Capítulo 17

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Alice Pov*

-Que te he dicho que no, Ángela no estaba por ningún lugar – dije por enésima vez –

-¿Cómo que no está Alice? – Rose bufo - ella tiene que estar – agregó como si fuera lo más obvio –

-Pues no, únicamente había una anciana dormida y un perro del infierno que termino rompiéndome el pantalón, ugh –

-¿Cómo es que hay una anciana viviendo en el departamento de Ángela?-

-¿Cómo voy a saberlo yo? – Apreté el volante con desesperación – cuando no me abrió, ocupe la llave de repuesto, ¡Además tuve que salir por una maldita venta!, ¿sabes lo peligroso que fue? –

-¿De qué hablas?

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*Inicio Flasback**

Golpee un par de veces pero nadie salió, estaba hace más de media hora parada en la maldita puerta, pensé que quizás podía ser el horario en que decidí venir, ugh era de madrugada y podía asegurar que no había nadie despierto en este edificio.

Me pare en la punta de los pies y corrí un poco el número 420 del departamento y en el compartimiento que había detrás estaban las llaves para emergencias como alguna vez dijo Ángela.

-Angie – susurre cuando entre al departamento – te advierto que espere a que me abrieras, pero como no te dignaste hacerlo entre por las mías – no recibí respuesta, seguí caminando hasta la estancia – si estas con un chico y te veo en algún acto pecaminoso no será mi culpa – refunfuñe pero nadie respondía –

Encendí la lámpara de pie para alumbrar un poco la estancia y cuando pude ver con más claridad sentí un escalofríos, los muebles de Ángela no estaban, los sillones en los que tantas veces vimos películas hasta la madrugada o donde dormí después de alguna borrachera del terror, eran reemplazados por unos de cuero color beige, horribles a decir verdad, los cuadros del estilo Angie ya no estaban, en su lugar había fotos familiares de gente que no había visto en mi puta vida, lo que si pude ver era el enorme televisor de mi amiga, no lo había movido de su lugar. Continué con mi recorrido, alumbrando mi camino con la pantalla de mi móvil y me metí a la habitación de huéspedes, me extraño ver muchas maletas cerradas y cajas apiladas unas encima de otras, cerré la puerta con mucho cuidado y fui a la habitación principal, la cama enorme de mi amiga seguía en su lugar con ella acostada en el centro, respire aliviada, al parecer mi amiga solo había cambiado el inmobiliario de la estancia y vaya regaño que le esperaba, me senté con cuidado en la cama para darle un susto pero… mi respiración se cortó… el susto me lo lleve yo…

-Mierda – me tape la boca y me volví a poner de pie, caminando lentamente hasta la pared, la de la cama no era mi amiga, era una mujer de al menos 67 años; a tientas tome el pomo de la puerta para largarme de aquí, pero… una cosita peluda y blanca gruñía amenazadoramente – fuchi, ve a dormir – la espantaba con mis manos y le susurraba lo más despacio que podía, no vaya a ser que la anciana despertara y yo terminara detenida por allanamiento de morada, pero el perro no se iba y comenzó a ladrar con más fuerza –

-Betunia – escuche una voz somnolienta – no es hora de ladrar – mierda, mierda, mierda –

Pude ver como la mujer se incorporaba en la cama restregándose los ojos, me apresure a esconderme detrás del sillón que había en una esquina de la habitación pero el maldito perro no dejaba de gruñirme y de ladrar, la mujer se puso de pie, no era de gran estatura y llevaba una camisa de dormir hasta el piso, su pelo estaba recogido con un gorro para dormir, se acuclilló muy cerca de mí y yo contuve la respiración.

-Ven aquí pequeña mañosa – la señora levanto en vilo al perro – tendrás que dormir en el sillón de la estancia – se dirigió a la puerta y la saco de la habitación – chica mala – agrego la señora y yo cerré los ojos rogando porque no se estuviera refiriendo a mí –

Escuche el característico sonido de la cama al recibir peso encima, la escuche acomodarse nuevamente y me quede quieta esperando a que se durmiera para poder marcharme de aquí.

