Hola…

Pues creo que los había dejado mucho tiempo sin actualización, sé que a pesar de las excusas no tengo perdón, pero he tenido tantas cosas en la cabeza que… no he podido subir nada :(

Espero este capitulo les guste y que mis personajes no suenen muy OoC, de ser asi pueden notificarme y con gusto hare lo posible por mejorar… ya extrañaba publicar y bueno… volver es bueno.

Hoy no hablare mucho asi que dire lo mismo de siempre: los personajes que son expuestos en esta obra (jaja "obra" debería decir fic), a excepción de los Oc (¿Qué oc? ya mate a mi favorito ahora la vida ya no vale nada), son propiedad de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi. Aunque si fueran mios los tomos tardarían en salir más de medio año…

Anotaciones:

"Cursiva entre comillas": Pensamientos de los personajes

"Entre comillas normal" Títulos de algo o nombres de pueblos.

Cursiva normal: Recuerdos.

oxoxo: salto de tiempo ya sea a mediano largo o corto plazo.

Abrió lentamente los ojos al escuchar un débil golpeteo extenderse por toda su habitación, encontrándose a asi misma recostada boca abajo con los brazos extendidos hacia el frente mientras una delgada sabana cubría su cuerpo y sin moverse de su posición enfoco su mirada hacia donde sabía que se encontraba su ventana, descubriendo que aun brillaban estrellas sobre un cielo azul marino. Bufo débilmente al escuchar como una nueva secuencia de golpeteos iniciaba y lentamente se levantó para ponerse las botas de entrenamiento que se encontraban al borde de la cama, mientras miraba como sus pálidos pies se amoldaban al cuero de sus botas de entrenamiento.

- ¿Qué ocurre? – pregunto procurando moderar su voz al mismo tiempo que un débil cosquilleo recorría su boca al sentir como su lengua se despegaba de su paladar.

- mi señor Albafica, soy la vestal Irene, me han enviado a informarle sobre la reunión que se realizara hoy en la cámara del patriarca – escucho como la voz respetuosa de aquella vestal le respondía a través de la puerta de madera.

Se apartó lentamente de su cama y tras examinar que los vendajes sobre su pecho se encontraran en su lugar se dirigió hacia la puerta, la cual abrió de un tirón, encontrándose con la serena mirada de una mujer cuya estatura le sobrepasaba al menos 4 cabezas, cuyo largo cabello rubio se mantenia atado en una trenza.

- ¿En qué momento? – pregunto Albafica mirando a la mujer detalladamente, internamente sorprendida por su capacidad de mantener la compostura, sabiendo que cualquier otra se encontraría aterrorizada.

- deberán estar todos en la cámara del patriarca al despuntar el alba – respondió la vestal manteniéndose tranquila ante la mirada de la chica.

- gracias – fue lo único que dijo ante aquella mujer y tras recibir una pulcra reverencia se volvió para entrar a su habitación.

Dejandose caer en la cama mientras miraba el techo confundida por el actuar de aquella mujer, si bien aquella vestal se había mantenido estable en su posición, tras darse la vuelta un débil suspiro había llegado a sus oídos como la antesala de una respiración agitada, recordándole el irrefutable hecho de que ahora todos le temían.

Atrapada entre sus pensamientos se levantó nuevamente de su cama y salió de la habitación en dirección al cuarto de baño, donde limpio su cuerpo con la fría agua que se encontraba almacenada en la pileta, tallando con fuerza las palmas de sus manos en un vano intento de eliminar aquel culposo carmesí que la atormentaba día y noche.

Tras tallar sus manos hasta hacerlas escocer desistió de su intento por limpiar la culpa y tras secar su cuerpo con un pedazo de tela comenzó a vendar su pecho con extrema calma, en un intento de ocultar aquel "vergonzoso problema" del que era víctima y al terminar de vendarse salió del cuarto de baño ataviada con su ropa de entrenamiento, para ir nuevamente a su habitación y dirigirse directamente al polvoso rincón en el que se encontraba la armadura de Piscis… su armadura… miro con amargura aquella caja de oro puro y con un rápido movimiento levanto la tapa de la caja, para posteriormente sacar lentamente cada una de las piezas de su interior, descubriendo que al igual que la primera vez el simple hecho de tocar el metal provocaba un ardor que recorría su cuerpo hasta alojarse en su corazón y mientras se ponía los guantes sentía como lentamente se intensificaba aquella aura venenosa que palpitaba constantemente a su alrededor.

