Disclaimer:

Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.

Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.

Estas son una serie de historias cortas no relacionadas entre sí, en su mayoría sobre Gabriel y Belcebú, pero también habrá la aparición de otras parejas.


Trato especial

Las reuniones con el cielo tras el fracaso en el plan del fin del mundo no eran algo que emocionará a Belcebú, sin embargo, debía admitir que de eso al castigo eterno por fallar en la ejecución del traidor Crowley, juntas de seguimiento eran la mejor opción.

Al llegar al lugar de la cita, suspiró con molestia, al darse cuenta del compañero que el cielo había enviado.

—Buenos días príncipe del infierno Belcebú —Le saludó Gabriel— Solo quiero hacerte ver que llegas tarde…

—Sólo quiero que sepas que me importa un comino… Entremos para acabar con esto cuanto antes.

El más alto estaba a punto de replicar, pero desistió, movió la cabeza de un lado a otro en negación y solo siguió al demonio.

Cuando Belcebú se disponía a abrir la puerta, el castaño se adelantó, pero no entró, la sostuvo para el señor de las moscas quien solo le miraba confundido.

—Después de ti —Indicó Gabriel con una ligera reverencia, que el pelinegro simplemente ignoró.

Usar la tierra como centro de reuniones había sido una decisión unánime entre ángeles y demonios, ya que este podría considerarse un territorio neutro, las cafeterías y restaurantes eran frecuentados por humanos, por lo que su presencia bien podría pasar desapercibida bajo los estándares de vestimenta correctos.

—El traje negro te queda bien —Comentó con naturalidad el arcángel— Es una lástima que no puedas usar tus adornos y moscas aquí…

—¡¿Disculpa?! ¡¿Estás burlándote de mí?!

—No —La naturalidad con que su enemigo le contesto, confundió al servidor del mal— Es un halago… ¿Fui impertinente con eso? Te pido disculpas….

Belcebú abrió la boca sin saber que responder ¿era aquella amabilidad natural? ¿Uno de los sucios trucos de arriba para hacerles bajar la guardia? Desconfiado el demonio no agregó nada más, abriendo las carpetas y archivos que debían revisar aquel día.

Pasaron horas antes de que la alarma de cada representante sonará, en señal de que era momento de regresar a sus habituales lugares de trabajo. Se levantaron de sus asientos y con un milagro se encargaron de las cuentas y las miradas curiosas de los humanos presentes.

—Mierda… —Exclamó el señor de las moscas al llegar a la puerta y encontrarse con una suave lluvia propia del clima de la ciudad.

—Sólo es agua

—Nada me asegura que no este bendita —Masculló el pelinegro, frunciendo el ceño— Me iré desde aquí…

—Los humanos te verán…

—¡Me importan una mierda los humanos!

Rodando los ojos nuevamente, Gabriel empujó la puerta, discretamente invoco una sombrilla e indico a su compañero que saliera.

—Así no te mojarás

—¡No voy a usar eso! ¡¿Qué tal si es una trampa o algo así?!

—Si es una trampa te quedaría tiempo de prenderme en fuego infernal ¿no? Y así ambos perecemos, vamos, yo lo sostendré para ti.

Gruñendo, el demonio accedió y termino compartiendo un paraguas bajo la lluvia al lado del arcángel.

—¿Te estás mojando? —Preguntó el castaño, inclinándose más hacia el lado del pelinegro.

—No… Tu corporación es innecesariamente alta ¿sabías eso?

El arcángel sonrió complacido, y entonces Belcebú noto como uno de los hombros de este estaba empapado por la lluvia, decidió acercarse un poco más, no por amabilidad, sino para que fuera más fácil encender una llama en caso de ser necesario.

La siguiente vez que se encontraron, todo el lugar estaba cubierto por nieve, hacía frío, pero por su orgullo infernal, el demonio no invoco ningún abrigo o guantes, no iba a dejar que le creyeran débil solo por una tontería tan insignificante.

—Estas temblando —Dijo Gabriel a su lado— ¿Por qué no invocas un suéter o algo?

—N-no n-necesito n-nada —Castañeo el pelinegro— E-estoy p-perfectamente bien…

—¿En serio?

