La Serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen
Muchas gracias a todos por leer, por las reacciones y los reviews/comentarios. Se los agradezco de corazón.
Las contracciones la hacían quedarse sin habla. Eran muy dolorosas y difíciles de soportar, pero Regina estaba haciendo su mejor esfuerzo a pesar de que estaba aterrorizada por lo que pasaría en cuando su bebé naciera.
No supo cuánto tiempo transcurrió, pero a ella le pareció una eternidad, llena de angustia, estrés, dolor físico y emocional, hasta que la puerta se abrió de nuevo dando paso al hada Suprema y a Snow White que ya no se veía embarazada.
La reina les miró espantada mientras jadeaba tratando de respirar, pero de pronto apretó los ojos cuando otra contracción azotó su cuerpo.
Lanzó un grito por entre sus dientes apretados mientras las lágrimas corrían por su bello rostro
- Llegó el día - dijo Snow viendo que Azul aparecía sobre la cama todo lo necesario para recibir a la niña.
Regina le miró con odio y quiso decir algo, contradecirla y amenazarla, pero las contracciones tan seguidas y dolorosas no se lo permitían, y lo que era peor, sabía que no podía hacer nada.
Se alarmó cuando Azul tomó su tobillo derecho y después trató de tomarle el izquierdo
- ¡No me toques! - le gritó jalando su pie para que la soltara e hizo un intento por llevar las manos hasta las del hada para detenerla y apartarla de ella.
Pero entonces, cuerdas mágicas se enredaron en sus muñecas y se las apresaron contra el respaldo de la cama mientras otras, le sujetaba de las piernas al fin de dejarla en una posición correcta para dar a luz.
Otra contracción acabó con cualquier intento por replicar e hizo temblar su cuerpo entero
- ¿Sabes, Regina? - comenzó a hablar la princesa mientras veía a su enemiga soportar otra contracción y también a Azul, aparentemente comprobando que tan avanzado iba el parto
- No - sollozó la reina al sentir que el hada le estaba revisando.
No sabía qué hacer. No quería que eso sucediera, pero tenía mucho miedo de que algo pudiera ir mal y que su lucecita sufriera
- Voy a quitarte a tu bebé como tú me quitaste a la mía - siguió hablando - Y no vas a poder criarlo, así como yo no pude criar a mi hija y ella no pudo criar al suyo por tu culpa - y oh, cómo estaba disfrutando atormentarla.
Regina gritó por una nueva contracción, pero también lo hizo por el dolor de lo que esas palabras implicaban. Y es que no sólo no podría ver crecer a su lucecita, sino que tampoco vería a Henry hacerlo.
Siguió llorando desconsolada, pero también lo hacía por la rabia que esa situación le causaba. Sabía que la princesa lo estaba disfrutando y odiaba que la estuviera viendo sufrir, pero es que las malditas contracciones tan seguidas apenas le permitían buscar un poco de aliento
- Ya cállate - la voz de Azul hizo que Snow se sorprendiera y le mirara indignada - No es el momento. El bebé ya va a nacer - anunció y miró a la mujer frente a ella - Hazlo, Regina - indicó el hada sabiendo que otra contracción se avecinaba.
Y no era como que la reina podía decidir si quería pujar o no, su mismo cuerpo la obligaba a hacerlo como un acto natural.
Durante todo el rato que el parto duró, Regina se aferraba de las sogas mágicas que le servían de apoyo mientras pujaba y gritaba con cada contracción. Azul le estuvo alentando e indicando qué hacer y Snow, sólo se paseaba algo nerviosa, sabiendo que a partir de ese momento la niña que la Reina Malvada estaba dando a luz sería como su hija.
Y por primera vez se preguntó si estaba realmente preparada para ello…
Las luces parpadeando incontrolablemente en el lugar la hicieron salir de sus pensamientos al tiempo que un grito particularmente fuerte por parte de Regina resonó por toda la habitación y después, todo cesó.
Fue algo que duró un par de segundos apenas porque el llanto de la recién nacida irrumpió en el lugar.
Azul le revisaba mágicamente, se deshacía del cordón umbilical y lo más importante, comprobaba qué tan poderosa era la magia de ese pequeño ser porque ya no tenía ninguna duda:
La pequeñita que ahora lloraba entre sus brazos era el producto del amor verdadero entre Regina y David.
Y sabía que eso, no le gustaría a Snow
- ¿Está bien? - preguntó la reina tan pronto como le fue posible hablar.
Alcanzaba a ver que su bebé tenía el cabellito oscuro y le veía mover bracitos y piernitas energéticamente, tal cual solía moverse dentro de su vientre.
Veía a Azul revisar a su bebé con la varita mágica en alto. Luego envolvió a su lucecita en una mantita blanca y después, sucedió lo que tanto temía.
La princesa tomó en brazos a su bebé que pareció llorar con más intensidad en cuanto le tocó
- No… - susurró llena de angustia al verla darse la vuelta con dirección a la salida - ¡DAME A MI BEBÉ! - gritó desesperada porque ni siquiera le permitieron ver a su lucecita, pero al instante, cayó inconsciente sobre la cama.
Snow salió triunfante de ahí con la hija de David y Regina llorando a todo lo que sus pequeños pulmones daban mientras Azul, se deshacía de los amarres mágicos y se aseguraba de asear a la reina.
Cuando terminó, la vistió con un pijama azul marino de seda, la recostó a lo largo de la cama y salió del lugar.
Alcanzó a la princesa en la habitación que acordaron sería la que ocuparía para ese día. Las Hadas les habían visto entrar y estaban al tanto de que Snow supuestamente daría a luz ahí en el convento.
Vio sin sorpresa alguna que la princesa no tenía ni la más mínima idea de cómo tranquilizar a la bebé que seguía llorando
- No se calla - dijo exasperada
- Hazlo con más suavidad - sugirió el hada al ver que la princesa, no estaba siendo particularmente delicada con la pequeñita
- ¡Ya lo intenté todo! - se escuchó histérica y dejó a la niña sobre la cama, envuelta en la mantita blanca que usaron para que Regina no pudiera adivinar siquiera el sexo de la bebé.
