Saqué a la perra del coche y ella misma empezó a olisquear. No se acercó a la víctima, pero si al contenedor que tenía al lado.

- ¡Woof Woof! -Ladró ella ininterrumpidamente y empezó a golpear con la pata el contenedor.

-Los de la científica se metieron dentro del contenedor y empezaron a rebuscar entre la basura, pero no parecía que hubiera nada. Por más que sacaban bolsas, ellas no las reconocía.

-Esa Perra no entiende nada -dijo otro inspector cuando sacaron una bolsa de comida y dentro había huesos de ternera.

Ninguna de las dos les hicimos caso, siempre se metían con nosotras porque Loba no era un perro policía realmente, pero tenían bastante buen olfato.

-Inspectora -. Un hombre sacó del contenedor una pistola de ballesta.

Pusieron la ballesta en una bolsa de pruebas y siguieron buscando, encontraron las flechas de esa arma y unos guantes de látex negros. Tras investigar todo lo necesario por esa zona era la hora de volver a la comisaria, Miriam ya tenía la grabación de la llamada anónima.

Pero entonces…

-Woof, woof -volvió a ladrar la perra mientras caminábamos al coche. Pero no solo eso, también gruñó.

Miré a todas las personas que se habían agolpado a la escena del crimen. Pero no reconocí a nadie. Entonces vi como una persona encapuchada, de espaldas, miraba hacía donde yo estaba y después se iba alejando poco a poco. Entregué a Loba a un agente que había allí y salí andando tras él. Le seguí lentamente, mientras iba desenfundando mi arma.

-Usted, deténgase -dije caminando tras él.

Pero él comenzó a correr calle abajo, le seguí de cerca,

- ¡ALTO POLICIA! - le grité mientras corría con el arma en la mano.

Era muy rápido. Giró a la derecha a un callejón, le seguí, pero cuando giré, ya no estaba. Pero se escuchaban pasos cerca de mí. Entonces me cayó arena en la cabeza. Al mirar hacia arriba vi que una sombra estaba escalando el edificio, sin red, sin arneses, con sus propias manos. Cuando se le acabó el edificio saltó y con las manos desnudas se agarró a un balcón del edificio de enfrente.

- ¡POLICIA! -volví a gritar apuntándole. Pero entonces terminó de escalar y desapareció de mi vista.

Sin entender nada de lo que pasaba volví al coche. Metí a la perra en el coche y conduje a la comisaría, pero antes dejé a la perra en la guardería, seguramente sería un día muy largo y no podría cuidar bien de ella.

Llegué a la comisaria y fui directamente a audiovisuales.

- ¿Qué tenemos Miriam? -pregunté de manera precipitada.

-No mucho -dijo ella apresurada, pero con voz tranquila-. He pasado la grabación, por distintos canales para decodificarla, pero es imposible, el modulador que ha usado es muy sofisticado tardaré mucho tiempo en intentar tener algo -dijo ella sintiéndolo.

Volví a mi mesa y empecé a buscar todo lo relacionado con la nueva víctima. Pero al igual que Amanda Smith, no había nada sospechoso.

Cogí el teléfono y marqué el número de Josh.

-Cath, ¿Qué tal? -dijo él tranquilamente-. Perdona que no te lo cogiera, pero me quedé sin batería y hasta hoy no he podido encontrar un cargador.

- No importa, escucha, ha vuelto a atacar.

- ¿Quién?

- ¿Cómo que quién? El asesino que deja esa cruz en el hombro. Ha matado a otra persona hace dos días y ha aparecido hoy.

-Bien, cuéntame lo que sepas.

-Se llamaba Benito Romero, nacido en La Capital, tenía familia.

- ¿Se lo has notificado? -Me quedé en silencio- Deberías hacerlo cuanto antes, esa familia querrá saber dónde está su ser querido.

-La familia denunció la desaparición hace unos días.

-Bien, cogeré un avión en cuanto pueda y te ayudaré con el caso.

-Bien, hasta luego.

-Te quiero -. Tras eso colgó.

Seguí buscando, pero al final encontré la dirección de su casa.

