Disclaimer:
Good Omens es una serie de televisión basada en la novela de 1990 Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Todos los personajes utilizados aquí pertenecen a su autoría.
Estas son una serie de historias cortas no relacionadas entre sí, en su mayoría sobre Gabriel y Belcebú, pero también habrá la aparición de otras parejas.
Desde el lugar que pertenezco te seguiré queriendo
Capítulo V
Cuando las llamas incandescentes comenzaron a iluminar el cielo, decenas de ángeles se acercaron para observar el espectáculo, creyendo que se trataba otra de las grandes obras de su creador, hasta que el aroma de piel calcinada y las alas negras les hizo darse cuenta de la verdad.
—S-son ángeles… —Murmuro una voz con sorpresa— Son ángeles cayendo…
Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes y hasta Principados, todos se acercaron a observar la escena, hubo quienes incluso trataron de volar para auxiliar a sus hermanos, pero al momento de acercarse eran asustados por el fuego que los consumía y terminaban por apartarse, sólo escuchando el último lamento de los que una vez estuvieron con ellos.
En un instante la noticio llego a cada confín del cielo, cada creatura viva estaba al tanto de lo que había sucedido y el nombre de Lucifer fue pronunciado cientos de veces aquel día.
—Fue el primero en caer…
Susurraban entre las copas de los árboles.
—Se planto de cara a Dios y promulgó palabras de rebelión en su contra…
Cantaban las aguas de los ríos.
—Michael fue quien tuvo la misión de empujarlo…
Afirmaban los vientos.
—Alguien aviso al arcángel Lucifer sobre los planes de Dios y por eso la rebelión se levantó antes… Ahora el cielo debe de buscar al responsable…
Informaron los seres vivos, desde las pequeñas hormigas hasta los grandes mamíferos, no había quien no supiera ahora la verdad.
Y entre aquellos que se habían enterado de lo ocurrido, también se encontraba Ba'al…
—Lo que pase con él no me importa, le odio ¿queda claro? —El pequeño ángel caminaba de un lado a otro, ignorando el zumbido de su compañera— ¡Tal vez eso le enseñe a como es el cielo realmente!
Exclamó con furia, golpeando los arbustos de flores que le rodeaban, tomando su vida hasta que la putrefacción se hizo dueña de las floress, y con ello alimento a sus moscas y gusanos.
—Si el arcángel Gabriel debe de caer para que comprenda que este lugar realmente… Que así sea…
Declaró apretando los puños, observando como la tierra moría debajo de sus pies y fingiendo que creía en las palabras que acababa de pronunciar.
Decir que el evento de la ahora llamada "caída" desestabilizo el cielo sería poco, la verdad era que todo se había vuelto un caos total, entre más servidores de Dios se enteraban de lo sucedido más era el número de los caídos y más enemistad se iban creando entre los que aún guardaban su fe.
—¿Por qué nos han reunido aquí hoy? —Preguntó Uriel mirando hacia todas direcciones—¿Es cierto que aún hay ángeles abandonando el cielo?
—N-no lo s-sé…
Intentó responder Gabriel, pero su garganta seca y los latidos violentos en su pecho le dificultaban la tarea, de nueva cuenta se hacía presente en él una sensación nunca antes experimentada, el miedo… O mejor dicho, el profundo terror, el terror de haber ofendido a Dios, a sus hermanos, a sí mismo, y sobre todo el terror a caer…
Mientras los presentes murmuraban entre ellos, esperando la entrada de Metatron, un calor al principio desconocido empezó a llenar el ambiente, el extraño sentimiento entre cariño y temor era incomprensible y nostálgico al mismo tiempo, como si todos lo hubieran experimentado ya con anterioridad, pero no fueran capaces de recordarlo.
—Hijos míos…
Aquella no era la voz de Metatron, la suave melodía llena de amor fue reconocida por todos en un instante, era Dios mismo quien les llamaba.
—Se que en su interior hay dudas y miedos —Prosiguió su magnificencia—Y es por eso por lo que estoy aquí, para aclarar las nubes que opaquen su fe…
—¿Qué está pasando con los caídos? —Se alzó una voz, una virtud de piel oscura que llevaba entre sus manos a un camaleón —¿A dónde están yendo?
—Siguen a Lucifer, están yendo a donde el cayó…
—¿E-están sufriendo? —Preguntó Uriel mirando al suelo, temiendo de la respuesta.
—Sufren desde el momento que rechazaron la gracia del cielo…
—¿Volverán? —Un ángel de larga cabellera roja dio un paso al frente— Los caídos ¿volverán aquí? Una vez que, bueno, paguen sus… ¿Faltas?
—Ellos decidirán su propio lado, no están pagando nada, sólo tomaron una elección…
—P-pero, parece que están siendo castigados… —Continúo el despistado pelirrojo— Como si fueran expulsados por pensar diferente… Por hacer preguntas…
Cuando sus dorados ojos recorrieron su alrededor, se topó con la dulce mirada de su amigo, quien parecía rogarle que se detuviera, antes de que fuera tarde, sin embargo, su vacilación ya había sido evidenciada.
—No se expulsó a nadie más que a Lucifer, el cual ha usado los dones que se le otorgaron para engrandecerse a su mismo, como un falso profeta ha engañado y mentido a sus hermanos, promulgando falsedades sobre el amor y osado enaltecerse al nivel de Dios mismo… Todos los que le siguieron fue por su propia elección, y todos ellos pudieron haberse salvado si su corazón así lo hubiese deseado…
—O sí Lucifer hubiera sido arrojado antes ¿no? —Habló con insolencia otra de las virtudes, un sapo visiblemente enfadado se retorcía entre sus manos —Por eso todo se mantuvo en total hermetismo ¿no? Para mantenerlo en secreto y evitar este desastre…
—¿Quién fue el responsable?