La pequeñita sollozaba ahora, pero no parecía tener intención de calmarse, era como si estuviera tomando fuerza para seguir y estaba rojita por el esfuerzo de llorar
- Debe tener hambre - razonó el hada y miró a la princesa que parecía contrariada y nerviosa - ¿Quieres… poderle dar pecho? - preguntó conjurando un pañal y ropita para la bebé que quedó vestida al instante
- ¡No! - dijo espantada y se abrazó a sí misma procurando ocultar sus senos
- Sólo te recuerdo que se supone que es tu hija - dijo con algo de fastidio mientras conjuraba una botella para alimentar a la pequeñita - Espero seas capaz de comprar fórmula y prepararla por ti misma - le miró casi con reproche, porque tal parecía que Snow se estaba resistiendo a tomar el rol de madre de la pequeña y si eso seguía así, sería todo un fracaso
- No sería la primera madre que no produce leche para su recién nacido - se defendió la princesa
- Tienes suerte - sonrió Azul mirando a la bebé que había abierto los ojitos al fin y comía apaciblemente - Tiene los ojos azules como David y el cabello negro como Regina, pero tú también lo tienes oscuro. No será difícil que te crean - soltó un suspiro
- ¿Pero? - preguntó Snow, sabiendo que eso no era lo único que el hada quería decir - Tiene que ver con lo que pasó con las luces, ¿cierto? - preguntó de nuevo
- Es producto del amor verdadero - confesó Azul y escuchó la exclamación de horror de la otra - Eso es lo que debió acabar con el maleficio de infertilidad de Regina para que pudiera quedar embarazada - explicó, más para sí misma que para la otra
- ¿Tiene magia como la de Emma? - preguntó la princesa, la voz le tembló un poco por la ira que la invadía al saber que David había tenido un hijo producto del amor verdadero con Regina
- Sí - respondió Azul - Pero su magia es mucho más poderosa - se relamió los labios y retiró la botella cuando la bebé pareció terminar.
Después, usando su magia, elevó un poquito a la pequeñita poniéndola en posición correcta para darle palmaditas en la espalda
- ¿Como la tuya? - preguntó Snow.
Su pregunta era genuina y sin mala intención, sin embargo, para el hada ese tema era delicado.
La magia de la bebé era muy, muy poderosa. Podría decir que tanto o más que la de Regina y eso, no era algo bueno para ella
- Me encargaré de enseñarle magia desde temprana edad - y no, no le estaba preguntando a la princesa, le debía eso y hasta más por la ayuda que le estaba brindando.
La bebé quedó arropada de nuevo sobre la cama
- No tengo problema con ello - dijo Snow - En cuanto David la vea le hará la prueba de paternidad - se escuchó algo preocupada, no porque la prueba fuera a dar negativo, sabía que no sería así, sino porque temía mucho ser descubierta de alguna forma - El hechizo - miró fijamente a Azul quien le regresó la atenta mirada - Para que Ruby y Granny no sospechen nada - le recordó. Habían acordado hacer eso.
El hada asintió, levantó la varita e invocó un hechizo que ocultaría en la bebé el aroma a Regina que las lobo pudieran percibir en ella.
Cuando terminó, volteó a ver a Snow con una tenue sonrisa dándole a entender con ello que ya estaba hecho, pero entonces, escucharon un estornudito y ambas voltearon a ver a la bebé sólo para ser testigos de que pequeñas lucecitas de magia emergieron de la niña junto con el estornudo
- ¿Qué fue eso? - preguntó la princesa con desconfianza mirando a la pequeñita fijamente
- No lo sé - Azul pasó su varita sobre el cuerpecito y se sorprendió al no encontrar rastros de su hechizo.
Antes de decir nada, volvió a conjurarlo. Lo hizo más a conciencia, asegurándose de estarlo haciendo bien esta vez y cuando terminó, sucedió exactamente lo mismo.
La pequeña hija de Regina y David estornudó deshaciéndose con ello del hechizo que el hada suprema intentaba poner sobre ella
- Se lo quita - dijo Azul realmente asombrada
- ¿Y eso qué significa? - preguntó alterada, temiendo que fuera imposible ocultar la identidad de la niña de las lobo.
- Que no puedo poner el hechizo - soltó sin más sin poder creer lo que sucedía y la princesa se levantó de la cama - Pondré el hechizo en las lobo - dijo para tranquilizarla y porque de momento era lo único que se lo ocurría para cubrir ese punto.
Aún faltaba llamar a David y a Emma para que fueran hasta ahí y no podían ver a Snow a punto de perder los estribos.
La actual alcaldesa asintió
- Debes llamarlos - indicó el hada, viendo a la bebé que se estaba quedando dormida
- ¿Qué vamos a hacer con Regina? - preguntó cruzada de brazos
- Mantenerla dormida - respondió Azul sin más.
Tenía interés en conservarla para practicar algunos hechizos un tanto oscuros. No haría nada malo, sólo robarle la magia a la reina para ella a fin de volverse más poderosa y después, si era posible, lo haría con la pequeñita que ahora dormía
- ¿Es una maldición de dormir? - preguntó con odio en la voz
- No - respondió - No tiene ningún sentido. David es su amor verdadero, ya no hay duda alguna. Es un simple hechizo que se romperá en su momento - dijo sin dar mayor explicación.
Por ese lado no había mucho qué hacer y bajo ninguna circunstancia iba a matarla por temor a perder su poder como hada Suprema.
Snow apretó los labios viendo con resentimiento a la bebé.
Tal como lo esperaron, David y Emma llegaron tan pronto como Azul les llamó para darles la noticia del nacimiento de la bebé que supuestamente esperaba Snow.
Les aseguró que a pesar de que el parto se había adelantado tanto la princesa como la recién nacida estaban en perfecto estado de salud.
Desde luego que cuando llegaron, lo hicieron con Víctor, porque el príncipe no quería perder ni un sólo segundo más sin saber si la niña era suya o no.
Trataron de usar magia para hacer que Snow luciera como si acabara de dar a luz, pero pronto se dieron cuenta, que la bebé también se deshacía de ese hechizo al momento en que la princesa la tomaba en brazos.
Así que, cuando la puerta se abrió, el príncipe vio la figura de su ex mujer sentada en la cama, sosteniendo en brazos a una bebé que lloraba abiertamente y sin aparente descanso.
Emma prácticamente corrió al lado de su madre y no perdió tiempo en tomar a su hermanita en brazos.
La pequeñita pareció calmarse un poquito, pero sollozaba y se retorcía entre los brazos de la sheriff que la miraba con adoración
- Es preciosa - fue lo único que pudo decir por la emoción. Volteó hacia su padre que estaba parado ahí en medio de la habitación
- Víctor, por favor - pidió David al médico para que procediera a tomar la muestra de la bebé que era la que les hacía falta puesto que ya había tomado la de él.
Emma le miró con reproche mientras Víctor procedía a hacer lo indicado. Una vez que tuvo la muestra procedió a retirarse
- En tres días tendré los resultados - hizo un gesto cordial con la cabeza.
Se retiró sin siquiera haber visto ni una sola vez a la princesa quien tampoco le dirigió la palabra y estaba muriendo de rabia al ver que David puso por delante la prueba de paternidad que el hecho de conocer a la bebé.
