Como les va mushashos… creían que se librarían de mi? Pues que creen? Noo.
He hecho todo lo posible por escribir este capitulo para ustedes y a menos que caiga un esteroide proveniente del espacio lo pubicare en diciembre.
Fue un mes muy bonito y trate de escribir mucho… aunque la verdad fui a un monton de posadas y escribia en mis ratos libres asi como tambien sufri mucho al ver como acomodar la cosa de manera que fuera decente, pero creo que quedo cool. Lo admito llore y sufri por que escribia algo y lo borraba por que no me parecía pero que se le va a hacer? Son gajes del oficio…
Como lo prometido es deuda este es un capitulo especial ya que es relativamente mas largo que la mayoría… pero lo hice con amor… mas para angel de acuario, Io-chan Ao-sama y Cindy Giovani, quienes de manera adorable pusieron esta historia como favorita… en serio chicos gracias
Y tambien quiero resaltar que mi fiel amiga Alice como siempre me ha seguido… aun en mis tiempos de desaparcion… amiga gracias por no perder la fe :,)
No comentare mucho por que quiero pasar a lo mero buen rápidamente asi que solo dire: Los personajes que son expuestos en esta obra, a excepción de los Oc, son propiedad de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
Anotaciones:
"Cursiva entre comillas": Pensamientos de los personajes
"Entre comillas normal" Títulos de algo o nombres de pueblos.
Cursiva normal: Recuerdos.
oxoxo: salto de tiempo ya sea a mediano largo o corto plazo.
Posdata: no me maten y espero sus comentarios…
Posdata 2: feliz navidad atrasada! Los amo
¿Cómo es que había llegado a esa situación? ¿Cómo podía estar sentado en las escaleras del templo de Aries a tan altas horas de la noche? ¿Por qué a pesar del frio no podía levantarse y meterse en la cama? ¿Por qué cuando sintió que todo se estaba descontrolando no hizo nada? De su labio salían gotas de sangre que al resbalar por su barbilla caían al suelo únicamente para unirse al pequeño charco carmesí que se había formado entre sus piernas, le dolía demasiado la mejilla y aun asi ninguno de esos dolores era menor al que sentía en su pecho.
Había discutido con Albafica de tal manera que había logrado herir verdaderamente a su amiga e inclusive a sí mismo, estaba arrepentido de todo lo que había hecho y principalmente quería que dejara de doler su pecho como si le hubiesen arrancado el corazón ahí mismo, para posteriormente romperlo en pedazos frente sus narices y no era por exagerar pero… aquel dolor acompañado de una terrible sensación de asfixia lo estaban volviendo loco.
Cerró los ojos con fuerza intentando hacer que desapareciera aquella sensación de picor que se había apoderado de ellos, únicamente para sentir un potente hormigueo en su cabeza que hizo que todos los demás dolores se duplicaran ¿Cómo pudo haber sido tan tonto?
Aquella mañana había iniciado bien con un intensivo entrenamiento a su lado, seguido de un delicioso y quemado desayuno cocinado por Albafica, seguido de una visita a Rodorio, finalizando con la visita a su lugar especial, no podía pedir nada más, se sentía completo, inclusive autorrealizado y más que nada especial…
Habían hablado de todo, habían mostrado los avances de sus entrenamientos, había salido a flote el tema de su partida a Yamir en un mes y todo había estado bien… hasta que ella había dicho que en menos de una semana partiría con su maestro a un lugar desconocido donde estaría hasta terminar su entrenamiento…
Albafica metió sus pies en la pequeña laguna mientras miraba en el reflejo del agua como las nubes del cielo se movían lentamente mientras eran contorneadas por un delicado rosa pálido que en algunos puntos se tornaba en un bello naranja intenso, suspiro al sentir un escalofrió causado por el refrescante hormigueo que el agua le daba a sus acalorados pies, relajándolos y anestesiando el dolor causado por las dolientes ámpulas reventadas por el ajetreo de su día a día.
Aquel había sido un día relajado en comparación con otros y aun cuando se suponía que era su único día de descanso semanal, se sentía bien de haberlo gastado con Shion antes que con cualquier otra persona y realmente estaba disfrutando el simple hecho de mojarse en esa laguna mientras Shion se recostaba en el pasto.
- siéntate a mi lado – dijo la chica mientas jugueteaba el agua con sus piernas y volvía su mirada para ver hacia donde Shion se encontraba recostado – hay algo importante que te quiero decir.
El chico la miro extrañado desde donde se encontraba, sin embargo, se levantó y fue a sentarse a su lado sin protesta alguna, dedicándole en todo momento una sonrisa.
- ¿Qué ocurre? – pregunto Shion tranquilamente.
- bueno… - comenzó Albafica tranquilamente – tu sabes que hay un momento en el que aunque no quieras… – se detuvo, negó con la cabeza efusivamente y volvió a decir – bueno si lo quieras… debes hacer cosas que duelen – Albafica suspiro sabiendo que estaba complicando demasiado el asunto – y yo en estos momentos debo hacerlo… - dijo esta vez poniendo cara de confusión, ya que ni ella misma estaba entendiendo algo de lo que decía.
- no te entiendo – dijo Shion confundido.
- Shion – dijo seriamente – me ire.
- ¿Qué? – pregunto Shion confundido.
- será en dos días – dijo la chica mientras miraba a Shion directamente a los ojos – no sé a dónde… pero si sé que estaré ahí hasta que tenga que combatir por mi armadura – tras decir aquello aparto su mirada de la de Shion, ya que tras sus palabras, las bellas avellanas de su amigo se habían vuelto un pozo de turbulentas aguas.
- ¿Estás diciéndome que no volveremos a vernos hasta ser santos? – pregunto Shion mientras observaba el pasto como si fuese la cosa más interesante del planeta.
- si lo pones de esa manera – comenzó a decir Albafica en voz baja – sí.
- es mucho tiempo – dijo Shion intranquilo.
- nada cambiara entre nosotros – dijo Albafica con una sonrisa mientras depositaba su mano sobre el hombro de Shion.
- ¿Cómo puedes decir eso? – dijo Shion mientras apartaba bruscamente su hombro – estamos hablando de años – dijo mientras se levantaba – no se trata de unas jodidas vacaciones de verano.
