Capítulo 3: Reencuentros y dudas.

La Catrina no era la única quien estaba teniendo una noche difícil; Xibalba estaba durmiendo a duras penas en su castillo pero el sueño que estaba teniendo era muy extraño; se veía a sí mismo rodeado de oscuridad excepto por un pequeño rayo de luz que veía a lo lejos, siguió esa luz y cada vez se hacía un poco más grande, le extrañó escuchar que de esa luz salía la voz de una mujer.

Luz: Hola Xibalba

Xibalba: ¿Qué? ¿Cómo es que sabes mi nombre? ¿Quién eres?

Luz: ¿Qué acaso ya no me recuerdas? Bueno… no te culpo, han pasado ya tantos siglos.

La luz tomó una forma femenina, muy similar a la muerte pero vestía un traje de guerrera y tenía el cabello blanco.

Al ver quién era, Xibalba no lo podía creer

Xibalba: ¿Tú? Es imposible… se supone que tú estás…

Coyolxauhqui: ¿Muerta? aunque no lo parezca te he estado viendo desde mi más allá, cielo.

Xibalba: ¿Por qué me llamas así? Por si no lo sabes, estoy casado con…

Coyolxauhqui: ¿Mi hermana? ¡Ja! ¿Ya olvidaste que antes de ella nos amábamos tú y yo? Estuvimos a punto de casarnos

Tantos siglos hechos milenios, tantos años junto a la Catrina que Xibalba aunque no quería admitirlo ya había olvidado a Coyolxauhqui.

Xibalba: Lo lamento, es verdad… pero no entiendo por qué después de tanto tiempo nos volvemos a ver.

Coyolxauhqui: Siendo honesta contigo, los vi a los dos junto al árbol y escuché parte de la conversación; no puedo negar que aunque se ve que eres muy feliz con ella, yo siento muchos celos, pero lo que más me llamó la atención fue esa pregunta extraña que te hizo, ¿la recuerdas, verdad?

Xibalba: Oye… ¿estuviste espiándonos?

Coyolxauhqui: no cambies el tema, dime ¿no te pareció extraña esa pregunta? ¿Por qué crees que te preguntó eso? ¿No será acaso que ella ya no te ve de la misma forma que antes?

Xibalba: ¿cómo te atreves a hablar así de ella? Es mi esposa

Coyolxauhqui sólo respondió con un ligero bufido de burla.

Coyolxauhqui: Defendiéndola ante todo y de todos como siempre, ¿crees que por estar hecha de azúcar ella es tan dulce como aparenta? Se supone que tú también eres un dios ¿por qué siempre debes de avisar cuando vas a visitarla o a esperar a que ella te llame? Tal vez deberías llegar de sorpresa a ver cómo reacciona a eso

Xiblaba: ¿estás insinuando que ella me oculta algo?

Coyolxauhqui: Bueno… todos tenemos nuestros secretos, ¿por qué ella sería la excepción?

Ya sé, hagamos un trato; intenta llegar de sorpresa y acompáñala como siempre y de paso hazle la misma pregunta que ella te hizo, si su respuesta te convence de que no oculta nada entonces prometo no volver a interferir ni espiarlos pero si no es así entonces estaré dispuesta a escuchar y ayudarte.

Xibalba: Muy bien, acepto; pero estoy seguro que ella no me oculta nada.

Coyolxauhqui volvió a ser sólo una pequeña luz y se fue alejando de Xibalba.

Coyolxauhqui: Espero volver a verte, Balbito.

Xibalba despertó algo sobresaltado pero con tal de no volver a tener el mismo sueño decidió seguir con el acuerdo