¡No lo puedo creer! Aurora-san se digno a actualizar x'D ¡Perdonenme! mudarme me tomo mas tiempo de que pensé y entre la nostalgia y las cajas que debia vaciar me tome mi tiempo. Aun asi aqui esta ¡El capitulo numero 25! Despues de la casa de los lamentos ¿Que ragirijillos habra ocurrido? Los invito a enterarse :D

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Muchas gracias a todos los que se toman un tiempo y leen mi historia y mas para los que me dejan sus opiniones ¡Las aprecio mucho! Espero sus reviews de este cap con ansias :)

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Disclaimer: Los personajes de diabolik lovers no me pertenecen, solo Ahome y el giro que le voy formando a su historia.

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CAPITULO 25

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"Entonces, ahora me aplicaras la ley del hielo ¿Verdad?" murmuro Ahome observando el pizarrón sin prestar verdadera atención a lo que decía el profesor de turno. Apretó sus manos sobre su cuaderno y suspiro casi imperceptiblemente "Esta bien… si eso es lo que quieres" su compañero ni siquiera chasqueo su lengua como de costumbre, solo fulmino con su mirada las irrelevantes palabras que trazaba aquel hombre mayor.

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¿Qué más podía esperarse ella después de lo que había pasado en la casa de los lamentos? Luego de escapar las familias se retiraron a sus respectivos hogares sin dirigirse la palabra y con la silenciosa promesa de no hablar de ello. La azabache no tardo en contarles a sus primos sobre alguna de sus visitas a dicha residencia ¿Por qué no lo había mencionado antes? Simplemente se lo prohibieron, Karl Heinz le "dijo" que si quería seguir viendo "regularmente" a sus primos no debía mencionar el tema. Y como ella sabía, que el rey de los vampiros tenia ojos y oídos por todas partes, decidió acatar su "sugerencia" sin rechistar.

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Sus penas y desesperación eran algo aparte de lo que no deseaba hablar, tanto se había acostumbrado a ese lugar que aprendió a convivir con ello sin siquiera inmutarse. Supuso que ese era uno de los cambios que debieron haber notado sus primos en cuanto la volvieron a ver. A estos les afectaba de sobremanera cada vez que ella se limitaba o cumplía con las ordenes del mayor con tal de verlos aunque sea unas horas; era sumamente frustrante, no podían hacer absolutamente nada al respecto. Y lo ocurrido esa noche no era para menos.

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A duras penas pudieron descansar ese día, eran muchas preguntas y casi ninguna respuesta. La única contestación que habían recibido vino sin ser llamada; sus vidas eran completamente manipuladas por el hombre que les salvo la vida.

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-Prometimos que nunca nos miraríamos con lastima… - murmuro la azabache antes de comenzar a retirarse a las penumbras de su habitación – Ya esta, ya paso… no tiene importancia.

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-Sabes que eso no es cierto – contradijo Ruki observando los raspones que quedaron en sus manos. Los demás recién parecían reparar en ellos, habían estado tan ensimismados reprochándose sus pensamientos y acciones que ignoraron sus propias heridas. Enseguida, la ojis violetas, se arrodillo en frente del mayor y empezó a desinfectar con cuidado sus manos; apoyando cuidadosamente el algodón, empapado de alcohol, mientras soplaba para evitar lo más posible el ardor que debía provocar este. Ruki solamente se dejo maniobrar por ella, la miraba como si nunca lo hubiese hecho antes; la ya mujer que tenía en frente seguía siendo su preciosa prima, solo que ahora podía notar, con más facilidad, las invisibles heridas del pasar del tiempo en su ser.

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Finalmente vendo sus manos y las tomo entre las suyas para después depositar un leve beso en ellas. El suave tacto de sus labios sobre su piel lo hizo despertar y percatarse de que ella lo miraba fijamente. En cuanto obtuvo su atención, ella sonrió con un ligero lamento rondando por sus ojos. Susurro "Ya pasara…" y se retiro de la sala dejando en espera las preguntas que todos ansiaban pronunciar.

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Una hora más tarde, acompañada de Yuma, Kou y Azusa, intento conciliar el sueño. Los tres se habían infiltrado a su cuarto con intensiones de hablar, sin embargo el cansancio hizo tanta mecha en sus cuerpos que no pudieron evitar quedarse dormidos al apoyarse en la gran cama de la joven. Rio sin intensiones de despertarlos, era una imagen que había visto muy a menudo de niña. Sabía que Azusa iría a dormir con ella pero no se espera a los otros dos. "Falta uno" se recordó con amargura, de seguro el mayor debía de estar torturándose mentalmente en la soledad de su fría habitación. Por un momento quiso levantarse y arrastrarlo hasta su cama para que durmiesen todos juntos como antaño, sin embargo el no se sentiría cómodo, el querría estar a solas con ella para conversar. Lo único que lograría trayéndolo era que se amedrentara aun mas, mientras se contendría para no destrozar el momento.

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-"Tenemos que ayudarnos mutuamente, somos compañeros" –interrumpió la ronca voz del albino que aun no le dirigía la mirada – Esa porquería la habías dicho tu, Tsk. – le recrimino a ella y a el mismo también por confiar un poco en sus estúpidas palabras. – No sé por qué diablos te escuche.

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Claramente su comentario denotaba enojo y decepción, después de todo había comenzado a tenerle algo de confianza, realmente era la primera vez que tenía una compañera de verdad y eso, probablemente, fue lo que lo confundió. Eso era de esperarse, estaba acostumbrado a que la gente lo traicionara y lo dejara atrás, y al parecer ella no era la excepción. Realmente se sintió frustrado.

