cerca del bebé durante el embarazo - siguió con su farsa y vio que la reina se sentaba en la cama con la mirada perdida.

Estaba del otro lado, así que aprovechó para acercarse a la cama por el otro

- Ya ni siquiera pregunta por ti - se sentó y se volvió hacia la puerta - Está soñado con el embarazo y está muy ansioso por saber qué será - escuchó la cadena, pero sabía que Regina no podía escapar así que no se preocupó - A eso hemos venido - dijo - para saber si… - algo le golpeó el rostro y de pronto, el aire se le cortó por lo que llevó desesperada las manos hasta su cuello.

La reina había pasado la cadena por el frente de la princesa y la estaba usando para asfixiarla. No quería matarla, aunque la idea no sonaba nada mal, sólo quería una oportunidad para escapar y no se le ocurría otra forma.

Fue necesario aplicar un poco de fuerza que no tenía idea de dónde estaba sacando, hasta que por fin, Snow se desmayó por la falta de oxígeno y entonces, Regina estuvo lista para que Azul entrara y la auxiliara.

No se equivocó. A los pocos segundos, el hada entró y corrió desesperada al ver a su protegida inconsciente en el suelo y la reina, aprovechó el descuido para arrebatarle la varita.

De inmediato se liberó de la cadena que la tenía atada a la cama, pero al momento de tratar algo más, Azul se abalanzó sobre ella.

Forcejearon y Regina sabía que llevaba la de ganar. El hada se abstendría de lastimarla por temor a que algo le pasara al bebé.

La reina le rasguñó el rostro a Azul quien trataba de recuperar su varita sin hacerle daño a la reina.

Regina logró liberarse y salió corriendo con dirección a la puerta, pero el hada suprema, en un intento desesperado, se arrojó al piso y la tomó de un tobillo haciéndola caer.

La reina se quejó cuando hizo contacto con el frío suelo. Trató de proteger a su bebé al caer y afortunadamente lo logró. No se golpeó el vientre directamente, pero de igual forma comenzó a sentir un agudo dolor

- No, no - susurró asustada haciéndose un ovillo. Abrazó su pequeña pancita y comenzó a llorar. No quería perder a su lucecita

- Tranquila - escuchó la voz de la polilla azul y ya no supo nada más.

Usando su varita, Azul recostó a Regina en la cama y se aseguró de que el bebé no sufriera daño alguno.

Después, despertó a Snow quién le contó lo que la reina le había hecho. El hada desapareció la fea marca que le quedó en el cuello. Sanó su propia herida y procedió a colocarle el grillete de nuevo a Regina en el tobillo derecho.

Y esta vez, conjuró un hechizo para que no pudiera agarrar la cadena de nuevo. Nunca se imaginó que la reina intentaría algo así

- Ahora dime qué será ese bebé - exigió despectiva y Azul procedió a hacer lo solicitado.


Emma visitó a David en la tienda de Gold cuando se enteró del sexo del bebé

- ¿No te causa emoción saber que será una niña? - preguntó Emma a su padre quien ya sabía la noticia para cuando ella llegó.

Snow se encargó de enviarle un mensaje al celular, pero como siempre, el príncipe no le contestó

- Me da igual - respondió sin emoción alguna.

Si el bebé era suyo, era suyo y ya, le parecía indistinto que fuera a ser niño o niña, se haría cargo sin importar eso si la prueba de paternidad daba positivo.

Lo único que ocupaba su mente era encontrar a Regina. El estar con Belle le estaba sirviendo. La ex bibliotecaria le dio acceso a los libros de Rumpelstiltskin donde había hechizos que podían ayudarle a saber lo que había sucedido con la reina.

El problema era que necesitaban magia y la verdad era que Emma no estaba siendo de mucha ayuda con ese tipo de hechizos que eran complicados para ella que seguía siendo una aprendiz.

Encima de todo, Azul se negaba a ayudar o a instruir a la sheriff bajo el argumento de que se trataba de magia negra.

También intentó el uso de una lágrima de la reina para encontrarla, tal cual lo habían hecho cuando la estuvieron torturando, pero no encontraron ninguna.

Lo que David y Belle ignoraban, era que, mientras la tienda estuvo cerrada, Azul se encargó de deshacerse de todo aquello que pudiera servirles para encontrar a Regina.

Y todo eso, tenía al príncipe muy frustrado sin mencionar, que obviamente también estaba deprimido por la pérdida de Regina y no tener idea de qué había sucedido con ella

- Iré a New York por Henry y le compraré cosas a la bebé - le contó.

El casi adolescente estaba intratable y hacía dos semanas se había escapado e ido de Storybrooke en búsqueda de Regina. Al par de días, Neal se comunicó para informar que Henry estaba con él y Emma estuvo de acuerdo en que se quedara ahí unos días.

Se mordió brevemente el labio inferior y se decidió a preguntar

- ¿Te gustaría encargar algo de tu parte? - lo hizo con la esperanza de que David comenzara a ilusionarse con la pequeñita que venía en camino y que con seguridad era de él.

Ya había entrevistado a las posibles aventuras de Snow y nadie había tenido relaciones con ella en meses. Por ese lado no había duda que el padre era David aunque él seguía aferrado a que podía no serlo

- Compra lo que quieras y me das la cuenta cuando regreses - se lo dijo más que nada para que ya le dejara en paz y porque sabía que había una gran posibilidad de que ese bebé, que ahora sabía sería una niña, fuera de él.