Con cautela saque mi móvil y teclee un mensaje para Bella.

Aquí no está – AB

Espere su respuesta pero nunca llego; ya había pasado una hora desde que estaba sentada detrás del sofá y solo ahora podía escuchar los suaves ronquidos de la mujer, levante mi cabeza sobre el respaldo del sofá y efectivamente la anciana dormía plácidamente, me puse a gatas y comencé a gatear lentamente, cuando llegue a la puerta me puse de pie y salí despacio, cerrando la puerta sin hacer el menor ruido.

Camine lo más de prisa que pude por el pasillo, cuando llegue a la estancia apareció mi némesis gruñendo… demonios.

Si no se quitaba no podría llegar a la puerta.

-Quítate, chu – parecía una real tonta haciendo gestos y sonidos para que esa cosita minúscula se quitara, pero no me hacía ni un poco de caso, levante mis manos al cielo en señal de desesperación y el maldito perro se lanzó a mí, me agarro el pantalón y tiraba de mi con fuerza – no, no, no perrito que haces – sacudía mi pierna para que me soltará pero su agarre se intensificaba, sentí algo frio rozar la piel de mi pantorrilla, me corrí hacia atrás y la lámpara que estaba de pie junto a mi cayó al piso de manera ruidosa.

-¡Betunia! ¡¿Qué haces?! – grito la anciana desde la habitación y sentí como abrió la puerta, venía arrastrando los pies –

Sacudí mi pierna con mayor rudeza y el perro salió volando, ay no… me recrimine mentalmente, perdón perdón musite muchas veces, no es que me hiciera gracia ser cruel con un cachorro, pero este me lo estaba poniendo difícil, realmente difícil; me precipite a las ventanas que daban al balcón, abrí y cerré con cuidado y mire por el borde, sin pensarlo pase mis piernas al otro lado y quede colgando al vacío justo cuando las luces de la estancia se prendieron y el perro seguía ladrando en mi dirección, podía escuchar como la anciana reprendía al cachorro por la lámpara destrozada.

Poco a poco fui buscando apoyo para mis pies y mis manos y comencé a descender por la fachada del edificio, si señores por la fachada, literalmente colgando al vacío sobre los cuatro pisos del maldito departamento, las manos me temblaban, no podía dejar de pensar en mi bebé y en que si me caía mandaba al diablo todo, no resistiría una caída desde esta altura, o quizás yo sí pero mi bebé no.

-Concéntrate Alice – me hablaba para darme ánimos y no hacer una estupidez… ya estás haciendo una estupidez chica lista, recrimino la voz de mi conciencia – paso a paso, ya has hecho esto antes, solo ve con tranquilidad – continuaba dándome ánimos; sé que había hecho cosas así muchas veces antes, pero tenía más seguridad y no estaba embarazada duh –

Cuando llegue a tierra respire con alivio, limpie el sudor de mis manos en mi vaqueros y note que mi vaquero en la pantorrilla derecha tenía un hoyo enorme, seguramente era donde el cachorro mordió y tironeo a su antojo, bufe, me fui corriendo has encontrar mi auto y salir de aquí.

*Fin flashback**

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-¡¿Saliste por un balcón del cuarto piso?! – la voz de mi amiga resonó en todo el automóvil –

-¿Y cómo esperabas que saliera? – Suspire – era eso o que la anciana me viera y llamara a la policía, porque puedo asegurarte que no la golpearía para dejarla fuera de combate –

-Tenías más opciones Alice – podía jurar que mi amiga estaba apretando el tabique de su nariz, tal cual como hacia cuando estaba estresada, cansada o molesta –

-No había más opciones, créeme que ya tengo suficiente culpa por mandar a volar al cachorro – hice una mueca –

-Tú y tus métodos Alice –

-Infalibles lo sé – solté una risita intentando calmar los ánimos –

-Cuando Bella sepa querrá asesinarte por ponerte en riesgo de esa manera –

-Hablando de Bella, le he mandado mensajes y no me ha respondido, sé que es de madrugada pero…-