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-Mukami-san – la llamo el profesor y se ergio mostrando una leve sonrisa – Hoy eres la encargada de llevar los documentos a la sala de profesores ¿Verdad? – le recordó con algo de cansancio y ella asintió – aprovecha ahora para llevarlos que esta el titular de esta clase – le ordeno e inmediatamente tomo los documentos para dejarlos encima de su escritorio.

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Ahome obedeció y se retiro del salón ante la indiferente mirada del albino. Los papeles no eran pesados, tampoco la tarea dada, sin embargo, la pesadez de la impotencia que le daba no poder explicarse claramente, la estaba atormentando.

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Narra Shuu

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El inicio de clases fue tan aburrido y pesado como siempre, tanto que decidí recostarme contra una de las columnas de mármol del patio interno de la escuela y dejar que las horas transcurrieran. Era extraño observar el nuevo comportamiento de los demás luego de la visita a esa vieja choza, bueno… yo también comencé a considerar varias cosas luego de ello. El ambiente era más tenso que de costumbre cuando nos topábamos con los Mukami y mis hermanos se torturaban mentalmente al estar solos.

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En ese momento no pude comprender el porqué de la sorpresa, todo lo que nos mostraba esa mansión rondaba dentro de nuestras cabezas, era algo que ya sabíamos no algo "nuevo". Bueno, revivenciar todo aquello no era para nada agradable, supuestamente ya lo habíamos superado…. Realmente había que ser un imbécil con creces para creer en tal estupidez, nadie supero nada, ni un poco y eso era lo que nos irritaba.

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-Me pregunto cómo es que pasas de año –canturreo una ya conocida voz.

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-Ya lo he hecho varias veces, solo los idiotas siguen haciéndolo – conteste sin más.

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-¿Tan aburrido estas? – pregunto con cansancio. ¿Acaso no podía notarlo? No tenía deseos de hablar sobre un tema tan trivial como la estúpida escuela.

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-No tanto para seguir escuchándote, déjame dormir- le demande sin verla, pero aun así pude notar un quejido de frustración. Abrí un poco mis ojos y ahí estaba; apoyada en otra columna, abrazando unos papeles y con la mirada algo perdida. Chasquee mi lengua con molestia ¿Qué era esa nueva manía de venir a verme cada vez que estaba confundida o en problemas? Es cierto que la acompañe cuando paso lo del escritor, sin embargo estaba muy equivocada si creía que siempre lo haría. Debía solucionar sus problemas sola. Entonces, con aquella resolución entreabrí los labios.

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-Me alegra ver que estas mejor – menciono en un susurro y ante mi atónito rostro prosiguió – Parece que te diste cuenta de algo, luces mas "atento" por así decirlo.

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-¿Eso lo dices por qué no te exigí que te largaras como los demás? Todos están muy molestos contigo – dije secamente. No quería hablar de ello, me sorprendió que se diera cuenta de mi ligero cambio, uno que no había notado ninguno de mis hermanos sin embargo no hacía falta que me lo recordara y al parecer lo capto rápidamente- Me imagino que tuviste problemas con Subaru – encogió sus hombros con algo de resignación – El puede ser un estúpido impulsivo pero no es tan "imbécil", si tiras mucho de la cuerda con él; se alejara.

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-Lo sé, lo sé~

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-¿Eso es cierto? – increpe con incredulidad – A tus niñeras puedes contentarlas como quieras, pero mis demás hermanos te odian aun mas así que olvídate de poder charlar con esa mujer en un buen tiempo, Subaru se decepciono contigo y parece que le caes mucho mejor a Laito ahora. – Generalmente es difícil verla incomoda, siempre se mostraba altaneramente bien sin embargo, ahora, dudaba. Quería dormir y aun así se me había quitado gran parte del sueño ante la posibilidad de fastidiarla. – No te están saliendo las cosas como esperabas ¿Verdad?

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-Eso es cierto – suspiro para después dirigirme una mirada de complicidad ¿Qué rayos le pasaba? – ¿Y qué hay de ti? –Sonrió levemente - ¿Tu no me odias?

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Entreabrí los labios y enarque una de mis cejas, pensé en responder "Si" para que dejara de fastidiarme de una vez por todas. Frote con algo de pesadez mi nuca y desvié mi mirada de ella – ¿Qué tan importante te crees? Sería mucho trabajo hacerlo y no pienso gastar mis energías en una idiota como tú. – conteste cortante y ella solo rio divertida. La detestaba, ella solía percatarse del más mínimo detalle y eso era molesto.

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-Gracias por la sinceridad Shuu~ - canturreo. Volví a posar mi mirada en ella y la recorrí de arriba abajo; yo también me había percatado de algo. Fue por un instante pero su esencia había cambiado y además, ese día, estaba usando aquel collar que pocas veces utilizaba. ¿Qué tenia de raro? No era un simple accesorio.

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Los Mukami, ciertamente, tenían sus "secretos" sabía que eran protegidos de Padre y que por algo se habían trasladado a nuestra escuela. Cuando ella apareció supuse que tendría la misma razón que ellos pero no era así, fuese cual fuese su motivo, desde su llegada varios sucesos de desenvolvieron como si hubieran estado esperando su presencia. Aun así… ¿Por qué parecía actuar tan independientemente de Padre? Otra de mis dudas era Yuma, se me hacía muy familiar y lo había confundido con mi difunto mejor amigo en muchas ocasiones. Tenía las intensiones de seguir engañándome e ignorar el hecho de que ya sabía la verdad; Edgar no había muerto.

