La Serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.
Antes que nada, espero de todo corazón que todos ustedes, y sus seres queridos, se encuentren muy bien de salud.
Sé que han pasado meses desde la última vez que publiqué. En general, sí, han pasado cosas durante esta pandemia que hicieron me alejara un tanto del mundo de los fanfics. Muchas gracias a quienes notaron mi ausencia y se acercaron a mí de alguna forma. Gracias por estar al pendiente de las actualizaciones y también por el apoyo brindado.
Y ni hablar, la pandemia sigue. Así que hay que seguirse cuidando mucho. No dejen que el ánimo decaiga y no nos olvidemos de seguir siendo empáticos y amables. Les mando un fuerte abrazo a la distancia.
Nota: Lo más seguro es que me dedique a terminar esta historia (no le falta mucho) antes de continuar con A New Begining, pero quiero que sepan que ambos fics tendrán su respectivo final llegado el momento.
El tiempo que hizo de la puerta hasta la cama le pareció una eternidad cuando en realidad fue poco más de un segundo
- R-regina - la voz le tembló al llamarla.
No perdió tiempo en envolverla entre sus brazos mientras las lágrimas corrían por su rostro y soltaba un largo suspiro de alivio porque al fin, al fin después de tantos meses volvía a tenerla junto a él.
El simple contacto con el amor de su vida hizo que la reina despertara, aunque lo hizo un tanto desorientada y en cuanto tuvo el reconocimiento de estar entre los brazos de alguien empezó a forcejear.
Y es que no le pasó por la mente que se trataba de David
- Hey - le llamó en cuanto la sintió tratar de separarse de él y le preocupó que los movimientos fueran un tanto débiles - Soy yo - se apresuró a decirle
- David - susurró el nombre del hombre que amaba, casi sin poder creer que en verdad estuviera ahí, con ella
- Iré por la bebé - dijo Emma a Tinkerbell quien asintió y desapareció al instante en una nube de humo blanco.
Regina alzó el rostro sólo para constatar que era cierto, que era él quien por fin había logrado encontrarla y suspiró entrecortadamente al verlo
- Sí - el príncipe asintió con lágrimas de emoción - Estoy aquí, hermosa luz de mi vida - colocó la mano derecha en la mejilla izquierda de Regina y se inclinó para besarla.
La reina respondió al beso y las lágrimas comenzaron a correr al instante al tiempo que colocaba las manos en el pecho del príncipe
- El bebé - se separó un poco de él para poderle ver a los ojos - David, dime que está contigo, por favor - pidió suplicante.
Durante todos esos meses de angustia, su único consuelo siempre fue saber que, a pesar de lo que ese par de desgraciadas harían, su lucecita estaría con él.
El príncipe se quiso morir cuando la escuchó. Por Dios, Regina ni siquiera sabía que había tenido una niña. Se le apretó el corazón al pensar que le quitaron a la bebé sin dejarla verla.
La sangre le hervía en furia ante cada revelación de lo que esas dos habían hecho con Regina durante todo ese tiempo.
Tomó una mano de la reina que estaba en su pecho aferrando ahora un poco sus ropas
- Es una hermosa princesita y está muy bien - le dijo y por Dios que hizo su mejor esfuerzo para no quebrarse frente a ella al verla tan vulnerable y frágil, pero fue hermoso ver los ojos chocolate brillar con la emoción e ilusión de saber que había tenido una niña.
Y antes de que pudiera preguntar dónde estaba, Regina escuchó un llanto que de inmediato identificó.
Era su bebé, no tenía ninguna duda.
Emma acababa de aparecer y en cuanto lo hizo la bebé comenzó a llorar abiertamente, aunque no era como el llanto que le había escuchado hasta ese día, era más bien uno demandante.
David literalmente brincó de la cama y se apresuró hasta la sheriff para tomar en brazos a la pequeñita y para su sorpresa, su hijita siguió lloriqueando, no se calmó con él como siempre lo hacía.
Regina se levantó de la cama y alcanzó al príncipe antes de que él pudiera llegar hasta ella
- Mi bebé - sollozó tomando a la pequeñita de los brazos del príncipe.
La cobijita en la que estaba envuelta resbaló mientras Regina colocaba a la bebé contra su pecho, sosteniéndola con sus manos.
Fue entonces que la reina se sintió libre del grillete en su tobillo derecho y el brazalete que la mantenía sin magia, cayó al suelo.
No sólo pudo sentir su propia magia fluir por todo su cuerpo, sino que también, sintió la de su bebé a través de la suya
- Oh, por Dios. Mi hermosa lucecita - besó la cabecita de su niña sintiendo un horrible nudo en la garganta y entonces, el llanto fue incontenible.
Y es que tenía sentimientos encontrados.
No podía creer que tenía entre sus brazos a una bebita suya cuando ella misma se encargó de que eso no fuera posible. Y no podía explicar lo maravilloso que se sentía saber que esa pequeñita, era hija suya y del hombre que amaba.
Pero también, lloraba porque durante meses estuvo muerta de miedo y angustia al saber lo que harían una vez que su lucecita naciera. Y en verdad fue lo más horrible del mundo ver a Snow llevándosela.
La acunó entre sus brazos para poder verla.
Y era en verdad hermosa tal cual lo había dicho el príncipe. Era muy pequeñita, tenía el cabellito oscuro y en ese momento, se pasaba las manitas por la carita.
Suspiró, completamente enamorada de su bebé. El poderla tener entre sus brazos después de lo que había sucedido era la mejor sensación.
David se pegó a la espalda de la reina y la abrazó desde esa posición. Cerró los ojos soltando un largo suspiro, sintiéndose aliviado de tenerlas seguras entre sus brazos, pero también le dolía profundamente escucharla llorar.
Emma se acercó sólo para recoger el brazalete reconociéndolo de inmediato y se alejó de nuevo hasta llegar con Tinkerbell
- Pónselo a Azul en lo que decidimos qué hacer con ella - le pidió y el hada verde asintió.
Estuvieron un par de minutos así. David dejaba besos amorosos en el cabello y sien de Regina mientras ella lo hacía en la cabecita de su bebé
- Vamos al hospital - dijo David de pronto, rompiendo el silencio y mirando a su hija mayor para que le asistiera porque estaba casi seguro, que la reina se negaría a ir.
Emma asintió e invocó su magia para trasladarles a los cuatro a ese lugar.
Tink se dio la vuelta en cuanto los vio desaparecer y se sorprendió de encontrar en la entrada de esa habitación a muchas de las Hadas.
