Chapter 5: Kakashi otra vez.
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«El mundo es un lugar peligroso. No por causa de quienes hacen el mal, sino por aquellos que miran y no hacen nada»
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Kakashi llevaba un par de horas observando las aspas del ventilador de techo cuando noto la bulliciosa conversación detenerse abruptamente y empezar a bajar de nivel. Le tomo algunos segundos orientarse en la habitación ahora habitada de Jonins, que hace algunos minutos ―o tal vez mas― los escandalosos comerciantes azoraban a la Hokage para quien sabe qué. Entre sus pendientes del día no se encontraba ser la escolta personal del Hokage, más aun cuando tenía otros lugares más importantes donde meter sus narices, pero sin embargo ahí se encontraba él tomando el lugar de algunos de sus amigos desde las primeras horas de la mañana. En otro momento de su vida se habría negado rotundamente, no perdería su sueño reparador hasta medio día, pero luego de pensarlo milésimas de segundo, se sorprendió a si mismo aceptando voluntariamente con tal de retrasar lo más posible su asunto con Sakura.
Sakura.
Solo pensar en su nombre causaba emociones que nunca creyó enfrentar. Era su cara totalmente espantada a su toque, sus ojos tan expresivos desenfocados del miedo, su pequeña figura encogida dolorosamente en el piso de la biblioteca, imágenes que nunca saldrían de su mente. Su pequeña estudiante reducida a una masa de llanto y miedo, los vestigios de lo que alguna vez fue una mujer fuerte y segura.
Había pasado toda la noche contemplando ese pensamiento una y otra vez en su mente. Él sin duda no había sido parte de su vida, mucho menos había estado allí para convertirla en la kunoichi que logro ser, pero fue una jugada cruel del karma volverla a enviar a su vida en ese estado. Es así como la culpa volvió a sus hombros.
―¿Eso es todo por hoy?
―Si, Tsunade-sama, ya valoramos la región y estamos formando los equipos para los nuevos puntos de control―el shinobi delante del escritorio extendió un mapa.
Frontera con Ame y Kusa.
Se obligo a si mismo a prestar atención al mapa. Ya había perdido la cuanta de todas las veces que divago en su propiamente.
Tsunade suspiro audiblemente se reclino en su silla lo más que pudo. Kakashi sintió la tensión empezar a correr en el aire mientras su líder balanceaba sus dedos en los reposabrazos de la silla. Bajo otras circunstancias ese gesto le había parecido bastante molesto, pero era muy evidente lo nerviosa que se encontraba.
―Mejor así, podemos empezar a seguir las pistas desde cero nuevamente. ¿Qué opinas, Kakashi?
―Supongo que es lo más lógico, Tsunade-sama.
No era lo más lógico, estaba seguro de eso tan pronto como las palabras salieron de su boca, pero su posición era relativa a la de su líder. Konoha era una aldea militar, no podía permitirse levantamientos civiles y mucho menos tráfico ilícito, lo que era el pan de cada día en el Punto Trifrinio con Ame y Kusa.
―Está bien, puedes irte―despidió al ninja delante de su escritorio―. Espero mañana información de la frontera.
Y en cuanto la puerta se cerró, el peliplata espero el sermón.
― ¿Supones? ― los papeles encima de la mesa vibraron mientras ella se levantaba abruptamente.
Kakashi dio un paso atrás, definitivamente había sido una mala idea suponer con una Hokage nerviosa y estresada. Su boca de fino labial rojo se tensó en una línea plana y frunció el ceño mientras cruzaba los brazos. El varón contuvo el aliento esperando el grito, pero ahí estaba Tsunade delante de él esquivando su mirada en algún punto en la madera del suelo.
―Creo que las aldeas del punto trifinio no deberían estar militarizadas, Hokage-sama―murmuro luego de un par de segundos―Muchos civiles.
―Esto es una carrera contra el tiempo, Hatake. A Kusa no le interesa y si no lo hacemos nosotros Ame lo hará. ¿Quieres a los ninjas de la lluvia pululando alrededor de nuestra frontera?