-Cath -me llamó Beckett mientras se acercaba a mí -La víctima está en personas desaparecidas.

-Si, lo acabo de saber, ahora mismo iba a ir a comunicárselo a la familia.

-Te acompaño. Esto se está saliendo de sus casillas y el alcalde está preocupado por los asesinatos y esa marca. Seré su compañera hasta que vuelva el inspector Swan.

La Capitana Beckett y yo nos dirigimos al coche y desde la comisaria a casa de la víctima. Llamamos a la puerta. Salió una mujer a abrir, era joven de unos 32 años. Y tras ella un pequeño niño de ojos azules y cabello moreno.

-Señora Romero.

-Si.

-Somos de la policía.

- ¿Han encontrado a mi marido? -preguntó ella con una ligera esperanza.

- ¿Podemos pasar?

La mujer nos dejó pasar, incluso nos iba a invitar a galletas y a un café, pero cuando vio nuestras caras supo por qué habíamos ido y se echó a llorar arrodillándose en el suelo. Por suerte su hijo no lo escuchó, era mejor, no era una noticia que un niño pequeño debía escuchar.

- ¿Sabe si su marido tenía enemigos? -la preguntamos una vez ya sentados en el sofá, la mujer con menos lágrimas en la cara.

-No, a Benito le quería todo el mundo. Ayudó a mucha gente a encontrar trabajo y ahora él trabajaba en la construcción de un nuevo edificio.

- ¿Le suena qué su marido tuviera esto cuando desapareció? - le enseñé la marca del hombro, pero ella negó con la cabeza.

- ¿Recuerda que pasó hace dos días? Cuando su marido desapareció.

-Le vi por la mañana, se estaba preparando para ir a trabajar, y me dijo que después iríamos a cenar y al cine, pero cuando llegué al restaurante él no apareció -dijo secándose las lágrimas que seguían saliendo una a una mientras hablaba-. Le esperé durante un largo rato y le llamé muchas veces, pero no apareció, ni me contestaba al teléfono. Y fui a la policía.

Cuando terminamos de hablar con ella nos marchamos. De nuevo a la comisaría. Beckett tenía más asuntos que atender, yo aproveché la llamada para bajarme una parada antes, en la oficina del forense, en donde estaba Mara.

- Hola Mara ¿Qué tenemos? -dije al entrar. Pero ella no me miró-. ¿Mara?

-Si, si ya te he oído -dijo ella mientras terminaba de escribir en su carpeta.

- ¿Se puede saber qué te pasa? -dije ya cansada de su tontería.

- ¡Has empezado a salir con ese bombón y no me lo dices! -dijo exagerando el tono. Haciéndose la enfadada, pero riéndose.

- ¿Enserio? ¿Es eso? -dije suspirando. Pasé a su lado y la abracé-. ¿Qué crees que te hace pensar qué estoy saliendo con él? -dije sacudiéndola lentamente.

-Estas muy distraída últimamente y, además -me bajó el cuello del jersey-, te vi esto en el gimnasio -me escondí el chupetón rápidamente-.

-Fue solo una noche, no significó nada.

-Es verdad -dijo más tranquila y serena-, tú estás casada con tu trabajo -dijo en broma-. Bien, empecemos-, dijo antes de que yo pudiera decir algo más-. La víctima presentaba agujeros de flecha, de las mismas que se encontraron en el contenedor. He encontrado la punta de una de ellas dentro de la cavidad torácica. Le dispararon cuatro veces.

- ¿A una víctima la apuñala y a esta le clava flechas de ballesta? Es de locos.

-Ya, ninguna prueba dice que las dos víctimas se han asesinadas por la misma persona salvo esta marca. Pero a diferencia de la primera víctima a esta le hicieron la marca mientras estaba vivo, y atado y amordazado.

-Le torturó -dije.

-Por desgracia sí.

-Y también que lo mataron mientras le sostenían de las cuerdas, estaba de pie.

Tras salir del depósito volví a la comisaría. Con todas las pruebas empecé a buscar algo que relacionara los dos casos, pero nada. Ni siquiera encontraron huellas en la ballesta o en los guantes de látex, los examinaron a fondo, también en el interior, pero nada.

