Disclaimer:
Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.
Estas son una serie de historias cortas no relacionadas entre sí, en su mayoría sobre Gabriel y Belcebú, pero también habrá la aparición de otras parejas.
El crush celestial de Geraldine
—Esto es mucho peor de lo que pensé —Dijo Gabriel sentado en el escritorio frente a Belcebú—Primero el apocalipsis es suspendido y ahora nosotros tenemos que encargarnos de toneladas de papeleo ¿cuándo acabaremos? ¿dos mil, tres mil años?
El demonio bufo molesto, leyendo el informe delante de él, tratando de ignorar las quejas de su compañero.
—Y agrégale a eso que tenemos que reunirnos en el infierno ¿por qué tus sillas son tan incomodas? —Se movió con molestia el castaño— Y todo esta húmedo… Sabes podría mover algo de mis influencias y al menos arreglar tu oficina… Algo de iluminación, una alfombra sin manchas de dudosa procedencia…
—¡Por los cuernos de Satanás Gabriel! —Explotó el pelinegro— ¡¿Podrías trabajar en silencio?! ¡Esto es difícil para mí también y si usaras la energía que tienes para trabajar en vez de quejarte, terminaríamos más rápido!
El arcángel ofendido, solo hizo un puchero, murmuró entre dientes y volvió a concentrarse en los papeles que debía firmar.
Cuando llevaba un buen rato en silencio, un zumbido comenzó a sonar insistentemente, el mensajero lo ignoró, atribuyéndolo a las moscas que acompañaban a Belcebú, cuando se volvió más ruidoso y cercano alzo el rostro buscando a su alrededor sin poder ver a ninguno de los insectos característicos del príncipe del infierno, y al volver a agacharse fue que notó a la gran mosca negra de enormes ojos rojos apoyada justo en encima de su cabeza.
—¡Ahhh! —Gritó cayendo hacia atrás junto con su silla.
—¡¿Qué habíamos dicho?!
—¡No fui yo! ¡Tú mosca me ataco! —El díptero voló un poco para terminar aterrizando sobre el pecho del arcángel golpeándolo suavemente en la barbilla.
—¡Geraldine! —Le regaño el demonio— ¡Te enfermarás si te lo comes! ¡Vuelve aquí!
La aludida se giró hacia su amo, ladeando la cabeza e ignorándole por completo, para seguir acurrucándose contra el castaño.
—¡¿Acabas de rechazar una indicación directa jovencita?!
—Está bien…— Gabriel se incorporó tomando entre brazos a la criatura— No me molesta, solo me sorprendió un poco… ¿Quieres trabajar conmigo Geraldine?
En respuesta, la mosca zumbo y aleteo de arriba abajo, en lo que parecía un baile de felicidad, ante la mirada anonadada del pelinegro.
—¡Claro que no! —Belcebú corrió hasta tomar a su compañera, arrancándola de los brazos del más alto —¡Ella se queda conmigo y tú vuelve a tus labores!
—De acuerdo…— Rodó los ojos el castaño, acomodando su silla en inclinándose aburrido sobre la mesa.
—¡Bzzz! ¡Bzzzz! ¡Bzzz!
Geraldine salió volando, librándose del agarre de su amo, para terminar, golpeando contra la mejilla del mensajero de Dios, frotándose contra él.
—Creo que le agrado… —Sonrió el arcángel tomando a la mosca para acariciar su cabeza— Antes creía que lucías algo extraña, pero en verdad eres linda de cerca…
En respuesta, el díptero zumbó feliz aceptando con agrado los mimos y halagos, haciendo de cuenta que su señor no existía en aquella habitación.
—¡DAME A MI MOSCA DE VUELTA ARCÁNGEL GABRIEL! —Gritó el demonio con el rostro rojo de la vergüenza.
—Pues creo que yo le agrado más —Se burló el más alto sacando la lengua en dirección al pelinegro.
Gruñendo de enojo, Belcebú trono los dedos en un milagro que envió al mensajero a su oficina en el cielo.