El tomo de burla molesto al señor de las moscas y cuando estaba a punto de replicar, el arcángel se inclinó colocando su bufanda color gris alrededor de su cuello.

—Te queda algo grande, pero mantendrá tu pecho caliente…

—¡N-no quiero usar esto!

—Di que me lo arrebataste en una pelea y es tu trofeo de guerra… Pediré un café para ti, te ayudará a entrar en calor…

Extrañamente, una calidez extraña comenzó a brotar desde dentro de Belcebú, subiendo hasta su rostro.

—Tú cara esta roja… ¿Tienes fiebre? Te advertí que no debías andar descubierto con este frío…

—¡No tengo nada! ¡Y no me des sermones!

A pesar de sus quejas, Gabriel se quitó también el saco y lo abrigó con él, sentía lo ridícula que era su apariencia, pero eso no le impidió acurrucarse en el nuevo calor que aquellas ropas le proporcionaban.

La primavera podía ser una excelente época para algunos demonios, tentar a los humanos a pecar era muy sencillo por esas fechas, sin embargo, para Belcebú no era más que un martirio silencioso.

A pesar de que sus heridas y pus podían mantenerse escondidas, esto no significaba que desaparecieran, y el polen de las flores se lo recordaba a cada momento.

—¿Estás bien?

El arcángel, sentado a su lado en una de las bancas del parque, le observaba con preocupación, tal vez por el espectáculo que el señor de las moscas parecía estar dando.

—¡Estoy bien! —Gritó el pelinegro rascando la piel de su rostro y brazos hasta hacerla sangrar— S-sólo sigue en lo tuyo…

—Oye espera, alto…

El más alto detuvo los movimientos de Belcebú, el contraste de su pequeña muñeca atrapada en las grandes manos del mensajero, causaron una sensación extraña en el demonio.

—S-Suéltame… —Dijo con poca convicción— Pica mucho ¿de acuerdo? Y si no me dejas rascarme te arrancaré un brazo de la desesperación…

—¿Puedes volver a tu apariencia habitual? —Preguntó Gabriel.

—¿Qué? ¡No! Los humanos harán un alboroto si me ven…

—No hay humanos cerca, mira yo me encargo de ellos… Sólo hazlo ¿de acuerdo?

Sin saber porque, el demonio obedeció, y cuando el pus y moscas aparecieron, bajo la vista sin querer ver la expresión de asco en el rostro del arcángel.

—Bien… Haré algo y me dices que tal se siente…

—¿Qué vas…? Mgh…

El gemido fue completamente involuntario, el demonio frunció el ceño en una expresión de vergüenza y furia.

—¡¿Qué rayos fue eso?! —Gritó poniéndose de pie.

—¿Sigue picando?

—No… ¡¿Pero qué rayos hiciste?!

—Soy un arcángel, puedo sanar cualquier herida… En tu caso probablemente solo sea temporal, pero algo es algo… ¿Te molesta que lo intente?

Belcebú no dijo nada, cruzo los brazos sobre el pecho, mirando de hito en hito al más alto.

—P-pero si haces algo extraño…

—No, no, lo prometo…

Gabriel tomo su mano y le hizo sentarse en medio de sus piernas, en la pequeña banca del ahora desolado parque.

—Voy a comenzar por tu rostro —Le explico mientras con la punta de sus dedos recorría la forma de su nariz —Dime si te molesta…

El demonio cerró los ojos con fuerza, mordiendo su labio inferior, intentó suprimir los sonidos que amenazaban salir de su boca.

—¿Estuvo bien? ¿Aún te duele?

—S-si… N-no… ¡No lo sé!

—Bien, ahora tus brazos, voy a quitarte el saco y la camisa…

—E-espera…

Los movimientos del más alto fueron tan rápidos que antes de que el pelinegro se diera cuenta, su torso y pechos quedaron al descubierto.

—V-vendrá alguien…

—Ya te dije que no había problema con eso…

Las grandes y cálidas manos de Gabriel tomaron su pequeña cintura, donde un par de llagas asomaban al rojo vivo, las acaricio con delicadeza y el cuerpo de Belcebú se retorció bajo su toque.

—Perdón ¿estás bien?

