Cap. 4: Secretos familiares.
Xibalba despertó un poco sobresaltado ese día, no entendía el porqué pero sentía una mezcla entre miedo y desesperanza, como si algo horrible estuviera pronto a suceder.
Quitó esos malos pensamientos de su cabeza y decidió visitar a su esposa, pero esta vez no quería llegar avisando su presencia, casi siempre él tenía que avisar si ella podía verlo ya que era una mujer muy ocupada con dirigir su reino; además de que cuando iba, muchos de los muertos ahí presentes se apartaban y murmuraban varias cosas
X: Esta vez llegaré de sorpresa, pero primero debo arreglarme bien.
Mientras que en el reino de los recordados, la Catrina no se sentía con mucho ánimo para trabajar, pero debía hacerlo por el bien de su pueblo, apenas pudo dormir la noche anterior.
Unos minutos después de empezar sus labores, Carmen se acercó a la Catrina para darle un aviso importante.
C: Mi Señora, alguien ha pedido verla inmediatamente
L.C.: Lo siento Carmen pero hoy no me siento con ganas de ver a alguien, estaré muy ocupada hoy.
C: Pero Señora, este sujeto me dijo que es alguien a quien usted conoce de hace mucho tiempo y recalcó que en verdad es muy urgente que quiere decirle algo.
Al principio la Catrina creyó que era Xibalba pero la forma en cómo lo mencionó Carmen la intrigó ¿quién podría ser?
L.C.: De acuerdo, háganlo pasar pero espero que sea breve.
Un minuto después, un dios muy bien armado con una brillante armadura, alto y apuesto entraba al aposento de la Catrina, ésta al verle supo quien era; habían pasado tantos siglos desde la última vez que se vieron pero para ella, él era irreconocible, era su hermano Huitzilopochtli.
L.C: Tú, en verdad eres tú, no puedo creerlo.
La Catrina corrió a abrazarlo y lo besó en su mejilla, él correspondió los gestos de afecto con lo mismo.
L.C: Cuánto tiempo ha pasado, ¿pero qué haces aquí? Te arriesgas mucho al venir aquí solo, si mi esposo nos viera pensaría mal, yo lo conozco bien, se pondría muy celoso.
De pronto, ella sintió que alguien más la observaba; miró muy bien alrededor de ella pero no había nadie más que ellos dos, aún presentía que alguien la había visto pero tal vez era el cansancio por no haber dormido bien.
H: ¿Pasa algo?
L.C.: No, nada; estoy bien, no te preocupes… pero, siéntate por favor, ¡qué gran sorpresa tu visita! Me dijeron que quieres decirme algo.
H: Así es, pero te pido que te sientes porque esto que te voy a decir es algo muy sorprendente pero cierto, hace poco me enteré de esto y quedé sobresaltado, si todo lo que supe es verdad, entonces necesitaremos toda la ayuda posible.
L.C.: ¿Qué sucede? ¿Pasó algo malo?
Huitzilopochtli no respondió, sacó dos imágenes y se las mostró a ella; eran dos dioses jóvenes, hombre y mujer, como si fueran Manolo y María; pero el joven llevaba una vestimenta de armadura blanca y reluciente, se veía en su rostro que era de carácter amable, tranquilo y pacífico; en cambio la diosa joven se veía lo contrario a él, llevaba una armadura totalmente oscura pero su rostro reflejaba mucho enfado, se veía que era de esos tipos que siempre buscaba meterse en problemas.
L.C: ¡Oh, qué lindos! No sabía que ya tenías hijos.
H: Ellos no son mis hijos, ellos son… tus hermanos.
L.C.: ¿QUÉ?
H: Hace como 10 días, me enteré de algo que le pasó a tu padre Mixcóatl; fue atacado por un ser muy extraño, pero al parecer ese ser conocía lo conocía muy bien; no te preocupes, él está bien aunque si salió algo herido de la batalla.
L.C: Pero… ¿cómo pudiste hablar con él? Se supone que él no te conoce.
H: Es increíble pero él de cierta forma se enteró de la verdad de la muerte de tu hermana, creí que iba a retarme a duelo por lo que le hice pero en vez de eso me comentó esta verdad que te voy a decir, por cierto, él no está molesto contigo por no haberle dicho nada durante todo este tiempo; más bien, se siente también igual de sorprendido por la forma en que reaccionó Coyolxauqui.
La Catrina se sintió muy aliviada al escuchar esto, sintió que un gran peso se le hubiera quitado.
L.C.: Entonces, dijiste que ellos son mis hermanos…
H: Así es, el joven se llama Quetzalcóatl y la chica es Tezcatlipoca, son gemelos aunque son muy diferentes entre sí; parece que lo único que los une aparte de ser dioses es que aman luchar pero Quetzalcóatl lo hace casi por mero gusto como si fuera un deporte, Tezcatlipoca en cambio lo hace por querer ver correr la sangre y causar discordia.
L.C.: Pero ¿cómo es posible que sean mis hermanos?
H: Bueno, digamos que tu padre aprovechaba las campañas de guerra para conocer también a otras diosas, por lo que sé ellos son hijos de tu padre y de una diosa llamada Chimalman.
L.C.: ¿Chimalman? ¿en verdad dijiste Chimalman? Pero si ella es nuestra tía, es hermana de nuestra madre Coatlicue… ¡Vaya! Ahora entiendo porqué aun cuando acababan las guerras mi padre tardaba mucho en volver.
H: Bueno… el asunto es que ellos desaparecieron, parece que ese ser que luchó con tu padre es el responsable, y si ese tipo pudo darle una fuerte pelea a él entonces es alguien muy poderoso, necesitaré mucha ayuda para vencerlo y rescatarlos. Por eso vine aquí, necesito hablar con tu esposo, alguien con bastante experiencia en la guerra me será muy útil.
L.C.: ¿Qué dices? Me estás pidiendo algo muy difícil; él aún no sabe nada de lo que pasó esa vez, durante tantos siglos he querido decirle pero el miedo a perderlo siempre me lo ha impedido; no sé si en verdad estoy lista para decírselo.
H: Si tu padre pudo perdonarte, y estamos hablando del dios de la guerra, entonces confío en que tu esposo también lo haga; esto es muy importante Catrina, hazlo por ellos, ¿acaso no te gustaría conocer a tus hermanos?
Huitzilopochtli le mostró de nuevo las imágenes, al verlas, La Catrina entendió que él tenía razón; si en verdad esa criatura fue quien pudo habérselos llevado, entonces podrían correr un gran peligro si dicha cosa era otra deidad, porque después de todo, un dios puede matar a otro dios.
L.C.: De acuerdo, pero lo haré si me acompañas; creo que lo entenderá más fácilmente si vamos juntos.
Pero lo que no se podía imaginar es que la amenaza de una venganza se cernía no sólo sobre ella sino sobre también sus seres queridos. Una venganza que llevaba siglos de haber iniciado.
