Benito Romero
La navidad apunto de terminar, los niños apunto de volver a la escuela y nosotros seguíamos sin tener nada sobre el caso de Amanda Smith.
Me encontraba casi tumbada encima de mi mesa de trabajo, pasando una a una las páginas de aquel diario, convencida de que allí tenía que haber algo, pero nada.
-Deberías descansar, llevas una semana con ese diario y no encontramos nada -dijo Josh poniendo una gran taza de café encima de mi mesa.
-Estamos en un callejón sin salida, no hemos encontrado ninguna otra pista desde hace días, es como si el rastro se hubiera enfriado -dije cabreada tirando los papeles por la mesa.
-Suele pasar -dijo él con tranquilidad.
- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? -dije mosqueada.
-No lo estoy, pero ya te dije que persigo a este asesino desde hace meses. Y con cada asesinato me prevela algo.
-Sí, pero aun no me han dejado ver los informes de los otros asesinatos.
-Es Navidad, ya sabes como está todo -dijo tranquilamente.
-Ya veo -dije volviendo a ponerme manos a la obra con el ordenador.
Hablamos un poco más sobre el caso, repasando las pruebas una vez más. Hasta Loba estaba casada de todo, estaba tumbada en su casa al lado de mi mesa de trabajo. Pasó una hora.
-Bueno, yo me tengo que ir o no cogeré ese avión -dijo Josh. Se levantó de la silla que estaba al lado de la mía. Se acercó a mí apoyándose en mi respaldo. Hizo que me inclinase hacía atrás -. No trabajes demasiado -dijo muy cerca de mí.
-Sabes que no te puedo prometer tal cosa -dije sonriendo, respondiendo a su sonrisa.
Se inclinó sobre mí y me dio un tierno beso en los labios, antes de marcharse.
- ¡Vete a casa! -gritó desde las escaleras. No le hice mucho caso y seguí un poco más, pero enseguida comencé a recoger. Dejé las cosas en seguridad y marché junto con Loba.
Los niños corrían de un lado para otro, emocionados porque esta noche venían los Reyes Magos. Era algo tarde, pero no me apetecía estar en casa encerrada, y la perra tenía que correr. Así que al llegar a casa me duché, me cambié y las dos salimos al parque.
La nieve caía sobre nosotras dejándonos pequeños copos en el pelo. El aire era frío, pero agradable. El pasear por el parque, mientras Loba corría y saltaba intentando atrapar los copos de nieve era liberador, las piernas parecían volver a querer responderme tras estar todo el día sentada en esa silla. Pero, aunque mi cuerpo agradecía el estar fuera, mi mente no paraba, intentaba averiguar quien y porqué habían matado a Amanda Smith. "La respuesta tiene que estar en el cuaderno" pensaba una y otra vez. Había repasado tanto esas páginas con esos garabatos que me los había aprendido de memoria.
La perra estaba feliz en el parque. La nieve había cubierto todo el parque con su manto blanco, La perra se tiraba en la nieve recibiendo su frescor y relajándose, aunque por poco tiempo, ya que rápidamente salía corriendo intentando coger los copos o corriendo con una rapa de árbol helada. Tras 2 largas horas viendo correr a Loba, nos marchamos de nuevo a casa. Ya iban a ser las doce, ya casi había niños en la calle, pero en el ambiente se notaba felicidad, las sonrisas de los niños lo hacían posible. Al verles te sentías mejor, viendo que este mundo era mejor solo por un segundo. Volví a casa, Loba salió corriendo a beber agua gasta que no pudo más. Comió algo y después se marchó a su cama al lado de la fría ventana. Siempre la dejaba algo abierta cuando estábamos en casa, ella se ponía en la corriente y se quedaba dormida casi al instante.
Me cambié de ropa y me puse el pijama. Cogí un poco de chocolate caliente para entrar en calor después de la nieve y me senté en el sofá con una manta en las piernas. Puse la tele para olvidarme y desconectar un poco, pero de poco valió, al rato me quedé plácidamente dormida en el sofá tras terminar el chocolate.
El sol incidía en la ventana del salón. Pero no era de madrugada, el sol ya había salido por completo cuando comencé a despertarme. Las 10.05 , miré el reloj analógico que colgaba de la pared del salón. Apagué la tele, que aún seguía encendida desde la noche, ahora daban las noticias y no me apetecía mucho escucharlas. Me tomé un café calentito y un par de galletas, las últimas del armario, después saqué a la perra a dar un paseo que agradeció, por que empezó a corretear por todo el parque, saltando corriendo y jugando con otros perros.
