Hola! (la intención era decir hola en catalán pero se escribe de la misma manera asi que mi plan se ha frustrado)

¿Cómo les van mis queridísimos lectores? ¿Ya sonrieron el día de hoy? Espero que sí. Yo eh estado muy bien (si quitamos la fatiga por las tareas y el estrés de las clases).

Antes que nada quisiera pedirles una disculpa enorme. En primer lugar por el retraso al subir este capítulo y en segundo lugar por las escasas 14 páginas de Word que escribí. Sé que esta vez fue más texto que otra cosa pero realmente debía hacerlo ya que pronto acabara la infancia de Albafica, si como lo escuchan su infancia pronto terminara y eso se debe a que, la mayoría de los santos dorados y personajes extra cof cof Arabelle cof cof ya han sido introducidos a la historia, ya ha comenzado el cariño, ya se han establecido lugares especiales o cruciales para la historia, asi como también Albafica ya ha sido muy feliz por ahora.

Lo admito amo hablar de la vida de pequeña de Albafica pero… esto debe continuar…

Pero tranquilos prometo que la Albafica adolescente va a ser cool.

Por otro lado adivinen quien pinto su cabello de verde… siiiiii yooooo… (mi madre me golpeo pero buuuueeeenoh lo valio) la verdad me encanto pero no sé qué color usar después… se aceptan sugerencias.

Que les puedo decir soy feliz al ver que a pesar de todo mi historia sigue siendo leída por ustedes, la verdad eso me hace feliz.

Y hablando de felicidad…

Ana: cuando comencé a escribir en esta página nunca creí que encontraría a alguien como tu… eres una chica wow que te puedo decir, con tus palabras logras iluminar hasta mi día más obscuro. Tus palabras logran hacerme sentir como una chica tan especial, me motivan a seguir en mi carrera, asi como también me ayudan a encontrar esa inspiración para seguir. ¿Qué te puedo decir? has llegado a ser inclusive mi musa. El día que recibí tu comentario no te puedo mentir estaba tan hundida en mi desesperación a causa de problemas con mi madre y su afán de odiar mi carrera, que sentía que caía en el mismo Yomotsu, estaba milésimas de mandar todo a volar muy lejos y quiero agradecerte, sin ti pues realmente lo hubiese hecho. Gracias por seguir mi fic capitulo a capitulo y gracias por haberte convertido sin querer en una gran amiga. Gracias por esperar de mi más de lo que cualquier otro espera… prometo por mí y por ti superar las expectativas… crezcamos juntas, mejoremos y gracias por tu amistad. Wow realmente también he comenzado a quererte :3 este capítulo es para ti ya que de no ser por tu ayuda no lo hubiera terminado hoy. Ya es costumbre escribirnos mucho ¿No es asi? Me agrada eso realmente. Tu sentido del amor es tan real y tan hermoso que realmente al leer como lo describes te dan ganas de tener algo asi, esta todo correctamente dicho, nada es eterno, todo tiene fecha de caducidad, por lo tanto lo más importante es vivirlo, disfrutarlo mientras dure y cuando termine no quedarnos con un mal sabor de boca. Te diría miles de cosas mas. Te contaría más de mis planes y te invitaría al concierto de los Rolling Stones en el D.F pero creo que de ser asi aburriría un poco asi que sin mas te dejare continuar la lectura diciéndote ¡GRACIAS!

Bueno chicos ya que vieron un lado de mi menos alegre quiero volver y decirles que no soy un robot, también siento cansancio y tristeza, por lo tanto si no subo el fic a tiempo quisiera que entendieran que no es porque yo no quera, sino porque hay veces que no soporto toooooodoooooo.

En fin, ya que me puse emo quiero agradecerles a los chicos que leen esta historia… yo sé que están ahí y se los agradezco de verdad, sin ustedes y sus constantes retos este fic no sería más que popo. Gracias por ayudarme a crecer.

Sin mas los aburro con mi monótono discurso, el cual ahora será robotico y como si lo hubiera escrito para redactarlo en una de mis exposiciónes de oratoria: Los personajes que son expuestos en esta obra, a excepción de los Oc, son propiedad del maestro Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.

Aunque si me perteneciera me mandaria a hacer una armadura tamaño real de geminis o del marino Sorrento :v

Anotaciones:

"Cursiva entre comillas": Pensamientos de los personajes

"Entre comillas normal" Títulos de algo o nombres de pueblos.

Cursiva normal: Recuerdos.

oxoxo: salto de tiempo ya sea a mediano largo o corto plazo.

