Almas gemelas

(…)

Algunas personas piensan que es pura imaginación.

Otras que no existe tal cosa.

Pero, es bien sabido, por una pequeña parte de la población, que las almas gemelas existen.

Existen entre nosotros, caminando a nuestro lado, hablando con nosotros, sólo que no la percatamos de ello.

Para Naruto y Hinata fue casi lo mismo…

Naruto Uzumaki creía que tal cosa no existía, que era pura tontería. Es más, el nunca se imaginó enamorado ni mucho menos de un alma gemela.

Naruto vivió toda su vida alejado de la peste llamada amor. A él jamás le interesó en absoluto enamorarse de alguien. Solo iba de flor en flor, sin sentir nada más que deseo, más no amor.

Vivió su infancia como si de un infierno se tratase. Sus padres adoptivos lo odiaban, a tal punto de dejarlo solo en la casa sin comer y encerrado en su cuarto. Es por esto mismo que Naruto no cree en esas asquerosidades. Jamás se le ablandó el corazón, ni cuando se enteró de la muerte de sus padres adoptivos, por él , que se pudrieran en el infierno.

Hasta que un día, una mañana en la universidad, todo lo cambió. En cuanto la vio, sintió que ya se habían conocido desde antes, sentía como si una energía enorme se expandiera sobre ellos. Naruto estuvo pensando mucho tiempo en aquella chica. No podía olvidarla, el sentía que debía de conocerla. Aunque, en el fondo, sintiera miedo a poder amar. Pero con ella, con Hinata Hyuga, había algo que lo hacía delirar.

Hinata Hyuga, la hija de un magnate empresario, siempre fue la segunda. Era como un cero a la izquierda por su padre. Ella siempre de sintió como un estorbo a su lado. Creía que Hanabi era la mejor, más bonita, más inteligente. Y su padre la adoraba, denigrando y humillando a pelinegra.

A pesar del odio y repudio de su padre, por no sobrepasar sus expectativas, ella creía profundamente en poder amar algún día a alguien. Y que ese alguien la pudiera sacar de aquel agujero negro en el que siempre había estado, por su padre.

Hinata pendaba que lo mejor era irse de la casa, así que, un día, después de cumplir la mayoría de edad, salió de su casa para nunca más volver. Le prometió a su hermanita que se verían de vez en cuando, pero que si padre jamás sabría de Hinata, por todo lo que le hizo desde la infancia.

Hinata, se fue mejor, voló cual pájaro que, al ver la jaula abierta, alza el vuelo y muy alto, sin mirar abajo, sintiéndose finalmente libre.

La Hyuga, era conocida como una bella chica, tímida pero noble. Sumamente bella, aunque ella dijera lo contrario.

Un día, Hinata iba caminando tranquilamente, con libros en la mano y la mochila en su hombro, hasta que lo vislumbró:

Era hermoso, guapo, encantador. Cuando los ojos de ambos conectaron, parecía como si el tiempo se hubiera detenido y ella sintió, extrañamente, que ya lo conocía y se pregunto ¿De dónde? Más respuesta no hubo.

La fémina no podía quitarse aquella mirada azul de la cabeza. Algo en su ser le decís que tenía que hablar con él. Pero su timidez, en parte, de lo impedía. No quería ser una molestia para alguien tan hermoso, y de seguro, muy popular.

Pasaron los días, semanas, hasta su segundo encuentro.

Hinata iba caminando cabizbaja, ya que, la noche anterior había recibido una llamada de su hermana, que la extrañaba y ella se sentía un poco triste por no poderla ver. No se dió cuenta cuanto había caminado, hasta que chocó contra algo, o más bien alguien.

—P-perdón… No sabía por dónde miraba—el desconocido se dio la vuelta, enojado por aquello hasta que se topó con aquella mirada alunada. Su semblante cambió y dijo:

—Tranquila, ¿estás bien?— hasta a él se le hacía raro ese comportamiento, normalmente Naruto era muy tosco, pero al verla, algo en él se ablandó.

—S-si, ¿tú estás bien?

—Claro…—Pensaba en si decirle o no. Pero Naruto se moría por preguntarle su nombre, hasta que por fin se decidió—oye, disculpa, ¿podría saber tu nombre?

No sabe de dónde sacó el valor de hacer tal cosa, pero algo en él le decía que estaba haciendo lo correcto.

—H-Hinata… Hinata Hyuga—y como ella tampoco quería quedarse atrás, las palabras le salieron, como si nada.—tú ¿Cómo te llamas? Por cierto.

—Oh, Naruto Uzumaki. Un placer— inconscientemente una enorme sonrisa apareció en aquel rostro bronceado con tres marquitas en la casa, haciendo estragos en el corazón de la chica frente a él.

—I-igualmente.

Y, lo que comenzó como algo espontáneo, fue dándose forma de la manera más tierna posible.

Hinata creía, fervientemente, en las almas gemelas, y algo en ella le decía que Naruto era una de ellas.

(…)

Bueno, espero que les haya gustado.

A mí en lo personal si me gustó, ahora sí, como me quedó XD

Aunque pensaba en ponerle más, siento que hubiera sido innecesario.

En fin, espero lo disfruten, tanto como yo.

uwu