- te recuerdo que tu también te iras – dijo la chica con el ceño fruncido.
- es diferente… mi maestro murió – respondió Shion apartando su mirada de la de Albafica – además vendría a verte en algunas ocasiones.
- ¿Esperabas que me quedara en el santuario por siempre? – Pregunto Albafica mientras cerraba sus puños fuertemente – siendo que tú, Kardia y Degel ya han salido aunque sea una vez…
- es diferente – dijo Shion nuevamente – nunca se han ido durante todo su entrenamiento además…
- no es verdad – interrumpió Albafica molesta – Degel dice que el aprendiz de Libra solo ha estado una vez en el santuario además…
- y Degel que sabe – corto Shion molesto, por alguna extraña razón la simple mención del aprendiz de Acuario había logrado exaltar sus nervios.
- es uno de los chicos más listos del santuario – afirmo Albafica seriamente, cosa que únicamente hizo que Shion se sintiera frustrado – y creo lo que él dice.
- realmente eres tan tonta como para en serio creer todo lo que él te dice – respondió, sabía que sus palabras no tenían ni pies, ni cabeza, pero sin darse cuenta aquellas palabras habían salido solas de su boca.
- no es… eso no tiene sentido Shion – dijo mientras se acercaba a Shion un paso.
- sé que no lo tiene Albafica – dijo Shion molesto – pero tampoco tiene sentido que te vayas – sabia el motivo de su reacción, era simple saberlo, sabía que en todo el tiempo que estaría lejos moriría de tristeza y más sabiendo que aun cuando fuera al santuario ella no estaría ahí – estas siendo demasiado egoísta y…
- yo también quiero ser fuerte – corto Albafica molesta.
- ya eres lo suficientemente fuerte – se apresuro a decir Shion – además tu eres mujer y…
No pudo continuar debido a que en ese mismo instante sintió como el puño cerrado de Albafica se impactaba violentamente sobre su rostro. Al principio un inmenso calor se propago por su nariz y boca, después fue un hormigueo el que recorrió toda su cara hasta llegar a sus oídos para posteriormente volver, y al final un terrible frio fue el que recorrió desde su labio hasta su barbilla, acompañado de un desagradable sabor metálico.
Por instantes su mirada se había nublado, sus oídos no conseguían captar nada más que estática y no comprendía que era lo que había ocurrido…
- …egoísta… - alcanzo a escuchar cuando la estática dejo sus oídos y cuando su visión volvió, no pudo ver más que la cabellera celeste de Albafica alejarse de el en un remolino turbulento, intento seguirla, sin embargo el seguía aturdido y ella era más rápida que él.
Tomo su cabeza entre sus manos y soltó un doloroso suspiro… lo había arruinado todo. "lo arruinaste" aquellas palabras sonaban una y otra vez en su cabeza, y tristemente no sabía cómo podría remediar aquel error.
Oxoxo
Aquella mañana despertó dentro de su habitación, tenía las costas de sangre coagulada en toda la boca y su cuerpo se encontraba descuidadamente esparcido a lo largo de su pequeña cama, sentía como si hubiese dormido todo el día en el piso y no recordaba nada más que haber cerrado los ojos con fuerza mientras lagrimas rebeldes salían de sus ojos.
"discúlpate" aquellas palabras atravesaron su mente como un relámpago y haciendo caso omiso al terrible dolor de su cuerpo, se levantó de la cama y salió corriendo en dirección al templo de Piscis, mientras limpiaba con su mano los residuos de sangre seca que tenía en la boca.
Ahora sabía que había actuado como un patán y lo mínimo que podía hacer para arreglarlo todo, era disculparse con su amiga y decirle que pasara lo que pasara ella siempre tendría su apoyo. Corrió a lo largo de todos los tempos, siempre saludando a sus guardianes de manera cortes y una vez que estuvo frente al templo de Acuario, dejo de correr… ¿Por qué razón siempre que se trataba de Degel las cosas se volvían molestas? Paso caminando de manera tranquila el gran templo, escuchando como sus pasos retumbaban entre las paredes, mientras poco a poco la temperatura descendía y su aliento se volvía aún más visible a la vista, transformándose en un vapor que fluía de manera efímera hasta desvanecerse en la atmosfera.
- si buscas a Albafica no está – lo interrumpió la voz de Degel cuando estuvo a la mitad del templo – salió a entrenar con su maestro – el chico busco con la mirada a Degel, únicamente para encontrarlo apoyado relajadamente contra un pilar – y no volverá hasta mañana.
- gracias – dijo Shion mirándolo con recelo, antes de dar media vuelta y volver por donde había llegado.
- Shion – lo llamo Degel al ver que el chico se alejaba – sé que por alguna extraña razón no te agrado – hablo al ver que Shion detenía su andar – pero debes controlar tus impulsos… Albafica es tan amiga mía como tuya… y eso no cambiara nunca…
"eso lo veremos" aquel precipitado pensamiento sorprendió a Shion, sin embargo antes de iniciar una posible discusión continuo su camino escaleras abajo, dejando a Degel solo en su templo.
Oxoxo
Un día, había pasado un día entero desde que Degel le había dicho que ella no estaba, había esperado tanto para poder verla y no lo había conseguido, toda esa mañana había esperado frente al templo de Aries, en busca de una señal que indicara la presencia de su amiga, lamentablemente aquella presencia tan deseada nunca llego.
Oxoxo
Verde… ese era el color que veía a su alrededor… no era un verde opaco y sin vida como el que se veía en los arboles esparcidos a lo largo de Rodorio… tampoco era ese verde brillante que cubría completamente el refugio boscoso de las amazonas… más bien se trataba de un bello verde que al ser tocado por los rayos del sol despedía una calidez que nunca antes había podido observar.
Pero no todo era verde, de momentos las débiles manchas cafés de los tallos se dejaban ver entre la bella danza de las hojas, fusionándose entre sí para formar algo parecido a un arte surreal.