Emma por su parte estaba igual. Ya sabía que el príncipe seguía escéptico con la idea de que la niña fuera suya, pero tontamente pensó que sería diferente cuando la viera
- Hey - le dijo a madre sonriéndole extrañada - Te ves muy bien - frunció el ceño ligeramente sin dejar de sonreír mientras la bebé se seguía retorciendo y quejando en sus brazos, como si estuviera incómoda
- Azul me ayudó con su magia - le sonrió de vuelta - Así será más fácil hacerme cargo de ella - argumentó con fingido entusiasmo y después, volteó a ver a su ex marido - No tienes que cargarla - le habló con dureza - Sólo mírala, David. No hay ninguna duda de que es tuya - habló con coraje y la pequeñita rompió en llanto.
Uno que se instaló en el corazón del príncipe y que hizo que caminara hasta su hija mayor para conocer a su pequeña hija que estaba rojita por el esfuerzo de llorar.
Era muy pequeñita y tenía el cabellito oscuro, pero por lo poco que la podía ver, dado que estaba envuelta en una manta blanca, le parecía hermosa
- ¿Es normal que llore tanto? - preguntó la rubia con nerviosismo porque la estaba meciendo suavemente y no estaba funcionando. El llanto de la bebé no parecía tener intención de parar pronto
- No lo sé - dijo Snow sinceramente, porque en realidad esa era la primera recién nacida de la que se haría cargo. El único recuerdo que tenía de cuando ella dio a luz, era a Emma llorando, aunque no tan escandalosamente como lo hacía esa bebé
- Ten - la sheriff se la puso de nuevo en los brazos y se espantó porque la niña comenzó a llorar mucho más fuerte.
Snow también se espantó y pensó que había lastimado a la pequeña por lo que miró desesperada a David quien, por instinto, le quitó de los brazos a la bebé y entonces, los tres fueron testigo de cómo el llanto ahogado y desesperado de la recién nacida cesó poco a poco hasta que el silencio reinó.
Ese fue el momento en el que la bebita abrió sus ojitos y el príncipe supo que era suya
- ¿Aquí también parpadearon las luces hace rato? - preguntó la rubia porque, según los reportes había sido en toda la ciudad
- No - respondió Snow procurando sonar despreocupada - Aunque estaba dando a luz, seguramente no me di cuenta - rio un poco
- Y por fin, ¿cómo la llamarán? - preguntó Emma sintiéndose más tranquila al ver a su padre con la bebé en brazos.
Lo vieron moverse hasta sentarse al pie de la cama dándoles la espalda.
David se dedicó a observar atentamente a la bebita que soltó un suspiro como de tranquilidad y comenzaba a quedarse dormida
- Eva - respondió Snow mirando con satisfacción al príncipe. No sabía por qué, pero le causaba un insano regocijo llamar a esa niña como su madre.
Al escuchar el nombre, David supo de inmediato que algo se sentía muy incorrecto.
- A ver - Killian tomó a una desesperada Tinkerbell de los hombros - Ya dime qué sucede con las dichosas luces - pidió
- Es que no lo vas a entender - respondió ella sonando terriblemente angustiada e insegura
- Si no me dices, no podré ayudarte, Bella-Bell - le habló con suavidad, esperando con ello convencerla de hablar.
Tink se mordió el labio inferior que ya había mordisqueado muchas veces en los últimos minutos y se decidió decirle por fin
- Un bebé, producto del amor verdadero, acaba de nacer - reveló y vio a su novio fruncir el ceño con extrañamiento
- Aquí la única embarazada es Snow y dudo que ese bebé que tendrá sea producto del amor verdadero - razonó el pirata
- ¡Lo sé! ¡Lo sé! Pero te juro que lo pude sentir. Tienes que creerme, Killian - pidió suplicante
- Y lo hago, amor - le sobo un brazo - Vamos con Azul para que… - trató de sugerir, pero ella le interrumpió ante la mención de las Hadas
- ¡No! - exclamó mirándole como si hubiera dicho una locura - No puedo ir con ellas, lo sabes - se escuchó nerviosa y el otro suspiró afligido
- Me gustaría que tú también pudieras creer en ti como yo creo en ti, Tinkerbell - la envolvió entre sus brazos y ella no dudo en refugiarse en él.
Y mientras eso sucedía, Azul lidiaba con las Hadas que tenían el mismo argumento que Tinkerbell
- Snow y el príncipe fueron amores verdaderos alguna vez, no es de extrañarse que si han tenido otro hijo sea al final producto de ese mismo amor - explicó para calmarles y acallar cualquier duda que pudieran tener
- Pero no fue concebido con ese amor - razonó la conocida hada rosa
- Eres un hada muy joven todavía, Nova. Yo he vivido muchísimo más que ustedes y sé perfectamente de lo que les estoy hablando - su voz se escuchó estricta y eso hizo que todas las Hadas presentes asintieran a modo de entendimiento - Bien. Regresen a sus labores - pidió con cordialidad y así lo hicieron.
Poco después de eso, estuvieron en el apartamento de Snow y David se sorprendió de ver que tenía todo preparado para la bebé que dormía pacíficamente entre sus brazos. Aunque sabía bien que muchas de esas cosas las había pagado él.
Lo habían intentado, que la princesa o que Emma cargaran a la pequeña, pero en cuanto ésta se veía lejos de su padre lloraba desconsolada hasta que él volvía a tomarla
- Descansa un poco en lo que ella duerme - sugirió la rubia a su madre - Nos quedaremos hasta que despiertes - le sonrió empática
- Gracias - dijo la princesa y se dirigió a su cama sabiendo era lo mejor para que no sospecharan nada. De igual forma no se dormiría porque no quería que bajo ninguna circunstancia se les ocurriera salir de ahí con la niña.
Así que fingió dormir, pero se mantuvo atenta a todo lo que hablaban
- ¿Cómo te sientes? - preguntó Emma
- Confundido - respondió David acariciando muy, muy levemente una de las diminutas manos de la bebé.
Tenía una carita hermosa. Las facciones eran finas, delicadas y muy, muy lindas y, a pesar de que tenía cierto parecido a él, había algo en las facciones de la pequeñita que no terminaba de descifrar bien.
No le encontraba verdadero parecido a Emma a pesar de ser hermanas y lo que más le resultaba extraño es que no veía nada de Snow en la bella carita de la bebé.
Y era ahí cuando se frenaba a sí mismo porque su mente trataba de encontrarle parecido a alguien en especial y no había forma en que eso fuera posible.