Albafica se quedó estática desde el marco de la puerta, mientras despegaba los labios inconscientemente al conocer la identidad de la persona que la llamaba. El santo dorado de Capricornio observo detenidamente a Albafica con sus penetrantes ojos negros, provocando que comenzara a temblar ligeramente a causa de un agresivo escalofrió que se extendía por toda su espina dorsal, sin embargo aun a pesar de lo imponente que era El Cid de Capricornio, se negaba rotundamente a bajar la mirada, quizá a causa de su orgullo o tal vez porque estaba preocupada... ya que después de todo, no era nada normal que un santo dorado fuera hasta el territorio de las amazonas solo por ella, menos si se trataba de El Cid.

- el patriarca ordena que vengas conmigo – hablo de manera distante el santo antes de darse la vuelta y comenzar a caminar de manera gallarda hacia las afueras del conjunto de cabañas pertenecientes a las amazonas.

Albafica al verlo alejarse camino tras él hasta lograr alcanzarlo y caminar a su lado, recibiendo por parte del santo de capricornio únicamente una fugaz mirada por el rabillo del ojo. Caminaron en total silencio a través del bosque hasta llegar a los límites del santuario, donde se detuvieron unos instantes a causa de un santo de plata y su alumno, Albafica no pudo evitar mirar fijamente al santo dorado mientras hablaba con el santo de planta, en toda su vida jamás había conocido a una persona tan perturbadoramente serena como lo era él y estaba segura de que ni si quiera Degel era capaz de mostrar un porte tan perfecto como el que El Cid demostraba en cada movimiento. Al terminar de hablar con el santo de plata, el santo se volvió hacia Albafica y haciendo un ligero gesto con la cabeza, le indicó a Albafica que continuarían con su trayecto.

- es de mala educación mirar a las personas tal como tú lo has hecho – hablo duramente el santo una vez que Albafica volvió a posicionarse a su lado.

- disculpe – dijo Albafica sin pensarlo dos veces intentando que su voz sonara lo más masculina posible, mientras sentía como un incómodo calor se apoderaba de sus mejillas.

El santo la ignoro y continúo caminando en dirección a los templos que custodiaban los aposentos de Athena, Albafica suspiro pesadamente y lo siguió, sin embargo se detuvo al ver el inicio de las escaleras que conducían al templo de Aries, nuevamente la preocupación se instauro en su pecho, causándole un constante dolor acompañado del sentimiento de vacío que le causaba recordar que su maestro se encontraba solo en una arriesgada misión ¿Y si se trataba de malas noticias? La pequeña frunció el ceño horrorizado en definitiva no podía tratarse de eso.

- ¿Qué ocurre? – la voz del santo de Capricornio saco a Albafica de sus pensamientos y al verlo a la mitad de las escaleras se limitó a negar efusivamente, para posteriormente correr para darle alcance a El Cid – desde este punto no te separes – dijo El Cid poco después de que Albafica lo alcanzara.

La pequeña asintió y camino al lado del santo hasta llegar frente al templo de Aries, sin embargo, y para sorpresa de Albafica, el santo de Capricornio se dirigió al costado izquierdo del templo, Albafica lo siguió curiosa y una vez que estuvo cerca El Cid señalo discretamente la angosta grieta que difícilmente se notaba entre el ultimo pilar de mármol del templo de Aries y la escabrosa montaña que contenía a los templos zodiacales. Sin decir nada el santo se acercó y con dificultad se adentró en la grieta, seguido de una temerosa Albafica, la cual al entrar tuvo que reprimir las ganas de vomitar al aspirar el penetrante aroma de la carne putrefacta que acompañada de los altos niveles de humedad inundaban cada centímetro del extenso y obscuro túnel que se extendía frente a ella.

- ¿Dónde estamos? – pregunto Albafica débilmente, arrepintiéndose inmediatamente al sentir como aquel asqueroso aroma entraba por su boca e inundaba sus papilas gustativas, provocándole un fuerte espasmo.

- son pasajes secretos que conectan a todos los templos zodiacales con la cámara del patriarca – hablo El Cid seriamente sorprendiendo a Albafica ¿Acaso existía algo que pudiera inmutarlo? - no hables hasta que lleguemos a la superficie de nuevo.

La pequeña asintió y El Cid comenzó a caminar, esta vez lentamente, cuidando sus pisadas y a su vez guiando a ambos entre las penumbras del lugar. Albafica miraba en todas direcciones, aquel tétrico lugar lograba ponerla nerviosa y el sonido de las gotas cayendo a lo lejos, acompañado de los constantes sonidos de sus pisada le mandaba señales a su cerebro de que algo ahí adentro no estaba del todo bien. Más de una vez el santo de Capricornio se detuvo, únicamente para escuchar el siseo de lo que parecían miles de serpientes, acompañados del putrefacto aroma de carne podrida y el sonido de las gotas de agua que a cada paso se volvían más constantes.