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La casa de los lamentos me había ayudado a confirmar mis dudas, muy a mi pesar, estaba comenzando a sentirme más "despierto" que de costumbre. La pelinegra volvió a reír ante mi decadente respuesta y acomodo su cabello con alivio. Nuestros escasos encuentros solían ser de aquella forma, no había saludos ni despedidas; Ella llegaba repentinamente y luego desaparecía con una sonrisa pintada en los labios como en ese momento.

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Su ausencia trajo a mi mente el plan "Adán y Eva" del viejo, al igual que Reiji, nos habíamos enterado de él con la aparición de los Mukami. A pesar de estar consciente de ello no tenía ni la más mínima intensión de cumplir los requisitos para convertirme en Adán, no si era para satisfacer a Padre.

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Narración Normal

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El pelirrojo se encontraba paseando por los pasillos de la escuela totalmente aburrido, últimamente se sentía incomodo en cualquier lado y solo conseguía algo de tranquilidad al lado de la rubia, que por cierto, estaba buscando bastante irritado. "Solo debes mirarme a mí, tu plano pecho tendría que estar rebosando de felicidad por el solo hecho de que Oree-sama te permita estar a su lado" le repitió tantas veces pero aun así ella desobedecía; se alejaba de él y se embelesaba con algún otro hombre. "¡Maldita libidinosa Chichinashi!" en algún sitio se suponía que debía estar. Rebusco nuevamente por todos los rincones y seguía sin encontrarla. Bien, si no era por las buenas seria por las malas, su mente se ilumino y se elogio por la brillante idea que le llego. Miro con malicia la palanca de incendios, hace tanto tiempo que no causaba estragos "a gran escala". Considero que a esos humanos y vampiros débiles: no les vendría mal moverse un poco, ya se emocionaba con solo imaginárselos desesperados y asustados.

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En realidad, la idea original, era obligar a Chichinashi a que saliera de su escondite, en cuanto lo hiciera aprovecharía el instituto vacio para beber su sangre donde le placiera ¡Un plan a prueba de fallas! Sus ojos dieron un resplandor de emoción y elevo su mano hasta la manija.

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-No deberías… hacer eso… Ayato-san – lo detuvo la conocida voz del menor de los Mukami. ¡Lo que le faltaba! Su ceño se frunció en molestia y apoyo su mano sobre la manija.

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-¡Tú no puedes ordenarle nada a Oree-sama! Ahora lárgate, basura – escupió con odio sin verlo, no toleraba hacerlo.

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-¿Aun sigues… molesto?

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Carraspeo fuertemente y se giro para observarlo irritado ¿Estaba jodiendolo, verdad? Por culpa de su familia se había rebajado aquella noche, lucio como un maldito mocoso que mendigaba por algo de atención. Lo odio completamente.

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-Puedes golpearme… si quieres… - propuso Azusa al verlo temblar de la impotencia. El se sentía igual de enojado y confundido, escarbar en viejos recuerdos y no poder autocomplacerse, como siempre, lo había desesperado. El pelirrojo tuvo el impulso de tirársele encima y golpearlo hasta deformar completamente su rostro, sin embargo recordó que lo único que haría sería satisfacer al imbécil masoquista que tenía en frente. – Pero a cambio… - volvió a prestarle atención ante su firme tono de voz – deja de despreciar a mi familia.

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-¿Eres estúpido? – pregunto anonadado.

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-Tú no fuiste el único… que sufrió en esa mansión – aclaro sin vacilar – mi familia y tus hermanos… también lo hicieron – afianzo su mirada con intenciones de que lo entendiera – No actúen como si fueran los únicos afectados.

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Ciertamente era así desde que volvieron a encontrarse, las miradas llenas de odio y los insultos de los Sakamaki a los Mukami no se habían detenido. Incluso varias veces, casi lograron terminar a los golpes. No era para nada justo que siempre fueran ellos los despreciados, con los que se descargaban los idiotas nobles, ellos también eran personas, solo que… tanto poder nubla la vista. Nunca le deseo ese tipo de mal a nadie, las personas que realmente conocían el miedo nunca querrían que otra lo sintiera, a menos que fuera alguien muy odiado. Sin embargo, en ese caso, cuando se encontraban igual de vulnerables que los que "no poseen poder", solían actuar como idiotas y desesperarse.

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-La única culpable es la imbécil de esa mujer, ve a reclamarle a ella ¡A mí no me vengas con tus quejas!

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En cuanto termino de hablar, Azusa, lo tomo por las solapas de su camisa y lo acerco más a él para fijar sus miradas. Sus ojos denotaban seguridad y molestia, no iba a dejar que siguieran haciendo lo que quisieran, eso había comenzado a molestarle desde hace tiempo pero supuso que era normal, después de todo entre todos se debatían a Eva. Sinceramente no sabía si era algún indicio de Adán o la presión por parte de Karl Heinz-Sama. "Es muy… molesto" era tan molesto que los presionaran hasta tal extremo que ni siquiera dejaran en paz a su punto débil; Ahome.

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-No eres… tu solo… - pronuncio claramente- deja de hacerte la víctima. -Ayato lo observo sorprendido, no se esperaba que el azabache reaccionara de aquella forma y le hablara así. – Nadie dijo nada… -irrumpió sus pensamientos- por que a todos les dolió… no eres el único enojada consigo mismo.

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El ojisgrises lo soltó y dio un paso hacia atrás, dejando intriga e incomodidad en aquel espacio vacío. Pensó que no estaba mal recordar que solía perder los estribos y su comportamiento usual cuando despreciaban a alguien que él quería. No odiaba a ninguno de los Sakamaki en particular pero comprendía a la perfección el enfado que calaba su cuerpo cada vez que se comportaban más estúpidos de lo normal. Habitualmente no le afectaba, una charla con Justin y los demás solía solucionar cualquier problema… desgraciadamente ya no era así.