Continuo poniéndose cada parte mientras veía como con cada prenda un destello dorado iluminaba cada pieza de su armadura, para después apagarse y evidenciar que la armadura se había acoplado adecuadamente a su cuerpo. Tras ponerse las partes que formaban el cuerpo sintió como una presencia se acercaba lentamente, suspiro y sin más procedió a colocarse su casco, para posteriormente salir de su habitación y colocarse frente a la salida de su templo dándole la espalda al jardín de rosas que cubría las escaleras que conducían hacia el templo del patriarca.

Miro por unos instantes aquellas rosas rojas cultivadas con su sangre y una sombra de tristeza cubrió parcialmente su rostro al recordar que aun cuando eran el mismo tipo de rosas, las que ella creaba carecían totalmente del dulce aroma que despedían las de su maestro, suspiro lentamente al recordar a aquel que había sido su padre y volvió a dirigir su mirada al templo justo a tiempo para ver como el santo dorado de Aries entraba a su templo acompañado del santo dorado de Cáncer.

- bonito – saludo el santo dorado de cáncer con una sonrisa satisfecha en su rostro, sin embargo Albafica únicamente le dedico una mirada reprobatoria y con un simple movimiento de muñeca se disolvieron las rosas rojas que cubrían la subida al templo dejando una delicada niebla carmesí acumulada en los bordes de la escalera.

- tienen cinco minutos para pasar – dijo de manera seca ignorando totalmente al santo de cáncer que la miraba molesto.

- oye quien crees que…

- un gusto verte Albafica - intervino Shion al ver como Manigoldo se disponía a reclamar el comportamiento de su antigua amiga.

- el tiempo pasa caballeros – dijo la chica sin voltear siquiera a verlos, provocando sin saber que un fuerte dolor se alojara en el pecho del santo de Aries.

- gracias santo dorado de piscis – contesto mordazmente el santo de Cáncer y continuo su camino cuesta arriba dejando solo a Shion.

- ¿Espera alguna otra cosa santo dorado de Aries? – pregunto Albafica seriamente, mientras por dentro comenzaba a sentir como un débil hormigueo subía por sus mejillas acompañado de un inmenso calor que lentamente se instauraba en sus manos.

Respiro profundamente en un intento de calmar su cuerpo y cerró los ojos tranquilamente esperando que Shion se apresurase a subir, esperando que no la obligara a hablar de más o de lo contrario estaba segura que terminarían discutiendo sobre lo que había ocurrido años atrás antes de su partida.

"además tu eres mujer"

Aquel recuerdo traicionero llego a su mente tras ver los guijarros bajo sus pies y sintió como un hormigueo se concentraba en las palmas de sus manos, quemando todo a su paso. Si era honesta lo quería golpear por aquella escena del pasado, quería reconfortarse escuchando sus huesos crujir contra su puño y al mismo tiempo quería aspirar aquel débil aroma herbáceo que despedía al moverse, cosa que le extrañaba completamente.

- te dejaste consumir por el aroma de las rosas – dijo Shion tranquilamente sacándola de sus pensamientos mientras escuchaba como el chico había comenzado a subir lentamente las escaleras.

- ¿A qué te refieres? – pregunto Albafica volteando apresuradamente destruyendo su fachada de seriedad, sintiendo como el furioso hormigueo abandonaba sus manos, dejándole una sensación de vacío.

Shion volteo a mirarla desde arriba y con una triste sonrisa conecto sus cálidos ojos avellana con los fríos ojos cobalto de Albafica, bajo los siete escalones que había subido y tras posicionarse a una distancia prudente volvió a dedicarle una mirada cálida a su amiga, si es que aún se consideraba eso, sintiendo como un escalofrió recorría su espalda.