Albafica observo la penumbra a su alrededor, deteniéndose en el punto en el que se suponía que estaba El Cid parado. La pequeña pensó en la posibilidad de preguntarle a El Cid lo que ocurría, sin embargo el recuerdo del aroma impregnado en su garganta la embargo la detuvo y espero a que el realizara algún movimiento, después de lo que pareció una eternidad el santo volvió a caminar a través del inaccesible suelo, esta vez mas rápido sorprendiendo a Albafica, la cual lo siguió por un largo trayecto hasta chocar con la dura y fría espalda del santo. Se escuchó un chasquido frente a ellos, seguido del sonido de arrastre y fricción entre piedras.

Albafica contuvo la respiración al ver como poco a poco los débiles rayos de luz entraban por la pequeña grieta que se estaba formando frente a ellos y una sonrisa de alivio se dibujó en su rostro al ver el azul del cielo frente a ella. Ambos salieron de la grieta y Albafica se sorprendió al ver que habían salido de uno de los costados del templo patriarcal.

- hey Cid – el sonido de aquella voz tan vivaz llamo la atención tanto del santo como de Albafica, los cuales dirigieron su mirada hacia la entrada del templo del patriarca, encontrando frente a ellos a un chico delgado, de ojos azules y cabello despeinado enfundado en una armadura dorada, que al recibir la atención de ambos sonrió complacido – deja de jugar a la niñera y apresúrate – hablo con sorna mientras les daba la espalda a los recién llegados – el viejo se está impacientando – dijo esta vez de manera seria antes de dedicarles una mirada por encima de su hombro y adentrarse al templo del patriarca.

El Cid no hablo y Albafica pudo notar como el semblante sereno del santo se endurecía levemente, mientras sus labios formaban una mueca de desagrado, lo cual activo todas las alarmas de alerta en la mente de la niña, después de todo algo muy serio debía estar ocurriendo como para que alguien como él descompusiera su postura de tal manera. Caminaron hacia adentro del templo en medio de un incómodo silencio y no se detuvieron hasta llegar a la gran puerta de madera que separaba a la cámara del patriarca del resto de la edificación.

Albafica miro asombrada aquel lugar, era la primera vez que visitaba los aposentos del patriarca y aunque le hacía sentir mal la idea de que estar ahí solo implicaba malas noticias, una retorcida alegría inundaba su corazón al pensar que en esos momentos se encontraba más cerca de su padre al estar en el lugar al que tantas veces había subido su padre al volver de una misión.

Observo como el santo de Capricornio posaba su mano derecha en la puerta y al ver como la puerta se abría, lentamente se fue instaurando en su pecho la ilusión de ver a su padre adentro de la cámara patriarcal, sin embargo grande fue su sorpresa al ver que en vez de un santo dorado, dentro de aquel lugar habían siete santos dorados, acompañados de cuatro chicos cuyos nombres ella conocía muy bien. Los miro olvidando por completo todo lo demás que había en esa habitación y una sonrisa se escapó de sus labios, captando principalmente la atención de un niño de grandes ojos color avellana y tez pálida, el cual al verla le sonrió de regreso.

- hemos llegado su señoría – la voz del santo de Capricornio hizo que la pequeña desviara su mirada de Shion, para posarse únicamente en El Cid, el cual se mantenía con la cabeza baja mientras se mantenía arrodillado sobre la alfombra roja con decorados dorados- disculpe mi demora.

La pequeña aun de pie miro hacia el frente, encontrándose con la grisácea mirada del patriarca, la cual la miraba con compasión mientras su rostro denotaba una severidad inquebrantable, la cual en cierta forma le recordó a la de su maestro, sin embargo, sabía que a diferencia de la mirada del patriarca, los ojos de su maestro reflejaban en algunas ocasiones nostalgia y en otras simplemente se veía como la sombra de la tristeza tomaba posesión de la mirada de su maestro.

Aquella era la primera vez que veía a aquel hombre y no pudo evitar abrir más de la cuenta los ojos al darse cuenta de que el patriarca y el antiguo maestro de Shion tenían una similitud perturbadoramente grande, al instante poso su mirada en los dos puntos sobre sus ojos, sorprendiéndose más, sin embargo, al sentir que había mantenido su mirada demasiado tiempo sobre el rostro del patriarca, y consiente de que era una gran falta de respeto, bajo la cabeza apenada mientras mordía su labio inferior, esperando que su imprudencia no la hubiese dejado en ridículo.