Aunque la pregunta solo tenía una repuesta posible― que ambos sabían― él se encontró incapaz de hablar ante eso.
―Es tierra de nadie, y pondremos orden antes de que Ame quiera hacerse con tierras―declaro firmemente y volvió al asiento con un suspiro.
―Tsunade sama-
―Son tiempos de paz, Hatake, pero Ame y su red civil siguen vulnerando nuestras fronteras, el crimen civil sigue aumentando en estos pueblos de nadie―levanto una mano para callarle. Kakashi sintió su boca secarse y el pulso comenzar a enloquecerse―El Daimyõ del fuego vendrá de visita en los próximos días, y no seré yo quien le diga que los civiles están destruyendo este país. Es mi deber poner orden.
A pesar de la ira que empezaba a consumirle por dentro, él sabía que ella tenía toda la razón. Ella debía velar por la seguridad de su gente.
Mientras Sakura se apaga poco a poco.
Y sin quererlo su mente viajaba a ella una y otra vez. Pero aun así él se encontraba renuente a verla. Nunca fue su fuerte tratar con las emociones de las personas cuando apenas podía asumir las suyas.
Tsunade volvió a sus documentos y Kakashi se encontró de nuevo mirando el ventilador del techo pensando en ella. Sakura y sus ojos de miedo acechándole en cada pensamiento, en cada rincón de su mente flotando como una hoja suelta en el viento. Kakashi sabía lo que era estar perdido en el viento, conocía de primera mano el silencio de la soledad, el verdugo que podía llegar a ser su propia mente. Ella fingía sonrisas mientras su interior se pudría poco a poco, rondaba la aldea como aquella marioneta sin vida.
El peliplata sintió el temblor volver a sus manos, ella era una marioneta sin vida porque en algún punto de la historia todos le habían sacado de la suya, le habían dejado sola a mercerd de un mundo cruel. Tal vez eso era lo que más le incomodaba, que todos le habían dejado y no solo él. Incluso Tsunade, le dejaba de lado.
―Tusnade-sama―se animó a hablar después de una rato, pero las palabras quedaron en su garganta cuando la puerta se abrió con Shizune seguida de un pequeño puerco una frágil anciana.
La rubia miro a Kakashi de reojo.
―Hokage-sama, esta es la señora Atsuka Ikari, de quien le hable temprano.
La anciana, con paso lento y arrasando los pies se dirigió al centro de la habitación para intentar hacer la acostumbrada reverencia.
Kakashi se preparó para volver a desconectarse de la conversación y buscar nuevamente un punto interesante en el ventilador del techo, pero se le hizo casi imposible cuando la anciana comenzó a hablar: ―Hokage-sama, yo vine acá, porque ya no se a dónde más recurrir y sé que ustedes estuvieron involucrados en algún punto.
―Adelante, Ikari-san en que puede Konoha ayudarle.
―Es usted quien puede ayudarme, Tsunade-hime.
Kakashi poso su mirada en la pobre abuela frente a él. Su cara, que era evidente como alguna vez fue joven y hermosa, estaba deformada en una mueca fea y herida, sus ojos claros como el agua perdidos en el suelo mientras sus manos arrugadas jugaban en su regazo. Kakashi sabia de solo ver unos ojos la cantidad de sufrimientos que habían visto, esta débil anciana que luchaba por respirar tenía una mirada endurecida como quien ha visto lo peor de la vida.
―¿Yo? ¿Y cómo puedo hacer eso?
―Hace dos semanas hubo una revuelta en Tierra de nadie, Ame y usted enviaron shinobis para socavarla ¿es correcto?
Tsunade le miro de reojo nuevamente, Kakashi sintió la bilis llegar a su garganta.
―Es cierto Ikari-san. Konoha envió a sus mejores Jonins para hacer control de daños.
―Mi hija estaba allí, Tsunade-hime, era de los civiles que Ame tomo para interrogar…―tomó una gran bocada de aire para sorpresa de todos, como preparándose para continuar.