Se hizo de noche y volví al apartamento. Loba ya estaba allí esperándome, la guardería la había llevado. Era lo mejor de ese día. El llegar a casa y saber que alguien te espera y se alegra de que vuelvas.

Nos fuimos a dar una vuelta como todas las noches. Pero esa noche era más fría que las anteriores y no quería estar mucho en la calle, así que en cuanto la perra hizo sus cosas volví a casa. Tampoco parecía que ella se quejase porque se quedó rápidamente dormida. Mientras tanto yo me puse una copa de vino, y me puse a estudiar de nuevo todos aquellos papeles, más los nuevos con el nuevo caso, aunque apenas tenía algo de Benito Romero. Me puse otra copa. Y después otra y luego otra. Terminé con la botella entera y caí dormida y mareada.

"Todo estaba oscuro. pero al final había una tenue luz dorada que se iluminaba más y más a medida que se acercaba.

- ¿De qué estás hablando Juno? -preguntó una voz femenina.

-Lo que escuchas Minerva, tenemos que deshacernos de esos humanos, fue nuestro peor invento -dijo otra mujer-. Ellos nos atacan. Si continuamos así, nos van a matar.

- ¡Nosotros les hicimos esclavos! Ellos solo se defienden, no es malo -dijo la primera voz femenina-. Deberíamos averiguar cómo sobrevivir al desastre que se nos avecina.

-Minerva tiene razón -dijo una voz masculina-. Deberíamos averiguar cómo impedir el desastre que se nos viene encima, si no tenemos cuidado no quedará nada por lo que preocuparse.

Las imágenes se iban aclarando a medida que se acervaban. Podía ver a tres seres, no les podía describir de otra manera. Los tres brillaban y levitaban en torno a un circulo dorado de luz, demasiado brillante como para mantener la vista fija. Los tres flotaban a pocos centímetros del suelo. Para ellos parecía lo mas normal. Al igual que su ropaje. Vestían de manera muy antigua, y lo más curioso es que eran casi transparentes.

-Estamos estudiando la posibilidad de que los Humanos -comenzó de nuevo el hombre.

- ¡Eso es inaudito! -gritó una de las mujeres.

- ¡Ya basta Juno! -gritó el hombre ya cansado.

- ¡Esos seres mataron a mi padre!

-Todos estamos al tanto de eso, pero ya no podemos hacer nada. Si no hacemos algo con lo que se nos avecina…

-Júpiter -dijo la otra mujer-. Estamos investigando la posibilidad de que los humanos puedan parar la catástrofe que se nos avecina.

-Eso es imposible, apenas quedan varios meses para que todos muramos -dijo Júpiter.

-Pero podemos impedir que suceda una segunda vez.

- ¿Como? -preguntó Juno.

-Aún no lo sé, pero de alguna manera debemos hacer que los humanos sepan esto antes de que todo suceda."

El sol entró por la ventana, la cabeza comenzó a darme martillazos. Al despertarme e ir a la cocina pude ver dos botellas de vino completamente vacías en la encimera. Llamaron a la puerta y de nuevo la cabeza me volvió a doler.

Abrí la puerta sin mucho ánimo.

- ¡Buenos días! -dijo una voz muy alegre y sonora.

Solo pude ver una bolsa de cartón y un par de enormes cafés. Y tras estos apareció un rostro conocido.

-Madre mía que pinta mas mala que tienes -dijo.

-Yo también te quiero Mara -dejé la puerta abierta y volví a la cocina y me eché sobre la encimera masajeándome la cabeza intentando que el dolor desapareciera.

- ¿Qué te pasa? -ella cerró la puerta levemente sin dejar que sonara demasiado-. Ya veo -dijo cogiendo una botella y tirándola, después otra haciendo lo mismo.

-Este caso se me está haciendo muy cuesta arriba -dije mientras me sentaba en la butaca al lado de la encimera.

-Ten, esto te aliviará, está bien cargado. Imaginé que lo necesitarías cuando no me has devuelto ninguna de mis llamadas.

- Acabo de despertarme Mara, no me des la charla -dije dando un sorbo al café calentito. EL cual me entonó bastante pero aún necesitaría mucho más.