- descuida santo dorado de Capricornio – hablo el hombre una vez que vio a Albafica bajar su rostro – ustedes no son los últimos.

Seguido de esto se escuchó un fuerte golpe y la puerta de madera que custodiaba la cámara del patriarca se abrió de par en par, dejando ver la robusta figura dorada del recién llegado, el cual entro torpemente a la habitación, haciendo que tanto el Cid como Albafica se levantaran para quitarse de su camino.

- disculpe por llegar tarde – hablo el santo con una voz grave a la par que se dejaba caer, para quedar de rodillas al piso – perdí la noción del tiempo.

- levántate Rasgado – ordeno el patriarca tranquilamente, a lo cual el santo obedeció inmediatamente y se posiciono al lado de un chico, el cual, según Albafica era el más delgado y pequeño de todos los santos dorados que se encontraban en la estancia – he convocado a todos los santos dorados y a sus aprendices para hablar con ustedes de dos cosas que muchos de ustedes ya deben saber – hablo el patriarca mientras posaba sus níveas manos sobre túnica azul marino con rojo que le cubría todo el cuerpo – la primera y más importante es sobre el descenso a la tierra de nuestra querida diosa Athena.

- con todo respeto viejo – hablo una voz vivaz, la cual Albafica reconoció al instante como la del santo que los había encontrado en la entrada del templo – la diosa Athena está en la tierra desde hace cuatro años.

- Manigoldo – esta vez Albafica vio hablar al hombre de cabellera rubia, el cual a pesar de su porte sereno se veía amenazante y hasta cierto punto letal – respeta a nuestro patriarca.

- lo hare cuando deje de hablar con rodeos – respondió el santo con el ceño fruncido – Asmita – agrego el santo alargando de más el sonido de la "s" a la par que mostraba una abierta sonrisa – ¿Quieres que vallamos por ella? – le pregunto Manigoldo al patriarca al ver que Asmita abría la boca.

- niños – Albafica escucho como un hombre bufo molesto tras de sí, y descubrió que, en su intento de no ser aplastada por el pesado paso del santo que respondía al nombre de Rasgado, había quedado frente al santo dorado de Acuario.

El santo la miro y le mostro una débil sonrisa, mientras con un discreto movimiento apuntaba con su mano hacia adelante, indicándole asi que debía mantenerse con la mirada hacia el frente, tal como Degel y trabajosamente Kardia la mantenían.

- no – la fría respuesta del patriarca tomo por sorpresa a Albafica, haciendo que ella regresara su mirada hacia el frente – por la seguridad de nuestra diosa, su paradero debe seguir oculto hasta que sea tiempo de que se le informe acerca de su destino.

- pero… - comenzó a hablar el chico que Albafica reconocía como Sísifo – ¿Eso no sería riesgoso para nuestra diosa?

- al contrario – hablo el patriarca – mientras nadie sepa quién es ella, menor seria su riesgo de ser asechada – hablo el patriarca tranquilamente, ante lo cual la mayoría de los presentes asintió, a excepción del santo que respondía al nombre de Manigoldo, quien miraba con recelo al patriarca – sin embargo, por ahora esa no es nuestra prioridad – hablo el patriarca mientras aferraba sus manos a las abrazaderas de la enorme silla de oro en la que se encontraba sentado.

- ¿Qué es lo que ocurre su señoría? – Albafica miro a los lados en busca del origen de aquella voz, sonriendo al momento de ver al maestro de Shion con sus rubias cejas fruncidas en un gesto de evidente preocupación.

- ha habido reportes de que en las últimas noches se han avistado en Rodorio sombras poco confiables – hablo el patriarca antes de soltar un suspiro cansado.

- ¿Nos vas a pedir que actuemos de niñeros con los habitantes de Rodorio? – soltó molesto Manigoldo, haciendo que Albafica se sobresaltara, al ver al santo parado frente al patriarca de manera desafiante y con los puños cerrados.

- si te consuela un poco – hablo el patriarca con gracia – sí, serán los niñeros de Rodorio, Manigoldo – el santo miro al patriarca, antes de escuchar una débil risa, que había escapado de los labios de Rasgado, y voltear a verlo para dedicarle una mirada fulminante – cuidaran Rodorio todas las noches hasta tener información acerca del proceder de las sombras – hablo el patriarca esta vez más serio – se organizaran en parejas y cada noche saldrá una pareja a patrullar las calles.