—¡Y en cuanto a ti! —Regaño a Geraldine— ¡¿Ya estás contenta?! ¡Ahora tendré que hacer todo este papeleo por mí cuenta!
Pero la pequeña mosca solo zumbo triste por la pérdida del arcángel.
—Emm… ¿Mi señor? —Le llamó Dagon preocupada en medio de una presentación.
—¿Qué?
—Disculpe, pero… ¿Dónde está su mosca?
—¿Qué?
—Geraldine… ¿Dónde está ella?
Sin comprender a lo que el otro demonio se refería, Belcebú llevo sus manos hasta su cabeza para descubrir que su compañera no se encontraba allí.
—¡¿En qué momento…?!
—Le vi irse volando ya hace un buen rato, pensé que la envió a alguna clase de misión…
El Lord se excusó, y salió corriendo de la sala, dio vueltas por todo el infierno sin encontrar rastro de su mosca.
—¡¿Pero a dónde fue a meterse?! —Exclamó apretando los puños, hasta que una idea le llego de repente —Juro que si esta donde creo que esta voy a bañarla en agua bendita…
Tronó los dedos y sin avisar se materializó en el cielo.
—¡Gabriel! —Gritó empujando la puerta
—¡Shhhh! —Susurró el arcángel apuntando hacia su escritorio— Está dormida…
—¡¿Cómo que dormida?! —Se acercó hasta su traidora compañera, cuyos ojos permanecían cerrados y su respiración subía y bajaba lentamente —¡¿Qué significa esto?!
—Creo que está cansada…
—¡No eso! ¡Bueno eso también! ¡Pero me refiero a lo que está usando Geraldine de cama!
—Ah… —Exclamó el más alto sin darle importancia— Es mi bufanda, creí que tendría frío así que la arrope con ella…
Acarició a la criatura, quien solo se acurrucó más contra la suave tela, como si de su nido se tratase.
—Puedes dejarla aquí si quieres, y cuando despierte la llevaré de vuelta al infierno…
—¡De eso nada!
Belcebú tomo a su mosca y se apresuró a salir de allí, no sin antes lanzar de vuelta la bufanda al castaño. Lo último que Gabriel alcanzó a escuchar fueron los zumbidos de reclamos que lanzaba Geraldine contra su amo.
—De acuerdo Geraldine
Cuando el anuncio de otra reunión llegó, el príncipe del infierno decidió que era momento de tener una pequeña conversación con su compañera.
—Creo que entiendes muy bien mi papel aquí en el infierno ¿correcto?
—¿Bzzz? —Ladeo la cabeza la criatura.
—Bien… Ahora, como demonio se espera de mí cierto comportamiento de acuerdo a mi rango superior…
—¡Bzzz! —Agitó sus alas en señal de asentimiento.
—Y al ser tú mi compañero demoníaco tus acciones me afectan directamente tanto en mi imagen ante el infierno como mi reputación en el cielo…
—…
—Por tanto… Al tú ir a restregarte contra un arcángel nos hace quedar mal a ambos ¿entiendes?
—Bzzz… Bzzz
—¡No me importa que solo lo hagas con Gabriel! ¡No puedes hacerlo con nadie! ¡Y menos si es de allá arriba!
—Bzzz…
—¡¿Qué acabas de zumbar?! ¡Quise tomar esto de la manera más diplomática posible, pero si vas a actuar así entonces no vengas!
—¡Bzzz!
—¡Suficiente!
La pelea termino en un chasquido de dedos por parte del pelinegro, el cual le devolvió su apariencia demoníaca común, con forúnculos por el rostro y decenas de moscas volando a su alrededor.
—Yo quería ser justo Geraldine, pero no me dejas opción…
El enjambre se agito molesto sobre su cabeza, lo que el demonio ignoro y solo se dirigió a la salida del infierno, para llegar lo suficientemente tarde a su junta en el cielo.
—Oh… —Gabriel se levantó a recibirle, su sonrisa se desdibujo en decepción— Hoy no traes a Geraldine…
—No, hoy soy solo yo, ahora hay que darnos prisa porque tenemos millones de cosas por revisar, reprogramar y enviar…
Visiblemente desanimado, el castaño solo gimoteo en voz baja antes de ofrecerle un asiento al servidor del mal.