La pregunta comenzó como un susurro, pero poco a poco, los ángeles se miraron con sospecha, pensando dentro de sí en como hubieran evitado aquella tragedia si sólo el alborotador hubiera sido silenciado, como tantos amigos pudieron haberse salvado de alguien haber mantenido su boca cerrada.
—Michael… ¡Ella era la más cercana al traidor! ¡Seguramente fue quien le dio aviso!
La aludida quien aún portaba su traje de soldado y se había mantenido en silencio hasta ese momento, entrecerró los ojos apretando puños y dientes, tratando de mantener su postura como arcángel y no sucumbir al dolor que sentía en aquel momento.
—Como osas decir algo como eso… —Respondió casi escupiendo las palabras— Fui yo misma quien tuvo que expulsarle… Era mi compañero, confiaba en él y aun así… Cumplí con mi cometido… ¡¿Cómo te atreves a poner en duda mi lealtad?!
—Michael…
La voz de Dios apaciguo a la castaña, quien volvió a colocarse en su posición solemne, respetuosa a las palabras de su creador.
—No, no fue mi más fiel soldado quien dio el aviso…
Por la piel de Gabriel comenzó a correr un sudor frío, una reacción extraña para un cuerpo celestial que se suponía no respiraba, sudaba o tenía pensamientos como la desesperación.
—Si no ella ¿entonces quién? —Reclamaron molestos entre la multitud— ¡¿No debería ser eso tomado como una señal de traición?!
—¡Además muchos terminaron cayendo por tal acción!
—¡El responsable debería dar la cara!
Las voces comenzaron a elevarse y no parecían felices, guiados por el dolor de haber sido separados de sus hermanos, clamaban por una justicia que no aliviaría su perdida.
—¡Silencio! —La imponente voz de dio apaciguo a los ángeles y tras una pausa prosiguió— ¿De verdad desean conocer esa verdad?
—¡Si! —Bramaron casi al unísono.
—¿Aun cuándo fueron sus propios principios los que le llevaron a ello? Creyó que era lo correcto ¿sería justo castigarle por eso?
—¡El cielo debería ser la prioridad para todos! ¡Por eso seguimos ordenes! ¡Por eso pertenecemos aquí! ¡Porque honramos y preservamos el amor que nos ha dado a través de la obediencia, prudencia y sacrificio! ¡¿Si no es capaz de seguirlo; es capaz de estar aquí?!
La mayoría de los presentes estuvieron de acuerdo con aquel discurso, orgullosos y enaltecidos de seguir su papel en la creación.
—En ese caso… —Indicó Dios— ¿Podría el responsable hacerse presente?
Gabriel tragó saliva y su mirada que avergonzada había permanecido fija en sus pies, se alzó con resignación, tomo aire y se armó de valor para anunciarse, sin embargo, justo cuando estaba a punto de dar un paso al frente, las grandes y doradas puertas del salón donde se encontraban se abrieron de par en par, inundado el recinto con una ola de moscas de todos tamaños.
—¡Fui yo! —Gritó Ba'al apareciendo en medio de la nube oscura— ¡Yo escuché a Michael y Metatron hablar a escondidas y después se lo conté a Lucifer!
—¡Claro que tenía que ser Ba'al!
—¡También era de sus seguidores!
—¡Siempre causando problemas!
—Ángel Ba'al —Dijo Dios con algo parecido a la compasión— ¿Estás seguro de lo que dices?
—Si, lo estoy —Contestó con seguridad el aludido.
—¡Ba'al, no!
Gabriel se interpuso, escondiendo a su amigo tras de sí, como su con ello consiguiera que Dios no le mirara.
—Altísimo no es así, Ba'al no fue quien…
—¡No tienes que protegerme oh, gran Arcángel Gabriel! —Dijo con burla el más pequeño, apartando a su compañero con una de sus alas —¡No necesito tu lástima! ¡Fui yo quien lo hizo y vine aquí a recibir el castigo que merezco!
—¡No! ¡Ba'al no hagas esto!
El más alto tomo el delgado brazo del ángel con una mirada suplicante, y por respuesta solo obtuvo una sonrisa burlona acompañada de un fuerte empujón.
—No soy el tierno ángel que quieres ver
Murmuró sólo hacia el castaño, para luego dirigirse al resto de la multitud
—¡No es este el lugar al que pertenezco! ¡Y como yo hay muchos otros! ¡Escondidos entre el conformismo y apatía que el cielo promete! ¡Dices que no es un castigo sino una elección! —Gritó el ojiazul— ¡Sin embargo nos expulsas y reprimes si no estamos de acuerdo! ¡¿Entonces que es eso oh, altísimo?!
—Esto que haces sigue siendo lo que elegiste… Ex ángel Ba'al…
Ante el nuevo título el ojiazul sonrió mirando con superioridad a sus compañeros, pero deteniéndose en el rostro angustiado de Gabriel.
—Si —Murmuró el aludido sin apartar los ojos del arcángel— Es lo que elegí… Y seré yo el único que cargue con la culpa y el castigo de este acto…
—No… —Murmuró el castaño derrotado, con lágrimas amenazando por caer, pero aún sin el suficiente valor de intervenir.
—¡Debe caer!
Comenzaron a corear en el recinto, a lo que Ba'al solo se dio la vuelta con orgullo, dispuesto a seguir su camino y sin dar vuelta atrás salió del lugar seguido por la turba enardecida, mientras un impotente Gabriel sólo observaba a quien una vez fue su ángel más preciado.
¡Muchas gracias por leer! Espero que hayan disfrutado de esta historia, realmente disfruto mucho escribiendo de esta pareja, y espero poder traerles más historias sobre ellos. Les mando muchos abrazos y amors~
