Hola…
(Se esconde tras un enorme árbol de tul para evitar que una turba furiosa llena de asesinos experimentado la mate)
Sé que les dije que iba a actualizar más seguido pero… estos veranos fue la muerte, jamás creí que agricultura orgánica fuera tan pesado, es decir solo es predecir etapas de la luna hacer compostas jugar con popo… en fin se salió de mis manos la escuela, mas aparte un gracioso triángulo amoroso que me salió de improviso (yo no sabía que les gustaba y los trataba como mis amigos :`v) ya se, ya se, no tengo perdón de los dioses por descuidar tanto el fic y lo siento no fue mi intención, es solo que la carrera no deja mucho tiempo libre.
Sin embargo a pesar de todo aquí seguiré, redactando mis ideas, poniéndolos de nervios, logrando que me odien por no actualizar, en fin… lo normal :o
Quiero decir que a pesar de lo que pase independientemente en este capítulo, solo le quedan tres capítulos más a la infancia de Albafica, es decir, pronto las cosas se pondrán sabrosas (bueno al menos asi lo veo yo) asi que pos espero continúen conmigo amiguitos. El fic sigue en plan… esto va a ser largo y yo… bueno yo estoy feliz de que lo sigan leyendo.
Agradecería demasiado si ustedes me dijeran como ven a mis personajes, la trama y mi escritura, si es muy OC o si está bien, es decir quisiera tener más interacción, sé que en el romance soy un asco pero hago lo que puedo, aparte de que son pequeños y no puedo hacer mucho por ahora.
En comparación con otros capítulos, este es corto y no hay muchas cosas nuevas, sin embargo espero les agrade.
Quiero aprovechas para decirle a Ana que lamento no haber podido publicar nada nuevo en todo este tiempo, en serio lo intente pero no tuve tiempo, no tuve inspiración y aparte dos chicos hicieron que mi vida normal se volviera una verdadera Odisea. Sin embargo quisiera que leyeras este capítulo y me dijeras que tal esta :o
Alice: hola chica quiero que sepas que me encantan tus comentarios, eres tan graciosa y bueno ahora yo soy la que esta atrasada con las publicaciones, pero tranquila no claudicare y tendrás capítulos nuevos :)
Lamento no contestar mucho, pero quisiera que sepan que les agradezco su apoyo en serio no sería nada sin ustedes, gracias a mis lectores fantasmas y gracias a ustedes que me comentan. Los quiero.
Nota: esto lo iba a subir hace un mes pero meh el cable de mi lap valio popo y apenas hoy tuve mi lap viva de nuevo. Aclaro que ya entre a clases de nuevo (la vida me odia)
Ahora si los personajes que son expuestos en esta obra, a excepción de los Oc, son propiedad del maestro Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
Aunque si me pertenecieran acabaría Next Dimension :v
Anotaciones:
"Cursiva entre comillas": Pensamientos de los personajes
"Entre comillas normal" Títulos de algo o nombres de pueblos.
Cursiva normal: Recuerdos.
oxoxo: salto de tiempo ya sea a mediano largo o corto plazo.
Sintió como una violenta ráfaga de viento golpeaba su rostro y dio un salto a su derecha, eludiendo asi el fuerte golpe que se avecinaba hacia ella, sin embargo su tobillo se torció en el momento en el que toco el suelo, haciendo que sus rodillas falsearan, para terminar arrodillada en el frio suelo del templo de Piscis.
- levántate Albafica – hablo su maestro de manera dura, apartando la mirada de la niña, sabía que estaba siendo duro con ella, una parte de él quería ir a levantarla y decirle que el entrenamiento había concluido, sin embargo era para el bien de su pequeña niña. Sabia de todas las historias que se formulaban tomando como base los eventos que se daban en las guerras santas, había luchado contra seguidores de Hades en Europa del Norte, conocía su brutalidad y haría lo que fuese por lograr que su pequeña niña, sobreviviera a la guerra santa de su época, no sufriera y al mismo tiempo sirviera a Athena de la manera más eficiente.