Ante aquellas palabras Albafica no pudo evitar mirar a su alrededor, descubriendo en los rostros de los santos desde enfado, hasta serenidad, asi como también pudo percibir como algunos de los santos se mantenían inmutables ante aquellas palabras.

- si me permite preguntar – Albafica escucho como el santo dorado de Acuario hablo tras de ella con su fría voz – esto… ¿Qué tiene que ver con que los aspirantes a santos dorados se encuentren aquí? - pregunto el santo mientras le dirigía una mirada a los dos chicos que estaba a su lado, los cuales, para desconcierto de Albafica, se habían mantenido en total silencio.

- ellos también serán incluidos en el patrullaje – hablo el patriarca después de soltar un pesado suspiro.

- su señoría – esta vez hablo el santo dorado de Aries – muchos de los aspirantes aún son demasiado jóvenes.

- la edad no debería ser un obstáculo para ellos – hablo el patriarca seriamente – además ya es tiempo de que todos se incorporen a las que serán sus labores cuando formen parte de la orden de Athena – el patriarca se levantó de su silla de oro y todos se pararon lo más derechos que pudieron en señal de respeto – escogieron una vida como santos – continuo hablando el patriarca, esta vez mas para los cinco discípulos que se encontraban ahí que para los santos – asi que deben atenerse a todo lo que se les ordene – ante tales palabras Albafica únicamente asintió en silencio.

- ¿Los aprendices serán adicionados a las parejas de santos como un extra? – pregunto el santo dorado de Aries preocupado de que no fuese asi.

- no – respondió el patriarca seriamente – todos los aprendices deberán formar pareja con un santo dorado.

Albafica abrió los ojos desmesuradamente, si ese era el caso ¿Qué sería de ella?, Shion estaba bien con su maestro, asi como Sísifo y Degel, al instante cayo en cuenta que no solo ella, sino que también Kardia tendrían que buscar a un santo dorado con el cual patrullar.

- ¿Con quién se supone que nos emparejaremos yo y el niño bonito? – la voz de Kardia sonó por toda la habitación, llamando la atención de Albafica, Kardia había deducido lo mismo que ella, y sin embargo, el si había reunido el coraje para preguntarlo.

- tu pequeño Kardia te emparejaras con el Cid – hablo el patriarca ignorando bufido molesto del niño – y Albafica estará al lado de Manigoldo.

Aquellas palabras tomaron por sorpresa a Albafica, quien miro con sorpresa a su nuevo compañero, descubriendo que este la miraba con molestia y en gran medida enojo.

- eso es todo – pregunto e hombre sin dejar de mirar a Albafica.

- solo una cosa más - hablo el patriarca recibiendo nuevamente la atención de todos los presentes en el salón - tanto aprendices como santos, deberán mantenerse en el interior de sus templos, por lo cual, tanto Albafica como Kardia y Sísifo, deberán mantenerse en Piscis, Escorpio y Sagitario respectivamente – dio el patriarca antes de dar por terminada la reunión e indicarles a los santos que se retiraran.

Afuera de aquel templo Albafica no pudo evitar dirigir su mirada hacia el santo dorado de Cáncer, el cual desde ese día sería su compañero, logrando divisar como el ceño de aquel chico se encontraba totalmente fruncido, mientras sus labios se mantenían ligeramente despegados, acciones que Albafica fácilmente catalogo como muestras de molestia, la pequeña lo siguió mirando, conteniendo la respiración al momento de ver como el santo volvía su cabeza para mirarla.

El primer sentimiento que el santo percibió en su interior al ver como el aprendiz de santo de Piscis lo miraba fijamente, fue molestia, seguido de frustración, para finalmente describirse como un total sentimiento de enfado. En definitiva él no iba a ser la niñera de un mocoso que seguramente ni sabía defenderse solo. Sabía que estar en esa molesta situación era a causa de una de las tantas reprimendas que su maestro, el patriarca, le imponía sin embargo no iba a dejar las cosas asi, asi que sin más se acercó al pequeño aprendiz de Piscis y una vez frente a él, tomo la parte frontal de la camisa de entrenamiento y de un simple movimiento levanto del piso a su compañera, llamando la atención de todos los presentes.

- escucha bien - comenzó a hablar el santo mientras miraba fijamente los ojos azul cobalto de Albafica – si llegas a interponerte en mi camino acabare contigo - y sin más soltó su agarre dejando caer al piso a una sorprendida Albafica.