-Edward vino por ella hace al meno horas atrás – su tono de voz somnoliento y divertido me dejaba claro en que podía estar nuestra amiga en este momento –

-Ya decía yo que el cobrizo la haría perder el norte –

- ¿Dónde estás ahora? – cambio de tema la rubia –

-Casi llegando a la cabaña de Kachiri – ya me había internado en el camino rodeado de bosques y acantilados –

-Cuando llegues envíame un mensaje, yo veré de que otra forma puedo encontrar a Ángela, esto ya no me gusta nada –

-Créeme Rose a mí tampoco me gusta nada – me pase una mano por la cara – Ángela no se iría así como así, buscare la forma de rastrear sus últimos movimientos –

-Mañana veré la manera de llevarte algunas cosas a ti y a tu soldadito – esa última palabra la dijo con sorna –

-¡Ey! – gruñí de vuelta –

-Que ya me ha dicho Bella que ahora secuestran gente de los hospitales – soltó una risitas – Además no querrás imaginar cómo esta Carlisle y Esme con la noticia de la desaparición de Jasper, están que se los lleva el diablo – mi amiga soltó otra risita, hace mucho que ya no escuchaba reír a Rose y estaba cien por ciento segura de que no reiría mucho hasta que Emmett estuviera de vuelta y esto haya terminado –

- Ya veré yo como lo soluciono, tu descuida, tienes cosas más importantes – hice una mueca –

- ¿Cosas más importantes? – podía imaginar su delineada ceja alzada –

-Rose…- suspire – sé que Emmett saldrá de esta – lo dije sin pensar, ya no sabía cómo sacar el tema a paseo para que mi amiga pudiera desahogarse un poco –

-O salé o lo saco, de eso no tengas dudas – su voz era tajante – descansa duende – no quiso profundizar más en el tema y corto la llamada… ¿Qué habrá querido decir? –

Aparque el automóvil y baje rápido, ya podía ver como estaba amaneciendo, por primera vez en el día me sentí muy cansada y ansiosa por meterme a la cama. Al entrar a la cabaña todo estaba en silencio, el fuego tenía únicamente unas brazas, entre a la habitación que compartiría con Jasper, él estaba dormido, su pecho estaba descubierto, su brazo derecho estaba completamente vendado desde el hombro hasta su dedo pulgar por las heridas del accidente; comencé a quitarme la ropa, tome mi chándal y una camiseta de mangas largas.

-¿Por qué has tardado tanto Kate? – la voz de Jasper fue melodía tranquilizadora para mis oídos, pero a la vez algo se rompía en mi pecho, escuchar cómo me llamaba Kate, no hacía más que ocasionar un agujero en mi interior, ¿por qué recordaba a esa mujer y no a mí? ¿Por qué ya no me llamaba con esos apodos cariñosos y dulces? ¿Acaso si había llegado a sentir algo por ella? –

-Tenía unas cosas que arreglar cariño – mi voz sonó rota –

-¿Por qué estas triste? – se sentó en la cama y estiro su mano para que la tomara, lo cual hice sin dudar para estar junto a él –

-No estoy triste – me senté junto a él y con mi otra mano acaricie su mejilla – es solo que últimamente han pasado muchas cosas – una lagrima rodo por mi mejilla –

-Puedo reconocer la diferencia en tu voz – tiro suavemente de mi hasta que quede sobre él, me beso con ternura – quiero que estés bien – susurro en mis labios y explote, lo necesitaba

Intensifique el beso, acaricie su labio con mi lengua y lleve mis manos a sus cabellos, el rodo nuestros cuerpos hasta posicionarse entre mis piernas, me beso con deseo, con intensidad y una infinita ternura, acariciaba mi rostro, mi cuello, mi cintura y mis muslos con su particular toque malditamente lento, no hacía más que crecer mi deseo por él y las ganas de sentirlo completamente mío, poco a poco la ropa fue estorbando y la necesidad de sentirnos piel con piel era más grande a cada momento, cuando entro en mi de un solo movimiento gemí vergonzosamente, sus embestidas eran pausadas, no dejaba de besarme y no soltaba mi mano, era un sinfín de emociones y de sensaciones, éramos un desastre entre besos, caricias y pasión; cuando pude sentir que mi cuerpo y el suyo estaban en el clímax, me deje llevar, entre jadeos y gemidos.