Todo en aquel lugar era tan nuevo para sus sentidos, el color de las hojas de los árboles, el aroma a hierba recién cortada acompañado de un peculiar matiz amaderado, el cercano cielo azul cubierto por pequeñas nubes blancas incluyendo y aquella extraña brisa fresca de las montañas que traviesamente lograba colarse entre su desgastada camisa de entrenamiento, únicamente para provocarle un reconfortante escalofrió, cosa completamente diferente a la sensación de humedad del santuario que lograba hacer que la ropa se adhiriera a la piel, y lamentablemente aun a pesar de tanta belleza, su mente se encontraba plagada de dolorosos recuerdos y una molesta sensación de constante asfixia hacia que inclusive para el aire fuera una tarea completamente difícil, el simple hecho de entrar a sus pulmones.
Se sentía culpable, le preocupaba la herida que había logrado provocarle a su amigo con aquel golpe, se sentía tonta por haber corrido lejos y principalmente se sentía miserable… no solo por la forma en la que había dejado que la cosa se descontrolara, si no que también por que aquella misma noche le había hecho prometer a Degel que no dejaría pasar a Shion al templo de Piscis…
Había hecho mal, de hecho Degel se lo había reprochado más de una vez diciéndole que sus "caprichos de infante" le arruinarían la vida y aun asi un inefable sentimiento se había apoderado de su cabeza, logrando hacer que tomara más de una decisión incorrecta. Estaba segura de que posiblemente sus actos imprudentes desenlazarían en la perdida de la amistad de Shion y por ello mismo tenía miedo.
- estamos cerca – dijo su maestro tranquilamente, mientras continuaba caminando por un mondo sendero completamente rodeado de árboles, seguido muy de cerca por su pequeña alumna quien únicamente caminaba tras el de manera autómata – el lugar te va a encantar – continuo diciendo, embelesado por el bosque, inconsciente del estado anímico de su pequeña – Holanda es hermosa.
- ¿Por qué debo continuar mi entrenamiento aquí? – pregunto Albafica tímidamente, saliendo de manera momentánea de su trance.
- porque solo aquí se encuentra el jardín de las flores – respondió su maestro de manera seria - el único lugar en el cual el aroma de las flores es tan potente que logra evitar que la esencia de las Royal Demon Roses afecte a alguien ajeno a la técnica.
La chica suspiro pesadamente ante aquella confesión y únicamente se limitó a continuar su silencioso camino tras su maestro, no podía hacer nada más que esperar que aquellos años de entrenamiento pasasen lo suficientemente rápidos, Después de todo ya tenía siete años, por lo cual su entrenamiento solo sería de 4 años más.
Oxoxo
Dos figuras se encontraban en un mondo claro en medio del bosque, completamente empapados de sudor, mientras los últimos rayos del sol golpeaban de manera suave su piel haciendo que esta obtuviese un brillo etéreo.
- maldición Albafica deja de fallar los tiros – reprendió Lugonis de manera exasperada mientras veía como una pequeña rosa roja quedaba clavada de manera desafiante sobre el suelo, completamente alejada de las demás rosas que si habían alcanzado su objetivo.
- padre he logrado acertar casi todas – comenzó a reprochar Albafica completamente exhausta mientras apartaba su largo cabello azulado de su rostro – no entiendo porque te alteras por un fallo.
- en el campo de batalla un fallo puede representar una vida – contesto aún más molesto – más ahora que tus ataques se han vuelto tan poderosos – dijo con una mezcla de orgullo y reproche – si fallas en lanzar una Royal Demon Rose puedes llegar a quitarle la vida a uno de tus aliados.
- entonces… ¿no es más fácil usar las Piranhan Rose desde un inicio? – comenzó a decir la chica mientras una hermosa rosa negra comenzaba a formarse entre sus dedos – después de todo son más fáciles de controlar.
- no – contesto Lugonis haciendo que Albafica disolviera la rosa negra que se había formado entre sus dedos – las Demon Roses representan la bondad y compasión dentro de una pelea – comenzó a hablar Lugonis mientras miraba a su hija de nueve años removerse incomoda frente a el – las Demon Roses le dan a tu oponente la opción de… – corto sus palabras, su hija ya sabía manipular las tres técnicas especiales de los santos dorados de Piscis, ahora solo faltaba que ella adoptase las ideologías adecuadas y estaba dispuesto a enseñarle lo mejor posible –oponente una muerte pacífica.
- pero si la persona no se merece una muerte pacifica – pregunto Albafica intranquila.
- todo mundo merece una muerte pacifica – respondió Lugonis tranquilo – pero en caso de que tu enemigo se niegue a tener la muerte piadosa que le ofreces – comenzó a hablar con duda mientras miraba el rostro de Albafica, que a causa del entrenamiento se había teñido de un débil tono rojizo - las Piranhan Rose son tu mejor opción, ya que son el mejor ejemplo de brutalidad y violencia combinados.
- si una persona es verdaderamente mala – comenzó a hablar Albafica tranquila – las Piranhan Rose son la mejor opción.
- Asi es – afirmo el santo dorado de Piscis.
- ¿y qué hay de las blancas? – pregunto Albafica finalmente, después de un largo debate mental.
- son tu último recurso Albafica – contesto Lugonis tranquilo – solo se usan cuando no ha funcionado todo lo que se ha intentado.
- entiendo – respondió finalmente Albafica mientras miraba con sus ojos el hermoso atardecer con tintes morados y naranjas.
A pesar del breve descanso el pecho de Albafica subía y bajada de manera inconstante mientras mantenía la boca ligeramente en un intento desesperado por recuperar el aliento que anteriormente había perdido, desde que habían llegado a esa pequeña villa aledaña a un bosque de Holanda no había parado de entrenar, llegando a mejorar lo suficiente como para aprender las tres técnicas consagradas a los santos dorados de Piscis, lamentablemente para ella una cosa era saber el ataque y otra era saber lanzarlo.
Desde siempre su padre le había infundido un terrible miedo por fallar un ataque con sus Royal Demon Roses, pero aquel pequeño miedo se había vuelto terror desde que había llegado a Holanda ya que cada vez que su maestro notaba un débil error, su normalmente serena figura se transformaba para convertirse en una versión más violenta. Albafica notaba en los regaños de su maestro una gran cantidad de emociones, de a cuales la ira prevalecía seguida de cerca por la desesperación, pero la única emoción que lograba hacer que Albafica se doblara internamente de dolor era aquella inmensa laguna de tristeza en la que los ojos de su maestro se habían convertido.