Vio como Albafica intentaba levantarse sin éxito y se cruzó de brazos dándole a entender que la esperaría hasta hacerlo, tal y como lo había hecho todos los días desde hacía casi dos meses, vio como Albafica lo miraba frustrada, para posteriormente seguir intentando ponerse en pie, el santo la miro fijamente, sin embargo, poco después desvió su mirada hacia los ropajes de la niña, descubriendo asi que no solo tenía que cambiar sus guantes, sino que también debía cambiar su traje de entrenamiento ya que tanto la camisa como los pantalones se encontraban en extremo decolorados y roídos.
El santo sonrió ladinamente al ver como Albafica lograba mantenerse en pie y ponerse en posición de ataque. "Esa es mi niña" pensó el santo orgullosamente mientras elevaba su cosmos y le lanzaba un nuevo puñetazo a la pequeña, el cual ella eludió rápidamente haciendo que Lugonis se sintiera aún más orgulloso, sin embargo aún no era suficiente, por lo cual aumento más su velocidad, sacándole una mueca en señal de concentración a la pequeña.
El santo sonrió, disfrutaba realmente que a pesar de sus escasos siete años, su pequeña pudiera seguir el ritmo de un santo dorado, aun cuando su velocidad fuese disminuida a la de un santo de plata, y sabía que muy pronto podrían comenzar a entrenar con las rosas.
Después de aproximadamente dos horas esquivando ataques el santo se detuvo de golpe al sentir la poderosa cosmoenergia del patriarca llamar al coliseo de entrenamiento a todos los santos, tanto de bronce, asi como de plata, dorados y aprendices.
- maestro – hablo Albafica al sentir la voz del patriarca llamarlos.
- vamos Albafica – dijo el santo seriamente sabiendo que algo importante pasaría.
- si maestro – dijo Albafica antes de seguir a su maestro escaleras abajo, atravez de los ahora vacíos templos zodiacales, una vez lejos de las doce casas la pequeña continuo siguiendo a su maestro y cuando estuvieron en las gradas del coliseo, se sentó a su lado en la esquina superior lo más alejados de todos, mientras veía como poco a poco las gradas del coliseo se iban llenando de personas, la mayoría ataviada con brillantes armaduras, mientras que otros simplemente llevaban ropas de entrenamiento. Albafica pasó su mirada discretamente por todo el recinto una vez que estuvo lleno y se sorprendió al ver que entre aquel brilloso mar multicolor que se formaba en las gradas no había ninguna amazona – maestro ¿y las amazonas? – pregunto Albafica juntando ligeramente las cejas.
- no fueron convocadas – dijo el santo dorado de Piscis en un suspiro. Pensar en la constante discriminación que se daba en el santuario lo ponía de malas.
- me hubiera gustado verlas – se escuchó una voz detrás de Albafica y cuando se dio la vuelta pudo observar parado detrás de ellos al santo dorado de Aries ataviado en su dorada armadura, que parecía resplandecer con cada toque de los rayos del sol vespertino, seguido de Shion quien al ver a Albafica le dedico una tímida sonrisa como saludo, la cual Albafica correspondió avergonzada – es triste que a pesar de los tiempos en los que nos encontramos excluyan de tal manera a aquellas mujeres que son tan dignas de alabanzas como nosotros – dijo el santo mientras una débil brisa mecía su rubia cabellera haciendo que pareciera como si aquellos gruesos mechones dorados tuvieran una efímera autonomía– soy fiel a los principios del santuario, sin embargo me entristece que un lugar tan sagrado tenga tales comportamientos – dijo mientras miraba como el patriarca caminaba hacia la silla de piedra que se encontraba al frente de las gradas.
- Naveed – dijo Lugonis fríamente en forma de saludo, recibiendo un asentimiento por parte del santo.