No sabía si estaban todas, pero al menos la gran mayoría sí. Todas se veían sorprendidas, algunas lloraban y otras estaban enojadas
- Cómo pudieron ver, Azul las ha estado engañando durante todo este tiempo - comenzó a decirles y las Hadas le escucharon atentas.
Aparecieron en una vacía habitación del hospital de la ciudad
- Voy a buscar a Whale - murmuró Emma saliendo del lugar con prisa.
David intentó que Regina caminara hacia la cama para que se recostara, pero ella se dio la vuelta pegándose a él
- Te extrañé tanto - habló con la voz quebrada, con el rostro contra el pecho de David y suspiró al sentirlo envolverla en un abrazo amoroso y protector
- También yo a ti, hermosa luz de mi vida - le besó la frente con amor sin dejar de sentir ese maldito nudo en la garganta
- Siempre supe que me ibas a encontrar - rio un poquito por la ironía de esas palabras.
David buscó el bello rostro de Regina con una de sus manos y le alzó del mentón
- Nunca dejé de buscarte ni perdí la esperanza de encontrarte. Lamento que haya sido tan tarde - le acomodó un mechón de cabello tras la oreja con todo el cuidado y amor del mundo. Le habría encantado poderla encontrar, aunque fuera antes de que diera a luz
- ¿Cuántos días pasaron desde que…? - trató de formular la dolorosa pregunta, pero un beso largo y protector en la frente que la hizo cerrar los húmedos ojos, no se lo permitió
- Tres - respondió al fin - Fueron sólo tres - volvió a aclarar esperando que eso pudiera traerle algo de calma a la Reina.
La puerta de la habitación abriéndose les interrumpió
- Regina - Víctor le saludó cordialmente mientras entraba con todo lo necesario para hacerle análisis a la reina - Qué gusto tenerte de vuelta con nosotros - le sonrió empático y la vio asentir a modo de agradecimiento
- Recuéstate en la cama - sugirió David. Le habló de una forma muy suave y cariñosa
- No. Yo estoy bien - se negó la reina - Sólo quiero que me aseguren que ella está bien - argumentó, pero no sé movió de su lugar entre los brazos de él y es que no quería soltar a su bebé.
David miró a Víctor un momento sabiendo que debía convencer a Regina
- Mi amor - le habló con dulzura mientras caminaba conduciéndola a la cama - Yo necesito que me aseguren que tú también estás bien - la reina le miró y podía ver en los hermosos ojos chocolate que no quería ceder. Estaba más que seguro que ella insistirá en que estaba bien aunque no fuera así. Por eso quería que le hicieran esos análisis - Por favor - pidió y entonces, ella asintió lentamente.
Se sentó en la cama y estaba temiendo por el momento en que le dijeran que tenían que tomar a la bebé. Sabía que era necesario, pero le parecía imposible soltarla en ese momento. Justo cuando acababa de recuperarla
- Como ningún medico la ha visto, la voy a revisar rápidamente. Aquí, frente a ti - aclaró Whale sabiendo bien que Regina debía estarse debatiendo en dejar que alguien más tomara en brazos a la pequeñita después de lo sucedido - No me la llevaré - aseguró para convencerla.
Miró a David y relamió sus labios con ansiedad mientras aferraba más a su lucecita. Estaba insegura, claro que sí y es que era imposible que la comprendieran, que supieran la angustia y el terror tan grandes que sintió cuando se la llevaron lejos de ella.
Cuando se la llevaron y no pudo hacer nada
- Aquí estoy y no voy a permitir que nadie se la lleve. Te lo prometo - no quería obligarla porque la entendía perfectamente.
Él también tenía miedo de perderla a ella de vista y no volverla a ver. No se iba a salir de esa habitación por nada del mundo y tampoco iba a permitir que se llevaran a su pequeñita.
Y era por eso que quería que Regina misma fuera quien se decidiera a soltar a su hijita que esperaba no llorara en cuanto se viera lejos de la reina porque estaba seguro que ninguno de los dos lo iba a soportar
- Ponla aquí sobre la cama - le invitó Víctor para que se diera cuenta que de ninguna forma su intención era echarse a correr con la niña.
Regina miró a su bebé y, con la confianza de que David estaba ahí con ella y que había recuperado su magia fue que, algo indecisa, pero dejó a su lucecita sobre la cama como Whale se lo solicitó
- David - Emma llamó bajito a su padre, sólo quería su atención un momento. El príncipe dio unos pasos hacia ella, pero sin dejar de mirar de reojo a Regina y a su bebé - Voy a ir a… - tomó aire profundamente antes de decir lo que haría porque no sería nada fácil - A arrestar a Snow - lo soltó de golpe al decir eso
- Lo siento mucho, hija - la tomó de la cabeza y le dio un beso paternal en la frente
- Vendré tan pronto como me sea posible - le dijo mirando a la reina y a su hermanita.
David le sonrió agradecido y le dio un suave apretón de mano.
Emma se retiró y el príncipe ya estaba de nuevo junto a la reina y su bebé. Víctor estaba terminando de tomar una muestra de sangre de Regina quien accedió a ello sólo porque podía notar la genuina preocupación de David.
En realidad se sentía bien, pero no tenía idea de lo que Azul había hecho con ella durante esos tres días desde que dio a luz a su lucecita y de los cuales, no recordaba nada.
En cuanto le fue posible levantó a su pequeña y cerró los ojos cuando la tuvo de nuevo entre sus brazos y recargada contra su pecho
- La bebé está en perfectas condiciones - aseguró Víctor - Tus análisis estarán en unas horas - le informó a la reina
- ¿Podemos irnos? - preguntó Regina y miró a David quien pareció inseguro ante la idea
- ¿Te sientes débil o tienes algún malestar? - preguntó el médico
- Me siento perfectamente bien, Whale - le miró muy, muy fijamente
- Entonces está bien - accedió, sabiendo que era inútil discutir con ella. Además, en verdad la reina se veía bien
- Regina… - David se sentó a su lado, dándole la espalda a Víctor - Esperemos por los resultados - pidió
- Quiero ver a Henry y hay que detener a Azul y a Snow - argumentó. Habló autoritaria y con los ojos algo vidriosos.
Necesitaba reunirse con su hijo. Lo había extrañado mucho también y no podían permitir que las otras dos hicieran algo más
- Tinkerbell se está haciendo cargo de Azul. Las Hadas no tenían conocimiento de nada. Y Emma acaba de irse, para arrestar a Snow - le contó y la vio apretar los labios como conteniendo las ganas de llorar y se le veía muy molesta.