Aquel año había cumplido nueve años, justamente la misma edad que Kardia y Degel la última vez que se habían visto, y aun cuando no existía nada que perturbara su vida actualmente, si tenía remordimientos y el principal era el hecho de no haber hablado con Shion antes de irse, sabía que había actuado como una completa tonta y cada ocasión que recordaba el rostro sangrante de su amigo, una terrible melancolía la inundaba haciendo que su mente se dividiera entre querer volver al santuario y no volver nunca.
Lo único bueno de todo aquello era que cuando volviera aun cuando ocurriera cualquier cosa, su maestro siempre estaría con ella…
Oxoxo
Se dejó caer desganadamente sobre el polvoso suelo y suspiro mientras observaba como los primeros rayos del sol se asomaban este las colinas formando una hermosa aurora al tocar las nubes, la temperatura apenas era fría y el aire soplaba tranquilamente removiendo su corto cabello rubio cenizo, haciendo que se pegara a su rostro y golpeara débilmente su nariz en algunas ocasiones.
Observo detenidamente con sus brillantes ojos avellana cada uno de los pintorescos detalles de aquel lugar, como el molino de agua ubicado a la orilla de un pequeño riachuelo o el único edificio de dos plantas ubicado en el centro de pueblo, sede de la única posada, inclusive noto como los aldeanos que apenas despertaban abrían las ventanas de madera de las casas con la intención de ventilar los cuartos y evitar malos olores… volvió a suspirar una vez que vio como el color rojizo de la madrugada tornaba un tono azul claro y se levantó del suelo, aquella mañana era simple, como todas las demás que había pasado en ese pequeño lugar plagado de ovejas y campos de nabos, el viento que sentía acariciarle el rostro era el resultado un clima simple, con escasas lluvias y pocas temporadas de calor, y aquello que miraba frente a él era el ejemplo de una vida simple, en un pueblo donde la mayor aspiración era criar ovejas para posteriormente venderlas a la capital más cercana y ganar el dinero de al menos dos o tres meses…
- Shion sé que eres el querido aprendiz a santo dorado de todos – escucho como lo llamaba toscamente una voz femenina y volteo para encontrar con su mirada a una chica de corta cabellera rubia que lo miraba acusadoramente con sus profundos ojos verdes - pero no seas inútil y apresúrate a preparar tu equipo.
- ya lo tengo listo – dijo con un suspiro desganado mientras señalaba una gruesa cuerda anudada de tal manera que asemejaba a una cadena – ¿Ya viene el maestro?
- no – respondió la chica incomoda – me pidió que te dijera que hoy entrenaríamos solos.
- perfecto – respondió tranquilamente Shion mientras comenzaba a caminar lentamente hacia la vereda que subía lentamente hacia una de las montañas.
La chica lo siguió lentamente, recordaba a su alegre amigo antes de haberse ido al santuario, lo había extrañado y no podía negarlo cuando escucho que el volvería se había emocionado demasiado, sin embargo se había llevado una terrible decepción al ver que la persona que había vuelto del santuario era totalmente diferente a la que se había ido… aquel chico se había vuelto serio, más retraído de lo normal, metódico y hasta cierto punto perfeccionista.
Shion se había vuelto tan ajeno a todo que inclusive aquella chica lo veía salir de la casa donde habitaban al despuntar el alba, para únicamente sentarse en el risco y observar con mirada ausente como salía el sol, para posteriormente ir a las montañas a practicar la Starlight Extincion hasta desfallecer e intentando perfeccionar otras técnicas que su antiguo maestro Naveed le había enseñado.
- es un buen día no crees – comenzó a hablar la chica, buscando que Shion le dijera algo más que su típica respuesta…
- es como todos los demás – la chica bufo molesta, ahí estaba de nuevo esa respuesta tan cortante como siempre.
- no es verdad – respondió la chica intentando seguir la conversación – hoy el cielo tiene el azul más bonito que existe – la chica vio como Shion detuvo su andar y miro hacia el cielo, posteriormente vio como negaba con la cabeza y continuaba caminando.
- no es verdad – respondió Shion tranquilamente.
- no te gusta el azul – afirmo la chica tranquilamente, a lo cual Shion negó tranquilamente - ¿entonces? – pregunto la chica y esta vez pudo ver como una jovial sonrisa adornaba los labios de Shion.
- el azul del cielo si es bonito – respondió Shion animado, sin embargo al momento su expresión volvió a ser seria – pero no es el más bonito que hay – "el más bonito es el azul cobalto de su mirada" – apresurémonos – urgió Shion – no hay tiempo que perder.
- Shion – llamo la chica al ver como el chico se alejaba de ella lentamente.
- ¿Qué pasa Yuzuriha? – respondió el chico tras detener su paso y voltearla a ver.
- ya casi lo logras – dijo la chica, ganándose una débil sonrisa por parte de Shion.
Ella sabía que Shion esperaba con ansias volverse santo, y no por el privilegio de ser parte de la elite de Athena, sino porque había una promesa que debía cumplir. Lo único que no sabía era a quien…
Oxoxo
Rodo en el suelo tratando de evitar que el golpe que se le aproximaba violentamente se impactara en su rostro y se levantó de un salto mientras evitaba que un segundo golpe le diera directamente en el pecho.
- no lo haces tan mal – hablo por primera vez el atacante – pero debes dejar de evadir Albafica – se acercó corriendo a la chica de cabello corto hasta los hombros y lanzo un golpe hacia el estómago de la chica, el cual fue evadido perfectamente – debes atacar – dijo y de un rápido movimiento logro asestar una patada en uno de los costados de la chica, provocando que esta jadeara lastimosamente.
- no me da tiempo maestro – se quejó la chica mientras retrocedía con una mano en uno de sus costados.
- entonces se más rápida – dijo su maestro volviendo a acercarse a Albafica para atacarla.
- usted me dijo que no usara mi cosmos – hablo atrapando entre sus manos la rodilla de su maestro, la cual se dirigía hacia el abdomen de la chica.
- deduce los movimientos de tu oponente – dijo antes de impulsarse con su pierna libre para darle una patada directamente en el rostro.
- no es tan fácil – dijo deteniendo con su antebrazo a unos cuantos milímetros de su rostro la patada de su maestro.