-No sabes cuánto te amo mi Kate – se dejó caer agotado –

Me envolvió en sus brazos y yo me deje ir por el relajo que sentía mi cuerpo, sin embargo no pude evitar sentir que el vacío en mi pecho tomaba más lugar, para Jasper yo era su Kate…

¿Cómo demonios le diría que seríamos padres si ni siquiera me recordaba? ¿Cómo se le dices al hombre que más has amado en tu vida que no eres quien el cree? ¿En qué momento esto se salió tanto de control?... Sentí la respiración de Jasper cada vez más tranquila y yo… yo solo tenía unas ganas enormes de llorar, si bien podía ser feliz porque él estaba vivo, no podía dejar de sentirme triste porque no me recordara por quien era, o al menos por quien era cuando lo conocí… Alicia.

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Bella Pov**

Estaba acostada en uno de los sofás que tenía Edward en su habitación, estaba descalza y pasándome los dedos por el cabello, mi vestido estaba arrugado hasta los muslos y mis zapatos estaban tirados junto al sofá; él se había metido a la ducha hace unos minutos; un leve sonido de algo vibrando llamo mi atención, me puse de pie y camine hasta la mesita de noche que estaba junto a la cama de Edward, su celular no estaba vibrando, toque la pantalla y esta se encendió, no había mensajes ni llamas perdidas, sin embargo algo continuaba vibrando, abrí el cajón de la mesa y para mi sorpresa únicamente había fotos, de él y de Tanya, en algunas se estaban besando, en otras estaban tirados en una cama envueltos en sábanas… ugh, se me retorció el estómago, si bien Edward y yo nos habíamos enrollado un par de veces, nunca habíamos llegado hacerlo todo todo, y que quede claro que no era por falta de ganas, era porque siempre nos interrumpían o quedaba ebrio y yo no tendría sexo con un borracho que después no sabría ni mi nombre, además la lógica de cual era mi trabajo y que podía ser Edward me inundaban y me frenaba… así nunca llegaría a nada… maldita sea. Cuando volví a poner las fotos en su lugar algo volvió a vibrar insistentemente, abrí el cajón del todo y al presionar la base de este se abrió un compartimiento, había tres teléfonos celulares, contuve la respiración…¿por qué demonios a veces aparecían cosas que me hacían ver a Edward como un potencial mafioso? Mi estómago se encogió, el agua de la ducha dejo de correr y mire hacia la puerta del baño.

-Ana – la voz de Edward se escuchaba cerca, acomode todo en su lugar y cerré el mueble, corrí hasta el sofá en donde Edward me había dejado, me volvía estirar y cerré los ojos fingiendo dormir – ¿me he tardado demasiado? – pregunto muy cerca de mí –

-Solo un poco – forcé mi voz para que saliera un poco ronca y adormilada, me incorpore y lo recorrí con la mirada, dios… este hombre era el pecado en persona, llevaba unos pantalones de pijama holgados y el torso desnudo con pequeñas gotitas enmarcando su esculpida piel, tan blanca y tan tersa, me provocaba pasar mi lengua y besar a mi antojo… ¿yo quería hacer eso? Sentí mis mejillas enrojecer –

-¿Disfrutas la vista? – sonrió socarrón, y se alborotaba el cabello con la toalla – Porque yo si lo estoy haciendo -

- ¿no me digas? – sonreí coqueta –

- Me está costando el mundo no recorrer tus perfectas curvas – tiro la toalla al piso y camino hacia mí con lentitud – llegar hasta ese trasero respingón, quitarte la ropa sin delicadeza alguna, ¿y sabes que descubriría? –