—S-si… —Hizo una pausa y luego agregó con decisión— C-continúa…

Uno de los brazos del arcángel le sostuvo con fuerza, para evitar que se continuará moviendo, y con el otro siguió subiendo por su estómago, acunó su pecho derecho para atender una cicatriz que se había curado mal y luego con toques ligeros se encargó de las ampollas rojizas de su clavícula.

El lord del infierno no pudo soportarlo más, exhaló en un suspiro largo, y se derrumbó hacia atrás, golpeando su cabeza contra el pecho firme del arcángel.

—D-detente… —Pidió entre jadeos— M-mis piernas están temblando…

—Vaya, lo siento… —Gabriel se detuvo, y al ver que a su compañero le costaba levantarse, una idea le vino a la mente— Conozco otra forma de aliviar tus heridas…

En un movimiento rápido, tomo en brazos al señor de las moscas, trono los dedos y aparecieron a continuación en una habitación de azulejos con una bañera en medio.

—¿Has tomado un baño antes? Son excelentes para la piel…

—N-no… —Respondió tímidamente el pelinegro aún presa de la sensación que acaba de experimentar.

—Deja que te muestre entonces

Con delicadeza le dejo nuevamente en el suelo, se agacho y cuidando de no lastimar las ampollas, heridas o cicatrices, le quito la ropa con lentitud.

—¿T-t molesta que te vea en tu corporación? —Preguntó de pronto, cuando sus manos ya estaban en los pantalones del demonio— Los humanos son muy pudorosos con sus cuerpos desnudos…

"¿De verdad Gabriel ¡¿De verdad preguntas eso hasta ahora?!" Pensó el servidor del mal.

—Esta bien… Pero mi cuerpo es…

—Es muy lindo, tienes bonitas curvas y músculos firmes, te ayuda a ser ágil en la batalla, aunque tuviste que sacrificar altura por ello.

—¡Oye!

—Voy a meterte al agua… —Cuando la ropa interior salió volando lejos, Belcebú supo que no habría vuelta atrás.

Al sumergirse una pequeña ola de pánico se apodero del pelinegro, pensando que aquello podía ser una trampa y tratarse de agua bendita, se abrazo al cuello del arcángel e intento salir, pero este le tranquilizo acariciando su espalda con suavidad.

—Está bien, no te asustes, confía en mi ¿de acuerdo? —Belcebú se acomodó, dándose cuenta de lo bien que se sentía aquello— Es una mezcla de burbujas y sales, buenas para tu piel porque use un poco de mis habilidades de curación para ellas… ¿quieres que lave tu cabello?

—¿Haces esto con todos? —Pregunto de pronto el pelinegro, al sentir el masaje de los dedos del mensajero.

—¿Hacer qué?

—¡Esto! —Frunció el ceño, sintiéndose enojado de pensar en ello— Abrirles la puerta, caminar bajo la lluvia, prestarles tu bufanda… Tocarlos…

Se sumergió en el agua haciendo burbujas.

—No, bueno la puerta la abro siempre —El más alto hundió su mano en el agua, para asegurarse que seguía caliente— pero generalmente mi trato con el resto es meramente laboral…

—Yo también soy algo laboral Gabriel —Belcebú deseo que aquella mano volviera a tocar su piel, pero no lo dijo en voz alta.

—Si… —Se puso serio de repente, y luego se giró hacia el demonio con un extraño brillo en sus ojos lilas— Pero contigo es diferente, me gusta darte un trato especial… ¿Eso te molesta?

"¡Me encanta!"

—Tráeme la toalla y ayúdame a salir… La comezón ya ha desaparecido…

—Claro… ¿Quieres que te ayude a cambiarte?

—Si… Y a cepillar mi cabello también… —El arcángel sonrió, yendo en busca de un par de toallas y cepillo.

—Si el quiere tratarme así ¿quién soy yo para impedírselo?

Belcebú se hundió el agua, con una sonrisa de satisfacción en rostro, no en sí por la manera en que Gabriel le cuidaba, sino por el hecho de saber que era el único que recibía dichas atenciones.


¡Muchas gracias por leer! Espero que hayan disfrutado de esta historia, realmente disfruto mucho escribiendo de esta pareja, y espero poder traerles más historias sobre ellos. Les mando muchos abrazos y amors~