Disclaimer:
Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.
Estas son una serie de historias cortas no relacionadas entre sí, en su mayoría sobre Gabriel y Belcebú, pero también habrá la aparición de otras parejas.
14 veces que empecé a quererte
Brillo
—¿Podrías parar con eso?
Preguntó Belcebú quien estaba escondiéndose detrás de un arbusto al lado del arcángel Gabriel.
—¿Parar con qué?
—¡Eso! —Indicó con molestia el demonio—¡Eso que haces!
—En verdad no tengo idea a lo que te refieres…
El pelinegro rodó los ojos y se movió incomodo en su lugar.
—¡Ese brillo angelical que tienes Gabriel! ¡Es molesto y hará que nos descubran!
El más alto miró hacia su compañero sin entender a lo que se refería, revisó su corporación, pero no encontró nada anormal en ella.
—No estoy emitiendo ningún brillo Belcebú… Si así fuera Azirafel ya lo hubiera notado…
El castaño volvió a su labor de vigilancia mientras el señor de las moscas gruñía para sus adentros, no podía apartar la vista del arcángel, sentía como todo aquel brillo le llamaba y no lo dejaba concentrarse, estaba seguro de que era a propósito.
Toque
—Llegas tarde —Indicó Gabriel con molestia— Tengo una hora esperando…
—Pero llegué ¿no? —Interrumpió el pelinegro—¿Qué están haciendo? ¿De nuevo cenando? Son más glotones que yo…
Belcebú tomo asiento al lado del arcángel, no midió correctamente el espacio entre ellos y su mano rozó con la del mensajero de Dios.
—¿Q-qué hiciste? —Preguntó el castaño apartándose con temor.
—¿Qué hice de qué?
—Justo ahora… Tu mano me toco y…
—¿Y?
—S-se sintió extraño… Fue como una descarga eléctrica, quemaba y dolía…
—Soy un demonio, mi tacto quema…
—¿Lo hace?
Belcebú rodó los ojos y se dedicó a la tediosa tarea de observar los movimientos de los traidores, Gabriel movió su mano y esta quedó a milímetros de la del demonio, cuando se volvieron a rozar, un escalofrío recorrió la columna del arcángel.
Rosas
—¡¿Dónde estabas?! —Le reclamó el pelinegro— ¡Tenemos una junta de actualización en veinte minutos y debemos revisar la presentación!
—Estará bien, al final de cuentas yo me encargué de ella…
El egocentrismo con que el arcángel habló le dieron ganas de golpearlo, pero el demonio pensó que desincorporarlo ahora sólo hará que tenga presentar solo los temas de la reunión.
—Date prisa y revisemos esa presentación…
—Si… Belcebú
—¡¿Qué quieres?!
—Encontré esto mientras venía hacia acá y creí que te gustaría…
Gabriel ofreció con indiferencia una rosa negra, no era artificial ni estaba pintada, era una verdadera rosa en color oscuro.
—¿De dónde sacaste esto? —Preguntó el demonio tomando la flor.
—T-te digo que lo encontré...
—No existen rosas negras en la naturaleza….
—¡¿V-vamos a revisar si o no esas diapositivas?!
El demonio examino la flor mientras el mensajero de Dios encendía la computadora, era muy bella y las espinas a su alrededor se veían peligrosas, decidió que le gustaba.
Gabriel miro de reojo la reacción de su compañero, se sintió orgulloso, había pasado semanas tratando de perfeccionar aquella rosa hasta que fuera lo suficientemente perfecta para mostrarla.
Lila
—Disculpe Lord —Indico Dagon entrando a la oficina de Belcebú— Aquí están los informes que solicito….
—Colócalos sobre el escritorio y llévate estos planes, están revisados y aprobados…
El demonio se acercó para tomar los archivos correspondientes, pero tardó más de lo necesario en irse lo que llamó la atención del señor de las moscas
—¿Pasa algo Dagon? —Le cuestionó el pelinegro.
—No mi Lord… Es solo que…
—¡¿Qué qué?!
—Q-que su oficina ha cambiado… Es decir, es…
—¡Es igual a la de siempre! ¡Ahora agradecería que te dieras prisa con esos archivos!