Su pequeñita comenzó a quejarse y a retorcerse
- Estoy seguro que debe tener hambre - dijo Víctor acercándose a ella - Estar contra tu pecho activa su instinto de buscar alimento - le explicó y sí, Regina acunó a su bebé en el brazo derecho y la pequeñita comenzó a lloriquear - ¿Necesitas ayuda? - preguntó
- ¡No! - exclamó David soltando una risa extraña casi irónica porque no le agradaba la idea de que Víctor le viera los senos a la reina
- Estoy bien - Regina respondió agradecida y luego le lanzó una mirada de advertencia a David mientras su hijita comenzaba a ser más demandante con sus lloriqueos y ahora movía también sus piernitas
- Bueno. Entonces los dejo - se despidió - En cuanto tenga los resultados les llamaré - les dijo
- Gracias - respondió David con un gesto de su cabeza.
Cuando volvió su rostro hacia ella, Regina ya estaba ayudando a la bebé a encontrar la fuente de alimento
- Eso es lucecita - le dijo cuando por fin la sintió tomar su pezón. Apretó un poquito los dientes y los ojos porque su pequeñita se prendió con mucha fuerza, pero pasados unos segundos, esa sensación dolorosa desapareció
- ¿Estás bien? - preguntó David un poco preocupado al verla hacer ese gesto
- Sí - le miró y sonrió con emoción. Después regresó su atención a su pequeñita que estaba comiendo con muchas ganas - Es tan perfecta y hermosa - murmuró con amor dándose cuenta que su lucecita tenía los ojitos azules como él.
El príncipe se alzó un poco y se inclinó hasta alcanzar los labios de ella.
Se dieron un par de besos que si bien fueron cortos estuvieron llenos de ese profundo y verdadero amor que sentían el uno por el otro.
Cuando él regresó a su anterior posición, vio a la reina mirar con atención lo que la bebé tenía puesto. Frunció el ceño y sin decir nada, ni hacer preguntas, pasó la mano sobre la pequeñita cambiándole la ropita con magia.
La bebé terminó de comer y Regina la alzó de nuevo colocándola contra su pecho, procurando que la cabecita de su lucecita estuviera contra su hombro. Comenzó a darle palmaditas en la pequeña espalda
- Dios… - el príncipe suspiró - Estoy enamorado de ustedes - confesó y ella, le sonrió - Vamos a casa - accedió porque en verdad moría por estar en un lugar seguro y acogedor con ellas.
Regina asintió y se vieron envueltos en una nube de humo morado.
Aparecieron en el vestíbulo, justo donde Regina recordaba haber estado la última vez en su casa con la indeseable compañía de Snow.
La reina se cambió de ropa usando su magia y se sorprendió de ver en el comedor su caja de ingredientes y pociones.
La misma que había usado para preparar la prueba que confirmó sus sospechas de embarazo y de que su lucecita, que ahora tenía entre sus brazos, venía en camino.
Escuchó a David hablando por teléfono mientras ella se acercaba al comedor dándose cuenta que estaba todo menos el frasquito con la prueba de embarazo.
El príncipe colgó la llamada y se dio cuenta que Regina estaba en el comedor. Se acercó a ella con cautela porque no quería despertar a su bebé
- Todo está como tú lo dejaste - habló con calma, pero de igual forma la hizo dar un saltito involuntario. La pequeñita sólo soltó un quejidito, se removió poquito y volvió a quedarse dormida entre los brazos de la reina - Nada se ha movido - aclaró con una leve sonrisa en los labios mientras la miraba a los ojos
- ¿Dónde está Henry? - preguntó preocupada. Hasta el momento no sabía de él y saber que nada se había movido en la Mansión desde que ella desapareció no ayudaba
- Está en camino. Ruby y Belle lo traerán - la vio cerrar los ojos por un momento, como si estuviera aliviada de saber que el pequeño estaba bien - Ha estado viviendo con Emma - le contó y ella asintió a modo de entendimiento
- Gracias - David se inclinó para darle un dulce beso en los labios y después, besó la cabecita de su bebé
- ¿Cómo la vamos a llamar? - preguntó el príncipe mirando con ilusión a la mujer que amaba con todo lo que era.
Regina se relamió los labios y se sentó en una de las sillas. Luego tomó a su pequeñita y la recostó entre sus brazos.
Dios, era mucho más de lo que imaginó sería ese momento. El tener a su lucecita sana y a salvo entre sus brazos era… todo
- Nunca supe que sería niña - comenzó a contarle y se le hizo un nudo en la garganta. David tomó asiento frente a ella. Regina alzó la mirada hacia él - Pensé en muchos nombres, pero jamás me decidí por alguno. Quería que… - tomó aire profundamente, luchando contra las lágrimas - Que lo eligiéramos juntos - suspiró entrecortadamente y de inmediato tuvo los labios del príncipe sobre los suyos, besándola con mucho amor - No tuvimos tiempo de preparar nada para ella - soltó un largo suspiro mientras acariciaba la cabecita de su bebé
- Tendremos todo el tiempo del mundo ahora - dijo David buscando darle ánimos
- Te amo - susurró Regina con emoción y cerró los ojos cuando él besó su sien izquierda repetidas veces - ¿C-cómo la llamó ella? - preguntó mirando a su hijita
- Eso no importa - dijo David porque era verdad. Ese, jamás fue el nombre de su bebé. Pero la reina volteó a verle, exigiendo una respuesta con la mirada. El príncipe resopló - Eva - respondió con un tono de voz serio
- Es una maldita desgraciada - dijo con los dientes apretados mientras sentía su cuerpo arder en furia
- Dame a la bebé - dijo David tomando a su hijita de los brazos de la reina.
Regina se levantó de su asiento y se comenzó a pasear por el lugar con las manos en su no tan estrecha cintura y con evidente enojo
- Es que te juro que si pudiera… - cerró los ojos y tomó aire profundamente, impidiéndose a sí misma el hablar de más - Estuve tan equivocada con ella, David - se recriminó el hecho de haber pensado que en verdad había una buena relación entre ellas
- Todos pensamos lo mismo - dijo el príncipe poniéndose de pie para acercarse a la reina - Snow nos engañó junto con Azul - la lucecita de Regina se comenzó a estirar.
Alzó los bracitos y recogió las piernitas retorciéndose un poco entre los fuertes y protectores brazos de David mientras sus padres le miraban llenos de amor por ella
- Hola, princesita - le saludó el príncipe viéndola parpadear lentamente con la boquita entreabierta.