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-¿Quién rayos… - logro murmurar el ojisverdes.

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-Ruki… tampoco dijo nada, nadie lo hizo… - confeso para tratar de calmar al trillizo pero solo logro que se sintiera más miserable- Ya te lo dije… ¿Verdad?... a todos les dolió… ¿Por qué… ¿Por qué no puedes… comprenderlo?

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¿Por qué no podía comprenderlo? Se sintió completamente humillado delante del líder de la familia Mukami. Esa necesidad de suplicar que lo mirara aunque sea por un segundo lo devasto, se había sentido invisible durante tanto tiempo que hacia todo lo posible por captar la atención. "Que alguien me mire, por favor… quien sea." Murmuraba entre lágrimas de pequeño. Desde la llegada de Yui trato ser su centro, su mundo, pero al parecer él no era suficiente para ella y eso le molestaba de sobremanera. Pensar que esa situación tan conocida no cambiaba a pesar de los años era terrible.

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-¡Tsk! Eres muy molesto… - acomodo su camisa y lo observo receloso. – ¡Mas te vale que sigan manteniendo la boca cerrada! – Exclamo sobresaltado y queriendo encontrar un poco de estabilidad en aquel caos que era su mente – Seguiré tratándolos como se me dé la gana – declaro firmemente haciendo que Azusa lo mirara mas fijamente – pero… ya no mencionare mas lo de esa choza. – le dio un último vistazo a la manija de incendios y la idea ya no le pareció tan atractiva como en un principio.

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-¿Adonde crees que vas, Subaru? – le reclamo Reiji viéndolo caminar por el pasillo con su bolso en brazos.

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-¡Tsk! Me largo de aquí ¿No es obvio? – respondió pesadamente.

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-No estás en las condiciones para "irte" cuando quieras – le recordó acomodando sus lentes – Si es que no soportas estar con tu compañera puedo hacer algo al respecto.

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-¡Cállate! – exclamo exasperado. Quería escaparse un rato de todo ese caos y lo único que conseguía era adentrarse más y más – aunque sea por hoy… déjame en paz. – murmuro retomando su viaje.

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El ojismagenta decidió permitírselo solo por esa vez, si él también se sentía sofocado en aquel lugar no se imaginaba el albino, que tenía que lidiar con la causa de sus problemas.

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Por otra parte, cuando Ahome volvía al salón, pudo observar desde una ventana, a su compañero irse; tan solitario e indiferente como siempre. Rozo el vidrio con su mano como ella imaginaba que lo haría con su espalda para detenerlo y así poder aclarar lo que él no le permitió. Comprendía su enojo pero aun así, irse de esa manera, no se lo permitiría. Así que corrió a toda velocidad hasta que llego al patio y quedo a algunos pasos de él.

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-¡Subaru! – lo tomo por el brazo pero inmediatamente el se deshizo de su agarre para imponer distancia entre ellos.

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-¡Deja de joderme de una maldita vez! –acomodo bien su bolso en su hombro con bastante molestia. Sintió que si ella seguía así ya no podría contener su enfado - ¿Qué es lo que quieres? ¿Eh? –Indago queriendo quitar esa duda que llevaba rondado por su cabeza – No sé qué rayos pretendes pero no me incluyas en tus planes… aléjate de mi ¿Oíste? - murmuro con amargura.

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-¿Por qué no dejas de decir tantas estupideces juntas y me permites hablar? – comento llanamente, Ahome, pero pudo denotar en un su voz bastante inquietud.

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-¿Eh? –enarco su ceja con desespero, no tenia porque seguir soportándola, ya era el colmo.

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-¡Solo cállate un momento! Tu… siempre… - se removió en su lugar y el albino la observo confundido – ¡Siempre estas gritando y nunca escuchas nada! –Elevo su tono de voz y lo miro con reproche; estaba molesta, molesta de que no dejara de juzgarla. – Te encierras, ignoras a los demás y te pones violento ante algo que te ponga incomodo. – Movió sus manos totalmente inquieta mientras hablaba y de vez en cuando acomodaba su cabello – ¡S-solo… detente un segundo!

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-No tengo tiempo para esto… - dijo y sintió como el ambiente se volvía más sofocante. ¿El ya había pasado por esa situación antes? Cierto… odiaba esa misma actitud que le hacía recordar a su madre, sin embargo, se comportaba de igual forma. Carraspeo frustrado, ya sabía que era un desastre y desde la aparición de la ojisvioletas solía tenerlo presente muy a menudo; eso no le gustaba para nada. Simplemente quería estar solo ¿Era tanto pedir?

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-¿Qué quieres que te diga? – Esbozo la azabache sacándolo de su ensimismamiento - ¿Quieres que te pida perdón? Pues no lo hare – Respiro hondamente y escruto sus rubíes ojos con determinación – Detesto haber terminado encerrada en tantas ocasiones en aquella casona de porquería… no importa cuántas veces sean aun sigue doliendo de la misma maldita forma.

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Su respiración se volvió un poco mas errática y observo con desespero sus manos, se supone que no debía decir nada pero… el estaba escuchándola. Por fin había logrado captar su atención, no podía detenerse ahora. Trago en seco y se sintió completamente observada por el albino, su pesada mirada recorría todo su cuerpo, sus gestos y terminaba con ansias en sus orbes violetas.

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-Intente que todo fuera lo más leve posible pero… todo se desvirtuó y lo único que quedo fue actuar. Por favor… - pidió en un hilo de voz- créeme. No quería que las cosas terminaran así… yo no quiero verte sufrir.

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Tal vez el cariño que le había tomado en tan poco tiempo o la impotencia del momento la había impulsado a expresarse de aquella forma, realmente no lo sabía; no hacía falta hacerlo.