—¡S-si mi amo!
Dagon se marchó a toda velocidad y sin mirar atrás, lo que menos quería era levantar la ira de Belcebú por una nimiedad como el decorado de sus aposentos.
Al encontrarse sólo, el príncipe del infierno observó su oficina, acarició la suave tela que cubría su tronó y la comparo con las cortinas de la ventana y la alfombra en el piso y murmuró para sí mismo malhumorado.
—Sólo me gusta el color… Nada tiene que ver que coincida con sus ojos…
Plumas
Gabriel alzó la vista al cielo sin reconocer la figura, conforme se fue acercando se dio cuenta de que era el señor de las moscas Belcebú, ostentando un enorme par de alas negras.
—No sabía que podías volar —Indicó con sorpresa el castaño.
—Y puedo asegurar que lo hago mejor que tú…
—¿Tus alas no fueron destruidas al caer? —Preguntó ignorando el comentario de su compañero.
—Si, luego sanaron y brotaron nuevamente, más poderosas y fuertes que antes.
"Y hermosas" pensó el arcángel, pero no lo dijo en voz alta, solo siguió observando aquellas plumas azabaches, tuvo que reprimir el instinto de enterrar su rostro en ellas.
—Vamos de una vez, entre más rápido terminemos esto mejor.
El demonio escondió el par de alas y se adelantó, esperando que Gabriel le alcanzará, este se dio la vuelta, pero antes se agacho para recoger algo del suelo, era una enorme pluma negra y suave.
—¡Date prisa!
Colocó el botín dentro de su sacó y se apresuró a alcanzar a su enemigo, al llegar de vuelta al cielo, acarició la pluma nuevamente y se preguntó si así se sentiría tocar la piel de Belcebú.
Repugnancia
—Dagon…
—Si mi lord…
—¿Crees que soy repugnante?
—¡Absolutamente mi señor!
Ante la respuesta Belcebú bufó con molestia, miró su figura frente al espejo, su traje completamente negro adornado con su característica banda roja que ostentaba sus medallas, su cara sucia llena de pus, el cabello desaliñado donde descansaba su fiel mosca, además de las cientos que zumbaban a su alrededor.
—Se hará tarde para la reunión mi lord…
La voz de Dagon le sacó de sus pensamientos, acomodo su traje y se encamino a la salida, Satanás había convocado una reunión con el cielo, llevando con él a Belcebú, Hastur y Dagon, del lado del cielo, Michael, Uriel, Gabriel y Sandalphon. Sería la primera vez que el arcángel mensajero le vería con su aspecto infernal.
—Un honor Michael —Saludó Satanás con una reverencia— Milenios sin verte…
—¡Cierra la boca y acabemos con esto!
Los demonios y ángeles se dispusieron a entrar, y cuando Gabriel pasó al lado de Belcebú el demonio desvió la mirada.
—Hola Geraldine —Saludó el castaño haciendo cariños a la mosca gigante— Te ves bien… Tú igual Belcebú, me gustan tus moscas.
—¿Qué?... ¡¿Cómo conoces a Geraldine?!
—Ella se escapa de vez en cuando a mi oficina, es bastante linda.
La criatura comenzó a zumbar de felicidad mientras se dejaba llevar por los mimos del arcángel.
—¡No es linda! ¡Es repugnante como los demonios!
—¿Repugnante? —Gabriel trató de mostrarse serio, pero la risa lo venció— No es repugnante, ni tu ni ella, son lindos… Además, el zumbido te queda bien.
Antes de poder reclamar algo, tuvieron que tomar asiento e iniciar la reunión, Belcebú mostró más confianza y sus moscas zumbaron alegres, sobre todo Geraldine quien a pesar de todo no se libró del reclamó de su amo horas más tarde.
Cumplido
—¿Q-qué dijiste? —Preguntó Gabriel algo incrédulo.
—Dije que tu informe estaba bien redactado, fue fácil leerlo.
—¿Te sientes bien Belcebú?
El demonio frunció el ceño con molestia.