El corazón se le apretaba con dolor y angustia porque le habría encantado que esa historia fuera diferente, que esa niña que sostenía en sus brazos no fuera de Snow sino de la mujer que amaba y que no sólo no estaba con él, sino que estaba desaparecida
- ¿Has sabido algo de ella? - susurró su pregunta y volteó a ver a su hija con ojos vidriosos y llenos de súplica porque moría porque hubiera alguna noticia de Regina.
La vio negar y él apretó los labios luchando contra el nudo en su garganta y las ganas de llorar
- Será mejor que me vaya - se puso de pie y llevó a la pequeñita hasta la cuna. La recostó con cuidado para no despertarla y la arropó lo mejor que pudo.
Por un segundo se sintió indeciso de dejarla ahí, pero fue algo que decidió dejar de lado al momento de razonarlo.
Todavía no tenía los análisis que confirmaban que la bebé era suya y tenía apenas unas horas de nacida. No podía arriesgarse a crear un vínculo por obvias razones.
Soltó un suspiro y se encaminó a la puerta
- Te veo después - se despidió su hija.
Esa noche, David no pudo dormir. Se fue a la Mansión y estuvo llorando amargamente por lo que estaba sucediendo.
Extrañaba con toda su alma y su ser a Regina. Era verdaderamente doloroso e insoportable estar viviendo sin saber nada de ella y lo que era peor, estaba casi seguro ahora que esa bebé que Snow acababa de tener era suya y eso también le dolía.
Dolía porque sabía que esa situación lastimaría mucho a Regina y le mataba saber que sería el causante de ese dolor.
Por otro lado, le parecía inconcebible la idea de criar a la niña junto con la mujer que, si bien alguna vez fue su amor verdadero, también era la misma mujer que lo abandonó y despreció sin importarle nada.
Cerró los ojos tratando de tranquilizarse y al momento de hacerlo la absurda idea del extraño parecido de la bebé cruzó por su mente.
Se reprochó el pensar en ello. Estaba seguro que era sólo el desesperado anhelo por encontrar a Regina lo que le hacía pensar cosas que eran imposibles.
Es que no había forma en que pudiera ser así.
Se acostó en la cama de Regina hundiéndose entre las cobijas y el mundo de almohadas que su amada tenía. Enterró su nariz en una de ellas y aspiró el aroma de la reina que seguía ahí impregnado mientras trataba de calmar el dolor en su corazón y también, acallar que esa pequeñita, amenazaba con robarle el corazón.
El día siguiente al nacimiento de la hija de Regina no fue uno muy bueno para la princesa Snow.
Emma se quedó en el apartamento para ayudarla y la pequeñita lloró casi todo el tiempo no dejándolas dormir.
La sheriff quería llamar a Víctor para que les auxiliara porque pensaba que quizá la bebé tenía algo pero la nueva alcaldesa se negó
- No quiero que vengan a visitarla ni mucho menos sacarla del apartamento - le dijo con un tono de voz irritado y que denotaba que no estaba a discusión.
De igual forma llamaron a Azul. Ésta les aseguró que la pequeña estaba en perfecto estado de salud e intentó ponerla a dormir por unas horas con un hechizo, pero tal como con el anterior, la magia de la bebé se deshacía del mismo.
Volvió a alimentarla usando su magia para no tocarla y eso parecía mantener a la bebé tranquila
- Yo puedo hacer eso - dijo Emma al darse cuenta que su hermanita comía en paz de esa forma. Era como si no le gustara estar en brazos de nadie.
Sólo en los de David porque con él, no había llorado.
Después de que Azul se retiró, la lucecita de Regina durmió tranquila algunas horas, pero en cuanto despertó, el apartamento volvió a inundarse con su desesperado llanto.
Henry llegó poco después de eso a conocer a la que pensaba era sólo su tía.
Llegó acompañado de August para disgusto de Snow porque no esperaba que nadie más que su nieto conociera a la bebé tan pronto
- Se parece a David - dijo el adolescente - Pero no a ti - soltó sin más para la princesa y se escuchó la mala intención en sus palabras
- ¡Henry! - Emma le llamó la atención con algo de histeria en su voz porque en realidad y muy en el fondo, la rubia pensaba lo mismo, pero estaba tratando de no prestarle atención a ello porque era algo imposible.
El adolescente se molestó y se fue del apartamento
- Yo hablaré con él - August besó a Emma y se fue tras Henry
- Cada día lo pierdo más - dijo la rubia a su madre mientras se sentaba en uno de los banquillos de la barra.
Enseguida de ella estaba la cuna donde su hermanita se removía incómoda, pero no parecía incomodidad por la ropita o porque algo le estuviera irritado, era más bien como si… no perteneciera ahí
- ¡Emma! - le llamó Snow porque le estuvo hablando y la otra no le respondió.
Su voz hizo que la pequeñita rompiera en llanto de nuevo
- No, no - Emma la levantó en brazos de inmediato y comenzó a intentar que se calmara, pero lo que la dejó perpleja y confundida, fue lo que Snow hizo.
Encerrarse en el baño.
Entonces, el llanto de la bebé se volvió más tranquilo aunque no cesaba por completo y temía que en cualquier momento llorara de nuevo. Así que en su desesperación, la sheriff llamó a su padre.
Fue como magia cuando David llegó. Le dieron a la lloriqueante bebé que de inmediato encontró consuelo entre los protectores brazos del príncipe
- Al fin. Un poco de paz - dijo Emma enterrando el rostro en el sillón
- Le toca comer, pero no ha querido - Snow le extendió la botella a David quien la tomó
- ¿Es fórmula? - preguntó revisando detenidamente el líquido
- Sí - se abrazó a sí misma - La leche no bajó - argumentó.
David decidió no darle más de su atención a la princesa y se concentró en alimentar a la bebé logrando que comenzara a comer de inmediato
- Contigo sí quiso - dijo Snow con ironía. Tal parecía que esa niña la odiaba.
El príncipe accedió a ayudarle a Emma a darle un baño a la pequeñita y después, él se encargó de ponerle el pañal y de vestirla
- ¿Dónde aprendiste a poner pañales? - preguntó la rubia sorprendida
- Supongo venían con mi identidad de Storybrooke - sonrió enternecido al ver a la bebé bostezar y no pudo evitar soltar un suspiro largo viendo cómo se quedaba dormidita, y fue ahí donde nuevamente el pensamiento de que esa niña se parecía a ella cruzó por su mente - Debo irme - anunció poniéndose de pie y depositado con todo el cuidado del mundo a la niña en la cuna.
Salió de ahí sin esperar nada más.