Regina le dejó un beso en la cabecita y justo en ese momento, llamaron a la puerta con desesperación
- ¡Mamá! - se escuchó la voz de Henry y Regina se apresuró a abrir la puerta.
En cuanto lo hizo, se miraron momentáneamente y el ahora adolescente se echó a sus brazos abrazándola con fuerza
- Mi pequeño príncipe - susurró Regina con amor envolviendo entre sus brazos a su hijo
- Yo sabía que no te habías ido - sollozó - Que tú nunca me abandonarías - la voz se le quebró al decir eso y por fin, después de tantos meses dejó salir todos esos sentimientos que estuvo cargando durante ese tiempo.
- No puedo hacerlo - susurró Emma arrepintiéndose de entrar al apartamento de Snow.
No quiso ir sola, primero fue por August para que la acompañara y llegó justo cuando David llamó para avisar que ya estaban en la Mansión
- Estoy contigo, Emma - el escritor le sobo los brazos - Tú puedes - le alentó y ella asintió.
Tomó aire profundamente y abrió la puerta de golpe. Fue doloroso ver la cuna y todo aquello que compró con ilusión para la que pensaba era su hermanita por parte de su madre.
Y ahora entendía esa falta de emoción en Snow cada vez que llevaba algo nuevo para la bebé. Las veces que la sentía patear con mucha fuerza sorprendiéndola y la princesa parecía que ni siquiera se enteraba cuando se suponía que la cargaba en el vientre.
Todo había sido un engaño. Todo. Y ella había caído como una perfecta idiota.
A causa de ello había presionado a su padre para que se interesara en el embarazo y en la bebé que se suponía tendría con Snow. Quería verlo ilusionado aún que supuestamente la princesa se había aprovechado de él en una noche de borrachera.
Incluso llegó a pensar que en verdad Regina se había ido sin que Henry le importara y por Dios que hubo un momento en que llegó a sentirse enojada con la reina a causa de ello.
Y resulta que todo era una mentira…
- ¿Dónde está la niña? - Snow se acercó a ella con mirada severa.
Despertó de golpe en cuanto escuchó que la puerta se abrió y vio cómo Emma se quedaba parada ahí en medio del lugar, sólo mirando la cuna.
Detrás de ella estaba August, pero no estaban David ni la pequeña llorona y se preocupó.
La sheriff se dio la vuelta sacando las esposas y la otra se sorprendió al verla. La aferró con fuerza de una muñeca y no le fue muy difícil ponerle una de las esposas
- Emma, ¿te volviste loca? - preguntó forcejeando
- Estás arrestada por el secuestro de Regina y el robo de su bebé - le dijo en cuanto terminó de esposarla
- ¿De qué estás hablando? - preguntó girándose con brusquedad hacia ella, totalmente alterada por la acusación - ¡¿Dónde dejaste a la niña?! - preguntó exaltada ante el temor de haber sido descubierta
- ¡Con su verdadera madre! - le gritó enojada - que es donde debe estar - los ojos de Snow ardieron en furia ante sus palabras, lo pudo ver con claridad y por primera vez se percató que su madre, realmente no era como decía ser - Ya deja de fingir. Sabemos toda la verdad. Encontramos a Regina y ya está con su bebé. Con la bebé que te atreviste a robarle e intentaste hacer pasar como tuya - la tomó de un brazo con firmeza y comenzó a sacarla del apartamento para llevarla a la comisaría en compañía de August.
Belle abrazó a la reina en cuanto Henry fue capaz de separarse de ella. Lo hizo con fuerza, porque en verdad había extrañado mucho a su jefa y fue lindo sentir que Regina correspondía al abrazo.
No recordaba nunca haberse abrazado así con ella.
En cuanto se separaron, Regina se vio entre los cálidos y maternales brazos de Granny quien acababa de llegar con una pañalera
- Gracias a todos los cielos que estás bien, niña - le dio un fuerte abrazo y después, la soltó para ir a conocer a la lucecita de la reina
- Manzanita - Ruby la abrazó con casi todas sus fuerzas y es que estaba positivamente afectada porque la habían encontrado. Por su novia, por Henry, pero principalmente por David.
Y también, por la pobre criaturita que tuvo la desgracia de caer en manos de Snow por tres días.
Para su sorpresa, Regina sólo sonrió ante el apodo en cuanto se separaron. Negó con la cabeza divertida y cerró la puerta de la Mansión.
Ambas subieron los pequeños escalones para alcanzar el vestíbulo donde todos estaban reunidos.
Granny sostenía en brazos a la pequeñita que seguía despierta
- Qué mujer tan oscura y retorcida - masculló la vieja lobo - Mira que robarse a esta pequeñita e intentar hacerla pasar como suya. Una completa locura - hablaba mientras miraba con adoración a la bebé.
Después se la dio a Regina quien la recibió con brazos amorosos y protectores, y David, la abrazó por la cintura y le besó la cabeza a ella
- Pero es que sólo mírenla - dijo Ruby señalando a la bebé con ambas manos - ¿A poco no es una mini manzanita? - preguntó sonriendo, con la mirada fija en la pequeñita que, al ser una recién nacida, no le prestaba ni la más mínima atención
- ¿Mini manzanita? - preguntó Regina y se abstuvo a sí misma de rodar los ojos ante el apodo que la joven lobo le acababa de poner a su bebé
- ¿Cómo se llama? - preguntó el adolescente
- Aún no tenemos un nombre para ella - respondió David acariciando la cabecita de su bebé que hacía tiernas muecas mientras acercaba sus deditos a su boquita con movimientos un tanto lentos y poco coordinados
- Los dejaremos - anunció Granny sabiendo que con seguridad, necesitaban estar a solas como la familia en la que se habían convertido en el momento en que todos estuvieron reunidos
- Regina de verdad me da mucho gusto que estés aquí - dijo Belle - Renuncié porque no quería trabajar para Snow, pero me gustaría mucho volver a ser tu secretaria - le sonrió un poco tímida
- Por supuesto, Belle - respondió la reina con determinación - Sigo siendo la alcaldesa de Storybrooke y tú eres mi secretaria - aclaró con firmeza y la otra, sonrió entusiasmada.
Las tres mujeres se despidieron y salieron de la Mansión.
La reina caminó hasta la sala para sentarse en el amplio sillón con su bebé en brazos seguida de Henry que llevaba la pañalera que Granny muy amablemente les llevó.
Regina lo agradecía profundamente porque no quería nada, absolutamente nada de lo que se compró o regaló pensando que su lucecita era hija de esa mujer.