—¡Me siento perfectamente! ¡¿Por qué cuestionas mi estado?!
—¡L-lo siento! Es que… Que tu hagas cumplidos es… Bueno es extraño —Se defendió el más alto avergonzado.
—¿Cumplidos? Eso no fue un cumplido cerebro de pájaro…
—¿No lo fue? —Preguntó con decepción el arcángel.
—Claro que no… Un cumplido es no sé… Que te diga que tus ojos son lindos o que tu corporación es bastante atractiva, que eres un excelente administrador… Cosas como esas son cumplidos… ¿Qué te pasa?
—¿Eh? N-no… No es nada…
—Eres tan difícil de tratar a veces…
El demonio continúo revisando los papeles frente a él mientras el arcángel trataba de ocultar su rostro sonrojado y su sonrisa boba, nunca pensó que Belcebú pensará esas cosas sobre él, ni mucho menos lo mucho que le afectaría escucharlas.
Junta de negocios
—¿Qué es todo esto Gabriel?
Belcebú apareció en el lugar donde el arcángel había designado su reunión, el sol ya se había ocultado y las estrellas los iluminaban desde arriba.
—Preparé todo para la reunión —Explicó el arcángel— toma asiento…
El demonio se acercó hasta la mesa ocupando una de las sillas, había una vela justa en medio y un vino (bastante costoso) se enfriaba en el hielo.
—¿Qué es ese sonido?
—La música ayuda a concentrarse.
El sonido eran violines, Belcebú los reconoció ya que muchos de quienes los tocaban estaban en el infierno, la música más que relajante parecía casi romántica.
—Gabriel…
—¿Sí?
—¿Habrá cena en esta junta de negocios?
—¿Quieres cenar?
—Estoy un poco hambriento si…
El arcángel chasqueó sus dedos en un milagro angelical apareciendo un plato de espagueti, pan y un suflé de chocolate.
—¿No comerás tú?
—No ensucio mi cuerpo con comida humana…
El demonio alzó los hombros y se dispuso a degustar el platillo mientras Gabriel fingía revisar unos documentos, la realidad era que le gustaba admirar el rostro de Belcebú iluminado por la luna.
Ángel
—¿Qué estás haciendo Uriel?
—Hola Gabriel, Metatron pidió los expedientes de los caídos los estoy archivando para llevárselos
El arcángel tomo despreocupadamente una de las carpetas, al abrirla se encontró con un querubín rodeado de abejas, libélulas, mariposas entre otros insectos.
—¿Quién es este? —Preguntó mostrando la foto.
—No lo sé… En realidad, no sé cómo se supone que los enlace con los demonios, tendré que reunirme con su archivista del infierno para obtener información… ¿Gabriel?
—¿Eh?
—¿Estás bien?
—Si… ¿Puedo quedarme con este?
—¿Por qué?
—Te ayudaré a clasificarlos, llevaré este y otros más
Tomo más carpetas y sin esperar respuestas volvió a su oficina. Colocó los folders sobre su escritorio y miró nuevamente la fotografía, reconoció entonces los profundos ojos azules, aquel negro cabello y la expresión de aburrimiento en el rostro.
—Belcebú…
Un par de horas después devolvió los documentos enlazando a cada caído con el demonio que era actualmente.
—Que extraño —Comentó Uriel revisando los documentos— Falta uno… ¿Estás seguro de que entregaste todos?
—Los importantes si…
El más alto se dio vuelta y salió de allí, mientras se aseguraba de que la fotografía del querubín siguiera resguardada dentro de su saco.
Miel
—¡No!
—Te gustará…
—¡No!
—¡Amas lo dulce! ¡Esto es lo más dulce que la naturaleza puede dar!
—¡Es un invento del cielo y me rehúso a probarlo!
—¿Cómo sabes que es del cielo?
"Porque yo lo cree" quiso contestar el demonio, pero prefirió no hondar en conversaciones sobre el pasado.
—¡Sólo lo sé!
—¿Y si yo lo pruebo primero? ¿Aceptarías?
—¡¿Estarías dispuesto a manchar el templo que es tu cuerpo?! —Exclamó con sorpresa el pelinegro.