- ¿Cuándo me vas a hacer caso? Regina no salió de la Mansión - Ruby alegó una vez más
- Voy todos los días ahí y busco por todos lados. Tú también lo has hecho ya y ¡no hay nada! - David no pudo evitar escucharse desesperado e histérico. Respiró profundo y soltó el aire de golpe - Me siento tan perdido - dijo jugando con el trago en su mano - No hay ni una sola señal que indique el camino para encontrarla - se lamentó con un nudo en la garganta - Y ahora que nació la bebé… - bebió un poco de su trago tratando de apaciguar la ansiedad
- David, de verdad lo lamento - alcanzó una mano del príncipe y le dio un suave apretón - Iré de nuevo a la Mansión - ofreció y él sólo asintió agradecido con lágrimas agolpadas en los ojos
- Estoy tan desesperado que a veces pienso que se parece a ella - confesó con pesar
- ¿Qué? ¿Quién? ¿A quién? - preguntó Ruby desesperada por respuestas
- La niña… - se mordió el labio inferior indeciso de expresar en voz alta eso que trataba de acallar - No me hagas caso. Es imposible - dijo tomando un largo respiro
- ¡No! - exclamó la lobo - ¡Dime! - exigió, pero el príncipe negó.
Se puso de pie y abrazó a Ruby agradecido por todo el apoyo que la joven lobo y Belle le brindaban.
Camino lejos de Granny's limpiándose las lágrimas.
- Por Dios, ¡ya cállate! - le gritó a la bebé que lloraba desconsolada sobre su cama.
Tenía ganas de llorar ella también. Estaba desesperada porque todo estaba saliendo muy mal. La niña no dejaba de llorar cuando estaba sola con ella. Tal parecía que la odiaba o que sabía lo que había hecho, aunque eso sonara absurdo porque era una recién nacida
- Hija de la Reina Malvada tenías que ser - la miró con resentimiento, aceptando abiertamente que le era imposible querer de alguna manera a esa niña que era hija de Regina y David.
Y eso, sólo avivaba su odio por la reina
- ¿Así que no te agrado? ¿Eh? - le preguntó a la pequeñita que estaba rojita y con las manitas en puños mientras lloraba, pataleaba y sollozaba - Por mí perfecto, porque así, me vas a ayudar a que tu padre quiera estar más tiempo aquí, conmigo - sonrió con malicia.
Tomó el teléfono y marcó el número del príncipe encantador.
David despidió a Ruby y a Belle en la puerta de la Mansión después de otra búsqueda que resultó en vano.
Ruby seguía asegurado que Regina no dejó nunca la casa. Su instinto de lobo así se lo indicaba, sin embargo, por más que Emma trataba de buscar algo con magia, no lo lograba y no había otro ser mágico a quien acudir.
Cerró la puerta y comenzó a subir las escaleras a paso apesumbrado con la intención de ir a la cama. No era tan noche todavía, pero no tenía hambre ni ganas de nada en general.
Y justo cuando iba a entrar a la solitaria habitación, su celular sonó.
Lo tomó y gruñó molesto al ver que era Snow, pero sólo por la bebé respondió
- ¿Qué ocurre? - preguntó directo y de inmediato supo que no se equivocó.
Podía escuchar el llanto desesperado de la pequeñita y se sintió angustiado al instante
- Lamento molestar - se escuchó apenada, pero también algo desesperada - Pero es que Eva no ha dejado de llorar y creo que eres el único que puede hacer algo - su tono de voz fue dulce y suplicante
- Voy para allá - las palabras abandonaron su boca y ya se estaba moviendo para ir al apartamento.
Algo pasaba con él lo sabía bien, pero es que no soportaba escuchar llorar a esa bebita y no correr a su lado para calmarla.
En cuanto llegó, la tomó entre sus brazos protectoramente y la bebé sollozó hasta que por fin se calmó arrancándole una tierna sonrisa a su padre.
Al poco rato, Snow observaba al príncipe desde su cama. Estaba recostado en el sillón con la niña que a la princesa le resultaba intolerable, profundamente dormida sobre el pecho.
El siguiente día fue algo muy similar al anterior y David estaba ansioso por los resultados de la prueba. Cada día le resultaba más difícil el no encariñarse con la bebé que, para colmo, parecía que le quería, y mucho, porque sólo con él no lloraba.
Era como si, cuando estaba entre sus brazos, la pequeñita se sintiera segura y protegida, como si estuviera a salvo de Snow porque era con quien más lloraba.
Ese día, Emma sugirió llevarse a la bebé unas horas y la princesa, reaccionó muy mal
- Eva es mi hermana. ¿Por qué no puedo llevármela unas horas? - preguntó la rubia sintiendo que su madre estaba exagerando. No le veía nada de malo y Snow podía aprovechar para descansar
- Discúlpame hija, pero tú no sabes lo que es tener un recién nacido - vio a Emma tensarse y mirarle ligeramente herida - Perdón - le dijo porque en verdad su intención no había sido lastimarla
- Cualquier cosa me llamas - murmuró y se fue dejando a su madre con la pequeñita que afortunadamente dormía en ese momento.
Había llorado por interminables horas y tal parecía que se cansó tanto que se quedó profundamente dormida
- Lo arruinas todo igual que tu madre - habló bajito para no despertarla a la escandalosa niña.
Sin embargo, todo se repitió y David acudió a su llamado una vez más, pero para disgusto de la princesa, esta vez no se quedó a pasar la noche ahí.
Fue la noche más espantosa de toda la vida de Snow White.
Llamó a David varias veces pero éste nunca respondió y no se atrevió a llamar a Emma después del hiriente comentario que le hizo.
Así que estuvo toda la noche con la insoportable y llorona niña que jamás se cansó de gritar escandalosamente.
La dejó en la cuna y ella se fue a intentar dormir a la planta alta, pero el llanto retumbaba por todo el apartamento.
Y fue así durante toda la noche y la mañana…
- ¡¿Es que nunca te vas a callar?! - sacudió un poco la cuna y la bebé se asustó.
Dejó de llorar por un momento, arrugó la bella carita y tembló de cuerpo entero, completamente roja y Snow pensó por un momento que se quedaría sin aire.
La levantó en brazos rápido, la pequeñita encontró aliento y volvió a llorar con fuerza casi en el oído de la mujer que la había separado de su madre al nacer.
En un intento desesperado, la princesa la dejó de nuevo en la cuna y salió del apartamento dejando a la bebé sola.
Pero no se fue, se quedó ahí, al otro lado de la puerta buscando un poco de paz.
El llanto de la bebé la atormentaba, el sólo verla la atormentaba porque cada vez que lo hacía, no veía a nadie más que a la Reina Malvada...