Todos observaron al santo de Cáncer, sin embargo nadie se atrevió a comentar nada, ya que de antemano conocían el carácter rebelde de aquel chico de quince años. El santo bufo molesto y tras darse la vuelta comenzó a caminar hacia la pequeña grieta que se abría entre la montaña y el templo del patriarca.

Albafica al ver desaparecer al santo soltó el aire que había estado conteniendo y frunció el ceño molesta mientras apretaba con fuerza los dientes. Aquel santo había logrado herir su orgullo frente a todos y no podía hacer nada para devolverle aquel favor ya que después de todo, no veía nada bueno en una venganza infantil. Suspiro y lentamente se puso de pie, ya solo quedaban pocos santos en la explanada a las afueras del templo, la chica suspiro desganada y se dirigió hacia las escaleras, descubriendo que el habitual camino de rosas rojas se mantenía sobre las escaleras como eterna protección a los templos del patriarca y Athena. Con la intención de cumplir la orden del patriarca y mantenerse en el templo de Piscis se dispuso a bajar por aquel camino carmesí, sin embargo antes de que sus pies dieran su primera zancada hacia abajo sintió como alguien la tomaba por debajo de sus brazos y la cargaba evitando asi que continuase caminando.

- no creo que sea conveniente que bajes por ahí – hablo la persona que había cargado a Albafica, antes de depositarla suavemente en el suelo.

La chica miro al hombre de ojos verdes y cabellera plateada que la había sujetado, y al instante lo reconoció, aquel que había detenido sus pasos hacia el templo de Piscis era ni más ni menos que el santo de Tauro. Abrió la boca para hablar, sin embargo se vio interrumpida por las suaves palabras de un hombre rubio y de ojos verdes, el cual se encontraba acompañado de un silencioso Shion.

- con todo respeto Rasgado – comenzó a hablar el hombre – estoy seguro de que Albafica puede bajar esas escaleras sin ningún problema – hablo el hombre mientras miraba con total calma al santo dorado de Tauro.

- pero Naveed – comenzó a hablar el hombre, sin embargo se detuvo al sentir la mirada del santo de Aries sobre él.

- puedes continuar con tu camino joven discípulo – hablo el santo de Aries y ante tales palabras Albafica le dedico una mirada confundida al santo, el cual únicamente le sonrió tranquilamente.

Albafica le sonrió de vuelta al santo, para después mirar a Shion, sin embargo al verlo en total silencio y con la mirada baja se limitó a dar media vuelta y comenzar a bajar por la densa cama floral.

- ¿Cómo? – pregunto el santo dorado de Tauro incrédulo mientras veía como la pequeña bajaba tranquilamente por aquel mortal camino.

- no lo sé – respondió el santo mientras posaba una de sus manos sobre la espesa cabellera rubia de Shion – no lo sé – dijo esta vez en un susurro.

oxoxo

Albafica recorrió con calma el trayecto a Piscis y una vez que estuvo frente al templo se sintió extrañamente cansada, no era la primera vez que se sentía asi después de estar cerca de aquellas rosas, sin embargo si era la primera vez que su cuerpo entero se sentía adolorido. Suspiro decidida a tomar un baño y mientras se sobaba su cuello con una de sus manos camino tranquilamente hasta su habitación.

Al abrir la puerta de su habitación observo como una ligera capa de polvo se levantaba del suelo, lo cual demostraba que después de tanto tiempo que su maestro y ella se habían mantenido fuera del templo, ni una sola vestal se había acercado a mantener limpio el templo.

Suspiro resignada, la gente jamás dejaría de pensar que su maestro era peligroso, camino hasta acercarse a su cama y se sentó sobre la delgada cobija de algodón, mientras posaba su mirada en la mesa de madera que estaba a un lado de su cama.

Habían pasado tantas cosas que en aquel periodo de tiempo se sentía más lejana de su maestro y su vida. No lo podía negar, ahora sentía una fuerte determinación por seguir adelante, ya que en ese corto periodo de tiempo había aprendido a respetar y en cierto punto admirar a la diosa de la que muchas veces las amazonas le hablaban, sin embargo termia que aquel camino solo consiguiera apartarla aún más de su maestro.

Ante esos pensamientos su ceño se frunció y después de mucho tiempo sin hacerlo a causa de su constante entrenamiento, volvió a pensar en su maestro, recordó las dulces palabras que él le decía en las noches, animándola a seguir adelante y no rendirse, recordó su regalo de cumpleaños asi como su mirada severa al verla practicar sus lanzamientos y también recordó sus reprimendas, las cuales a pesar de todo siempre se sentían cargadas con un inmenso amor paternal.