- ¿Podemos mi aprendiz y yo tomar asiento a su lado santo dorado de Piscis? – dijo el santo mientras le dedicaba una sonrisa divertida a Shion al ver como las mejillas de su aprendiz se teñían de un pálido rosa – no hay más lugar en las gradas y nada me gustaría más que compartir un tiempo de caridad con un amigo – dijo el santo sin dejar de ver a su aprendiz.
- hagan lo que deseen – respondió secamente Lugonis y tanto el santo de Aries como su aprendiz se sentaron a un lado de Albafica.
- tienes un corte en tu mejilla derecha Shion – le dijo Albafica con su acostumbrada voz fingida al joven aprendiz haciendo que sus mejillas se tiñeran de carmesí.
- gracias – dijo Shion mientras limpiaba a ciegas la herida de su mejilla con la manga de su blanco traje de entrenamiento, a lo cual Albafica únicamente sonrió divertida.
- Es para mí un gran placer ver reunidos a todos los santos – comenzó a hablar el patriarca mientras retiraba de su cabeza el casco dorado, dejando expuesta su larga y ceniza cabellera – hoy después de tanto tiempo de incertidumbre quiero informarles el hecho de que la contienda entre nuestro honorable santo de Piscis – Albafica noto como su maestro se tensaba al ser mencionado – y el joven aprendiz Sísifo se llevara a cabo en dos semanas a partir de hoy – Albafica paseo su mirada por todas las gradas en busca de Sísifo, deteniéndose únicamente al verlo sentado en el otro extremo de las gradas, acompañando seriamente a el santo dorado de Leo, el cual se veía pálido y evidentemente demacrado, a pesar del brillo extra que le proporcionaba su armadura al ser bañada con los rayos del sol – también quiero hacer de su conocimiento que a pesar de que ya no se han avistado más sombras por las noches – comenzó a hablar el patriarca nuevamente, mermando los susurros que se habían comenzado a escuchar en las gradas – todos continuaran haciendo sus patrullajes correspondientes, sin embargo siguen teniendo prohibido salir del santuario – ante tales palabras todo el coliseo se silenció de golpe, dejando escuchar únicamente el correr del viento – debemos mantener protegido el santuario de nuestra diosa hasta que las amazonas confirmen que todos los alrededores están fuera de peligro.
- es cruel que les den un trabajo tan arriesgado a las amazonas – hablo en voz baja el santo dorado de Aries, llamando la atención de Albafica, quien se había quedado cayada mientras escuchaba las palabras del patriarca – más si a pesar de todo las siguen tratando como inferiores – el santo suspiro y poso sus bellos ojos verdes en Albafica – más que sirvientes o herramientas, ellas son compañeras, asi que confió que en un futuro las traten como tal – finalizo el santo dedicándole una cálida sonrisa a la niña, después miro a Shion quien se mantenía serio en su lugar y dijo – una mujer puede ser igual o más fuerte que ustedes los hombres, sin embargo, siempre recuerden protegerlas, tanto a ellas como a su honor.
- me alegra saber que no piensas como la mayoría de los santos – hablo Lugonis fríamente, sorprendiendo a Naveed, ya que el santo de Aries estaba consciente de lo huraño que podía llegar a ser el santo dorado de Piscis.
- tanto yo como mi alumno compartimos ese ideal - dijo el santo mientras revolvía los cabellos de Shion - ¿no es asi? – le pregunto el santo a su alumno con una sonrisa.
- si – respondió Shion tímidamente debido a que la mirada de Albafica se mantenía posada en Shion.
- sin más pueden retirarse – se escuchó como el patriarca finalizaba la reunión mientras todos se levantaban para irse a su respectiva área de entrenamiento tanto Lugonis, Naveed, Albafica y Shion se mantuvieron sentados en su lugar.
- Albafica quédate aquí – comenzó a hablar el santo dorado de Piscis – todos los santos dorados tendremos una reunión a la cual no puedes asistir – y dicho esto el santo se levantó de su lugar, para dirigirse a las escalinatas que conducían a los templos, manteniéndose lo más alejado posible de la multitud, cosa que no era para nada difícil ya que cada vez que alguien lo veía acercarse hacia todo lo posible por alejarse de su camino, cosa que molestaba a Albafica.