Ese día Tinkerbell se animó a hablar con Ruby y Belle sobre sus sospechas
- Pero, la niña que tuvo Snow no puede ser un bebé de amor verdadero - dijo Belle, igual de confundida que su novia que parecía estar en shock
- Tenemos que ver a esa niña - susurró, más para ella que para las demás y después, pareció salir de su trance - ¿Estás segura que no hay forma en que puedas hacer magia? - le preguntó al hada que de inmediato negó agachado la cabeza y tomando el dije lleno de polvo de hadas que colgaba de su cuello
- Ruby… - Belle tomó una mano de su novia, pidiéndole silenciosamente que desistiera de presionar a Tinkerbell como siempre lo hacía
- David tiene que saber - le dijo a su novia - Algo me dice que ésto tiene que ver con la desaparición de la manzanita - soltó sin más.
Y las dos presentes, le miraron con ojos llenos de sorpresa.
David estuvo con Víctor esperando por los análisis. Llegó muy temprano al hospital y sin esperar a que el médico le indicara que ya estaban, pero es que moría de la desesperación por saber.
En cuanto tuvo el sobre en sus manos, lo abrió, sólo para encontrarse con el resultado que ya sabía.
La pequeñita era suya sin duda alguna
- Algo más, David - dijo Víctor antes de que el príncipe se retirara. Espero a tener la atención del otro - No te lo dije antes porque quería esperar por los resultados, pero el día que la bebé nació, no me pareció que se veía como si hubiese nacido semanas antes - le contó.
Y el príncipe comenzó a llenarse de dudas y una leve esperanza se encendió muy dentro de él.
Ruby fue hasta el apartamento de Snow y se sorprendió de encontrarla afuera del lugar
- ¿Qué hacen aquí? - le preguntó y miró de reojo a Belle que venía tras la joven lobo
- Queremos conocer a tu bebé - dijo Ruby y la vio sonreír escéptica
- No lo harán. Largo - fue todo lo que les dijo.
Belle se angustió porque escuchaba a la bebé llorar
- Quizá necesita algo - sugirió haciendo un ademán de ir hasta la puerta
- Está muy bien y no necesita nada - le retó con la mirada - Le hace bien llorar - se dio la vuelta y se metió al apartamento dejando a la pareja ahí afuera.
Ruby y Belle terminaron en casa de Emma porque no localizaba a David por ningún lado y le contaron todo. Lo que Tinkerbell dijo y el comportamiento de Snow
- Tink dice que nació un bebé de amor verdadero y Snow no quiere que la vemos - dijo Belle mientras tomaba un té para calmar la angustia que no le había dejado desde que vio a Snow actuar tan descorazonada con la bebé
- Y Emma, David sospecha algo - dijo Ruby - No lo entendí en ese momento, pero cada vez tengo menos dudas - se relamió los labios
- ¿Qué cosa? - preguntó la sheriff ansiosa porque su padre le dijo que tenía que decirle algo en relación a la niña y encima estaban sus propias sospechas
- ¿A quién se parece la bebé? - preguntó Ruby y la expresión en el rostro de la rubia se lo dijo todo.
El príncipe llegó al apartamento de la princesa y trató de entrar sin tocar pero la puerta estaba cerrada. Algo que no era común en ella.
Sabía que estaba ahí porque escuchaba a la bebé llorar. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando vio que Snow venía bajando las escaleras de los pisos que estaban arriba del apartamento
- ¿La dejaste sola? - preguntó enojado porque le parecía inconcebible que hubiera dejado a la bebé sin supervisión
- Salí un momento a la terraza a tomar aire - dijo sorprendida y preocupada porque podía ver lo molesto que estaba David.
Jamás imaginó que él llegaría de imprevisto. No lo estaba esperando y nunca iba sin avisar.
Abrió la puerta y el príncipe corrió hasta la bebé. La levantó en brazos y comenzó a calmarla
- Papá está aquí - le dijo a la pequeñita que sollozaba como resentida. La alzó un poco para darle un beso en la pequeña frente mientras su hijita pataleaba
- ¿Ya te dieron los resultados? - preguntó Snow porque podía ver que ahora, el príncipe estaba aceptando abiertamente que la niña era suya y justo en ese momento, Emma apareció en el lugar
- ¿No dormiste? - le preguntó a su madre quien negó con la cabeza. Le veía muy demacrada y con signos de no haber pegado el ojo en toda la noche.
Era perfecto…
Se había comunicado con David para pedirle que fuera al apartamento de Snow y le ayudara a sacar a la niña de ahí un ratito porque tenía algo que contarle y sabía que él también
- Me voy a llevar a la niña - anunció David - Dame la pañalera, por favor - pidió
- No - dijo Snow
- Es mi hija y tengo todo el derecho a pasar unas horas con ella sin ti - argumentó el príncipe - No creo que la vayas a extrañar mucho - le habló molesto, haciendo referencia a que la había dejado sola y la vio tensarse por el comentario
- Así tendrás oportunidad de dormir - dijo Emma buscando las cosas para sacar de ahí a su hermanita.
Le urgía que fuera así y es que no sólo estaba casi segura de que esa niña no era hija de su madre, sino de que, en cuestiones mágicas, Azul estaba detrás de todo eso y no podían enfrentarla tan a la ligera.
Le dolía pensar que Snow se había atrevido a algo así y sólo esperaba que, si todo lo que pensaba era correcto, estuvieran muy a tiempo para encontrar a Regina… con vida
- ¿A dónde irán? - preguntó Snow con molestia - Tiene apenas tres días de nacida, está muy chiquita para que la lleves a Granny's, o a la tienda de empeño, o a la estación y … -
- A mi apartamento. Ya relájate - dijo David ante la exageración de su ex mujer. Ese afán de que nadie viera a la bebé y la sospechosa falta de amor y atención de Snow hacia la pequeñita sólo aumentaba sus sospechas
- Sólo ustedes, ¿verdad? - preguntó buscando desesperada por la confirmación, pero oh, por Dios, en verdad moría porque se llevaran a la pequeña llorona de ahí y tener aunque fuera unas horas de paz y tranquilidad
- Sí. Mejor aprovecha para dormir que te hace mucha falta - Emma la encaminó hasta la cama y se quedó ahí para presionarla a que se recostara. Algo que no fue muy complicado.
Después, tratando de actuar naturales, David y Emma se retiraron del lugar
- ¿Qué está pasando? - preguntó el príncipe una vez que estuvieron por salir del edificio
- No hay tiempo. Te explico cuando llegamos al apartamento - le dijo y no pudo evitar mirar a la bebé que dormía pacíficamente en los brazos del príncipe.
Y por Dios que esa niña no era hija de Snow…
David estuvo serio durante todo el camino. Ya no importaba cómo ni por qué, esa pequeñita era hija suya y la amaba con todo su ser.