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-Pff – soltó una nerviosa risilla ahogada - ¿Pero qué diablos dices? ¿Por qué balbuceas tantas estupideces? – intento buscar las palabras adecuadas, irse era una buena opción en ese momento pero su cuerpo no le respondió. No sabía cómo actuar, todo le parecía una gran e inescrupulosa mentira que de tan grande que era parecía cierta. – ¿Piensas que me tragare eso? Yo no confió…

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-Subaru – susurro y sonrió de aquella forma que solía desequilibrarlo totalmente. "Maldición, maldición, maldición… no debes creerle" se repitió pero su cerebro no captaba sus ordenes y mucho menos su cuerpo. – Lamento que te doliera tanto… es horrible recordar aquellas cosas que tanto le pesan a uno… sin embargo – froto sus propios brazos y le dio un pequeño vistazo a los puños cerrados del joven- en algún momento debemos lidiar con ellos. –Levanto su cabeza y observo el estrellado cielo – Yo… quiero dejar de huir de algo, que ni siquiera recuerdo, desde hace mucho tiempo. Me es muy difícil pero… ya no quiero sentirme más encerrada; quiero ser libre con las personas que amo.

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Ante los ojos de Subaru, por tercera vez, ella pareció extremadamente frágil. No había rastros de la joven altanera, hiperactiva e irritable que él conocía, solo era una mujer; mas humana que un mismo humano. Su enfado intentaba disiparte pero su orgullo lo amarraba fuertemente hacia el vacio que era la soledad. El también se sintió prisionero de algo indefinido y se le antojo aquella libertad de la que ella hablaba.

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-No voy a pedirte disculpas por algo que yo no ocasioné – menciono volviendo a fijar su mirada en la de él. – si no por lastimar la confianza que me tomaste. De verdad no quería dañarte. – la azabache intento modular alguna que otra palabra sin éxito, ya no sabía que decirle.

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Subaru la odio profundamente ¿Por qué daba tan por seguro que el confiaba en ella o que la escucharía? Esa especie de poder que la ojisvioleta tenía sobre él no era para nada bueno; lo hacía más susceptible a considerar las situaciones, más comprensible e incluso menos violento. No era para nada algo bueno. Cada paso que daba hacia él era uno que ella retrocedería después. No supo bien en qué momento, pero había avanzado lo suficiente como para atravesar los límites que el mismo le imponía a las personas.

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-¿Subaru? – esbozo confundida al verlo maldecir en voz baja. – Enójate conmigo si quieres pero-

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-Cállate… Hablas mucho. - interrumpió frotando su nuca exasperado. Quería que le contara sobre las veces que termino en aquella mansión y el motivo de ello pero sintió que era un tema de conversación muy pesado por el momento. Ahora ella le debía explicaciones a él, y no se lo dejaría olvidar.

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La suave presión de la mano de Ahome sobre su brazo desnudo lo trajo de vuelta a la realidad, al bajar su mirada pudo notar la anhelante de la joven; tan llena de ilusión y esperanza como siempre. Recordó haber visto esa misma mirada en unas cuantas ocasiones, en todas le parecieron bellas, únicas e inigualables. Internamente deseo que nunca lo dejara de mirar así, cada vez que lo hacia se sentía más seguro y aunque eso fuera peligroso no le molestaba tomarse ese riesgo.

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Se alejo lentamente y le dedico una última mirada, algo avergonzada por su actitud pero ya sin tintes de odio en fin. Ahome respeto su espacio, quizás por primera vez, y lo dejo ir.

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El seductor y lento rasqueteó de una guitarra resonaba en un salón vestido de telas en tonos rojizos. Dio un pequeño vistazo al vacio que era el publico aquella noche y se dejo deleitar con el melodioso canto de la mujer que lo acompañaba y su instrumento. Los dos sonaban tan bien juntos que en cada nota se sentía más relajado y a merced de quien guiaba la canción.

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"Si atrapo, te envuelvo y tomo todo de ti

En mis labios queda el fuego de tu piel.

Y tú mirada… Oh, cierto, no debo decírtelo aun."

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La voz de la mujer del antifaz invadía cada recoveco de su mente sin darle oportunidad de oponerse. Su burlona y sensual melodía lo incitaba a observarla, aunque por el momento lo único que distinguía era el manto negro de su cabello cubriendo parte de su vestido color carmesí. Se le hacía tan misteriosa como peligrosa.

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"Lo siento, ¿Qué es lo que deseas? ¿Solo esto quieres de mí?

Siento no ser lo que buscas, me gustaría poder estar allí contigo.

¿Es por eso que siempre me evitas?

¡Oh, bueno! Jamás seré ideal para ti.

Yo… "

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Sus labios se movían a un ritmo hipnotizante invitándolo indiscretamente a descubrirla. El joven entreabrió su boca y comenzó a acompañarla en su excitante show sin espectadores.

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"¡Soy tu problema! Se lo que piensas…

Es como si no fuese persona, yo solo soy tu problema. Pues bien…"

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"Ah… no debería darte ninguna explicación" la muchacha de carmesí se levanto a un ritmo tortuoso de su asiento y avanzo a paso lento hacia el guitarrista que no podía ser más que esclavo de su propia balada.

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"Ah… y sin embargo te abro mi corazón.

Perdón por existir, indiferente sé que soy para ti pero yo… no debería acercarme a ti.

¿Por qué te quiero? ¿Por qué te extraño?" respondió pesadamente en un susurro. Ella se había inclinado hasta quedar cara a cara con él, que no tardo en levantar la cabeza para finalmente poder verla.