Pero no debería ser así…

Él no debía estar teniendo otro hijo con Snow, con la mujer que lo dejó y abandonó sin mirar atrás. Si debía tener otro quería que fuera con Regina, y si ella no podía tener, entonces no quería ninguno.

Era a Regina a quien quería, a ella y a nadie más.


Desde luego que Azul y Snow se negaron a revelarle el sexo del bebé a Regina por lo que la reina, seguía sin saber qué sería

- Lucecita - llamó a su bebé mientras se paseaba por la habitación.

Su vientre había crecido bastante y su bebé estaba cada día mucho más activo por lo que Regina se la pasaba hablando con él.

A pesar de lo horrible de su situación, no podía evitar ilusionarse con la idea de tener un hijo de David y a veces, imaginaba cómo es que sería. Ansiaba como nada descubrir si se parecería a ella o a él, si era un niño o una niña…

Las visitas de Azul y Snow seguían siendo igual. La hacían caer inconsciente en cuanto llegaban para evitar que intentara escapar otra vez.

Y si era sincera, le agradaba de cierta forma. Así no tenía que entablar conversaciones con ellas y tampoco tenía que escuchar a Snow diciéndole que David estaba muy feliz, que ya no la estaba buscando y que se había olvidado de ella.

Regina se negaba a creerle. Seguía con la firme convicción de que David sabía que ella no se había ido y que no iba a parar hasta encontrarla

- ¿Sabes? - le preguntó a su bebé - Me queda el consuelo que estarás al lado de tu padre y de tu hermano - sonrió mientras miraba lo que parecía ser un piecito a través de la delgada piel de su creciente vientre - Los vas a amar a los dos. Tu padre es maravilloso y tu hermano es un sol - comenzó a contarle - Y estoy segura que te robarás su corazón - se le hizo un nudo en la garganta - Sólo quiero que sepas que fuiste concebido con mucho, mucho amor, lucecita. Y no dudes nunca que te amo con todo mi corazón - sorbió la nariz cuando una lágrima cayó en su redondito vientre.


Mientras tanto, Snow se la pasaba de muy mal humor. Odiaba que le estuviera creciendo el vientre, que Emma se la quisiera pasar tocándole y muriendo de amor cada que sentía al bebé de Regina gracias al hechizo. Lo único que agradecía es que ella no podía sentirlo.

Henry estaba muy escéptico y receloso con ella, la culpaba por haberse metido supuestamente con David, y Ruby hacía lo mismo.

Aunque ella y Eugenia, la acusaban de haberlo hecho todo a propósito. No cabía duda que las lobo eran astutas.

Por suerte, su hija la defendía. Emma estaba soñada con la idea de tener una hermanita y le había comprado un montón de cosas en su viaje a New York.

Y David, él ni siquiera se dignaba a responderle los mensajes. Había ido a verlo a la tienda de antigüedades donde ahora trabajaba con la traicionera de Belle.

Lo amenazó con no dejarle ver a la bebé si continuaba con su indiferencia, pero el príncipe no cayó en el juego porque sabía era mentía.

Cada día que pasaba David se convencía más de que Snow lo había planeado todo con alevosía y ventaja. Que se había aprovechado de su dolor y de la vulnerabilidad de Emma para hacerle caer en la trampa y le dejó muy en claro que eso, jamás se lo iba a perdonar.


Eran pasadas las once de la noche cuando pasó.

Regina estaba mirando algo de televisión. Llevaba un vestido casual gris de maternidad que la habitación había puesto para ella ese día y estaba por quedarse dormida cuando de pronto, sintió que se mojaba toda.

Alarmada se reincorporó sobre las almohadas en las que estaba recostada percatándose de que su fuente se había roto y de inmediato supo que su bebé ya iba a nacer.

Hasta antes de ello, no estaba segura cuánto tiempo le faltaba. Sólo sabía que habían pasado ya meses y que su vientre estaba enorme.

Se puso de pie con piernas temblorosas y llegó hasta a la cama mojando todo a su paso. Tenía la respiración acelerada porque estaba asustada, pero hasta ese momento no había dolor.

Estaba por dar a luz, ya no había marcha atrás. Lo haría ahí encerrada y a merced de Azul. Tendría a su bebé sólo para que lo apartaran de ella en cuanto naciera y no podía con ese dolor.

Comenzó a llorar desconsolada mientras poco a poco, las contracciones se fueron haciendo presentes. Conforme las horas fueron pasando, se volvieron más dolorosas y frecuentes.

Regina trataba de aguantar y de no gritar para no llamar la atención de Azul porque moría de miedo de tan sólo pensar que se llevaría a su bebé y que ella no podría hacer nada para impedirlo, pero llegó en un momento en el que le fue imposible.

Apretó los ojos y las mantas bajo ella mientras gritaba por el intenso dolor que sentía en el abdomen, las ingles y la espalda baja.

Escuchó la puerta abrirse y volteó para encontrarse con una preocupada Azul que se acercaba a ella

- No, no, no… - repitió la reina, pero no pudo decir ni hacer nada más porque otra intensa contracción se hizo presente provocando que gritara de nuevo.

Y mientras sufría por los dolores de parto y Azul salía de la habitación, Regina no podía creer que eso era real, que iba a dar a luz en compañía del único ser que podía auxiliarla, pero que también era quien la tenía cautiva y quien se llevaría a su bebé en cuando naciera.