A diferencia de su oficina, las instalaciones de su contrincante estaban bien iluminada, contaban con aire acondicionado, y en vez de una incómoda silla termino instalándose en un mullido sofá que combinaba con la decoración, el demonio jamás admitiría que le parecía un mejor lugar para trabajar.
Parecía que por fin todo saldría bien para el príncipe del infierno, llevaban un buen rato en silencio, haciendo avanzar la pila de papeles frente a ellos y sin ninguna molesta intromisión, o al menos eso es lo que el pelinegro creía.
—Pjjj… Basta…
Belcebú ignoro el sonido de la voz del arcángel a su lado, concentrándose en el documento que leía.
—No… Eso hace cosquillas, deténganse…
Escuchó nuevamente al castaño, en lo que parecía una serie de carcajadas sofocadas.
—¿Pueden hacer algo así? A eso es lo que llamo sincronización… ¿Es ese un corazón?
El lord se giró de repente para encontrar a su enjambre de moscas alrededor del más alto, formando figuras y zumbando cerca de él para hacerlo reír.
—¡¿Qué crees que estás haciendo?! —El demonio saltó de su asiento y con ambas manos se encargó de disipar a los insectos.
—Sólo estábamos conversando… Además ¿no has escuchado que hacer reír a un arcángel hace crecer las flores?
—¡Tú cállate, Gabriel! —Con un milagro, Belcebú se deshizo de las moscas haciendo aparecer a Geraldine nuevamente —¡¿Qué pasa contigo?!
Con lo que asemejaba un ceño fruncido, la criatura se negó a responder, ignoro a su señor y voló hasta acurrucarse sobre la cabeza del mensajero de Dios.
—¡GERALDINE! —Exclamó furioso— ¡De acuerdo! ¡Tú ganas! ¡Quédate con él y yo me regreso al infierno!
Belcebú se dio vuelta bufando de enfado, pero entonces Gabriel se levantó (aún con la mosca posada sobre él) y le sujeto del brazo para impedir que se marchará.
—Beelz cálmate…
—¡Ya te he dicho que no me llames Beelz!
—Oye lamento haberte molestado con esto—Continúo el más alto ignorando el reclamo— No era mi intensión que te enojaras o te dieron celos…
—¡No tengo celos! —Contesto con indignación el pelinegro—¡¿De qué tendría celos?!
—Tengo una idea para que Geraldine pase tiempo con ambos…
Antes de que el demonio pudiera protestar, el arcángel le atrajo contra sí, sentándose en el sofá coloco al demonio sobre su regazo y tomo uno de los papeles que estaba trabajando mientras descansaba su barbilla en la cabeza del servidor del mal.
—De hecho, es bastante cómodo —Murmuró Gabriel cerrando los ojos—Tu cuerpo encaja muy bien contra el mío y así ambos tenemos a Geraldine sobre nosotros…
Desde el cuello a las orejas del pelinegro se tornaron rojas, se congelo en ese instante, decidido a reclamar, giro su rostro hacia arriba donde su mosca le miraba con diversión, para después acurrucarse de nuevo en su lugar.
—S-sólo hago esto por Geraldine ¿d-de acuerdo? ¡Y que quede claro que no lo estoy disfrutando!
—Está bien… —Respondió el más alto restándole importancia.
Belcebú se acostumbró rápidamente a aquella posición y pudo comprender un poco porque su mosca disfrutaba tanto estar cerca del arcángel.
—No estoy celoso de ti…
—¿Dijiste algo?
—Hablaba con Geraldine…
La aludida zumbó divertida, nadie conocía a su señor como ella lo hacía, y sabía que no era la única que quería estar cerca de Gabriel.
¡Muchas gracias por leer! Espero que hayan disfrutado de esta historia, realmente disfruto mucho escribiendo de esta pareja, y espero poder traerles más historias sobre ellos. Les mando muchos abrazos y amors~