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"Trato de pedir, perdón porque te… "canturreo la mujer de orbes violeta para después modular una palabra que el considero altamente peligrosa pero al mismo tiempo encantadora.

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"Ah… no debería darte ninguna explicación" murmuro con una voz más ronca de lo que hubiera deseado. Estaba siendo devorado por sus grandes y felinos ojos con las promesa de hacerlo tan feliz como infeliz.

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"Ah… y sin embargo te abro mi corazón" ella poso su pálida mano sobre el borde del antifaz de él y lo delineo con sus dedos con sumo cuidado hasta deshacerse de aquel objeto y terminar su recorrido en su labio inferior. A ese punto la desesperación recorría su ser y mucho mas al sentirla respirar tan cerca.

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Luego de tararear unos versos mas, ella, se deshizo de su máscara dejando su identidad y deseo al descubierto "Soy tu problema" murmuro sobre los labios del joven y este, finalmente, fue libre del hechizo que lo mantenía sujeto a su guitarra. El agonizante acercamiento que no pudo controlar le estaba permitiendo moverse al aceptarlo. Enterró sus dedos en aquel manto negro, la devoro completamente con su lujuriosa mirada y cerro la distancia entre los dos a la par del estrepitoso sonido que género el golpe del instrumento contra el suelo.

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Ese día se había levantado agitado por aquel "estúpido e irrealista" sueño, como lo llamaba él, y del sobresalto se golpeo la frente con la tapa del cajón. Frustrado y muy molesto observo su oscuro entorno mientras intentaba volver a la realidad. Respiro hondamente, se noto algo sudado y para su desgraciada "emocionado" por aquellas malas jugadas de su inconsciente. Rechistando y completamente enrojecido se había dado una ducha para calmarse y considerar todo con más claridad; ese era un ejercicio que no hacia tan a menudo.

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Estaba furioso con ella, se sintió traicionado e incluso humillado por la situación que habían atravesado. Sus charlas, juegos, peleas y discusiones se ennegrecían por el amargo gusto del pasado. Si bien, la azabache, hizo todo lo posible para ayudarlos, no pudo evitar lo que vino después. Sin resolución alguna fue a la escuela para decidir qué haría con respecto a ella. "No es nada mío, no tiene que ver conmigo" se repitió una y otra vez pensando que lo mejor era ignorarla hasta que no le hablase mas, sin embargo, ella no dio el brazo a torcer e intento e intento explicarse.

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Ahora había llegado a ese punto; los dos discutiendo en el patio de la escuela, el a punto de irse y ella, nuevamente, tratando de persuadirlo. Todo salió como se lo esperaba hasta que la joven se impaciento y perdió los estribos más que de costumbre. Su argumento no era confiable sin embargo quería creer que era cierto, por primera vez no le importo ser engañado, desde que salió de la mansión la soledad era aun más pesada y sus momentos con ella más preciados. No debía ser así…

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Se giro para verla una última vez antes de irse, no llevaba aquella sonrisa altanera que dejaba en claro que ella era la única ganadora sino que una satisfecha y agradecida. Sus desplantes solían enloquecerlo más de la cuenta y este no era la excepción aunque, ahora, tomaría el riesgo de aceptar su juego solo para "salirse un poco de la rutina". Su mirada atravesó lentamente la suya a la par del leve sonrojo que se esparció por su rostro, pensó que por lo menos no se aburriría tanto "Ahora eres mi problema" se dijo emprendiendo su camino a su casa. No pudo evitar recordar las escenas de su "inusual" sueño ni mucho menos sobresaltarse y reprenderse por ello. Se prometió, inútilmente, no traerlo a recuerdo tan seguido.

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Se desconoció completamente, el no era así… "Eso es lo interesante" le murmuro su propia conciencia descontentándolo aun mas.

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-Tal vez sea tiempo de apurar un poco más las cosas – comento el hombre de largos cabellos albinos luego de mover una pieza de ajedrez.

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-Oh… - rasco su calva nuca el contrincante. Pareció reflexionar sobre su comentario y de la jugada que debería realizar para ganar de una vez por todas. – ¿No crees que siempre lo haces?

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-¿A qué te refieres?

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-Viejo amigo… - lo llamo con algo de cansancio. A pesar de que sus planes no fueran ideales para él, no podía hacer nada, solo aconsejarlo y esperar a que alguna vez lo escuchara. –Nos conocemos hace cientos de años y en el transcurso de estos te he visto lamentarte en silencio por "apurar las cosas" en su indebido tiempo. –le recordó y observo una leve incomodidad en los ojos de su amigo.

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-El tiempo nunca tuvo consideración conmigo ¿Por qué yo sería considerado con él? – contesto tajante observando la pieza que movían los ancianos dedos. Acomodo un mechón de su cabello y rápidamente hizo otro movimiento en aquel tablero que tenia mas años que él.

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-Porque la vida de tus hijos, que por cierto son lo único que te queda, está en juego. – de un momento a otro se encontró en "Jaque" sin embargo dirigió su oscuro mirar hasta los magentas ojos del hombre que tenía en frente – A ellos les confiaste la tarea de darle fin a tu larga vida. Los haz manipulado y a muchas personas más para que todo se diera a tu gusto ¿Verdad? – Karl Heinz asintió interesado, como si hiciera un recuento mental de todo lo que había hecho hasta el momento; sus pérdidas, las veces que gano, engaño, traiciono, sacrifico a otras personas sin importar quienes fueran aunque fuera el mismo y en las que su orgullo y sus oscuras ambiciones lo engullían cada vez más en el retorcido mundo que ahora era su mente.

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Suspiro como hace años no lo hacía y se autoconvencio de que lo que había armado podía ser considerado una obra de arte sin precedentes. No importaba quién sufriera o se beneficiara mientras bailaran en las palma de su mano, al ritmo que él les marcara, todo estaría bien.