- yo sé que para ti si – respondió Lugonis alejándose de un salto de Albafica – ya lo tienes casi todo – dijo tranquilo mientras apartaba de su rostro un mechón de cabello – solo debes saber cuándo atacar.
- lo dice para hacerme sentir bien – dijo la chica mientras miraba directamente a su maestro, en busca de una señal que le indicara hacia donde atacaría.
- no – respondió Lugonis empezando a caminar alrededor de Albafica, buscando rodearla, sin embargo a cada paso que el daba, ella daba otro para siempre quedar frente a su maestro – tu eres un prodigio asi que lo lograras.
Y dicho esto en un movimiento a la velocidad de la luz se acercó a Albafica para golpearla, pero esta la detuvo y con un golpe lateral logro hacer que su maestro se desestabilizara y la mirara sorprendido.
"ya casi es tiempo" pensó Lugonis con una mezcla de orgullo, tristeza y sorpresa, después de todo no se equivocaba… Albafica era un prodigio, a la edad de seis años ya convocaba por mas de tres minutos las Demon Roses, a los nueve años ya manejaba los tres ataques de piscis y ahora a los diez años era capaz de golpearlo aun cuando el usaba la velocidad de la luz.
Estaba feliz por ella, pero también sabía que mientras más fuerte se volvía, más cerca estaba del fin
- ¿Maestro? – la voz de a chica lo saco de sus pensamientos y al ver aquellos hermosos ojos azul cobalto mirarlo expectantes no pudo evitar sonreír, la amaba más que a cualquier otra cosa en el mundo, estaba agradecido con ella y con los dioses por habérsela enviado a aquel campo de rosas aquella fría noche, y más que nada le dolía que no podría verla triunfar junto a sus colegas en aquella guerra santa… porque si… el creía firmemente que aquella guerra seria ganada por Athena.
- ya casi estas lista – dijo Lugonis tranquilamente mientras por dentro moría de miedo – muy pronto podremos iniciar el ritual de lazos de sangre – dijo entre suspiros tratando de disimular la voz entrecortada que salía de su garganta a cauca del miedo, después de todo nada podía salir mal ¿No es asi? Ella no era como los otros ¿Verdad? Ella si sobreviviría… ella era especial…
- nada me haría más feliz maestro – contesto la chica emocionada.
Lugonis la miro y pudo observar el verdadero rostro de la inocencia, le había mentido sobre la verdadera naturaleza del ritual y tendría que vivir con aquello hasta el final de sus días, solo esperaba que eso fuese pronto, ya que egoístamente sabía que no soportaría que todo saliera mal y su más querida aprendiz… no… su hija… muriera en vano.
Oxoxo
- por favor quiero que comience a enseñarme todo lo que sabe sobre la reparación de armaduras – comenzó a hablar desde la entrada a una pequeña habitación aquel chico poseedor de una melancólica mirada avellana, causando que la persona de larga cabellera plateada que se mantenía de espaldas a él volteara a verlo sorprendida –si se puede – continuo hablando con un débil tono de duda en su voz – si se puede quisiera que comenzáramos a practicar mañana.
- eso es muy repentino Shion – comenzó a hablar con paciencia – no ha pasado ni medio mes desde que heriste tu cuerpo al elevar tu cosmos hasta el séptimo sentido – dijo el hombre mientras giraba su cuerpo, manteniéndose sentado sobre la silla de madera que se encontraba frente a un escritorio lleno de mapas estelares y bocetos de armaduras – debes descansar al menos medio mes más.
- ya no quiero descansar – corto Shion tranquilamente – ya tengo once años, estoy a un año de competir por la armadura de Aries – comenzó a decir calmadamente, deteniéndose únicamente para soltar un suspiro y comenzar a hablar de nuevo con un tono de voz completamente sereno – no tengo mucho tiempo… y sé que como mínimo tardare dos años en dominar todas las herramientas que usted utiliza – suspiro pesadamente y miro hacia un lado - y ya no quiero atrasarme.
- ¿Por qué tienes tanta prisa en terminar tu entrenamiento? – Pregunto el hombre alzando una ceja inquisitivamente – muchos santos han tardado más de los seis años requeridos.
- porque no quiero ser el último de mi generación en ganar una armadura – respondió Shion nervioso.
"¿Por qué mientes Shion? Hablo una dulce voz en la cabeza de Shion, cosa que no lo impresiono ya que desde más de medio año aquella voz se había vuelto parte de su vida diaria, sin embargo aquella pregunta lo pillo desprevenido, haciendo que cerrara sus ojos angustiado, sabía que él no era alguien que mintiera tan fácilmente y aun así lo había hecho, aunque no todo era mentira ya que verdaderamente él no quería ser el último santo en obtener su armadura, tampoco quería ser el más débil y mucho menos quería ser el último en volver al santuario y todo aquello se debía a que el mismo había decidido ser el primer santo dorado en ver a Albafica volver al santuario acompañada de su maestro.
La idea era demasiado egoísta pero esa había sido la pobre excusa para salir adelante que había decidido adoptar después de la muerte de su maestro y aquella discusión con Albafica. Al menos así se arreglarían las cosas un poco.
- dudo que llegues a ser el último de tu generación en ganar una armadura Shion – hablo el hombre con un tono cargado de tristeza – en caso de que el aprendiz de Piscis lo logre… el será el ultimo
- Albafica lo lograra – afirmo Shion convencido tras escuchar las palabras del antiguo maestro de Yamir – el es Fuerte.
- no dudo que tu amigo sea fuerte – hablo el hombre dejando de lado aquel tono sereno con el que normalmente hablaba – pero el proceso de obtención de la armadura de Piscis va más allá de la fuerza.
- ¿A qué se refiere maestro? – pregunto Shion confundido por las palabras de su maestro.
El hombre suspiro pesadamente él ya había tocado aquel punto sensible y aun cuando sabía que su pequeño Shion descubriría algún día que se necesitaba para ser un santo dorado de Piscis, él prefería ser quien le dijera la verdad y en el peor de los casos, lo preparara para lo que se avecinaba.