Sin embargo, seguía existiendo algo que no se sentía correcto y su corazón le pedía a gritos que admitiera aquello que no se había atrevido a aceptar aún.
Cuando llegaron a su apartamento, se sorprendió de ver a Ruby y a Belle esperando por ellos. Ninguna de las dos trató de tomar a la bebé, parecía como si estuviera esperando algo que no comprendía
- Siéntate - pidió Emma y él lo hizo.
Le pareció curioso porque era su apartamento y su hija le indicaba que tomara asiento en su propio sillón
- ¿Ya me dirás que ocurre? - preguntó
- ¿Por qué no la llamas Eva? - preguntó la rubia con curiosidad. En esos tres días, no le había escuchado pronunciar el nombre de la bebé
- No sé - alzó los hombros y miró la hermosa carita de su bebé - No me parece que se llame así - confesó
- ¿La llamó Eva? - preguntó Ruby con una cara por demás graciosa de incredulidad - Eso es un insulto - dijo enojada
- Papá - se sentó enseguida de él - Dime la verdad, Ruby dice que lo sabes pero que te niegas a aceptarlo - le dijo y su padre le miró con atención, casi como esperanzado y eso la hizo sonreír tenuemente porque sí, David lo sabía - ¿A quién se parece? - preguntó con suavidad.
Los ojos del príncipe se llenaron de lágrimas al instante
- Buena esa, Ruby - le dijo a la lobo. La broma para obligarle a responder la pregunta que le hizo el día anterior no le estaba gustando
- Es que yo pienso igual que tú - susurró Emma. Su padre volteó de inmediato a verla con ojos grandes y sorprendidos. Ella asintió
- P-pero no es posible - dijo confundido - Tú sabes que no es posible - se levantó y aferró bien a su pequeñita en brazos mientras la miraba. La bebé abrió momentáneamente los ojitos por el movimiento, pero casi al instante se quedó dormida de nuevo - Es que no puede ser, pero… - se mordió el labio inferior que le temblaba por las ganas de llorar ante la esperanza de esa posible realidad - Es que es igualita a Regina - y las lágrimas comenzaron a caer mojando un poquito la ropita de la bebé
- Yo puedo confirmarlo - dijo Ruby acercándose. Estaba un poco nerviosa porque cuando David llegó no le fue posible percibir el olor a Regina en la pequeñita.
Lo que la lobo ignoraba era que Azul había puesto un hechizo sobre ella y su abuela para ello.
La olió y no percibió nada
- Tinkerbell dijo que era un bebé de amor verdadero - argumentó confundida porque le fue imposible encontrar algún rastro de la reina en la pequeñita
- ¿Pudiste confirmarlo? - preguntó el príncipe sorbiendo la nariz y la lobo negó afligida
- Llamaré a Tink - dijo Belle y tomó su celular
- Es que debe oler a ella. Mírale la carita, es una mini manzanita - dijo Ruby algo molesta consigo misma - No entiendo cómo dudaron tanto - les reprochó tomando a la bebé de los brazos del príncipe y en ese momento, el hechizo se desvaneció.
Fue algo que todos vieron porque hubo chispitas mágicas alrededor de la lobo
- ¿Estabas hechizada? - preguntó Emma horrorizada - ¡Y tiene magia! - exclamó sorprendida
- Por Dios - abrazó a la bebé y la olió, una y otra vez - Es de ella… - alzó la mirada llena de lágrimas - David, es hija tuya y de Regina, no tengo duda de ello - aseguró.
El príncipe sintió como si un baldazo de agua fría le cayera encima. Trastabillo un poco al tratar de retroceder buscando asiento en el sillón por la impresión y Emma lo sostuvo
- Entonces el amor verdadero entre ustedes debió romper el maleficio de infertilidad de Regina - razonó la rubia
- Snow… Y Azul - dijo David por entre dientes apretados y entonces avanzó amenazante hacia la puerta
- ¡No! - dijeron las tres al unísono
- Ellas tienen a Regina - dijo el príncipe molesto porque Belle y Emma se pararon frente a la puerta impidiéndole salir
- Tenemos que planear lo que haremos o todo podría salir muy mal - la sheriff trató de razonar con él
- Por eso decías que nunca dejó la Mansión como nos hicieron pensar - comenzó a reflexionar el príncipe - Por eso tus colegas nunca la encontraron fuera de Storybrooke - se paseaba ansioso de un lado a otro - Por eso no recuerdo haber tenido sexo con Snow. Fingieron todo para hacer pasar a la niña como hija de ella - llevó una mano hasta su cabello y lo jaló un poco con desesperación
- Y por eso nunca le preocupó la prueba de paternidad - dijo Belle
- Por eso supuestamente nació antes y por eso Snow no lucía como que acababa de parir - recapitulo la rubia sintiéndose una idiota
- Victor me lo dijo hoy - dijo David - Que la bebé no parecía como que hubiera nacido semanas antes - habló con lamento en la voz y miró a su bebé en los brazos de la joven lobo
- Hey. No está llorando contigo - dijo Emma acercándose un poco para ver a la bebé que de igual forma era su hermanita. No era hija de su madre, pero sí que lo era de su padre
- Le agrado - argumentó la lobo - Y ella a mí. ¿Verdad que sí, mini manzanita? - le preguntó a la pequeñita que seguía dormida
- Tenemos que ponerla a salvo - dijo David haciendo su mejor esfuerzo por mantener la cabeza fría.
No podía cometer un error. Más bien, otro error. No se iba a permitir perder a Regina estando tan cerca de encontrarla y por nada del mundo iba a perder a su bebé ahora que la tenía.
Por Dios, una bebé… Una hermosa princesita suya y de Regina, producto del amor verdadero entre ellos. Apenas lo podía creer
- Nosotras la protegeremos - Ruby besó la frente de su novia que se había abrazado a ella
- Es tan bonita - dijo Belle muerta de ternura mirando a la bebé, con la mejilla recargada en uno de los brazos de la lobo.
Alguien llamó a la puerta de forma extraña y de inmediato Emma abrió sabiendo que era Tinkerbell. Le solicitó tocar de esa forma para saber su identidad
- ¿Es ella? - preguntó Tinkerbell sorprendida en cuando divisó a la bebé.
Caminó hasta Ruby y la observó
- Siempre pensé que el amor era la respuesta que Regina tanto estuvo buscando y me siento muy feliz de que al fin lo haya encontrado - miró a David - Amor verdadero - sonrió emocionada - ¿Puedo cargarla? - preguntó y el príncipe asintió.
Tinkerbell la tomó entre sus brazos y fue algo especial. Había perdido sus alas y su posición como hada, todo lo que era, por intentar ayudar a la reina y por fin, después de tantos años ahí estaba su respuesta.