Kakashi sabia a donde iba esta historia. El mismo era uno de los jonins que habían enviado para hacer el control de daños cuando llego a oídos de la Hokague sobre la red de tráfico en el pueblo. Para el conocimiento de la colectividad, la incursión no se debía más que a a una revuelta entre los campesinos, para las naciones involucradas, era un dato clave de una de las bases de seguridad de la red de tráfico más grande que se movía entre ambos países. El peliplata se removió incomodo, un civil metiendo sus narices en asuntos internacionales era lo último que querían.
―Civiles que usted y sus ninjas mandaron a liberar.
El copyninja sintió la mirada de todas las mujeres en él.
―Ikari-san, Ame rompió el protocolo de estas situaciones, los civiles involucrados no pueden-
―Usted no me está entendiendo, Tsunade sama―su voz se elevó una octava del tono normal―Ame iba a liberarlos en su aldea, los iban a deportar, pero usted pidió liberarlos en ese momento. Ahora mi hija no está.
Alguna vez hubo un momento en el que Kakashi habría hecho caso omiso al llanto de esa adorable abuelita, pero no era en ese entonces, no cuando lo que lo parecía jugar entre sus gastadas manos era una descolorida fotografía. Habían sido de verdad muy ingenuos.
―Ikari san, lo lamento mucho, no sabe cuánto, pero yo no creo poder hacer nada―Tsunade se levantó de su asiento. Kakashi sabia, por la mirada fugaz que ambos compartieron, que su líder estaba bastante clara de lo que había sucedido― El que su hija haya desaparecido en Tierra de nadie, la pone en una lista especial fuera de mi jurisdicción militar, lo lamento. Kakashi, muéstrale a Ikari-san la salida.
Y fue entonces cuando la rubia y su asistente salieron de la habitación, que Kakashi se dio cuenta lo fuerte que estaban apretadas sus manos, y lo rígida que sentía la mandíbula.
Ikari san continuaba sentada en el mismo asiento, mirando la madera pulida de la mesa, su llanto silencioso parecía calmarse cada vez más, mientras los oídos de Kakashi empezaron a pitar de la presión.
¿En qué momento se habían convertido en esto? ¿En qué momento había pasado a ser solo una máquina que seguía ordenes? Destinada a callar, a seguir el control de la burocracia. La gente moría bajo sus narices, y él no podía culpar a los malos, él se sentía parte de ellos.
―Shinobi-san― la voz quebrada partiendo desde la rota mujer. Kakashi se preguntó si Sakura tendría quien le llorara de ese modo, quien buscara justicia por ella.
―Kakashi Hatake, ese es mi nombre―su voz salió más tosca de lo que esperaba, vio a la mujer hundirse aun mas si era posible en su asiento.
Un mechón color vino pálido escapo de su peinado. Kakashi tuvo que parpadear un par de veces para cerciorarse del color.
―Hatake-san, ¿Usted tiene hijos?
Trato de aflojar un poco su mandíbula.
―No tengo, Ikari san.
―Mi hija…Mi hija era prostituta―el peliplata sabia de los civiles, él había estado allí es día, él fue quien libero a la mayoría de las mujeres de los las tiendas de interrogación―Ella hablo, lo sé, ¿Qué cree usted que le pasa a los soplones?
Su cara arrugada por los años de dolor le dijeron todo lo que necesitaba saber, pero aun así ella continuo:―Solo quería darle una tumba.
Ese día Kakashi había negociado la liberación de los civiles, los tres campesinos y las seis prostitutas. Lo había visto en su expresión, el miedo, el dolor. El mismo los había escoltado hasta el punto de control mientras las fuerzas especiales de Ame peinaban la zona. Konoha asistió en plan más administrativo mientras recopilaban la mayor información de los pobladores. La Lluvia por otro lado mandó a un escuadrón completo de Cazadores Especiales para poner orden a la fuerza. Ambos bandos esperaban encontrar, incluso más de lo que se hayo, sustancias ilícitas, armamento civil militar, e incluso parte de los prisioneros de la red de trata de blancas, en cambio se encontraron con una finca en una colina en lo alto del pueblo, habitada por seis concubinas y tres campesinos que fungían como cuidadores. Eran una organización astuta ―eso estaba claro― que no le gustaba dejar cabos sueltos.