- me refiero a que tu esencia ya no es la misma – respondió ocultando efectivamente los nervios que sentía al hablar con ella – tu aroma nunca ha sido el de rosas y justo ahora estas impregnada totalmente de eso – continuo hablando mientras veía como Albafica lo miraba ligeramente perturbada – estas obligándote a ser algo que no eres.

Y tras decir aquello dio media vuelta y volvió a subir las escaleras, dejando tras de sí a una Albafica completamente roja de ira que repetía en su cabeza una única frase "siempre he demostrado ser algo que no soy"

Después de cinco minutos cerro el camino de rosas, volviéndolo a abrir cada que un santo estuviese frente a ella para pasar y al final cuando únicamente faltaban dos caballeros por pasar formo una Royal Demon Rose en su mano, la cual tras unos segundos de duda aspiro inundando sus fosas nasales con aquel aroma, tan diferente en todos los aspectos al que había estado acostumbrada en su niñez, comparado con el de su maestro este era menos delicado, golpeaba de lleno las fosas nasales y poseía débiles notas similares al hierro oxidado. Aparto la rosa de su mirada y observo el rojo brillante bordeado de un tono de rojo más obscuro comprobando que mientras más la veía más diferente era de la original.

Suspiro débilmente y desvaneció aquella rosa roja para esta vez hacer que una Piranhan Rose apareciera entre sus dedos descubriendo que en lugar de formar una vivaz rosa negra, entre sus dedos se encontraba una débil rosa negra a punto de marchitarse, lamentablemente no pudo continuar su análisis debido a la violenta energía que se aproximaba a ella, la cual esquivo haciendo hacia atrás su cabeza, dejando que esta se impactase violentamente contra la roca que estaba a su costado, dejando un pequeño y limpio orificio.

- caballero dorado de escorpio le recomiendo no atacarme si lo que busca no es una pelea – dijo la chica con calma desvaneciendo la rosa negra entre sus dedos.

- vamos niño bonito – dijo Kardia ganándose una gélida mirada por parte de Albafica – no me digas que te volviste igual a Degel – dijo mientras miraba de reojo al chico que lo acompañaba – de ser asi temo que hablare con su idioma… - dijo al mismo tiempo en que hacia una cortez reverencia - ¿Me negara usted darle una calurosa bienvenida de la misma manera en que le niega a todos su presencia? – pregunto el chico con sorna mientras apartaba de su rostro con su mano derecha su larga y rebelde cabellera azul.

- los santos solo debemos usar nuestras técnicas para proteger a nuestra diosa – fue lo único que dijo Albafica antes de hacer un movimiento limpio de muñeca y desaparecer nuevamente las rosas – son los últimos asi que subiré tras ustedes – dijo esperando que alguno de ellos se moviera.

- ¿Sabes que no se va a quedar asi verdad? – hablo Kardia dedicándole una vez más aquella sonrisa socarrona que tan característica le era, recibiendo únicamente una mirada despectiva por parte de Albafica.

El santo sonrió de lado antes de caminar hacia las escaleras seguido de Degel quien únicamente le dedico una fugaz mirada a Albafica quien lo siguió formando a su paso delicadas rosas rojas.

Oxoxo

- estoy complacido de encontrarme con todos ustedes después de tanto tiempo – se escuchó decir la imperturbable voz del patriarca mientras entraba a la sala donde se encontraban todos los santos arrodillados frente al patriarca – hubiera deseado que fuésemos más… lamentablemente las circunstancias no nos lo han permitido – continuo hablando mientras miraba detenidamente a los santos frente a el que se mantenían mirando hacia el piso – como todos se imaginaran los he llamado por algo de suma importancia – dijo el hombre mientras caminaba hacia donde se encontraban arrodillados los santos – el día de ayer en la noche, fue revelada para mí la luz de una estrella del infortunio en el este de la bóveda celeste, puede que solo se trate de santos negros causando problemas nuevamente pero también existe la probabilidad de que sean espectros…

Tras escuchar aquellas palabras no tuvo que escuchar nada más, a decir verdad no quería ni podía hacerlo… apretó con fuerza sus puños sobre la alfombra rojo sangre que estaba bajo su cuerpo y mientras intentaba con todas sus fuerzas mantener su mirada en su lugar, sintió como un ardor recorría su rostro y se horrorizo al sentir la inmensa ola de poder que empujaba furiosamente por cada fibra de su ser hacia afuera.