-Bueno pues te traigo buenas noticias entonces sobre el caso -eso me entonó mucho más que el café.

-Cuéntame -dije mirándola.

-Bien, tras una autopsia más eficaz he descubierto que el asesino de la última victima debe medir al menos 1.80 cm, debido al agujero de entrada. Después de descubrir eso volví al primer cada ver y vi que el ángulo de entrada del puñal también fue echo desde arriba y con mucha fuerza ya que -Mara me enseñó una foto, alrededor de la herida había un moratón que coincidiría con el arma homicida-… hay que hacer mucha fuerza para que se quede esa marca, y más en esa zona. También hemos encontrado la punta del ama homicida, no la vi en la primera autopsia por que estaba incrustada en uno de los huesos de las costillas, y con todo lleno de sangre...

-Vale, vale -la pared- me hago una idea - Investigare afondo.

-Bien, mande la punta del arma al laboratorio. Te llamo cuando tenga los resultados -Se despidió y se marchó.

Al terminar el café me di una ducha y pasee a Loba, un paseo corto, tenía mucho que hacer así que volví a dejarla en la guardería, la recogería mas tarde.

Llegué a la comisaría y en mi mesa había un gran tanque de café humeante.

-Menuda cara que traes -dijo Josh que en ese momento se acercaba a mi mesa.

-Ha sido una noche larga -automáticamente di un sorbo al café- Hmm… Gracias, lo necesitaba -le agradecí.

-Si, ya veo, bueno ponme al día.

Le conté todo. Como fue con la familia de la víctima. Que no habíamos encontrado nada en su casa, que no parecía que estuvieran relacionados. El hallazgo de Mara en la víctima nº1.

-Bien, cuando tengamos la punta de esa arma habría que averiguar que clase de arma es -dijo él con una sonrisa.

Pasaron varías horas a las que nos dedicamos a buscar algo que tuvieran que relacionara las víctimas. Pero tanto la edad, el circulo social, trabajo. Todo era distinto.

-Un informe para usted inspectora -dijo un agente entregándome un informe.

-Bien, han llegado los resultados del laboratorio -abrí el sobre-, no hay mucho que decir. La punta del arma estaba muy dañada. Pero parce ser que el metal es de 1700 -1800.

- ¿En serio? ¿eso no es muy común? Parece que nuestro asesino es muy exquisito.

-Eso parece, pero aun no sabemos como es el arma, solo tenemos la punta.

-Si es un arma tan antigua, alguien tendrá que saber de esto ¿no?

-Es posible que un anticuario sepa algo.

Antes de que nos diéramos cuenta ya estábamos en el coche yendo a una armería. Llevábamos la foto de la victima y de las heridas realizadas por ella a ver si alguien sabría que tipo de arma las causó.

Tras dos horas de patearnos tiendas de antigüedades. Nos decántanos sobre todo por aquellos que vendían armas, pero ninguno nos ayudaba. Unos no lo habían visto nunca. Otros habían escuchado de armas tan antiguas, pero muchos decían que esas solo las encontraría en un coleccionista.

Entramos en otra tienda de anticuarios.

-Buenos días ¿Qué desean? -dijo el hombre detrás del mostrador.

-Buenos días, somos inspectores de la policía, queríamos hacerle unas preguntas.

-Todo en lo que los pueda ayudar.

-Bien, hemos encontrado esta punta de cuchillo y queríamos saber si usted sabe de que arma se trata -el hombre la cogió y la miró atentamente.

-En el estado en el que está yo diría que es muy antigua, a judgar por las marcas.

-Si, fueron causadas por el cuerpo de la víctima.

-Si, muchas de ellas si, pero estas… -el dependiente nos señaló una pequeña muesca en el medio de lo que quedaba del cuchillo-. Estas están hechas apropósito, debieron marcar el cuchillo.

- ¿A qué se refiere? -el hombre se quedó pensando.

-No puedo decirles mucho de ella por que obviamente está incompleta -dijo sonriendo.

-Si, en eso ya nos hemos dado cuenta. Pero queríamos saber si, aunque esté incompleta podría usted reconocerla -dije rápidamente y sonriendo también, aunque hablando de manera muy seria.