-¿Qué descubrirías? – me puse de pie y di pasos sensuales hasta llegar a él… ¡Por dios! Lo deseaba tanto que sentía que temblaba de anticipación–

- Que disfrutarías eso tanto como yo – apoye mis manos en su torso desnudo y lo mire a través de mis pestañas –

-¿Tu lo crees? – comencé a caminar a su alrededor, sin dejar de tocar su piel, me detuve en su espalda y deje un beso suave, su piel se erizo –

- Tienes los mismos instintos que yo – se giró sin previo aviso y estampo su boca contra la mía, su lengua irrumpió de una manera embriagante en mi boca, yo seguí el ritmo de su beso sin complicaciones, lleve mis manos a su cuello y el llevo las suyas a mi espalda, descendió lentamente hasta llegar a mi trasero – quise hacer esto desde el día en que tuviste los pantalones para plantarme cara como nadie –

Comenzó a pasear su nariz por mis mejillas, se dirigió a mi cuello y pude sentir como su lengua hizo un delineado hasta llegar al lóbulo de mi oreja, gemí y pude sentir su sonrisa, le di acceso total a mi cuello para que siguiera mordisqueando y chupando a su antojo, me estaba dando descargas placenteras en todo el cuerpo, sentí como cierta parte de su anatomía se endurecía cada vez más, lleve mis manos su cabello y tironee de él un par de veces, el gimió en respuesta y eso no hizo más que encenderme; a tropezones nos guio hasta una de las columnas del dosel de la cama y me apretó contra ella.

-Dime que quieres – susurro en mi piel caliente –

-A ti – dije sin titubeos –

Fueron las palabras que necesito para hacer y deshacer como solo Edward Cullen sabía; me puso sobre mis pies y me dio la vuelta para bajar el zíper de mi vestido, lo dejo caer hasta el piso y recorrió mi columna con sus dedos, su toque era lento pero no mostraba indicios de detenerse, llevo sus manos hasta mis senos y los apretó con suavidad por encima del encaje, yo tire la cabeza hacia atrás gimiendo de puro placer, presiono su erección contra mi trasero y gruño; me di la vuelta y ataque su boca sin compasión alguna, me estaba muriendo por esto, la tensión entre nosotros, entre nuestros cuerpos era cada día más evidente; mordí su mentón con suavidad y lo empuje contra la cama, quedo completamente recostado, me subí encima de el a horcajadas, sus manos volaron a mi trasero y mi boca a su pecho, bese, lamí y mordí suavemente todo su torso, mientras lo hacía lo miraba entre mis pestañas, sus ojos estaban oscurecidos por el deseo, metí uno de mis dedos por el elástico de su pantalón y Edward gimió ruidosamente. Tiro de mis manos para recostarme y se puso de pie, me apoye en mis codos y vi claramente cómo se quitó el pantalón del pijama y su bóxer, yo estaba atenta a cada uno de sus movimientos mordiendo mis labios, en un ágil movimiento me incorporo y desabrocho mi sujetador, mis pechos quedaron pegados a su torso, únicamente me quedaban las braguitas; tomo mi cabello con suavidad y me miro a los ojos.

-Eres increíble Anabella – susurro muy despacio y yo sentí un pinchazo en mi corazón… Anabella

-Tu eres un desastre entre salvaje, bestial y ternura – apoye mi frente en su mentón y suspire, él se rió –

-Si quieres que esto quede hasta aquí solo tienes que decirme y…- no lo deje terminar de hablar y lo bese lentamente –

-Yo lo quiero todo – agregue, mientras que lo tiraba junto a mi hacia la cama –

Su tacto ya no era con desesperación como cuando empezamos, comenzó a ser más lento, más pausado, cada caricia iba seguida de un beso tierno; una de sus manos aferro una de las mías, mientras que la otra se deshacía de mis bragas, luego enrollo mi pierna en su cadera y me embistió sin piedad, ambos gemimos por la fricción de nuestros cuerpos, podía sentir el sudor de Edward, ver su rostro contraído por el placer y las sensaciones que estábamos experimentando, era realmente abrazador, no faltaron los besos, las miradas cómplices y los toques que encendía la piel de ambos.