Cerró con fuerza su cálida mirada avellana en un intento de controlar su poder, para volverla a abrir únicamente cuando su energía se había controlado, no era tonto, estaba consciente de que todos en la sala se habían dado cuenta de su cambio brusco y solo esperaba que nadie se atreviese a preguntar nada al respecto ya que no estaba seguro de poder contenerse, suspiro cansadamente y empleo todas sus fuerzas en volver a tomar el hilo de la conversación.

- ...Manigoldo de Cáncer y Albafica de Piscis serán quienes se encarguen de evaluar y en caso de ser necesario contener el asunto – aquello fue lo único que escucho una vez que volvió en sí y aun asi aquellas palabras habían vuelto a perturbarlo. ¿Por qué ella? ¿Por qué no mejor alguien más? La vida era tan injusta… era consciente de lo poderosa que se había vuelto su amiga y estaba seguro que un par de santos negros no le harían nada, sin embargo, pensar en el hecho de que una vez se habían asociado con espectros le hacía recordar como el cosmos de Naveed de Aries se extinguía lentamente en el horizonte y temía por que Albafica o cualquier otro santo pasara por lo mismo que su maestro.

Y por otro lado, en la misma cara de la moneda se encontraba el hecho de que le aterraba que aquella menuda jovencita de cabello celeste se volviera una más de las tantas bajas provocadas por el ejército de Hades, estaba seguro de que no soportaría algo como aquello ya que aun cuando sabía que no podía verla, hablarle o tocarla, podía sentir desde el templo de Aries su energía emanar débilmente y eso hacia las cosas medianamente soportables.

"Preferiría vivir toda una vida sin hablarle a vivir una vida sin ella" había sido su resolución y con eso en mente decidió hacer todo lo posible por evitar que ella fuera a aquella misión.

El tiempo paso y el patriarca siguió hablando hasta que, después de presentar ante todos al nuevo santo dorado de libra, se detuvo y decidió que era momento de todos volvieran a sus respectivos templos, despidió a los santos con un ademan de su mano y observo como salían del templo lentamente, sorprendiéndose al ver como a pesar de todo el santo dorado de Aries se mantenía firme en su lugar.

- ¿Existe algo de lo que quieras hablar Shion de Aries? – pregunto el antiguo santo de Cáncer mientras lo miraba tranquilamente desde sus aposentos.

- quisiera que me permita tomar el lugar de Albafica de Piscis en la misión – soltó el chico sin detenerse a pensar lo que decía completamente seguro de que si lo hacía se arrepentiría.

- ¿Consideras que el santo de Piscis es incapaz de realizar su tarea? – pregunto el hombre pacientemente.

- No – respondió el santo apresuradamente.

- Entonces ¿Consideras que tú te desempeñarías de mejor manera? – volvió preguntar tranquilamente.

- no es eso – respondió el santo abochornado.

- entonces no hay razones por las cuales deba aprobar tu petición – concluyo el hombre – comprendo tu preocupación por tu compañero de armas, pero estoy seguro que esa no es la manera adecuada de demostrarlo – dijo antes de cerrar los ojos – debes analizar bien la situación o estoy seguro de que terminaras siendo odiado por el santo de Piscis o por cualquier otro santo – finalizo el hombre seguro de sí mismo – por el momento si no tienes nada más que decir puedes retirarte.

- Gracias gran maestro – respondió el chico avergonzado y salió tranquilamente de aquella habitación.

- tardaste – fueron las rudas palabras que recibió al salir a la intemperie y tras buscar con la mirada al dueño de aquella voz, pudo observar al santo dorado de Piscis mirándolo seriamente a no pocos metros de distancia de las escaleras, dejando ondear al compás del viento su larga cabellera celeste bañada con débiles tonos dorados a causa del sol – apresúrate a bajar yo te sigo – hablo nuevamente haciendo que Shion comenzara a caminar hacia las escaleras en automático.