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Clavo su mirada en la sabia de Sócrates, muy pocos humanos le habían interesado en su larga vida y el era uno de ellos que no cumplía la función de "Peón". Admitió, que a pesar de ganar siempre en sus encuentros, no se aburría de visitarlo, su razonamiento y su capacidad de escuchar eran impecables.

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-Sin embargo- agrego el hombre mayor- los subestimas demasiado… ese es un grave error que se te será cobrado en el momento menos esperado, amigo. – Karl rio con la elegancia que solo el poseía y lo miro con confidencia y cariño.

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-¿Crees que le tengo miedo a lo que busco hace tantos años? – enarco su ceja y luego de la desesperada jugada de su amigo volvió a ponerlo en posición de "Jaque".

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-Claro que no… - murmuro y dejo un pesado silencio de por medio sin temor a que el rey de los vampiros arremetiera contra él. – le tienes terror a que, a pesar de todos tus movimientos, tus hijos sean indiferentes al odio que implantaste en ellos y te dejen olvidado en el tiempo. – Simplifico siendo preciso y certero al leer al ser sobrenatural que lo acompañaba – Ni siquiera te interesa ver si la unión entre Adán y Eva da el resultado que planeaste. Solo quieres morir y perdurar en la mente de tus familiares en forma de odio, ya que esa nunca se olvida.

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La cruel soledad a la que ya estaba acostumbrado vistió el ambiente con incertidumbre y nostalgia. Camuflo su sorpresa y los pensamientos que asaltaban su mente para volver a engañarse; era mejor mantenerse con vida así. "Jaque mate" murmuro sin la gracia de costumbre y quito con algo de fuerza al rey de su contrincante. En otras épocas no hubiera dudado en asesinarlo por su impertinencia, sin embargo, el ya estaba muerto y capaz sufriendo una de las peores torturas que era la de cumplir el papel de ser su consejero personal. El significaba "lo correcto" o "lo normal" y Karl Heinz era quien profanaba, a su gusto, dichos conceptos.

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-Eres un meticuloso muy impertinente, querido amigo – menciono con el peso de todas su palabras en su espalda. – Ya deberías saber que no me interesa si me odian o no… - dijo con su melodiosa voz mientras balanceaba de un lado a otro el Rey blanco de Sócrates.

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-De eso aun tengo dudas… - rasco con derrota su barba- Un ejemplo podría ser aquella pequeña niña que recogiste en el bosque de los demonios hace tiempo – se enderezo en su silla y supo que había captado nuevamente la atención del albino – La tomaste y le diste como familia a tus hijos adoptivos… incluso le prestaste más atención que a tus herederos.

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-Mi pequeña dama… - recordó que hace mucho no la llamaba así. También le había hecho pasar por muchos disgustos para alimentar su rencor y sentido de deuda hacia él. Aun así, ella era diferente, desde que la encontró y le borro su memoria para criarla como a el más le conviniera noto que no era tan influenciable como los demás. Ella mantuvo su inocente y cariñosa personalidad a pesar de todo, sin embargo su punto débil era tan claro que no podía fallar al intentar lastimarla; sus primos. – Ella está haciendo las cosas bien, aunque se está desviando un poco de mis preferencias.

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-No todo puede salir como tú lo deseas, eso ya lo sabes.

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-Por eso mismo la recogí… ella es la primera Eva ¿Recuerdas?

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El plan de Karl se había desvirtuado tanto atreves de los años que comenzó a tomar mas precauciones de las que hubiera deseado, eso es algo que Sócrates sabía muy bien. En varias de sus charlas le había nombrado a la pequeña que lo tenía sorprendido, al parecer era una humana "especial" por lo que no podía darse el riesgo de perderla. Por eso la crio con sus hijos adoptivos para que llegado el momento la convirtieran en una de ellos, así podría usarla y tenerla como opción de Eva. En esa época ya tenía elaborado su plan, no obstante, le faltaban candidatas de razas dignas, y cuando los trillizos asesinaron a Cordelia le facilitaron el trabajo.

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-Y ahora que tienes a la segunda a un solo paso de lograr lo que tanto deseabas ¿Por qué, recién ahora, adentras al juego a la pequeña dama?

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-Oh, al parecer hubo algo que de lo que no lograste percatarte, amigo – canturreo, el rey, para luego reír con sorna- Ella siempre estuvo en el juego. – Coloco su mano en su barbilla ante la atónita mirada del anciano – desde que sus pequeños y vivaces ojos me observaron con miedo a pesar de no saber quién o que era.

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-Dijiste que estaba haciendo las cosas bien ¿Entonces por qué quieres apresurar todo? – pregunto sintiendo algo de lastima por los hijos de su amigo.

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-Hm… no es nada personal, sin embargo, mi amado amor platónico lleva miles de años ignorándome y el tiempo lo único que hace es mofarse de mí. Ahora yo hare lo que me plazca con él, tan solo eso. – Finalizo pestañando lentamente y deleitándose con la tan sola idea de controlar todo a su antojo - ¿Una partida más, Amigo?

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El anciano había permanecido así durante años, mirando la historia transcurrir desde aquel lugar y las partidas de juego con su peculiar amigo. El motivo de su reiterativo regreso no era sorpresa para él ni mucho menos el inminente fin que estaba planeando. El tiempo era exasperante, bien lo sabía, sin embargo por más poder que posea un ser era imposible que manejara todas las variantes para lograr su objetivo. Su amigo ya hace varios centenares había domado su razón y deseos más oscuros, no había derrota ni gloria obtenido de ello… solo así consiguió hundirse cada vez más en aquel mundo paralelo que había creado en su mente.