- todas las armaduras tienen vida – comenzó a hablar tranquilamente el hombre – son como nosotros, hay cosas que les gustan y cosas que no – se detuvo únicamente para volver la mirada y observar como bailaba el fuego de manera seductora sobre la vela de cera que se hallaba sobre el escritorio – y también cada una tiene una manera diferente de obtenerse – ¿En serio se lo iba a decir? temía la reacción de Shion, sin embargo para ser el nuevo guardián de las armaduras era necesario que lo supiera – la armadura de Aries se obtiene cuando el aprendiz logra derrotar a uno de los fantasmas de los santos dorados anteriores, asi como sus miedos – comenzó a hablar el hombre, notando que esta vez Shion lo miraba atento – la armadura del cisne se obtiene cuando el aprendiz logra provocar un viento congelante lo suficientemente fuerte como para romper los hielos eternos… y la armadura de Piscis… requiere del ritual de lazos de sangre.
- ¿Qué son los lazos de sangre? – pregunto Shion tranquilo.
- es la mezcla de la sangre envenenada del santo en turno con la sangre del aprendiz – hablo mientras observaba detenidamente el rostro de Shion, en busca de algún cambio de expresión en el chico – el cuerpo del aprendiz debe aceptar el veneno para sobrevivir y al mismo tiempo crear un veneno más potente – volvió a detenerse a analizar a Shion, sin embargo este se mantenía sereno – es un ritual que termina en muerte aun cuando se lleve a cabo de manera exitosa.
- ¿Por qué a pesar del éxito termina en muerte? – pregunto Shion secamente, mientras intentaba de tragar el nudo que se había formado en su garganta.
- porque la sangre del aprendiz se vuelve más venenosa que la del santo y…
Shion no escucho más, eso era todo lo que podía retener y aquellas palabras contestaban perfectamente su pregunta, se disculpó con su maestro y salió lentamente de la habitación sin tomar importancia a las llamadas impacientes del hombre.
Se sentó en aquel risco en el que todas las mañanas se sentaba y observo el camino que se observaba a lo lejos entre las montañas, aquel camino era por el que había llegado y que veía siempre que tenía problemas, aquel camino que anhelaba volver a pisar para volver al santuario y principalmente aquel camino era el que lo hacía recordar a su amiga.
Podía vivir soportando el hecho de no verla, sin embargo ahora que sabía aquello, se había dado cuenta de algo… él no podría soportar una vida en la cual ella no estuviese.
Tenía miedo, temía perderla y también temía a sus grotescos pensamientos, que preferían que Lugonis muriera en aquel ritual, no sabía que pensar y eso hacía que su miedo aumentara aún más.
- Albafica… Lugonis… -susurro Shion – que sea lo que la diosa Athena desee.
Oxoxo
- Albafica – hablo Lugonis tranquilamente. Era de noche, las estrellas iluminaban como débiles velas la obscura bóveda celeste y la luna se erguía esplendorosa en el cielo bordeada de un brillante halo blanco, habían acabado una exitosa sesión de entrenamientos en su habitual claro de bosque y en esos momentos ambos se encontraban acostados sobre la hierba húmeda del bosque – hay algo importante que debemos hablar.
- ¿Qué ocurre maestro? – pregunto levantando su torso ligeramente para ver a Lugonis.
- durante cinco años he hecho todo lo posible para entrenarte de la manera adecuada – comenzó a hablar Lugonis mientras observaba detenidamente las estrellas que iluminaban el profundo cielo azul – te he enseñado todo lo que se y he procurado inculcarte los valores e ideologías que caracterizan a un santo – cerro los ojos al sentir como sus ojos comenzaban a picar – te he inculcado la humildad y la determinación necesaria para ser una persona de bien – el santo dorado sintió como una fuerte ventisca mecía fuertemente su cabellera y pensó encantado, que tal vez los alvens se habían apiadado de él y le estaban ayudando a escoger las palabras adecuadas – he visto tu potencial y he hecho todo lo posible para impulsarlo – se detuvo cuando una imagen mental de una pequeña Albafica de cuatro años corriendo por la casa de Piscis llego a su cabeza – te he apoyado en todo lo que he podido – dijo después de unos instantes - y no ha habido honor más grande para mí que ser tu maestro – sonrió al escuchar como un suspiro relajado salía de los labios de su alumna.
- maestro yo… - comenzó a hablar Albafica pero se detuvo al ver como su maestro se incorporaba hasta quedar sentado y la miraba fijamente.
- ya he hecho todo lo que he podido para agradecerte por llegar a darle sentido a mi vida – hablo Lugonis tranquilo – ya estas a nada de volverte el santo dorado de Piscis – hablo el santo, pero por unos instantes su mirada perdió su brillo característico – y antes de continuar quiero que me digas si aceptas el ritual de lazos sangrientos.
- si quiero – dijo Albafica instantáneamente, sabía por voz de su maestro que se trataba de un ritual en el cual su sangre se mezclaría con la de ella para formar un veneno mejor y aun cuando tenía miedo quería seguir… - quero ser uno con usted maestro…
- ¿Segura? – pregunto Lugonis intranquilo – puedes morir – agrego en un intento de infundirle miedo y disuadir la decisión de su aprendiz.
- estoy totalmente segura de esto – respondió Albafica firmemente mientras se ponía de pie.
- aun puedes arrepentirte – dijo Lugonis en un último intento de disuadir a su aprendiz – si sigues con esto estarás renunciando totalmente a ser mujer.
"además tu eres mujer"
- no huiré ni me arrepentiré – dijo Albafica negando fuertemente con la cabeza en un intento de alejar de su mente aquella escena – acepte mi destino desde que le pedí ser su aprendiz – dijo al mismo tiempo que hacía que una rosa roja apareciera entre su mano derecha – superare lo que sea – y tras decir aquello cerro con fuerza su mano sobre las espinas del tallo de la rosa – te hare sentir orgulloso – dijo mientras extendía su mano herida hacia el frente dejando ver las múltiples laceraciones, de las cuales escurrían finas gotas de sangre.
El santo la miro y con una débil sonrisa se levantó de donde se encontraba sentado, para posteriormente mirar detalladamente a Albafica, sus mejillas sonrojadas a causa del frio formaban un contraste con su pálida piel, mientras que su enmarañado cabello celeste se alborotaba con el frio aire, dejando caer los restos de pasto seco que se habían atorado en su cabello, sus ojos brillaban hermosamente llenos de determinación y su rostro a pesar del corte que tenía en un labio se mantenía cada día más hermoso.