Cuando Edward cayó exhausto junto a mí, me senté en la cama para vestirme y marcharme, sabía perfectamente que esto podía significarlo todo como también podía ser nada, únicamente una más en la lista de Edward, eso me causo un poco de dolor.

-¿Qué estás haciendo? – me retuvo por el brazo –

- Irme a mi habitación – dije como si fuera lo más obvio –

-No iras a ningún lado – tiro de mí hasta que termine recostada en su pecho, con las piernas entrelazadas – si estás pensando en que después de lo que pasó en esta habitación voy a dejar que te vayas, estas muy equivocada –

-Edward no es necesario, se cómo funciona esto – ugh, soné patética…quise levantarme otra vez y el volvió a detenerme, me sentó a horcajadas sobre él y puso su mano en mi nuca –

-Con otras chicas puedo ser un capullo y un gilipollas, pero contigo es diferente – sentí mi corazón detenerse – no puedes compararte con alguno de mis ligues de una noche o de un rato, eres más que eso Ana – hice una mueca ante la forma en que me llamo, precisamente ahora era cuando más odiaba no ser sincera con él – no puedo decir que estoy locamente enamorado, porque nunca lo he estado y no sé muy bien cómo funciona, pero puedo asegurarte que esto que está pasando va derechito a hacerme perder la cabeza por ti, me gustas demasiado, nunca tuve la necesidad de querer conocer cada cosa de alguien, en realidad de querer conocerte mejor que nadie, quiero que me conozcas y … - mi corazón latía desbocado, esto era probablemente lo más lindo que un chico me había dicho jamás y no me lo estaba diciendo a mí, se lo estaba diciendo a una Anabella que no existía; puse mi mano en sus labios y el me miraba asustado, igual que un niño pequeño –

-No sigas – sentí un nudo en mi garganta –

-Claro que voy a seguir – quito mi mano con suavidad – porque no pienso perderte por no tener los cojones de ir a por ti y hacer que te quedes junto a mí – tomo aire y acaricio mi mejilla – eres la chica más lista, más valiente y sexy que he conocido, eres una combinación explosiva – soltó una carcajada divertida y yo sonreí – sé que estoy siendo cursi como nunca en la vida lo he sido, pero sé que por ti valdrá la pena –

-Edward yo… - ¡¿Qué diablos le diría?! ¡¿Cómo se contesta a una declaración de casi amor, si sabes que no eres sincera ni con tu maldito nombre?! – No quiero apresurar las cosas, vamos despacio, han pasado tantas cosas que… veo todo tan frágil – sus ojos se opacaron; era el mejor momento para sacar a relucir lo que realmente estaba sintiendo y me empeñaba en ocultar… aquí vamos, me anime mentalmente – me gustas como no tienes idea, tampoco se mucho lo que es enamorarse porque nunca lo he estado, solo fueron relaciones fortuitas con las que no tuve mucha proyección – beso mis labios con suavidad – me vuelves loca con tan poco que hasta pienso que eres mi némesis – sonrió divertido y sus ojos brillaron nuevamente – vamos a darle la oportunidad a esto, pero con calma –

- Solo eso quiero Ana, que me des la oportunidad de hacer las cosa bien, de demostrarte que valdrá la pena y que puedo hacerte feliz – bese sus labios con efusividad, no podía creer que esto estuviera pasando, ya sabía yo que podía estar enamorada hasta las trancas, pero tenía que ir despacio –

- Prométeme que no harás estupideces Edward – apoye mi frente en la de él –

- No habrá más chicas, ni más líos innecesarios, ni experimentos extraños – sonreímos ambos – solo experimentare contigo en todos los aspectos – levante mi ceja – tienes potencial bomba sexy – solté una carcajada – Necesito que me prometas algo Anabella – me miro más serio –

-¿Qué cosa? – puse mis manos en su pecho –

- Nunca me vas a mentir, serás sincera por sobre todo – mi estómago se contrajo y deje caer mis manos – mi familia se destruye por mentiras y no quiero que eso nos pase a nosotros, no si vamos a intentar construir algo –

-Ed…-

-Promételo…- tomo mis mejillas y me beso –

-Lo prometo – ¡si señores, era la reina de la mentira y el descaro!