-No, de esta manera no podría, pero - el hombre se dio la vuelta rápidamente y entonces sacó un lápiz y un papel -de esta manera… -colocó la punta del cuchillo en el papel y contorneó a punta. Pero al terminar la siguió dibujando, completando la hoja del cuchillo-. Esta es la hoja que ustedes están buscando.

La hoja que había dibujado era muy estrecha y larga muy rara.

-Es muy común, no se como puede ayudarles.

Josh sacó el archivo y le enseñó al dependiente las fotos de la herida.

- ¿Con esto podrá ayudarnos?

El hombre miró la foto horrorizado

-Disculpe que le hayamos entretenido -dijo Josh, ya que no parecía que pudiera contestar.

-No espere, creo que puedo saber que tipo de arma están buscando.

- ¿Enserio? -dije Sorprendida y con algo más de esperanza.

-Si, esperen un momento -el hombre entró en su trastienda y salió a los pocos segundos con un enorme libro. Comenzó a pasar las páginas mirando ansioso. Todos los dibujos eran de cuchillos -. Creo que ya lo tengo, creo este es el arma que buscan -nos señaló un cuchillo.

Tenía dos partes, por llamarlas de una forma, tenía punta hasta la mitad con filos a ambas partes, pero después entre medias de la guarda y la punta tenía el filo dentado, con 3 pares de dientes a cada lado. La guarda era paralela a la hoja con bordes dorados y una empuñadura roja con adorno dorado y circular.

- ¿Por qué crees que es esta? -pregunté curiosa.

-Según la fotografía que me han enseñado, la herida por la que entró el cuchillo se ven pequeños desgarros seguramente producidos por los dientes de este puñal.

Los dos miramos la herida y el puñal, y podría ser cierto.

-Es raro que se le pasara al forense. Hubiera sido mucho más fácil -dijo Josh.

-Pero no es solo eso señores. Miren. Estas marcas que ha dejado la guarda se parecen mucho a las marcas de esta. Esta arma, en su guarda, es más estrecha en los bordes que en el centro.

-Al igual que las marcas dejadas por el arma homicida -el hombre sonrió.

-Bien, ¿y está en posesión de un arma como esta?

-Mmm, por desgracia no -dijo el dependiente-. Es un arma muy antigua que seguramente estará en posesión de un anticuario o un coleccionista.

-Bien, muchas gracias por su ayuda.

-Dígame, ¿Cómo sabe tanto de esta herida?

-Mi hermano trabaja en el hospital, así que he aprendido de armas y heridas gracias a él -dijo sonriendo-. Tengo el nombre y la dirección de un hombre, un coleccionista de armas como estas. Seguro que él os puede dar mucha más información que yo.

-Gracias.

Cogimos la dirección y el nombre nos marchamos de la tienda rumbo a esa casa. Al llegar llamamos a la puerta.

-Si -dijo una mujer al abrir la puerta. Era una mujer mayor, de unos 65 años, con el pelo canoso.

-Buenos días señora. Somos los inspectores Josh y Cath de la policía ¿el Señor Miller se encuentra en casa?

-Si, ¿Ha ocurrido algo? - dijo la señora con temor.

-No, no se preocupe, solo queríamos hacerle una consulta a su marido.

La mujer nos dejó entrar, con un poco de temor. Pero entramos. Nos llevó hasta el estudio de su marido. Un hombre mayor de la misma edad de su mujer, canoso y bajito. Pero muy serio.

-Buenos días señor Miller -le estrechamos la mano los dos.

-Buenos días inspectores, por favor, siéntense. ¿En qué les puedo ayudar?

-Bien señor Miller. Seguramente ha escuchado usted sobre los asesinatos que han estado ocurriendo durante este mes.

-Si, es desolador ¿Se sabe algo de su asesino? - dijo con tono y cara de pena.

-Aún estamos investigando -dijo Josh-. Nuestra investigación nos ha llevado hasta un cuchillo, este -Josh le enseño una fotocopia que nos había hecho el dueño de la última tienda.