- eso fue rápido – hablo el santo dorado de Aries al ver como se alejaba Lugonis –los veré luego – dijo el santo sonriéndole a los pequeños – no se metan en problemas – dijo antes de alejarse de los chicos de la misma manera que el santo de Piscis.
Albafica se quedó mirando fijamente por donde el maestro de Shion se había alejado y una vez que dejo de ver la radiante armadura en la lejanía, poso su mirada en el pequeño a su lado que mantenía su mirada en el piso como si este fuese la cosa más interesante del mundo.
La pequeña suspiro, debido a la prohibición que el patriarca le había impuesto tanto a los santos dorados como a sus aprendices en esos dos meses había podido hablar únicamente con Degel, quien de vez en cuando subía a hurtadillas de Acuario a Piscis cargado de varios tipos de libros que leía con ella hasta entradas horas de la madrugada, por lo cual ahora al estar a solas con Shion no tenía idea de cómo iniciar una conversación sin dejar salir a las miles de hormigas que caminaban por todo su estómago.
- es hermosa la primavera ¿No crees? ¿Cuál es tu color favorito? – se animó a hablar Shion después de un largo rato de silencio, reprochándose mentalmente por no haber pensado antes de hablar y decir algo tan incoherente.
Albafica lo miro extrañada por unos instantes, sin embargo le sonrió cuando vio el nerviosismo del chico y miro el cielo, decidida a contestar aquella pregunta.
- por como es mi entorno muchos creerían que mi color preferido es el rojo – comenzó a explicar la pequeña mientras una imagen de los bellos rosales de su maestro se apoderaba de su mente – sin embargo no lo es – dijo esta vez sonriendo – mi color preferido es el azul – dijo sin poder contener un suspiro – pero no cualquier azul… el azul que me gusta es el brillante tono de azul nocturno que se forma cuando las estrellas resplandecen en el cielo – finalizo la pequeña obsequiándole una sonrisa a Shion - ¿Cuál es el tuyo?.
- Adivina – dijo Shion como reflejo, ya que aún se encontraba inmerso en la respuesta de su amiga.
Albafica lo miro fijamente, al principio no tenía idea de qué color pudiese ser el favorito de su amigo, sin embargo al ver su alborotada cabellera y las cintas amarradas en sus muñecas llego a su propia conclusión.
- Amarillo – dijo Albafica animosamente mientras sus labios se curvaban en una radiante sonrisa, totalmente confiada de su veredicto.
Shion la miro sorprendido y después relacionar las palabras de Albafica con su conversación, un débil sonrojo se apodero de sus mejillas, nunca había tenido algún color predilecto, para el todos eran hermosos, sin embargo al ver a su amiga tan alegre, tan radiante, tan segura, estaba seguro de que jamás volvería a ver el amarillo de la misma manera. El amarillo ahora era especial.
- Asi es – dijo con una sonrisa, haciendo que la mirada ilusionada de Albafica brillara de emoción.
- lo adivine a la primera – sonrió Albafica.
- ¿Qué adivinaste a la primera? – se escuchó una serena voz conocida a sus espadas que logro hacer que la sonrisa de Shion desapareciera y se formara un hueco en su estómago "¿Por qué ahora?".
Ambos niños miraron hacia atrás únicamente para encontrarse con los profundos ojos violetas de Degel, que se encontraba parado detrás de ellos con los brazos cruzados y con una media sonrisa adornando la marmórea piel de su rostro, mientras delgados mechones verdes bajaban rebeldemente por su frente. Detrás de él se encontraba un sudoroso Kardia con su característica e indomable cabellera azul corta hasta la nuca, dejando visible la bronceada piel de su cuello, asi como sus orejas, Albafica y Shion no pudieron evitar sorprenderse al observar el cabello corto de Kardia, ya que desde que se conocían siempre se había mantenido con el cabello largo hasta la mitad de su espalda.