—Técnicamente no lo mancharía porque es un material puro… Pero si así te convenzo
Antes de que el señor de las moscas pudiera volver a protestar, el arcángel tomo una cucharada de la sustancia dorada y viscosa llevándosela a la boca.
—Es demasiado dulce…
El demonio observó como la miel escapaba por la comisura de los labios del más alto y este queriendo limpiarlo sólo hacia un caos más grande, Belcebú pensó que lucía bastante apetecible.
—¿Quieres probarla?
—¿Eh?
—La miel… ¿Quieres probarla?
—Si…
Se acercó lentamente con la boca entreabierta y de repente sintió toda una explosión de dulzura en su boca, Gabriel le había dado a probar una cucharada.
—Buena ¿no?
El demonio asintió, aunque algo decepcionado, luego se avergonzó por sus pensamientos, pero no pudo apartar la vista de los labios del mensajero de Dios.
Infiltrarse
Gabriel se movía incomodo por el lugar, las ropas que había elegido para la ocasión le eran incomodas y apretaban, hubiera preferido no tener que haberse presentado en algo como aquello.
Usaba un pantalón negro pegado al cuerpo, una camisa lila y una chaqueta azul oscuro con las mangas enrolladas, sentía que era muy poca ropa la que lo cubría, pero era necesario para pasar desapercibido.
—Espero y Belcebú se dé prisa… —Murmuró con molestia.
—Tardaré lo que tenga que tardar cerebro de pájaro.
Al voltear para enfrentar a su compañero, la boca del arcángel cayó de sorpresa, si el sentía que mucha de su piel estaba expuesta, el atuendo de Belcebú parecía que no dejaba nada a la imaginación.
—Una mosca va a entrar en tu boca si no la cierras…
—¿N-nos vamos? —Respondió con la garganta seca.
El demonio rodó los ojos y se adelantó, entonces Gabriel miró con mayor atención, sus piernas estaban envueltas en unas medias de red que dejaban ver lo pálido de su piel, alzando la vista unos pantaloncillos muy cortos que apenas cubrían su trasero y más arriba un top que solo cubría la parte delantera dejando toda la espalda expuesta.
—¡¿Te podrías dar prisa?! —Gritó el pelinegro.
El arcángel salió de su aturdimiento y alcanzó a su compañero, el resto del día realizó algunos milagros contra aquellos humanos que atrapaba mirando demasiado tiempo al príncipe del infierno.
Arrullo
—Gabriel… ¡Oye Gabriel!
El arcángel se sacudió en su lugar abriendo los ojos, pasar tanto tiempo en la tierra estaba haciendo que su forma corpórea se adaptará a las rutinas humanas.
—L-lo siento… ¿Qué pasó?
—Te estabas quedando dormido —Le amonesto Belcebú— Y no pienses que voy a cargarte si eso pasa, te abandonaré aquí para que los animales salvajes te coman.
—Aquí sólo hay ardillas y mapaches —Contestó con un gran bostezo.
—¡Sólo mantente concentrado!
Quedaron en silencio durante un buen rato, hasta que Belcebú sintió un peso sobre su hombro, al voltear era la cabeza de Gabriel apoyada sobre él.
—¡¿Cómo te atreves?!
El príncipe del infierno estaba a punto de reclamar y soltar un puñetazo contra su compañero, pero era la primera vez que lo veía tan apacible y calmado.
—¡Sólo toleraré esto porque así no tengo que escuchar tu insufrible voz!
Con cuidado recostó al arcángel sobre sus piernas, fue casi un milagro que no lo despertará, el pecho del más alto subía y bajaba con tranquilidad, al parecer también se había acostumbrado a respirar.
El demonio acomodo sus cabellos y comenzó a tararear una canción de milenios atrás, ni siquiera recordaba la letra, sólo la melodía. En su regazó Gabriel sonrió y cayó en el sueño más profundo que jamás haya tenido.
Tentación
—¡Maldita sea! —Se quejó Belcebú quitándose el saco.
—¿Qué pasa?