Un suspiro entrecortado broto de sus labios mientras sentía como el hueco que se había formado en su pecho se abría aún más provocando un extraño dolor cargado inclusive de anhelo, que amenazaba con desencadenar un torrente de molestas lágrimas.

Lo extrañaba demasiado. No soportaba aquel abrumador sentimiento de soledad. Y más importante quería que el volviera pronto, sano y salvo.

oxoxo

Habían pasado ya tres días desde que el patriarca había hablado con los santos dorados, y era la primera vez que Albafica montaría guardia con el santo dorado de Cáncer. Bufo molesta y mientras se ponía su roída camisa de entrenamiento inspecciono que todo en el templo de Piscis se encontrara en orden, ya que en esos días se había encargado de asear cuidadosamente el templo, y con la certeza de que todo se encontraba de la manera adecuada, se deslizo fuera del templo, donde espero a que el sol terminara de ocultarse, para posteriormente dirigirse al templo de Cáncer, donde encontró al santo apoyado en uno de los pilares que daban al inicio de las escaleras que conducían al templo de Leo.

- llegas tarde – dijo el santo mientras mantenía cerrados los ojos – vámonos – y sin más abrió los ojos únicamente para darse media vuelta y adentrarse al templo de Cáncer.

Albafica lo siguió sin refutar y camino rápidamente tras del santo, el cual se alejaba de ella cada vez más rápido. "lo hace a propósito" pensó Albafica al ver como su compañero se alejaba de ella rápidamente cuando había logrado alcanzarlo por segunda vez desde que había comenzado a caminar, sin embargo prefirió no reclamar y seguir su paso, con la intención de hacerle notar que ella podría seguir adelante sin problemas.

Detuvieron su andar una vez que estuvieron cerca de Rodorio, donde Albafica observo detenidamente al santo de Cáncer, sus ojos volvían a estar cerrados, sin embargo esta vez mantenía alzado el dedo índice de su mano derecha.

Todo alrededor del santo de Cáncer se ilumino en el momento en el que elevo su cosmos, y un destello seguido de seis destellos azules de luz móviles provoco que Albafica abriera los ojos desmesuradamente.

- ¿Qué? – balbuceo Albafica al ver como aquellos destellos de luz flotaban de manera eterea alrededor del santo, iluminando de manera efímera todo a su paso.

- intenta no babear niño – dijo el santo con una sonrisa socarrona y mientras abría su mano aquellos destellos se alejaron rápidamente, tomando como dirección el camino principal de Rodorio – eso nos mantendrá informados – y dicho aquello se sentó en la base de un árbol que se encontraba al lado del camino.

- ¿Qué fue eso? – no pudo evitar preguntar Albafica.

- Seki Shiki Konso Ha – contesto el santo con una sonrisa – acabo de robar un pedazo de tu alma para usarlo como me plazca – Albafica abrió los ojos desmesuradamente y después de unos instantes Manigoldo soltó una carcajada – es una broma enano – dijo el muchacho sonriendo – jamás usaría las almas de gente viva – dijo esta vez más serio.

- entonces ¿Si son almas? – pregunto Albafica sorprendida.

- asi es – dijo el santo con una sonrisa a causa del interés de Albafica.

- sorprendente – confeso Albafica sin más. Ganándose una nueva sonrisa de parte del santo.

- lo sé – respondió el santo orgulloso.

- ¿Cómo los controlas? – pregunto Albafica aun sorprendida.

- todas las noches perturbo sus tumbas y me robo uno de sus huesos – dijo el santo seriamente – después los martajo hasta hacerlos polvo, el cual uso para hacer rituales paganos – el santo miro seriamente a Albafica y al ver como la pequeña lo miraba sorprendida rodo los ojos – uso mi cosmos – confeso – atraigo con mi cosmos almas que amablemente me prestan sus servicios – un suspiro salió de la boca del santo y miro inexpresivamente a Albafica – nunca olvides que el cosmos es la base de todo.

- disculpe – dijo Albafica incomoda – aun no me acostumbro.

El santo miro a la pequeña y con un movimiento le indico que se sentara a su lado. Albafica lo miro sorprendida y sin más se sentó a su lado. Pasaron toda la noche conversando sobre sus vidas y una vez que el sol comenzó a salir el santo se levantó de su lugar, únicamente para levantar nuevamente su dedo índice, en el cual se volvieron a aglomerar aquellos destellos etéreos, para posteriormente desaparecer.