- si niño bonito – comenzó a hablar Kardia hastiado – esta corto, yo lo corte – dijo mirando fijamente a Albafica con sus profundos ojos zafiro - deleitate.
- tenia pulgas – dijo Degel por lo bajo, sacándole una sonrisa a Albafica y ganándose una mirada molesta por parte de Kardia. Degel se encogió de hombros y volvió a enfocar su mirada en Albafica - ¿Qué fue lo que adivinaste a la primera? – volvió a preguntar con una cortes sonrisa.
- el color preferido de Shion – contesto Albafica alegremente, volviendo a provocar un sonrojo en Shion, quien hasta ese momento se había callado.
- ¿No sabias su color favorito? - preguntó Degel fingiendo sorpresa, lo cual paso desapercibido por todos, menos para Shion, el cual al instante cerro sus manos en puños.
- no – respondió Albafica apenada.
-espero no hayas olvidado el mío – dijo Degel con una sonrisa, ni el mismo sabia por que se estaba comportando de esa manera tan poco apropiada, sin embargo una parte muy profunda de él sintió celos al ver a Shion y a Albafica tan animados. Quería demostrar que el sabia más de ella que cualquier otra persona.
- por supuesto que no – dijo Albafica negando efusivamente – a ti te gusta mucho el color azul como el mar y a Kardia le gusta el rojo escarlata – dijo Albafica tranquilamente, sin saber que aquellas palabras habían logrado hacer que Shion sintiera un hueco en la boca del estómago.
- ¿Cómo demonios sabes eso vil acosador? – reclamo Kardia, haciendo que Albafica lo viera molesto.
- yo se lo dije – intervino Degel sonriendo – cuando nos confinaron a nuestros templos, pude salir de vez en cuando para pasar un poco de tiempo con Albafica – dijo esta vez sintiéndose entre orgulloso mientras veía a Shion por el rabillo del ojo.
La piel de Shion se tornó más pálida de lo normal al escuchar aquellas palabras, asi como en instantes se sumergió en sus pensamientos, ignorando su entorno y a sus amigos que sugerían ir camino a sus templos, ignorando inclusive el momento en el que todos se pararon y comenzaron a caminar, ya que en lo único en lo que estaba ocupada su mente era en las palabras que anteriormente Degel había dicho, llegando inclusive a preguntarle a los dioses porque lo habían hecho nacer Aries y no Acuario. Se encontraba molesto y triste al mismo tiempo, después de todo el no había podido convivir ni una sola vez con Albafica desde que habían sido confinados en sus templos y para su dolor Aries se encontraba demasiado lejos de Piscis.
Tan ensimismado iba en sus pensamientos que no se dio cuenta de que sus amigos habían dejado de caminar hasta que choco con la espalda de Degel.
- siempre creí que los aprendices a santos dorados eran tan engreídos que no se atrevían a caminar entre nosotros – hablo una voz chillona, haciendo que Shion posara su mirada en un aprendiz corpulento que les bloquea el paso, en compañía de cinco aprendices más – tal parece que me equivoque.
- ¿Pueden apartarse por favor? – hablo Degel educadamente.
- ¿Ya se van? – Pregunto el chico burlonamente – aún no se pueden ir… no sin un combate.
- dudo que eso sea posible – esta vez Albafica hablo intentando sonar lo más masculina posible.
- ¿Por qué? – pregunto el chico divertido - ¿será porque son tan débiles que no pueden?
- no – contesto Kardia con una amplia sonrisa – es porque ustedes no durarían ni un minuto contra alguno de nosotros.
Ante aquellas palabras la expresión del chico se desencajo, para posteriormente fruncir el ceño.
- no importa el rango – comenzó a hablar – ustedes solo son unos mocosos, no pueden ser más fuerte que yo que llevo casi toda mi vida entrenando.