Un bebé producto del amor verdadero entre Regina y el príncipe encantador…
- Tink - habló Belle sorprendida, apuntando al collar que portaba el hada que estaba brillando con intensidad
- El polvo… - dijo alarmada - ¡Está funcionando! - exclamó efusiva y despertó a la bebita que lloriqueó como reprochado tanto escándalo
- Princesita - David la tomó de inmediato entre sus brazos de la misma forma en la que lo hacía siempre y ahora lo entendía todo.
El por qué esa pequeñita le robó el corazón desde el primer instante en que la vio y se reprochó a sí mismo por haberse resistido a amarla abiertamente como se moría por hacerlo
- Oh, Dios. Te amo tanto. Perdóname - pidió besando la diminuta frente de su bebé - Voy a traer a tu mami con nosotros. Te lo prometo - sonrió con ternura al ver a su bebé llevarse las manitas a la entreabierta boquita. Miró a Ruby quien asintió indicándole que estaba lista - Cuídala, por favor - rogó.
Tenía miedo de que algo le pasara mientras él recuperaba a Regina
- Con mi vida, David - prometió mientras Belle tomaba en brazos a la bebé y para fortuna de todos, la pequeñita no lloró
- Iremos a la casa de Rumpel - dijo la ex secretaria de Regina - Él dejó un hechizo en el lugar para protegerme - sonrió tenuemente recordando a su antiguo amor
- Pediré a August que lleve a Henry con ustedes - dijo Emma, temiendo que quisieran usarlo para causar más daño. No se podían arriesgar
- Estará bien con nosotras - aseguró Ruby y salieron del apartamento apresuradas. Mientras más pronto se refugiaran sería mejor.
David se encaminó a su cuarto y después regresó con su espada en alto
- Vamos por Regina - dijo con determinación, con el corazón latiéndole con fuerza y lleno de esperanza de encontrarla muy pronto.
- Todo lo que puedo asegurarles es que la bebé es muy poderosa - dijo Tinkerbell observando su frasquito lleno de polvo de hadas que siga brillando. Estaba activo y podía usarlo
- Yo nunca pude hacer que eso pasara - dijo Emma sonando un tanto divertida
- Es que es producto de un amor verdadero más, poderoso y además, Regina tiene magia. Es como herencia - argumentó
- Nos explicas más ya que hayamos encontrado a Regina - dijo David observando entre los árboles el convento que estaba frente a ellos
- Tenemos sólo una oportunidad - dijo Tinkerbell nerviosa
- Confiamos en ti - aseguró el príncipe y el hada asintió agradecida
- En serio, Tink. Sabemos que tú puedes - agregó Emma tratando de darle más ánimos al hada.
Tinkerbell asintió de nuevo y comenzó a caminar hasta la puerta del lugar.
No fue ni bien ni mal recibida en el convento, más bien fue algo neutral, pero para su fortuna, le concedieron hablar con Azul un momento
- Si vienes por lo del bebé de amor verdadero ya se los expliqué a todas. Es hija de David y Snow, ellos fueron amores verdaderos y por eso sucedió eso - le contó, pero la otra negó haciéndole ver que ese no era el motivo de esa inesperada y poco grata visita - ¿Entonces? - preguntó
- Quisiera volver con las hadas - mintió sintiéndose extremadamente nerviosa por lo que iba a hacer
- Ya hemos hablado de ésto, Tinkerbell - dijo fastidiada - No puedes volver porque no eres capaz de creer en ti misma - comenzó a usar un tono de voz un tanto agresivo - Cometiste un grave error al tratar de ayudar a la Reina Malvada y eso te condeno - le miró casi con desprecio
- Pero ella cambió y encontró el amor - respondió con determinación
- Por favor - se rio Azul - Regina es incapaz de sentir amor - se mintió a sí misma porque sabía que eso, estaba muy lejos de ser verdad
- Esa es la diferencia entre tú y yo, Azul - Tink se puso de pie. La otra le miró con severidad por el atrevimiento - No puedes ver más allá de tus propios intereses - le reprochó.
Y entonces, le arrojó encima el polvo de hadas que la bebé de Regina había logrado activar
- ¿Qué me hiciste? - dijo mientras sentía que su cuerpo perdía fuerza. Todavía fue capaz de tomar su varita, pero cayó al suelo porque ya no la pudo sostener.
Quedó tendida en el suelo, consciente, pero sin ser capaz de moverse ni hablar.
Tinkerbell tomó la varita y salió de la oficina. Cerró la puerta e intentó su primer hechizo después de tantos años consiguiéndolo casi al instante para su sorpresa y eso, sólo aumentó su confianza en sí misma.
Selló la puerta y se apresuró a indicarles a David y a Emma que era seguro entrar.
A los pocos minutos los tres entraron en el convento y exigieron a las Hadas hablar todo lo que sabían
- ¿Qué les hace pensar que está aquí? - preguntó una de las Hadas cuando era empujada al interior del lugar que Nova declaró era a donde iba Azul en los últimos meses y a veces, en compañía de Snow
- Porque la hemos buscado por todos lados - argumentó David sintiendo que la pregunta sobraba - Pero nunca buscamos en éste lugar - dijo con rabia porque estúpidamente siempre confío en Azul - ¡Anda! - exigió amenazando al hada con su espada.
No se iba a ir de ahí sin Regina y estaba desesperado, a punto de perder la poca paciencia que le quedaba.
El hada comenzó a buscar con Tinkerbell vigilándole muy de cerca por si intentaba algo
- Creo que es aquí - dijo después de algunos minutos de inspeccionar el solitario salón.
David sintió que la ansiedad lo consumía. Vio al hada levantar la varita y frente a ella apareció una puerta.
La apartó e intentó abrirla pero no pudo
- Ábrela - dijo sintiéndose a punto de desfallecer por la desesperación - ¡Ábrela! - exigió pateando la puerta con fuerza
- ¡David, calma! - pidió Emma preocupada por su padre
- ¡Abran la maldita puerta de una vez! - dijo con rabia, con los puños y frente contra la blanca madera que volvió a golpear.
Ya no podía más, habían sido muchos meses llenos de angustia, dolor y desesperación. Habían sido muchos días sin ella. Sin la luz de su vida…
Tinkerbell volvió a usar la varita de Azul y simplemente hizo desaparecer la puerta.
Y entonces, David sintió que el tiempo se detenía cuando la vio al tiempo que la espada resbalaba de su mano hasta caer estrepitosamente al suelo.
Regina, la mujer que amaba y con la que acababa de tener una hermosa hija, estaba ahí postrada en una cama dentro de una extraña pero sobria habitación.
