De picnic/en el campo
…
(…)
Era un bello día de primavera.
Los pajaritos cantaban alegres sobre los árboles, mientras el aire fresco soplaba lento sacudiendo las hojas de éstos.
A lo lejos, se podía observar a una pareja caminando tranquilamente. Seguían un sendero de piedra. La mujer llevaba consigo una canasta con lo que parecía tener comida, ya que desprendía una deliciosos aroma. El hombre a su lado traía una mochila con una manta roja adentro y algunas bebidas.
Ambos, finalmente llegaron al final, y la vista de ambos se abrillantó con lo que se toparon:
Era un enorme campo de flores, todas de diferentes colores. Era una imagen preciosa la cual quedaría grabada por mucho en la mente de ambos.
—Hinata, ¿vamos?
—Vamos, Naruto-kun.
Tomándose de las manos, dieron rumbo a aquel hermoso claro. Al llegar a un punto medio del lugar, se dispusieron a dar marcha a su pequeño picnic.
Arreglaron las cosas, y sacaron la comida del cesto, primero poniendo la manta y así, finalmente, sentados uno al lado del otro se dispusieron a consumir lo que traían.
—¡Esto está delicioso, Hinata! Eres maravillosa con la comida, tus manos parecen mágicas.— exclamaba el rubio rebosante de felicidad, mientras una Hinata toda roja sonreía tiernamente al hombre frente a ella.
—Me alegra que te guste, Naruto-kun.
Seguían degustando la comida hecha por la pelinegra. Entre risas y bromas y uno que otro beso por ahí, disfrutaban de aquel hermosos y agradable día.
Naruto sentía tanto amor por ella que sería capaz de dar su alma para protegerla de todo a toda costa.
Su ardía con la intensidad de mil soles y sabía que jamás se extinguiría, que lo que sentía no se iba a ir tan fácil, y por eso mismo le haría aquella propuesta a Hinata. Ahí mismo en ese precioso lugar.
Hinata pensaba que estar al lado del hombre que más amaba en la tierra era lo más gratificante del mundo.
Hinata amaba con su alma al de ojos azules, le parecía un ser perfecto para alguien imperfecto como ella. Pero realmente, todas las personas son imperfectas. Pero, a los ojos de ella, Naruto no se lo parecía.
Le encantaba estar siempre a su lado, disfrutaba de sus bromas y risas a diestra y siniestra y siempre se sentía cómoda con él.
Y ya no podía imaginarse un mundo sin Naruto Uzumaki. Eso le dolería demasiado.
En eso, Hkanta vió a Naruto levantarse y meter una mano en su bolsillo. Solo se le quedó viendo, a la expectativa.
—¿Naruto-kun…?
—Hinata-chan, yo… La verdad no tengo palabras para expresar lo mucho que te amo, y, que justo en este momento soy un manojo de nervios — apoyó una rodilla en la manta la dejó libre, mientras sacaba una cajita de terciopelo de su pantalón.
El corazón de Hinata comenzó a latir desenfrenado, esperando lo que se avecinaba.
—Hinata-chan, amo todo de ti, amo tu personalidad, tu piel, tu olor, tus ojos… Esos ojos perlas que le hacen perder y me dejan atontado, más de lo que ya soy… Hinata-chan…—justo en eso momento abrió la cajita y dijo:
— ¿Me concederías el honor de ser mi esposa?
(…)
Muy bien, ame como escribí esto.
Me encantó dejarlo así, en suspenso.
Ese era el final que tenía pensado para este tema.
No me odien u_u
Pero pueden imaginarse ustedes que pudo pasar…
Bueno, sin más que agregar, espero que haya sido de su agrado este capítulo como lo fue para mí .
uwu