David se les unió también, sentándose enseguida de la reina y entonces, estuvieron por primera vez los cuatro juntos, como la bella familia que eran ahora
- Estoy muy feliz de tener una hermanita - dijo el adolescente, mirando a la pequeña y linda bebé sobre el regazo de su madre - ¿Cómo quedaste embarazada? - preguntó Henry con genuino interés y es que él tenía entendido que su mamá no podía concebir.
La reina sintió sus mejillas arder ligeramente y sólo esperaba no haberse sonrojado. No se suponía que su hijo debería hacerle ese tipo de preguntas. Aunque entendía por qué lo hacía. Su pequeña lucecita había sido toda una hermosa sorpresa inclusive para ella.
Se aclaró la garganta, dispuesta a explicar lo mejor que pudiera pero gracias a los cielos David salió a su auxilio
- Tinkerbell aseguró que… - se relamió los labios por la ansiedad que le causaba darles esa maravillosa noticia - Que es una bebé producto del amor verdadero - de inmediato tuvo los sorprendidos y hermosos ojos de la reina sobre él y no pudo hacer nada más que sonreírle por la felicidad que ese hecho le causaba
- ¿D-de verdad? - preguntó emocionada y sorprendida a la vez.
David asintió y se inclinó para besarla con ese amor tan puro, profundo y verdadero que sentía por ella
- ¿Cómo lo sabe? - preguntó en cuanto se separaron del beso
- Comentó algo de las luces que parpadearon cuando nuestra princesita nació - le contó mientras le acomodaba amorosamente un mechón de cabello tras la oreja
- ¿Entonces es un bebé de amor verdadero? ¿Tiene magia? - preguntó Henry muy emocionado.
A pesar de ser ya un adolescente no perdía ese interés y entusiasmo por la magia y los cuentos de hadas
- Sí - respondió Regina mirando con ternura a su lucecita - Fue ella quien me liberó del brazalete que no me permitía usar magia - tragó pesado al recordar. Acarició muy levemente una de las mejillas de su pequeñita
- También le quitó un hechizo a Ruby y logró que el polvo de hadas de Tinkerbell se activara - les contó orgulloso de su bebé
- ¿O sea que es muy poderosa? - preguntó el adolescente
- Sí. Debemos hablar con Tinkerbell un día de éstos - dijo David recordando las breves explicaciones del hada verde respecto a la magia de su pequeña y recién nacida hija.
Regina volteó a ver a su hijo y alargó la mano para acariciarle una mejilla
- Lamento haberme perdido tu cumpleaños - sintió un nudo en la garganta al recordar ese día durante su encierro - Ya eres todo un adolescente - le jaló un poquito para darle un beso en la frente
- Te extrañé mucho - Henry abrazándose con cuidado a ella para no lastimar a su hermanita
- También yo a ti, mi pequeño príncipe - le dejó un beso en la cabeza ahora - Ni un sólo día dejé de pensar en ti, de amarte y desear con todas mis fuerzas estar a tu lado - miró a David porque jamás dejó de pensarlo ni amarlo a él también y siempre confío en que en algún momento volverían a estar juntos.
El príncipe tenía los ojos vidriosos y le sonreía emocionado sabiendo bien que esas palabras estaban también dirigidas a él.
El timbre anunció la llegada de alguien y David se levantó apresurándose a abrir.
Era Emma y se veía completamente devastada. Aun así le hizo un ademán de salir porque no quería entrar, no quería preocupar a nadie.
El príncipe emparejó la puerta y caminó hacia ella saliendo del porche de la Mansión.
La rubia se echó a sus brazos y sollozó con fuerza. Estaba muy afectada con el arresto a su propia madre y la actitud de la misma
- Ya - le sobo un poco la espalda - Hiciste lo correcto - y entonces la sheriff se separó de él. Tenía los ojos enrojecidos por lo que había llorado
- No está arrepentida - le contó con lamento porque le habría gustado que Snow al menos reconociera que había cometido un error. Se separó de él para continuar - Sigue diciendo que era lo mejor, que Regina sigue siendo la Reina Malvada, que está llena de oscuridad y no sé qué otras tantas estupideces - se limpió la nariz con el dorso de la mano derecha.
David apretó los labios y asintió en señal de entendimiento. Tal parecía que la princesa no daría marcha atrás con su postura
- Tink dice que las Hadas juzgarán a Azul, pero que Regina debe decidir qué pasará con ella - se mordió brevemente el labio inferior - Y creo que debe ser lo mismo con Snow - metió las manos a los bolsillos de su chaqueta roja
- Mañana lo resolveremos - aseguró - Este día no quiero saber nada de ninguna de ellas dos. Sólo quiero que Regina tenga un poco de paz y tranquilidad después de todo lo que sucedió - explicó - Y no me siento preparado para alejarme de ella - confesó soltando un suspiro, dejando en claro que no iría a ningún lado por el momento
- Está bien - acordó la rubia comprendiendo - A Snow no le vendrá mal pasar una noche en la comisaría pensando en lo que hizo - sonrió con tristeza y nostalgia - Me iré. August me está esperando en el auto - y abrazó de nuevo al príncipe - Te quiero, papá - suspiró y se separó de él - Perdona por haberte presionado y juzgado por tu actitud ante el supuesto embarazo, pero no quería que no quisieras a la bebé - habló algo rápido y ansiosa sintiéndose culpable por su demandante comportamiento
- Lo sé - le sonrió un poco de medio lado entiendo a su hija. Sabía que jamás actuó de mala fe - También te quiero - la tomó de la mejilla derecha y le besó la izquierda.
Se despidieron y David entró de nuevo a la Mansión.
A las pocas horas, Víctor llamó para informar que Regina estaba en perfecto estado de salud y tanto ella como David, respiraron tranquilos después de saberlo, porque aunque la reina no lo demostrara y se sintiera bien, también tenía la duda porque desde luego que no confiaba para nada en Azul.
Aunque tal parecía que cumplió con su palabra, se aseguró de que ella estuviera muy bien de salud pero sólo para que su lucecita naciera muy sana.
Y, después de haber estado mucho rato con su pequeño príncipe y su princesita mientras David se hacía cargo de proveer de lo necesario la Mansión, Regina se dispuso a tomar un largo y relajante baño.
No puso mucha agua porque bañaría a su lucecita junto con ella.
Se sentó en la lujosa y agradable bañera. Colocó una toallita suave sobre su regazo y ahí recostó a su pequeñita para luego taparla un poquito con la húmeda tela.
Sus manos, estaban sosteniendo la cabecita de su bebé
- Hermosa lucecita - comenzó a hablarle con mucho cariño y amor mientras la veía moverse - Al fin estás aquí conmigo - la levantó un poco para llenarle la carita de tiernos besos y era hermoso sentir las manitas de su hija sobre su rostro.