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-Hasta el día en el que obtenga mi primer victoria – murmuro mostrando su voluntad de seguir como espectador – siempre habrá una partida más, mi viejo amigo.

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Esa misma noche, Ahome entraba prácticamente a hurtadillas, en la mansión Mukami una hora antes de la finalización de la jornada escolar; algo le estaba molestando desde que se levanto. Al principio creyó que era por lo que pasaron en la casa de los lamentos, pero luego de aclarar las cosas con Subaru su presentimiento se hizo cada vez más y más grande. Tuvo la necesidad de recorrer el perímetro de la escuela y ahora el de su casa, sabía que no podría engañar a sus primos y que en cualquier momento se darían cuenta de su ausencia, por ello luego volvería a la institución.

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Dio unos pasos y se percato de que no estaba sola, en la planta de arriba podía sentir la presencia de Ruki. Suspiro ante la idea de recibir un castigo del mayor, no quería mentirle, el se enteraría de todas formas que se había escapado de clases. Con intenciones de dirigirse a donde él se encontraba dio un paso más y como si un latigazo hubiera arremetido contra su cuerpo noto algo más.

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De un salto llego al segundo piso y corrió sigilosamente hasta la sala donde percibió a Ruki. Inspecciono con la vista la puerta entreabierta y su entorno, se metió al cuarto y se encontró con el azabache mayor recostado en un sofá. Todos sus sentidos se agudizaron, su cuerpo no reacciono por un segundo y su rostro se contrajo en preocupación.

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-¡Ruki! – exclamo y se incoó a su lado. Su cuerpo no tenía heridas graves pero su piel estaba tornándose violácea y su pecho temblaba erráticamente. Una rasguño en este le indico que lo habían atacado, y lo que sea que fuera ya había abandonado la casa - ¡Ruki, Ruki, Ruki! – lo llamo con desesperación mientras lo sacudía. Dedujo, ante la falta de respuesta, que llevaba unos cuantos minutos envenenado; succionar el veneno de la herida no serviría para nada.

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Rápidamente, con sus uñas, corto su propia muñeca y la acerco a los labios del joven "Vamos, Ruki, bebe" le insistió y este ante el conocido aroma de su sangre entreabrió los ojos asustado y preocupado, pudiendo razonar la escena. Negó reiteradas veces e incluso alejo su mano, su cuerpo lo traiciono al temblar de emoción por volver a probarla, era algo que deseaba hace mucho tiempo pero no debía… no podía hacerle pasar por eso otra vez.

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Ahome, ya cansada de su actitud, con su otra mano lo tomo de la barbilla y abrió su boca para apoyar su muñeca en ella. Los ojos del azabache se abrieron de golpe dejando saber su sorpresa. Aquel liquido carmesí lleno su boca y se abrió paso hasta su sedienta garganta. No se había dado cuenta de cuánto la deseaba hasta que la probo, y sin poder controlarse clavo sus colmillos sobre la cortada para poder obtener más de ella. Se aferro a su mano y sintió como su esencia iba recorriendo su cuerpo, dándole energías y alejando abruptamente la tortuosa agonía a la que lo sometió el veneno.

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Lo que había probado hace años se le hacía tan distinto al sabor de ahora que era mucho más delicioso y enérgico. Se entrego completamente ante la sensación y el deseo que habían dominado su cuerpo en cuanto cedió a ella. En un rápido movimiento la tomo por los brazos y la hizo girar para que quedara ella recostada y el encima de ella; había algo más que siempre anhelo probar. La cordura y la moral se encerraron en un recóndito rincón de su mente, dejándolo totalmente expuesto ante su sangre.

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-R-ruki… eso ya fue suficiente – murmuro luego de un breve silencio en el que no aparto la mirada de la de ella – Ya te sientes mejor ¿Verdad? – pregunto queriendo confirmar lo que ya sabía. Tenía una razón específica por la que prefería que nadie bebiera de ella, sin embargo, ante esa emergencia no dudo en ningún momento. Solo que ahora…

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Ruki acerco su rostro al de ella y volvió a observarla como si nunca lo hubiera hecho, descendió hasta su cuello y paseo, instintivamente, su nariz por este para deleitarse con su aroma. Suspiro sonoramente sobre él mientras se estremecía. No importa cuántas veces Ahome lo llamara o intentara apartarlo la sorpresa y el sentimiento de no querer herirlo no la dejaban actuar como debía.

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"Ruki" murmuro una última vez y el ya no se resistió; beso la zona donde se le antojo morderla y clavo lentamente sus colmillos en ella. No hubo ningún quejido de dolor de parte de la joven, era algo que ella bien conocía pero la incertidumbre, aun así, no dejaba de abrumarla. No había pasado ni un minuto desde que ella le ofreció su mano y de alguna extraña manera termino así. Cada segundo que pasaba, el ojisazules, se hundía aun más y más cegándose en aquel placer que el mismo se estaba otorgando. No tardo en colocar una de sus manos en la cintura de Ahome ni mucho menos en pegar su cuerpo más al de ella. La idea de fundirse en la joven se le hizo sumamente apetitosa y comenzó a beber aun más desesperadamente.

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-Ruki… te estoy haciendo mal – murmuro entrecortadamente – perdóname por esto, por favor.

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¡Fin del cap 15! ¿Que les parecio? Sugerencias y comentarios en los reviews por favor :) Voy a intentar actualizar mas seguido... mientras tanto les recomiendo mi otro fic "El aroma del encuentro" es un AU bastante entretenido (denle una oportunidad, por fis) ¡Nos leemos luego! Gracias por pasarse por aqui :)