- Aetos – hablo un chico de cabello castaño y ojos violáceos que se encontraba del lado derecho del aprendiz.
- ahora no Dymas – dijo el chico dirigiéndole una mirada asesina a su compañero – ustedes siempre has sido consecuentados solo por ser sucesores de las armaduras doradas, nunca han tenido un entrenamiento de verdad, solo se encierran en sus templos, asi que me niego a creer que uno de ustedes puede ganarme – dijo Aetos molesto – están en el mismo deplorable nivel de las amazonas.
- las amazonas son fuertes – intervino Albafica inmediatamente visiblemente molesta, llamando la atención de Aetos.
- Albafica – llamo Degel tratando de evitar una confrontación, sin embargo la pequeña no le hizo caso.
- no me extraña que las defiendas – dijo el chico aún más molesto – has de tener los mismos gustos raros de ellas, pero bueno ¿Qué me puedo esperar de alguien cuyo maestro solo sirve para plantar rosas?
- mi maestro es uno de los santos dorados más poderosos – dijo Albafica con los puños cerrados y a punto de abalanzarse hacia aquel molesto aprendiz.
- claro – exclamo el chico con burla – es tan fuerte que lo tienen confinado en su templo – dijo el chico – si la diosa Athena no fuera tan estúpida ya se habría deshecho de todas las basuras inservibles como tu maestro o las amazonas.
Le ardía lenta y tortuosamente su mano, aquel chico había pasado el límite y esta vez sin poderse contener se abalanzo contra Aetos, deteniéndose en el trayecto al ver a Shion golpear rápidamente el rostro del aprendiz.
- no te metas con cosas que no sabes – dijo después de darle un segundo puñetazo esta vez en el estómago – no le faltes el respeto a tu superiores – dijo mientras golpeaba al chico nuevamente, dejándolo caer al suelo – y nunca le vuelvas a faltar el respeto asi a nuestra diosa - tanto Degel, como Albafica y Kardia se quedaron sorprendidos en sus lugares ¿Desde cuándo Shion perdía los estribos de esa manera? – te diré una cosa – dijo Shion mientras se acercaba al aprendiz que en esos momentos se encontraba limpiando la sangre que brotaba de su labio roto – no use ni una pizca de mi cosmos para golpearte asi que si sabes lo que te conviene aléjate.
Albafica miro a Shion sorprendida, ella sabía que él no era asi, sabía que él podía controlarse, conocía la firme creencia que él tenía en el dialogo como la mejor opción para arreglar conflictos, sin embargo también sabía que aquella manera de pensar tan parecida a la de Cyril pudo haber provocado que por un instante el lado menos amable de su amigo saliera a flote.
- de esta no te libras – dijo el chico en el piso mientras lentamente se levantaba.
- ni tu – contraataco Kardia – Degel dime si me equivoco – comenzó a hablar el chico mientras le dirigía una mirada rápida a su amigo - ¿Es verdad que la muerte es el castigo más piadoso para aquellos que se atreven a cometer hybris contra los dioses?
- asi es – contesto Degel fríamente – y si la ofensa es demasiado grande, existe la posibilidad de que el culpable sea condenado a algo peor por toda la eternidad.
- Cabo Sunion será un patio de recreo comparado con lo que te pasara si el patriarca se entera de lo que dijiste – dijo Shion fríamente, mientras le dirigía una fugaz mirada a Albafica, fusionando por unos instantes su tranquila mirada avellana con la intensa mirada azulina de su amiga, sintió como sus piernas se volvían gelatina y retiro la mirada antes de comenzar a sonrojarse.
"¿No es adorable?" aquella dulce voz sonó en lo más profundo de la cabeza de Albafica acompañada de un agudo pitido, sorprendiéndola ya que tenía tanto tiempo sin escucharla, que inclusive había llegado a olvidarla "yo no te he olvidado a ti mi niña" dijo aquella voz tranquilamente, sin embargo con cada palabra que sonaba en la cabeza de Albafica, mas mareada se sentía "tiempos difíciles vienen" continuo hablando aquella voz mientras Albafica miraba perdida como se alejaba el grupo de aprendices que los había interceptado "asi que asegúrate de no olvidarme" y sin más el pitido dejo de resonar en la cabeza de Albafica provocando que callera de rodillas sorprendiendo a sus amigos, quienes hasta ese momento se mantenían observando cómo se alejaban los demás aprendices.