Fueron infinidad de baños en esa sobria habitación los que tomó, y recordaba con amor que fue ahí donde la sintió moverse por primera vez.
Había sido un sentimiento agridulce porque moría por sentirla, moría porque su vientre siguiera creciendo y ansiaba con nada que naciera pero al mismo tiempo moría de miedo porque sabía que se la iban a quitar.
Esperaba algún día poderse recuperar de esa espantosa sensación cuando vio a Snow llevársela
- Nunca nadie te volverá a apartar de mí. Te lo prometo - le besó la carita una vez más y la acunó ahora con su brazo izquierdo para alimentarla.
Y mientras su bebé comía tranquilamente, ella le lavaba con mucha delicadeza y amor el fino cabellito.
Después de asegurarse que la cocina estaba limpia y que había comida para el día siguiente, David se dispuso a poner todo en orden en la planta baja de la Mansión.
Cerró puertas y ventanas en un arranque un tanto paranoico porque algo malo sucediera de nuevo.
Sabía que no podía estar así toda la vida, pero de momento, se iba a permitir esa exageración. Acaba de recuperar a Regina y el sentimiento de angustia tras haberla perdido seguía ahí, instalado en su corazón
- No te vas a ir, ¿cierto? - la voz del adolescente le sacó de sus pensamientos haciéndole darse la vuelta para encararlo
- No - respondió con una pequeña sonrisa - Estoy por subir con tu mamá a la recamara - le dijo y Henry asintió.
Entonces recordó algo, metió la mano al bolsillo de su pantalón acercándose a él
- Aquí está tu llave - el príncipe se la extendió y él la tomó.
Eran las llaves de la Mansión, las que le pertenecían pero que David estuvo usando durante todos esos meses para estar de alguna forma cerca de la reina
- David… - le llamó algo inseguro - Siento mucho haberme portado así contigo - se disculpó por su comportamiento con él cuando se enteró que Snow estaba supuestamente embarazada
- Todo está bien, Henry - le colocó la mano derecha en el hombro izquierdo - Nos engañaron y nos separaron de tu mamá, pero ya está con nosotros. Eso es lo importante - lo jaló un poco hacia sí mismo con toda la intención de abrazarlo, pero el adolescente se le adelantó y se abrazó con fuerza a él.
Regina tenía a su bebé de nuevo sobre su regazo y sonreía enamorada con cada movimiento y sonidito de su bebé
- Con estos hermosos piecitos - comenzó a decirle viéndola mover las piernitas un poco - Me pateabas muy fuerte, lucecita - le dijo mientras se los lavaba
- ¿Se puede? - preguntó David asomándose por la puerta
- Sí - respondió Regina volteando a verle con una hermosa sonrisa en los labios.
Y el príncipe no pudo evitar suspirar enamorado y aliviado. Era indescriptible la hermosa sensación de saber que Regina estaba ahí después de todos esos horribles meses y era aún más maravilloso verla con la hijita de ambos que era además, producto del amor verdadero entre ellos.
Llegó hasta ellas y se hinco por fuera de la bañera
- ¿Cómo están mis bellezas? - preguntó alargando una mano para acariciar delicadamente la cabecita de su bebé
- Ya casi terminamos, ¿verdad, mi amor? - le preguntó a su pequeñita.
David se alzó un poco para darle un dulce beso a la dueña de su corazón
- Dámela para que termines - ofreció porque podía ver que Regina no tenía el cabello húmedo.
De hecho, lo llevaba en un moño que la hacía lucir muy, muy sexy…
No. No era momento de tener esos pensamientos.
Tomó la toalla que la reina había dejado para la bebé y se acercó de nuevo
- Ven con papá - le dijo a su princesita mientras la tomaba y la envolvía con la toalla.
Salió del baño y la recostó en la cama para luego comenzar a secarle el cabellito, pero para su sorpresa, la pequeñita comenzó a quejarse y amenazar con llorar
- Oh, ¿no te gusta que te seque? - preguntó divertido. La única vez que la había bañado con ayuda de Emma, su princesita no había llorado para nada - El pañal - dijo buscando dentro de la pañalera y encontró un chupete.
Se lo dio y la pequeñita de inmediato comenzó a succionar calmándose, así que David no tuvo problemas para ponerle el pañal.
Después buscó ropita y se dispuso a cambiarla. Cuando terminó, la levantó en brazos envolviéndola con una calientita manta sentándose en la cama
- Te amo tanto princesita - le besó la cabecita mientras la pequeñita se quedaba dormida - Ya estás con mami y papi - susurró con amor.
Alzó la mirada para encontrarse con que frente a él, estaba Regina ya vestida con su pijama de seda gris y el cabello perfectamente acomodado.
Le sonrió tenuemente cuando se miraron y luego se acercó hasta ellos. Se inclinó para besar a David quien no dudó en responder al beso con algo de intensidad.
La reina se separó de él jadeando un poquito y miró a la bebé de ambos que dormía pacíficamente entre los brazos del príncipe
- Henry te está esperando para que le des las buenas noches - informó besándole con ternura una mejilla
- Vuelvo enseguida - le dijo y él asintió.
Y con la confianza de que David estaba cuidando a la princesita de ambos, Regina salió de la habitación con dirección a la de su hijo.
Lo encontró leyendo cómics y no pudo evitar sonreír nostálgica
- Mamá - dejó su lectura y corrió a abrazarla otra vez.
Regina le abrazó por igual y le besó la cabeza repetidas veces.
No podía describir lo maravilloso que se sentía el estar otra vez en casa y con su hijo después de la horrible pesadilla que vivió.
Lo más bello de todo, es que ya no eran sólo ellos dos. Ahora estaban David y su hermosa lucecita.
Se separaron lo suficiente para verse a los ojos
- ¿Quieres que te lea? - le preguntó y su adolescente hijo negó sonriendo divertido - Cierto. Ya eres grande - bromeó
- Estoy feliz de que estés de vuelta y de saber que no me abandonaste - volvió a abrazarse a ella luchando contra las ganas de llorar de nuevo
- Nunca lo haría, Henry - le besó la cabeza mientras lo abrazaba también.
Regresó a su habitación algunos minutos después y se encontró con que David había acomodado un montón de almohadas en la orilla del lado de ella y ahí había acostado a su lucecita.
Él estaba enseguida de la bebé mirándola dormir con total adoración.
Y era realmente así.
