CAPITULO 2

- ¡Vamos…! ¡Ayuden…! – Archie, pedía que los auxiliaran.

Sus compañeros temerosos, miraban horrorizados; el escenario que presenciaba. Los jardines del colegio San Pablo, eran invadidos por las bombas; de la ya creciente guerra. Los jóvenes estudiantes, ocultos en el angosto pasadizo: trataban de salvaguardar su vida.

Mirándoles más cercanos a ellos, los estudiantes, se animaron a salir y apoyar a sus compañeros; los cuales traían heridos a Candy y a Albert. Una de las bombas que lanzaron los enemigos, habían caído lo bastante cercano a ellos, detonando una fuerte explosión.

- ¡Mi pequeña! – fue lo primero, que con suma desesperación Albert, pregunto; en cuanto sus parpados se abrieron y miro un lugar, totalmente desconocido para él, se sintió desorientando; la desestabilizada de su mente, solo le daba un bago recuerdo de lo vivido.

Había visto como el frágil y pequeño cuerpo de su niña, fue expulsado por los aires. Eso era lo último que recordaba, puesto que perdido el conocimiento; al sentir un fuerte zumbido en sus oídos. Las imágenes que guardaba en su memoria, volvieron de golpe; creando el peor de los pensamientos. Sentía haber visto el final de su pequeña Candy.

- ¡Tranquilo señor! No se mueva. Trate de guardar la calma – George, con el semblante más sereno; que podía sostener en ese momento, aprisionaba contra la cama, a su jefe Albert, el cual se encontraba en un estado, demasiado ansioso e irracional.

- ¡George! ¿Qué…? ¡ay! – exclamo con un fuerte alarido. El intenso dolor que sintió Albert, al mover su brazo, forcejeando por querer levantarse y correr a en busca de su pequeña; lo hizo caer nuevamente en la cama - ¿Qué...; paso? ¡Candy! ¡Mi pequeña! Ella…; ¡ella…!

La voz se le entrecorto, sentía un tremendo nudo en la garganta, que oprimía sus palabras. El brote de las lagrimas que comenzaron a salir, de eso bellos ojos azules, dejaban ver el dolor de la imagen; que guardaba en su memoria. Albert, al no mirar junto a él a su pequeña, se acrecentaban más sus trágicas conjeturas.

- Señor, por favor; Trate de no moverse. Su hombro, fue severamente lastimado – ocultado toda expresión; George, mentor y guía de Albert, trataba de transmitirle serenidad; en esos momentos.

- ¡Esto! ¡es lo de menos, George! – Albert, molesto apuntaba con su mano; el hombro lastimado - ¿Candy? ¡Exijo saber de ella! Precipitadamente, cayó un vaso. Este se encontraba sobre la mesita, que tenía a un costado; de la cama que ocupaba. Al tiempo, el líquido que contenía el vaso, salió expulsado. Con esta acción, llego a la memoria de Albert, los horrendos recuerdos. Reviviendo el momento, en que visualizo a su pequeña: verle volar, como si hubiese sido lanzada al aire; tal cual si fuese, un pajarito al vuelo.

La vista de Albert, se enfocó la mesita. En ella se encontraba una charola, en la cual se posaba: algunos frascos con remedios, medicamentos y agua derramada, por el vaso que ya se encontraba en el suelo de madera.

– ¡George! ¿Dónde estamos? - Albert, que por un instante, se había quedado inmóvil en la cama; comenzó a sentir el vaivén vertical del suelo que los sostenía, su semblante se tornó aún más pálido, de lo ya aun adquirido.

- Se…; Señor…; - las palabras titubeantes de su mentor, ocasionaron; que toda la pálida piel del rubio se erizará. Después de una profunda exhalación, George prosiguió: Señor, no eh podido conseguir que se nos sacaran del país, por ningún medio de transporte aéreo y […]

En tiempos de guerra, el linaje de los apellidos dejaba de valer. Hasta el más grande de los nobles, pasaba por un simple plebeyo, terrenal.

La vergüenza, se enmarcaba en el rostro de George; por primera vez, sentía haber fallado a la familia, que tanto había hecho por él. Toda la confianza otorgada, tanto en el manejo de los negocios, como en el cuidado de los jóvenes de la familia; la sentía perdida por su ineptitud.

- ¿¡Un buque pesquero!? – exclamo Albert, masajeando su ya crecida barba. Aun se encontraba aturdido y confundidos. Rápidamente, despejo su mente y comenzó a hilvanar sus ideas, sobre el panorama que les rodeaba.

- Señor, fue demasiado difícil el salir del país. Todo se convirtió en un caos; hice todo lo que estuvo en mis manos. Pero la desesperación de la gente por salir del país…

- ¡Carajo! ¡George! Hubieras ofertado toda mi fortuna. Sabes ¿cuándo llegaremos? en este ¡jodido buque! – Albert se sentía hundido. La preocupación lo consumía; sus nervios estaban a flor de piel, acompañados por el intenso y molesto dolor de su hombro. Sin pensarlo, había recargado su ira, en contra de su siempre fiel consejero, George. Al darse cuenta, de su actitud soez con George, contrariado se llevó una mano a su frente. Al sentir una banda, que rodeaba su cabeza, alarmado pregunto: ¿Y esto?