Nunca se cansaría de esa vista.
- yo ya estoy orgulloso – dijo el santo mientras tomaba la rosa que estaba entre las manos de Albafica y de un rápido movimiento se clavó en uno de sus dedos una de las espinas de la rosa – esto te dolerá – dijo mientras veía fijamente la espesa gota de sangre que se había acumulado en su dedo.
- lo aguantare – y dicho esto Lugonis unió su dedo índice a una de las heridas que tenía Albafica en la mano.
- ¿Qué tiene de malo ser mujer? – pregunto una pequeña niña de corta cabellera azul, haciendo que el hombre de larga cabellera escarlata dejara de cortar las hojas secas de las rosas para mirar a la pequeña que se mantenía acostada en el piso del templo de Piscis.
- no tiene nada de malo – respondió el santo de manera tranquila intentando evadir la respuesta.
- entonces ¿Porque ofenden tanto a las amazonas? – pregunto mientras extendía sus manos a lo largo del piso.
- Albafica en este mundo aún existen muchos hombres que creen que la mujer debe estar por debajo – comenzó a decir Lugonis tranquilamente – si esos hombres llegan a ver a mujeres destacar son capaces hasta de atacarlas – suspiro y se acercó a la pequeña – he visto a muchas amazonas morir por ser mejores que los hombres – dijo y comenzó a acariciar la cabeza de Albafica, que ahora se encontraba recostada entre sus piernas – sé que está mal ocultar tu hermosa condición de mujer, pero quiero protegerte de la sociedad – soltó un suspiro cansado – además sé que tu podrás hacer que cambie eso en el santuario.
El santo abrió los ojos tras recordar aquello y horrorizado observo como la pálida piel de Albafica comenzaba a tomar un tono enfermizo, rápidamente retiro su dedo de la herida de la pequeña y con un rápido movimiento sostuvo su cuerpo, el cual poco a poco comenzaba a desplomarse.
Abrazo a la pequeña que ya había cerrado los ojos y permitió que sus lágrimas cayeran silenciosamente sobre el rostro inconsciente de la pequeña. Ya no había marcha atrás, solo sobreviviría uno de los dos e imploraba a los dioses por que fuese ella.
Detuvo su llanto únicamente al notar como el rostro hasta ahora imperturbable de Albafica se crispaba de dolor, para posteriormente notar los constantes jadeos que Albafica daba en un intento por que el aire llegase por completo a sus pulmones. Sostuvo más fuerte el cuerpo inconsciente de la chica y acerco su rostro al de la pequeña, únicamente para confirmar que a diferencia de sus anteriores aprendices, ella se mantenía respirando.
No pudo evitar que una sonrisa escapara de sus labios, después de todo hasta ahora todo aquel que entraba en contacto con su sangre caía fulminado al instante, sin embargo a pesar del notable avance y con temor a que algo se complicara, poso su mano derecha sobre la frente de Albafica, solo para notar al instante que esta había comenzado a arder. Cargo entre sus brazos a la pequeña y comenzó a caminar serenamente hacia la orilla del bosque, recordando el pequeño riachuelo congelado que se encontraba a unos kilómetros de donde se ubicaba su cabaña, bajaría su fiebre con la ayuda de la capa liquida inferior del rio, después de todo no contaban con el viento frio de los santos de Acuario.
Al llegar a la orilla de aquel riachuelo, deposito suavemente a Albafica en el frio suelo cubierto por pasto verde y con un fuerte golpe rompió la gruesa capa de hielo que cubría el riachuelo. Volvió a tomar a la pequeña entre sus brazos y mientras iba adentrándose a aquel riachuelo pudo observar como delicados copos de nieve comenzaban a caer del cielo, volando traviesamente hasta depositarse sobre el pasto o enredarse entre la cabellera del santo, de vez en cuando cayendo sobre la pálida piel de Albafica, pero siempre manteniendo una belleza únicamente comparable con la de la mismísima diosa Afrodita.
- su destino fue sellado y lo sabes – comenzó a hablar una dulce voz tras el santo – no temas más – siguió hablando aquella voz, que si bien el santo de Piscis escuchaba con claridad, prefería ignorar – no te preocupes yo la cuidare como lo hice contigo – finalizo aquella voz de manera cantarina, provocando que el santo cerrara fuertemente sus manos, aferrándose a lo más importante de su vida.
- eso espero – dijo en un susurro que fue arrastrado lejos por la débil brisa invernal.
Oxoxo
Después de aquello todo se volvió más difícil para el santo dorado, quien toda la semana después de la primer mezcla de sangre se la había pasado atormentando su alma al ver como su pequeña alumna se retorcía violentamente entre las sabanas de su cama, deteniéndose por pequeños momentos para posteriormente crispar su rostro de dolor y comenzar a agitarse aún más fuerte mientras sus manos estrujaban las sabanas.
Preocupado por la nutrición de la pequeña había optado por hervir en un caldero verduras, trozos de carne, bulbos y vallas, para posteriormente vaciar el caldo en un cuenco y hacerla beber todo mientras ella boqueaba desesperadamente mientras el santo le tapaba la nariz, sabía que esa no era la mejor manera pero prefería hacer las cosas de manera efectiva antes de que la fuerza de su pequeña fallara a causa del hambre.
Aquella rutina había sido la misma por dos meses hasta que un día Albafica había logrado despertar, con el rostro más demacrado de lo normal, cinco kilos menos y una terrible coordinación, pero con la misma fuerza de voluntad. No había pasado ni media semana desde que ella había despertado y aun cuando su cuerpo se mantenía débil había logrado convencer a Lugonis de realizar otra mezcla de sangre, cosa que en vez de mejorar, había logrado empeorar la salud de la chica, a quien se le marcaban ojeras día a día.
Por su parte Lugonis evitaba apartarse más de veinte minutos de la pequeña y el, al igual que Albafica comenzaba a dejar ver unas ojeras pronunciadas. No podía negarlo, estaba desesperado, tenía miedo que todo saliera mal, temía por la vida de su pequeña, temía que de un momento a otro todo acabara y aunque le costaba admitirlo tenía miedo de estar solo… después de todo había estado tanto tiempo acompañado de Albafica que había logrado olvidar como se sentía no tener a nadie con quien hablar… poco a poco se daba cuenta de que no quería algo asi para su hija sin embargo, se lamentaba y odiaba al saber que ya nada podía cambiar.