- ¿La reconoce? -el señor miró la fotografía con sus pequeñas gafas.

- Sí. Es una antigua daga. De 1725 mas o menos -dijo el anciano hombre con voz temblorosa y anciana. Fue fabricada en esa época para los templarios, aquí se pueden ver sus símbolos. La cruz roja es el símbolo de los templarios desde su inicio. No se hicieron muchas, las que se forjaron tenían un nombre escrito en su hoja.

-Por casualidad ¿No tendrá usted un arma como esta?, El anticuario que visitamos nos dijo que usted era un gran coleccionista -pregunté.

-Pues sí, pero ya no la tengo -Quedé decepcionada-. La tuve hace un tiempo hasta que vino alguien y me la compró.

- ¿Quien? ¿Sabe cómo se llama?

-No, lo siento, no me dio nombre alguno, pero me dijo que era muy importante para ella, que perteneció a su familia durante mucho tiempo y quería recuperarla.

- ¿Se acuerda como era?

-Soy viejo, pero mi memoria está muy bien, gracias -el señor se río y se sentó en su butaca.

-Era una chica de unos 28 años, tenía el pelo moreno y estaba muy angustiada …

Los dos nos miramos.

- ¿Por casualidad es esta? -le enseñé la foto de Amanda Smith.

-Si, es ella -. Dijo de inmediato al ver la foto- ¿vaya, es una de las víctimas?

-Si señor.

-Lo siento mucho. La chica parecía muy interesada en ella. Insistía en que se la vendiera, incluso me ofreció 10.000$ en efectivo, pero yo no quería deshacerme de ella, era muy antigua. Pero al final se la vendí, tengo 70 años y la cadera me empieza a molestar, nos viene bien el dinero -sonrió-. Siento no poder serles de más ayuda.

-Gracias, por su tiempo, nos ha ayudado mucho señor -nos despedimos cordialmente y nos marchamos de aquella casa llena de cosas antiguas.

Volvimos al coche.

-Bien, parece que nos acercamos -dijo él.

- ¿Acercarnos? No sabemos nada, ni por qué ella tenía el arma ni por que la mataron con ella. ¿Y qué es eso de los templarios? -pregunté sin entender por que había salido de nuevo aquello.

-Lo que sabemos es que las marcas de la guarda de esta arma son idénticas a las que el asesino deja en el cuerpo de sus víctimas.

-Si, pero eso no nos dice nada. Investigué sobre os templarios cuando estabas fuera y no hay nada que diga que uno de ellos está detrás de las muertes -giré a la derecha-, además la Orden llegó a su fin en el siglo XIV, se disolvieron antes de ser quemados en la hoguera.

-Vaya, entonces ¿Han vuelto? -dijo Josh sonriendo y bromeando.

-O alguien que simplemente intenta confundirnos -dije yo aparcando frente a una casa ya conocida.

- ¿A casa de la víctima? -preguntó él extrañado.

-Si, a lo mejor algo se nos ha pasado.

Bajamos del coche y subimos de nuevo a casa de Amanda Smith. Ya habían limpiado el escenario del crimen, quedaban muebles y pocas cosas más, estaba igual que cuando entramos la primera vez salvo que la sangre de la habitación estaba completamente limpia.

-Bien, ¿Qué quieres buscar? -preguntó Josh.

-Si Amanda compró esa arma la tuvo que esconder en algún lado, puede que este aquí.

-Los científicos rebuscaron por todo el apartamento y no encontraron nada.

-Bueno, es una corazonada, no me preguntes porque, pero creo que debe de estar aquí.

-Bien, pues busquemos de nuevo.

Empecé por la cocina, abrí armarios rebusqué por los cacharros, pero no había nada. Tras eso pasé al salón e hice los mismo, miré por todos sitios incluso miré que el sofá no tuviera una costura mas reciente. Pero nada, ni en los cajones ni en tablillas sueltas del suelo, nada. Pasó al baño y pasó lo mismo, no había nada. En la habitación y lo mismo. Ni en el colchón. Ni en los cajones, cabecero, nada.

-Bien, pues ya está, hemos revisado todo y no hay nada.

-No sé parece que me equivoqué.