—¡Mis ropas! Algo sucedió con mis milagros e invoque mal mi traje…
Después del saco el demonio comenzó a desabotonar su blusa en frente del arcángel, este rápidamente desvió la mirada, pero algo dentro de él le gritaba que voltease, era una voz que jamás había escuchado antes.
—¿P-por qué te quitas tus ropas? —Preguntó con miedo
—Son demasiado pequeñas, es incómodo…
"Un vistazo no dañara a nadie" Dijo nuevamente algo dentro de él "Vamos… Te esta tentando a ello… Solo una mirada y ya… Su piel es tan blanca y se ve tan suave" el mensajero de Dios agitó la cabeza tratando de desaparecer aquellos pensamientos.
—Es una ventaja que no use ropa interior…
Comentó despreocupadamente el demonio generando que Gabriel ahogará un grito de frustración y apretará sus piernas.
—¡Ten usa esto!
El castaño se quitó rápidamente el saco y lo arrojo hacia su adversario, dejo pasar unos minutos y miró de nuevo hacia el demonio.
—Es algo grande… Pero funcionará, al menos hasta que los milagros vuelvan a la normalidad… ¿Qué te pasa?
—N-nada…
El arcángel se excusó para alejarse un poco, hizo varios ejercicios de respiración hasta que sintió que su cuerpo volvía a la normalidad "Belcebú usando tus ropas sin nada debajo… Eso es aún más tentador" Susurró nuevamente la voz.
Distracción
—¿Crees que nos vieron?
—No lo sé…
—¿No puedes enviar a una de tus moscas a revisar?
—Crowley lo notaría…
—¡¿Qué hacemos ahora?!
—¡No lo sé!
—¡Escuché algo por aquí ángel! —Gritó Crowley no muy lejos de donde se encontraban Gabriel y Belcebú.
—¡Yo también lo oí querido!
El par de representantes del cielo e infierno se escondieron mejor en el hueco de la pared, se supone que su misión de observar a los traidores era altamente confidencial, si fallaban y eran descubiertos habría graves consecuencias.
—¿Ves algo ángel?
—Nada...
—¡Todo esto es tu culpa! —Reclamó Belcebú muy cerca del rostro del arcángel— ¡Si no hubieras asustado a ese gato no estaríamos aquí!
—¡No fue el gato lo que nos delató! —Se defendió el castaño quien tenía una posición incómoda agachado casi a la altura del demonio— ¡Fue que tu gritó de susto!
—¡¿Cómo te atreves?! ¡Yo no me asuste!
—¡Creo que hay alguien por la pared!
Al escuchar aquello, el príncipe del infierno y arcángel se miraron nerviosos, tenían que pensar en algo rápido o serían atrapados.
—Tengo una idea —Indicó el pelinegro— Pero tendrás que cooperar…
—¿Qué idea…?
Antes de acabar la oración, los labios del señor de las moscas estaban contra los de Gabriel, sus brazos rodeaban su cuello y tenía que pararse en las puntas de sus pies para alcanzar correctamente al más alto.
—Oh… Ángel creo que no son más que una pareja —Explicó algo avergonzado el demonio—Dejémosles solos…
Al escuchar aquello Belcebú se separó lentamente, pero antes de que pudiera hablar, el arcángel le tomo de la cintura y volvió a besarle.
Sus movimientos eran torpes y sus manos se aferraban con fuerza de sus caderas, el demonio profundizo más el beso introduciendo su lengua en la boca de su adversario y ganándose un gemido ahogado por parte de este.
Aunque en realidad no lo necesitaban, se separaron debido a la falta de aire, un fino hilo de saliva unía sus labios hinchados.
—F-fue una buena distracción —Dijo jadeante Gabriel
—La primera vez… Lo segundo no tengo idea que fue….
Se miraron largo rato sin moverse, luego volvieron a besarse, esta vez lenta y dulcemente, no estuvieron seguros cuál de los dos fue quien hizo el milagro que los llevo a una lujosa y espaciosa habitación en el Ritz.
Espero que lo hayan disfrutado y cualquier comentario es bienvenido, muchas gracias por leer, un beso y abrazo.