La dinámica se siguió repitiendo constantemente, ella despertaba comía un poco y posteriormente volvía a mezclar su sangre únicamente para caer en un profundo letargo, que posteriormente se volvió en malestares y debilidad, para finalizar en una simple sensación de hormigueo que recorría todo su cuerpo y que no se parecía en nada a la sensación de terrible dolor que la había embargado la primera vez, pero mientras más fácil se adaptaba el organismo de Albafica al veneno de Lugonis, este al contrario cada día se sentía más débil, tanto que debía hacer uso de toda su fuerza de voluntad por no caer rendido al suelo cada vez que entrenaba con su hija y esta le lanzaba sus rosas rojas ahora infectadas con su sangre envenado.
A partir de ese momento las transfusiones se habían vuelto diarias y aun cuando el santo quería recostarse a descansar, se mantenía activo… después de todo en sus últimos momentos quería demostrar que el título de santo dorado era digno de él…
Pero no todo era eterno y él lo sabía, por eso una fría noche, la noche que él sabía que no resistiría más miro a Albafica de una manera tan profunda y llena de amor que incluso la chica sintió que la mezcla de aquel día sería diferente a las demás.
- lo has hecho muy bien – comenzó a hablar Lugonis de manera pausada, mientras el ferroso sabor de la sangre inundaba sus papilas gustativas – temía que no lo lograras – comenzó a decir sintiendo como su vista comenzaba a nublarse – estoy tan orgulloso de ti.
- gracias maestro – respondió Albafica intentando reprimir su felicidad con palabras formales – nada me complace más que eso.
- ¿Sabes que es la última vez que mezclamos sangre? – Pregunto el santo y esta vez los ojos de Albafica se iluminaron – después de eso la armadura de Piscis será tuya y deberás presentarte al patriarca – dijo mientras aparecía una rosa entre sus dedos y aunque no era del característico tono carmín intenso, su belleza seguía siendo deslumbrante – tendrás miedo pero descuida siempre es asi la primera vez – dijo mientras miraba hacia el cielo – le dirás que todo saldrá como debía y siempre deberás comportarte como el chico que todos creen que eres.
- entiendo maestro – dijo Albafica confundida – pero… ¿Por qué me dice todo esto? Puede hacerlo mañana.
- por si se me olvida – dijo el santo y pincho uno de sus dedos, para posteriormente entregarle la rosa a la pequeña.
- usted nunca olvida nada – respondió Albafica tomando la rosa entre sus dedos y sacando una sonrisa alegre al santo.
- es cierto – dijo viendo cómo se pinchaba Albafica un dedo y lo extendía hacia el – Te amo mi niña – susurro cuando sus dedos se juntaron y sintió por última vez como la sangre de Albafica se mezclaba con la de él como si de un remolino de fuego se tratase, pero a pesar de todo aquel dolor, él no tenía ojos más que para los hermosos ojos cobalto de la chica que a pesar de tener un tono frio, irradiaban el calor que solo puede ser obtenido por alguien bondadoso, también miraba las sonrosadas mejillas de su alumna adornadas por aquel delicado lunar que lograba acrecentar la belleza de la joven y más que nada posaba su mirada en aquellos perfectos labios simétricos, de los cuales solo salían bellas palabas. "una hermosa muerte" pensó el santo antes de cerrar los ojos y entregarse por completo a un mundo obscuro, al cual solo llegaban los gritos y sollozos de su alumna, pero ya no había nada más que hacer, él ya se había entregado a un lugar en el cual él y su alumna vivían como una familia normal…
Antes que nada debo decir… 7853 palabras? Es netaaa? Escribí tanto? Ni yo me la creo…
Jaja ahora si
Les dije que haría un especial en estas fechas y creo que este capítulo tan largo lo demuestra… no sé si está bien… en lo personal creo que lo hice bien aunque me duele haber matado a alguien tan divino como Lugonis…
En fin u.u debia hacerlo para seguir y aunque matar la inocencia de alguien de una manera tan cruel no se me parece feo, es decir hasta el último momento Albafica confió en el… ella fue engañada y seguro que ver a su maestro desplomarse muerto sin razón alguna es un poco… feo…
Hoy si hay dudas que quiero resolver asi queeeeee… ahí están:
1-. Los Alven son espíritus o duendecillos en Holanda que corren a lo largo del viento. Ayudan a las personas a hablar mejor y en algunos casos hacen que los secretos no puedan ser mantenidos. Se me hizo oportuno usarlos ya que después de todo estaban entrenando en Holanda.
2-. El jardín de flores en Holanda del que habla Lugonis es invención mía jaja y bueno lo invente porque Holanda es el principal productor mundial de Tulipanes y se me hizo bonito relacionarlo.
3-. Asi como también… el lugar de entrenamiento solo es un lugar que se estableció tras poner mi dedo de manera aleatoria en un mapa :v
4-. Toque el tema del machismo en el santuario, porque en esa época la cosa era muy muy intensa y por qué me parece bien que las costumbres estén en sincronía con la época.
5-. La voz es de una mujer y siiii es la misma que escucha Shion, Alba, etc. Esa tipa será importante a futuro yo lo seee.
6-. Con esto finalizamos oficialmente la primera etapa en la vida de Alba. Su infancia, sigue su adolescencia y finalizaremos con guerra. Si existe apoyo del publico seguire el plan que es desde un inicio y pasare a la etapa muerte y finalizare con reencuentros jajajaja algunas etapas serán de 10 cap o 20 como esta etapa pero ahora ya veo mas claro a donde ira la historia. Espero me apoyen :3 se los agradecería mucho.
Diciendo todo eso creo que es todo asi que vuelvo a reiterar gracias a todos aquellos que me comentan y agregan a favoritos… los amo y estoy dispuesta a hacer lo mejor por seguir agradándoles.
Sin mas me despido diciendo feliz navidad y preguntando:
¿Qué cenaron?
Yo cene pavo, ensalada de manzana, pastel, ayocotes (frijoles raros y grandes), chiles navideños y como hoy es el cumple de mi hermano trague demasiado pastel y leche :V