- ¿Qué ocurre Albafica? – pregunto Shion preocupado al ver a su amiga de rodillas, sin embargo se detuvo al ver como un resplandor purpureo teñía el horizonte. "Shion" la voz de su maestro hablándolo directamente a su cosmos lo inquieto, sin embargo retomo la compostura al instante "que ocurre maestro" pregunto Shion por medio de su cosmos "regresa al templo y que vengan tus amigos" y sin decir más la conexión se perdió - debemos volver – dijo Shion mientras caminaba hacia el templo de Aries.
- ¿Qué ocurre Shion? – pregunto Albafica preocupada.
- no lo sé Albafica – respondió Shion sin dejar de caminar y dirigiéndole una mirada intranquila a Albafica.
Los cuatro chicos continuaron caminado a lo largo del pedregoso camino, mientras la cálida brisa de verano golpeaba directamente los rostros llenos de tierra de los chicos. Albafica suspiro ante el delicado contacto del aire sobre su rostro y cerro momentáneamente los ojos ¿Por qué parecía que todo se estaba complicando? Desde que había comenzado su entrenamiento como santo todo se había vuelto tan extraño, no le molestaba, sin embargo algunas cosas le incomodaban demasiado, tales como aquella desconocida voz que le hablaba intermitentemente y el hecho de que por más que lo intentara su voz no llegaba a sonar totalmente como la de un chico. Suspiro profundamente al ver las escaleras que conducían a la explanada frente al templo de Aries y sin pensarlo más subió tras de Shion, seguida de un Degel completamente serio y un Kardia completamente molesto.
Llegaron en completo silencio a la explanada frente a Aries, donde descubrieron que no solo el maestro de Shion se encontraba ahí, si no que casi toda la orden dorada de Athena y el patriarca también se encontraban, mirando seriamente hacia el horizonte, los chicos se acercaron a donde ellos estaban y se arrodillaron solemnemente frente al gran patriarca.
- levántense y apresúrense a reunirse con sus maestros – dijo el patriarca sin dejar de prestar atención al horizonte, el cual continuaba teñido de una sombra purpurea.
Los chicos se levantaron y caminaron hacia sus respectivos maestros, no sin antes fijarse en como las normalmente resplandecientes armaduras doradas de los santos, perdían su brillo, ensombreciéndose débilmente en los bordes.
- ¿Has visto eso? – pregunto Kardia a Degel al ver como el normalmente dorado casco de la armadura de tauro ahora poseía una extraña franja obscura que lo dividía por la mitad.
- no hables Kardia – dijo Degel fríamente, procurando apresurar su paso hasta llegar frente a su maestro, siendo seguido de mala gana por Kardia.
- ¿Qué es lo que ocurre maestro? – pregunto Kardia una vez que estuvo frente al santo dorado de Acuario.
El hombre únicamente le dedico una fugaz mirada, para posteriormente volver su mirada hacia el horizonte, Kardia únicamente miro a su maestro atento y mientras una terrible ráfaga de viento golpeaba los rostros de los demás santos, meciendo violentamente sus cabellos, sintió como una agresiva corriente eléctrica recorría su cuerpo completamente.
Albafica por otro lado, únicamente cerró fuertemente los ojos para evitar que entrara en ellos el polvo que se había elevado a lo largo de la explanada del templo a causa de la fuerte ventisca. Mantuvo los ojos cerrados mientras sentía como poco a poco sus pómulos hormigueaban y, mientras su pequeña y respingada nariz se congelaba, escucho como su maestro en un débil suspiro pronunciaba dos simples palabras.
- santos negros…
