Disclaimer:
Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.
Estas son una serie de historias cortas no relacionadas entre sí, en su mayoría sobre Gabriel y Belcebú, pero también habrá la aparición de otras parejas.
Amuleto
La primera guerra entre ángeles y demonios había finalizado, hubo bajas por ambas partes y en el campo de batalla no quedaban más que las cenizas de los que fueron sus compañeros y excompañeros.
El recién proclamado Arcángel Gabriel caminaba entre los restos de la batalla, con tristeza pensaba en los días cuando todos sus hermanos ángeles eran felices en la alabanza a Dios, antes de la caída…
"¿Dónde está?"
Escuchó una voz no muy lejos.
"No pudo hacer ido muy lejos… ¿O sí?"
El servidor de Dios se dirigió hacia ella, se asomó cautelosamente detrás de un túmulo de tierra y observó.
"¿Cómo puedo ser tan torpe? ¡Soy un príncipe del infierno, maldita sea!"
Escuchar aquella expresión le hizo darse cuenta de que la criatura frente a él era un demonio, un ángel del señor jamás usaría tal vocabulario.
Se movió un poco tratando de observar mejor, y sin darse cuenta algo crujió debajo de él llamando la atención.
"¡¿Quién anda allí?!"
La pequeña figura giró con rapidez y atrapo al más alto quien dio unos pasos hacia atrás sorprendido.
"¡¿Quién eres y cómo te atreves a espiarme?!"
A pesar del tamaño la potencia con que le hablo hizo temblar al arcángel.
"Gabriel… Mi nombre es Gabriel, Arcángel y mensajero de Dios"
El rostro del demonio hizo una mueca de molestia y le miró con hostilidad.
"La guerra terminó ¿qué quieres aquí?"
Enderezándose en su lugar, el castaño observó mejor a su adversario, sus ropas estaban raídas y quemadas, al igual que su cabello y parte de su cuerpo. El caer se veía doloroso, pensó.
"Buscó sobrevivientes…"
Fue casi un murmullo, no había mucha esperanza en su voz.
"Ja… ¿Sobrevivientes? ¿Qué no estuviste en la batalla? ¿No escuchaste la orden del cielo e infierno? ¿No viste como el fuego infernal comenzó a consumirlo todo y después el agua cayendo como si fuese a inundar la tierra nuevamente?"
Lo había visto, lo había escuchado también, los gritos de sus hermanos, los arrepentimientos de sus adversarios, un escalofrío de culpa recorrió su columna.
"Aquí no queda nada…"
Aunque trataba de que las palabras sonarán amenazadoras la realidad es que había dolor en ellas, eran el eco de la pérdida.
"¿Entonces qué haces tú aquí?"
El demonio alzó la vista desconcertado, presto más atención a la figura frente a él, sus blancos atuendos característicos del cielo, su pulcro cabello y el lila de sus ojos.
"Eso no te incumbe…"
No agregó más y se alejó, se agacho en el piso y comenzó a escarbar entre la tierra y ceniza.
"Parece que buscas algo…"
Sin respuesta. Suspiró derrotado y se dio vuelta para irse de allí, pero se detuvo, miro nuevamente al demonio con frustración se acercó y comenzó a mover entre los restos.
"¡¿Qué estás haciendo?!"
Pregunto más curioso que hostil el pelinegro.
"Te ayudo a buscar, si me dijeras que es sería más rápido…"
"¡Nadie te pidió tu ayuda!"
El arcángel le ignoró y continúo en su labor.
"Somos enemigos…"
Agregó en voz baja el demonio
"Adversarios… Y la guerra terminó por ahora ¿Podrías decirme que buscamos? Tal vez a ti te guste llenarte de tierra, pero esto no es nada placentero…"
"Si lo encuentras te lo diré…"
El más alto bufó con molestia y masculló algo sobre manchar el templo que es su cuerpo. Pasaron así horas.
"Oye le hemos dado la vuelta a este lugar… Y aún no sé qué perdiste o siquiera si está aquí"
Las manos de Gabriel estaban llenas de barro, su ropa manchada del negro de las cenizas y su cabello despeinado por tanto movimiento.
"Es un amuleto…"
Respondió casi derrotado el demonio
"¿Qué es un amuleto?"
"Es un… Un objeto que te protege de los problemas…"
Mientras tengas el amor de Dios no necesitas algo como eso; fue lo que quiso decir el arcángel, pero se dio cuenta de la gravedad de sus palabras y se mantuvo en silencio.
"Era la última de mis plumas blancas… Mi último recuerdo del cielo… Y ahora se ha ido para siempre"
Un frío viento comenzó a rugir levantando el polvo y cubriendo las lágrimas que asomaron en los ojos del demonio.
"¿Una pluma?"
Gabriel extendió sus alas, eran ahora el par más hermoso en el cielo, sólo superadas por las de Lucifer, con ellas cubrió el cuerpo delgado de su adversario quien titiritaba de frío.
"Te doy una de las mías... No será igual, pero es un recuerdo del cielo"
Extendió su mano con una larga pluma blanca con lila, era tan suave al tacto que el demonio temía que se fuera a destruir al sostenerla.
"Tengo que irme… No se supone que me quedará tanto… Nos vemos"
El arcángel extendió sus alas y se lanzó hacia arriba.
"¡Belcebú! ¡Mi nombre es Belcebú, príncipe del infierno!"
"¡Un gusto Belcebú! ¡Hasta la próxima!"
Así se marchó, dejando a Belcebú acogiendo en su pecho aquel regalo, pasarían cientos de años antes de que volviesen a encontrarse, ambos habían cambiado, los títulos del demonio crecieron al igual que su reputación, no sabía si aquel arcángel engreído lo recordaba, pero él aún guardaba con recelo aquella blanca pluma, era su amuleto y su tesoro más preciado.
Espero que lo hayan disfrutado y cualquier comentario es bienvenido, muchas gracias por leer, un beso y abrazo.