- Señor, con la detonación; su cuerpo fue impulsado…

- ¡Un momento, George! ¿detonación? ¿Hablas de una bomba? ¿Fuimos alcanzados, por una detonación de bomba? – la respiración del rubio comenzaba a agitarse. El pánico a lo apenas aun escuchado, creo un campo visual, con las peores imágenes

- Tranquilo señor, necesito que este en calma; para que pueda cavilar, todo lo que le contare – Albert, haciendo caso a su mentor, comenzó a relajar su respiración; trataba de controlar, el palpitar de su vena. Al verlo más sereno; George, continuo: como le había mencionado, su cuerpo fue disparatado por los aires; a causa de la explosión y su cabeza, fue a estrellarse sobre una piedra – por primera vez, la voz tranquila e inexpresiva de George, se quebró; permitiendo que sus lágrimas rodar por sus mejillas; entre sollozos dijo: "¡Lo vi señor! Pensé que lo había perdido, como al niño Anthony. Cuando su cabeza cayó sobre aquella roca ¡lo sentí perdido!

- Tranquilo, George. Discúlpame por la dureza, con la que te he hablado; pero, aun no logro mantener coherentes mis pensamientos- Albert, hizo una pausa a la conversación.

El silencio que embargo el lugar, ayudo para que Albert; pensara las palabras justas que diría. Se encontraba lleno de dudas y necesita respuestas, a las mil preguntas, que rondaba por sus pensamientos. Necesitaba de todo el apoyo de George, para rememorar; lo que había sucedí.

Su mente, solo registraba el momento: en que corría, a un lado de su pequeña; tomando rumbo hacia un oscuro y angosto pasillo. Aun y con el dolor que se materia en su hombro, hizo el esfuerzo; para levantarse de la cama. Se encamino hacia el vaso, que aún se encontraba en el suelo; le cogió y volvió e verter agua en el, de un jarrón.

– George…; - su buen amigo y mentor, elevo el rostro hacia Albert. El gesto de sorpresa y gratitud, se plasmó en su rostro. Aun tenia las pupilas dilatas, por las lágrimas; que ya comenzaban a cesar. Con un asentimiento de cabeza, agradeció y tomo el vaso. Albert, tomo asiento en un pequeño banquillo y con voz pasiva; comenzó a hablar: "Necesito que me digas todo, lo que ha sucedido. Mi mente está apagada, mis recuerdos se quedaron; en un espacio donde yo corría a lado de mi pequeña.

George, volvió a dirigir a Albert, a la cama. Sabía que debía estar tranquilo. Pues lo que a continuación escucharía; podría hacer que su mente, se perdiera en el espacio donde comenzó y termino con su pequeña.

- George, por favor dime ¿Qué tan grave, fue la detonación de la bomba? ¿Cuáles son las consecuencias que dejo? Y me haz dicho; no haber encontraste la manera, para conseguir un trasporte y salir del país, dime entonces ¿cómo lograron, hacerse de este buque mal trecho? Y lo más importante, mi pequeña ¡¿Dónde está?! – Albert, lazaba sin parar todas las preguntas, que su mente exigía respuesta.

- Señor...; iré un instante por más agua, es hora de su medicamento -Alargando la inevitable reseña de lo sucedido; George, salió del pequeño camarote,tomado rumbo a la cocina, que las chicas habían improvisado en el barco.

En el pequeño espacio, que se había adaptado: para utilizar como cocina; se encontraban Annie y Paty, sumidas en un llanto incontrolable, una en brazos de la otra.

El pulso de George, se comenzó a acelerar nuevamente, en cuanto escucho la voz de Annie. Para el, también había espacios de la historia, que no sabia como llenar. Los chicos, no dirían lo sucedido esa noche; así, que había decido escuchar sigilosamente, tal ves; de ese modo él podría encontrar la respuesta, a ese pasaje oscuro y sangriento.

- En verdad, eso que miraste Paty ¡suena terrible! como salido de un cuento de terror.

- Annie ¡se la llevaron! – la voz de Paty, estaba cargada de un sentimiento desgarrador – su ropa, su cabello. Toda ella estaba…

El cuerpo de Paty, comenzó a resbalarse de los brazos de annie, la chica tierna de lentes, cayó al suelo de rodillas y con fuertes puñetazos, comenzó a golpear el piso; trataba de aniquilar, toda la frustración que le embargaba.

CONTINUARA…

Hola a todas(o), gracias por la espera. Mis actualizaciones, van muy lentas; pero tengan paciencia vale. Mil gracias, por regalarme un poco de su vista. Y bien me despido, dejando un fuerte abrazo. Recuerden, no soy una escritora de profesión, pero me esmero, para déjales un escrito los más educado posible.