-volvamos a la comisaría, la forense puede volver a revisar la herida por si hubiese algo más.

-Bien -dije mientras me quitaba el guante. Pero antes de quitarme el otro, mirando a la cómoda que había en la habitación algo brilló. Por un segundo- Espera -pero desapareció.

- ¿Qué pasa? -volvió por sus pasos.

-Me pareció ver algo, pero… no.

-Será cansancio, no tienes buena cara -dijo él volviendo a salir de la habitación.

-Es posible -dos pasos di, y volví a verlo, algo brillando en un tono amarillento, pero volvió a desaparecer. Empecé a mirar por los cajones de arriba abajo.

- ¿Qué haces? Ahí no hay nada.

-He visto algo -Seguí mirando un cajón, otro, sin que parecía que hubiera nada. Pero lo volví a ver al llegar al último cajón, pero no había nada. Entonces se me ocurrió -. Ayúdame -me coloqué al lado de la cómoda y los dos la empujamos a un lado. Miré por detrás del mueble, pero nada, todo parecía normal.

-Mira, creo que tienes razón -dijo Josh agachándose hasta mi altura, me señaló la pared.

Parecía un doble tapizado, se podía ver el primer papel a través del segundo. Volví a ponerme el guante, y con la navaja de Josh rompí el papel pintado y descubrí otro detrás, y tras este un pequeño relieve. Era una tapa, la levantamos dentro de la pared había una caja. La abrimos tras hacer unas fotos para las pruebas, y entre una toalla encontramos la daga.

- ¡Bien! -gritó Josh-. Deberías de hacer caso a tu intuición más veces. Y mira, le falta la punta.

-Si, creo que tienes razón -dije alegrándome como nunca antes

Guardamos la daga en una bolsa de pruebas que llevábamos en el coche y nos fuimos con este a la comisaría, para dejar el arma en el laboratorio y que la procesaran.

Al llegar a la comisaria.

-Williams, Michael a mi despacho -gritó la capitana Beckett cuando entramos.

-Capitana -al entrar estaba Castle, su marido, sentado en el sillón de su despacho.

-Me he enterado por el laboratorio que han encontrado el arma homicida de la primera víctima. ¿Cómo lo han hecho? Apenas se tenían pruebas de su existencia.

-Bueno capitana, la verdad es que simplemente seguimos una corazonada.

-Ya, pero eso no es lo que hacemos en esta comisaría -dijo ella muy seria.

-Bueno Beckett -comenzó a decir Richard, caminando hacia su mujer sonriendo-, tu y yo antes nos guiábamos de corazonadas, y gracias a ellas, sobre todo a mí, has llegado a donde estas.

La capitana sonrió a su marido, pero seguro que después le caería una pequeña bronca por evitárnosla a nosotros. Por suerte y gracias a Castle conseguimos salir impunes de la Capitana.

Tras algunas horas más esperando los resultados del laboratorio, los cuales no llegaron me marché a casa. No era tarde, así que recogí a Loba de la guardería y las dos nos fuimos a dar una vuelta. Esa mañana no habíamos hecho muestra carrera de rigor, así que contenta por tener algo de esperanza en las pruebas de laboratorio me fui a correr con ella. La perra se alegró mucho y disfrutó muchísimo, al igual que yo. Que gracias a esa carrera empecé a pensar en como había dado con aquella importantísima prueba. Pensé en el destello dorado que vi por pocos segundos. "¿Intuición?" no tenía respuesta para aquello, pero esperaba que eso me llevara hasta el asesino y poder dar paz a las victimas y a sus parientes.

Tras dos horas y media corriendo por el parque, volvimos a casa. Loba bebió con ansían y comió su pienso agradecida. Yo me marché a la ducha y me quedé relajada. Me senté en el sofá con una copa de vino. Simplemente viendo la tele mientras Loba dormía en mis piernas impidiendo moverme.

Tras zapear unas cuantas veces y ver que no había nada en la tele me fui a la cama, seguida de Loba, que se metió en la cama haciéndose con su habitual sitio, pero colocando su morro en mi tripa para que la acariciara. Tras eso las dos nos quedamos dormidas.