Nadie quiere un soplón en su grupo y mucho menos en su cama.
La culpa sobre sus hombros empezó a crecer descontroladamente mientras veía a aquella ancianita perderse en las calles de la cuidad. Él se plantó fuera de la torre lo más estoico que se permitió mientras su corazón iba a mil por hora y su mente no le seguía.
El copynin no se habría inmutado, comprendería que la situación es como debía ser, y que toda acción shinobi tiene su porcentaje de perdidas. Kakashi, el hombre tras la máscara, no dejaba de pensar en cómo le habían abandonado.
Nosotros la liberamos. Nosotros la matamos.
Un pájaro canto sobre su cabeza anunciando el final de su medio turno, y el hombre frente a la torre supo exactamente en qué lugar debía estar. Su cuerpo, guiado exclusivamente en piloto automático se movió silente entre los tejados mientras su mente corría aún más rápido en un acto desesperado por analizar que era realmente lo que debía hacer. Estaba seguro que puesto era junto a ella, que no podía volver a dejarle, pero la pregunta era ¿Cómo volvería a estar a su lado? ¿Cómo ella, traicionada por la gente que amaba, le haría un espacio en su vida? La Sakura fuerte y segura que conoció hace tantos años se había ido y en su lugar había dejado un cuerpo sin vida, su deber era recuperarla a como dé lugar.
―¿Sakura-chan?―La oxidada escalera de emergencia protesto bajo su toque.
Sakura tardo un poco más de lo normal en levantarse del sofá acudir a su llamado. En su cara se extendía una fea y falsa sonrisa, sus movimientos mecánicos calculados. Puede que ella engañase al resto de las personas, pero Kakashi había fingido toda su vida como para caer en un truco tan viejo.
Una brisa removió su cabello rosa mientras ella salía al diminuto espacio de la escalera.
¿Por qué esta tan apenada?
―Hola, Kakashi-sensei, lamento dejarte así ayer. Comprenderás que no quería hablar.
En otra situación hubiese posado su mano en su cabello, ahora dudaba de tocarle.
―Yo. Está bien―de pronto su boca se secó― Yo solo… No tienes que hablar. Esta todo bien.
Su rostro sonrojado se dirigió hacia el suelo. Kakashi se recostó un poco más contra la baranda, un par de metros de distancia hubiese sido prudencial, tal vez un muro para dividirlos a ambos.
¿Qué estoy haciendo?
―No tengo miedo de ti, sensei.
De nuevo esa fea sonrisa. ¿No sabía ella que él podía verla?
El viento soplo entre ambos y por momentos, el silencio se sintió tan natural como siempre había sido con ella. Era Sakura, después de todo, un poco más rota, pero era ella.
Estaba ahí, tras los ojos verdes vidriosos. Kakashi podía ver su propio reflejo. Se preguntó cómo se vería ella en el suyo.
―Creo que debería irme―murmuro un rato después. Ella estaba aliviada, y él se encontró herido.
Para su sorpresa y de espaldas a ella a punto de saltar una pálida mano tiro de su manga: ― ¿Nos veremos más tarde?
Trago el nudo de su garganta. Sabia que había sido un error enorme encariñarse con esos mocosos.
―Tengo un lugar en donde estar.
La pequeña mano se desprendió de la manga.
―¿Estarás al alba?
―Te esperare en la azotea.
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Se que va mas lento de lo que desearían, pero prometo que las cosas empezaran a moverse a partir del siguiente capitulo y verán que la relación de estos dos es un poco mas complicada de escribir de lo que parece. Dejeme en los comentarios sus opiniones sobre lo que creen que pasara y que esta sucediendo con nuestra pelirosa :3
Lávense las manos, y matenganse en sus casas.
¡Gracias por leer!