Aquella había sido su mejor amiga y no tenía ni la más remota idea de cómo hacer que todo volviese a ser como antes.

- oye Albafica… - comenzó a hablar Shion dudosamente ¿De qué le hablaría? Estaba seguro que había sido mala idea comenzar una conversación sin saber si quiera de que hablar y también sabía que si comenzaba a hablar del clima su cuerpo terminaría usado como saco de prácticas, pero no podía desperdiciar una oportunidad tan buena – yo lo…

- ahorra tus palabras santo dorado de Aries – interrumpió su acompañante – no tengo intención de escuchar ni una sola de tus palabras – sentencio gélidamente mientras caminaba detrás de él, formando enredaderas de espinas y rosas a su paso, que lentamente se extendían rastreramente hacia las orillas de la interminable escalera de piedra.

Por unos momentos aquellas palabras habían provocado sorpresa en el santo, sin embargo, mientras más o meditaba, más molesto se sentía. Dio media vuelta y manteniéndose firme en su lugar se encontró con la glaciar mirada de Albafica.

- escúchame bien – comenzó a hablar Shion furioso y al ver como Albafica apartaba su mirada de la de él de manera desinteresada, se acercó hasta quedar a un escalón de distancia de ella – estas comportándote como una completa imbécil – afirmo, recibiendo un empujón por parte de Albafica que lo envió dos escalones hacia abajo, tras haber intentado acercársele más – y la Albafica que conocí no lo era.

- no confundas las cosas – comenzó a hablar la chica molesta evitando conectar la mirada con el – que hayamos sido compañeros en la infancia no significa que sepas algo de mi ahora – afirmo frunciendo el ceño – creo que desde ese entonces no sabías nada de mi – gruño mientras sentía como una nueva descarga de ira recorría su cuerpo, provocando que toda sensación de calor abandonara sus manos – después de todo solo eras el niño que evitaba que me aburriera.

- ¿Solo fui eso para ti? – pregunto herido Shion mientras volvía rendijas los ojos avellana con los que la miraba.

- si – respondió Albafica fríamente "asi como yo lo fui para ti".

- no te creo – aseguro Shion mirándola fijamente tras unos minutos de incomodo silencio, ocasionando que ella desviara su mirada nuevamente – de ser asi no te hubieras tomado la molestia de salvarme tantas veces – le dijo con voz impostada – deja de intentar alejarme – dijo mientras volvía a acercarse a la chica totalmente absorto en los destellos dorados que emanaban de su armadura – permíteme volver a entenderte – dijo una vez estuvo frente a ella – vuelve a mí – dijo a la par que estiraba su mano para depositarla sobre su mejilla, ignorando el débil ardor que provocaba el aura venenosa de Albafica en las yemas de sus dedos – no te volveré a dejar sufrir jamás.

Albafica cerró los ojos tras sentir el cálido tacto de Shion sobre su helada piel, aquella era la primera vez que alguien la tocaba desde que había obtenido la armadura se Piscis y no podía negar que se sentía mejor que cualquier otra cosa, él le había dicho que no la volvería a dejar sufrir y aunque ella creía en la sinceridad de sus palabras, estaba segura de que jamás se cumplirían, después de todo el la había hecho sufrir inconscientemente al subestimarla y peor aún, una guerra se acercaba, incluyendo todo lo que la implicaba abrió los ojos lentamente y mientras apartaba con su mano derecha la caricia de Shion, una rosa roja se formaba en su mano izquierda.

- no vuelvas a tocarme Shion – dijo soltando la mano de Shion lejos de su rostro.

- ¿Lo dices solo por tu sangre? – reprocho el chico dedicándole una mirada triste.

- no, lo digo por todo lo que implica que lo hagas – contesto Albafica serenamente – además debes saber que de lo que tú conoces ya no queda nada Shion – se lamentó – una pequeña parte murió envenenada aquel ultimo día que nos vimos y lo restante murió en compañía de mi padre – dijo con voz trémula antes de mostrarle la rosa roja – tengo tan mal control de mi misma que inclusive mis rosas son deplorables.