El príncipe estaba ensimismado viendo a su hijita. A esa hermosa pequeñita que le había robado el corazón desde que la vio por primera vez y ahora no cabía de la felicidad al saber que en realidad había tenido a esa princesita con la mujer que amaba.
Era hija de Regina y suya, producto del amor verdadero entre ellos…
Apenas lo podía creer y no tenía palabras para describir la hermosa sensación que le llenaba por completo.
La hermosa figura de la bella reina en la entrada de la habitación llamó su atención.
Volteó a verla y le sonrió tenuemente mientras la veía acercarse a la cama por el lado donde él estaba recostado.
Y entonces, Regina se subió a la cama echándose sobre él, refugiándose entre sus brazos y pecho por lo que David no dudó en abrazarla con fuerza y dejarle besos en los perfumados cabellos.
Le acarició la espalda con mucha ternura y amor, llenándose de una maravillosa y reconfortante sensación al volverla a tener junto a él
- La caja con ingredientes en el comedor - Regina rompió el silencio de pronto.
El príncipe agradeció profundamente que lo haya hecho porque estaba a nada de preguntar qué era lo que había sucedido aquel horrible día
- La use para preparar una prueba de embarazo mágica - comenzó a relatar y por un segundo las caricias se detuvieron, pero casi al instante continuaron. Así que ella también decidió seguir - Tenía sospechas, pero estaba segura que era imposible. Por eso no dije nada - puntualizó porque sabía era una pregunta que David haría - Aún así me hice la prueba y dio positivo - una tenue sonrisa se dibujó en su bello rostro al recordar y sintió un largo besó en la cabeza junto con una mano acariciándole cariñosamente el cabello - Después de eso llegó Snow - su voz se tornó seria - Vino a pedirme que te dejara, clamando que yo te iba a hacer daño y que ustedes debían estar juntos - tomó aire profundamente - Porque tú querías muchos hijos y yo no podía dártelos, pero ella sí - hizo una pequeña pausa y entonces, se vio recostada en la cama y un poquito jalada más hacia la orilla, con David a su lado y un tanto sobre ella
- Lo único que necesitaba y sigo necesitando para ser feliz, eras tú - le besó en los labios con amor, pero también con algo de intensidad - Te amo a ti y sólo a ti - pegó su frente con la de ella mientras ambos jadeaban bajito - Nunca me importó lo de los hijos - aclaró con dientes ligeramente apretados por la justificada rabia e impotencia
- Lo sé - tomó el apuesto rostro del príncipe con ambas manos y le besó repetidas veces en la boca - Lo sé - se abrazó a él, rodeándole el cuello con los brazos y enterró el rostro justo ahí también.
David inhaló profundo y soltó el aire poco a poco al tiempo que veía a su princesita que seguía durmiendo tranquila. Cerró los ojos con dolor cuando la escuchó y sintió exhalar larga y entrecortada mente contra su cuello. Como si estuviera buscando algo de calma para sí misma
- Te extrañé tanto - habló con la voz quebrada y un horrible nudo en la garganta. El rostro contraído por el dolor que sentía por el recuerdo de todo ese interminable tiempo en el que estuvo cautiva y lejos de él
- Y yo a ti - respondió el príncipe sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas al escucharla - Mucho - enfatizó - Todo fue oscuridad sin ti - se separó un poco de ella para poderla ver a los ojos y oh… Se le partió el corazón al verla con los ojos vidriosos - Eres la luz de mi vida, Regina - se inclinó para capturar los tersos labios que respondieron sin demora alguna.
Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de ambos mientras se seguían besando con total entrega y amor, pero también con desesperación por todos esos meses que estuvieron separados. Era como si de alguna forma quisieran recuperar el tiempo perdido que sabían bien era imposible.
Regina suspiró entrecortadamente cuando David dejó sus labios y le besó con ternura la punta de la nariz haciéndola sonreír levemente.
Abrió los ojos para encontrarse con la azul y comprensiva mirada del hombre que amaba. Lo hizo cerrar los ojos cuando le acarició la mejilla izquierda.
Después se alzó un poco, indicándole con ello que deseaba salir de debajo de él. Se acercó un poco a su bebé para poderla levantar en brazos y luego, se acomodó con toda la intención de recargarse en la cómoda cabecera, pero los brazos de David estaban más que listos para recibirla.
La abrazó y besó en la cabeza cuando la tuvo de espaldas contra él
- Todo fue oscuridad sin ti también, David - dijo mientras admiraba a su hijita que seguía durmiendo pacíficamente - Por momentos sentía que me asfixiaba, que me consumía y temía perderme de nuevo ahí - se pegó un poco más a la cálida figura del príncipe que de inmediato le aferró más entre los fuertes brazos que le sostenían a ella y a la bebita de ambos - Ella fue como una pequeña lucecita en medio de toda esa horrible oscuridad - relamió sus labios y se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.
Escuchó una pequeña risa por parte de David
- Por eso la llamas lucecita - afirmó al comprender ahora. La vio asentir
- Nunca perdí la esperanza de que me encontraras y que algún día volvería a estar contigo y Henry, pero nuestra bebé me ayudó a no darme por vencida y a no perderme en la oscuridad - alzó el rostro para poderlo mirar desde su posición.
David le sonrió con amor. Con una mano acarició la cabecita de su bebé mientras besaba a Regina con adoración
- También fue una pequeña luz para mí - confesó el príncipe volteando a ver a su hijita - Estaba muy confundido y enojado por el supuesto embarazo de Snow - apretó la mandíbula con coraje - Admito que me costó mucho hacerme a la idea de que vendría al mundo y… me negaba a aceptar que era mía - dolió de alguna forma hacer esa confesión. No podía frenar el sentimiento de culpa que le invadía - y cuando la vi...- inhaló profundo y soltó el aire - Simplemente lo supe. Era mía y la amé a pesar de todo - se mordió un segundo el labio inferior - Traté de negarlo porque primero quería estar seguro que realmente fuera mía, pero me robó el corazón en un instante - una pequeña pero hermosa sonrisa se dibujó en su apuesto rostro. Bajó la mirada al tiempo que ella la alzaba - Tal cual lo hiciste tú - sonrió más ampliamente y la besó una vez más en los labios con ternura
- Siento mucho que tuvieras que pasar por eso - dijo Regina cerrando los ojos al sentir la frente de David contra la suya
- No más de lo que yo lamento profundamente lo que tú tuviste que pasar ahí, encerrada y sola - argumentó con coraje una vez más
- No estaba completamente sola - la reina volteó a ver a su lucecita - Ella estuvo conmigo y me emocionaba mucho ver mi vientre crecer, sentirla e imaginar cómo sería - relató con ilusión impregnada en la voz - pero al mismo tiempo moría de miedo y angustia al saber que me la iban a quitar - sintió que la garganta se le apretaba al decir eso.