-Venga cariño, podemos descansar un poco más – me acomode junto a él y acaricio mis cabellos con lentitud –

Edward no tardo en quedarse dormido, sentía su respiración calmada y pausada, en cuanto a mi… mi conciencia no me dejaba en paz, necesitaba terminar con esto pronto, y además esperar a que Edward entendiera y me perdonara cuando todo esto acabará.

Cuando quise cerrar mis ojos para intentar dormir, volví a sentir el móvil vibrando, sin pensarlo demasiado, quite las manos del cobrizo de mi cintura con delicadeza, únicamente el hizo un mohín mientras dormía, me pareció tierno; busque mi teléfono móvil en todo el desorden de la habitación y una vez que lo tuve en mis manos, abrí el mueble otra vez con cuidado, saque el móvil que vibraba y lo conecte al mío, comencé a instalar el programa de duplicado, de esa manera podría tener acceso a toda la información, llamadas, mensajes y archivos de ese teléfono en el mío.

Revise rápidamente los otros dos teléfonos, uno estaba apagado y no tenía chip, y el otro era el teléfono celular de Emmett, repetí la acción, instale el programa de duplicado, espere que cargara y volví a dejarlo en su sitio, acomode todo de la misma manera y apague mi celular, me acomode junto a Edward y trate de dormir un poco más.

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-Edward necesito que…- ¡Mierda!, me senté de golpe en la cama al igual que el cobrizo - ¿Qué significa esto? – Esme hablo de manera fría –

-Mamá tienes que golpear – Edward se restregaba un ojo y yo me tapaba con las mantas avergonzada –

- Edward tienes 20 minutos para darte una ducha y marcharte a Cullen Enterprise y usted señorita Anabella – ironizo cuando me llamo señorita, pude notarlo – mi esposo la necesita en su despacho en este momento – dio media vuelta y cerro de un fuerte portazo –

- Demonios, mi alarma no sonó – me puse pie y me metí el vestido por la cabeza, sin ropa interior –

-Si vas a ir todo el día por ahí sin ropa interior, puedo asegurarte de que no podré tener mis manos lejos de ti – Edward camino hacia mí con una erección enorme, me sonroje y volví a mirar su rostro –

-No seas depravado, tu madre me ha asesinado con la mirada – sonreí a medias mientras recogía mis zapatos, mi ropa interior y mi móvil –

- Has corrompido a su bebé – me tomo por la nuca y me beso con fiereza – no sabes cómo me pone que respondas a mi tan deseosa como yo estoy de ti –

-Como no me quites las manos de encima, me despedirán – bese sus labios con un solo toque y corrí hacia la puerta –

- Te veo en un rato – fue lo último que escuche antes de salir corriendo por el pasillo –

Cuando estaba por llegar a las escaleras tiraron de mi brazo y me estamparon contra la pared.

-Cómo te vea nuevamente en la cama de Edward, te quedas sin trabajo – Esme parecía asesinarme con la mirada, lucia diferente, había vuelto a usar lentillas oscuras, porque sus ojos no eran verdes, eran color café –

-¿Qué sucede contigo?- me libere de un tirón brusco – Para ti no es novedad que yo este saliendo con tu hijo, como también muchas cosas más – agregue con los dientes apretados, me sentía molesta –

- Se lo que quieren las mujeres como tú, no volveré a decírtelo – se dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria… ¿mujeres como yo? ¿Qué quiso decir con eso?

- Esme – la llame y se detuvo –

-Señora Cullen para ti – me respondió sin voltearse a mirarme –

Que alguien me diga ¡¿Qué demonios acababa de pasar?!