Hoy tenía el día libre, no lo quería, pero La Capitana Beckett me había obligado a cogerlas por un día al menos, ese era el trato. Tras pasar toda la mañana con la perra volví a casa, y cogí los papeles que me había traído del despacho. De entre esos papeles estaban los fotocopiados del diario de la víctima. Entonces encontré algo, de la manera mas tonta que pude ver. Si sobreponía varías de las páginas encontré un símbolo, una cruz. Se parecía a la que estaba marcada en el cuerpo de la chica. Cogí el teléfono y llamé a Josh, pero comunicaba. Lo intenté otra vez y volvió a pasar lo mismo.
Busqué en el ordenador algo relacionado con esa cruz, pero lo que me aparecía, no tenía mucho sentido.
- ¿Templarios? -me pregunté a mi misma.
"Fue una de las órdenes militares cristianas de la Edad media (…) fundada en 1118 o 1119.
(…) Aprobada oficialmente por la Iglesia católica en 1129. (…) Tenían como distintivo un manto blanco con una Cruz Paté ropa dibujada en él, que simbolizaba el martirio de Cristo"
-El color rojo es el símbolo de la sangre -dije mirando las fotos de la victima en la morgu-. "Colocado sobre su hombro izquierdo, encima del corazón."
En el mismo lugar donde estaba la marca de la víctima, pero eso no era un tatuaje, si no una marca hecha a fuego.
Seguí leyendo la historia de los templarios, pero no llegaba a entender si ella lo era o creía en ellos y por eso fue una víctima o estaba contra ellos y por eso murió.
Según internet y libros de la historia de los templarios, estos desaparecieron, pero aún hay ciertas personas que creen que aún existen. Eso no tenía ni pies ni cabeza, pero había algo que no me dejaba parar.
Durante el día de descanso, menos a ciertas horas, estuve con el ordenador buscando y buscando, pero no encontraba nada distinto aquello. Todas las páginas decían lo mismo, de un modo u otro.
Decidí relajarme por la noche. Estar con mi perra y hablar con mi familia por video llamada. Me sentó muy bien, me hizo desconectar de todo. Me relajé y pude dormir mejor.
Al día siguiente volví a la rutina. Carrera por la mañana y después al trabajo. Apenas había llegado cuando…
-Williams -dijo Beckett saliendo del despacho-. Una llamada anónima ha informado de un cadáver en el callejón de la calle 45, se ha enviado una patulla que ha confirmado la llamada, es tu caso.
-Pero… - La capitana volvió a meterse dentro de su despacho sin decir nada más-
Sin poder responder a aquello, tuve que marcharme de inmediato dejando el caso de Amanda Smith sin resolver.
No se hallaba lejos del parque al que solía ir. Dejé a Loba en el coche mientras yo llegaba a la escena del crimen.
- Mara ¿Qué tenemos? -la forense ya estaba allí. Y estaba investigando y recogiendo muestras de todo el cuerpo.
-Hemos encontrado la documentación -dijo ella dándome la cartera de la víctima. La cogí con las manos en guantadas.
-Benito Romero -dije-. 45 años -seguí buscando información sobre él, hasta ver una foto familiar, estaban, la víctima una mujer adulta y dos niños de no más de 10 años-. Tenía familia -dije apenada.
-Eso te lo dejo a ti. Yo tengo otras cosas -dijo ella con seriedad.
- ¿Qué te ocurre?
-Nada -la chica parecía cabreada por algo, pero no sabía el que, hacía tiempo que no hablaba con ella, pero algo la pasaba, eso seguro-. Hombre de uno 45 años, según la temperatura del hígado murió hace 48 horas mas o menos. Te diré mas cosas cuando le haga la autopsia, pero le tenían atado, tiene marcas de cuerda en las muñecas -dijo ella subiéndole las mangas de la camisa y los pantalones, dejando al aire las marcas de los tobillos. Pero no sé cual será la causa de la muerte hasta que lo abra - dijo ella murándome con seriedad.
-Bien, mantenme informada -ella siguió mirando sus papeles y completándolos. Mientras tanto yo me acerqué a los oficiales que recibieron la llamada.
-Soy la inspectora Williams, me encargo del caso, ¿Recuerdan cómo fue la llamada? -pregunté sacando una libreta para apuntar todo.
-La voz estaba distorsionada, pero parecía muy serena, como si ya lo hubiera hecho antes -dijo la agente recordando.
-Bien, puede que los necesitemos para concordar la voz con la que ustedes escucharon.
-Bien -dijeron los agentes antes de marcharse.
- ¡Cath! -gritó Mara desde la misma posición.
- ¿Qué ocurre? -Ella sin decir nada me miró. Seguí su brazo, su mano, hasta el hombro izquierdo de la víctima.
-Creo que tu asesino lo ha vuelto a hacer.
Tenía la misma marca grabada a fuego que la primera victima.