Al escucharla, David maldijo mentalmente a su ex esposa y al hada azul una vez más. Le hervía la sangre en furia al saber que no sólo tuvieron a Regina encerrada estando embarazada, sino que además, durante todo ese tiempo, la estuvieron amenazando y atormentando con quitarle a la bebé cuando naciera
- El único consuelo que tenía era que nuestro bebé estaría contigo - se acurrucó más contra él
- Lo daría todo por volver el tiempo atrás y evitar que vivieras ese horrible momento - le besó la cabeza mientras la aferraba más entre sus brazos.
Regina asintió con la cabeza al escuchar las sinceras palabras de David y es que nada de lo sucedido era culpa de ellos, pero lo entendía a la perfección porque ella se sentía igual
- Ya estamos juntos - le recordó la reina. Alzó de nuevo el rostro para besarle la mandíbula - Estoy en casa, contigo y mis dos hijos. No puedo pedir nada más - habló bajito pero sabiendo que él la estaba escuchando perfectamente
- Tampoco yo - respondió y es que era verdad.
Sí, sentía mucha rabia y coraje porque lo que les tocó vivir, pero también era verdad que el hecho de estar juntos y con una princesita, que parecía estar despertando, le hacía querer olvidar y dejar todo eso atrás para poder vivir una vida plena y llena de felicidad junto a Regina, su pequeñita, Henry y Emma
- Lucecita - la dulce voz de la reina hablándole a su hijita se dejó escuchar y David simplemente suspiró enamorado.
Ambos miraron con ojos llenos de amor a la bebé que se estiraba lo mejor que podía entre los brazos de su madre. Después bostezó y pareció volverse a quedar dormida sin más provocando una tierna sonrisa en sus padres
- No te quiero contar todo lo que lloró estando con Snow - dijo el príncipe negando un poco con su cabeza al recordar - Era como si no la soportara - le contó con algo de extrañamiento en la voz
- Digna hija mía. No podía ser de otra forma - habló muy orgullosa de su pequeñita mientras la miraba
- Claro - rio un poco por el comentario.
De pronto tuvo la mirada consternada de Regina sobre él
- ¿La lastimó? - preguntó preocupada y una cálida mano le estuvo acariciando la mejilla derecha de inmediato
- No - aseguró - No fue maternal con ella, pero tampoco le hizo daño. Me estuvo llamando a mí para que le ayudara a cuidarla - se apresuró a decirle para tranquilizarla y estuvo satisfecho al verla asentir
- Lo siento tanto, lucecita - se agachó un poco al tiempo que alzaba a su bebé para darle un besito en la pequeña frente
- ¿Cómo la vamos a llamar? - preguntó el príncipe mirando a sus dos bellezas - Por más que suene lindo, no se puede llamar lucecita - argumentó divertido.
Regina soltó una suave risa al escucharlo porque tenía toda la razón. Lucecita era un apodo lindo, especial y muy significativo pero definitivamente no era un nombre para una hija suya
- ¿Tienes alguno en mente? - le preguntó volteando a verle - La verdad es que pensé varias veces en el nombre, pero nunca me decidí - le contó y es que era un tanto complicado puesto que ni siquiera supo el sexo de su bebé
- No - respondió y comenzó a acariciarle la espalda a la reina - Me siento un poco culpable porque nunca me detuve a pensar en el nombre - se sinceró.
Regina asintió a modo de entendimiento. Sabía por el par de arpías lo que hicieron para hacerle creer al príncipe que realmente tendría un hijo con la princesa.
Oh Dios, no podía esperar por cobrarles un poco de lo que les habían hecho.
Sin embargo, de momento lo más importante era el nombre de su pequeña lucecita que era además una princesa.
Se mordió brevemente el labio inferior pensando en los nombres que más le gustan de esa pequeña lista mental que tenía desde siempre y que se afinó durante el encierro. Miró con detenimiento la bella carita de su princesita y entonces lo supo
- Charlotte - sonrió emocionada al llamarla así
- Charlotte - repitió David y es que le encantó como se escuchó de la boca de su amada reina
- ¿Te gusta? - preguntó Regina, aunque estaba firme en que ese era el nombre perfecto para su lucecita
- Me encanta - respondió el príncipe dejándole un beso largo y protector en la cabeza.
Emocionado, el príncipe dejó de abrazar a la reina para pedirle silenciosamente que le dejara sostener a su hijita. En cuanto la tuvo acunada en el brazo izquierdo, Regina se abrazó a él, así que la envolvió con el brazo derecho
- Charlotte - Regina pronunció el nombre de su lucecita una vez más mientras le acariciaba una de las manitas.
Cerró los ojos abrazándose más al príncipe, permitiéndose disfrutar plenamente de estar con el hombre que amaba y su recién nacida hija, sabiendo también que su pequeño príncipe estaba en otra de las habitaciones.
Y es que al fin, después de tantos meses de angustia, sufrimiento y desesperación estaba en casa, con su familia.
Se sentía plena y llena de luz.
La mañana llegó y encontró a Snow paseándose por la celda en donde estaba encerrada desde el día anterior.
No durmió nada. Estuvo toda la noche tratando de llamar inútilmente a Azul quien nunca apareció.
Aun así, no intentó escapar, porque seguía firme y convencida que no había hecho nada malo. Hizo lo correcto, por David, por Emma y por la insoportable niña que la Reina Malvada había traído al mundo.
Deberían estar agradecidos con ella. Estuvo dispuesta a darle una buena vida lejos de la oscuridad de Regina. Se suponía que haría la buena acción de criarla como suya y no podía entender cómo es que Emma la estaba acusando de habérsela robado cuando lo único que hizo fue apartarla de todo mal y llevarla a casa, con ella y con David, que era el padre y quien por ser un héroe tenía todo el derecho sobre esa criatura antes que la Reina Malvada.
Ella no era la mala de esa historia y Azul estaba de acuerdo en ello.
Era Regina, como siempre…
El sonido de unas imponentes pisadas interrumpió sus pensamientos. Se acercó un poco a las rejas mirando hacia la entrada del pasillo, sintiendo cómo poco a poco la invadía una extraña sensación de terror que recordaba muy bien de sus días en el bosque encantado.
Contuvo el aliento al tiempo que un escalofrío le recorría la espina dorsal haciéndola estremecer
- Regina… - susurró espantada.