- larguémonos de aquí – dijo el santo y dándose media vuelta recorrió el camino hacia el santuario, esta vez permitiendo que Albafica lo siguiera de cerca – ni siquiera paso algo digno de nuestra presencia – dijo el santo al llegar a las escaleras que conducían al templo de Aries.

- debemos llevarle el informe al patriarca – dijo Albafica al ver que el santo se alejaba de ella al estar frente al templo de Cáncer, ganándose un resoplido molesto por parte del santo.

- vejestorio impráctico – susurro Manigoldo mientras hacía pucheros y continuaba caminando escaleras arriba, sacándole una tímida sonrisa a Albafica. Continuaron caminando a través de los silenciosos templos hasta llegar a Piscis, donde una extraña energía sorprendió a ambos – yo iré a entregarle el informe al abuelo – dijo el santo reconociendo la energía proveniente del interior del templo – tu ve a encontrarte con él.

Al instante el mundo de Albafica se encogió. Olvido que tenía a su compañero a su lado. Ignoro el momento en el que él se alejó de ella, con la intención de adentrarse a los pasadizos secretos del santuario. Olvido su cansancio. Olvido que el mundo continuaba girando mientras ella se mantenía estática fuera del templo de Piscis. Únicamente una cosa importaba, encontrarse con el dueño de aquella cosmoenergia, volver a ver a la persona por la que había esperado por tanto tiempo.

Una suave brisa la golpeo de frente meciendo su celeste cabellera mientras un suspiro salía de su boca rasgando su garganta, estaba feliz, más que eso ni una palabra humana era capaz de describir aquella sensación, sintió como sus lagrimales comenzaron a cosquillear y cuando se dio cuenta ya se encontraba corriendo hacia adentro del templo.

Detuvo su andar al ver la ancha espalda de su maestro cubierta por el dorado metal de la armadura y sin más, ante aquella imagen dejo que aquel salado líquido que había luchado por contener se deslizara por sus mejillas.

- volviste… - dijo Albafica con la voz quebrada evitando por todos los medios moverse más de la cuenta con el temor de que se tratase únicamente de un sueño.

El santo sonrió al escuchar la voz de Albafica, su pequeña Albafica, aquella pequeña niña que a pesar de todo lograba actuar tan maduramente, su prodigio, su vida, su todo. Se dio media vuelta aun con una sonrisa grabada en su rostro y al verla frente a él, sintió como aquellos meses de soledad y constantes luchas se desvanecían. Tenía apenas unos centímetros de más, su cabello había crecido ligeramente, su mirada tristemente se había endurecido un poco más y en el rostro tenia cortadas, sin embargo para él seguía siendo aquella pequeña niña que adoraba jugar con los copos de nieve que caían delicadamente sobre el patio trasero del templo de Piscis mientras esperaba el chocolate caliente que normalmente él le preparaba aquellas tardes.

- lamento haberte hecho esperar – dijo el santo mientras una tierna sonrisa se dibujaba en sus labios – espero no hayas tenido problemas con mi ausencia.

- me porte lo mejor que pude – dijo Albafica mientras tallaba con sus puños sus ojos en un desesperado intento de eliminar el rastro de su llanto.

La sonrisa del santo se ensancho y se acercó a la pequeña, arrodillándose una vez que estuvo frente a ella.

- eso me hace feliz – dijo el santo tomando entre sus manos uno de los puños con los que Albafica tallaba sus ojos y apartándolo observo a la pequeña a los ojos – gracias por espe…

El santo no pudo continuar hablando debido a los pequeños brazos que le rodeaban el cuello quitándole la respiración y sin más correspondió aquel abrazo dejando que su pequeña niña se llenara de todo el amor paternal que él le profesaba.

Casi siento lastima al tener que matar a lugonis u.u en fin… las cosas suceden por algo…

Hoy no habrá aclaraciones ya que no escribi cosas cool, aparte de que quiero que algunos misterios (solo dos), se mantengan como tal.

En fin espero les haya gustado y si se puede déjenme un comentario. Nada me haria mas feliz.

Me voy no sin antes preguntarles:

¿Han leído alguna vez La Historia Interminable? Si no lo han hecho y adoran leer clásicos, hombres, mujeres, deben hacerlo. Es sublime. Toca temas tan profundos y a la vez no deja de ser libro para niños. Lo amo realmente lo hago. En fin creo que leer cosas asi me volverá loca pero u.u prefiero eso a muchos libros actuales que… sin ofender son algo… superfluos, sexosos y asi… en fin siempre divago.

Nos vemos en el próximo capítulo, los quiere…

Erait-san.

P.D.: si pueden lean mi otro fic xD