- puedo ayudarte a superarlo – dijo Shion con la voz apagada – como antes… entrenaremos juntos y...

- no Shion – replico mientras disolvía la rosa – no es a ti a quien necesito en estos momentos… solo lo empeorarías – dijo dejando al santo sorprendido – solo te pido que te alejes de mí y no vuelvas a tocarme – y tras decir aquello comenzó a caminar hacia su templo sabiendo que se encerraría nuevamente en el baño, evitando en todo momento formar rosas a su paso decidiendo que volvería a crearlas una vez que Shion abandonara Piscis.

- si eso es lo que pides… - se lamentó Shion mientras una ráfaga de aire frio le alborotaba el largo cabello rubio cenizo – asi será.

Oxoxo

¿Cómo había llegado a aquel punto? Se preguntó a si misma mientras cubría su mirada con sus manos, en unos instantes había estado peleando a puñetazo limpio en la colina de Yomotsu con aquel extraño santo negro, luego había peleado contra Laimargos de Heracles Negro, quien estaba obsesionado con su belleza de una manera demasiado enfermiza para su gusto, para finalizar dejando solo a Manigoldo para salvar a Gioca de Yudo de Perros de Caza Negro, descubriendo de paso que el pequeño Gioca era en realidad la pequeña Gioca.

- ¿Ya está cubierta? – pregunto nerviosa mientras su mente no paraba de atormentarla con la visión del vendaje sobre el cuerpo de aquella niña que apenas era unos años menor que ella.

- si señor Albafica – y tras escuchar aquella respuesta la chica destapo sus ojos.

- lamento haber descubierto su secreto señorita Gioca – hablo Albafica calmadamente – le juro que de mi boca no saldrá información acerca de su condición - dijo seriamente poniéndose en el lugar de aquella chica, segura de que si algo asi le pasaba a ella, en esos momentos ya se habría suicidado.

- descuide – la tranquilizo la pequeña – de todos modos ya no planeaba seguir mintiendo…

- ¿Por qué? – pregunto la chica exaltada.

- porque ya no quiero mentir – dijo la chica dedicándole una cálida sonrisa – además estoy segura de que aun cuando sea mujer mis amigos me aceptaran.

Y tras decir aquello Gioca comenzó a caminar por el pasillo que la conducía hacia el salón en el que se encontraba Manigoldo, dejando a Albafica con una peligrosa mezcla de emociones arremolinándose dentro de ella, sabiendo perfectamente que en su caso, de ser descubierta todo sería diferente y que en lugar de ser aceptada, seria juzgada como traidora y su cabeza rodaría por el pulcro mármol de la sala del patriarca, manchando no solo el mármol, si no que también el honor de todos los Piscis, incluyendo el de su padre y aquella idea que realmente la enfermaba. Podía decepcionar a cualquiera, menos a él.

Cerro los ojos con fuerza al sentir como un débil ardor se apoderaba de sus ojos, para abrirlos únicamente al estar totalmente segura de que penosas lagrimas no los desbordarían, valla patética sentimental, podía apartar a todos de su lado de manera fría, pero lloraba al ver la libertad a alguien parecida a ella, en parte sentía que era injusto y por otro lado, más se convencía de que era lo que merecía por haber matado a su padre.

Enfoco su mirada hacia sus manos y se asqueo al ver como siempre aquel tono carmesí en las palmas de sus manos, consciente de que aun cuando había superado aquel velo carmesí que cubría sus ojos, le sería difícil eliminar aquella desagradable mancha.

Volvió a suspirar y tras mirar el obscuro pasillo frente a ella, comenzó a caminar para encontrarse nuevamente con su compañero de equipo.

Gracias por leer chicos… realmente espero les haya gustado jaja hoy la dinámica esta algo diferente pero espero publicar la próxima semana, despues de todo, ya estoy de vacaciones!!!

Pregunta.

¿Qué van a hacer en sus vacaciones de verano?

Yo realmente no lo se, estoy segura de que viajare y escribiré, pero creo que no es suficiente.

Por cierto, voy a corregir y mejorar mi otro fic jaja.