Disclaimer: Los personajes de Inception no me pertenecen.
.
IV
Cobb
.
.
Arthur y Eames se desternillaron de risa cuando Ariadne les contó acerca de su extraño encuentro con Robert Fischer Jr, dos días después, luego de que el equipo se reuniera en Berlín para un nuevo trabajo de extracción. Y, aunque se indignó un momento porque su preocupación no había sido tomada en serio, sintió un gran alivio al ver que tal vez en verdad ninguno corría peligro.
—Escuché que Fischer Jr cerró algunos negocios en París. Tal vez lo veas seguido— comentó Eames, con una sonrisa burlona mientras revisaba unos papeles.
—Debes tener cuidado, Ariadne— dijo Cobb, el único que pareció tomarse el asunto con seriedad— Si lo que te dijo es cierto y su subconsciente te proyecta constantemente podríamos tener un serio problema entre manos.
—No importa, Dom— Ariadne, al ver la preocupación en el rostro de su mentor, intentó restarle un poco de importancia al asunto—. París una ciudad muy grande. ¿Qué probabilidades hay de que vuelva a cruzarme con él?
—Si él quiere encontrarte lo hará sin problemas— intervino Arthur, jugando distraídamente con su tótem— Puede pagarle a quien sea para hacerlo.
Ariadne torció los labios y dejó de trabajar en su maqueta para mirarlo, curiosa.
— ¿Por qué querría buscarme?— inquirió, confundida— Él dijo que me veía en sus sueños, pero no sabía mi nombre ni parecía recordarme. Ni a mí ni a ustedes.
—No lo sabemos. Los ricos son extraños— añadió Eames.
—Sea lo que sea, no te acerques a él, Ariadne. No sabemos cuáles puedan ser sus intenciones.
—Dom, jugamos con su mente y lo manipulamos para que destruyera el trabajo de la vida de su padre. Acercarme a él no sólo sería inmoral, sino que no sería correcto... ¡No soy una lunática como para intentar algo con él cuando prácticamente destruí su vida!
— ¿Inmoral?— repitió Arthur, burlón— Pues no parecías pensar eso mientras hurgabas en su cerebro, mi querida Ari.
—Y yo sigo creyendo que le hicimos un favor y que tendríamos que haberle cobrado a él también por la terapia gratis— acotó Eames, divertido— Lo único malo fue que no pudimos quitarle de encima al padrino oportunista.
—Tampoco hacemos milagros— Arthur no pudo reprimir una sonrisa burlona que fue compartida solo por Eames.
—Esto es serio, señores— Cobb aportó un poco de cordura a la situación mientras calibraba la máquina— Ariadne, si te sientes en peligro no dudes en buscarme. Puedes quedarte en mi casa el tiempo que quieras— le dijo, colocando una mano sobre su brazo para estrecharlo con gesto amistoso.
La arquitecta se sonrojó hasta las orejas al instante, pero sus ojos seguían fijos en los de Cobb. No querían dejar de mirar ese profundo azul cielo. Le gustaba; tal vez demasiado.
Sea como fuere, durante meses había esperado volver a verlo, y no pudo evitar pensar que no quería que aquel contacto acabara nunca.
—Ugh...Consigan una habitación, tórtolos— bufó Arthur, echándose su chaqueta de cuero al hombro tras haber roto el momento. Ariadne y Dominic se separaron de inmediato, mirando al piso cada uno por su lado— Me voy de aquí. Llámenme si me necesitan.
—Nadie te necesita— dijo Eames, recibiendo un lápiz en la cabeza mientras reía y también se ponía de pie— Que delicado... Bien, iré a buscar un bar. ¿Se apuntan?
—No.
—No, gracias.
Eames alzó las manos y soltó un gemido de resignación, despidiéndose con una seña y una mirada sugerente.
— ¡Usen protección!— gritó antes de atravesar la puerta y soltar otra carcajada, dejando un ambiente muy tenso entre los dos arquitectos.
—Yo...
—Eso fue..
Los dos hablaron al mismo tiempo, y rieron al pisarse con sus palabras. De pronto toda la tensión se esfumó.
—No le hagas caso a esos dos.
— ¿Bromeas? No confío en Arthur desde que me hizo besarlo con mentiras.
— ¿Lo besaste?
—Más o menos. En realidad no estoy segura de que a eso pueda llamársele beso. Solo fue un roce, y...
— ¿Quieres ir a cenar?— le soltó Dom de improvisto, bajando la cabeza casi con pena, como si fuera un adolescente pidiéndole una cita a la chica que le gusta— Solo los dos. Es decir, sí tú quieres... Yo no...
—Sí— su respuesta fue aún más instantánea que su sonrisa y el agitado latido de su corazón— Sí me gustaría...
Y Fischer pasó a un segundo plano.
oOo
.
N del A:
Dudas? Comentarios? Críticas? Todo será bien recibido.
Gracias por leer!
Saludos!
H.S.
